29 de julio de 2015

Autores: Tomás Rivera

¿Quién no ha buscado su propio nombre en Google? Todos (a menos que seamos protagonistas del drama onomástico de llamarnos Berenjena Maturana, como cierto personaje del gran Hernán Rivera Letelier), tenemos uno o varios tocayos repartidos por el mundo adelante, con quienes compartimos nombre y apellido.

En mi caso, mis otros yo incluyen a un célebre músico puertorriqueño, a un skater chileno y a un cantante de copla andaluz, además de a un ejército de anónimos Tomás Rivera con perfil en Facebook. Pero la confusión más habitual procede de mi homonimia con un eminente pedagogo y escritor estadounidense de origen mexicano, autor de una novela de lectura habitual en centros escolares de su país: ...y no se lo tragó la tierra.

Tomás Rivera lee "...y no se lo tragó la tierra", de Tomás Rivera

El hecho de que ambos escribamos (a diferente escala y con diferente repercusión) provocó alguna situación graciosa, como que Goodreads le atribuyese mis cuentitos, agrupándolos con sus obras. Ahora mi nombre de autor allí es Tomás Rivera R. Tiempo atrás me interesé por la figura de este escritor, pedagogo, profesor y poeta, y reseñé su obra principal, convirtiéndose esa entrada en la más popular de KindleGarten.

Hace poco, un lector de este blog me exhortaba, a través de un comentario en dicha entrada, a que la próxima vez que reseñe (curioso, pues no he dejado de hacerlo en ningún momento) me identifique correctamente, porque le llevé a confundirme con el hijo del autor, que estuviese hablando sobre su padre. Mi sorpresa fue mayúscula, dado que me he identificado ampliamente a lo largo de los años de vida del blog, con entradas como esta, con numerosas fotografías y referencias a mi vida personal, y con enlaces a mis perfiles en las redes sociales.

Así que, y por si queda algún despistado, desde aquí comunico oficialmente que no tengo relación alguna con el doctor Tomás Rivera, autor de ...y no se lo tragó la tierra, ni tan siquiera soy estadounidense ni resido en aquel país. Yo recibí mi nombre y mi apellido de mi padre, aragonés, empleado de banca y gran persona, ya fallecido. Por supuesto, siendo español, tengo un segundo apellido que desharía cualquier confusión, pero no es un dato que desee utilizar en Internet.

En cualquier caso, y aclarada la confusión, creo que es buena idea hablar un poco sobre este autor que es, al menos por mis sondeos personales, un gran desconocido en España.


Tomás Rivera nació en Crystal City, Texas, en 1935, y falleció en Fontana, California, en 1984. Es una figura central de la cultura chicana en los Estados Unidos, que dedicó su vida a luchar por la integración social de los estadounidenses de origen mexicano, los llamados chicanos o mexicano-americanos. Sus padres, que no hablaban inglés, eran trabajadores agrícolas (lo que se conoce como temporeros, jornaleros, aparceros o braceros) y el pequeño Tomás ayudaba a su familia trabajando durante las vacaciones escolares de verano (en la recogida de fruta o lo que procediese), incorporándose tarde a la escuela cada año, con el curso ya comenzado, lo que le obligaba a un esfuerzo extra para ponerse al día con sus compañeros.

Su primera incursión en la literatura vino motivada por un accidente de tráfico que sufrió a los once años, tras lo cual escribió su primer relato, El accidente, y decidió que deseaba ser escritor, pese a la escasa comprensión que recibía de su entorno. Solo su abuelo le dio su apoyo y ánimos para que se convirtiese en aquello que deseaba ser.

Rivera pronto descubrió que el racismo y la exclusión que padecía como hijo de inmigrantes y trabajadores temporeros se extendía al mundo literario, donde encontró graves dificultades para publicar su obra, acrecentadas por el hecho de escribir en español. Terminó por desarrollar la conciencia de que la única salida que los mexicano-americanos tenían para abrirse camino en la sociedad estadounidense era el sistema educativo.

Escuela de primaria Tomás Rivera, en Denton, Texas

Por ello, continúo sus estudios tras la enseñanza secundaria y se graduó en Lengua Inglesa en la Texas State University (entonces se llamaba  Southwest Texas State University) y más tarde se doctoró (PhD.) en Lenguas Romances y Literatura por la University of Oklahoma.

Tomás Rivera ejerció la docencia, tanto en la enseñanza secundaria como en la superior. Fue profesor asociado en la Sam Houston State University y después profesor titular en la University of Texas at San Antonio, en la que fue decano asociado y más tarde vicepresidente. Luego fue vicepresidente de la University of Texas at El Paso y desde 1979 hasta su fallecimiento en 1984 fue rector de la University of California Riverside, convirtiéndose en el primer rector universitario de origen mexicano en la historia de los Estados Unidos de América.

Como literato, se le recuerda por su novela corta ...y no se lo tragó la tierra (...And The Earth Did Not Devour Him), que tuvo su reseña en KindleGarten. En 1971 ganó la primera edición del Premio Quinto Sol de literatura chicana, organizado por la University of California Berkeley.


Es una lectura fundamental en centros educativos de su país, especialmente en los estados con más presencia de personas chicanas, como Texas o California. Es un conjunto de catorce viñetas o cuentos breves, que combina diversos puntos de vista narrativos, incluido el monólogo interior que muestra una clara influencia del gran cronista de la caída de América, William Faulkner.

...y no se lo tragó la tierra relata las duras vivencias de los trabajadores agrícolas de origen mexicano durante los años cuarenta y cincuenta en los Estados Unidos, y refleja tanto las crueles condiciones laborales como el precario modo de vida de estos jornaleros, que asumían graves riesgos en el desempeño de sus labores y en los desplazamientos a lo ancho del país, yendo de una campaña agrícola a otra, siempre mal pagados, explotados y discriminados. El fracaso escolar, el racismo, la exclusión social y, por encima de todo, la búsqueda de la propia identidad individual y colectiva son los temas centrales del libro.

Ni qué decir tiene que ...y no se lo tragó la tierra posee muchos elementos autobiográficos, y que el doctor Rivera plasmó muchas de sus vivencias personales y de sus experiencias de infancia y juventud. Tomás Rivera habría escrito otra novela, La casa grande, pero se dice que era un poco desordenado con sus papeles, y desgraciadamente el texto jamás se halló.

La Tomas Rivera Drive te lleva al aparcamiento de
la Texas State University, en San Marcos, Texas

La preocupación de Tomás Rivera por los más pequeños es evidente. De la lectura de ...y no se lo tragó la tierra se infiere que el absentismo escolar y el trabajo infantil eran la tónica habitual en la comunidad de aparceros chicanos. Son reveladoras frases como que a cierto niño ya le pagaban como grande, lo cual significa que los niños cobraban todavía menos que los adultos. Y sin embargo seguían sin acceder a una escuela a la que no se podían adaptar y en la que sufrían humillaciones por parte del sistema, como ser desnudados y examinados en busca de piojos, además del racismo y el rechazo de los compañeros («I don't like mexicans because they steal»). La carrera académica del profesor Rivera fue ejemplar para muchos jóvenes mexicano-americanos, e ilustrativa de que el techo de cristal que esta comunidad padecía se podía romper.

El profesor Rivera creía firmemente en la educación como vehículo para la integración social del colectivo mexicano-americano, y trabajó de manera infatigable en los campos educativo y social, formando parte de numerosos comités, iniciativas e instituciones para la mejora de la práctica pedagógica y para la intervención en las políticas sociales en favor de la inclusión y los derechos cívicos de las minorías desfavorecidas. Hoy día son varios los organismos que llevan su nombre, como el Tomás Rivera Policy Institute, el Tomás Rivera Center de la University of Texas at San Antonio o el Tomás Rivera Archive de la University of California Riverside, que renombró su biblioteca como Tomás Rivera Library cuando el doctor falleció y su viuda, Concepción Rivera, donó a la universidad todos los documentos de su marido.

En la actualidad, el Tomás Rivera Award reconoce libros infantiles ambientados y centrados en la experiencia mexicano-americana.

