domingo, 21 de junio de 2020

The Warriors, los amos de la noche - Del imperio persa a las calles de Nueva York

Existe una película que casi todo el mundo ha visto, aunque no recuerde el título. Porque es un clásico con el que las televisiones, tiempo atrás, cubrían la parrilla siempre que podían.

Es «esa de las bandas que llevan uniformes de colores y se pasan todo el rato escapando y peleándose». Un fenómeno de masas en su país de origen, los Estados Unidos, y muy popular también en España. 

Hablamos de The Warriors, de Walter Hill. Un producto de su época, con una estética y un componente visual muy personales.

The Warriors - KindleGarten


Un dato no tan conocido por el gran público es que adapta una novela. The Warriors, de Sol Yurick, publicada en 1965.

Novela que a su vez se inspira en un acontecimiento histórico muy singular: la Anábasis de Jenofonte.


La Anábasis con la que comenzó todo


Escrita -se cree- en el 369 a.c., la Anábasis narra un hecho histórico real y fascinante: la Odisea de los Diez Mil, en la que participó el propio Jenofonte, que se refiere a sí mismo en tercera persona como un personaje más.

En el año 401 a.c. unos doce mil mercenarios griegos —atenienses, espartanos, aqueos y arcadios—fueron contratados por el sátrapa persa Ciro el Joven, para formar un ejército —dirigido por el estratego Clearco— con el que derrocar a su hermano, el rey del Imperio Persa Atarjerjes II.

Ciro y sus hombres partieron de Grecia y llegaron hasta Babilonia. Allí se enfrentaron a las fuerzas de Atarjerjes en la Batalla de Cunaxa, que se puede decir que ganaron, aunque Ciro resultó muerto.


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Así, los griegos se encontraron aislados, perdidos y rodeados en el corazón del Imperio más poderoso del momento y enemigo natural de su pueblo.

Para complicar aún más la situación, el rey persa les ofrece una tregua y un salvoconducto para volver a su patria. Pero los engaña y, a traición, hace decapitar a Clearco y a los otros estrategos de mayor rango, dejando a los Diez Mil sin liderazgo.  

Pero los griegos eran duros y resueltos. Con el propio Jenofonte y otros estrategos supervivientes al mando, se lanzaron a una marcha de casi cuatro mil kilómetros a lo largo del territorio enemigo, atravesando el desierto de Siria y las montañas nevadas de Armenia hasta llegar al Mar Negro.

Por el camino superaron rigores climáticos extremos, enfermedades, intoxicaciones alimentarias, hambre, sed y continuas emboscadas y escaramuzas con los pueblos hostiles cuyos territorios atravesaban.

Tras numerosos enfrentamientos y divisiones internas, motivadas por las diferencias irreconciliables entre los diversos pueblos que formaban los Diez Mil, que se saldaron incluso con la escisión de los cinco mil espartanos del grupo, los supervivientes alcanzaron su patria, año y medio después de haber partido de ella.

El momento más emotivo, que después se reproducirá en novela y película, es la primera ocasión en que los griegos ven lo que para ellos representaba su casa: el Mar.

Los Diez Mil demostraron que el Imperio Persa, el leviatán de su época, no era tan invencible ni tan invulnerable como se creía. Cambiaron así la historia del mundo antiguo, cuando Alejandro Magno se guiase por ella para la campaña militar en la que derrocó al rey Darío. Conquistando y asimilando a los persas en el titán omnímodo que fue su Imperio Macedonio.


The Warriors era una novela


La novela The Warriors es obra de Sol Yurick. Un autor neoyorquino, judío y marxista, no demasiado reconocido fuera de los círculos intelectuales de izquierdas de su país. De sus siete novelas, solo esta The Warriors ha sido traducida al español. Fue en 1979, a raíz del éxito de la película.


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Yurick trasladó la Anábasis a la Nueva York de 1965. En su versión, que transcurre en la noche del 4 de julio, los griegos son los Dominadores de Coney Island, una banda juvenil que es convocada a una reunión en el Bronx, durante una tregua junto al resto de bandas de la ciudad.  

Siete miembros de los Dominadores (Papá Arnold, Héctor el tío, Lunkface, Bimbo, Dewey, Hinton y El Peque), vestidos con sus uniformes e identificados con sus insignias, acuden a la asamblea donde Ismael Rivera, el líder de los Tronos de Delaney, expone a todos los pandilleros su plan de unirse en una única fuerza que supera en cinco a uno a la Policía y revolucionar las relaciones de poder en la Sociedad.

Pero Ismael Rivera es asesinado. La tregua se rompe y los Dominadores se encuentran, como los Diez Mil de Jenofonte, perdidos y aislados en territorio hostil, muy lejos de su hogar. Y, al igual que ellos, quedan descabezados por la desaparición de su líder, Papá Arnold.

Los Dominadores restantes emprenden así su propia Anábasis, en la que se enfrentarán a otras bandas y que incluye violaciones en grupo (una consumada y otra frustrada), un asesinato coral y relaciones sexuales con prostitutas.

