18 de febrero de 2019

V.A. Carter - Toda su obra de ciencia ficción (II)

En 2016, Pulpture inició una tarea tan atractiva como encomiable: recopilar y publicar, para el mercado actual, toda la obra de ciencia ficción de V.A. Carter. O Vic Adams, como firmaba sus westerns, de los que escribió casi cien. O Vicente Adam Cardona (Llombay, 1927 - Valencia, 2018), uno de los grandes autores de la era dorada del bolsilibro español, quien falleció apenas días antes de que este segundo volumen de su antología entrase en imprenta. 

La obra de ciencia ficción de V.A. Carter comprende dieciocho novelas de bolsillo, doce publicadas en la colección Luchadores del Espacio, de Editorial Valenciana, y seis editadas por Toray en su colección Espacio. El primer volumen (V.A. Carter - Toda su obra de ciencia ficción (I), de 2016) incluía las novelas Marionetas humanasRebelión en la galaxiaLa muerte azulLa nueva razaLos sonidos silenciosos de Venus¡Ayúdanos, terrestre!. Este segundo cuenta con Prisión cósmicaLa Tierra no puede morirCargamento para el infiernoCautivos de VoidánEllos también son humanos y Puedo dominar el mundo.

V.A. Carter - Toda su obra de ciencia ficción (II) - KindleGarten

El volumen


En total son 528 páginas, que cuentan con un prólogo de José Carlos Canalda (estudioso de la ciencia ficción y experto en literatura popular española) y con una reproducción de las portadas originales, de ilustradores históricos como Ibáñez o José Luis Macías. Portadas que acentúan el sentido de la maravilla que transmiten las novelas de V.A Carter, que lucen en el cambio de formato y muestran que la edición en bolsilibro era una simple cuestión editorial que no significaba menor calidad narrativa. 

Las novelas


Publicadas, como dijimos, en Luchadores del Espacio (Ed. Valenciana), las novelas de V.A. Carter trasladan al mercado español (con notable acierto) el espíritu de la Edad de Oro de la ciencia ficción estadounidense, y tratan temas diversos de actualidad en la época: la carrera espacial, el pánico nuclear o la descolonización. V.A. Carter/Vicente Adam muestra además una óptica marcadamente pacifista, y en su universo de ficción retrata a menudo un planeta Tierra en el que la humanidad ha superado sus diferencias y vive en armonía, expandiéndose al Sistema Solar y aun más allá. 

Su optimismo frente a la carrera espacial viene avalado por una documentación técnica profunda, de modo que su ciencia ficción, siendo soft, mantiene un rigor sorprendente. Con las naturales concesiones al sentido de la maravilla (naves capaces de cubrir cincuenta años luz en semanas, rifles de rayos desintegradores, automóviles aéreos, razas alienígenas), todo lo referido a los primeros vuelos espaciales (coetáneos de las novelas) y a cuestiones como las radiocomunicaciones o el cumplimiento de las leyes físicas y químicas son palpablemente veraces.

Vicente Adam - KindleGarten

Prisión cósmica (nº 193, 1961)


Escrita antes del primer viaje espacial tripulado, describe con un acierto considerable los entresijos de la industria aeroespacial, por entonces en pañales. El protagonista es un extraterrestre infiltrado entre los humanos para sabotear el programa espacial terrestre. El motivo: desconfianza y miedo ante el potencial de la raza humana y su capacidad de expansión. 

Tendremos los elementos habituales de las novelas de V.A. Carter: Perspectiva optimista de la humanidad, pacifismo (pese a que lograr la paz requiere siempre la violencia) y subtrama romántica. En esta ocasión destaca el conflicto interior del protagonista, que se debate entre su deber (y el desprecio que su raza siente por los terrícolas) y el afecto y admiración que poco a poco desenvuelve por los humanos. 

La Tierra no puede morir (nº 196, 1961)


Una novela post-apocalíptica, fruto de la preocupación casi paranoica que existió durante la Guerra Fría por una posible guerra nuclear de escala planetaria (y que proporcionó un buen montón de novelas y películas). De nuevo V.A. Carter vuelve a transmitir su fe en la humanidad y en su capacidad de sobreponerse a las adversidades. La subtrama romántica tiene una línea que se repite en otras novelas del autor: cuando un hombre y una mujer comienzan la narración con roces y desencuentros, terminarán casándose.

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El papel de los extraterrestres es el de Deus Ex-Machina, aunque sorprende la capacidad de fabulación de Carter a la hora de crearlos y de otorgarles una tecnología casi mágica. Del mismo modo, el desencadenante de la guerra nuclear no traiciona el ideario pacifista y ecuménico del autor. 

Cargamento para el infierno (nº 201, 1961)


Un argumento que podría desarrollarse en un escenario corriente, pero que el autor reviste de elementos de ciencia ficción, trasladando la acción a un planeta remoto. Una astronave de pasajeros, que traslada también a un grupo de presidiarios con destino a un planeta-prisión, sufre un accidente y cae a un planeta desconocido, donde los presos huyen. El protagonista, del que poco a poco se van desvelando los detalles, se encargará de arreglar la situación. Incluye una curiosa especie extraterrestre (que aparece en portada), la correspondiente subtrama amorosa y varios hilos argumentales que confluyen, como el robo de un valioso cargamento.

