22 de enero de 2017

Bodas de plomo - Iván Guevara

“Se hacen trabajos de toda índole. Parecen accidentes”. 

Con este mensaje en el periódico anuncian sus servicios Mario y el Rata tras haber pasado varios años encerrados en La Modelo. Corren los años ochenta y ambos están sin blanca, pero tienen la suerte de no tardar en encontrar un cliente de la zona alta de Barcelona que les encargará un trabajo muy concreto: quiere que maten a su hermano el día de su boda. 

Iván Guevara nos transporta a la Barcelona quinqui de los años 80, presentándonos a un elenco de personajes muy variopinto envueltos en una trama de intrigas y pasiones familiares que traerán de cabeza a los protagonistas. Estos se irán poco a poco hundiendo en un fango del que no será fácil salir.


Bodas de plomo es la nueva Serie Literaria de la editorial Ronin Literario, como siempre publicada en cuatro entregas semanales, y como siempre dedicada a los géneros más duros: en este caso, la novela negra hard-boiled, referenciada al cine quinqui español de los años 80.

El cine quinqui fue una corriente cinematográfica española que se desarrolló desde mediados de los 70 hasta principios de los 90, aunque en los 80 alcanzó su máximo esplendor. Relacionado con el costumbrismo y el neorrealismo, retrataba la vida en los entornos sociales más degradados de aquella España de la democracia temprana.

Con un crecimiento urbano descontrolado, cuando el desarrollo industrial favoreció el nacimiento de barriadas de extrarradio en las grandes ciudades como Madrid o Barcelona, en las que acoger la marea humana que conformó el éxodo rural más grande de la historia del país, la crisis de empleo y la falta de perspectivas de futuro derivaron en una notable inseguridad ciudadana.

Y muchos de los delincuentes que atemorizaban a aquella sociedad española que se desperezaba del franquismo tardío, se compraba el televisor a plazos, escuchaba Encarna de Noche y leía El Caso, eran jóvenes de apenas quince años de edad, que atracaban  a punta de navaja farmacias, estancos y transeúntes, y robaban coches Seat 124 con los que tanto pegaban tirones a los bolsos como se daban a la fuga de una Policía que no daba abasto y a la que la democracia pilló con el pie cambiado.


El cine quinqui mostraba las andanzas (reales o inspiradas en hechos reales) de estos delincuentes juveniles, que se apodaban el Vaquilla, el Nani, el Pirri o el Jaro y se movían entre drogas (mucha droga, sobre todo heroína), armas blancas, coches robados, descampados, barriadas y poblados chabolistas, popularizando su jerga entre el gran público en películas dirigidas por Eloy de la Iglesia o José Antonio de la Loma, y protagonizadas por verdaderos chavales de la calle como Ángel Fernández Franco («el Torete») o José Luis Manzano Agudo -que pegaban muy bien en pantalla, pero que no podía grabar su propia voz en el estudio por no saber leer, por lo que muchas veces los escuchamos doblados por actores profesionales-. Chavales que caían en la toxicomanía, se desintoxicaban y volvían a recaer, entraban y salían de la cárcel y que tuvieron, en su mayoría, muertes tempranas, fuese por sobredosis o a causa del SIDA.

Iván Guevara ha tomado el espíritu del género quinqui y lo ha plasmado en su novela, en una historia ambientada en la Barcelona de 1985, protagonizada por dos delincuentes, Mario y el Rata, que no podían comenzar su historia de otra manera que fuese saliendo de La Modelo, ilustre talego barcelonés que hoy tiene sus días contados.

Mario (narrador en primera persona) y el Rata son, en realidad, más adultos y maduros que los adolescentes que predominaban en el cine quinqui, apuntan más alto en sus trabajos, están limpios de heroína y han cambiando el Seat 131 por el Ford Escort (aquel XR3i blanco con alerón trasero que era el Xanadú de todos los quinquis de mi barrio) y las navajas por sendas pistolas con nombre (la Morena y la Adoptada), algo que da caché en un país y una época donde las armas cortas sin fichar eran pocas, raras y muy valiosas.

Navajeros, de Eloy de la Iglesia

Mario narra la historia con una marcada oralidad, dirigiéndose e interpelando a sus interlocutores, siendo un narrador consciente que colabora a la suspensión de incredulidad con su lenguaje coloquial y la naturalidad con la que refiere sucesos truculentos, mostrándolos como algo cotidiano para él.

Así la violencia se normaliza desde el comienzo: Mario y el Rata publican un anuncio en el periódico para ofrecer sus servicios como matones. ¿Por qué no? y aparece un cliente: un millonario dispuesto a pagar dos millones de pesetas por liquidar a su hermano, que ha cometido el error de robarle a su amante y casarse con ella.

Pero, como es propio de la novela negra, en particular del hard-boiled americano en el que Bodas de plomo inspira su planteamiento y su desarrollo, la trama tiene que enredarse con motivaciones ocultas, segundas intenciones, un McGuffin y varios sujetos con intereses enfrentados jugando a ver quién es más listo.

Y es que, como los detectives de Raymond Chandler o Dashiell Hammet, a los que sus clientes nunca les contaban toda la verdad a la hora de contratarlos, los antihéroes de Iván Guevara también descubrirán el pastel de su cliente. Aunque para ello tengan que dejar unos cuantos cadáveres por el camino y recorrerse media Barcelona, desde las calles más chungas del Raval hasta las urbanizaciones más lujosas de la ciudad alta, pasando por los barrios residenciales de la clase media venida a más.

"El Pico", de Eloy de la Iglesia, cumbre del cine quinqui

El logro de Iván Guevara es que los lectores simpaticemos con los protagonistas, que siendo más villanos que héroes resultan cercanos y verosímiles. Con sus muchos defectos y sus problemáticas están dotados de humanidad, y todo lo construidos que permite la escasa extensión del texto.

Porque igual que en el resto de las Series Literarias de Ronin, el formato condicional el estilo narrativo de Bodas de plomo -algo identitario del pulp-, con descripciones mínimas y un ritmo narrativo muy alto, por lo que resulta una lectura rápida y sencilla, intencionadamente dirigida al entretenimiento.

Diversión pura sin demasiado espacio para moralejas ni grandes cuestiones existenciales, aunque no le falta el punto de crítica social del cine quinqui, al centrarse en los desheredados de la época, los excedentes sociales que reclamaban su parte del pastel de aquel gran pacto de silencio entre clases que fue la Transición modélica y ejemplar.

La lectura de Bodas de plomo es sin duda entretenida y garantiza un par de horas de evasión, gracias al ritmo trepidante de la narración, impulsada por la sensación de huida hacia adelante de los dos protagonistas, que de tropiezo en tropiezo van complicándose la vida hasta la catarsis final, que Mario relata con tranquilidad y socarronería, propias del que ha visto de todo. Iván Guevara deja presentados personajes y escenario, y quién sabe si nos ofrecerá nuevas desventuras, al ritmo de una cinta de Los Chichos, de estos dos pistoleros quinquis de la Barcelona preolímpica.


DÓNDE CONSEGUIRLA: 

Bodas de plomo puede adquirirse en la tienda online de Ronin Literario, en formato digital sin DRM, en cuatro entregas. La primera es gratis, y las tres siguientes tienen un precio de 0,99 euros cada una. 


ENLACES DE INTERÉS:

Ronin Literario: Página web, Facebook, Twitter.

Iván Guevara: Blog, Facebook.

En el programa de radio El Sótano de OMC, en su edición del 14 de enero de 2017, dedicado al pulp y el hard-boiled, podéis escuchar una entrevista con Iván Guevara a propósito de su Bodas de plomo




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