Y, sobre todo, un retrato de toda la miseria, la cochambre y la marginalidad de la Nueva York subterránea.

La novela es deliberadamente sórdida, cruda y llena de asperezas. Tanto en su atmósfera y ambientación (calles cubiertas de basura, viviendas miserables, estaciones de metro concurridas por prostitutas, proxenetas, mendigos, camellos, buscavidas y camorristas) como en su estilo narrativo, sucio y descuidado.

Yurick la escribió en menos de quince días, y nunca la consideró un buena novela. Los paralelismos con la Anábasis son abundantes. Por ejemplo, El Peque lee continuamente un cómic que narra la historia de los Diez Mil.  

Así todo, Sol Yurick quiso reflexionar sobre los motivos que conducen a la delincuencia juvenil. Intenta comprender cómo se origina la contraposición entre los pandilleros y el mundo de El Otro: la sociedad normalizada, los adultos, la Justicia, la Policía, la Administración…  


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En el fondo, Ismael Rivera es un visionario y un verdadero líder revolucionario. Pero para Yurick los pandilleros son unos fracasados congénitos, incapaces de entender el mensaje y de organizarse sin comenzar a luchar entre sí. Porque su naturaleza es irracional y se mueven por impulsos.  

Cabe tener en cuenta también el realismo del retrato social de Yurick, en el que todos los miembros de las bandas juveniles son de raza negra o de origen puertorriqueño. Y el marcado contraste entre su entorno social y el de El Otro, que aparecen como dos mundos aislados, que solo entran en contacto a través de la violencia y el conflicto.

Es, en cualquier caso, una excelente historia que muchos comparan con La naranja mecánica de Anthony Burguess en mensaje y estilo literario. Y en donde destaca también el papel sustituto de la familia que representa la banda juvenil para sus miembros.


La película, el fenómeno que eclipsó al libro


Su adaptación, The Warriors, es la tercera película de Walter Hill. Estrenada en 1979, se convirtió de inmediato en un filme de culto y un icono de la cultura popular.  


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La versión de Hill transcurre en una Nueva York alternativa, en algún momento del futuro inmediato. En ella observamos a unos pandilleros más mayores que en la novela (si en aquella los Dominadores tenían entre 14 y 16 años, aquí casi todos actores rondaban los 30). Donde conviven distintas razas: de los nueve protagonistas, cinco son blancos, tres negros y uno puertorriqueño.

Los protagonistas son los Warriors, la banda de Coney Island. Sus miembros escogidos para el viaje a la reunión con Cyrus (el Ismael Rivera del libro) son Cleon, Swan, Snow, Ajax, Cowboy, Fox, Vermin, Rembrandt y Cochise.

Como en la novela, asesinan a Cyrus. Pero aquí todas las culpas caerán sobre los Warriors. Los Rogues, enemigos de los Warriors, se encargan de acusarlos. La huida —sin el líder Cleon, caído en combate— a Coney Island les hará pasar por los territorios de bandas como los Turnbull ACs, los Orphans, los Baseball Furies, las Lizzies o los Punks. La banda de Coney Island perderá miembros (muertos o arrestados) y luchará por su vida a cada instante.

En su periplo se unirá a ellos Mercy, una joven que desea cambiar de vida y que representa la posibilidad de la redención.


Una fuente inagotable de anécdotas


The Warriors tiene un notable legado fan: cortometrajes fanart, bares temáticos, convenciones, mercadotecnia...


The Warriors - KindleGarten


En 2005, RockStar Games lanzó The Warriors, un videojuego para PS2 y XBOX (más tarde también para PSP). De dinámica beat'em'up, reproduce los acontecimientos de la película y hechos previos a la misma. Contó con las voces originales de varios actores de la película. 

En 2012, Dyinamite Comics publicó The Warriors Jailbreak, una miniserie de cómic de cuatro números en la que los miembros de la banda se alían con los Riffs para sacar a Ajax de la cárcel. Con guión de Erik Henriksen y dibujos de Herb Apon y Todd Herman, profundiza en la vida de los personajes tiempo después de los hechos de la película.

En 2015, varios miembros de la banda se reunieron para rodar The Warriors: Last Subway Ride Home, un cortometraje en el que recorren los escenarios de la película, hablan con los fans y recuerdan el rodaje.

Existen dos montajes de la película: el estrenado en cines y un montaje del director, lanzado en 2005, que incorpora viñetas de cómic como transiciones entre escenas. Este montaje muestra la frase inicial «Érase una vez en el futuro...» que la Paramount no permitió usar a Hill en la versión para salas porque recordaba mucho a Star Wars

La edición doméstica (DVD y BluRay) incluye escenas eliminadas. Como una de Cleon hablando con su novia y otra donde la banda está reunida antes de partir, y Cleon asigna un papel a cada miembro. Estas escenas transcurren de día, y fueron omitidas porque la intención era que la película transcurriese íntegramente de noche.