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Cautivos de Voidán (nº 206, 1962)


La novela más reseñable del volumen trata el tema de la invasión extraterrestre, tan afín a la ciencia ficción de la Edad de Oro, en esta ocasión por parte de una raza humanoide que conforma un imperio todopoderoso. El protagonista, como el de la novela anterior, es el Emperador de todas las cosas, un tipo seguro de sí mismo, con recursos infinitos y habilidad a toda prueba. Vuelve a terminar en boda (varias) y tiene un mensaje de concordia e incluso de igualdad de género. Un tema que planea en toda la obra de V.A. Carter, aquí alcanza su plenitud: el militar corrupto que traiciona a quienes debe servir y proteger, en este caso por cobardía.

Cautivos de Voidán incluye batallas entre astronaves y una persecución final verdaderamente emocionante. Resulta llamativo también que gran parte de la trama se resuelve a través de la negociación y de la tensión sexual latente entre el protagonista y la villana. Un recurso, este último, explotado con éxito numerosas veces en la Era Pulp del género.

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Ellos también son humanos (nº 216, 1962)


Interesante novela que trata un tema de plena actualidad en su época: la descolonización. Recordemos que España mantenía aún sus dos últimas colonias, Guinea Ecuatorial y el Sáhara. 

Otra vez tenemos un argumento que podría desarrollarse sin elementos de ciencia ficción, pero que V.A. Carter adscribe al género ambientando la acción en un planeta de la estrella Cástor, colonia de la Tierra al igual que otro en la estrella Pólux, que se cita pero no aloja acontecimientos de la historia. 

El autor desenvuelve una trama de espionaje que implica a un periodista muy prestigioso, cuya postura pasó de ser contrario a la colonización a fervoroso partidario de ella. A lo largo de la narración se conoce el motivo y se desvela una conjura de corrupción, como vimos un tema dilecto de Carter/Adams/Adam. 

En esta novela se ratifica también el cuidado que el autor daba a los secundarios, haciéndolos casi más interesantes que el propio protagonista. Aquí, el astuto y escurridizo cabo Snakey.


Puedo dominar el mundo (nº 224, 1962)


Un argumento quizás algo desaprovechado, el de los poderes psíquicos y sus riesgos, que se desarrolla con una simple historia de intrigas y espionaje. Con todo, la novela tiene un comienzo que atrapa la imaginación: V.A Carter fabula con unas posibles formas de vida jovianas que se anticipan a la propuesta que Carl Sagan y Edwin E. Salpeter publicaron en 1976, Particles, Environments and Possible Ecologies in the Jovian Atmosphere.

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Los pasajes iniciales, en los que describe a las criaturas flotando y fluyendo por la atmósfera gaseosa de Júpiter, transmiten un gran lirismo, y el autor vuelve a mostrar que seguía la actualidad científica con interés, pues su representación del planeta gigante se ajusta a la realidad según lo que entonces se conocía de él.

Si la portada de Puedo dominar el mundo te suena, se debe a que la portada del nº 1 de la revista Hyperspace es muy similar. Ambas son de José Luis Macías Sampedro y la de Hyperspace, para la que se buscaba deliberadamente un aire vintage, es un homenaje al autor y a los bolsilibros españoles.


El autor en su época


La obra de V.A. Carter es fruto de una época y maneja los códigos y los tropos de la misma. La ciencia ficción era el género favorito de Vicente Adam (pese a que por exigencias editoriales escribió muchos más westerns como Vic Adams) y se nota en el resultado. Podemos decir que es uno de los escritores (junto a Pascual Endíganos) que importó a España el género tal y como se practicaba en la Edad de Oro estadounidense.

Así, mientras en Estados Unidos y Reino Unido ya empezaba a decaer la Edad de Plata y comenzaban a escucharse los primeros latidos de la New Wave, en España (con contadas excepciones como La Nave de Tomás Salvador) seguíamos disponiendo de una ciencia ficción pensada para divertirse, como simple evasión y circunscrita a la edición en formato popular, con sus ventajas y sus imposiciones.

Los elementos comunes


El lector moderno no puede esperar de estas novelas elementos actuales como la representación de la diversidad. Estamos hablando de novelas de bolsillo publicadas durante el segundo franquismo, cuando faltaban dos años para el primer Plan de Desarrollo. Las editoriales españolas seguían las directrices de los grandes editores Joseph Campbell y Horace Gold, unidas a la moral conservadora impuesta por el régimen. Entre otras cosas existía la censura, que hasta 1966 dictaba los contenidos de la prensa.

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Por tanto, todos los protagonistas son hombres jóvenes, blancos (la raza blanca se presupone y no se especifica) y heterosexuales. Las mujeres siempre tienen papeles secundarios y normalmente suponen un interés romántico para el protagonista. Las relaciones de amor (que son realmente exprés) siempre terminan en boda (Corín Tellado, emperatriz de la novela rosa, explicaba que esto era una exigencia ineludible de la censura) y son indefectiblemente (de nuevo no se contempla otra opción) normativas.

Con todo, V.A Carter se las arregla para introducir personajes femeninos con entidad que sirvan al menos como adláteres de los protagonistas masculinos, y que poseen inteligencia y valor determinantes para la trama como en La Tierra no puede morir o Cargamento para el infierno. En Cautivos de Voidán la dominancia femenina se muestra como algo disfuncional, anómalo. El protagonista llega a recalcar que en la Tierra «también hubo matriarcados y fracasaron» y la novela se convierte en un alegato de la igualdad de género, aunque sea porque en este caso beneficia al hombre.