Tomás Rivera" es un conocido libro infantil de la autora Jane Medina

El profesor Rivera ha dado su nombre también a doctorados honorarios, centros de tutorías, distinciones de alumnos y otros reconocimientos académicos en diversas universidades, y ha sido homenajeado con calles y plazas, como la Tomás Rivera Drive en San Marcos, Texas. Ha nombrado escuelas primarias en Texas (una en Denton y otra en su natal Crystal City) y California (Riverside) y secundarias, como la Tomás Rivera Middle School en Perris, California.

La entrada en inglés de la Wikipedia, de la que he extraído casi toda la información para esta entrada, es mucho más extensa y completa que la versión en castellano. Entre otros datos sobre su vida personal, cuenta que el único hijo varón del profesor Rivera se llamaba Javier, lo que descarta cualquier posible relación paterno-filial conmigo.

Go, Go, Roadrunners!

En lo puramente literario, dejando a un lado los muchos méritos de Tomás Rivera en los campos académico y cívico, ...y no se lo tragó la tierra es una lectura muy recomendable. Es una historia triste y cruel, que refleja las muchas injusticias y penurias que los trabajadores chicanos tenían que soportar en su vida diaria: enfermedades, hambre, condiciones de trabajo cercanas a la esclavitud, sueldos de miseria, falta de salubridad y seguridad, racismo, inadaptación... pero también es una historia hermosa, con un mensaje de esperanza y de resiliencia que ha contribuido desde su publicación en 1971 a la toma de conciencia de infinidad de jóvenes mexicano-americanos sobre su identidad como personas y como miembros de un colectivo, con un papel que jugar en el conjunto de la sociedad estadounidense, a la pertenecen de pleno derecho y pueden contribuir desde su cultura y sus hechos diferenciales.

Quedaría hablar del Tomás Rivera poeta, pero no puedo profundizar en ese tema por puro desconocimiento. De todos modos, están disponibles en Internet poemas suyos como estos, estos o los previsualizables en sus Complete Works en Google Books.


Aún así, creo que es suficiente información para conocer un poco a mi ilustre otro yo, una persona admirable y todo un ejemplo de esfuerzo y superación, a quien por desgracia su tremendo ritmo de trabajo quitó la vida con tan solo cuarenta y nueve años a través de un ataque al corazón, privándonos de más creaciones literarias como la que aquí nos ocupó, la inestimable ...y no se lo tragó la tierra.


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27 de julio de 2015

La profecía de Gaia - Isabel de Navasqüés y Urquijo

“Yo soy Kiso Maravillas, hija de Áralar Maravillas Blanca y de Kata Bel Escalofrío, nieta de Árbol Maravillas y Cian Blanca; nacida en el Planeta Aqua, perteneciente al 7º Sistema Solar de la Galaxia Nívea, Universo de Once Dimensiones. De acuerdo con su cronología, me encuentro en el año 44 D.P. (después de la Profecía). Lo que relato a continuación es la historia de mi planeta. La historia de mi linaje…

Juro solemnemente que lo cuento como me lo contaron
Máxima Universal de los Cronistas”



Publicada en 2015, La Profecía de Gaia (Las fabulosas aventuras de Kiso Maravillas, libro primero) es una obra de Isabel de Navasqüés y Urquijo. Periodista, fotógrafa y realizadora. Ha trabajado en diversos medios tanto periodísticos como publicitarios y cinematográficos. La profecía de Gaia es su primera novela. 

Con La profecía de Gaia, Isabel de Navasqüés inicia una saga literaria titulada Las fabulosas aventuras de Kiso Maravillas, nombre de la protagonista principal. Pero este primer libro de la serie no se centra en la figura de Kiso Maravillas, sino en la de sus abuelos, citados en la sinopsis: Árbol Maravillas y Cian Blanca. 




De modo que la serie tendrá una estructura diferente a la habitual en la fantasía. En vez del bildungsroman en el que el/la protagonista se encuentra en el foco de acción durante todo el texto y va cumpliendo en su periplo, uno por uno y en riguroso orden, los pasos que establece el monomito, Isabel de Navasqüés plantea su historia de un modo similar al que Ana María Matute empleó en su monumental Olvidado Rey Gudú: una saga que arranca con los antecesores de la protagonista, desarrollando con amplitud y detalladamente el escenario y el contexto en el que transcurrirán sus andanzas. Así, este libro primero está dedicado a los abuelos de Kiso Maravillas, quien no hará su aparición hasta el anexo final de diez páginas que cierra el volumen. 

Las fabulosas aventuras de Kiso Maravillas pueden etiquetarse como una historia de fantasía total, pues muestran un mundo donde las leyes naturales que rigen nuestro universo carecen de validez, y en el que animales y seres humanos comparten protagonismo, cohabitan y se comunican entre si. Por todo ello, la lectura requiere de complicidad. Al principio cuesta un poco alcanzar la suspensión de incredulidad, momento en el que se comienza a disfrutar de verdad de la novela y de su voz narrativa de carácter oral y autorizado, es decir, tiene ese tono de cuento o fábula clásicos que transmite la sensación de estar sentados ante un narrador que nos relatase una historia de la que conoce a la perfección hasta el mínimo detalle. 

Lo cual la hace adecuada para el público al que está inicialmente dirigida: un segmento infantojuvenil a partir de los once años de edad, si bien cabe matizar que puede resultar algo extenso para los lectores más pequeños (tiene trescientas veintiséis páginas), que quizá deban dosificar la lectura en un plazo amplio, como unas vacaciones de verano o de Navidad.

El grueso de la historia transcurre en las profundidades de Aqua [fuente]

Veamos el universo que ofrece Isabel de Navasqüés en La profecía de Gaia: Todo transcurre en un futuro lejano, en el que la Tierra, llamada inicialmente Terra, ve cómo sus ríos comienzan a crecer de forma inexplicable, hasta inundarla por completo, momento en el que el planeta pasa a ser conocido como Aqua. Las diversas especies terrestres y las aves se aclimatan a la situación, respirando y viviendo bajo las aguas. Solo los humanos se hacinan en plataformas sobre la superficie, intentando mantener su modo de vida y esquilmando los recursos marítimos sin mesura. Un sabio llamado Barba Gris descubre que los humanos, al igual que el resto de las especies animales, pueden respirar bajo el agua, pero es ignorado y desacreditado por los dirigentes de las plataformas. Años después de la inmersión y desaparición de Barba Gris, es seguido por el joven pelirrojo Árbol Maravillas (futuro abuelo de Kiso), cuya providencial irrupción en la vida submarina será uno de los detonantes de la Gran Migración, que llevará a todos los animales de las profundidades a huir de los humanos y refugiarse en el gigantesco Valle Escondido, situado bajo el glaciar en el que subsiste el peculiar y autárquico clan de los Escalofrío, del que procederá Kata Bel Escalofrío, madre de Kiso. 

La profecía de Gaia, dividida en diecisiete capítulos intitulados y numerados con guarismos romanos, tiene carácter coral y alterna la narración entre varios hilos argumentales paralelos, que confluyen y entran en contacto a lo largo del libro. 

Por una parte tenemos la historia de Árbol Maravillas, primer personaje central en aparecer, al que conocemos siendo niño y acompañaremos en su adolescencia en las plataformas y en su inmersión en el mar, donde encontrará a Barba Gris y a su familia (se ha emparejado con una delfín blanca, dando lugar a unos híbridos llamados delfines-tierra), se enamorará irremediablemente de Cian, hija de Barba Gris, y participará en la gran Migración.

Tartaruga es una anciana y sabia tortuga marina que evoca
 a la Vetusta Morla de "La historia interminable" [fuente]

Por otra asistiremos a la odisea del clan Escalofrío, que proporcionan los momentos más cómicos del texto. Son un clan huraño y poco sociable, cuyos miembros evitan a toda costa el contacto con el agua, por lo cual están cubiertos de una gruesa capa de mugre que los aísla del frío (esto es una característica hereditaria, no adquirida. Ya hablamos de que las leyes naturales no rigen como en nuestro mundo). Con su resiliencia y su vigor únicos (para subsistir les basta con lamer rocas), terminan por asentarse en un enorme glaciar, en el que mantienen su sociedad familiar y caudillista, cuyos lemas son «La familia unida jamás será vencida» y «Sin líder no hay clan». Asistiremos al paso de varios líderes, desde Pom, el fundador del clan, pasando por sus descendientes Poma y Pomín, hasta llegar al pintoresco Palmiro.

