26 de septiembre de 2015

XYZ - Clemente Palma

Un brillante científico estadounidense llamado Rolland Poe, apodado Doctor XYZ, logra crear duplicados perfectos de seres humanos de los que reproduce no solo el aspecto, sino también la personalidad y los recuerdos. Refugiado en una remota isla del Pacífico Sur, duplica a varias estrellas de la Era Dorada de Hollywood. Todo irá a la perfección hasta que su secreto sea revelado y sus intenciones choquen contra las de los grandes estudios de la meca del cine. 


Publicada en 1934, XYZ, una novela grotesca es obra de Clemente Palma, el gran modernista peruano, autor de Cuentos Malévolos. Fue periodista, cónsul, diputado y congresista. Dirigió la revista Variedades durante veintitrés años. Su padre Ricardo Palma fue un importante escritor costumbrista y tradicionalista. Clemente Palma es célebre también por su polémica tesis El porvenir de las razas en el Perú, en la que sostiene postulados racistas que se traslucen en la novela que aquí vemos. 

Clemente Palma escribió XYZ, una novela grotesca en 1933, durante su deportación en Santiago de Chile, motivada por el golpe de estado del coronel Sánchez Cerro, que depuso al gobierno legítimo de Augusto B. Leguía, del que Palma era partidario. En un divertido prólogo, el autor conversa consigo mismo sobre el proceso de concepción de la novela, achacándose su pérdida de capacidades literarias por los treinta años transcurridos desde Cuentos Malévolos y su total desconocimiento del mundo del cine y sus entresijos, pese a lo cual se contesta que nada de ello es óbice, sino al contrario, para dar forma a la novela, que escribió en un plazo de cuatro meses.


XYZ, una novela grotesca es un fenómeno curioso. Por una parte es deudora por su idea central (la creación de vida artificial y sus funestas consecuencias) del mito de Prometeo y de la leyenda judía del Golem; y de las obras que insertaron el mito en la literatura: La Eva futura de  L'Isle-Adam (que cita en el texto) y por supuesto del Frankenstein de Mary Shelley. 

Por otra, y en la misma línea temática, se incluye en la tradición de historias de Ciencia-Ficción clásica del subgénero que podemos llamar «de científico loco», como La verdad del caso del señor Valdemar de Edgar Allan Poe, El hombre invisible y La isla del doctor Moreau de H.G. Wells o El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde de R.L. Stevenson. Si bien existían relatos recientes de temática similar, como el escalofriante Herbert West, reanimador de H.P. Lovecraft, habría que considerar que la novela de Palma sería poco innovadora por su argumento, como si llegase tarde. El propio autor dice, en boca de su protagonista Rolland Poe, que sus aventuras «podrían servir para la fantasía extravagante de un retrasado Julio Verne o Wells». 

Y aún por otra, es un escrito que hoy catalogaríamos de postmodernista, de contracultural, por cómo subvierte, con un sentido del humor sarcástico y muy mordaz, los convencionalismos de su época, de la frivolidad del cine y de las ilusiones falsas y vacuas que transmitía Hollywood con sus producciones durante su Era Dorada. 


Leyendo XYZ puede obtenerse la sensación de que Clemente Palma no se tomaba demasiado en serio a sí mismo ni la novela que estaba escribiendo, que todo se trata de una humorada, de una gran broma. Pero esto contrasta con las referencias a la cultura clásica (especialmente a la grecolatina), con el elaborado uso del lenguaje, en particular cuando habla por boca de Rolland Poe, y con la cuidad construcción de la novela, para la que se vale de diversos recursos narrativos que iremos viendo. 

XYZ se divide en tres partes y en treinta y cuatro capítulos numerados con guarismos romanos. La narración en primera persona no omnisciente se reparte entre dos personajes: William Perkins y Rolland Poe. 

En la primera parte, titulada La ciencia, William Perkins realiza la introducción y se presenta a sí mismo y a Rolland Poe (sí, es pariente lejano de E.A. Poe, y se refiere varias veces a él a lo largo del texto). Ambos estudiaron juntos y se hicieron grandes amigos en la universidad, destacando los dos en los deportes, y los dos son hombres acaudalados que viven holgadamente, pero mientras que Perkins es arquitecto, Poe se destacó como un científico de gran brillantez, y es apodado doctor XYZ por su capacidad de analizar cualquier cuestión y reducirla a ecuaciones. Afincados en Nueva York, Poe realiza un increíble descubrimiento científico: es capaz de reproducir formas de vida a partir de una fórmula química cuya base es la albúmina de huevo, un producto que bombardea con radio, dando lugar a copias exactas de seres preexistentes. Su primer experimento con seres humanos es hilarante: un Maurice Chevalier del tamaño de un ratón, que sin embargo piensa y se comporta como el original, y lo más importante: se cree Maurice Chevalier. 