Algo semejante ocurre con la crítica más o menos velada al estamento militar y a la burocracia, que aparecen no pocas veces como corruptos e incompetentes, moviéndose por el beneficio propio antes que por el interés general. El autor burla la censura otorgándoles nacionalidad extranjera, anglosajona casi siempre.

El sentido de la maravilla


El punto fuerte de este volumen es la capacidad de fabulación del autor. Condicionado por la extensión que imponía el formato (cada novela ocupa unas 80-90 páginas), entrega historias con un ritmo narrativo muy alto, el que no existen apenas descripciones y la adjetivación es la mínima imprescindible. La acción prima sobre todo lo demás y tenemos extraterrestres con tecnologías prodigiosas, astronaves capaces de atravesar el Sistema Solar en días, imperios galácticos... y una fe optimista y positiva en las potencialidades del ser humano.

V.A. Carter firma una ciencia ficción de la que hacía soñar con un futuro de viajes intergalácticos, autos voladores y federaciones donde la humanidad convive en paz con innumerables razas alienígenas. Y este volumen es una oportunidad excelente que ofrece Pulpture de disfrutarlas y asesorarlas sin recorrerse Internet y librerías de viejo en busca de los bolsilibros originales, tan difíciles de encontrar, o tan caros (y muchas veces bastante ajados) como una caja de AirgamBoys Espacio.


Dónde encontrarlo


V.A. Carter - Toda su obra de ciencia ficción (II) puede encontrarse en La boutique de Zotique.


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1 de febrero de 2019

Whitley Strieber. Gato Mágico

Whitley Strieber es un autor peculiar. Es alguien que afirma haber sido abducido por extraterrestres, que cree en el fin de los tiempos por supuestas conexiones entre el libro del Apocalipsis y las profecías mayas y que tiene un podcast semanal sobre sucesos paranormales. Sería fácil imaginárselo con un gorro de papel de aluminio si no fuera porque todo podría ser parte —o no— de una enorme humorada. 

Gato Mágico (Catmagic) se publicó en 1986, en supuesta coautoría con Jonathan Barry, un brujo practicante de la wicca. Más tarde Strieber reconoció que Barry no existía y él era el único autor de la novela. Con maniobras así, no es descartable que la propia vida de Whitley Strieber sea su gran novela, y sus contactos con «los visitantes» y sus creencias milenaristas no sean más que atrezzo para otorgar un extra de veracidad a sus libros. Quién sabe. 

Gato Magico - KindleGarten

Apetitosa Serie B

Gato Mágico fue editada en España por Vidorama/Ágata, lo que es garantía de portadas a lo giallo y de aire inconfundible a serie B. Su selección de títulos fue una mina para los aficionados a la literatura de géneros, y aquí vamos a ver una historia que combina el terror y la fantasía con ramalazos de ciencia-ficción.

Toda la acción transcurre en una diminuta localidad de Nueva Jersey —EEUU— llamada Maywell. Una típica pequeña población rural, tranquila y anclada en el pasado. Tiene una universidad de tercera categoría y una comunidad de brujas, lo cual no parece extrañar a nadie. Esta comunidad es un microcosmos, una sociedad en sí misma con sus propias normas y leyes. La relación entre la comunidad brujeril y el resto de Maywell es cordial, y a nadie le importa que su pareja y/o sus hijos se marchen de casa para ingresar en ella, se cambien de nombre y vivan en comuna. 


El reparto

Al frente de la comunidad está Constance Collier, una mujer mayor, autora de libros infantiles muy populares. Constance financia a George Walker, un científico bastante atormentado, para que experimente con la resurrección. Esto nos va a dejar escenas a lo Herbert West, reanimador que están entre los mejores momentos de la novela. 

George tiene una sobrina, Amanda, protagonista de la historia. Oriunda de Maywell, regresa a la localidad a petición de Constance, para ilustrar sus libros. Pero pronto veremos que esto era una excusa para un cometido de mayor entidad que la bruja le tiene reservado. 

Como villano tenemos a Simón Pierce, un predicador fundamentalista, titular de una secta cristiana bastante oscura, y con un pasado igualmente turbio. 

Y tenemos al gato. Tom, como le conocen algunos. Un elemento que viene y va a su antojo por el escenario, un ser entre lo tangible y lo sobrenatural cuyos actos no siempre son explicables.

Gato Magico - KindleGarten

Una receta con demasiados ingredientes

Gato Mágico tiene una estructura algo más compleja de lo habitual en este tipo de novelas. Abre muchas subtramas y da bastantes vueltas sobre distintas ideas, como el gato que se pasea a su antojo por las páginas sin que su papel quede claro hasta bien avanzada la obra. Esto provoca que el arranque de la historia sea un tanto lento y confuso. 

Withley Strieber introduce demasiados elementos: hadas, leyendas como el Rey de los gatos, experimentos científicos enfermizos, wicca, experiencias extracorpóreas, memoria de vidas pasadas, viajes al infierno de inspiración dantesca... y el resultado es un relato intenso pero farragoso, que por momentos parece dejar hilos sueltos. 

También se hace algo empalagosa la comunidad brujeril de Maywell, con sus creencias New Age de neopaganismo, comunión con la Tierra, sabiduría ancestral y demás. 