El estreno cinematográfico de The Warriors fue un éxito total. Su alto nivel de violencia provocó un efecto imitación y hubo peleas multitudinarias en varios cines, incluso con fallecidos. Todo lo que obligó a retirarla de muchas salas y a suspender toda la promoción por parte de la distribuidora. 

El rodaje fue bastante accidentado. Desde recibir al equipo de rodaje a ladrillazos en algún barrio de Nueva York, hasta suspender tomas porque se produjeran peleas de bandas con tiroteos y asesinatos en las inmediaciones. 

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El bajo presupuesto (cuatro millones de dólares) no ayudó. Para muchas escenas no se contó con dobles de acción, y para otras hubo que recurrir a verdaderos pandilleros, lo que provocaba momentos delicados cuando coincidían miembros de bandas rivales. Como en la escena de la asamblea con Cyrus, que requirió de presencia policial.

 

Hubo más de un encontronazo entre director y actores


El personaje de Fox no iba a morir en la película, pero el actor Thomas G. Waites fue despedido tras discutir con Walter Hill. La escena de su muerte está rodada por un doble, pues el actor quiso abandonar el rodaje de inmediato. Waites pidió además no aparecer en los créditos, decisión que se respetó.

El supuesto motivo de las desavenencias entre actor y director fue que el personaje de Mercy iba a emparejarse con el de Fox, pero la química entre Deborah Van Valkenburgh (Mercy) y Michael Beck (Swan) llevó a modificar el guión para que se enamorase de este y no de Fox. 

Se rumorea que Cowboy iba a estar interpretado por Robert De Niro. Y que el personaje iba a morir en la pelea contra los Baseball Furies, y su cadáver arrojado por estos al río. Finalmente no fue así.

También se dice que uno de los Baseball Furies es Steve James, el gran secundario del cine de acción de los 80. Aunque no aparece acreditado. Esta banda, con miembros ataviados como jugadores de béisbol y con las caras pintadas, nace de unir dos aficiones de Walter Hill: el béisbol y la banda de rock Kiss

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Vermin iba a morir de un balazo en la pelea contra las Lizzies. Pero el carisma y el buen carácter del actor Terry Michos durante el rodaje hizo que se decidiese cambiar el guión y mantenerlo hasta el final. 

No fue el único cambio: Swan iba a ser apresado por los Dingos, una banda compuesta por homosexuales, teniendo que escapar de ellos. Secuencia que se eliminó del montaje final. 

Deborah Van Valkenburgh se rompió un brazo durante el rodaje, cuando la alcanzó un bate de béisbol lanzado por Michael Beck en la escena de la persecución policial en el metro. Por eso en el resto de la película viste una cazadora vaquera (que «robó por ahí») con el brazo pegado al cuerpo. 

David Patrick Kelly (Luther, el líder de los Rogues) se inspiró en un matón que lo aterrorizaba cuando era niño para improvisar el famoso «Warriors, come out to pla-a-a-y». En vez de entrechocar botellas de cristal, la primera idea es que utilizase unas palomas muertas. Cuando Luther muere a manos de los Riffs fuera de plano, emite un grito de pavor que no se escucha en el doblaje español.

Para la última escena, en la que los personajes se alejan caminando por la playa durante el amanecer, Hill pidió a los actores que siguiesen caminando hasta que los avisasen. Tras muchos minutos caminando, cuando ya se encontraban fuera del plano de las cámaras, Deborah Van Valkenburgh se enfadó muchísimo. Al regresar descubrió que el equipo la esperaba con un ramo de flores. 


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La banda juvenil real que tenía su territorio en Coney Island causó algunos problemas durante el rodaje. Finalmente los apaciguaron contratándolos para vigilar el equipo y las instalaciones. Los actores tenían orden de no abandonar las instalaciones vistiendo los uniformes de la banda para evitar malentendidos y peleas con los verdaderos pandilleros. 


The Warriors, una buena y entretenida película de acción 


The Warriors carece del trasfondo social de la novela y de su ejercicio de crítica y reflexión. Pues nada sabemos de los protagonistas antes de los acontecimientos, ni de lo que ocurrirá con ellos después.  

En su lugar es una historia de gran fuerza visual, con el ritmo narrativo y el dominio del montaje que atesora Walter Hill (renovador del cine de acción). 

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Y deja para la posteridad los coloristas y llamativos uniformes de las diferentes bandas que aparecen (los Boppers, los Hi-Hats, los Saracens, los Electric Eliminators, los Baseball Furies, los Savage Huns, los Rogues, los Riffs, los Hurricanes, los Turnbulls AC…).  

También las escenas de acción rodadas con pulso y coreografiadas con un realismo increíble (la pelea en los baños contra los Punks se rodó durante cinco días en sesiones de once horas diarias).

Y frases para la historia del cine como el «Can you dig it?» de Cyrus o el «Warriors, come out to pla-a-a-y» de Luther, líder de los Rogues y némesis de la banda protagonista.


En este enlace hay una buena cantidad de fotos del rodaje y de detrás de las cámaras

En este artículo se enumeran las 21 bandas que aparecen en la película.