3 de septiembre de 2015

Luna de Leyenda: La batalla - Wolfgang y Heike Hohlbein

Rebeca, la hermana de Kim, yace inconsciente desde hace días en un hospital. Su espíritu está en el país de Luna de Leyenda, prisionero del mago Boraas, y Kim es el único que puede rescatarla. 

Luna de Leyenda está en peligro: el ejército de los Caballeros Negros de Boraas domina los desfiladeros de las Montañas de las Sombras y avanza contra el país. La batalla por la ciudad de cristal de Gorywynn parece inevitable y Luna de Leyenda solo cuenta con una esperanza: Kim. 


Publicada en 1982 (para el original en alemán. 2008 para esta traducción al castellano), Luna de Leyenda: la batalla (Märchenmond) es una novela de Wolfgang y Heike Hohlbein, matrimonio de escritores alemanes que tienen en común seis hijos y cerca de doscientos libros. Luna de leyenda fue su primera novela de éxito. Además de como co-autores, ambos tienen sus propias carreras individuales. Con veinticinco millones de libros vendidos, Wolfgang es uno de los autores alemanes más leídos, y posiblemente el principal autor vivo de Fantasía y Ciencia-Ficción en lengua germana. 

La batalla es el primer libro de Luna de Leyenda una tetralogía de Fantasía para el público juvenil que ha vendido cuatro millones de ejemplares en todo el mundo y ha sido traducida a veinte idiomas, entre ellos el castellano, aunque hubiera que esperar veintiséis años para ello.


Ester primer volumen, La batalla, presenta el mundo de Luna de Leyenda, a los protagonistas de la historia, Kim Larssen, de doce años de edad, y su hermana pequeña Rebeca, de cuatro, y a los secundarios que pueblan el universo literario de los autores. Todo comienza en la Alemania de nuestra realidad, en la era contemporánea, en la que Rebeca permanece hospitalizada, sin lograr despertar de la anestesia tras una operación sencilla de apendicitis. Kim, de doce años, recibe la visita de Temístocles, un misterioso anciano de aspecto sabio y bondadoso, que le explica que su hermana se halla prisionera en Luna de Leyenda, y que solo él puede rescatarla.

En Luna de Leyenda (a donde viaja a través de un imaginativo medio), Kim se encuentra un mundo en guerra, entre las fuerzas del Mal del hechicero Boraas y su ejército de caballeros negros, y las fuerzas del Bien representadas por diversos reinos como Gorywynn o el País de las Estepas, cuya capital es Caivallon. Kim resulta ser el profetizado por un Oráculo para salvar Luna de Leyenda de la destrucción. Para ello, emprende una odisea con destino al Castillo del Fin del Mundo, donde espera encontrar al Rey del Arco Iris, para lo cual debe atravesar primero el Barranco de las Ánimas y superar un paso custodiado por el Gusano con Garras. Todo ello mientras es perseguido sin descanso por los caballeros negros de Boraas, a cuyo frente se halla el temible Lord Negro. En su periplo estará secundando por Grog, un gigante armado con una maza; Kelhim, un enorme oso parlante; Priwinn, el joven príncipe del Pueblo de las Estepas; Ado, un humanoide anfibio, hijo del Rey de la Ciénaga; y Rangarig, un gran dragón dorado.

Así, la trama y el escenario son los que hemos visto infinidad de ocasiones en otras tantas historias de Fantasía, porque se ajusta al esquema de El viaje del héroe o El héroe de las mil caras que postuló Joseph Campbell, que los asiduos al blog me habéis oído citar siempre que comentamos una obra de Fantasía Heroica. El hecho diferencial de la novela de los Hohlbein llega al final de la misma, en el que la ansiada e inevitable batalla entre el Bien y el Mal se resolverá de una manera atípica, y de un modo que me atrevería a decir que desconcertará y/o descontentará a muchos. Pero que tiene el mérito de reflexionar, tanto a la conclusión como a lo largo del texto, sobre la dualidad de todos nosotros, personas que albergamos por igual, y en delicado equilibrio, el Bien y el Mal en nuestro interior.


El desarrollo de la trama es ameno, con un estilo y un lenguaje sencillos, si bien la narración de los Hohlbein es bastante detallista al describir acciones y escenarios, por lo que el texto se prolonga hasta las cuatrocientas treinta y siete páginas. Para un lector o lectora de doce años, edad a partir de la cual se ha enfocado este libro, puede resulta un poco extensa. 

Narrada en tercera persona por un narrador omnisciente, se divide en veinte capítulos numerados con guarismos romanos. El narrador no se recrea en su papel, apenas ejerce, dejando que sea la propia acción, y sobre todo los numerosos y amplios diálogos, los que hagan avanzar la trama. Se observa autoridad narrativa, sin improvisaciones ni hilos sueltos, y se percibe que los señores Hohlbein mantienen la lógica interna del mundo de fantasía que han creado.

Este mundo, en el que existen la magia, las criaturas fantásticas y los animales parlantes, es una utopía a la que se puede llegar desde el nuestro, a través de un camino diferente para cada uno (en el caso de Kim, una astronave de juguete que en su imaginación se vuelve real), y del que sorprende la naturalidad con la que todos sus habitantes sin excepción asumen el hecho de la muerte, sin llorar o lamentarse por los fallecidos. Esta cuestión se trata varias veces en el texto, por su contraste con nuestro mundo real, y son varios los personajes secundarios allegados al héroe que se sacrifican para que éste pueda alcanzar su objetivo. Siendo un libro juvenil, los autores han preferido que estas muertes sean poco explícitas u ocurran "fuera de plano".


