12 de noviembre de 2018

Combustible Lovecraft. Revisionismo lovecraftiano para las masas

Combustible Lovecraft, publicado por la editorial Orciny Press, es una de las tres obras finalistas de los Premios Guillermo de Baskerville 2018 —convocados por Libros Prohibidos— en la categoría de Mejor libro de relatos. Esta reseña de Combustible Lovecraft. Revisionismo lovecraftiano para las masas forma parte de mi valoración como miembro del jurado en dicha categoría.

Combustible Lovecraft

SINOPSIS


Admirado y denostado a partes iguales, H.P. Lovecraft es una de las fuerzas motrices del género de terror, en especial cuando este discurre por los extraños caminos del horror cósmico. Así como en la industria se sigue utilizando el petróleo a pesar de la aparición de las energías renovables, el escritor de Providence sigue siendo el combustible con el que las nuevas generaciones de creadores alimentan sus motores, muy a su pesar. O no.

En Combustible Lovecraft hemos querido reunir a una serie de escritores que ayuden a contaminar el imperio de lo supuestamente lovecraftiano con su visión única del género de terror tentacular y nos obliguen a mirar directamente al vacío insondable que se cierne sobre nuestra existencia.

"El verdadero terror cósmico lovecraftiano ha mutado. Ya no necesita ciudades sumergidas, casoplones coloniales ni escenas sobreadjetivadas para infundirte temor reverencial. Está en el aquí y el ahora. En la España profunda y en la España perroflauta. Y se te va a aparecer tanto si invocas su nombre en misa como si lo haces en un concierto de dubstep en el Sónar. Ha mutado, pero sigue estando más allá de tu comprensión. ¿Por qué elegir el mal menor?" Juanma Santiago

LA IDEA


Los editores Yolanda Espiñeira y Félix García han reunido a una serie de autores españoles contemporáneos para revisar y actualizar la impronta de H.P. Lovecraft en la cultura popular, pues su influencia ultrapasa lo meramente literario, extendiéndose al cine, los cómics, los videojuegos y, últimamente, a Internet, convirtiéndose el propio H.P. en un meme, en una figura que la posmodernidad ha asimilado como icono pop. 

Por ello, Orciny Press ha buscado una visión de Lovecraft que vaya a la esencia de su obra, al núcleo central de su mitología, renunciando a los lugares comunes de su canon: tentáculos, escenarios propios del horror gótico —mansiones y casonas rurales, remotos pueblos costeros—, personajes solitarios que se desmayan ante horrores cuya visión no pueden soportar, larguísimas descripciones y textos sin diálogos llenos de vocablos como inenarrable, indescriptible, insondablepavoroso o abismal

Este intento de desvincular a Lovecraft del pulp y de la reproducción canónica de sus Mitos de Chutlhu distingue a Combustible Lovecraft de otras antologías en cuanto se focaliza en el fondo, no en la forma. De manera que los nueve relatos que la componen desean ser una renovación, incluso una deconstrucción, de este canon. El grado de acierto, como siempre, será subjetivo y dependerá sobre todo de los gustos del lector.

LOS RELATOS


El volumen se abre con un prólogo extenso y sesudo del propio editor Felix García, que supone una declaración de intenciones y explica concienzudamente la motivación de la antología. Cada relato, asimismo, incluye un perfil de su autor.


Tras el horror - Colectivo Juan de Madre


Entre la metaficción y la autoficción, relata la misteriosa desaparición del cineasta Diego Vázquez en la ciudad de Toronto durante catorce semanas. Girando en torno a la película El horror de la dama del lago, una cinta de bajo presupuesto en el estilo del fantaterror español y el giallo italiano a la que Vázquez dedico siete años, los autores del colectivo crean una performance artística que combina relato, fotografías, vídeos —incluye dos enlaces a Youtube— y capturas de pantalla de Google Maps.

Combustible Lovecraft

Maneja referencias cultas que algunos considerarán pretenciosas —lo que despectivamente se llama culturetas— y está muy enfocado hacia la cinematografía. Con todo, tiene dos aspectos que lo vinculan con el corpus lovecraftiano: su estilo desapasionado, de crónica periodística, y su manejo del misterio, de la angustia a través de la omisión, de la falta de concreción sobre la experiencia de Diego en el subsuelo de Toronto, con personajes esbozados, como el vagabundo anciano.