Maurice Chevalier, primer experimento
con humanos del doctor XYZ. 

Rolland Poe visita Hollywood de mano del hoy histórico productor Douglas Fairbanks. Tiempo después encarga a su amigo Perkins que le construya un lujoso palacete en una isla perdida del Pacífico, en plena Polinesia, una villa llamada XYZVille en la que desarrollará sus experimentos, asistido por criados sordomudos de raza negra. Poe se muda a la isla, a la que se refiere como La isla misteriosa de Verne y que bautiza como Rollandia.

En la segunda parte, titulada El romance, Poe se dirige a Billy Perkins en una serie de cartas, siendo cada una un capítulo. Así, dentro del género epistolar, Poe se encargará de narrar los acontecimientos en primera persona, en una serie de misivas que remite a su amigo. El encabezamiento de cada una permite conocer las fechas, aunque no especifica el año, solo sabemos que es la década de los 30. 

Esta parte es el nudo de la novela, y en ella Poe duplica en primer lugar a Greta Garbo, la Divina, con la que mantiene un idilio, y tras su muerte (los andrógenos duran cuatro meses) sucesivamente a Joan Crawford, Norma Shearer, Joan Bennett y Jeanette MacDonald, desarrollando un interés romántico con esta última. Para finalizar, al gran galán y latin lover Rodolfo Valentino. Los capítulos XVIII y XIX contienen un relato enmarcado que a su vez contiene otro relato enmarcado, ambos de ambientación oriental, homenajeando explícitamente a Las mil y una noches

Las cuatro divas de Hollywood que el doctor XYZ reproduce en su isla

El doctor XYZ se entrega a la Dolce Vita con sus invitadas y con su secretario título que otorga al galán italiano) sin descuidar sus investigaciones, asistiendo al momento en el que sus andrógenos mueren convirtiéndose en una masa delicuescente. Tranquilos los aprensivos, pues las descripciones no son repulsivas sino bastante asépticas. 

La tercera parte, titulada La tragedia supone el desenlace de la historia, y es una sucesión de acontecimientos rocambolescos, casi disparatados, en los que aparecen personajes del Hollywood de la época: productores como Jeese L. Lasky y actores como George Bancroft, William Powell, Lewis Stone o Gary Cooper. En ella, Billy Perkins recupera la voz narrativa, indicando que no pudo conservar las últimas cuatro cartas de su amigo Rolland. 

Greta Garbo, La mujer que nunca ríe, primer
experimento del doctor XYZ en su isla Rollandia.

Me ha resultado difícil etiquetar XYZ, una novela grotesca. No es una comedia pero muestra un humor negro muy acusado. No es una parodia aunque tenga escenas cercanas a la astracanada, en particular en la tercera parte. No es una novela de terror pese a que su trama y su personaje central así lo permitirían si su autor hubiese querido. Creo que el adjetivo grotesca es perfecto para definirla, pues Clemente Palma, como ya vimos en Cuentos Malévolos,  sabía ser provocador y causar revulsión e incomodar al lector de su época.

Una cuestión que no se puede pasar por alto es el evidente racismo del autor, que transmite a través de los diálogos y del tratamiento que Rolland Poe dispensa a sus sirvientes negros, así como del modo en que se refiere a ellos, pues en boca de sus personajes denomina a las etnias no blancas como razas inferiores. Aún sabiendo que Clemente Palma era un racista ferviente, no podemos juzgarlo por nuestra mentalidad actual pues, como bien indica esta reseña, refleja la forma de pensar propia de su época. 

El retrato de las cuatro actrices de Hollywood no es mucho más respetuoso, apareciendo las socias (así se les llama en el texto) como personas frívolas y casquivanas, negadas para el conocimiento científico (en su condición de mujeres) y preocupadas únicamente por el ocio y las comodidades. De nuevo debemos tener perspectiva temporal. El autor se ensaña en especial con Joan Crawford y en cambio es más condescendiente con Jeanette MacDonald, tal vez por la reputación de las actrices o por preferencias personales, quién sabe. 

