30 de noviembre de 2017

El Doctor Omega y las joyas de la eternidad: el pulp de Jorge del Río

A finales de la Segunda Guerra Mundial, el Tercer Reich desarrolló el Proyecto Ubermensch, la iniciativa para crear al superhombre. Tuvieron éxito… a medias.
El cerebro detrás del Proyecto desertó, escapando a Sudamérica con el único espécimen sobreviviente, uno al que adoptó como su propio hijo y al que bautizó como Adam Omega: el primero, y el último.
Tres décadas más tarde, el Doctor Omega se ha convertido en un aventurero internacional, un héroe científico que, al frente de un grupo de valerosos seguidores, utiliza sus dones en beneficio de la humanidad.
Inducido por Artemus Black y su Agencia de Operaciones Especiales, Adam Omega se verá embarcado en la búsqueda de unas reliquias de inmenso poder ¡antes de que Kraken, la sombría organización terrorista, pueda hacerse con ellas!
La aventura llevará a los héroes desde el Caribe hasta la Antártida, donde, bajo las montañas del continente helado, hallarán una increíble civilización perdida y un secreto que podría cambiar el destino de la humanidad.


De mano de Pulpture Ediciones nos llega la nueva novela del argentino Jorge R. del Río, enmarcada en la serie que la editorial dedica a sus ya famosas Dime Novels, concretamente como nº2 de su Colección Aventura. En esta ocasión, Jorge del Río vuelve a cambiar de registro para ofrecer un pulp clásico que emula -así lo reconoce sin ambages el autor en el prólogo- las aventuras del inmortal Doc Savage.

La réplica a la creación de Lester Dent es Adam Omega, personaje a cuyas aventuras se les prevé continuidad. El Doctor Adam Omega nació en las páginas de la extinta revista Ánima Barda, que en su segunda época editó cuatro números en papel. En los nºs 3 y 4, Jorge del Río había comenzado a publicar una novela por entregas protagonizada por Artemus Black, un superespía de inagotables recursos y de misteriosa longevidad. En el nº4, en el capítulo titulado De héroes y monstruos, aparece por primera vez El Doctor Omega, y se desvela su origen como fruto de un experimento nazi para crear el soldado perfecto o Übermensch. Junto al superhombre harán su presentación la resuelta y eficiente espía francesa Corinne Devereaux y la que será la gran némesis de los héroes: el Kraken, un organización secreta científico-esotérica nacida bajo el auspicio del Tercer Reich y que, caído éste, sigue actuando en las sombras para tratar de dominar el mundo.

Al igual que Doc Savage, Adam Omega es un prodigio tanto físico como intelectual. Con dos metros de altura y la complexión de un luchador profesional, posee fuerza, resistencia, agilidad y reflejos sobrehumanos, tiene conocimientos a nivel de doctorado en numerosos campos del saber y habla seis idiomas. Y, al igual que Savage, está acompañado de un grupo de colaboradores, expertos cada uno en su área, que le serán de ayuda inestimable en sus misiones para el Departamento de Operaciones Especiales de los Estados Unidos. Un grupo de lo más pintoresco compuesto por Alana Macready, una irlandesa pelirroja ex-pistolera del IRA, letal con cualquier arma de fuego; Ringo Montoya, exboxeador argentino (que nos imaginaremos con el rostro y el físico de Pedro Lovell) que sirve tanto de fuerza de choque como de donaire; y Lance Miller, habilidoso piloto capaz de volar en las condiciones más adversas.


Adam Omega y las joyas de la eternidad transcurre en 1973 (la novela incluye abundantes referencias a hechos históricos y culturales de la época), y se desarrolla casi íntegramente en la helada Patagonia argentina, a donde se desplazará primero Corinne y posteriormente Adam y su grupo, en una misión promovida por Artemus Black y que implica las poderosas joyas de gran poder que dan título a la obra.

Desde su comienzo in media res, Adam Omega y las joyas de la eternidad transcurre a velocidad de vértigo, y con apenas 128 páginas es una novela de a duro perfecta para leer en hora y media, que contiene todos los ingredientes esperables en una vieja historia pulp de aventuras, misterio y espionaje, aderezadas en este caso por elementos fantásticos al estilo de la saga Indiana Jones.