Cuanto más, mejor

Los mejores elementos de Gato Mágico vienen de mano del paroxismo. George parece una caricatura del prototipo de científico loco. Su santuario del sótano es hipnótico, como sus sesiones de autolesión, con un punto gore muy incómodo, muy visual. Simón Pierce es un villano espléndido, con toda la exageración de su fanatismo y de sus pecados del pasado que lo mortifican y le otorgan patetismo. Es decir, que un punto fuerte de la novela son sus personajes más hiperbólicos. 

A destacar también todo el apartado del Infierno, que se muestra como algo personal, como una experiencia única y diferente para cada uno. Los pasajes infernales son los más logrados a nivel literario.

Una tercera idea curiosa es la relativa a la reencarnación y a la memoria regresiva de las brujas, que implica a Lady Marian, personaje pagano del folclore inglés siempre vinculada a Robin Hood, y a una sacerdotisa primitiva llamada Moom, uno de los personajes más pintorescos de la novela.

Por no mencionar al gato

Podría decirse que Tom, el gato, es un ejemplo perfecto de lo que es Gato Mágico. No sabemos muy dónde va cuando desaparece, ni sus motivaciones de sus actos, y lo complica todo cada vez que aparece de nuevo. La trama de la novela avanza de forma similar, un poco a trompicones y un poco encajando las piezas a la fuerza. Whitley Strieber maneja todo con habilidad de equilibrista y logra que casi nada se caiga, aunque la sensación general es de leve empacho. Quizás sea una de esas novelas que necesitan dos lecturas para apreciar todos sus detalles.

Comentar, por último, que Strieber muestra un conocimiento muy amplio de la brujería moderna y de las teorías sobre la Triple Diosa y los matriarcados primitivos de estudiosos del tema como Robert Graves. Los rituales expuestos en la novela son reales —incluido su componente sexual—. Posiblemente empleó el seudónimo de Barry, como dijimos, para darle empaque a la obra. En la edición española ya se omite este falso co-autor.

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29 de enero de 2019

Stephen King. El visitante

Stephen King lo ha vuelto a hacer. El visitante es su penúltima novela hasta el momento —ya ha salido a la venta La cajita de botones de Wendy— y demuestra que el maestro se sigue despachando sus libracos sin esfuerzo, 592 páginas que se terminan sin darse uno cuenta. 

El visitante está relacionado con la trilogía de Mr. Mercedes y puede considerarse tanto un spin-off como una cuarta novela de la serie. Puede leerse de forma independiente, porque es autoconclusiva, pero King revela bastantes acontecimientos de la trilogía original. Así que, a quien no haya leído Mr. Mercedes y piense hacerlo —o ver la serie de TV—, le recomendaría que deje El visitante para después. 

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Duérmete niño, duérmete ya


Pero King no se autorreferencia solo ahí, sino que retoma un tema recurrente de su universo que ya había tratado en su relato «El coco», de El umbral de la noche (1976) e It (1986). Nos referimos al Coco, el hombre del saco, el Sacamantecas. el Cucuy o el Boogeyman, como queramos, porque es una figura ubicua en prácticamente todas las culturas del planeta. 

El visitante no es tanto una novela de terror como una trama de misterio. A la que le podemos quitar el componente sobrenatural y sigue siendo un excelente thriller policíaco. King maneja el ritmo como siempre y relata todo lo relativo a la investigación policial, la búsqueda de pistas, los interrogatorios a testigos y la caza del criminal como si llevase toda la vida escribiendo novela de intriga. 

Para ello recupera al personaje de Holly Gibney de la trilogía de Mr. Mercedes, la investigadora meticulosa, intuitiva, brillante y con trastornos de ansiedad, que aquí aparece hacia la mitad de la novela y que se convierte en pieza clave para resolver el misterio del visitante. Porque existe un protagonista, el policía Ralph Anderson, pero en realidad es una novela coral en la que varios personajes se reparten el peso de la trama con bastante paridad. 

Siempre saludaba


King toma al Coco y lo sitúa en el centro de varios asesinatos sin relación visible entre sí, cometidos por personas normales, «apreciados miembros de su comunidad», como ese vecino que un día asesina a su familia y sorprende a todos porque siempre saludaba. 

Estar familiarizado con la obra de King e irse de listo puede llamar al despiste. Porque el argumento de que una persona esté a la vez en lugares alejados lleva a intentar relacionar El visitante con Colorado Kid o con los territorios de El talismán/Casa Negra. Pero no, como tampoco la visión de personas de rasgos desdibujados y portando prendas amarillas la relaciona con los hampones del Rey Carmesí

Pero todo es más sencillo. El visitante está mucho más cerca de It, como dijimos. El monstruo tiene una motivación muy similar, tanto como el grado de truculencia. Y el de referencias a la cultura popular, como el cine mexicano de luchadores. Luchadoras, en este caso. Eso sí, ahora los iPad son omnipresentes e Internet es la gran aliada de los investigadores.

Más Holly Gibney


El visitante está siendo un éxito —un poco más de 4 estrellas en Goodreads—, con lo que el público avala el nuevo rumbo literario del rey del terror. Y se nota que está cómodo con Holly Gibney, que el personaje ha crecido más de lo que su autor esperaba. Así que es muy probable que haya nuevas aventuras de la investigadora obsesivo-compulsiva y asidua de Walmart en el futuro.



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27 de enero de 2019

Séptimo de Burrería 4: Comanche. Jesús Maeso de la Torre

Jesús Maeso, historiador y autor consolidado de novela histórica, trata en Comanche una época fascinante y por desgracia bastante olvidada tanto en América como en España: el dominio español de gran parte de América del Norte, un vastísimo territorio que se extendía desde Texas hasta California y que, hacia el norte, alcanzaba Alaska y Canadá.