Cian Blanca, la delfín-tierra, tiene su propia odisea personal y un papel de gran peso en la trama, que transcurren a la par de la Gran Migración, tienen un tono bastante trágico y entran en contacto con una línea argumental situada en el mismo espacio pero en otro momento temporal, el pasado concretamente.

Esta línea está protagonizada por dos humanos que viven cientos de años antes de los acontecimientos principales, el sabio Druido Santórum y la pequeña Ezta, una niña con capacidades prescientes, que tiene visiones del futuro del planeta y cuya intervención en la trama será fundamental para el desenlace de la historia y dará sentido al título de la obra.


El apartado gráfico stá muy cuidado
 y es un valor añadido para la novela 

Las historias de cada personaje se intercalan, y la novela alterna así drama, humor, acción, romance,... la narración combina momentos de tensión y distensión, por lo que el resultado final es ameno y capta el interés del lector. No resulta un libro violento, aunque plasma algunos hechos crueles y otros trágicos.

Siempre que hablamos de literatura juvenil conviene analizar la cuestión de los valores, y en este aspecto Isabel de Navasqüés otorga a su obra tanto un mensaje ecologista, que denuncia la acción destructiva del hombre sobre la Naturaleza, como una perspectiva igualitaria en la que los personajes de ambos sexos y de diversa condición poseen un papel activo y destacan por sus propias capacidades y competencias, no en función de otros. Están presentes valores como la cooperación, el diálogo, la pérdida del miedo a la diferencia y el respeto a los demás y al medio ambiente.

Como ya comenté, Las aventuras de Kiso Maravillas se desarrollan en un mundo de fantasía en el que los animales terrestres y las aves respiran con normalidad bajo el agua y se comunican entre sí y con los humanos usando una lengua común. La ausencia de rigor científico es intencional por parte de la autora (pues a lo largo del libro se observan detalles científico-técnicos, como la mención a las ampollas de Lorenzini de los tiburones, o citar los órdenes a los que pertenecen los diversos seres), y entiendo que busca romper con el realismo y ofrecer un entorno totalmente fantasioso. Por ello la lectura requiere un poco de complicidad al principio para el lector más racional. Este particular universo ofrece imágenes de gran belleza, como la Gran Migración, en la que animales de toda especie y tamaño viajan juntos por el lecho oceánico, con los más grandes llevando sobre sus lomos a los más pequeños. Sería curioso ver un inmenso desfile de tiburones peregrinos marchando junto a caballos, toros, aves, delfines (y delfines-tierra, hermosos híbridos de delfín y humano), tortugas marinas, pequeños mamíferos y hasta los más minúsculos crustáceos y bivalvos.

Nadar sujeto a la aleta dorsal de un delfín
 es un acto de amor en Aqua [fuente]

La fantasía de Isabel de Navasqüés recuerda a la de Michael Ende (la anciana, sabia y enorme tortuga marina Tartaruga parece homenajear a la entrañable Vetusta Morla de La historia interminable), con un modo de narrar que evoca a clásicos infantiles como el James Matthew Barrie de Peter Pan o a mi querido Roald Dalh. Personalmente opino que la voz narrativa es uno de los puntos fuertes de La profecía de Gaia.

Un último detalle que me ha gustado ha sido la onomástica, que combina nombres en castellano y en otras lenguas (como la mentada Tartaruga, palabra gallega y portuguesa para tortuga, o el vocablo catalán coloma para referirse a las palomas), epítetos (Cian, Turquesa, Magenta) y nombres curiosos (como Wiki para un personaje que atesora un amplio conocimiento de muchos temas). Pequeñas pinceladas curiosas que cabe destacar.

Este primer libro de Las fabulosas aventuras de Kiso Maravillas es, en resumen, un interesante libro infantil-juvenil y un buen debut literario para su autora, Isabel de Navasqüés, que hace un llamamiento a la fantasía,  que en su novela es la clave para mantener la ilusión y superar los obstáculos. Como muestra, leemos en la página 158: «Pero los humanos de la Tierra tenían un grave problema, tan grande que les costaría la vida. No poseían fantasía.»


Las cuevas multicolor bajo el volcán de Kamchatka, en Rusia,
inspiraron tal vez la cueva luminosa que aparece en la novela [fuente]

La profecía de Gaia puede adquirirse en formato papel en la web de Kiso Maravillas, con un destacable valor añadido: lo recibirás dedicado y autografiado por la autora. También puede conseguirse en formato digital en Amazon.

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21 de julio de 2015

¿Dónde están las naves espaciales? - Víctor Guisado Muñoz

¿Dónde están las naves espaciales? es una novela que invita a soñar y que llama a la lucha interior, a la resistencia frente a las adversidades, y ofrece una visión lúcida del futuro que puede que nos engulla a todos los humanos dentro de unos años. Pero para el protagonista no es la revolución tecnológica que ha cambiado el mundo lo que le oprime, sino el absurdo humano que sigue en el futuro tan presente como lo está hoy en día.

K. es un niño que mira las estrellas y en sus viajes por el Sistema Solar conoce a Valentina... una maravillosa ingrávida a quien escribe mensajes de socorro para que le rescate del tedio abrumador que es su vida.

¿Dónde están las naves espaciales? no es una novela de derrota, no es un lamento ni una ausencia del ser, sino un paso al frente cuando la vida pide voluntarios, una apuesta por los sueños como generadores de fuerza vital, un grito seco en medio del silencio del espacio, un grito fuerte y rebelde que clama: ¡Sacadme de aquí!


Publicado en 2015, ¿Dónde están las naves espaciales? es una novela de Víctor Guisado Muñoz. Escritor y divulgador científico, es licenciado en ciencias físicas por la Universidad de Barcelona y máster en Astrofísica y Cosmología. Ejerció la docencia en diversos colegios, impartiendo Física, Matemáticas y Ciencias. Es un apasionado de la fotografía, campo en el que ganó diversos premios. Como escritor de Ciencia-Ficción fue finalista del premio Alberto Magno en 2013 con su relato ¿Podemos celebrar ya la victoria?

¿Dónde están las naves espaciales? es la primera publicación de La mirada de Bérénice, una nueva editorial catalana que toma su nombre de la protagonista de El valle de los avasallados, de Réjean Ducharme, y que está comenzando a desplegar su actividad con valentía, auspiciando una novela de Ciencia-Ficción dura, que no es precisamente el género predilecto del gran público.


Lo primero que cabe decir de ¿Dónde están las naves espaciales? es que no es una novela hard al uso. Lo es por su rigor, sin duda, y porque su trama gira en torno a las cuestiones científico-técnicas. Pero toda su extensión es un largo monólogo interior, en el que el protagonista desgrana sus pensamientos, emociones, sentimientos y anhelos. 

Veamos antes el nóvum de la obra: ¿Dónde están las naves espaciales? se ambienta en un futuro cercano, avanzado el siglo XXI, en el que la Humanidad ha logrado expandirse por todo el Sistema Solar y más allá del Cinturón de Kuiper, hasta Eris y la Nube de Oort. Para ello ha desarrollado no solo robots, sino también una nueva especie, los ingrávidos u Homo Stelaris, modificados genéticamente para adaptarse a la vida en entornos sin gravedad. Los países rezagados en la carrera especial (Argentina, China, Brasil, Corea del Sur, India, Indonesia) fueron los menos escrupulosos a la hora de crear a los ingrávidos, adelantando así a las antiguas potencias espaciales. La astronáutica ha experimentado un avance colosal gracias a los impulsores Marcelo y a las antenas Aleph, que permiten respectivamente los viajes especiales a gran velocidad (tres semanas de la Tierra a Mercurio) y las comunicaciones en tiempo casi real (al estilo del ansible de Ursula K. LeGuin y sus prestatarios como Orson Scott Card). Internet, llamada ahora holo-red, es una experiencia sensorial a la que se accede mediante cascos de inmersión virtual, y que se extiende a todos los mundos colonizados por el Hombre. Paradójicamente, las naves espaciales no tienen presencia en la vida diaria de los terrestres (ahora Homo Sapiens, para distinguirse de los Homo Stelaris), que viven ajenos a todo lo referida a ellas y a cuanto sucede en el espacio exterior. 

