19 de noviembre de 2015

La muñeca de Kokoschka - Afonso Cruz

A los cuarenta y dos años Bonifaz Vogel empezó a oír una voz. La voz que venía de la tierra.

Isaac Dresner corría, desviándose del destino que silbaba a su lado. Dobló varias esquinas, dejando atrás al soldado, y entró en la tienda de pájaros de Bonifaz Vogel. Su padre, unos años antes, había construido un sótano en la tienda. Isaac lo había acompañado y había visto crecer aquel espacio oscuro debajo de la tierra. Jadeante, entró —sin que se percatara Bonifaz Vogel— como el agua en un colador.

Bonifaz Vogel, sentado en su silla de rejilla, afinó el oído. Oía voces. Fue en ese momento cuando empezó a oír voces.

Y aquí empieza la historia de Isaac Dresner y Bonifaz Vogel, y de las personas que encontraron, de las vidas que tuvieron y de las que dejaron atrás.



La muñeca de Kokoschka (A boneca de Kokoschka), del portugués Afonso Cruz, escrita en 2010 y publicada en castellano en 2015 por Rayo Verde Editorial, es una novela difícil de etiquetar. Caleidoscopio, muñeca Matroska, mosaico, trampantojo, telaraña, tornasol... cualquier idea que evoque imágenes que encierran otras imágenes, que cambian y se transforman según la perspectiva desde las que se miren. Para mí, La muñeca de Kokoschka es como una banda de jazz improvisando. Al principio transmite la sensación de que cada miembro va por libre, pero poco a poco se descubre la conexión entre ellos, cuando cambian de ritmo o tonalidad con una complicidad casi telepática. Las sospechas se despejan cuando la formación al completo inicia un unísono inesperado, y los músicos retoman fraseos y melodías propuestas por sus compañeros, aparentemente olvidadas muchos compases atrás, dándoles una nueva interpretación que permite comprender no sólo el significado de aquellas, sino de todo el conjunto. 

Y, en verdad, la novela de Afonso Cruz debe mucho a la música como fuente de inspiración, tanto como a literatura y a la pintura. La atmósfera que logra el autor tiene una plástica que evoca las vanguardias pictóricas del siglo XX, sea el expresionismo (como el del propio Kokoschka) como el dadaísmo, el naïf o el ultraísmo, corrientes que trataban de plasmar las emociones y los sentimientos, construyendo un lenguaje nuevo a partir de subvertir y reinventar las convenciones existentes. 

Sirva como ejemplo la estructura de la novela: La muñeca de Kokoschka se divide en tres partes, pero son realmente atípicas. La segunda parte, en un ejercicio de metaliteratura, contiene una selección de capítulos (del 1 al 75025) de una novela titulada La muñeca de Kokoschka, libro que se cita dentro de la propia novela principal homónima, que escribe Mathias Popa (uno de los personajes) y que protagonizan varios de los otros personajes, algunos de los cuales no habían nacido cuando la novela fue escrita. El resto de la obra se divide en pasajes, cuyo título es literario en sí mismo, e incluso alguno de estos pasajes o capítulos es tan breve que se trata en realidad de un microrelato. Por ejemplo: «Buscó un hotel, pero todo lo que encontró fue una pensión. Nevaba». En ocasiones parece poder leerse en el orden que uno desee, pues el conjunto cobrará sentido al unir todas las diversas historias que la componen, y que no se exponen en orden cronológico, siendo normal que un mismo personaje o una misma situación sean presentados varias veces, desde diferentes puntos de vista. 

Afonso Cruz. Fotografía: Paulo Sousa Coelho (copyright)

Afonso Cruz tiene un talento extraordinario para los juegos de palabras, y practica un conceptismo preciosista, que le permite crear imágenes evocadoras, líricas y expresivas, que tienen mucho de realismo mágico, como cuando nos describe que Isaac Dresner, siendo niño, ve como un soldado alemán mata a Pearlman, su mejor amigo, cuya cabeza va a quedar sobre su pie "con sonido casi inaudible, de ésos ensordecedores", tras lo cual Dresner cojeará toda su vida, sintiendo cincuenta años después el peso de aquella cabeza sobre su pie, "presa por la cadena de hierro que une a una persona con otra". 

