17 de noviembre de 2015

¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! - Harry Harrison

Lunes, 9 de agosto de 1999. El siglo está en sus postrimerías. Nueva York posee una población de 35 millones de seres humanos. Viven hacinados en las casas, en los cementerios de coches que en otro tiempo fueron aparcamientos, en los viejos barcos anclados a orillas del Hudson, en los depósitos militares cerrados hace tiempo… y algunos ni siquiera tienen un techo donde guarecerse y viven simplemente en las calles. El petróleo se ha agotado, los vegetales se están agotando, la carne es un artículo de súper lujo, la gente vive a base de galletas y sucedáneos extraídos del mar, el agua está racionada, y cualquier accidente puede romper este precario equilibrio. Y en Nueva York vive el policía Andrew Rusch, cuyo trabajo es investigar los crímenes que se producen diariamente en la ciudad, pero también cargar contra las muchedumbres que simplemente piden comida y agua. Peor en ese miserable mundo, que puede ser el nuestro dentro de muy pocos años, en el que todo escasea excepto la necesidad, ni siquiera la policía tiene efectivos suficientes para llevar a cabo su trabajo.



¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! (Make room! Make room!) se publicó en 1966 en la editorial Doubleday. David Pringle la incluyó en su lista de las 100 mejores novelas de Ciencia-Ficción. En 1973 fue adaptada al cine con la película Soylent Green, titulada en España Cuando el destino nos alcance

La novela de Harry Harrison es una distopía que anticipa las posibles consecuencias de un crecimiento excesivo de la población y de un agotamiento de los recursos naturales. Se basa en los postulados de Thomas Malthus y su Ensayo sobre el Principio de la Población. Malthus sostenía que la población crece en progresión geométrica, mientras que los recursos lo hacen en progresión aritmética, por lo que es necesario controlar la natalidad (mediante las leyes y la educación) para evitar la catástrofe.

Por otra parte, la novela se publicó tras el fenómeno demográfico conocido como Baby Boom, que disparó la población mundial (hasta en un 40% en los países no desarrollados); y en plena Guerra Fría, por lo que muestra una preocupación propia de la época: el incremento de población de los países asiáticos y la posible ventaja que supondría para el bloque comunista en caso de confrontación.

La historia que narra Harry Harrison es bastante sencilla, y lo más importante de ¡Hagan sitio!¡Hagan sitio! es, en realidad, el escenario que presenta y sus implicaciones morales y sociales.

Una añeja edición de Orbis, de 1986

Dividida en dos partes, con capítulos numerados con guarismos romanos, la novela está ambientada en Nueva York, en el año 1999, cuando la ciudad posee 35 millones de habitantes, y la carestía de recursos y materias primas es tan acusada que la población se alimenta de productos sintéticos que se distribuyen mediante Cartillas de Beneficencia. El agua potable está racionada y no siempre se garantiza su suministro. El petróleo está casi agotado y los taxis funcionan a pedales. La gente se hacina en antiguos aparcamientos de automóviles, en barcos, en las escaleras de los edificios, en almacenes abandonados, en las estaciones del Metro (que ya no circula)... los más privilegiados tienen una habitación en un apartamento, en los que se amontonan familias numerosas. Ya no existen medios de transporte interurbano, el centro de los Estados Unidos es una inmensa zona de sequía y ya no quedan casi animales ni plantas. La carne, las verduras o los cereales son un producto de lujo extremo al alcance de muy pocos. Los oceános están agotados y apenas se obtiene placton para consumo humano.