Rodolfo Valentino, el primer gran galán del cine

A mi juicio, uno de los puntos fuertes de la novela es el uso del lenguaje, sobre todo cuando la narración corre a cargo de Rolland Poe y se dirige a Billy Perkins en términos de camaradería, exagerando y tildándolo de libertino, crápula, depravado, degenerado y borrachín, a la vez que alterna cultismos y numerosas referencias tanto a la cultura clásica como a autores y obras de literatura fantástica como las ya citadas, o alude a personas y hechos contemporáneos a la obra. Por ejemplo, transcurre durante la Ley Seca o Volstead Act, que es citada continuamente. El otro, la sensación continua de parodia de las historias de científico loco (incluido el final en el que Prometeo es castigado una vez más por querer emular a los dioses, en este caso a la Naturaleza), que sin embargo mantiene un nivel literario y narrativo elevado, y que realmente lo que está desmontando es la impostura y la falsedad de los valores e ideales que los Estados Unidos inculcaban a través del glamour de Hollywood. Vamos, que Clemente Palma fue un pionero de la postmodernidad.

En cualquier caso, con doscientas cincuenta páginas escritas en un lenguaje culto pero ameno, y con una trama que mantiene el interés a lo largo de todo el texto, XYZ es una atractiva novela de Ciencia-Ficción y género fantástico, que es considerada como precursora del hito en la Fantasía iberoamericana La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares. 

Comentar por último la dificultad que supone en España hacerse con esta novela. La tinta del calamar publicó la edición que encabeza esta reseña, pero está descatalogada (pueden encontrarse ejemplares en web de libro de ocasión, algunos a estrenar). Personalmente la leí en una edición digitalizada de la Narrativa Completa de Clemente Palma que la Universidad Pontificia Católica del Perú publicó en el año 2006. 

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21 de septiembre de 2015

Luna de Leyenda: Los niños desaparecidos - Wolfgang y Heike Hohlbein

Kim se encuentra ante un enigma: ¿qué hace en un hospital un caballero de las estepas de Luna de Leyenda? 
Cuando percibe la angustiosa llamada de socorro de Temístocles, el mago, ya no duda de que algo terrible sucede en el país de los sueños y los cuentos. La magia se extingue en Luna de Leyenda y Kim está dispuesto a hacer lo imposible por ayudar a sus amigos. 
La guerra contra los enanos de las montañas  y sus malignas invenciones metálicas parece inevitable. Pero Kim descubre que lo que está en juego es el futuro de Luna de Leyenda, y lo verdaderamente difícil es descubrir quién es el enemigo. 


Publicada en 1990 (2008 para la edición castellana de Pearson), Luna de Leyenda: Los niños desaparecidos (MärchenMonds Kinder) es una novela de Wolfgang y Heike Hohlbein, matrimonio de escritores alemanes que ha vendido más de cuatro millones de ejemplares de esta tetralogía y más de veinticinco millones de copias de sus alrededor de doscientos libros, juntos o por separado.

Los niños desaparecidos es la segunda entrega de la tetralogía Luna de Leyenda" y se publicó ocho años después que su predecesora La batalla, si bien en el universo de los autores transcurre dos años después que aquella, cuando Kim, el protagonista, cuenta con catorce años de edad, y su hermana Rebeca con seis. 

[fuente: Redcherrypepper]

Los niños desaparecidos supone un salto cualitativo notable con respecto a La batalla, primera novela conjunta de los autores, y se percibe tanto la maduración de su estilo narrativo como la mayor profundidad y complejidad de su universo de fantasía, el mundo de Luna de Leyenda. De la anterior dijimos que no contenía elementos innovadores o sorprendentes con respecto a otras obras de fantasía, pero Los niños desaparecidos ya muestra aportaciones más atractivas y un planteamiento interesante sobre el Bien y el Mal que escapa al habitual maniqueísmo que tanto se le achaca a la fantasía heroica. 

Este segundo volumen recuperar personajes y escenarios del primero, pero el papel de unos y otros refleja cambios bastante sustanciales. El mago Temístocles, el oso Kelhim, el gigante Gorg, el dragón Ragnarig y el príncipe Priwinn volverán a acompañar a Kim, junto con un nuevo amigo, una criatura mutante llamada Cacho, de apetito insaciable, que muda de aspecto: hermoso por el día y horripilante por la noche. Escenarios conocidos como Gorywynn, Caivallon, Morgon o el Barranco de las Ánimas aparecen nuevamente, si bien Luna de Leyenda tendrá un carácter menos físico y más onírico, con un mapa menos convencional: aunque se mantengan muchos de sus elementos previos, ahora son la fantasía y los sueños de cada uno los que conforman su geografía. Tal vez por eso este segundo tomo no incluya ilustración de mapa como el primero. 


También es más manifiesta la influencia de Michael Ende. Por una parte en el estilo narrativo, con los señores Hohlbein ejerciendo más como narradores, implicándose más en el texto. Por otra, por los elementos argumentales y la forma de dar forma a la trama:  Luna de Leyenda se muere, del mismo modo que se moría el mundo de Fantasía de La Historia Interminable, por idéntico motivo, el fin de la magia y de los sueños. Asimismo, los enanos de las montañas y sus hombres de hierro recuerdan en gran manera a los hombres grises de Momo por su papel en la historia y por su simbolismo. 