La primera parte de la novela se centra precisamente en la historia de Isaac Dresner y Bonifaz Vogel, y su supervivencia al bombardeo de Dresden, en el que la pajarería del señor Vogel (y los clientes que siguen comprando canarios e isabelitas del Japón mientras cuatro mil toneladas de bombas caen sobre la ciudad) son una metáfora de la belleza y la inocencia sobreponiéndose a la barbarie de la guerra. La tercera gira en torno a la figura de Miro Korda, un guitarrista de jazz portugués que clasifica a la gente como acordes musicales, y en ella se cierran los relatos de cada personaje, confluyendo para reflejar la que creo es la idea principal que Afonso Cruz quiere transmitir: nuestra identidad se construye a partir de los otros, no somos si no es desde los demás. 

Y sí, el pintor Oskar Kokoschka y su muñeca (aquella en la que quiso inmortalizar a su amada Alma Malher y con la que convivió largo tiempo) aparecen en la historia, pero compartiendo espacio con Thomas Mann, Rilke, Platón, Dylan Thomas, Sócrates, Chesterton, Django Reindhart, Herman Hesse, Duchamp, Mondrian y un océano de referencias culturales y filosóficas que proporcionan a la novela un sabor a vieja Europa en la que conviven aristócratas húngaros de prole innumerable, un detective sin atractivo llamado Filip Marlov (que permite a Afonso Cruz escribir imitando el estilo de la novela negra), escritores malditos de obras espurias y ruinosas editoriales de sonoros nombres como «¡Eurídice, Eurídice!» o «Kenoma et Pleroma, Lda.» El carácter metaliterario de la novela es más que notorio. 

Autoretrato con muñeca, Oskar Kokoschka, 1922

La belleza y la expresividad de La muñeca de Kokoschka es realmente difícil de transmitir con palabras, como lo es la capacidad de Afonso Cruz para jugar con el lenguaje, experimentar con las técnicas narrativas y cautivar al lector con una prosodia deliciosa, carente de aristas, en una novela para leer despacio y subrayar cientos de frases, escritas cada una de ellas con cuidado y minuciosidad de orfebre. Algo a lo que colabora la traducción de Teresa Matarranz, cuyo nombre consta en portada bajo el del autor, como es habitual en las ediciones de Rayo Verde. 

El apartado gráfico complementa al literario, con doce ilustraciones y fotografías que refuerzan la vinculación del texto de Afonso Cruz con las vanguardias pictóricas europeas y su intención estética, entre las que se cuenta la portada de la novela enmarcada en el relato principal. Perfecto para un autor que experimenta con la narrativa como un pintor expresionista con los colores y las formas. 


La muñeca de Kokoschka puede adquirirse en LaCentral y en Laie, en formato papel, en Kobo, en formato epub, sin DRM, y en Amazon, en formato mobi.

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17 de noviembre de 2015

¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! - Harry Harrison

Lunes, 9 de agosto de 1999. El siglo está en sus postrimerías. Nueva York posee una población de 35 millones de seres humanos. Viven hacinados en las casas, en los cementerios de coches que en otro tiempo fueron aparcamientos, en los viejos barcos anclados a orillas del Hudson, en los depósitos militares cerrados hace tiempo… y algunos ni siquiera tienen un techo donde guarecerse y viven simplemente en las calles. El petróleo se ha agotado, los vegetales se están agotando, la carne es un artículo de súper lujo, la gente vive a base de galletas y sucedáneos extraídos del mar, el agua está racionada, y cualquier accidente puede romper este precario equilibrio. Y en Nueva York vive el policía Andrew Rusch, cuyo trabajo es investigar los crímenes que se producen diariamente en la ciudad, pero también cargar contra las muchedumbres que simplemente piden comida y agua. Peor en ese miserable mundo, que puede ser el nuestro dentro de muy pocos años, en el que todo escasea excepto la necesidad, ni siquiera la policía tiene efectivos suficientes para llevar a cabo su trabajo.



¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! (Make room! Make room!) se publicó en 1966 en la editorial Doubleday. David Pringle la incluyó en su lista de las 100 mejores novelas de Ciencia-Ficción. En 1973 fue adaptada al cine con la película Soylent Green, titulada en España Cuando el destino nos alcance

La novela de Harry Harrison es una distopía que anticipa las posibles consecuencias de un crecimiento excesivo de la población y de un agotamiento de los recursos naturales. Se basa en los postulados de Thomas Malthus y su Ensayo sobre el Principio de la Población. Malthus sostenía que la población crece en progresión geométrica, mientras que los recursos lo hacen en progresión aritmética, por lo que es necesario controlar la natalidad (mediante las leyes y la educación) para evitar la catástrofe.

Por otra parte, la novela se publicó tras el fenómeno demográfico conocido como Baby Boom, que disparó la población mundial (hasta en un 40% en los países no desarrollados); y en plena Guerra Fría, por lo que muestra una preocupación propia de la época: el incremento de población de los países asiáticos y la posible ventaja que supondría para el bloque comunista en caso de confrontación.

La historia que narra Harry Harrison es bastante sencilla, y lo más importante de ¡Hagan sitio!¡Hagan sitio! es, en realidad, el escenario que presenta y sus implicaciones morales y sociales.

Una añeja edición de Orbis, de 1986

Dividida en dos partes, con capítulos numerados con guarismos romanos, la novela está ambientada en Nueva York, en el año 1999, cuando la ciudad posee 35 millones de habitantes, y la carestía de recursos y materias primas es tan acusada que la población se alimenta de productos sintéticos que se distribuyen mediante Cartillas de Beneficencia. El agua potable está racionada y no siempre se garantiza su suministro. El petróleo está casi agotado y los taxis funcionan a pedales. La gente se hacina en antiguos aparcamientos de automóviles, en barcos, en las escaleras de los edificios, en almacenes abandonados, en las estaciones del Metro (que ya no circula)... los más privilegiados tienen una habitación en un apartamento, en los que se amontonan familias numerosas. Ya no existen medios de transporte interurbano, el centro de los Estados Unidos es una inmensa zona de sequía y ya no quedan casi animales ni plantas. La carne, las verduras o los cereales son un producto de lujo extremo al alcance de muy pocos. Los oceános están agotados y apenas se obtiene placton para consumo humano.

Por todo ello, los altercados y revueltas son continuos, pero la Policía no dispone ni de medios humanos ni materiales para contenerlos. Ocurren diez asesinatos diarios, entre otros cientos de crímenes, que normalmente quedan sin resolver. Harry Harrison narra la historia de dos personajes: Andy Rush, un policía que convive en un diminuto apartamento con un anciano llamado Sol, y Billy Chung, un joven chino que vive en un camarote de un barco con su familia. Durante un saqueo a una tienda, Billy roba un paquete de filetes sintéticos. Con el dinero obtenido puede pagarse un trabajo como repartidor de telegramas (sí, a eso se ha llegado en la distopía de Harrison). Cuando lleva un mensaje a un edificio del Parque Chelsea, la zona rica de la ciudad, descubre el modo de vida de los privilegiados, y queda prendado de Shirl, la chica de un pez gordo llamado Big Mike O'Brien. Por la noche, regresa a la casa armado con una llanta de bicicleta afilada, matando a Big Mike sin querer, cuando éste le sorprende. Tras lo cual huye, dejando (también involuntariamente) una pista falsa que vincula la muerte con un afamado gangster de Nueva Jersey.

Andy es asignado a la investigación, durante la cual conoce a Shirl. Ambos se enamoran y comienzan una vida en común en el apartamento de Andy, lejos del lujo que Shirl había disfrutado hasta entonces. La novela transcurre durante cinco meses, desde agosto hasta la noche de Fin de Año de 1999, tiempo en el que Andy buscará a Billy Chung y éste huirá por diversos barrios de la ciudad, en compañía de un antiguo predicador cristiano llamado Peter y consumiendo LSD. La andanzas de Andy y Billy terminarán confluyendo, y la novela finalizará de manera abierta, con un mensaje que apunta a que el panorama presentado por Harrison no hará sino empeorar todavía más.