Por mi parte, sin hallar la narración apasionante hasta quitar el aliento, encontré momentos de emoción y para la épica, y destacaría el diseño de los personajes, muy cuidados por parte de los autores. El gigante Gorg y el oso Kelhim, sencillos y noblotes, siempre discutiendo pero amigos inseparables. El mago Temístocles, que en su primer encuentro se presenta a Kim como «también soy Gandalf, Merlín, el Hombre en la Luna, si eso es lo que quieres. Me han dado muchos nombres, y todos me parecen bien"Priwinn, el joven, noble y valiente príncipe de los Hombres de la Estepa, que a mí me recuerda sobremanera a Atreyu de "La Historia Interminable». Ado y su padre El Rey de la Ciénaga, personajes crepusculares que mueven a compasión. Y el socarrón y sarcástico dragón Rangarig, que deja uno de los momentos más heroicos de la novela. 

Luna de Leyenda, el universo imaginario en el que transcurre de los señores Hohlbein, parece reunir características de otros mundos fantásticos que tan bien conocemos: un poco del Narnia de C.S. Lewis, algo de la Fantasía de su compatriota Michael Ende, y otro poco de la Tierra Media de Tolkien, a la que su mapa recuerda por distribución y concepto, con Morgon ocupando el lugar de Mordor, las Montañas de las Sombras y sus desfiladeros haciendo lo propio con Moria y las Montañas Nubladas; y con Caivallon en el lugar de Minas Tirith como primera línea de defensa ante las fuerzas del Mal. 

 En la edición de Pearson el mapa está en castellano, pero me ahorré el escaneo [fuente]

Para quien ha leído mucha Fantasía es difícil encontrar ideas especialmente originales en Luna de Leyenda, aunque no deja de tener muestras de talento y detalles interesantes. Las escenas de acción están bien narradas, con claridad, tanto los combates como las huidas y persecuciones. El estilo del matrimonio Hohlbein (lo siento, no sé de qué parte se encarga cada uno) es muy visual, y las escenas multitudinarias (los movimientos de tropas del populoso ejército de Booras o la batalla final) transmiten la grandiosidad que persiguen. Las descripciones son detallistas sin caer en el exceso de adjetivación, y ofrecen la imagen que esperamos de un mundo de fantasía heroica, en especial los castillos que aparecen en la historia, construidos en cristal como Gorywynn, en hielo como el de los Gigantes Guardianes del Mundo, o incluso en pura luz, que parecen sacados de una portada de un álbum del Power Metal germano que tanto gusta a Wolfgang Hohlbein. 

Tal vez por la época (1982) Luna de Leyenda tiene un carácter notablemente masculino, siendo varones todos los personajes del mundo fantástico, con la excepción de Rebeca, cuya aparición en la trama es mínima. Algo que se compensará a lo largo de la saga, pues Rebeca será protagonista del último volumen, titulado La maga. Dejando aparte esa cuestión, resulta una lectura adecuada para el público juvenil, y diría que a muchos lectores adultos les chirriará su final demasiado feliz, pero esto es una cuestión de gustos y tampoco voy a desvelar mucho más. 

En resumen, Luna de Leyenda: la batalla es una obra entretenida, correcta sin llegar a ser sobresaliente, para leer con complicidad y sin un elevado nivel de exigencia. Además, es autoconclusiva y deja la historia cerrada, por lo que no requiere continuar con los tres volúmenes restantes de la tetralogía, (aunque yo personalmente lo haré para llegar a La maga, considerado por muchos el mejor de los cuatro libros). 

"Luna de Leyenda: el musical"

La edición:

Normalmente no me paro mucho en este tema, pero en este caso es necesario. La edición de Pearson Educación es curiosa. Por una parte es a todo lujo: encuadernada en tela, papel de calidad, páginas de cortesía en cartulina negra, sobrecubierta plastificada y título en tinta brillante. Pero por otra tiene numerosos errores tipográficos y no incluye información sobre los autores ni la obra. Las solapas de la sobrecubierta ¡vienen en blanco! Se hubiera agradecido un perfil de los autores y una breve introducción a la saga, aunque fuese el habitual texto triunfalista para resaltar su magnitud en ventas y lectores. En conjunto es una edición muy bonita y es una satisfacción ver los cuatro tomos en el estante, pero se queda un tanto deslucida por detalles que una editorial tan grande no debería descuidar.

El musical:

En 2014 se estrenó un musical para todos los públicos, con música de Christian Gundlach, que se representó en el Naturbühne Hohensyburg de Syburg, en Dortmund. Puede escucharse completo en Spotify.


Los Hohlbein tienen una página web (en alemán) con información sobre los tres escritores de la familia, pues su hija Rebecca tiene su propia carrera literaria. Wolfgang tiene también página en Facebook (en alemán también). Entre otras cosas, resulta llamativo que Wolfgang Hohlbein es un gran aficionado a la música Heavy Metal como ya dijimos, y ha colaborado con grandes bandas metaleras de su país, con letras y con ideas para álbumes conceptuales.

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