El síndrome de Capgras - Tony Fuentes


Una historia de estructura más clásica, con un narrador que ejerce a dos niveles, literario y autorreferencial —emplea formas como «Aunque con el paso del tiempo nuestro protagonista había terminado por olvidarlo...»—, va creciendo en intensidad para terminar con un giro final donde se precipita todo el horror que venía acumulándose a lo largo del relato.

Ambientado en el mundo rural, es la historia de dos hermanos distanciados por la muerte de su padre, de la que uno de ellos se culpa. Se basa, como el título indica, en el síndrome de Capgras —que ya inspiró grandes historias en el pasado, como Ladrones de cuerpos— y la angustia que produce a quien lo padece.


Investigación de la escena de un crimen - Javier Avilés


Un relato con una estructura compleja, construido a través de fragmentos inconexos, cuya atmósfera de horror cósmico es tanto heredera de Lovecraft como de su precursos William Hope Hodgson. Con referencias metaliterarias a varios de los célebres grimorios de los Mitos de Chutlhu, muestra el conocimiento, por parte del autor, del corpus literario de Lovecraft y de su Círculo, y crea una historia en la que la falta de definición sobre el horror garantiza una sensación inquietante. La escatología —sangre, vísceras, excrementos— refuerza el tono pavoroso del cuento.


Terror en Villa Alvarado - Roberto Bartual 


En esta historia, con ambientación propia del slasher o del cine de terror noventero —un campus universitario estadounidense—, la trama va retorciéndose y volviéndose cada vez más cruel, más oscura. Con un tratamiento de la brujería clásico, luce un sentido del humor fino, negro, con el que alivia la tensión narrativa y, de paso, ridiculiza los productos de terror descafeinados para adolescentes, como la mentada Buffy Cazavampiros. Con brujas frías y calculadoras, muestra las caras más agresivas del bullying y de las novatadas, y dosifica correctamente las referencias lovecraftianas hasta desembocar en un final inesperado.

Combustible Lovecraft


La sinfonía y el retablo - Albert Kadmon


Uno de los relatos más cautivadores de la antología, por su narración inquietante y por su empleo de la bruja clásica —previa al lavado de imagen revisionista actual—, de la Circe que seduce a los hombres y los somete a su voluntad. La historia es una espiral de horror de intensidad creciente, que incluye deformidades físicas —las manos de cerdo de Zenda, la bruja en torno a la que gira la trama—, pérdida paulatina de la cordura, rituales pavorosos y el punto gore de escarificaciones supurantes, mutilaciones y heridas autoinfligidas.


El caso del hermano Miller - Santi Pagés


Junto al anterior, conforman el punto álgido del volumen. Su ambientación postapocalíptica y en torno a una orden religiosa conventual, provoca reminiscencias al Cántico por Leibowitz de Walter M. Miller Jr. —¿Será un homenaje explícito el nombre del protagonista?— o a la humorística Galiza Ceibe, Poder Nuclear! de Tomás González Ahola. El autor vincula, de una forma muy creativa, los Mitos de Chutlhu con un mundo postatómico, en el que un rito religioso garantiza la conservación de lo que parece un reactor nuclear —algo que recuerda, de forma afectuosa, a la bomba sin explosionar de Regreso al planeta de los simios—. El detalle del rito y su papel transmisor de las creencias recuerdan también a La tierra permanece, de George R. Stewart —tanto como el martillo del hermano Zelote y el personaje llamado Stewart, quizás otro homenaje—.

El autor ha creado un mundo muy sugestivo, mediante una narración que propone gran cantidad de elementos y los deja deliberadamente velados. Un escenario válido para retornar a él y ambientar nuevas historias, incluso una novela extensa.


Nadadoras - Tamara Romero


El relato más alejado del canon lovecraftiano y, en mi opinión, el más flojo del volumen. Su tono y su ambientación son más propios del creepypasta, entorno en el que funcionaría muy bien. Los Mitos están introducidos mediante un elemento argumental, una máquina de millón llamada Nyarlathotep, en cuyo interior podría estar el propio dios, siendo como es de todos ellos el más engañoso y el más cercano a los humanos.