El Valle Marineris marciano, que el protagonista visita
con frecuencia gracias a la holo-red [fuente]

En este escenario conocemos a nuestro protagonista, un niño anónimo, un preadolescente cuya obsesión son las naves espaciales, el cosmos, las estrellas y la posibilidad de viajar al espacio, que se siente atrapado y anclado en una sociedad terrestre con la que no comparte la visión del mundo ni la actitud vital. Coleccionista de modelos de naves espaciales, no comprende ni a sus padres, ni a sus compañeros de clase, ni a sus profesores, ni el sistema educativo, ni en conjunto la organización social y sus valores. Ni es comprendido a su vez. 

El protagonista es un soñador que se abstrae de la realidad a través de la holo-red, que comenzó a explorar acompañado de su abuelo, y que ahora recorre en solitario, visitando el espacio exterior, admirando la solitaria inmensidad del Valle Marineris marciano o los panoramas de la Luna o Titán. En uno de sus viajes conocerá a Valentina, una niña ingrávida que se convertirá en su primera amiga de verdad, su primer amor (un amor infantil aún) y un estímulo para su intelecto y sus inquietudes, pues a través de Valentina accede al fin a los conocimientos sobre el cosmos y la astronáutica que en su vida diaria le eran esquivos. 

Eso sí, ¿Dónde están las naves espaciales? no es una típica historia sobre un adolescente inadaptado e incomprendido (qué duro es ser yo, qué única es mi situación), sino que, a través de su protagonista, Víctor Guisado realiza una crítica de ciertos aspectos de nuestra sociedad, y en particular de nuestro desinterés por la investigación científica y de nuestro sistema educativo. A finales del siglo XXI, una humanidad que ha podido colonizar el espacio no ha logrado, en cambio, erradicar las enfermedades (la hermana del protagonista es diabética), no ha aprendido de sus errores (España, que sigue teniendo una conexión a Internet deficitaria, sufre «su nonagésima burbuja inmobiliaria»), se ha quedado anquilosada en mentalidades anacrónicas (los padres del protagonista parecen trasplantados del tardofranquismo, y aún usan la colleja como herramienta didáctica) y mantiene un sistema educativo que no ha podido, o no ha querido, erradicar el acoso escolar, basado en la memorización y en la transmisión unidireccional de contenidos en vez de buscar la comprensión y el aprendizaje activo, y que fomenta la pasividad de los alumnos (buscando adultos dóciles y acríticos) en vez de potenciar el interés por el conocimiento y la motivación por saber y aprender. 

La colonización de la Humanidad se extendería hasta
el planeta enano Eris, en la Nube de Oort [fuente]

De modo que la novela de Víctor Guisado es un canto a los sueños y a la ilusión, a la rebeldía entendida como la capacidad de romper con un sistema absurdo y buscar los cambios que deseamos. A la valentía y a no temer a la diferencia (el protagonista supera a través de Valentina todos los prejuicios y temores a los ingrávidos que la sociedad le ha inculcado).

Literariamente, el autor ha optado por un estilo sencillo pero que ofrece momentos de lirismo, y que por su pulcritud y léxico poco complejo resulta adecuado para el público juvenil. El texto no se halla dividido en capítulos, sino que es un único bloque, un monólogo interior de principio a fin, en el que el narrador-protagonista alterna pasado y presente para su relato. Su brevedad (equivalente a unas sesenta páginas) y su ritmo narrativo consiguen que sea una lectura muy rápida, que puede hacerse sin problemas en un par de horas. Es una historia agradecida, que por momentos emociona, y es posible empatizar con el protagonista, Me parece creíble, real, con inquietudes normales, no un niño mimado con rabietas de adolescente que cree que sus problemas son únicos y especiales. 

Mención aparte merecen los aspectos más relacionados con la Ciencia-Ficción, tanto los más especulativos (la colonización espacial, los impulsores Marcelo, las antenas Aleph, la holo-red) como los propiamente científicos, tratados con el rigor propio de la Ciencia-Ficción dura. Como novela de Anticipación, ¿Dónde están las naves espaciales? resulta deliciosa, con su optimismo en cuanto a los avances en astronáutica y en la carrera espacial (desearía vivir para ver las ciudades orbitales en torno a cada planeta de nuestro sistema solar, los astilleros de naves espaciales construidas y lanzadas desde el espacio, o los observatorios astronómicos situados más allá de Plutón). 

Nuestro Sistema Solar, al completo [fuente]

Como margen de mejora, apuntaría las cuestiones que rodean a la novela en si, como la parte gráfica, con una portada no demasiado atractiva (la tipografía es Times New Roman) y poco material de apoyo en la web de la editorial. Detalles no literarios pero que hoy día tienen gran peso para el público. Pero por otra parte el trabajo de La mirada de Bérénice en lo referido a maquetación y edición es notable, de manera que el texto se halla libre de erratas u otras máculas. 

Es, ante todo, una novela positiva, marcada por el entusiasmo que caracteriza a los divulgadores científicos (es evidente la influencia del gran optimista Carl Sagan) y que puede ser una experiencia grata con la Ciencia-Ficción dura para el público más reacio a ella. 


¿Dónde están las naves espaciales? puede encontrarse en Amazon, en formato mobi, y en Google Books, en formato epub. La web de la editorial enlaza a ambos servicios.

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19 de julio de 2015

Ciudad de Bohane - Kevin Barry

La Ciudad de Bohane es la gran protagonista de esta historia. Viciada de violencia, avaricia y corrupción, es el escenario de una guerra de bandas que combaten por el control de la ciudad.

Logan Hartnett y su banda la han dominado durante años de calma, pero hay rumores de que su viejo rival, Gant Broderick, está de vuelta y quiere reconquistar el poder de la ciudad y el corazón de Macu, esposa de Hartnett. Los Cusack de Las Lomas, enemigos ancestrales del Cotarro de Hartnett, también intentarán aprovechar este posible momento de debilidad. La adolescente fatal Jenni Ching, su novio Lobato Stanners o la nonagenaria Nena harán también sus movimientos para decidir el destino de la Ciudad de Bohane.


Publicada en 2011 (en 2015 en castellano), Ciudad de Bohane (City of Bohane) es una novela de Kevin Barry. Escritor irlandés y trotamundos que ha publicado relatos en medios de primera línea como The New Yorker y ha ganado numerosos premios, entre ellos el International IMPAC Dublin Literary Award en 2013 por la obra que hoy vemos, que es además su primera novela. La crítica especializada lo reconoce como uno de los autores con más proyección de su país y su generación. 

Combina elementos de vario géneros literarios. Por su planteamiento, su trama y su atmósfera es una Novela Negra, y a la vez es una Distopía, que se ubica en un sociedad indeseable. Por estar ambientada en un hipotético futuro (o incluso una realidad paralela) es una novela de Ciencia-Ficción y Anticipación

La primera novela de Kevin Barry es una llamativa fusión de géneros en la que destaca por encima de todo su ambientación distópica, su atmósfera áspera, incómoda, desabrida y desesperanzadora. Todas las críticas que he leído sobre Ciudad de Bohane, unánimemente halagadoras, destacan su carácter noir y distópico, pero creo que conviene verla también como una obra de Ciencia-Ficción que sigue la línea abierta por un ilustre precedente y referente: La naranja mecánica de Anthony Burgess.