Como todo pulp (y como toda la obra de Jorge del Río), Adam Omega se disfruta más intensamente si se lee sin prejuicios y con complicidad, apreciando todos los clichés y homenajes sinceros al género que contiene, como los villanos de opereta y sus frases estereotipadas (la novela se abre con la entrañable «—¡Ha llegado tu fin, Doctor Omega!» de lord Percival Peele, que esperemos vuelva a deleitarnos con su histrionismo patético), el erotismo ligero -tanto en escenas subidas de tono como en las conversaciones plagadas de insinuaciones y dobles sentidos entre personajes-, la violencia desenfrenada, el siempre recurrente esoterismo nazi o los extravagantes ingenios del Kraken, entre los que destacan las Kronleuchter, enormes arañas robot dotadas de un arsenal mortífero.


Adam Omega y las joyas de la eternidad divierte y convence, con su factura de pulp añejo y su cóctel de nazis malvados, bases subterráneas secretas, malintencionadas razas no-humanas, arañas-robot, aves gigantes, tribus primitivas adoradoras de monstruos acuáticos, tiroteos y combates multitudinarios, joyas arcanas, poderes mentales, pinceladas de erotismo y diálogos con frases ingeniosas. Su desarrollo es sencillo, condicionado por su brevedad y por su planteamiento, y pasa por las escenas habituales: infiltración en la base enemiga, captura de los héroes y posterior fuga, puesta en marcha del plan maestro del villano, giro de los acontecimientos y clímax final. Un esquema que funciona en la literatura popular (al igual que en el cine) y que Jorge del Río domina ya con oficio.

Tanto el personaje principal como los secundarios están todo lo definidos que permite un texto de 128 páginas, y todos ellos tienen espacio para crecer e ir perfeccionando su papel. Ringo Montoya es el rudo de buen corazón y ética simple, además de servir de desahogo cómico por su franqueza y su falta de sutileza. Lance Miller es el yankee seguro de sí mismo y seductor, aunque se le percibe un interés romántico -en apariencia no correspondido- por Alana, una mujer de acción, inaccesible y bastante reservada. La relación entre el Doctor Omega y Corinne se anticipa como uno de los motores de posibles nuevas aventuras del superhombre.

Sobre el aspecto narrativo queda poco que añadir a lo ya dicho en otras reseñas de obras de Jorge del Río. Un estilo sencillo y muy ágil, de frases breves y adjetivación funcional, en el que predomina la acción sobre la descripción y en el que destaca por encima de todo la nitidez con la que están resueltas las escenas de acción, que aquí son la mayoría.

El universo literario de Adam Omega queda abierto, y la intención del autor, como dijimos, es volver a él asiduamente. Se trata de un universo compartido en el que cualquier de sus personajes tiene entidad suficiente para protagonizar historias, en solitario o colaborando en forma de team up. Los enigmáticos Artemus Black y Corinne Devereaux dan tantas posibilidades como el Doctor Omega (que nace, en cierto modo, como spin-off) y el Kraken es un villano colectivo muy sugerente.

Por otra parte, el volumen se beneficia del nuevo diseño de los libros de Pulpture, con portadas monocromas y diseños minimalistas y estilizados, que unifican la estética de sus Dime Novels y les confieren un punto extra de atractivo. 


El Doctor Omega y las joyas de la eternidad puede comprarse en La Boutique de Zothique

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2 comentarios:

  1. Hola! Excelente reseña, mil gracias como de costumbre! No conocía a Pedro Lovell (que por cierto encaja perfectamente como Ringo). De hecho, creé a Ringo Montoya con la imagen en mente de Carlos Monzón, un gran boxeador argentino que, lamentablemente para él y los suyos, tuvo una vida personal tormentosa, marcada por la violencia. Para los demás, no pensé en ningún actor o actriz, aunque me divierte pensar en qué intérpretes (de la época, claro está) podrían haberlos encarnado.
    Un abrazo!

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  2. Muchas gracias, Jorge. Yo desconocía a Carlos Monzón, porque ya sabes que soy un ignorante en deportes de lucha, pero lo cierto es que la descripción física de Ringo Montoya sí que se ajusta bien a la de dicho boxeador. Por mi parte conocía a Pedro Lovell por su participación en la película «Rocky», en la que interpretaba a «Spider» Rico, el primer boxeador al que se enfrentaba Rocky Balboa. Un abrazo!

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