14 de enero de 2016

Rascacielos - J.G. Ballard

Sinopsis: Cuando se instaló en el nuevo rascacielos, junto con un grupo aparentemente homogéneo de prósperos profesionales, Laing creyó haber encontrado el retiro ideal, un anonimato pacífico lejos del caos de la gran ciudad.

En un principio sólo advirtió unos pocos indicios de rivalidad profesional entre distintos grupos de residentes, pero nada que permitiera adivinar la hostilidad que muy pronto dividiría a los ocupantes en tres grupos antagónicos, que rivalizarían en la dilapidación irreversible de las diversiones y las comodidades que proporcionaba el inmueble.

Ballard describe la intranquilidad y el descontento de quienes habitan en grandes edificios de apartamentos, como si la estructura misma de estas sociedades vastas y cerradas fuera una de las imágenes más sombrías y terroríficas de las agresiones y perversiones de la civilización moderna.


"Rascacielos" (High-Rise) se publicó en 1975, y si bien no está considerada entre las mejores novelas de James Graham Ballard, es una muestra significativa del estilo del autor y de su acierto a la hora de escribir distopías, subgénero al que dedico gran parte de su obra. J.G. Ballard es uno de los nombres más destacados dentro de la New Wave de la Ciencia-Ficción británica, que como aquí veremos, se centró más en la condición humana y en sus aspectos psicológicos y sociales que en las cuestiones científicas. 

High-Rise es un experimento sociológico, una reflexión sobre las dificultades de convivencia en la sociedad actual, y en particular en los enormes edificios de viviendas que proliferaron a partir de los años 60 de mano de la arquitectura brutalista, gracias a las nuevas técnicas y materiales constructivos, con Le Corbusier como ideólogo y el hormigón armado como gran protagonista. Ballard parece retratar los horrorosos y alienantes Housing Estates de su Gran Bretaña natal, e incluso emplea términos de los brutalistas como "ciudad vertical" o "calle en el cielo" (las tristementes famosas street in the sky con la que se intentaba aliviar la sensación de pesadez de los edificios, para acabar convertidas muchas veces en lugares idóneos para los atracos y las agresiones sexuales, o en los ya históricos yonkodromos). 

En su planteamiento, "Rascacielos" está referenciado a un ilustre precedente: "El señor de las moscas" de su compatriota William Golding, publicada en 1954, en cuanto que ambas novelas de Ciencia-Ficción concentran toda la sociedad en un pequeño grupo de individuos aislados, y muestran la progresiva degradación de la estructura social y el paulatino abandono de las normas y leyes que articulan la convivencia hasta la total regresión al salvajismo, a la vez que aumenta la violencia y los miembros del colectivo se embrutecen, incluso transformándose físicamente, para terminar rigiéndose por la ley del más fuerte. 


Ballard ambienta "Rascacielos" en un futuro cercano no determinado, en el cual han proliferado, en la periferia de Londres, enormes rascacielos de cuarenta pisos de altura y mil viviendas, totalmente autónomos y dotados de comodidades (tiendas, supermercado, piscina, restaurante, gimnasio y aparcamientos) y destinados a personas de alto poder adquisitivo. Aún así existen clases, y los más acaudalados ocupan los pisos superiores, y los de ingresos más discretos los inferiores. La décima planta servirá como punto fronterizo y zona neutral, hallándose ocupada por los servicios comunes.

Narrada en tercera persona por un narrador omnisciente, la novela relata la historia de tres personajes: Robert Laing, profesor en la facultad de Medicina (que protagoniza uno de los incipit más contundentes que he leído: "Más tarde, mientras estaba sentado en el balcón comiéndose el perro, el doctor Robert Laing recordó otra vez..."); Richard Wilder, productor de televisión obsesionado con filmar un documental sobre la vida en los rascacielos; y Anthony Royal, arquitecto diseñador del edificio, que se considera a sí mismo un demiurgo y ha concebido el rascacielos "como un gigantesco zoológico de cristal"

Dividida en diecinueve capítulos intitulados, la distopía de Ballard muestra cómo las pequeñas disrupciones de la convivencia pueden agravarse progresivamente y derivar en grandes confictos, recrudecidos por la tendencia del ser humano a identificarse con un grupo "Nosotros" por oposición a "los Otros", y cómo la degradación del entorno contribuye a la violencia y el vandalismo (como intentó demostrar la Teoría de la ventana rota).