© Martina Kenji [fuente]

Veamos: La acción transcurre en una ciudad ficticia de Irlanda, situada en la costa oeste del país, llamada Bohane, en un futuro de corte distópico, del que apenas sabremos nada al comenzar la lectura, que nos irá ofreciendo ciertos detalles a lo largo del texto, si bien Barry nunca nos dará datos concluyentes sobre qué provocó la situación ni sobre qué acontecimientos llevaron a ella. Sabemos que estamos en un futuro (entrada la novela nos revelará el año: 2054) en el que los países se encuentras aislados, con las rutas comerciales cerradas, y en el que las ciudades como Bohane subsisten precariamente al margen del gobierno nacional, al que llaman El País de Fuera (PF). La esperanza de vida se ha reducido y la vejez llega en torno a los cincuenta años. Las referencia a La Era Perdida son continuas, y es manifiesto un retroceso en cuanto a tecnología y calidad de vida: no hay vehículos de motor (la policía patrulla a caballo) ni apenas alguno de los adelantos técnicos de los que hoy gozamos (móviles, ordenadores, Internet...). Por ejemplo, el fotógrafo del único diario de la ciudad, el Vindicator, usa una antigua Leica "medieval", revelando las fotos a la manera tradicional, y el periódico se imprime en rotativas. Salvo por la música calypso (en especial de la Trojan Records) que fascina a los habitantes de Bohane, y por las referencias a la era dorada de Hollywood, la historia podría transcurrir sin problemas a principios del siglo XX. 

Ciudad de Bohane retrata la vida en los bajos fondos de la ciudad, conocidos como el Dédalo por ser un intrincado laberinto de callejuelas. La banda que controla el Dédalo, llamada el Cotarro, está dirigida por Logan Hartnett, apodado el Albino. Hartnett, un dandi de elegancia decadente, gobierna el Cotarro desde hace treinta años, momento de la última gran guerra de bandas. Pues la violencia de Bohane es tal que los habitantes del Dédalo se hallan enfrentados perpetuamente a los de las Lomas, barrios separados por una escalera conocida por los 98 escalones. Alrededor de la ciudad se extiende una zona deprimida y rural llamada El Gran Páramo, en la que existe una reserva gitana (la rese) cuyos habitantes se mezclan de forma habitual con los de la ciudad. Solo los gitanos de las dunas, que tendrán un papel relevante en la novela, se mantienen aparte de cualquier contacto con el resto de grupos de la zona y suponen una cultura autárquica y primitiva. 

Ilustración para la edición en catalán [fuente: blog del ilustrador]

La atmósfera de Ciudad de Bohane, verdadera protagonista de la obra, es de violencia total. Es cenicienta, agria, y transmite una sensación descorazonadora, deprimente y por momentos angustiosa, lo cual se ve reforzada por la manera de describir de Kevin Barry, que se basa más en provocar sensaciones y en los símiles chocantes que en los adjetivos calificativos. Por ejemplo, para describir el Barrio del Humo, la zona más patibularia del Dédalo: «Era un sitio tremendo en plena noche: un mundo de sueños tristes al otro lado de la pasarela. En las callejuelas estrechas, las viejas casonas se inclinaban las unas hacia las otras: hola, ¿cómo te va? Como si se estuvieran sosteniendo las unas en las otras. Si sacas un solo ladrillo de la pila, el Barrio del Humo se viene abajo»

El escenario está plagado de tabernas de mala muerte, prostíbulos, fumaderos de opio, casas de juego, bares ilegales... la corrupción y el vicio son la tónica en Bohane, no la excepción. Existen barrios decentes, como Beauvista o la calle Endeavour, donde se reúnen los negocios financieros, pero son islas en medio de un mar sucio, oscuro y desastrado. Los personajes que alberga son afines a su continente: prostitutas (tanto jóvenes como viejas desdentadas), pandilleros, borrachos, adictos al opio, palurdos del Páramo... incluso la Policía, corrupta y salvaje hasta la hipérbole, se contagia de la brutalidad y la indolencia del ambiente. 

La violenta sociedad de Bohane tiene mucho de medieval, conformada por clanes familiares y zonales identificados por blasones, pabellones de color y emblemas. Estorninos para los de las Lomas, cabras montesas para los del Dédalo. Hasta las hermandades de la Policía tienen sus símbolos: Una porra con cabeza de serpiente. Un trozo de cadena enrollada. Una moneda de Judas. Elementos visuales que muestran referencias no solo literarias, sino también procedentes del cómic o el cine (imposible no pensar en la Gangs of New York de Martin Scorsese). 


Al igual que en la mentada La naranja mecánica, la estética y el vestuario tienen una importancia central en Ciudad de Bohane. El narrador, sobre el que hablaremos, se detiene a menudo a detallar el atuendo de un personaje en concreto (usando la fórmula "tal personaje llevaba: ... »), o se recrea en los diversos "modelos" y peinados de las pandillas. La mezcla de elegancia, extravagancia, prendas lujosas y ropa de trabajo, combinada con los ambientes proletarios y la música calypso de la Trojan, recuerdan al momento al ambiente de los barrios de clase trabajadora británicos de los años 60-70, en los que se desarrolló la cultura skinhead, con toda su maraña de precedentes y subvariedades (hard-mods, rudeboys, bootboys...), entornos también agresivos y violentos en lo que, como refleja Kevin Barry en su Bohane, una estética y una simbología comunes eran un factor identitario y de cohesión grupal. 

Y dentro de este escenario encontramos a los actores principales: Logan Hartnett, el epítome de todos los capos de la novela negra. Imperturbable, frío, elegante y devorado por los celos hacia su mujer, la hermosa Macu. Su madre, la nonagenaria Nena, verdadero cerebro del Cotarro, encamada en la suite nupcial de un hotel, siempre fumando, bebiendo whisky y viendo antiguas películas del gran Hollywood. Sus lugartenientes, implacables y crueles hasta el sadismo: Lobato Stanners (puro fenotipo irlandés, incluido pelo zanahoria) y Cabrón Burke, siempre acompañado de Angeline, su fiera perra alsaciana. La chinorri Jenni Ching, exótica, inescrutable y letal. Y el Gant Broderick, antiguo capo del Cotarro, caído pero jamás olvidado, que regresa a la ciudad tras lustros de ausencia y cuyas intenciones y la influencia que aún pueda conservar son un misterio para todos. 

Como novela negra, Ciudad de Bohane funciona realmente bien. Los amantes del noir tienen todos los ingredientes que le dan grandeza al género, en particular si hablamos de historias sobre bandas rivales, capos en continua lucha por mantener su poder y su posición, negocios turbios, ambientes lumpen, periodistas sin escrúpulos al frente de medios de comunicación untados y policía corrupta que tanto mira para otro lado (literalmente) durante las reyertas como se pone al servicio del Cotarro sin paliativos para servirle de fuerza de choque, previo sustancioso soborno. 


Personas muertas a patadas, pisoteadas y golpeadas hasta volverlas irreconocibles; navajazos que abren vientres desparramando tripas por el suelo; soplones desollados vivos y colgados como escarmiento, batallas campales en las que multitudes armadas con todo tipo de objetos filosos o contundentes causan decenas de muertos y heridos... Kevin Barry no ahorra detalles, si bien se sirve de un recurso narrativo que le quita un poco de truculencia a tanta sangre: siempre que puede nos ofrece instantáneas, imágenes estáticas, como si Ciudad de Bohane fuese más una presentación de diapositivas que una película. Claro ejemplo lo tenemos cuando nos relata la gran contienda entre el Cotarro y las familias de las Lomas, a la que asistimos a través de las fotografías que Balthazar Grimes, el camarógrafo del Vindicator, va revelando, escogiendo o desechando. 

