12 de diciembre de 2016

Ninja - Jorge R. del Río

Vietnam fue el infierno, pero lo que vino después… fue peor.

1985. Tras años de vivir en Asia, Joe regresa a la ciudad de Los Angeles para reencontrarse con su hermano Matthew, su única familia. Deja atrás un pasado de secretos, sangre y sombras. Sombras que, sin él saberlo, pronto se extenderán sobre el Océano Pacífico, amenazando con engullir todo lo que le rodea…

Jorge del Río, escritor de auténtica acción, nos trae su tercera Serie Literaria de 2016. Una historia referencial, trepidante, que homenajea el cine de ninjas de los 80. Os hará viajar en el tiempo a la época de los grandes héroes americanos y orientales, los videoclubs y las tonadas pegadizas.


Ninja es la tercera Serie Literaria que Jorge del Río publica con Ronin Literario. Si en Muñecas para matar homenajeaba al cine de artes marciales palomitero de los 90, y en Largo camino a Redención al Spaghetti Western y a los bolsilibros del oeste, ahora le toca el turno al cine de Ninjas de los 80, y en especial al de la legendaria productora Cannon Films

Para quien no creció en los 80 y no perteneció a la Generación del Videoclub -y ruego a los millenials me perdonen el tono condescendiente- es dífícil explicar lo que supuso para nosotros la Cannon Films, responsable de gran parte de las películas de acción que consumíamos, en aquella era pre-Internet de videoclubes, cines de barrio y cintas VHS.

Nacida en 1967 para facturar títulos sexploitation de bajo presupuesto, la Cannon daría un giro radical al ser adquirida por dos primos israelíes, el productor Yoran Globus y el director Menahem Golan.

Los Go-Go Boys (Globus y Golan) la convirtieron en la mayor factoría de cine de acción del momento, con títulos ligados a nombres como Charles Bronson, Chuck Norris, Sylvester Stallone, Dolph Lundgren o Jean-Claude Van Damme. Su postura era reaccionaria, militarista, conservadora, anticomunista, proclive a la política de Ronald Reagan y marcadamente sionista. Editaban películas como churros, y muchos de sus títulos, revisados ahora, iban de lo mediocre a lo infumable. Nada de lo cual nos impedía disfrutar de su películas bélicas (la saga Desaparecido en combate, Invasión Usa, Delta Force), sus thrillers (la serie Yo soy la justicia, Cobra), sus adaptaciones de cómics (Capitán América, Superman IV) y franquicias jugueteras (Masters del Universo), sus cintas de Ciencia-Ficción (Lifeforce, America 3000, Cyborg) y lo que hoy nos ocupa: sus películas de Ninjas.


Existen películas previas sobre el tema -añejos ciclos japoneses como Kirigakure Saizô y Shinobi no Mono-, pero será en  1981 cuando la Cannon descubra la figura del Ninja -incluso el propio término-para millones de personas con su película Enter the Ninja (La justicia del Ninja) protagonizada por Franco Nero -al que dobló un actor estadounidense para disimular su acento italiano-, con un notable éxito de público. Fue seguida por Revenge of the Ninja (La venganza del Ninja), con Sho Kosugi en 1983, y por Ninja III: Domination (Ninja 3: La dominación), con Lucinda Dickey, en 1984.

Llegamos a 1985, cuando Golan y Globus estrenan American Ninja (El Guerrero Americano), un bombazo de taquilla que lanzó a la popularidad a su protagonista: Michael Dudikoff, un actor algo limitado -ejercía como modelo antes de dedicarse a la interpretación-, pero con carisma en pantalla y con un físico perfecto para el cine de acción. Como detalle curioso, Dudikoff no tenía ni idea de artes marciales, y no sería hasta mucho después que se interesase por ellas.

El éxito de El Guerrero Americano fue tan rotundo que inició una saga de cinco películas, de las que Dudikoff protagonizó cuatro -en el papel del soldado Joe Armstrong-, siendo American Ninja 3 (1987) y American Ninja 5 (1993) protagonizadas por David Bradley -como Sean Davidson-, quien sí era artista marcial, pero con nulas capacidades dramáticas. Ambos ninjas americanos hicieron equipo en la cuarta entrega American Ninja 4: The Annihilation (1990).