Combustible Lovecraft

Como decíamos, Nadadoras tiene un planteamiento de terror contemporáneo, cinematográfico y perfecto para un corto de terror creepypasta que sin duda querría ver, aunque su aspecto más próximo al estilo de Lovecraft sea el hermetismo sobre las motivaciones del villano, nuestra incapacidad para explicarnos sus actos.


Cero Zen / Trapezoedro - Francisco Jota-Pérez


De nuevo disfrutamos del estilo desapasionado, un tanto frío, recetario incluso, que esperamos encontrar en un relato inspirado en H.P. Lovecraft. Varios son los méritos de Francisco Jota-Pérez, incluido el de acercarnos, a los ajenos al tema, al mundo de la música electrónica —aquí, el subgénero dubstep— y a sus procesos creativos. El mayor de estos logros es mantener en vilo durante toda la narración, otra vez con ese planteamiento espiral en el que la intensidad no deja de aumentar, y otra vez esa sensación de tragedia consumada en la que solo queda intentar reconstruir los hechos.

Deja, además, momentos chocantes, desconcertantes con toda la intención, como la escena de la Puta y el Payaso, o los diálogos y sentencias incomprensibles repartidos a lo largo de la narración.

Una reminiscencia, quizás personal por mi parte, que provoca el relato por la aparición de un elemento particular, el dado de ocho caras, ha sido también el juego de rol La llamada de Chulthu, al que tantas tardes dedicamos.


Podéis ir en paz - Weldon Penderton


Un relato que se podría enmarcar dentro del subgénero de terror rural que en Galicia se denomina agroterror —termino acuñado en la revista Contos Estraños— y que en España se bautizó recientemente como cachava y boina. Ambientado en una localidad ficticia del campo granadino —trasunto de la posible localidad de nacimiento del autor, según su biografía historiada—, contiene una importante carga de costumbrismo, reflejando con respeto el modo de vida de las pequeñas poblaciones rurales andaluzas.

Combustible Lovecraft

Además de retratar los tipos, costumbres y lenguaje —los diálogos reproducen la pronunciación del dialecto andaluz—, el relato de Weldon Penderton es una historia de terror con una fuerte carga atmosférica y que sabe demorar el desenlace manteniendo la tensión narrativa, transmitiendo la sensación ominosa, de desastre inminente.


CONCLUSIÓN


Combustible Lovecraft confirma dos cosas: una, que la obra de Lovecraft está tan imbricada en el terror contemporáneo que ya no se puede disociar de él. La otra, que el modo no ortodoxo de tratar los Mitos de Chutlhu es tan válido como el más canónico, el que se mantiene ceñido al pulp y a los patrones más estricos. Como ya comentamos, el acierto o la adecuación de este volumen se va a encontrar más en los gustos del lector que en la propia propuesta de autores y editores.

Todo evoluciona —debe evolucionar— y tanto Lovecraft como su Círculo —Clark Ashton Smith, Robert E. Howard, Robert Bloch...— están sujetos a revisión y a revisionismo, como indica el subtítulo de la antología. Tal vez las referencias cultistas de algunos relatos —Tras el horrorLa sinfonía y el retablo, Cero Cen/Trapezoedro— lo aparten un poco de ser «para las masas». Podría ser también que los aficionados al canon más acérrimos vean estos relatos como una desviación esteticista y demasiado postmoderna —cuando lo que se busca, paradójicamente, es rescatar a Lovecraft de la postmodernidad—. A fin de cuentas, y aquí queda demostrado, no hay un único Lovecraft. Por eso los autores reinventan un corpus que a nosotros ya nos ha llegado tamizado por las manos de Ramsey Campbell y de Richard Matheson, de Clive Barker o Jack Ketchum.

Lo que es innegable es que, con las diferencias de gusto de cada uno y con un nivel algo irregular como toda antología, Combustible Lovecraft deja nueve buenos relatos de terror, y que la labor de edición de Orciny Press, de Yolanda Espiñeira y Félix Arias, es esforzada y meritoria.


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