Más allá de su violencia o su expresividad, la novela de Kevin Barry tiene otro sabor más: su sensación crepuscular, de decadencia, de luz mortecina. Logan Hartnett está en su ocaso como líder del Cotarro, y asiste indiferente y cansado al ascenso de quienes se disputarán su sucesión. El Gant Broderick es un anacronismo, un resto de otra época que ya no tiene sitio en Bohane. La Era perdida pesa de manera ominosa sobre todos los habitantes de la ciudad y trae recuerdos nostálgicos y dolorosos de tiempos pasados que no volverán. Toda la narración tiene un tono premonitorio que anticipa desgracias que nadie parece capaz de evitar y que todos asumen como algo corriente y hasta deseable. Bohane es un pozo de miseria moral y un nido de corrupción porque a nadie le importa, porque nadie hará nada por cambiarla, porque no hay nada por lo que luchar y porque la novela de Barry trasluce que no existe un futuro mejor, ni tan solo un futuro.


La novela se divide en cuatro partes, subdivididas a su vez en capítulos titulados y no numerados: Octubre, de doce capítulos; Diciembre, de otros doce; Abril, de dieciséis, y La noche de la feria de agosto, con un único capítulo extenso. Transcurre, por tanto, a lo largo de diez meses. Curiosamente, el ritmo pausado de la narración, plagado de elipsis narrativas y de saltos temporales, se dispara en la última parte, que cubre una única noche (la de la feria de agosto, una fecha señalada en el calendario de Bohane, una celebración cuasimedieval) y en el que los acontecimientos se agolpan y precipitan para conseguir un clímax emocionante y bien trabajado por el autor, que muestra un hábil manejo del tempo narrativo. 

En cuanto a la voz narrativa, se trata de uno de los puntos más interesantes de la novela. Está narrada combinando la primera y la tercera persona, por un narrador no omnisciente, presente pero apenas participante, que se refiere continuamente a los habitantes de Bohane como «nosotros» y que interpela a menudo a los lectores, con un estilo de carácter oral que involucra al lector: «Fijaos», «Mirad», «Ved» son fórmulas que aparecen en el texto cuando el narrador desea llamar la atención sobre determinado personaje o suceso. Conoce el escenario, los hechos y a los personajes, reflexiona y opina sobre ellos, pero no participa de manera activa, y su papel está poco definido (en línea con el resto de incertidumbres sembradas por Kevin Barry). No será hasta bien entrada la novela que sepamos quién es, resultando un dato de poca trascendencia. 

El autor ha querido dar a los habitantes de Bohane una expresión particular, una forma de hablar propia de las barriadas, que el traductor Javier Calvo ha optado por trasladar al castellano a través del registro vulgar de nuestra lengua: na' (por nada), to' (por todo), mu' (por muy), participios terminados en «ao»... Ignoro la forma original, pero probablemente esté referenciada a su homóloga irlandesa, pues son muchos los rasgos de identidad irlandesa los que refleja Ciudad de Bohane, como el elevado consumo de alcohol o la exacerbada religiosidad católica, representada aquí por el culto al Dulce Niño Jota (DNJ).

Mapa de Bohane [fuente y tamaño completo]

Por el estilo narrativo, por la manera de describir a través de sensaciones, y por el tono noir que me pareció algo impostado al principio, me costó un poco arrancar con Ciudad de Bohane. Pero una vez lograda la famosa suspensión de incredulidad (en torno al tercer o cuarto capítulo) me hallé sorprendido por una historia cautivadora, fuertemente adictiva, en la que Kevin Barry retuerce la trama con juegos de lealtades y deslealtades, frustra las preconcepciones del lector con giros argumentales inesperados, y va dosificando la información sobre personajes y acontecimientos de modo que es preciso seguir y seguir leyendo, pese a lo cual sigue manteniendo un margen generoso para la indefinición en cuanto al escenario general de la obra, que tanto puede ser un futuro hipotético como una realidad paralela a la nuestra. 

En mi opinión personal, Ciudad de Bohane puede aunar a los aficionados a la novela negra y los seguidores de la Ciencia-Ficción más distópica, pues pertenece a ambos géneros y contiene elementos interesantes de los dos. En cualquier caso, Kevin Barry me ha parecido un autor sorprendente, con un estilo muy personal, una capacidad notable tanto para despertar y capturar el interés del lector como para crear personajes vivos y creíbles, y sobre todo con buenas historias que contar.


Ciudad de Bohane puede adquirirse en librerías, en formato papel. También puede comprarse en La Central y en Amazon.

Con su política comercial acostumbrada, Rayo Verde publica esta novela bajo licencia Creative Commons, y reconoce expresamente el derecho del comprador a realizar copias totales o parciales de la obra, aún sin el permiso de la editorial. De igual modo, invita al lector, en caso de que no tenga interés en conservar la obra una vez leída, a cedérsela a otra persona si así lo desea. 

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14 de julio de 2015

Non hai luz sen oscuridade - Andrea Barreira Freije

No mundo de Lea só hai escuridade e frío, non hai lugar para a luz e o calor. Para unha feiticeira das tebras non hai outra opción, e menos cando se é filla dos Señores da Noite. Para desenvolver ao máximo os seus poderes, terá que ir na procura dun dragón a quen debe domar. Acompañada dun corvo teimudo e unha loba que é a súa sombra, internarase nun camiño cheo de claroscuros no que atopará o que máis teme: a si mesma. 


Publicado no 2015, Non hai luz sen oscuridade é unha novela de Andrea Barreira Freije. É xornalista e redactora con experiencia en diversos medios de comunicación. Imparte obradoiros de técnica narrativa e colaborou co programa radiofónico O Sombreiro de Merlín. Como escritora publicou relatos en medios dixitais como Boolino ou Aire, e en diferentes escolmas, entre elas a revista Contos Estraños. Non hai luz sen oscuridade é a súa primeira novela. 

Non hai luz sen oscuridade inclúese na colección Urco Xuvenil, coa que Urco Editora achega a Fantasía en galego ao público máis novo, cunha serie de libros de extensión moderada, liña de deseño común (neste caso a capa é de José Ángel Ares) e historias axeitadas para a leitura tanto de lecer como nos centros escolares.

[fonte: Linkedin da autora]

A Fantasía é un xénero privilexiado á hora de tratar o eterno tema do bildungsroman ou novela de aprendizaxe. A súa raigame no folclore e nas lendas populares e o seu forte vencello coa tradición europea do conto permítenlle voltar unha e outra vez sobre a viaxe iniciática e de procura persoal sen que ésta deixe de nos parecer unha historia nova cada vez que a lemos.

Nesta liña, Non hai luz sen oscuridade, primeira novela de Andrea Barreira, resulta un bildungsroman de manual, cunha trama que segue, un por un e en perfecta secuencialidade, os fitos no camiño que debe cumprir o heroe das mil caras postulado por Joseph Campbell. 

Así pois, temos a unha protagonista na súa mocidade, unha feiticeira chamada Lea, filla dos Señores da Oscuridade, que para desenvolver os seus poderes máxicos precisa atopar un dragón negro e domalo. O cal levaráa a unha viaxe tanto física como espiritual, na que se vai atopando gardiáns e aliados que lle permitirán superar unha serie de probas e perdas persoais, e tras o cal voltará ao seu fogar transformada nunha adulta. Neste caso, o maior ponto de interese de Non hai luz sen oscuridade atópase, como o seu título adianta, no que podemos chamar o aliñamento de Lea (un concepto cotián na fantasía), pois a moza terá que rachar coa súa predestinación cara o escuro, e non será senón a través das dúas caras do seu ser, luz e escuridade, o Ben e o Mal, que o seu autoachádego teña lugar e a súa personalidade e todo o seu potencial máxico se desenvolvan por completo.  

O río Lea, o afluínte do Miño que da nome á protagonista [fonte]

A novela divídese en dazasete capítulos intitulados, de extensión parella, e é salientábel a súa coidada estructuración, pois cada capítulo (ou cada subconxunto de dous capítulos) corresponde cun fito na aventura de Lea e os seus amigos: atoparse un gardián, un inimigo ou un aliado, obter un obxecto, enfrontarse a unha proba... Esta rixidez ten vantaxes, como proporcionar unha lectura cómoda e doada de seguir para un público xuvenil, especialmente axeitada para o ámbito escolar pola brevidade dos capítulos, que permiten deixar e retomar a leitura aos poucos. Porén, supón unha certa eiva a nivel narrativo, pois non existen grandes momentos, feitos da historia que sobresaian claramente sobre os demáis, senón que teñen todos a mesma intensidade, e mesmo o final non posúe un clímax notábel que xogue coa tensión e distensión narrativa. 

