21 de septiembre de 2015

Luna de Leyenda: Los niños desaparecidos - Wolfgang y Heike Hohlbein

Kim se encuentra ante un enigma: ¿qué hace en un hospital un caballero de las estepas de Luna de Leyenda? 
Cuando percibe la angustiosa llamada de socorro de Temístocles, el mago, ya no duda de que algo terrible sucede en el país de los sueños y los cuentos. La magia se extingue en Luna de Leyenda y Kim está dispuesto a hacer lo imposible por ayudar a sus amigos. 
La guerra contra los enanos de las montañas  y sus malignas invenciones metálicas parece inevitable. Pero Kim descubre que lo que está en juego es el futuro de Luna de Leyenda, y lo verdaderamente difícil es descubrir quién es el enemigo. 


Publicada en 1990 (2008 para la edición castellana de Pearson), Luna de Leyenda: Los niños desaparecidos (MärchenMonds Kinder) es una novela de Wolfgang y Heike Hohlbein, matrimonio de escritores alemanes que ha vendido más de cuatro millones de ejemplares de esta tetralogía y más de veinticinco millones de copias de sus alrededor de doscientos libros, juntos o por separado.

Los niños desaparecidos es la segunda entrega de la tetralogía Luna de Leyenda" y se publicó ocho años después que su predecesora La batalla, si bien en el universo de los autores transcurre dos años después que aquella, cuando Kim, el protagonista, cuenta con catorce años de edad, y su hermana Rebeca con seis. 

[fuente: Redcherrypepper]

Los niños desaparecidos supone un salto cualitativo notable con respecto a La batalla, primera novela conjunta de los autores, y se percibe tanto la maduración de su estilo narrativo como la mayor profundidad y complejidad de su universo de fantasía, el mundo de Luna de Leyenda. De la anterior dijimos que no contenía elementos innovadores o sorprendentes con respecto a otras obras de fantasía, pero Los niños desaparecidos ya muestra aportaciones más atractivas y un planteamiento interesante sobre el Bien y el Mal que escapa al habitual maniqueísmo que tanto se le achaca a la fantasía heroica. 

Este segundo volumen recuperar personajes y escenarios del primero, pero el papel de unos y otros refleja cambios bastante sustanciales. El mago Temístocles, el oso Kelhim, el gigante Gorg, el dragón Ragnarig y el príncipe Priwinn volverán a acompañar a Kim, junto con un nuevo amigo, una criatura mutante llamada Cacho, de apetito insaciable, que muda de aspecto: hermoso por el día y horripilante por la noche. Escenarios conocidos como Gorywynn, Caivallon, Morgon o el Barranco de las Ánimas aparecen nuevamente, si bien Luna de Leyenda tendrá un carácter menos físico y más onírico, con un mapa menos convencional: aunque se mantengan muchos de sus elementos previos, ahora son la fantasía y los sueños de cada uno los que conforman su geografía. Tal vez por eso este segundo tomo no incluya ilustración de mapa como el primero. 


También es más manifiesta la influencia de Michael Ende. Por una parte en el estilo narrativo, con los señores Hohlbein ejerciendo más como narradores, implicándose más en el texto. Por otra, por los elementos argumentales y la forma de dar forma a la trama:  Luna de Leyenda se muere, del mismo modo que se moría el mundo de Fantasía de La Historia Interminable, por idéntico motivo, el fin de la magia y de los sueños. Asimismo, los enanos de las montañas y sus hombres de hierro recuerdan en gran manera a los hombres grises de Momo por su papel en la historia y por su simbolismo. 

De modo que el argumento y la atmósfera general de Los niños desaparecidos resultan más maduras que los de su predecesora, pues los Hohlbein ofrecen una historia donde la clásica división Bien-Mal de la Fantasía heroica es una línea difusa y donde los personajes muestran las dos naturalezas, y donde sus motivaciones, propósitos y actos son opinables y hasta repudiables.

Ya no estamos ante un bildungsroman de manual como La Batalla sino ante una historia en la que gran parte de la novela transcurre sin que nos quede claro a qué se enfrentan Kim y sus aliados, ni cuál es el verdadero enemigo. ¿Son los enanos de las montañas? ¿o sus creaciones mecánicas? ¿Son los piratas del río? ¿son los antiguos amigos de Kim, ahora envilecidos? 