A mi juicio, este argumento policíaco es un simple vehículo para que Harry Harrison vaya presentando el escenario, verdadero protagonista de ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!, y detallando las implicaciones que tiene para las personas ese modo de vida precario, a medida que describe una sociedad en la que todo el mundo (salvo escasos privilegiados) malvive como hoy día lo hacen las personas sin hogar, recurriendo a la Beneficencia, reutilizando ropa vieja llena de remiendos y padeciendo hambre, frío y enfermedades de manera crónica, incluso aquellos que tienen trabajo, como Andy. Comiendo productos elaborados de los que se desconoce la procedencia y la composición (los «copos de carne» están hechos con caracoles), peleándose por un lugar donde alojarse, por mísero que éste sea, y carentes de cualquier motivación y objetivo vital que no sea sobrevivir un día más. Si imaginamos una ciudad en la que las noches de frío se saldan con cientos de muertos que, simplemente, se dejan tirados en la calle esperando que el Departamento de Sanidad los recoja, y que uno de ellos podríamos ser nosotros o nuestros seres queridos, no podemos sino sobrecogernos, incómodos.

Y todo ello bajo un Gobierno incapaz de legislar y actuar para dar solución a los problemas de sus ciudadanos. La Ley de Emergencia, intento de regular la natalidad al fin, deja el que para mí es el mejor momento de la novela: una alocución por parte de Sol, anciano que conoció el viejo mundo (el nuestro) y que expone las ideas de Malthus y la dificultad para implantar medidas de control demográfico.

En resumen, ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! merece su consideración de clásico de la Ciencia-Ficción, y es una distopía interesante por la sensación de desasosiego y sordidez que transmite, no tanto por su argumento policíaco, que es bastante sencillo, como por su preocupante parecido con el rumbo que va tomando nuestra sociedad actual.



La película: 

Soylent Green (Cuando el destino nos alcance) es una de esas adaptaciones que superan al original en calado y penetración en el imaginario colectivo. Dirigida por Richard Fleischer, realizó modificaciones sustanciales en el argumento, resultando una historia aún más oscura y deshumanizada. El reparto incluye a Charlon Heston como Robert Thorn (el Andy Rusch de la novela), a Leigh Taylor-Young como Shirl y a Edward G. Robinson  como Sol Roth.

En la película, la alimentación de las masas se basa en dos productos, propiedad de una gigantesca empresa llamada Soylent Corporation: Soylent Red y Soylent Yellow, hasta la aparición de Soylent Green, más sabroso y nutritivo, elaborado en teoría a partir de placton marino (probablemente inspirado en el Ener-G que se cita en la novela). Pero en realidad está compuesto de carne humana, sugiriendo así el canibalismo como solución a la carestía de otros recursos. Esta carne se obtendría a través de Home (El Hogar), una clínica de eutanasia voluntaria, a la que acude Sol, y que en la novela no existe.

La acción se traslada al año 2022, y la población de Nueva York se incrementa a 40 millones de personas. Todo el hilo argumental de Billy Chung desaparece, y el protagonismo recae por completo sobre Robert Thorn y sus investigaciones.

Charlon Heston se abre paso entre docenas de
personas cada vez que entra o sale de su vivienda

También acentúa la corrupción política, las diferencias entre la oligarquía y las masas, y la cosificación de las personas, con las furniture-girls que van incluidas en las viviendas de lujo para privilegiados, a disposición de sus propietarios. En la cinta, Shirl es una de estas «chicas-mobiliario».

Los decorados y la fotografía están muy conseguidos, destacándose mucho las diferencias insalvables entre el modo de vida de los privilegiados y el de los parias, y logrando una estética sucia y degradada, acumulando gran cantidad de extras y con una iluminación de tonos verdosos, por la que parece haber en todo momento una nociva nube de gas o humo en la atmósfera. Las escenas de tumultos y enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes ofrecen un gran impacto visual.