Alén diso, e malia verse condicionada pola necesidade de condensar o texto, Andrea Barreira ofrece unha historia entretida, que acada a interese do leitor e que apresenta un conxunto de personaxes rechamante, con elementos orixinais (e outros referenciados á fantasía tradicional europea) e que fuxen de lugares comúns na fantasía heroica, como iremos vendo.

Lea (que toma o seu nome do río Lea, un pequeno afluínte do Miño que transcorre pola provincia de Lugo) é unha feiticeira, filla dos poderosos Señores da Oscuridade, e destinada polo tanto a sucederlles á fronte das criaturas e as forzas escuras, para o cal deberá antes desenvolver os seus poderes máxicos. Acompañada dun corvo e dunha loba chamada Sombra, comeza unha viaxe que a levará, entre outras cousas, ata Eume, un druída branco (cuxo nome evoca ao momento ao río e ás fragas que o arrodean) que a adestrará nas artes máxicas alleas a ela, a coñecer a Sarxa (que leva o nome da pranta de moitas e grandes propiedades medicinais), unha fada da luz que se converterá na súa mellor amiga, a cruzarse no camiño de Amadeo, un príncipe e cabaleiro andante de dubidosas intencións, e por riba de todo a asumir e comprender toda a súa maxia, dominando os catro elementos: ar, auga, terra e lume. 

O río Eume e as súas fragas, que nomean ao poderoso feiticeiro [fonte]

Á transformación espiritual acompáñalle a física, e Andrea Barreira caracteriza a Lea coa pel recuberta de tatuaxes rúnicos que se espallan e cambiar de cor cando asume ou usa a maxia. O aspecto e o vestiario da protagonista serán un recurso estilístico efectivo á hora de ilustrar a súa loita entre luz e oscuridade, e un dos poucos momentos nos que a autora pode deterse en descripcións, pois novamente a limitada extensión do texto condiciona o estilo, cunha narración práctica, pouco descriptiva e resolta con economía de medios, o que reflicte contención e permite que domine a acción sobre a ambientación. 

A narración ten un aquel de conto tradicional, de xeito que Lea permanece en primeiro plano en todo momento, e toda a histora xira arredor dela, cunha única unidade de acción, á maneira das lendas e dos relatos tradicionais, e mesmo o estilo narrativo, o desenvolvemento da historia, amosan una clara influencia do relato heroico e mitolóxico. Descoñezo as influencias particulares da autora, pero en Non hai luz sen oscuridade semellan aboiar o Tolkien de O Silmarillion, o Michael Ende de A historia interminábel (en especial o periplo de Bastian por Fantasía) e mesmo Michael Moorcock coa súa fantasía escura e o seu campión eterno vagando na procura do seu destino. 

Non falamos somentes do feito de narrar unha viaxe física e de aprendizaxe, senón tamén, e aquí chegamos a un ponto importante da obra, da ruptura co maniqueísmo e cos aliñamentos simples e opostos: o Mal e o Ben ao que acostuma a Fantasía heroica. Andrea Barreira opta por unha historia de claroscuros, na que a identidade e a natureza persoal están compostas de ámbolos dous compoñentes, ao xeito dos conceptos taoístas do Ying e o Yang. Todo é dual, non existen o Ben e o Mal puros en nada nin en ninguén. 

A Sarxa, a pranta medicinal da que recibe o seu nome a pequena fada [fonte]

Do mesmo xeito que Lea non acadará o máximo do seu grande poder ata que domine tanto a maxia da luz como a da oscuridade, o resto de personaxes amosan que nin a luz e a albura representan sempre ao Ben, nin a sombra e o escuro representan sempre ao Mal. A amizade de Lea e Sarxa, unha criatura da luz, é posíbel, como o é que Amadeo, o príncipe azul de conto infantil consagrado a loitar contra a maldade e protexer damiselas malia que elas non queiran, teña un concepto maniqueo e errado do seu propósito. 

A intención de Andrea Barreira resulta notábel en tanto Non hai luz sen oscuridade é unha novela xuvenil, e estamos a falar de educación en valores. As maiores críticas á Fantasía heroica viñéronlle sempre da man do maniqueísmo, da violencia, do machismo, da exaltación da monarquía, do ton reaccionario, da apoloxía da relixión, do clasismo... Dixemos que a autora fuxía de lugares comúns, e temos unha historia que racha con esa herdanza, e protagonizada por unha rapaza coa que mozos e mozas poden identificarse fácilmente, pois partilla con eles moitos dos problemas e preocupacións propios da súa idade, como a formación da identidade e a imaxe propias ou as expectativas dos pais e da sociedade ao respecto deles. 

Non hai luz sen oscuridade é, en resumo, tanto unha prometedora primeira novela para Andrea Barreira Freije, aínda coa súa marxe de mellora, como un libro ben axeitado para iniciarse na Fantasía, máis unha mostra de que os novos autores están a transformar a Fantasía heroica para ceibala dos seus estereotipos. 




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7 de julio de 2015

Camino del aire - Martín Ortega Carcelén

Un grupo de niños, alumnos de un exclusivo colegio privado de Madrid, se escapa un día sin previo aviso, poniendo en jaque a los adultos, y movilizando a las fuerzas de seguridad del Estado y al mismo Gobierno, en una aventura de trasfondo ecologista que reflexiona sobre el papel de la familia y el rol de padres e hijos en la sociedad actual. 


Publicado en 2015, Camino del aire es una novela de Martín Ortega Carcelén. Escribe ficción, poesía y ensayo. Doctor en Derecho Internacional, es profesor en la universidad Complutense, fue director de área del Ministerio de Asuntos Exteriores y participa activamente en instituciones y foros de debate públicos sobre relaciones internacionales y derecho global. Publica artículos de opinión en prensa e interviene a menudo en tv y radio en calidad de experto. Camino del aire es su segunda novela. 

Combina elementos de diversos géneros, desde el humor hasta el costumbrismo, pues realiza un retrato de la sociedad contemporánea y de las relaciones familiares actuales con una mirada irónica. Puede verse como una novela de Aventuras, y en conjunto es una historia amable y optimista, apta para el público juvenil. Camino del aire está protagonizada por niños, pero no es solo un libro infantil. Creo más adecuado calificarla como una novela grata, que puede gustar a un público muy amplio, y que posee un doble nivel de lectura, pues un lector adulto y otro infanto-juvenil tendrán diferentes experiencias de lectura de la misma.


Los niños y niñas de los 80 crecimos con historias protagonizadas por niños avispados e intrépidos que corrían emocionantes aventuras mientras ponían en jaque a los mayores, resolvían misterios, encontraban valiosos objetos extraviados, burlaban agencias gubernamentales o ayudaban a la policía a arrestar bandas de contrabandistas y falsificadores de moneda. Colecciones de libros como Los Cinco, Los Siete Secretos, Los Hollister, Puck, Los Tres Investigadores o Guillermo el Travieso, películas estadounidenses como E.T.Los Goonies o Exploradores, e incluso subproductos patrios como La guerra de los niños o La rebelión de los pájaros.

Si algo tenían en común todos estos ejemplos, era que los niños eran protagonistas absolutos, focalizando toda la atención, mientras que los adultos eran meras comparsas sin mayor función que servir de vehículo a la historia. Del mismo modo, las aventuras solían partir de reacciones espontáneas de los pequeños protagonistas ante situaciones inesperadas o excepcionales.

Estos dos factores son los que distinguen Camino del aire de la clásica «historia con niños». Por una parte, la repartición del protagonismo entre niños y adultos por igual, resultando en una novela coral donde ningún personaje destaca sobre los otros, siendo menores y mayores dos personajes colectivos de gran solidez. Por otra, el hecho de que el grupo de pequeños inicie su aventura a partir de una decisión largamente meditada y consensuada, no como reacción impulsiva a un hecho incidental. 