Por todo ello, los altercados y revueltas son continuos, pero la Policía no dispone ni de medios humanos ni materiales para contenerlos. Ocurren diez asesinatos diarios, entre otros cientos de crímenes, que normalmente quedan sin resolver. Harry Harrison narra la historia de dos personajes: Andy Rush, un policía que convive en un diminuto apartamento con un anciano llamado Sol, y Billy Chung, un joven chino que vive en un camarote de un barco con su familia. Durante un saqueo a una tienda, Billy roba un paquete de filetes sintéticos. Con el dinero obtenido puede pagarse un trabajo como repartidor de telegramas (sí, a eso se ha llegado en la distopía de Harrison). Cuando lleva un mensaje a un edificio del Parque Chelsea, la zona rica de la ciudad, descubre el modo de vida de los privilegiados, y queda prendado de Shirl, la chica de un pez gordo llamado Big Mike O'Brien. Por la noche, regresa a la casa armado con una llanta de bicicleta afilada, matando a Big Mike sin querer, cuando éste le sorprende. Tras lo cual huye, dejando (también involuntariamente) una pista falsa que vincula la muerte con un afamado gangster de Nueva Jersey.

Andy es asignado a la investigación, durante la cual conoce a Shirl. Ambos se enamoran y comienzan una vida en común en el apartamento de Andy, lejos del lujo que Shirl había disfrutado hasta entonces. La novela transcurre durante cinco meses, desde agosto hasta la noche de Fin de Año de 1999, tiempo en el que Andy buscará a Billy Chung y éste huirá por diversos barrios de la ciudad, en compañía de un antiguo predicador cristiano llamado Peter y consumiendo LSD. La andanzas de Andy y Billy terminarán confluyendo, y la novela finalizará de manera abierta, con un mensaje que apunta a que el panorama presentado por Harrison no hará sino empeorar todavía más.



A mi juicio, este argumento policíaco es un simple vehículo para que Harry Harrison vaya presentando el escenario, verdadero protagonista de ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!, y detallando las implicaciones que tiene para las personas ese modo de vida precario, a medida que describe una sociedad en la que todo el mundo (salvo escasos privilegiados) malvive como hoy día lo hacen las personas sin hogar, recurriendo a la Beneficencia, reutilizando ropa vieja llena de remiendos y padeciendo hambre, frío y enfermedades de manera crónica, incluso aquellos que tienen trabajo, como Andy. Comiendo productos elaborados de los que se desconoce la procedencia y la composición (los «copos de carne» están hechos con caracoles), peleándose por un lugar donde alojarse, por mísero que éste sea, y carentes de cualquier motivación y objetivo vital que no sea sobrevivir un día más. Si imaginamos una ciudad en la que las noches de frío se saldan con cientos de muertos que, simplemente, se dejan tirados en la calle esperando que el Departamento de Sanidad los recoja, y que uno de ellos podríamos ser nosotros o nuestros seres queridos, no podemos sino sobrecogernos, incómodos.

Y todo ello bajo un Gobierno incapaz de legislar y actuar para dar solución a los problemas de sus ciudadanos. La Ley de Emergencia, intento de regular la natalidad al fin, deja el que para mí es el mejor momento de la novela: una alocución por parte de Sol, anciano que conoció el viejo mundo (el nuestro) y que expone las ideas de Malthus y la dificultad para implantar medidas de control demográfico.

En resumen, ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! merece su consideración de clásico de la Ciencia-Ficción, y es una distopía interesante por la sensación de desasosiego y sordidez que transmite, no tanto por su argumento policíaco, que es bastante sencillo, como por su preocupante parecido con el rumbo que va tomando nuestra sociedad actual.



La película: 

Soylent Green (Cuando el destino nos alcance) es una de esas adaptaciones que superan al original en calado y penetración en el imaginario colectivo. Dirigida por Richard Fleischer, realizó modificaciones sustanciales en el argumento, resultando una historia aún más oscura y deshumanizada. El reparto incluye a Charlon Heston como Robert Thorn (el Andy Rusch de la novela), a Leigh Taylor-Young como Shirl y a Edward G. Robinson  como Sol Roth.