Porque ese es uno de los puntos fuertes de este volumen, los claroscuros que muestran los personajes, el endurecimiento de su carácter o incluso la pugna por no caer en el salvajismo (caso de los sufridos Kelhim y Ragnarig). Asistimos a las decisiones duras y cuestionables que toman Priwinn y Gorg, lanzados a una cruzada mecanoclasta contra los hombres de hierro, con la que dañan y perjudican a muchos inocentes; o a los manejos de los enanos de las montañas y en especial de su rey Jarnn, que pueden parecernos repelentes y execrables, y sin embargo no hacen otra cosa que su papel, lo que los habitantes de Luna de Leyenda les han solicitado. Los alineamientos ya no están claros y el desarrollo de los acontecimientos no ofrece una lucha de buenos y malos sino algo más complejo y a mi parecer más interesante. 

Este párrafo define a la perfección lo que los autores querían transmitir con su novela: «[...] Todo parecía estar trastornado y cabeza abajo. El bien se había transformado en mal y ya nadie sabía la diferencia que existía entre lo justo y lo injusto». 

La idea central de Los niños desaparecidos es, a mi modo de ver, muy semejante a la que expuso Michael Ende en las obras citadas: una crítica al utilitarismo, al racionalismo, a la frigidez y aspereza de la vida moderna, a la sociedad industrial (deberíamos decir ya post-industrial) obsesionada con la productividad, el crecimiento y los beneficios económicos a costa del medio ambiente y la salud y felicidad de las personas. Así vemos como la magia de Luna de Leyenda se desvanece a medida que el mundo va siendo invadido por el hierro y por las creaciones metálicas de los enanos de las montañas. Esto afecta tanto al ecosistema como al alma y al corazón de los habitantes, cada vez más indolentes. La desaparición de los niños y su sustitución por seres artificiales es una metáfora de la pérdida de la inocencia de la sociedad tradicional, de su modo de vida y de sus valores.  


Los niños desaparecidos es más extensa que La Batalla, con ciento cuarenta páginas más y un total de veinticinco capítulos (frente a veinte de la anterior), y sin embargo se lee con fruición, pues Wolfang y Heike Hohlbein logran crear intriga con su historia y mantener el interés a lo largo de toda la novela, guardándose hasta el final el misterio sobre los hombres de hierro y el secreto de sus creadores. No esperéis un final álgido, con una gran batalla y espectaculares combates, pues los autores resuelven la conclusión de otro modo, que me atrevo a vaticinar no gustará a los devotos de la fantasía heroica más clásica. 

Cabe destacar que los señores Hohlbein cometen varios fallos de coherencia interna de su universo literario. Por una parte vemos a Priwinn manejando una espada en todo momento, y en un punto de la novela se nos dice que «la espada, la lanza y el arco eran las armas propias de los caballeros de las estepas». Sin embargo, en La Batalla quedaba claro que los caballeros de las estepas luchaban con las manos desnudas y no usaban armas jamás. Por otra, desaparece la «ausencia de duelo» ante la muerte que caracterizaba a los habitantes de Luna de Leyenda, y que era uno de los rasgos principales de ese mundo de fantasía. 

En la parte narrativa, existen también errores de continuidad, como entre los capítulos XVI y XVII, en los que vemos agrupados a personajes que estaban dispersos sin que se explique cuándo se reunieron, o en el capítulo XXI, en el que se usa un Deus ex Machina cuyo origen y motivación no queda aclarado.

Algunas reseñas critican la abundancia de diálogos, lo superfluo de éstos o el exceso de pasajes en los que no predomina la acción (vamos, que no ocurre nada). Cuestión de gustos; yo no he encontrado dichas taras en la novela, aunque tal vez se haga algo extensa para quien busque una lectura juvenil más al uso, más ligera y sencilla.  


Pero con todo creo que las virtudes superan a los defectos. Me ha gustado en especial que el mundo real y Luna de Leyenda estén más relacionados entre sí, con detalles como que Kelhim sea el oso de peluche tuerto de la pequeña Rebeca, que Kim llegue a Luna de Leyenda a través de los sueños de las iguanas de su hermanita o que los hombres de hierro tengan el aspecto de los robots de una película de Ciencia-Ficción que Kim ve antes de volver al mundo fantástico. Todo ello colabora a la idea de que Luna de Leyenda sea en realidad un mundo de sueños, y hace cuestionarse si todas las aventuras están en realidad en la imaginación del protagonista.

Este volumen es autoconclusivo, y aunque requiera la lectura previa de La Batalla para comprenderlo, permite abandonar la lectura de la saga, si bien yo por mi parte comenzaré en breve la lectura de su continuación, Los herederos.

Por último, indicar que la edición castellana de Pearson corrige en gran medida los errores de imprenta que acusaba el volumen previo, quedando apenas uno o dos gazapos sin importancia.

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