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Nosotros llegamos primero


El virreinato de Nueva España —explorado, cartografiado y abierto a la conquista por precursores como Álvar Cabeza de Vaca, Hernando de Soto o Juan de Oñate— era un mundo inmenso, poblado por tribus indígenas casi siempre hostiles, rico en recursos y codiciado por los enemigos de España: Francia y Reino Unido. El reino español fue, de hecho, un aliado clave de las colonias inglesas en su lucha por la independencia, pues le interesaba impedir la expansión británica por el continente.

El primer hombre blanco en ver un bisonte fue un español, igual que fueron españoles los primeros en entrar en contacto con los indios apaches, comanches y otras tribus —navajos, pueblo, zuni, sumas, pimas, hopis, yumas—. Fue tal la impronta española que a su llegada, los anglosajones se encontraron a tribus indias cristianizadas que habían asimilado la lengua y la cultura castellanas.

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Son muchos los historiadores que reclaman este legado, y que desean desmentir la imagen de una Frontera en la que colonos anglosajones se enfrentaban, en su expansión hacia el oeste, con un mundo virgen jamás hollado por hombres blancos. Elvira Roca, historiadora de cabecera del cuñao patrio, escribe artículos como este, con obviedades que conoce cualquier amante del western que haya visto Fort Apache en versión original.


Un puñado de dragones


Para defender unos dominios tan inabarcables, el Imperio Español contaba únicamente con unos pocos hombres, tal vez los más valientes y más esforzados que jamás sirviesen al rey de España: los dragones de cuera o dragones presidiales.

Eran jinetes diestros que, armados con lanza, arcabuz, espada y escudo, tocados con sombrero cordobés y protegidos solamente por un chaleco de cuero —la cuera que les daba nombre— luchaban en territorio siempre hostil, los confines del Imperio y su frontera más dura y olvidada.

Recorriendo leguas y leguas de terreno bajo el sol de Texas, Arizona o Nuevo México, los dragones siempre luchaban en inferioridad numérica, siempre expuestos a emboscadas y siempre enfrentándose a lo desconocido. Pero eran tipos duros, corajudos, valientes y con un sentido del deber y del honor exacerbados. Españoles o criollos, siempre soldados del rey de España que sometieron a navajos, apaches y comanches y los asimilaron al Imperio.

Y sus presidios


Los Presidios que les servían de base de operaciones eran fortificaciones amuralladas —con muros de adobe o tepes, o empalizadas de madera—, con espacio para un regimiento de dragones y soldados, sus familias y personal auxiliar —frailes, herreros, armeros...—. Nos vamos así a la quinta acepción de la RAE para el término:  «Presidio» deriva de «Presidir», de ocupar un lugar destacado, de campear en territorio enemigo. Como siempre fue propio de los españoles, de ser más chulo que nadie.


Jesús Maeso ilustra la vida cotidiana en los presidios, como lo hace Álber Vázquez en su serie sobre Las batallas hispano-apaches en el salvaje norte de América, y conocemos cómo se organizaban esos microcosmos, de una forma similar a la que John Ford mostró la vida en un fuerte de la caballería estadounidense en la citada Fort Apache o en La legión invencible. También aquí asistiremos a la incertidumbre con el que las mujeres de los dragones, valientes y abnegadas, afrontan cada salida del presidio de unos hombres que tal vez nunca regresen.

La lección de historia de Jesús Maeso


Comanche narra hechos reales —la campaña de los españoles contra los indios comanches del jefe Cuerno Verde— a través de la vida de un dragón presidial, Martín de Arrellano, desde que es un niño y su padre, sargento de dragones, muere en una escaramuza contra Cuerno Verde, hasta su adultez. Martín consagra su vida a vengar a su padre, y terminará siendo capitán de dragones, luchando contra los indios y acometiendo misiones de espionaje que lo llevan a California y a las Islas Auletianas, donde conocerá a la princesa Aolani. El periplo de Martín pasará también por Madrid y Roma, y le servirá para llevar expandir sus ideas ilustradas —es masón— al Nuevo Mundo.

Por Comanche pasan personajes reales como Juan de Anza, el rey Carlos III, el papa Pío VI, fray Junípero Serra, Matías de Gálvez, el jefe Cuerno Verde o su sucesor Ecueracapa, que encajan bien en la trama e interactúan con los protagonistas de forma creíble.

La novela de Jesús Maeso es una lección de historia, un relato divulgativo que aporta un montón de información muy cuidada, desde fechas y datos geográficos hasta el más diminuto detalle de la panoplia de los dragones, como las capas de cuero que componían la cuera —siete— o los colores de los ribetes del uniforme.

Comanche se sitúa en una época en la que los apaches ya están asimilados al Imperio —al menos los lipán—, mientras que en las novelas de Álber Vázquez aún son el enemigo a combatir. Ahora el escollo son los comanches, mucho más belicosos, que odian por igual a apaches, españoles y todos aquellos que ocupan las tierras que ellos consideran su posesión legítima. Sabemos que comanche significa «enemigo que quiere guerrear con todos todo el tiempo».

Desmintiendo mitos


Una creencia generalizada es que fueron la única tribu india que los españoles no pudieron someter.  Como afirma Philip Meyer en su novela El hijo, los comanches «detuvieron en seco a los españoles y empujaron a los apaches hasta el mar». Jesús Maeso va a desmentir esta afirmación.


