26 de octubre de 2018

Poshumanas. Premios Guillermos de Baskerville 2018

Poshumanas, publicado por Libros de la ballena, es una de las tres obras finalistas de los Premios Guillermo de Baskerville 2018 —convocados por Libros Prohibidos— en la categoría de Mejor libro de relatos. Esta reseña de Poshumanas forma parte de mi valoración como miembro del jurado en dicha categoría.



La antología



Poshumanas, Antología de escritoras españolas de ciencia ficción, editada en paralelo a otro volumen, Distópicas, es una panorámica de las escritoras nacionales del género desde los comienzos del mismo hasta la actualidad. Sus antólogas son dos auténticas autoridades en la materia: Lola Robles y Teresa López-Pellisa, responsables de sendas obras de referencia como En regiones extrañas: un mapa de la ciencia ficción, lo fantástico y lo maravillosoHistoria en la ciencia-ficción de la cultura española respectivamente

El prólogo, de López-Pellisa, nos informa de que la iniciativa partió de la escritora Sofía Rhei (Róndola), que figura acreditada como colaboradora, y pormenoriza detalles tanto sobre el proceso de edición —con sus muchas dificultades— como sobre las autoras incluidas. Cabe decir que es un volumen muy rico en información, pues de cada autora se incluye un perfil muy completo, con su bibliografía, profesión, premios recibidos... y se nos indica también qué relatos fueron escritos originalmente en catalán (las traducciones son de la propia López-Pellisa), así como de dónde y cuándo fueron publicados cada uno de los doce que componen en volumen.  

El denominador común de los relatos, procedentes de épocas tan diversas y autoras tan dispares, es uno de los pilares de la ciencia-ficción, el que responde a la pregunta «¿A dónde vamos?». Así, como deja entrever su título, se centra en la potencialidad del ser humano, en el futuro que puede llegar a alcanzar, en ese sentido de la maravilla que persigue la ciencia-ficción desde siempre. Y también, a mi parecer el aspecto más importante, en las implicaciones éticas, las nuevas identidades y los nuevos desafíos que conlleva el desarrollo tecnológico y la difuminación de los límites entre lo humano y lo artificial, la distinción cada vez más imprecisa entre humano y robot. 

El gran valor de Poshumanas, como el de Distópicas, es doble: por una parte, ser una antología expresamente femenina, que visibiliza y reivindica la presencia activa de las mujeres en la ficción científica, género con el sesgo — hablamos del gran público, del que no tiene a 300 escritoras de fantasía y ci-fi en su muro de eco en las RRSS— de ser tradicionalmente masculino salvo «simpáticas excepciones» como Ursula K. LeGuin o Connie Willis. Por otra, ser una antología de autoras españolas, pues España es un país donde la ciencia-ficción es un género considerado menor por un amplio sector de crítica y público, y que todavía hoy arrastra un fuerte estigma de literatura de baja estofa, por lo que podemos afirmar que las escritoras españolas del género sufren una doble invisibilización.




Los doce relatos de Poshumanas confirman lo que sabemos desde siempre los lectores habituales de ciencia-ficción: que es un género privilegiado para analizar nuestra realidad, para verla desde fuera y comprenderla mejor. El feminismo, la diversidad, la sociedad de consumo o la naturaleza humana en su propia esencia son algunos de los temas que se tratan en la antología. Vemos los relatos uno a uno:


«El error» - Rosa Montero 

La autora ambienta su relato en el universo de su —ya— trilogía de Bruna Husky, un mundo postcyberpunk fuertemente influido por Philip K. Dick y su ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Al igual que Dick, Montero maneja con maestría la confusión entre lo real y lo ficticio, lo auténtico y lo falso, el humano y el replicante. Partiendo de una historia en apariencia sencilla —Alma, la protagonista, se encuentra que su identificación personal no funciona y descubre la exclusión que padecen los desposeídos en la sociedad fuertemente estratificada en la que vive— conduce a un final amargo, desesperanzador, aunque no exento de lirismo. El conjunto se beneficia del estilo narrativo de la autora, totalmente depurado. 


«Casas rojas» - Nieves Delgado

Uno de los relatos más interesantes de la antología, en cuanto al modo de abordar la ética de la robótica. Independientemente de su fuerte carga erótica, lo importante del relato es la reflexión sobre cómo nuestra postura moral ante la robótica depende de la humanización de la misma. ¿Es menos robot un humanoide —o una ginoide— que el brazo mecánico de una cadena de montaje? ¿Por qué humanizamos a los robots destinados a la interacción con humanos y no, por ejemplo, a una roomba o a un robot de cocina? En una historia sobre ginoides programadas como esclavas sexuales, y en palabras del dueño de la empresa que las fabrica ¿qué diferencia a una ginoide de una simple caja con vagina? Nieves Delgado opta por las leyes asimovianas —la resolución de un conflicto entre leyes es aquí más espectacular que el simple fundido de los circuitos positrónicos que usaba el buen doctor— y mueve a la reflexión sobre algo que nos tendrá que preocupar muy pronto, cuando convivamos con la IA fuerte. Un complemento recomendable para este relato sería el visionado del filme Ex Machina (Alex Garland, 2015)


