26 de noviembre de 2017

La espada de Occidente: vuelve el chambara con Carlos Jobani y Ronin Literario

«Compadezco a la nación que entre en guerra con los japoneses, porque viendo de lo que son capaces contra su propio pueblo, no puedo imaginar qué crueldades llevarán a cabo contra un enemigo extranjero».

Johan van Evers fue tratado como un extranjero desde que nació. Mitad holandés, mitad español y sin una tierra a la que llamar patria se une como mercenario a la Compañía de las Indias Orientales, que comercia en Japón.

Son tiempos de expansión diplomática y comercial. A pesar de ello, la peculiar forma de batirse de Johan y su carácter levantisco, forjado al servicio de los tercios, le harán llamar la atención de no pocos samuráis que querrán poner a prueba el estilo de la Verdadera Destreza.

El estilo de la espada de occidente.


Ronin Literario es ya el hogar oficial del chambara. Comenzó con Lobo contra Perro, de Raquel Mayorga. Después vinieron Oni, de Sergio Vega, y la antología El hombre sin nombre, con novelas cortas de Víctor Blanco, Alexander Páez y Carlos Bassas. Y ahora llega La espada de Occidente, de Carlos Jobani, una historia con un trasfondo siempre fascinante: el encuentro entre culturas opuestas y el choque de dos mundos extraños entre sí. A un lado, la Europa del Imperio Español. Al otro, el hermético y autárquico Japón Feudal del período Edo.

Emplazada en Japón en el año 1637 y protagonizada por un europeo, La espada de Occidente recuerda al instante, casi con sólo ver la portada, a la célebre Shōgun de James Clavell, cuya adaptación televisiva está tan impresa en la memoria (en España eran los tiempos de una única cadena) que va a resultar difícil no imaginarse a Johan van Evers, el soldado holandés que narra y protagoniza la historia, sin el aspecto de Richard Chamberlain.

Ambas obras tienen, de hecho, un elemento de unión: la figura de William Adams, marino y comerciante inglés que en 1600 se convirtió en el primer británico en pisar Japón, donde se ganaría el favor del shōgun y pasaría el resto de su vida. Pero si bien Clavell se basó en Adams para crear a su John Blackthorne y transformó en trasuntos los personajes y acontecimientos históricos (además de incurrir en sonados anacronismos), Jobani ha optado por una mayor historicidad. Según cuenta en esta entrevista, Carlos Jobani es un enamorado de la cultura del Japón, país que recorrió durante un mes. Así, se documentó a fondo para que su narración, siendo ficcional, contase con un sólido rigor histórico, con lo que Johan van Evers convive e interactúa con personajes reales como el hijo de Adams o el shōgun Tokugawa Iemitsu.

El autor (centro) con Víctor Blanco, de Ronin Literario (izda).

De modo que, con sus apenas 186 páginas, La espada de Occidente es una novela histórica, en la que el hispano-holandés Johan van Evers se verá envuelto, a raíz de un simple encontronazo con un samurái, en una escalada bélica que incluye una revuelta campesina, el asedio a una fortaleza y no pocos duelos de esgrima a vida o muerte. En el proceso descubrirá la sociedad nipona de la época y sus diferencias de mentalidad con la europea, como el carácter inescrutable de sus gentes o el desapego con el que asumen la vida y la muerte.

Carlos Jobani es ilustrador (es el autor de la portada, y hemos visto ilustraciones suyas en el primer número de la revista Windumanoth) y artista marcial. Desde esta última faceta se percibe un tratamiento cuidadoso de las escenas de esgrima, con descripciones detalladas y realistas de las armas y los movimientos, guardias, fintas, estocadas... más aún cuando todo gira en torno a la Verdadera Destreza, el método de esgrima español considerado por los expertos como una de las modalidades de lucha más perfectas de la Historia, que el protagonista practica con maestría y con el que fascina a sus oponentes japoneses.

Lo que nos lleva a Johan van Evers, el llamativo personaje creado por Jobani. Hijo de español y holandesa, es un extraño en su mundo de origen y un extraño aún mayor en el de acogida. Veterano de los Tercios de Flandes, llevará su experiencia militar y su conocimiento de las tácticas bélicas europeas al campo de batalla nipón, poniéndolo patas arriba. Experto esgrimista (su padre era un gran maestro), despreocupado, cínico, rudo y un punto amargado, relata la historia en primera persona y en retrospectiva, con cierta indiferencia, sin resentimientos y sin enfatizar unos pasajes sobre otros, aunando el estoico carácter del soldado español con el circunspecto talante japonés. Un personaje humano, creíble, con el que es fácil empatizar. Resulta sencillo imaginarse a una especie de Capitán Alatriste perseguido por los demonios del pasado hasta un mundo desconocido en el que tiene que seguir luchando y matando, porque es su vida y su oficio.

Ilustración del autor, de la que partió la idea de La Espada de Occidente

La narración, como el personaje, es revertiana. Descreído, con un recio sentido del deber, socarrón y malhablado, Johan van Evers recuerda al narrador de La sombra del Águila de Reverte (aunque La espada de Occidente no es un texto humorístico como aquella), a los bragados dragones de cuera que relatan sus vicisitudes en Resiste, Tucson o Guerras mescalero en Río Grande de Álber Vázquez, o incluso, por la naturalidad con la que desgrana hechos de gran crudeza (muertes, desmembramientos, ejecuciones, seppukus) a los soldados alemanes de las viejas novelas de Sven Hassel. Un registro adecuado a la novela bélica, pues transmite verismo y reproduce con acierto la perspectiva del veterano curado de espantos y endurecido por la guerra, al que no le importa herir la sensibilidad de su audiencia.

La espada de Occidente, por su brevedad, no deja lugar al aburrimiento. Carlos Jobani proporciona la información histórica en pasajes sucintos y no tiene margen para incurrir en el infodumping. Como es propio de los chambaras de Ronin Literario, prima la acción y la diversión sobre el escenario, que debe quedar presentado con pequeñas pinceladas. Pensemos que Shōgun de Clavell tenía casi 1200 páginas, mientras que Jobani ha tenido que condensar su trama en 186. El resultado es una acción ágil que por momentos, como en la escena de la gran batalla, se precipita hasta hacerse casi frenética. Las frases son breves, las descripciones telegráficas y los diálogos lacónicos.

Por ello, La espada de Occidente se lee en menos de horas y deja una sensación grata de historia bien construida, amena y, por encima de todo, muy divertida. Los aficionados a la Historia la disfrutarán por lo bien que el autor ha cosido los acontecimientos históricos de Europa y Japón y, para los amantes de la cultura japonesa, no falta una buena cantidad de diálogos en japonés, transcrito a caracteres latinos (rōmaji).


 La espada de Occidente puede comprarse en la página web de Ronin Literario.

Compártelo:

0 comentarios:

Publicar un comentario

Y tú, ¿Qué opinas?

SUSCRIBIRSE POR CORREO

Recibe las actualizaciones en tu e-mail

Archivo

Seguir en las redes