Su novela narra cómo los dragones españoles vencieron a los comanches hasta que estos aceptaron un armisticio. Es difícil, para los españoles actuales, asomarnos a nuestro pasado, con sus luces y sus sombras. Pero debemos admitir que, aun en su brutalidad, el Imperio Español optó por la asimilación antes que por el exterminio, y buscó la paz —impuesta por la fuerza, pero paz— siempre que fue posible.

Eso implicaba treguas y amplias concesiones a los indígenas, como ilustra Comanche. Tras someter a los comanches, el gobernador español, Juan de Anza, renunció a destruirlos por completo y a cambio les concedió privilegios y derechos en la Paz de Anza, asegurándose su lealtad a la corona española.

Y es que hechos como la rebelión de los indios pueblo enseñaron a los españoles que se cazaban más moscas con miel que con vinagre. Establecieron con los comanches una entente que incluso, como narra Maeso, les convertía en aliados ante terceros.

Un pacto de no-agresión mutua que no respetaron quienes vinieron después, unos anglosajones dispuestos a apoderarse de cada pedazo de tierra del continente aniquilando al 80% de su población indigena.


Es decir...


Tal vez, la historia que conocemos habría sido muy distinta si quienes sucedieron a los españoles en el norte de América hubiesen respetado sus pactos con las tribus indias. En su lugar, lo que vino después lo conocemos todos: las guerras Apache, las guerras Comanche, las guerras Sioux, el trail of tears y «matar al indio, salvar al hombre».

La novela


Comanche es una buena novela histórica en términos generales. No le sobra una página, y eso que son 526. Tiene un buen ritmo narrativo, y la trama es verosímil. Para mi gusto personal las batallas están resueltas de forma muy sucinta, se hacen cortas. Estoy más acostumbrado al estilo de Álber Vázquez, más pulp y revertiano, con sus batallas épicas a lo Robert E. Howard.

Un hecho curioso es la crudeza y la crueldad que Jesús Maeso otorga a sus comanches. Cuando escribí Luna Comanche, incluí una escena en la que una partida de estos asaltaba una misión franciscana, la saqueaba e incendiaba, mataba a sus habitantes y torturaba a los frailes. Preocupado por la posible acogida de la novela, añadí una nota final en la explicaba que no había una identificación narrador-autor.

Comanche - Jesús Maeso de la Torre - KindleGarten

Leída Comanche, mi nota sobraba. Al lado de los comanches de Jesús Maeso los míos parecen monjas ursulinas. Aquí asesinan, torturan, descalabran a sus víctimas por placer, comercian con esclavos, violan, abusan sexualmente de niñas en público... El autor no tuvo mis dudas para reflejar prácticas que se saben reales y documentadas, y las justifica por la ferocidad intrínseca de los comanches, por su rapacidad natural y su odio feral a todo y a todos.

Como aspecto menos convincente del texto, los diálogos se ven artificiosos, poco naturales, tanto los de los españoles como los de los indios, pues todos emplean un registro culto, que nunca cambia al coloquial. Se nota también un cierto maniqueísmo, una búsqueda algo forzada de resaltar la nobleza o la vileza de los personajes, en los que no hay zonas grises. Los apaches, por ejemplos, aparecen como aliados inveterados de los españoles y un pueblo pacífico asimilado al Imperio, obviando que su alianza procede de un sometimiento previo, el que ambienta las citadas novelas de Álber Vázquez.

Un western muy recomendable


Jesús Maeso es un amante del western y logra transmitirle a Comanche el ritmo de una buena historia del género. Existe un equilibrio adecuado entre ficción y divulgación, y es un retrato muy atractivo del crisol de pueblos y culturas que fue la Frontera, tal vez irrepetible. Un acercamiento ameno y necesario a la figura de los dragones de cuera, tan injustamente olvidados y un precedente claro de la caballería estadounidense, el modelo para ella. Por otra parte, cualquiera puede constatar que Comanche narra hechos históricos: el tocado de Cuerno Verde puede contemplarse, en efecto, en el Museo Vaticano.

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22 de enero de 2019

Séptimo de Burrería 3: Silverville. Victoria Álvarez



Victoria Álvarez es una de la autoras españolas de literatura juvenil con más proyección de la actualidad. Es bastante prolífica —en 2018 publicó dos novelas, esta y La costa de Alabastro— y sus libros son muy populares entre el público joven adulto. Historiadora del arte y profesora universitaria en Salamanca, suele ubicar sus novelas en el siglo XIX o principios del XX. Época que conoce bien, pues su tesis doctoral trató sobre la literatura decimonónica. 

Silverville - Portada - KindleGarten

Así, para Silverville eligió como escenario la Frontera estadounidense, año 1872, en los últimos coletazos de esa época y lugar fascinantes que aquí conocemos como Salvaje Oeste —Wild West— o Lejano Oeste —Far West—. La autora ha preferido emplear el término usado por los amantes del western, el que emplean sus historiadores: la Frontera. 

Un western sin olor a pólvora


Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que Silverville está dirigida al público juvenil, y que satisface todas las expectativas de su público objetivo —ahí están las valoraciones en Goodreads para comprobarlo— porque contiene los elementos que estos esperan encontrar: romance, representación de la diversidad, personajes femeninos fuertes e independientes... Pero la novela de Victoria Álvarez no es un western, es un folletín decimonónico ambientado en la Frontera.