Las manifestaciones disueltas con palas excavadoras, uno de los momentos
icónicos de la deshumanización de Cuando el destino nos alcance

Harry Harrison no tuvo control sobre la producción de la película, y manifestó que su satisfacción con el resultado fue «fifty per cent». En cualquier caso es un clásico del cine de Ciencia-Ficción, que obtuvo el Premio Nebula en 1974 y el Premio Saturno en 1975; y a la que se hacen numerosas referencias y guiños en películas, canciones, series como The Simpsons o Futurama y un montón de páginas webs que ofrecen todo tipo de productos relacionados con el Soylent Green, además de una infinidad de bromas y memes.


Aunque la película recibió críticas encontradas, es un estupendo serie B, muy entretenido, rodado con mucho oficio y con una factura técnica notable, que contó con la producción y distribución de la Metro-Goldwyn-Mayer, con una estética que en su día fue impactante por las escenas de multitudes y por los decorados y maquinarias de estética postindustrial, además de por su final descorazonador, que dejó para la historia del cine el grito desesperado de Charlon Heston: «Soylent Green is people!»


El autor: 

Henry Maxwell Dempsey, alias Harry Harrison. Estadounidense, fue uno de los más destacados autores de Ciencia-Ficción, colaborando con grandes editores del género como Damon Knight y John W. Campbell. Vivió gran parte de su vida en el Reino Unido, donde colaboró también con Brian W. Aldiss. Como curiosidad, fue un esperantista militante. [Página web]


Escúchalo en El Sótano:




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10 de noviembre de 2015

O Principiño - Antoine de Saint-Exupéry

No medio do deserto agardamos atopar camelos, serpes, oasis e, sobre todo, area, moita area. Máis o que non agardamos atopar é un principiño, un rapaz curioso e preguntón que non dá nada por sentado e sempre quere saber o porqué e o como das cousas. Un rapaz que é quen de facer que nos cuestionemos o máis básico das nosas ideas. É o que teñen as crianzas: para eles todo é novo e interesante. 

O Principiño é a novela máis traducida do francés, contando xa con 273 versións. É apreciada por lectores de diversas culturas polo seu tratamento de temas universais (amor, amizade, vida, morte) e pola súa visión desde a perspectiva dun cativo, inxenua e simple que, porén, fai que o lector, xunto co coprotagonista, se cuestione as súas nocións máis básicas.


O Principiño é un clásico universal da literatura xuvenil, un texto que xa é de dominio público e do que Urco Editora apresenta agora unha nova edición, incluida no seu selo Urco Xuvenil, cunha nova tradución ao galego, obra de Rodrigo Vizcaíno (que consta na capa baixo o novo do autor) e co valor engadido das ilustracións de José Ángel Ares (portadista da colección) na capa e a contracapa.

Moito ten chovido dende a primeira tradución de Le petit prince á nosa fala, obra de Carlos Casares para a editorial Galaxia alá polo 1972. A edición de Urco apreséntase nun volumen de formato case cadrado, que conta con capas plastificadas, papel groso de gran calidade, maquetación con marxes amplas e páxinas de cortesía en cor verde. E adxunta de agasallo dous marcapáxinas coas ilustración de José Ángel Ares.

 


O Principiño, publicada orixinalmente en 1943, é unha novela breve, que se divide en 27 capítulos curtos, sen titular e numerados con guarismos romanos, e que inclúe 47 deseños do propio autor. Narrado en primeira persoa, relata cómo Saint-Exúpery, que foi aviador e loitou na Segunda Guerra Mundial, sofre unha avaría no seu aeroplano, que lle obriga a aterrar no deserto, onde atopa a un cativo de cabelos louros co cal convive durante varios días, descubrindo que procede dun lonxano e pequenísimo planeta, e que lle conta a viaxe que fixo até chegar á Terra e os personaxes que coñeceu no seu camiño. 