En "Rascacielos", J.G. Ballard relata la caída en el salvajismo de una comunidad de dos mil personas acomodadas a partir de que el lujoso inmueble en el que viven comienza a padecer problemas de mantenimiento (apagones, ascensores averiados...) y de que éstos a su vez lleven a enfrentamientos entre los inquilinos, que comienzan con situaciones como fiestas escandalosas, arrojar botellas de vidrio sobre los coches del aparcamiento o negar el uso de la piscina a los niños, van agravándose con conductas cada vez más escatológicas (el ahogamiento de un perro en la piscina, orinar en las escaleras, depositar excrementos caninos en las puertas, tirar basura en los lugares comunes) y concluyen en una brutal guerra abierta entre sujetos agrupados en clanes más y más pequeños. que se atrincheran en los apartamentos levantando barricadas con muebles y otros enseres y abandonando todo su barniz civilizado a medida que los servicios del rascacielos van fallando (los suministros de luz, agua corriente, calefacción, alimentos...) y la violencia es ya brutal, con los habitantes completamente aislados del mundo exterior, armados con cuchillos y lanzas de fabricación casera, vestidos con harapos y cubiertos de pinturas corporales, batallando por el control del espacio físico, alimentándose de carne de perro y matándose entre sí. 

En lo literario, la narración da algunos bandazos y por momentos es algo confusa por la gran cantidad de personajes citados por el autor, muchos sin nombre (un analista de sistemas de tal planta, una azafata de esta planta, la mujer de un director de televisión de aquella otra), pero mantiene un ritmo de lectura muy elevado, logra capturar la atención del lector y resulta llamativa por el grado de escatología que alcanza Ballard en su relato de degradación y perversión de los protagonistas. Es una novela violenta, aunque el estilo del autor es sencillo y no excesivamente descriptivo, lo que alivia un poco la brutalidad de la historia, haciéndola más sutil.


La micro-sociedad que retrata la novela es un fiel reflejo de nuestra sociedad extensa, y encontramos un elemento que incrementa la confrontación: los diferentes status, la existencia de tres niveles sociales, en donde los miembros de la clase más elevada (la de mayores ingresos económicos) se considera a si misma por encima de las otras dos, más poseedora de derechos, más moralmente autorizada, al ocupar también el espacio físico más alto, el más privilegiado. Ballard explicita que los niveles inferiores del edificio soportan la peor parte de la contienda y de la decadencia del edificio, estableciéndose una lucha vertical arriba-contra-abajo que es una constante de la Ciencia-Ficción distópica.

La idea principal de "Rascacielos" es, para mí, el conflicto social, y la influencia que los entornos urbanos, las aglomeraciones y la reducción del espacio vital tienen en las personas, deteriorando la convivencia. Debemos tener en cuenta que la época en la que fue escrita, los años setenta, fue la del desarrollo urbanístico descontrolado y masivo en toda Europa (lo que en España se denominó "desarrollismo"), con el que se trastocó para siempre el urbanismo tradicional y las ciudades sufrieron una transformación irreversible. La Ciencia-Ficción, por supuesto, tenía que reflejar esa inquietud y advertirnos de la situación. O, en palabras de David Brin: "“La ciencia ficción nos previene de los peligros del futuro”.

Las películas: 


La primera adaptación de High-Rise se estrenó en 1975, el mismo año que la novela, y es una versión libérrima del gran artesano del cine fantástico David Cronenberg, quien tomó el escenario (un enorme edificio) y poco más. "Shivers", que también se distribuyó como "The Parasite Murders", "They Came from Within", y "Frissons", recibió el premio al Mejor Director en el Festival de Sitges de ese año. 

Titulada en España "Vinieron de dentro de...", narra cómo los residentes de un rascacielos, la Torre Stareliner, son infectados por unas babosas mutantes creadas genéticamente por un científico vecino del inmueble. Las babosas parasitan a los humanos, provocándoles la locura y transmitiéndose de unos a otros a través de las relaciones sexuales. 


En 1996, David Cronenberg volvería a adaptar a J.G. Ballard, con una versión fílmica de "Crash".

Y en 2015, tras dos años de producción, y dirigida por Ben Wheatley, se estrena en el Festival de Sitges "High-Rise", protagonizada por Tom Hiddleston, rodeado de figuras como Siena Miller, Jeremy Irons o James Purefoy. 