Sirve así para alimentar el debate de si pertenece al western toda historia que transcurra en la Frontera, con lo cual lo sería hasta La casa de la pradera, o si lo que constituye el género son una serie de elementos que permiten que consideremos westerns películas como La jungla esmeralda u Oro, aunque transcurran en otros lugares y épocas. 

Podría ser, en este aspecto, un western reflexivo, costumbrista, crudo en su realismo al estilo de Dorothy M. Johnson o con el punto intimista de los relatos de Jack Schaefer. Pero, aún con sus tiroteos, persecuciones a la diligencia y pueblos incendiados, Silverville no huele a pólvora.


Un escenario creíble


Lo mejor de Silverville es la adecuada recreación de una pequeña ciudad fronteriza, en este caso en Colorado, un pueblo minero ya consolidado, más urbano y civilizado que el simple campamento de El árbol del ahorcado o que Deadwood, retrato robot de toda ciudad-hongo estadounidense nacida en torno a una mina. 

Silverville - Victoria Álvarez - Kindlegarten

Victoria Álvarez se documentó mucho y bien para crear su visión personal de la Frontera —como curiosidad, uno de los libros citados en la bibliografía es obra de Vardis Fisher—, y logra plasmarla en un retrato realista, donde cuida los pequeños detalles cotidianos. Consigue eso tan difícil en la novela histórica: que la documentación no se note, que todo se vea natural y no te caiga encima un ladrillo de infodumping.


El folletín


Este escenario ambienta una historia que, como avanzamos, está más referenciada a la obra de autores como Alejandro Dumas que al western, sea histórico o pulp.

Silverville cuenta una historia de venganza, planeada y alimentada a lo largo de los años. Grace Mallorie llega a Silverville para ocupar la mansión de su familia política, de la que es heredero John, su marido. Allí maquina su revancha sobre los Lawrence, antiguos socios de los Mallory en una productiva mina de plata. Ahora son la familia más rica del pueblo, tras haber sido partícipes de una conjura para matar al padre de John y quedarse su parte de la mina.

Para su plan, Grace contará con la ayuda de las prostitutas del saloon, a las que convierte en sus asistentas, y de un apuesto forajido al que contrata como criado y por el que acaba desarrollando un interés romántico, como era de esperar.

Silverville - Cate Blanchett - KindleGarten


Los manejos de Grace, la complicidad de sus criados, los remordimientos de quienes conjuraron contra el viejo Mallory, todo el desarrollo de la trama, beben de El conde de Montecristo y folletines similares. Lo que incluye su ritmo de novela por entregas, los giros argumentales y la forma en la que se van desvelando datos y oscuros secretos del pasado de los personajes. Y explica también la abultada extensión de la novela —521 páginas—, que se podría condensar en la mitad.

Inverosímil pero correcta


Silverville no logra la suspensión de incredulidad, por lo rocambolesco de su trama, pero tampoco rompe el pacto con el lector y posee un núcleo argumental sólido.

Los personajes de Victoria Álvarez tienen los suficientes claroscuros para sentirse reales. Se ven bien cosidos, aun cayendo algunos en estereotipos, como la prostituta de buen corazón o el bandido romántico. Al menos no hay maniqueísmo y la protagonista no es la Emperatriz de todas las cosas (para el público young adult, una Mary Sue).

La portada


Portada y sinopsis hacían temerse lo peor: un remedo de westerns posmodernos y carentes de rigor como Rápida y mortal. Pero Silverville avanza por otros derroteros. Como decíamos, y fuera del debate de si se ajusta a los cánones del western, Silverville gustará y mucho a los lectores habituales de literatura juvenil. Victoria Álvarez define bien los personajes femeninos y crea dos mujeres fuertes, Grace y Rudy, de las que por mi parte empaticé más con la segunda, la que más me recordó a las mujeres retratadas por Dorothy M. Johnson o Alan LeMay. Al menos están más cerca de mi idea de mujer en el western —Maggie de La última galopada, Mattie de Valor de ley, Rosalee de Hostiles o la abuela Sarah, de El rebelde Josey Wales— que de Sharon Stone haciendo de pistolera improbable.

Silverville - Rosamund Pike - KindleGarten

Es un gran acierto también el modo en el que está retratada la diversidad afectiva, la represiva moral de la época, y el delicado modo de narrar cómo un personaje descubre su orientación sexual y se cuestiona su vida hasta el momento. La sociedad reprimida y pacata está bien representada por las damas del Movimiento por la Templanza, tan odiosas en su mojigatería y tan tóxicas que merecerían correr el mismo destino que sus homólogas de Grupo Salvaje.

De modo que Silverville es una gran novela para su público diana. Para los viejos aficionados al western, un entretenimiento y una curiosidad.


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21 de enero de 2019

Barata Minha Barata. Alberte Momán Noval

A barata é uma metáfora do que fica oculto, mas que, sem trascender, resulta determinante para o desenvolvimento do seu entorno. A barata passa a definir os mecanismos que operam no sistema, para se nutrir com o produto resultante. A barata, como a energia, não se cria nem se destrói só se transforma para se perpetuar.

Este relato fala de pessoas que moram no entorno da barata, que padecem de um sistema de regulamentações disciplinares elaboradas para que as engrenagens funcionen.

Inspirado pelas grandes distopias da literatura, este relato caminha entre o Big Brother e a mais insignificante infra-penalidade.