É unha narración lírica, de gran beleza, que ten unha enganosa primeira impresión naïf tras da cal amosa unha profunda reflexión crítica sobre a nosa escala de valores e da importancia que a nosa sociedade concede ás cuestións universais: a vida e a morte, a importancia desmedida que lle damos aos cartos e á riqueza, a amizade, a beleza, o goberno, a lei e a autoridade pública, o sentido do deber, as obrigas... do mesmo xeito que Michael Ende na súa posterior Momo, Saint-Exupéry fai un chamamento á vida sinxela, a ser curiosos e disfrutar do tempo e da natureza sen artificios, e faino a través do ollar inocente e limpo dunha crianza, opoñéndoo á mentalidade adulta que o autor-narrador critica ao longo da obra. As conversas co seu novo amigo, un principiño curioso, de sentimentos e emocións puras, farán que se reprantexe moitas das súas crenzas e das súas ideas preconcebidas.

Pero a grandeza de O Principiño é que os leitores acompañamos ao autor e ao principiño no proceso, e resulta curioso como nos recoñecemos na serie de personaxes adultos que o pequeno atopa na súa viaxe: o rei, o vaidoso, o bebedor, o home de negocios, o faroleiro, o xeógrafo, o comerciante... cada un dos que representa a hipérbole dun defecto ou dun vicio dos que adquirimos cando medramos e comezamos a esquecer o que de verdade importa na vida.  

Ilustración da contracapa

A postura de Saint-Exupéry, igual que a dos seus sucesores Michel Ende ou Roald Dahl, é evidente: aliñarse cos cativos e cuestionar aos maiores. Ao comezo do libro coñecemos os máis famosos deseños do autor, a serpe-boa aberta e a serpe-boa pechada, pedra de toque para identificar a imaxinación viva dunha crianza ou a morte da fantasía na mente dun adulto. Algo de razón levarán os autores que nos chaman a ser coma nenos, cando mesmo na Biblia (Mateo 18:3) Xesús afirma «En verdade dígovos que se non vos convertides e non facedes como os nenos, non habedes entrar no reino dos ceos».  

E todo isto cun apartado formal impecábel, cun estilo narrativo de ton lírico que deixa frases de gran fermosura e personaxes ateigados de simbolismo, como a rosa ou o raposo. Unha lectura agradábel, que pola súa brevidade e pola súa disposición en capítulos curtos pode rematarse axiña, axeitada non somentes para o público xuvenil, para unha novela das que hai que ler alomenos unha vez na vida. Fantasía sempre.

O Principiño pode adquirirse en librarías do país ou na páxina de Urco Editora

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4 de noviembre de 2015

Despois do cataclismo - María Alonso

Unha xerarquía perfectamente estructurada foi imposta por unha élite de gardiáns de Tradición. Porén, mesmo nun mundo baixo o máis férreo control, a arela pola liberdade é maior que o medo ao castigo.

Despois do cataclismo é unha historia sobre un futuro que moito se asemella ao pasado; unha reflexión sobre o sen senso da represión estrutural contra o que sae da norma; o conto dunha heroína sen nome, dun home que perde o entendemento, dunha comunidade que vive baixo terra, duns líderes que non permitirán ningún tipo de rebelión.

Despois do cataclismo non queda nada, porque a violencia sempre leva á fin.


Despois do cataclismo é a primeira novela de María Alonso Alonso, doutora en literatura e licenciada en filoloxía hispánica e inglesa, que xa publicara relatos en antoloxías como Plug & Play ou a periódica Contos Estraños. Chega de man de Urco Editora, no seu selo Alcaián, do que xa viramos títulos como Hostal Norte de Xosé Duncan ou Ninguén lembra de Vanesa Santiago. 


Despois do cataclismo é unha novela de Ficción Científica e Anticipación de corte distópico, que combina o subxénero biopunk e elementos fantásticos propios da mitoloxía galega cunha reflexión sobre o papel da muller baixo os rexímenes totalitarios como o que a autora xa amosara no seu relato As DrMartens da última anarquista (publicado en Contos Estraños, Segunda Era, no 2014)

