30 de abril de 2017

Una misión monstruosa - Eva Ibbotson

En una isla secreta, tres mujeres planean un terrible secuestro. Sin embargo, Etta, Coral y Myrtle no son unas delincuentes vulgares. Su isla es la base de operaciones de una misión muy especial y misteriosa, y necesitan desesperadamente unos niños que las ayuden a hacer su trabajo. Así que, armadas con dardos anestésicos, brebajes tranquilizantes y un gran baúl, se disponen a capturar a dos niños y una niña, y arrastrarlos a una aventura sorprendente, escalofriante y mágica.


En apenas 190 páginas, la británica Eva Ibbotson ofrece una historia de Fantasía divertidísima, dirigida al público juvenil (a partir de 13-14 años), que cuenta con un sentido del humor muy agudo, cáustico y negro, con un doble nivel de lectura que permite que los adultos disfruten de ella tanto como los adolescentes.

"Una misión monstruosa" (Monster Mission), publicada en 1999 (En España en 2003), narra las desventuras de tres mujeres, Etta, Coral y Myrtle, que viven en una misteriosa isla del Atlántico Norte, en la que cuidan de un montón de criaturas, tanto ordinarias como fantásticas. Tarea que les sobrepasa y para la que necesitan ayuda, lo que les obliga a tomar una difícil decisión: secuestrar a tres niños que les echen una mano.

Los tres elegidos serán Minette, Fabio y Lambert, una niña y dos niños que tienen en común no ser nada felices en su vida diaria con sus familias, pues sus padres (abuelos, en el caso de Fabio) no les prestan atención y se desentienden de ellos. Así que el secuestro se convertirá en una aventura fabulosa cuando descubran que las "tías" son unas mujeres excéntricas pero cariñosas y preocupadas, y el duro trabajo en la isla incluye cuidar de una familia de sirenas, un gusano-dragón islandés con tendencia a la metafísica, una hembra de broobie (un ave gigante) o una colonia de selkies de la que forma parte Herbert, que no consigue decidirse entre ser un hombre o una foca.

"Una misión monstruosa" contrapone el mundo fantástico y extravagante de la isla, las "tías" (y de su anciano padre, y de su cocinero Art, un ex-convicto con cargos de conciencia, incapaz de matar un pollo para la comida), donde todo es mágico y colorido, y está al servicio de los buenos sentimientos y la protección del planeta y el Medio Ambiente, con el mundo gris en el que vivimos diariamente, de manera que el materialismo y el absurdo de éste último se vean acentuados.

El humor negro de la autora recuerda mucho al que empleaba Roald Dahl y, al igual que el gran maestro, se alía con los niños en contra de los adultos, a los que muestra como personas frívolas y/o aburridas, obsesionadas con el dinero, los negocios, el prestigio y los convencionalismos sociales, y que quedan retratados como seres egoístas que organizan sus vidas sin considerar en ningún momento los sentimientos o las preferencias de sus hijos. En esta novela está exagerado hasta el punto de que los tres menores protagonistas son directamente un estorbo y un fastidio para sus tutores.

Esta doble contraposición (mundo fantástico - mundo cotidiano y mundo infantil - mundo adulto) marcan todo el desarrollo de la novela, donde la figura de las tres "tías" se compenetra muy bien con la de Minette y Fabio como compinches, y Lambert como contrapunto. El humor ácido, con algunas frases memorables, y una historia muy original, hacen que resulte una lectura agradecida. Tiene algunas trampas narrativas propias de la literatura para adolescentes, pero se le perdonan por su tono pintoresco, por su crítica social y por su argumento tan ocurrente.

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