Barata Minha Barata - Alberte Momán - KindleGarten


Barata Minha Barata é a última novela de Alberte Momán Noval, publicada pola editorial portuguesa Chiado Books na súa colección Palavras Soltas. Tras empregar o castelán en Lapamán, a súa novela anterior, volve ao portugués de Ocidente.

En Barata Minha Barata imos ollar como acrisolan os tropos recorrentes no universo literario de Alberte Momán, e como a figura simbólica da baratacascuda ou carroucha no galego da Galiza— vailles servir de fío condutor.


O escenario


Como no resto de obras do autor, cómpre máis falar de escenario que de trama. Voltamos atopar a cidade innomeada, a urbe coma un non-lugar de señardade, sordicie e inmundicia. A cidade que illa ás persoas, que as amorea en multitudes que a percorren sen comunicarse e que as guinda aos bares como recuncho último de socialización.

Igual que en Vattene! ou Ocidente, temos un mundo esmorecente, no que a cidade recibe os ecos dunha guerra indefinida que a rodea, que a isola e que está presente malia que non impide que os seus habitantes continúen vivindo nunha cotidianidade indolente.

Aquí a cidade chega, como máxima expresión distópica do seu carácter illante, a segregar aos cidadáns en zonas segundo a súa clase social, con liñas brancas no chan que separan espazos e que non é posible ultrapasar sen verse sometido ao exame da Policía, ao xuízo institucional.

A subversión


Barata Minha Barata conta con outro elemento recorrente do autor, que xa fora fío argumental de Lapamán. A existencia dun grupo subversivo, dunha resistencia ao sistema. Se alí era Alamut, acó é un ente vago, impreciso, cunha presenza de seu na primeira parte da novela e que persiste de xeito xordo ao longo do resto dela.

Alberte Momán - KindleGarten


Sendo unha historia fortemente distópica, isto permite a Alberte Momán retratar unha sociedade que esmaga as arelas individuais e as diferencias, que esixe submisión de facto, ideolóxica e condutual.

A barata contra Alphaville


O Alberte Momán depura acó o seu estilo impresionista, a súa capacidade de condensar o texto limpándoo de artificios, reducindo a súa novela a 105 páxinas. Trátase de crear a meirande cantidade de imaxes no menor texto posible. Por iso as súas ideas son tanexpresivas e crean significacións tan vívidas no lector.

Neste eido, a lectura de Barata Minha Barata evoca, na súa atmósfera e nos seus diálogos, á Lemmy contra Alphaville de Jean-Luc Godard. A mesma sensación opresiva de absurdo, as conversas cincentas e átonas, os convencionalismos esmagantes, a represión pesando no aire. Pode ser Le Jetée de Chris Marker ou a distopía que queiramos, pero Barata Minha Barata comparte co cine da nouvelle vague a súa capacidade para expresar desposuíndo de artificios a mensaxe.

Vemos así que as baratas son metáfora e alegoría. Ao longo da narración van medrando en número e tamaño. Gañan poder e autoridade moral, convértense mesmo en axentes represivos. Poderiamos dicir que se apropian da cidade, que desprazan aos humanos, ocupan o seu espazo. As riadas de baratas xurdindo dos sumidoiros lembran a They're Creeping Up on You! daquela trasnada de George A. Romero e Stephen King que foi Creepshow. Ou ás da comedia negra Joe's Apartament. Apoderándose de tal xeito, fan recordar o poema Dato biográfico de Ángel González.

Vidas prestadas


Cunha narración de historias cruzadas, Alberte Momán insiste nun dos piares da súa obra literaria: a das persoas que non levan o leme das súas vidas, como se estas foran prestadas e non lles perteceran de seu. Persoas cuxos traballos son mera fonte de subsistencia e tempo roubado á existencia. Como se estivesen nun permanente impasse.

Barata Minha Barata - KindleGarten


O surrealismo permite ao autor que os seus personaxes, innomeados e pouco más que bosquexados, e os seus actos gañen en expresividade, por medio da hipérbole. Temos así persoas cuxa única arela é vivir, simplemente, sen futuro nen expectativas. E para as cales, aínda así, existir é unha tarefa gravosa, que precisa dun esforzo ímprobo.


Surrealismo, erotismo e sordicie


Alberte Momán volve enchoupar a súa novela dun forte compoñente erótico-sexual, non tan vencellado a termos de dominio-submisión coma en libros anteriores pero si reducido ao seu apartado físico, mesmo cun notable carácter sórdido. É difícil non trazar paralelismos co sexo excéntrico e desenfreado de William S. Burroughs —The Naked Lunch— ou coa crudeza violenta de Boris Vian.

O erotismo aparece, coma outros comportamentos dos personaxes, dentro dunha perspectiva acusadamente solipsista. Se ben a preocupación por este pensamento xa se traslucía nas anteriores obras do autor, en Barata Minha Barata é a primeira vez que o solipsismo e os seus principios se citan expresamente.


Unha novela complexa


O universo literario de Alberte Momán é personalísimo e por momentos difícil, pois require unha certa disposición e compartir o seu uso cultista —non culteranista— da linguaxe. Neste senso, é un autor fiel a si mesmo e á súa concepción da narrativa, que fai poucas ou ningunha concesión. Barata Minha Barata fornece o seu corpus literario e o conxunto de tropos que, como dixemos, se atopan en todo o seu traballo e fan que sexa tan persoal.


Onde atopala


Barata Minha Barata pode mercarse na loxa online Imosver.




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