O cenario que prantexa María Alonso é un futuro no que, tras un cataclismo de orixe indeterminada, a humanidade retorna ao modo de vida primitivo propio da cultura castrexa, nunha sociedade estamental e ríxidamente xerarquizada, que exerce un control absoluto dos seus membros mediante (e velaquí comeza o biopunk) a imprantación, no momento de nacer, dun Nanochip do Pensamento no cerebro que transmite ordes ao portador, anulando a súa iniciativa e a súa personalidade, garantindo un respeto absoluto das normas sociais sen cuestionamentos. Nesta cultura neocastrexa a poboación agrúpase en castros, gobernados por un Señor do Castro e un cabildo de gardas da Tradición, namentres o estamento inferior adícase por enteiro a labores manuais (agricultura, gandeiría) dictadas polos seus nanochips. Un dos fíos argumentais liga a novela coa fantasía folclórica galega, a través da obsesión do Señor do Castro coa Moura de Narcha, pola que devece e perde a cordura, desatendendo na súa procura o destino do castro. 

A novela, protagonizada por unha moza anónima, está dividida en catro partes. Na primeira, narrada en terceira persoa, asistimos ao nacemento da protagonista e á súa vida en Castrovilar ata que é chamada á presenza do Señor do Castro, en Castromaior, co gallo da súa primeira menstruación. A segunda parte é un breve interludio. Na terceira, narrada en primeira persoa pola protagonista, ésta entra en contacto cunha caste de desposuídos coñecidos como os Narchos, e a autora vai introducindo información sobre o cataclismo e o mundo existente antes del. Na cuarta parte, narrada de novo en terceira persoa, descubrimos a realidade sobre a Moura de Narcha e obtemos unha maior revelación sobre o mundo pre-cataclismo, pechándose a historia cunha escena vencellada á devandita segunda parte.  


Compre salientar que, malia súa brevidade, Despois do cataclismo ten o valor de ir desvelando a trama aos poucos, de xeito que a imaxe que temos ao inicio da novela do mundo prantexado por María Alonso vai mudando no percurso da leitura, segundo se incorporan novos personaxes e puntos de vista. En conxunto é unha reflexión sobre o totalitarismo e a responsabilidade que supón o exercizo da liberdade, contrastando por unha banda a vida doada pero inane nun rexime no que fican anuladas a vontade, os desexos, os soños, a iniciativa persoal, a toma de decisións e as inquedanzas a cambio de ter cubertas as necesidades básicas, e pola outra unha situación de liberdade real (unha anarquía de facto) na que o custo é unha supervivencia precaria dependente por completo de factores alleos. 

Despois do cataclismo ten un carácter fortemente distópico e contracultural, como é propio do subxénero -punk da Ficción Científica, se ben María Alonso pon máis énfase no trasfondo social da historia que nos aspectos estéticos, ata o ponto de non haber case descripcións ou ser moi curtas, dacordo a estensión do texto (apenas 124 páxinas).

E dentro deste pesimismo, desta sumisión do individuo ao colectivo e do orgánico ao cibernético, destaca a dimensión feminina, pois na reflexión de María Alonso, tanto antes como despois do cataclismo, a muller áchase dobremente asoballada, reducida á condición de femia reproductora ao servizo do rexime totalitario, sen ser dona do seu propio corpo e sen capacidade de decisión sobor del. 

Moura, por Faerika [fonte]

No formal, o estilo da autora é sinxelo, tanto como o léxico e as descripcións. Porén, non renuncia ao lirismo («...até que chegou o duro inverno e con el mesmo os anhelos se xearon...»), algo que observa tamén no uso frecuente do enunciado «Di a lenda...», que imprime á novela un ton fantástico e de narración oral, con reminiscencias do folclore e a cultura popular. 

Pola miña banda, coido que Despois do cataclismo supón un chanzo cara arriba para María Alonso, e un exercizo meritorio de construcción da Ficción Científica sobre a base da cultura e o folclore tradicionais galegos. Unha novela que pola súa temática, polo seu estilo narrativo e pola súa extensión, é unha leitura axeitada para o público xuvenil e mesmo para o seu uso escolar. Para todo o cal contribúe a edición de Urco, cun volume de peto no que salientar a xa cotián calidade de maquetación, papel, deseño e impresión. 


Despois do cataclismo pode acadarse nas librarías do país ou na páxina de Urco Editora.

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