«Hombres Por Correo Lohmann» - Laura Fernández

Relato divertido y de tono desenfadado, con un estilo que homenajea directamente al de Douglas Adams (y a su Restaurante del Fin del Mundo) pero que con su combinación de enredo y de crítica a la sociedad consumista —que parece salida de los Estados Unidos en los años 50— produce una atmósfera que recuerda también a las novelas de Clifford D. Simak, al Kurt Vonnegut de Las sirenas de Titán o al Alfred Bester de El orinal florido.  


«La vida sin cáncer» - María Zaragoza

Relato inédito que muestra una visión hondamente pesimista de la naturaleza humana. Narrado en retrospectiva con un estilo aséptico, propio de un funcionario o un cronista —lo cual es deliberado—, describe el proceso por el cual una doctora japonesa, Ryoko Mihashi, logra una cura efectiva y definitiva para el cáncer, que hace extensible a toda la Humanidad de manera desinteresada. Pasado cierto tiempo, las consecuencias resultan de todo imprevistas. La reacción visceral e irracional de las masas contra la ciencia que narra Zaragoza despiertan la misma tristeza que las relatadas por Walter M. Miller Jr. en Cántico por Leibowitz. Otrosí, es una advertencia sobre los líderes de masas demagogos que encumbra la falta de pensamiento crítico en los momentos de crisis e incertidumbre.




«El hijo de la ciencia» - Alicia Araujo

Una historia de «científico loco» o de «criaturas de laboratorio», con una marcada atmósfera de género fantástico, que adaptada al cine o a la TV tendría un indudable —y delicioso— aire de serie B. Narrativamente va desinflándose a medida que avanza, quizás por un exceso de longitud, la autora trata el tropo del Moderno Prometeo con gran acierto y abriendo vías para el debate, y la cuestión de si nuestra escala moral es válida para nuestras creaciones artificiales —que, superándonos en capacidades, parecen llamadas a sucedernos—, está a la altura de clásicos como Mutante de Henry Kuttner o Más que humano de Theodore Sturgeon. 

«La vita e-terna» - Carme Torras

Escrito originalmente en catalán y narrado en primera persona, bascula entre el humor negro y lo grotesco —o weird— para cuestionar la ética del mercado de órganos y las posibilidades que abre la tecnología de cara al futuro, como la fabricación de órganos artificiales. El estilo es un tanto atropellado y no deja clara la postura de la autora, pero es un acercamiento interesante al debate de la tecnociencia y su mercantilización.


«Electroamor» - María Laffitte, condesa de Campo Alange

Relatada en primera persona, versa sobre la hipermedicalización de nuestra sociedad y el exceso de dependencia de los fármacos que padecemos. Escrito con un tono intencional de desafecto, la protagonista desgrana su historia en la que se mezclan un romance complejo y el descontento vital, en una sociedad de corte atompunk —la ambientación recuerda a la Alphaville de Godard—donde cualquier desazón, cualquier zozobra, son tratadas con píldoras. Resulta una lectura muy agradable, y si se retira el componente de ciencia-ficción podría encuadrarse perfectamente en el neorrealismo español de la época.


«Mares que cambian» - Lola Robles

La aportación de Lola Robles trae enseguida reminiscencias de La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. LeGuin, Venus más X de Theodore Sturgeon o El hijo del hombre de Robert Silverberg. Es una historia sobre diversidad sexual y de género, ubicada en Jalawdri, un mundo donde las personas pueden fluir, a lo largo de su vida, entre diferentes géneros y orientaciones sexuales, lo que incluye la asexualidad o diversas formas de hermafroditismo. Escrito en forma de diario, posee una narración muy suave, con algunos pasajes de lirismo notorio. Solo se ve algo lastrada cuando la voz narradora se detiene a explicar las cuestiones epistemológicas de la diversidad de sexos y géneros de Jalawdri, lo que incluye el léxico para nombrar a cada una. A nivel personal me gustó la conclusión, resolviendo la trama sin recurrir a la violencia.



«La droga» - Roser Cardús

Publicado originalmente en catalán, es un relato simple pero muy efectivo. Al igual que La vida sin cáncer, reflexiona sobre la incapacidad del ser humano para adaptarse a un mundo libre de infelicidad y sufrimiento, como si la naturaleza humana, por imperfecta, necesitase de violencia y bajas pasiones para funcionar correctamente. Siendo una autora que apenas incursionó en el fantástico, maneja con gran tino un tropo habitual de la ficción científica —ya en Things to Come H.G. Wells planteaba un gas que docilitaba a los beligerantes, y es fácil recordar el «soma» de Un mundo Feliz— como es la sedación social, bien por las drogas, bien por los medios de comunicación, y sus posibles efectos si esta desapareciese.