De modo que el argumento y la atmósfera general de Los niños desaparecidos resultan más maduras que los de su predecesora, pues los Hohlbein ofrecen una historia donde la clásica división Bien-Mal de la Fantasía heroica es una línea difusa y donde los personajes muestran las dos naturalezas, y donde sus motivaciones, propósitos y actos son opinables y hasta repudiables.

Ya no estamos ante un bildungsroman de manual como La Batalla sino ante una historia en la que gran parte de la novela transcurre sin que nos quede claro a qué se enfrentan Kim y sus aliados, ni cuál es el verdadero enemigo. ¿Son los enanos de las montañas? ¿o sus creaciones mecánicas? ¿Son los piratas del río? ¿son los antiguos amigos de Kim, ahora envilecidos? 


Porque ese es uno de los puntos fuertes de este volumen, los claroscuros que muestran los personajes, el endurecimiento de su carácter o incluso la pugna por no caer en el salvajismo (caso de los sufridos Kelhim y Ragnarig). Asistimos a las decisiones duras y cuestionables que toman Priwinn y Gorg, lanzados a una cruzada mecanoclasta contra los hombres de hierro, con la que dañan y perjudican a muchos inocentes; o a los manejos de los enanos de las montañas y en especial de su rey Jarnn, que pueden parecernos repelentes y execrables, y sin embargo no hacen otra cosa que su papel, lo que los habitantes de Luna de Leyenda les han solicitado. Los alineamientos ya no están claros y el desarrollo de los acontecimientos no ofrece una lucha de buenos y malos sino algo más complejo y a mi parecer más interesante. 

Este párrafo define a la perfección lo que los autores querían transmitir con su novela: «[...] Todo parecía estar trastornado y cabeza abajo. El bien se había transformado en mal y ya nadie sabía la diferencia que existía entre lo justo y lo injusto». 

La idea central de Los niños desaparecidos es, a mi modo de ver, muy semejante a la que expuso Michael Ende en las obras citadas: una crítica al utilitarismo, al racionalismo, a la frigidez y aspereza de la vida moderna, a la sociedad industrial (deberíamos decir ya post-industrial) obsesionada con la productividad, el crecimiento y los beneficios económicos a costa del medio ambiente y la salud y felicidad de las personas. Así vemos como la magia de Luna de Leyenda se desvanece a medida que el mundo va siendo invadido por el hierro y por las creaciones metálicas de los enanos de las montañas. Esto afecta tanto al ecosistema como al alma y al corazón de los habitantes, cada vez más indolentes. La desaparición de los niños y su sustitución por seres artificiales es una metáfora de la pérdida de la inocencia de la sociedad tradicional, de su modo de vida y de sus valores.  


Los niños desaparecidos es más extensa que La Batalla, con ciento cuarenta páginas más y un total de veinticinco capítulos (frente a veinte de la anterior), y sin embargo se lee con fruición, pues Wolfang y Heike Hohlbein logran crear intriga con su historia y mantener el interés a lo largo de toda la novela, guardándose hasta el final el misterio sobre los hombres de hierro y el secreto de sus creadores. No esperéis un final álgido, con una gran batalla y espectaculares combates, pues los autores resuelven la conclusión de otro modo, que me atrevo a vaticinar no gustará a los devotos de la fantasía heroica más clásica. 

Cabe destacar que los señores Hohlbein cometen varios fallos de coherencia interna de su universo literario. Por una parte vemos a Priwinn manejando una espada en todo momento, y en un punto de la novela se nos dice que «la espada, la lanza y el arco eran las armas propias de los caballeros de las estepas». Sin embargo, en La Batalla quedaba claro que los caballeros de las estepas luchaban con las manos desnudas y no usaban armas jamás. Por otra, desaparece la «ausencia de duelo» ante la muerte que caracterizaba a los habitantes de Luna de Leyenda, y que era uno de los rasgos principales de ese mundo de fantasía. 

En la parte narrativa, existen también errores de continuidad, como entre los capítulos XVI y XVII, en los que vemos agrupados a personajes que estaban dispersos sin que se explique cuándo se reunieron, o en el capítulo XXI, en el que se usa un Deus ex Machina cuyo origen y motivación no queda aclarado.

Algunas reseñas critican la abundancia de diálogos, lo superfluo de éstos o el exceso de pasajes en los que no predomina la acción (vamos, que no ocurre nada). Cuestión de gustos; yo no he encontrado dichas taras en la novela, aunque tal vez se haga algo extensa para quien busque una lectura juvenil más al uso, más ligera y sencilla.  