Michael Dudikoff

[Como opinión personal, las tres primeras entregas ganan muchos enteros gracias a la presencia de Steve James -en el papel de Curtis Jackson-, quien además de artista marcial era un actor con formación. Un eterno secundario que siempre robaba el foco a sus sidekicks, fuesen Dudikoff, Bradley, David Carradine o Chuck Norris, con quienes también compartió pantalla].

Así, y en gran medida gracias a la Cannon, la figura del Ninja se puso de moda en los 80, convirtiéndose en un icono popular: dibujos animados (el Ninja Hattori, TMNT), series de TV (The Master), juguetes (yo aún guardo mis Guerreros YangTsé), videojuegos para sistemas domésticos (The Last Ninja, Ninja Gaiden...) y máquinas recreativas (DragonNinjaShinobi, Shadow Dancer), presencia constante en revistas como Dojo o Cinturón Negro, motocicletas como la Kawasaki Ninja, lanzada en 1984... una verdadera fiebre ninja que llevó a la apertura de escuelas de ninjutsu, a que en las cuchillerías -recordemos, no había Internet- se pudieran comprar espadas japonesas e incluso a que los más entusiastas se hiciesen sus propias réplicas de armas y artilugios ninja para fardar en la calle o en el patio del colegio.

El cine de ninjas tocó techo con El Guerrero Americano, y después murió de éxito por el ninja exploitation: la saturación del mercado que provocaron las productoras orientales, en especial las filipinas, con cientos de títulos de calidad ínfima, en muchas ocasiones reciclando escenas de unas para otras, montando películas enteras con material descartado o distribuyendo las mismas cintas con diferentes títulos.

Explicado el contexto y el cine que Jorge del Río desea homenajear, hablemos al fin de Ninja, que el autor abre con una dedicatoria a la productora y al protagonista de El Guerrero Americano, además de al artista marcial Sho Kosugininja recurrente en numerosas películas de la época, gracias a su maestría en el Ninjutsu.

Así comenzaban los sueños en los 80

La novela por entregas de Jorge del Río está ambientada en Los Ángeles en el año 1985, y protagonizada por Joe Hunter, un veterano de Vietnam que aparece en escena con un petate de marinero por toda pertenencia. Su descripción física encaja con la de Michael Dudikoff, y comparte nombre también -Joe- con el personaje de El Guerrero Americano.

Joe Hunter regresa a América tras doce años de ausencia, para reencontrarse con su hermano Matt y conocer a la familia de éste: su esposa Patricia y su hijo Sean -«un buen nombre, de hombre rudo» igual al de Sean Davidson, el otro ninja americano-.

Matt se dedica a la importación, y por necesidad económica anda en tratos con Caifano, el jefe de la mafia que controla los muelles. A su vez Caifano hace negocios con Toshiro, hombre de confianza de Jubei Yashida, cabeza del clan yakuza Kadama y uno de los hombres más poderosos de Japón. Toshiro ha traicionado la confianza de Yashida, actuando a sus espaldas, por lo que debe morir. Ahora Keiko, la hija de Yashida, debe desplazarse a América para hacer valer los intereses de su padre. Pero no lo hará sola, sino protegida por Yamada, un ninja letal e invencible.

Matt se verá cercado y perseguido, por una parte por Keiko y sus yakuza, con Yamada a la cabeza, y por otra por los hombres de Caifano, encabezados por su hermano Tony y su lugarteniente Vinny el cuchillo. Pero nadie contaba con Joe y sus habilidades secretas, que lo convierten en un guerrero prodigioso, a la altura del mismo Yamada, con el que comparte pasado y destino.


Como es habitual en su estilo, la narrativa de Jorge del Río es intencionadamente cinematográfica, y la historia se desarrolla con la estructura propia del cine de acción que homenajea. Tenemos varias líneas argumentales que se muestran a través de escenas, incluida la vida de Joe durante su ausencia, que se narra en forma de relato enmarcado.

Estamos ante una novela violenta, huelga decirlo, y los muertos se cuentan por docenas, literalmente. Como ya vimos en sus textos anteriores, la narración de escenas de lucha es uno de los puntos fuertes del estilo de Jorge del Río, resultando muy visuales y vívidas. Ninja contiene asimismo amputaciones, desentrañamientos, lenguaje soez -en los diálogos, no en la parte diegética- y escenas tanto de tortura como de sexo explícito, que le dan un notable toque hard-boiled.