«Eternidad» - María Angulo

Un relato doblemente interesante, por su tono y por su tema. Además de tratar la posibilidad de lograr la inmortalidad experimentando con medusas —como sugeriría también José Luis Gordillo en Respira—, rompe con el estereotipo de la mujer científica sin dimensión personal, incapaz de conciliar su trabajo con una vida familiar, que tan habitual resulta en la ficción —oh, la glacial doctora Susan Calvin de Isaac Asimov—. Aquí vemos a una protagonista, Nadia, que ha perdido a su hijo Víctor, y esto la lleva a obsesionarse con la creación de híbridos de humano y medusa, que poseyesen la capacidad de regeneración celular de estas, y por tanto la vida eterna. Es una historia hermosa, poética, y un precioso modo de abordar el Eterno Prometeo sin caer en el estereotipo del «científico loco» víctima de su propia creación.


«La cabeza a componer» - Emilia Pardo Bazán

Personalmente me parece el relato más flojo de la antología, si bien es evidente que su valor es ante todo histórico y referencial, pues es el más antiguo del conjunto —1894—. Al igual que en otras incursiones breves en el fantástico —Vampiro o El conjuro—, los relatos de Pardo Bazán siempre dejan la sensación de transmitir buenas ideas, pero ser meros esbozos en lo formal, como escritos con una cierta dejadez. Como sea, anticipa un tropo fascinante que después trataría la ciencia-ficción en obras como Flores para Algernon de Daniel Keyes y que los filósofos conocen desde la antigüedad: la ignorancia es la felicidad, y el conocimiento, el pensamiento crítico y la actividad mental traen desasosiego y sufrimiento.


«El pastor de naves» - Felicidad Martínez

La antología culmina en alto con este relato, una space opera que busca provocar el sentido de la maravilla con una historia de colonias espaciales en guerra permanente y de fusión entre hombre y máquina, que tanto bebe de El juego de Ender de Orson Scott Card como del proto-cyberpunk de Samuel R. Delany en Nova o Babel-19. Está desarrollado de forma que el comienzo no permite anticipar en modo alguno la conclusión, y proporciona una forma lúdica de reflexionar sobre los límites del poshumanismo, de ese «¿A dónde vamos?» que comentábamos arriba. Es una historia cruel, desabrida, áspera, y asimismo una mirada crítica al utilitarismo de las sociedades tecnocráticas y a su tratamiento de las personas diferentes.




Conclusión


Poshumanas es un trabajo bien hecho, una labor muy meritoria de Lola Robles y Teresa López-Pellisa (y de Sofía Rhei como promotora de la iniciativa) que capitanean el barco con firmeza. En lo extraliterario, la promoción del proyecto ha sido un éxito, logrando una gran repercusión en los medios, lo que incluye la televisión y los periódicos generalistas. El trabajo de antología y documentación se refleja en el resultado final, y no es exagerar decir que, con el tiempo, el valor de Poshumanas y Distópicas se mostrará histórico.

Como en toda antología, el valor de los relatos va a depender de los gustos y preferencias personales de cada lector, por lo que es difícil hablar de un nivel regular o irregular. En este caso, la dificultad se incrementa si tenemos en cuenta de que se trata de una panorámica de unos ciento veinte años de historia de la ciencia-ficción, con estilos muy diferentes y autoras de características, épocas y experiencias vitales muy distintas. Que es, precisamente, el gran valor del volumen.

Esperemos que, con este tipo de obras, se visibilice y normalice a las autoras españolas del género, y que el gran público supere el síndrome de la pitufina que, como bien indica López-Pellisa en el prólogo, con tanta frecuencia lleva a incluir únicamente a Elia Barceló —grande y talentosa autora, que aparece en Distópicas— en las antologías de autores españoles de ciencia-ficción.

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2 comentarios:

  1. Nunca hubiera apostado por relacionar medusas y eterna juventud, pero este verano leí una novela juvenil que lo planteaba ("El pez número 14", de la escritora Jennifer L. Holm), y ahora, al leer el comentario sobre "Eternidad" de María Angulo y su paralelismo con una tercera obra, "Respira" de José Luis Gordillo, empiezo a pensar en criar medusas...

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    1. Lamento no haber conocido antes esa obra, pues la habría referenciado también.

      Sobre las medusas, es el género Turritopsis el que tiene esta capacidad. Parece ser que posee una característica llamada transdiferenciación celular, que le permite regenerarse en forma de un nuevo pólipo una y otra vez, con lo cual es inmortal (esto me lo he mirado, no me lo sé).

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