Es una adaptación fidedigna del original, que recibió el Premio al mejor largometraje en el Festival de cine de San Sebastián, pero que recibió una acogida bastante tibia por parte de la crítica, con opiniones encontradas, que tanto la califican de pretenciosa, excesiva o manierista como alaban su calidad visual.

Cabe destacar que la película, tal como muestra el trailer (que simula un anuncio publicitario de la Anthony Royal Arquitects, diseñadora del edificio) intenta ser afín a la época de publicación del libro, y mantiene una estética propia de los años 70, en el vestuario, los peinados, el mobiliario, los diseños...

El estreno al público será, en principio, en Marzo del 2016. Y la Anthony Royal Arquitects tiene página web.  Hay más información sobre la película en su cuenta de Twitter.



Por último, comentar que Vincenzo Natali anunció su adaptación de "Rascacielos" en 2011, pero el proyecto nunca se llegó a materializar. 

"Satán es mi Señor": El brutalismo a escena

Nacido en el sórdido (y recomendable) blog Vicisitud y Sordidez, con entradas como esta, "Satán es mi señor!" es un movimiento crítico con la arquitectura brutalista, que analiza, con un humor negro y muy cáustico, la repercusión de este tipo de construcciones en la vida de las personas, con reportajes fotográficos que van desde los Housing Estates británicos hasta los PAUs españoles, pasando por una infinidad de rotondas atroces y todo tipo de obras (llamadas "satanazos" o "adifisios", pues el colectivo tiene su propia terminología) a base de hormigón, aluminio y acero cortén.

"Satán es mi Señor! (y quiero vivir en el Infierno!)" tiene página webgrupo de Facebook. que bien merecen una visita con la que reírse y disfrutar  sin prejuicios de nuestros deprimentes paisajes urbanos y de las consecuencias de la especulación urbanística.


Escúchalo en El Sótano:




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3 comentarios:

  1. ¡Buenas!

    Pues me lo llevo a mi lista de pendientes; por cierto, qué crack Cronenberg, con su película que, leyendo el argumento, se parece al libro lo que un huevo a una castaña... Que no tiene mala pinta, pero bueno, la nueva parece interesante y si para entonces no he leído la novela aún (o me ha gustado tantísimo como para verla), quizá la vea. Una lástima que la de Vincenzo Natali no llegara a rodarse, porque es un director del que lo (poco) que he visto, siempre me ha gustado.

    Pasando a la novela en sí, me encantan estas distopías que se centran en lo humano (como casi todas, pero me refiero a más personalmente que en el sistema en sí) y es un tema que siempre me parece, además de interesante e inquietante, entretenido.

    Por otro lado, me ha hecho gracia todo el tema del brutalismo porque aunque sé que a muchas personas les parecen edificios deprimentes y demás, a mí siempre me han encantado los edificios de este estilo, sobre todo los de apartamentos. Dejando de lado el tema económico y demás, en cuanto a estilo, me gustan.

    ¡Saludillos! ♪

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    Respuestas
    1. Cierto que la película de Cronenberg no tiene mucho que ver con el libro, de hecho ni tan solo es una adaptación autorizada. Tomó el escenario y poquito más. Pensemos que era el primer Cronenberg, el de "Videodrome" y otras pequeñas joyas del fantástico.

      En cuanto al brutalismo, realmente es una cuestión casi más social que arquitectónica. Existen edificios brutalistas hermosos, incluso iglesias, pero creo que tanto Ballard como los "encofrades" de Satán es mi Señor se centran más en las consecuencias del brutalismo en la vida de las personas, en la degradación de la convivencia y en el impacto en el paisaje urbano.

      Por mi parte, creo que el problema fue, al menos en España, el descontrol y el "todo vale" del urbanismo salvaje de los años 70. Hay fotos de aquella época de mi ciudad, A Coruña, que son espeluznantes, con edificios monstruosos surgiendo en medio de la nada, rodeados de solares vacíos, huertas o pequeñas casitas antiguas.

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  2. ¡Hola! Me ha encantado la entrada, soy nueva en blogger, así que me encantaría que te pasases por mi blog literario para ver qué te parece y si te gusta, quédate porfa. http://tintasobrepapelmojado.blogspot.com.es/

    Un beso y muchísimas gracias.

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