Pero con todo creo que las virtudes superan a los defectos. Me ha gustado en especial que el mundo real y Luna de Leyenda estén más relacionados entre sí, con detalles como que Kelhim sea el oso de peluche tuerto de la pequeña Rebeca, que Kim llegue a Luna de Leyenda a través de los sueños de las iguanas de su hermanita o que los hombres de hierro tengan el aspecto de los robots de una película de Ciencia-Ficción que Kim ve antes de volver al mundo fantástico. Todo ello colabora a la idea de que Luna de Leyenda sea en realidad un mundo de sueños, y hace cuestionarse si todas las aventuras están en realidad en la imaginación del protagonista.

Este volumen es autoconclusivo, y aunque requiera la lectura previa de La Batalla para comprenderlo, permite abandonar la lectura de la saga, si bien yo por mi parte comenzaré en breve la lectura de su continuación, Los herederos.

Por último, indicar que la edición castellana de Pearson corrige en gran medida los errores de imprenta que acusaba el volumen previo, quedando apenas uno o dos gazapos sin importancia.

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11 de septiembre de 2015

Soy un bloguero lento, o hacia el Slow Blogging

Hoy me he puesto una camiseta acorde con el tema del día, que no es otro que un cambio sustancial en el modo de administrar el blog.


Hace unos dos años y medio que comencé KindleGarten, y en este tiempo he pasado por varias etapas como bloguero, supongo que similares y paralelas a las que todos los blogueros y blogueras tienen con sus respectivos espacios: entusiasmo, desencanto, satisfacción por los logros, dejadez, intención de dejarlo, ilusión renacida... KindleGarten llegó a ocupar muchas horas de mi tiempo, algo que en su momento estuvo bien, pues aprendí muchísimo sobre literatura, blogs e Internet, conocí personas maravillosas y colectivos interesantes, y me resultó útil y hasta terapéutico en una etapa de mi vida que decidí vivir casi enclaustrado, pero por momentos también se hizo agotador. 

En un lejano diciembre del 2013 publiqué una entrada, "Cerrado por letargo", en la que anunciaba un cierre temporal del blog, un parón del que terminé regresando bastante antes de lo esperado, pues eran muchas las ganas que tenía entonces de retomar cuanto antes el proyecto. En aquel momento, por falta de reflexión, no me di cuenta de que lo que necesitaba no era un paréntesis dentro de una actividad bloguera intensa, sino otra manera de bloguear. De un modo similar, en la más reciente entrada "Recargando" anunciaba que ajustaría mi ritmo de publicación a una entrada por semana, para adecuarla a la actitud vital veraniega (del hemisferio Norte). Y lo cierto es que, por varias veces, no publiqué ni tan solo eso, habiendo hasta diez días de diferencia entre entradas, algo que para mí era impensable. Y sabéis que pasó? Nada. No pasó absolutamente nada. Internet siguió su curso y vosotros y yo seguimos con nuestras vidas. Empecé a pensar que había estado dedicándole demasiado tiempo y esfuerzo a algo que es una simple afición, y tuve una punzada de miedo: ¿Y si dejase de ser divertido? 


En la reseña de "Momo", de Michael Ende, hablamos del movimiento Slow y de la búsqueda de un modo de vida más tranquilo, más sosegado, más reflexivo y más tradicional. Personalmente no soy muy de movimientos, y expresé mis recelos hacia el Slow, pues si bien comparto su filosofía y sus postulados, no estoy de acuerdo con que sea un movimiento reglado, con organismos reguladores, certificados, especificiones y requisitos que cumplir (aunque entienda que deben protegerse de desaprensivos poco escrupulosos y de usos fraudulentos). 

Pero basado en él, existe desde el 2006 el Movimiento Slow Blogging, que se caracteriza por no ser centralizado, no requerir certificaciones, no ser homogeneizador..., ni tan solo tiene un manifiesto único, sino que cada uno se acoge al que quiere o elabora el suyo propio, o vive tan tranquilo sin manifiesto alguno. 

Por lo que he podido ver, la mayoría de blogs acogidos a este Slow Blogging Movement son blogs de viajes y lo que podríamos llamar "estilo de vida", o lifestyle, que en inglés todo suena mejor (salud, aficiones, paternidad, gastronomía, DIY, ecologismo, creatividad...), temáticas propicias para llamar a la descansada vida del que huye del mundanal ruido. 

Yo, por mi parte, hago mías sus ideas y su filosofía, y desde este momento plantearé KindleGarten de un modo diferente al acostumbrado hasta ahora. 