En la película, la alimentación de las masas se basa en dos productos, propiedad de una gigantesca empresa llamada Soylent Corporation: Soylent Red y Soylent Yellow, hasta la aparición de Soylent Green, más sabroso y nutritivo, elaborado en teoría a partir de placton marino (probablemente inspirado en el Ener-G que se cita en la novela). Pero en realidad está compuesto de carne humana, sugiriendo así el canibalismo como solución a la carestía de otros recursos. Esta carne se obtendría a través de Home (El Hogar), una clínica de eutanasia voluntaria, a la que acude Sol, y que en la novela no existe.

La acción se traslada al año 2022, y la población de Nueva York se incrementa a 40 millones de personas. Todo el hilo argumental de Billy Chung desaparece, y el protagonismo recae por completo sobre Robert Thorn y sus investigaciones.

Charlon Heston se abre paso entre docenas de
personas cada vez que entra o sale de su vivienda

También acentúa la corrupción política, las diferencias entre la oligarquía y las masas, y la cosificación de las personas, con las furniture-girls que van incluidas en las viviendas de lujo para privilegiados, a disposición de sus propietarios. En la cinta, Shirl es una de estas «chicas-mobiliario».

Los decorados y la fotografía están muy conseguidos, destacándose mucho las diferencias insalvables entre el modo de vida de los privilegiados y el de los parias, y logrando una estética sucia y degradada, acumulando gran cantidad de extras y con una iluminación de tonos verdosos, por la que parece haber en todo momento una nociva nube de gas o humo en la atmósfera. Las escenas de tumultos y enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes ofrecen un gran impacto visual.

Las manifestaciones disueltas con palas excavadoras, uno de los momentos
icónicos de la deshumanización de Cuando el destino nos alcance

Harry Harrison no tuvo control sobre la producción de la película, y manifestó que su satisfacción con el resultado fue «fifty per cent». En cualquier caso es un clásico del cine de Ciencia-Ficción, que obtuvo el Premio Nebula en 1974 y el Premio Saturno en 1975; y a la que se hacen numerosas referencias y guiños en películas, canciones, series como The Simpsons o Futurama y un montón de páginas webs que ofrecen todo tipo de productos relacionados con el Soylent Green, además de una infinidad de bromas y memes.


Aunque la película recibió críticas encontradas, es un estupendo serie B, muy entretenido, rodado con mucho oficio y con una factura técnica notable, que contó con la producción y distribución de la Metro-Goldwyn-Mayer, con una estética que en su día fue impactante por las escenas de multitudes y por los decorados y maquinarias de estética postindustrial, además de por su final descorazonador, que dejó para la historia del cine el grito desesperado de Charlon Heston: «Soylent Green is people!»


El autor: 

Henry Maxwell Dempsey, alias Harry Harrison. Estadounidense, fue uno de los más destacados autores de Ciencia-Ficción, colaborando con grandes editores del género como Damon Knight y John W. Campbell. Vivió gran parte de su vida en el Reino Unido, donde colaboró también con Brian W. Aldiss. Como curiosidad, fue un esperantista militante. [Página web]


Escúchalo en El Sótano:




Compártelo:

2 comentarios:

  1. Esta historia la conocí gracias al curso que hice en la universidad sobre ciencia ficción, puesto que el profe nos mostró la película y me impresionó. Tiempo después la novela me la compré en la edición Orbis que aquí muestras, pero todavía no la he leído; por supuesto que tras leer tu texto me has motivado como siempre a hacerlo de una vez.
    Por cierto, si a menos que me equivoque no tienes idea de que antes del libro estuvo el cuento, que luego su autor convirtió a este último formato.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Elwin; pues ahora me haces dudar. Es habitual que las novelas de Ciencia-Ficción de aquella época se publicasen por entregas en alguna revista, o comiencen como un relato del que después se hace una ampliación (lo que los anglosajones llaman un "fix-up"), pero en ese caso creo que se me pasó comprobarlo. Muchas gracias por tu aportación, como siempre.

      Eliminar

Y tú, ¿Qué opinas?

SUSCRIBIRSE POR CORREO

Recibe las actualizaciones en tu e-mail

Archivo

Seguir en las redes