Las referencias al cine ninja de la época son muchas y variadas, desde la estética y la música hasta escenas concretas, como la de Joe capturando al vuelo una flecha de Yamada y rompiéndola a la mitad mientras mira al lugar del que ha sido disparada; escena que se puede ver, tal cual, en la primera entrega de El Guerrero Americano y que se convirtió después en un cliché.

Ninja se beneficia de los conocimientos que Jorge del Río posee sobre artes marciales y todo lo que las rodea, como la filosofía oriental o los nombres y descripciones de los muchos y variados artefactos que componen la panoplia de un ninja, y que aparecen aquí como lo hacían en las películas referenciales: el traje oscuro, el calzado blando, las estrellas arrojadizas, los puñales, el arco corto, la cadena rematada con pesos, las garras de acero, los pinchos para esparcir por el suelo, las bombas de humo... de todos ellos se cita además su nombre original japonés.

Un ninja con la máscara Tengu
que usa Yamada en la novela

Los personajes son sencillos, arquetípicos incluso, pero están lo bastante elaborados para cumplir su función en la trama, hablando cada uno con voz diferenciada en los abundantes diálogos con los que cuenta la novela. Su caracterización es clara, y responde a los estereotipos propios del cine de acción de la época, tan familiares y reconocibles: Joe el héroe misterioso, de pasado difuso, el occidental que ha accedido a los conocimientos orientales, siempre ocultos y fascinantes. Su hermano Matt, el ciudadano de a pie que se ha metido en líos. Caifano y su organización, los clásicos mafiosos italianos, violentos y vengativos, con sus apodos sonoros, que intercalan expresiones en italiano en todas sus frases. La yakuza japonesa con sus trajes caros y sus rígidos códigos de honor. Perro Loco y sus Ángeles Caídos, la típica pandilla de motoristas rudos y pendencieros. Keiko Yashida, hermosa y seductora pero cruel y despiadada para cumplir las órdenes de su padre. Yamada, el ninja glacial y mortífero...

La trama, dentro de su simplicidad, es más compleja de lo que se presupone en una obra de extensión tan moderada, con varios subargumentos como dijimos -que tratan también cuestiones éticas, a través de la figura de Matt, la de mayor carga dramática de la novela-, pese a lo cual se sigue sin complicaciones, y en la que cada pieza encaja sin estridencias ni hilos sueltos.

Ninja es, como el resto de las Series de Ronin Literario, pura literatura de evasión, y su valor reside precisamente en su sencillez -que no renuncia a un apartado formal correcto- y en su intención de divertir. El homenaje de Jorge del Río al cine de ninjas de la Cannon Films es sincero y sentido, y aunque no sea imprescindible, todos los tópicos visuales y argumentales se disfrutan mucho más si despiertan la complicidad del lector que comparta las referencias del autor.

Sho Kosugi en La venganza del Ninja

Ninja puede adquirirse en la página web de Ronin Literario.

Para saberlo todo, todo, sobre la Cannon, existe mucha información en Internet, por ejemplo:

- El documental Electric Boogaloo: la loca historia de la Cannon Films, dirigido por Mark Hartley. Globus y Golan rechazaron participar en él, disconformes con la visión que se da de ellos. 

- El documental The Go-Go Boys: The Inside Story of Cannon Films, obra de los propios Yoran Globus y Menahem Golan.

- Los libros La generación del videoclub: Cannon Films y su continuación Más Cannonde la editorial Applehead Team Creaciones.

- Las dos entradas que el experto en cine-colonoscopia Paco Fox le dedicó a la productora el blog Vicisitud y Sordidez (primera y segunda)

- O documentales como The Last Moguls, producido por la BBC en 1986, y A farewell to Mr. Cinema, de 2015, ambos sobre la figura de Menahem Golan, o este Cannon in 1986.



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2 comentarios:

  1. Como siempre, una reseña profesional y elaborada, que da gusto leer. Te agradezco mucho, y me alegra que hayas captado tan bien la esencia de la historia y sus referencias. Y comparto tu concepto de Steve James, quien me encantaba y que lamentablemente falleció muy joven. Un saludo!

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    1. Muchas gracias a ti, Jorge. Siempre es un placer recordar las producciones de la Cannon Films. ¡Saludos!

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