[fuente: TOTS100]


En resumen, y parece que aquí va mi propio Manifiesto:


1- Escribo para las personas, no para Google. No me importa que mi estilo de escritura o la longitud de mis entradas perjudiquen a mi blog de cara a los buscadores. Mis textos tendrán la extensión que necesiten para lo que yo quiera contar, no la que a Google le parezca bien. Internet debe ser para los seres humanos, no para los robots de búsqueda.

2- No tengo calendario ni reglas de publicación, mi blog no es un trabajo. He llegado a publicar hasta tres o cuatro entradas semanales. A partir de ahora actualizaré cuando tenga algo que contar, cuando pueda o cuando me apetezca. Sin plazos de entrega. Puedo publicar seis entradas seguidas o no publicar nada en meses.

3- Las cifras no me interesan. La satisfacción con la tarea propia y las relaciones humanas no son cuantificables. No necesito llegar a muchas personas, sino que aquellas que lean lo que escribo lo hagan por gusto y disfruten de mi labor. No me preocupan el SEO, ni las herramientas para mejorar la visibilidad y relevancia de mi blog o aumentar las visitas.

4- No necesito escribir sobre la actualidad ni opinar con inmediatez. Mi blog no es un periódico ni una red de microblogging en 140 caracteres, y creo que escribir "en caliente" sobre cuestiones de plena actualidad, noticias de última hora o tendencias del momento, sin dejar que las cosas se calmen un poco y sin una reflexión previa, no permite opinar adecuadamente ni sacar conclusiones acertadas.

5- Mi blog no me resta tiempo de mi vida ni entorpece mis relaciones personales y familiares ni los asuntos de mi entorno social. No abandono a mis personas queridas, ni mis otras aficiones, ni mis ocupaciones ni descuido la labor de otros blogueros y blogueras. Leer más y escribir menos me resulta enriquecedor.





Internet está llena de información sobre el Slow Blogging, de adscripciones por parte de blogs y de manifiestos como el de Todd Siedling (según The New York Times fue el pionero), el de Minimal Spot, el de Somos viajeros o el de Knotted Cotton, que además aporta este simpático icono para quien quiera lucirlo en su blog: 


Porque, por no tener, el Slow Blogging no tiene ni un logotipo distintivo único. Yo me he hecho el mío:



Que estará en el lateral derecho del blog en lo sucesivo. La imagen procede de Pixabay y tiene licencia de CC de uso libre sin atribución, que se contagia a mi obra derivada. 

En resumen, no se trata de escribir y publicar con lentitud a propósito, sino de hacerlo al ritmo de cada uno y según las circunstancias, sin sentirse obligado y sin una exigencia autoimpuesta para intentar captar el mayor número posible de visitas y alcanzar la tan ansiada relevancia en Internet. Consiste en conservar el gusto por las cosas bien hechas y en sentirse orgulloso de lo que hacemos, sin que sea un algoritmo de búsqueda quien diga si nuestro blog es de calidad o no.

Por mi parte, he hecho mi propio cartel explicativo, que queda a disposición de quien quiera usarlo, modificarlo o adaptarlo. La imagen proceden de Pixabay y tanto la original como mi modificación están publicadas con licencia CC sin necesidad de atribución: 




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3 de septiembre de 2015

Luna de Leyenda: La batalla - Wolfgang y Heike Hohlbein

Rebeca, la hermana de Kim, yace inconsciente desde hace días en un hospital. Su espíritu está en el país de Luna de Leyenda, prisionero del mago Boraas, y Kim es el único que puede rescatarla. 

Luna de Leyenda está en peligro: el ejército de los Caballeros Negros de Boraas domina los desfiladeros de las Montañas de las Sombras y avanza contra el país. La batalla por la ciudad de cristal de Gorywynn parece inevitable y Luna de Leyenda solo cuenta con una esperanza: Kim. 


Publicada en 1982 (para el original en alemán. 2008 para esta traducción al castellano), Luna de Leyenda: la batalla (Märchenmond) es una novela de Wolfgang y Heike Hohlbein, matrimonio de escritores alemanes que tienen en común seis hijos y cerca de doscientos libros. Luna de leyenda fue su primera novela de éxito. Además de como co-autores, ambos tienen sus propias carreras individuales. Con veinticinco millones de libros vendidos, Wolfgang es uno de los autores alemanes más leídos, y posiblemente el principal autor vivo de Fantasía y Ciencia-Ficción en lengua germana. 

La batalla es el primer libro de Luna de Leyenda una tetralogía de Fantasía para el público juvenil que ha vendido cuatro millones de ejemplares en todo el mundo y ha sido traducida a veinte idiomas, entre ellos el castellano, aunque hubiera que esperar veintiséis años para ello.