Madrid, con su boina de contaminación, presente en la novela [fuente]

Como vamos a ver, la novela del doctor Ortega Carcelén puede definirse, por su planteamiento y por su desarrollo, como un bildungsroman o novela de aprendizaje. Esto es, cumple el esquema del Héroe de las mil caras de Joseph Campbell, con la peculiaridad de que nuestro héroe de hoy es un grupo de veinte individuos. 

La historia es la siguiente: Un buen día, y tras planearlo durante casi un mes, un grupo de veinte niños y niñas, de once años de edad, del Colegio del Buen Suceso, un centro educativo privado de Madrid, se escapa con el propósito de dirigirse al Valle del Jerte, en Extremadura, siguiendo las indicaciones de un libro, escrito por su profesor de Conocimiento del Medio, el ecologista Federico Pyñeiro, fallecido un mes atrás. Su desaparición pone en alerta a sus padres y al personal educativo, y moviliza a la Policía Nacional, que va aumentando la espiral para implicar al Gobierno y a los medios de comunicación nacionales, hasta que el caso de los menores fugados se convierte en un asunto de interés para el público español al principio e internacional más tarde, que siguen las evolución de los acontecimientos a través de televisión, radio e Internet.

La odisea de los pequeños permitirá a Martín Ortega retratar con ironía diversos tipos de nuestra sociedad, en un ejercicio de costumbrismo cargado de reflexión y con un punto de crítica. El centro donde estudian los pequeños protagonistas es un colegio privado de élite, y entre sus progenitores se encuentran políticos de PP y PSOE (la novela transcurre durante un hipotético gobierno del segundo), un gran empresario del Ibex35 (aquí llamado Libex), una abogada de prestigio, un trasunto de Antonio Banderas, una directora de hospital, el director de una canal televisivo privado, el vicepresidente del Real Madrid, un escritor y diplomáticos de Francia, Reino Unido y Senegal. 

El  extremeño Valle del Jerte es famoso por sus cerezas. La imagen de
sus cerezos en flor es también un reclamo turístico de primer orden. 

Así, veremos tanto las diferentes reacciones de los padres ante la aventura de sus hijos e hijas, y los diversos modos de pensar y actuar de unos y otros. Desde los que se vuelcan por completo en encontrar a los pequeños dejando de lado cualquier otro asunto, pasando por los que proceden con mayor tibieza, hasta los que no abandonan su trabajo y obligaciones y ni tan solo salen de Madrid. De igual modo, Martín Ortega muestra los intereses partidistas que la política da al suceso, la instrumentalización que del mismo hace el Gobierno, y el papel morboso e interesado de los medios de comunicación, verdaderos responsables de que la escapada de los veinte niños y niñas pase de simple travesura infantil a fenómeno de alcance internacional. 

Martín Ortega se vale de un humor fino, sutil, para su retrato social, y deja en manos del lector interpretar y valorar las escenas y situaciones que presenta. Antes dije que adultos y jóvenes recibirán impresiones diferentes de la novela, y resulta llamativo, a la hora de presentar a los padres y madres de los pequeños, cómo muchos de ellos, en su convivencia forzosa, terminan congeniando mejor con otros que con sus respectivas parejas, presentándose galanteos y momentos de complicidad que apuntan que todos los implicados, y no solo los pequeños aventureros, saldrán transformados al finalizar esta historia. 

Porque en el fondo, y como todo bildungsroman, Camino del aire es un relato sobre la transformación y el crecimiento personal, pues al viaje físico le acompaña un viaje espiritual, un proceso en el que los niños y niñas protagonistas madurarán y se convertirán en adultos muy distintos a los que serían de no emprender su fuga y vivir su aventura, su viaje del héroe.  

Cabezuela del Valle es uno de los pueblos del Valle del Jerte por los que
transcurre la novela, en la que también aparecen, como no, las cerezas [fuente]

Camino del aire está dividida en veintiocho capítulos intitulados y de extensión desigual, y narrada con un estilo sencillo y muy claro, muy expositivo, que como curiosidad alterna los tiempos pasado y presente. Las escenas narradas usando el presente tienen un cierto aire de acotaciones teatrales, de manera que el texto resulta muy visual y permite ubicar con facilidad personajes y escenarios. Martín Ortega ha optado por emplear descripciones breves y someras, con una economía de medios y un estilo utilitario en el que preponderan la claridad de lectura y el tono ligero. Pese a ello, se permite ciertas escapadas líricas, ofreciendo algunos párrafos de gran belleza, en especial a la hora de describir el paisaje del Valle del Jerte en momentos como la salida o la puesta del sol: 

«La aurora de rosados dedos nunca ha tocado el pueblo de Jerte. En el fondo del valle el amanecer es incierto porque el sol está entretenido escalando las cimas del otro lado de Gredos, mientras las últimas sombras perezosas se detienen a remolonear en la angostura [...]»

Estos pasajes son como pequeñas pinceladas que dan belleza al texto sin distraer al lector de la narración principal, y enriquecen la novela:

«Quedan unos metros para coronar la altura y todas las caras se enfocan hacia la media luna del collado que se abre cada vez más prometedora, más coqueta, menos niña y más extensa.»

Río Jerte

La lectura de Camino del aire resulta, como dijimos, agradable, amable, reconfortante. Es una historia vitalista, en la que se contrasta la inocencia inicial de los pequeños con los recursos que despliegan en su aventura, la naturaleza siempre cambiante con la gris rutina de Madrid, la vida sencilla del campo frente a la aparatosa vida en la ciudad, el aire límpido y transparente del Jerte (que da título a la novela) con la asfixiante contaminación de la capital. 

Su carácter coral permite al autor, que resuelve con oficio la difícil tarea de manejar un reparto muy nutrido, mostrarnos que los niños y niñas, independientemente de su extracción social o del colegio al que acudan, siguen siendo niños y niñas. Están los estudiosos, los problemáticos, los modosos, los retraídos, los extrovertidos, los enmadrados, los de inquietudes artísticas, los que se refugian en los videojuegos, los que solo piensan en el fútbol... El doctor Ortega Carcelén nos invita a reflexionar tanto sobre los roles de género como sobre las relaciones familiares en la actualidad, más distantes o más estrechas, y sobre las expectativas que papás y mamás depositan en sus descendientes y lo que de ellos esperan.

En su retrato de la infancia, Martín Ortega ha optado por el verismo, y manteniendo la voz narrativa del resto de la novela les dota de una voz coloquial, creíble, lejos de tópicos y expresiones estereotipadas. Con ello logra que nos caigan en gracia, que desarrollemos empatía y complicidad con este extenso grupo de pequeños aventureros y aventureras, que disculpemos sus tropelías (timar a unos turistas americanos o apedrear un coche de la Guardia Civil con judiones) y sigamos con interés su odisea de propósito ecologista.

Comentar también que resulta divertido ir estableciendo paralelismos entre los personajes y entidades (empresas, canales privados de televisión) que aparecen en la novela y sus homólogos en nuestra España real, y reconocer la ironía y el humor con el que el autor los trata. Además, como regalo a todos los amanecistas, el profesor Federico Pyñeiro homenajea al entusiasta maestro (rural, solo rural) de Amanece que no es poco, que incluso, como recuerda una de las niñas, enseñó anatomía a los protagonistas con la canción de la película:



En palabras de su autor, esta novela es una fábula, la persecución de un sueño por parte de un grupo de niños y niñas, y es por su desarrollo una road movie, pues transcurre en gran parte en la carretera, con menores y adultos desplazándose de Madrid hasta Jerte en una persecución divertida, salpicada con incidentes curiosos, que Martín Ortega aprovecha para ofrecer retazos de esa España de los caminos que nuestra literatura viene retratando desde"El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Camino del aire es, en resumen, una historia afable, optimista, de tono ligero, narrada con un estilo sencillo y diáfano que sabe ser evocador cuando es necesario, que nos habla de crecimiento personal y de educar en valores, y que nos reconcilia con el mundo a través de un mensaje esperanzador y lleno de confianza en el futuro que representan nuestros niños y niñas.




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