Ester primer volumen, La batalla, presenta el mundo de Luna de Leyenda, a los protagonistas de la historia, Kim Larssen, de doce años de edad, y su hermana pequeña Rebeca, de cuatro, y a los secundarios que pueblan el universo literario de los autores. Todo comienza en la Alemania de nuestra realidad, en la era contemporánea, en la que Rebeca permanece hospitalizada, sin lograr despertar de la anestesia tras una operación sencilla de apendicitis. Kim, de doce años, recibe la visita de Temístocles, un misterioso anciano de aspecto sabio y bondadoso, que le explica que su hermana se halla prisionera en Luna de Leyenda, y que solo él puede rescatarla.

En Luna de Leyenda (a donde viaja a través de un imaginativo medio), Kim se encuentra un mundo en guerra, entre las fuerzas del Mal del hechicero Boraas y su ejército de caballeros negros, y las fuerzas del Bien representadas por diversos reinos como Gorywynn o el País de las Estepas, cuya capital es Caivallon. Kim resulta ser el profetizado por un Oráculo para salvar Luna de Leyenda de la destrucción. Para ello, emprende una odisea con destino al Castillo del Fin del Mundo, donde espera encontrar al Rey del Arco Iris, para lo cual debe atravesar primero el Barranco de las Ánimas y superar un paso custodiado por el Gusano con Garras. Todo ello mientras es perseguido sin descanso por los caballeros negros de Boraas, a cuyo frente se halla el temible Lord Negro. En su periplo estará secundando por Grog, un gigante armado con una maza; Kelhim, un enorme oso parlante; Priwinn, el joven príncipe del Pueblo de las Estepas; Ado, un humanoide anfibio, hijo del Rey de la Ciénaga; y Rangarig, un gran dragón dorado.

Así, la trama y el escenario son los que hemos visto infinidad de ocasiones en otras tantas historias de Fantasía, porque se ajusta al esquema de El viaje del héroe o El héroe de las mil caras que postuló Joseph Campbell, que los asiduos al blog me habéis oído citar siempre que comentamos una obra de Fantasía Heroica. El hecho diferencial de la novela de los Hohlbein llega al final de la misma, en el que la ansiada e inevitable batalla entre el Bien y el Mal se resolverá de una manera atípica, y de un modo que me atrevería a decir que desconcertará y/o descontentará a muchos. Pero que tiene el mérito de reflexionar, tanto a la conclusión como a lo largo del texto, sobre la dualidad de todos nosotros, personas que albergamos por igual, y en delicado equilibrio, el Bien y el Mal en nuestro interior.


El desarrollo de la trama es ameno, con un estilo y un lenguaje sencillos, si bien la narración de los Hohlbein es bastante detallista al describir acciones y escenarios, por lo que el texto se prolonga hasta las cuatrocientas treinta y siete páginas. Para un lector o lectora de doce años, edad a partir de la cual se ha enfocado este libro, puede resulta un poco extensa. 

Narrada en tercera persona por un narrador omnisciente, se divide en veinte capítulos numerados con guarismos romanos. El narrador no se recrea en su papel, apenas ejerce, dejando que sea la propia acción, y sobre todo los numerosos y amplios diálogos, los que hagan avanzar la trama. Se observa autoridad narrativa, sin improvisaciones ni hilos sueltos, y se percibe que los señores Hohlbein mantienen la lógica interna del mundo de fantasía que han creado.

Este mundo, en el que existen la magia, las criaturas fantásticas y los animales parlantes, es una utopía a la que se puede llegar desde el nuestro, a través de un camino diferente para cada uno (en el caso de Kim, una astronave de juguete que en su imaginación se vuelve real), y del que sorprende la naturalidad con la que todos sus habitantes sin excepción asumen el hecho de la muerte, sin llorar o lamentarse por los fallecidos. Esta cuestión se trata varias veces en el texto, por su contraste con nuestro mundo real, y son varios los personajes secundarios allegados al héroe que se sacrifican para que éste pueda alcanzar su objetivo. Siendo un libro juvenil, los autores han preferido que estas muertes sean poco explícitas u ocurran "fuera de plano".


Por mi parte, sin hallar la narración apasionante hasta quitar el aliento, encontré momentos de emoción y para la épica, y destacaría el diseño de los personajes, muy cuidados por parte de los autores. El gigante Gorg y el oso Kelhim, sencillos y noblotes, siempre discutiendo pero amigos inseparables. El mago Temístocles, que en su primer encuentro se presenta a Kim como «también soy Gandalf, Merlín, el Hombre en la Luna, si eso es lo que quieres. Me han dado muchos nombres, y todos me parecen bien"Priwinn, el joven, noble y valiente príncipe de los Hombres de la Estepa, que a mí me recuerda sobremanera a Atreyu de "La Historia Interminable». Ado y su padre El Rey de la Ciénaga, personajes crepusculares que mueven a compasión. Y el socarrón y sarcástico dragón Rangarig, que deja uno de los momentos más heroicos de la novela. 

Luna de Leyenda, el universo imaginario en el que transcurre de los señores Hohlbein, parece reunir características de otros mundos fantásticos que tan bien conocemos: un poco del Narnia de C.S. Lewis, algo de la Fantasía de su compatriota Michael Ende, y otro poco de la Tierra Media de Tolkien, a la que su mapa recuerda por distribución y concepto, con Morgon ocupando el lugar de Mordor, las Montañas de las Sombras y sus desfiladeros haciendo lo propio con Moria y las Montañas Nubladas; y con Caivallon en el lugar de Minas Tirith como primera línea de defensa ante las fuerzas del Mal. 

 En la edición de Pearson el mapa está en castellano, pero me ahorré el escaneo [fuente]

Para quien ha leído mucha Fantasía es difícil encontrar ideas especialmente originales en Luna de Leyenda, aunque no deja de tener muestras de talento y detalles interesantes. Las escenas de acción están bien narradas, con claridad, tanto los combates como las huidas y persecuciones. El estilo del matrimonio Hohlbein (lo siento, no sé de qué parte se encarga cada uno) es muy visual, y las escenas multitudinarias (los movimientos de tropas del populoso ejército de Booras o la batalla final) transmiten la grandiosidad que persiguen. Las descripciones son detallistas sin caer en el exceso de adjetivación, y ofrecen la imagen que esperamos de un mundo de fantasía heroica, en especial los castillos que aparecen en la historia, construidos en cristal como Gorywynn, en hielo como el de los Gigantes Guardianes del Mundo, o incluso en pura luz, que parecen sacados de una portada de un álbum del Power Metal germano que tanto gusta a Wolfgang Hohlbein. 

Tal vez por la época (1982) Luna de Leyenda tiene un carácter notablemente masculino, siendo varones todos los personajes del mundo fantástico, con la excepción de Rebeca, cuya aparición en la trama es mínima. Algo que se compensará a lo largo de la saga, pues Rebeca será protagonista del último volumen, titulado La maga. Dejando aparte esa cuestión, resulta una lectura adecuada para el público juvenil, y diría que a muchos lectores adultos les chirriará su final demasiado feliz, pero esto es una cuestión de gustos y tampoco voy a desvelar mucho más. 

En resumen, Luna de Leyenda: la batalla es una obra entretenida, correcta sin llegar a ser sobresaliente, para leer con complicidad y sin un elevado nivel de exigencia. Además, es autoconclusiva y deja la historia cerrada, por lo que no requiere continuar con los tres volúmenes restantes de la tetralogía, (aunque yo personalmente lo haré para llegar a La maga, considerado por muchos el mejor de los cuatro libros). 

"Luna de Leyenda: el musical"

La edición:

Normalmente no me paro mucho en este tema, pero en este caso es necesario. La edición de Pearson Educación es curiosa. Por una parte es a todo lujo: encuadernada en tela, papel de calidad, páginas de cortesía en cartulina negra, sobrecubierta plastificada y título en tinta brillante. Pero por otra tiene numerosos errores tipográficos y no incluye información sobre los autores ni la obra. Las solapas de la sobrecubierta ¡vienen en blanco! Se hubiera agradecido un perfil de los autores y una breve introducción a la saga, aunque fuese el habitual texto triunfalista para resaltar su magnitud en ventas y lectores. En conjunto es una edición muy bonita y es una satisfacción ver los cuatro tomos en el estante, pero se queda un tanto deslucida por detalles que una editorial tan grande no debería descuidar.

El musical:

En 2014 se estrenó un musical para todos los públicos, con música de Christian Gundlach, que se representó en el Naturbühne Hohensyburg de Syburg, en Dortmund. Puede escucharse completo en Spotify.


Los Hohlbein tienen una página web (en alemán) con información sobre los tres escritores de la familia, pues su hija Rebecca tiene su propia carrera literaria. Wolfgang tiene también página en Facebook (en alemán también). Entre otras cosas, resulta llamativo que Wolfgang Hohlbein es un gran aficionado a la música Heavy Metal como ya dijimos, y ha colaborado con grandes bandas metaleras de su país, con letras y con ideas para álbumes conceptuales.

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