6 de agosto de 2015

Empieza el calor - Chester Himes

Sinopsis: Los detectives «Ataúd» Johnson y «Sepulturero» Jones tienen que atrapar a dos delincuentes que han huido. Como se trata de dos fugitivos de aspecto llamativo, uno es un gigantón albino y el otro un traficante enano, parece que a priori la misión que no reviste grandes dificultades para dos curtidos policías como Johnson y Jones, que conocen las calles de Harlem perfectamente. Sin embargo, en aquel lugar las cosas nunca son tan sencillas como aparentan. En medio de un calor sofocante, el caos está a punto de desatarse, porque en alguna parte del barrio hay un cargamento muy valioso del que todos quieren sacar provecho, aunque sea a costa de perder su vida. El Harlem que conocemos a través de las páginas de Chester Himes es violento y peligroso, pero también fascinante e hipnótico. La delirante galería de personajes con los que tienen que codearse los detectives «Ataúd» Johnson y «Sepulturero» Jones en Empieza el calor hacen del barrio neoyorkino un universo único, casi irreal, por el que es inevitable sentirse seducido.


Título: Empieza el calor (The Heat's On). También se tradujo como "Cuando el calor arrecia" "Cuando el calor aprieta"

Autor: Chester Bornar Himes, al que algunos consideran el escritor de raza negra más importante hasta el momento. En KindleGarten ya hemos visto otras obras suyas

Año de publicación: 1966

Género literario: Novela negra, hard-boiled, pulp, detectivesca, policíaca, thriller, intriga.

"Empieza el calor" es la séptima novela de la serie Harlem Cycle o Harlem Detective (la octava si contabilizamos "Corre, Hombre"), y por supuesto vuelve a estar protagonizada por los detectives Ed Coffin Johnson y Grave-Digger Jones, más conocidos por el público hispanohablante como Ataúd Ed y Sepulturero, nombre que reciben en la traducción para RBA Serie Negra que veremos aquí. 


Personalmente, creo que Chester Himes es a la literatura lo que Sam Peckinpah al cine: la muestra de que la violencia puede ser una forma de arte y tener su propia plástica, belleza y expresividad. Tras siete entregas de su ciclo de Harlem podría pensarse que la saga se estancaría y comenzaría a hacerse repetitiva, pero nada más lejos de ello. "Empieza el calor" lleva un escalón más alto todo lo que caracteriza el universo literario de Himes: aún más violenta, más dura, más sórdida, más vertiginosa y más esperpéntica.

En esta ocasión, Himes enfrenta a sus dos campeones, Ataúd y Sepulturero, a la mayor destructora de personas y valores que existe, responsable de desestructurar y deprimir comunidades enteras: la heroína. Y si hay algo con lo que los dos detectives negros tienen tolerancia cero es (además de con la corrupción policial) precisamente con las drogas, camellos, traficantes y consumidores.

En esta entrega, llegaremos a temer también por los dos protagonistas, viéndolos por primera vez apartados del servicio policial por la brutalidad de sus métodos. Tras golpear en el estómago a Jake, un camello de raza blanca (el texto usa la palabra pasador) para hacerle vomitar las dosis que se había tragado y evitar que le detuvieran en posesión de ellas, éste muere en el hospital, llevando a los superiores de Ataúd y Sepulturero a suspenderlos de empleo y sueldo mientras todo se aclara.


La novela ofrece aquí, en boca de los detectives, su descripción más cruda de todo lo que la heroína supone, y ejemplifica la diferencia de criterio entre éstos y la sociedad biempensante:


"—¿Y quién mete el caballo en la sangre de la víctima? —se enardeció Sepulturero—. ¡El camello! Él es quien vende esa basura. Él establece el contacto personal. La crea el hábito. Él es el hijo de puta que los engancha. Los mira a la cara y les pone el veneno en las manos. Los ve pasar de lo dulce a lo amargo, contempla cómo se van pudriendo. Los obliga a robar, matar, convierte en furcias a las muchachas para que se consigan el dinero para las dosis. Prefiero a un asesino común, por más violento que sea."


Chester Himes muestra asimismo su reflexión más amarga sobre el racismo imperante en el grueso de la sociedad estadounidense en general y en la Policía en particular:

"—Y todo por culpa de un pasador hijo de puta —le dijo Sepulturero a su amigo, el teniente Anderson, una vez que se encontraron bajo el resplandor del sol.
—Es la fuerza de la prensa. Padecemos la acostumbrada escasez estival de noticias. Todo se sabrá —lo consoló el teniente Anderson—. Los periódicos han emprendido una de sus acostumbradas campañas humanitarias. No te preocupes. No pasará nada.
—Psé, humanitarias —dijo amargamente Sepulturero—. Está muy bien matar un puñado de negros porque tratan de conseguir una educación para sus hijos, pero no se te ocurra reventar a una basura blanca que vende droga.
El teniente Anderson hizo una mueca. Por más acostumbrado que estuviera a las observaciones raciales de sus dos detectives, aquélla no dejaba de dolerle."


Los secundarios enredados en la trama de "Empieza al calor" se mantienen en la línea esperpéntica de esa corte de los milagros que es Harlem: Pinky, un gigantesco negro albino, ex-boxeador, discapacitado intelectual y heroinómano. Jake, el camello aquejado de enanismo que muere tras ser golpeado en el estómago por los detectives (pero que en la autopsia muestra muchas otras contusiones, entre ellas patadas y pisotones). La Hermana Celeste, una timadora que vende drogas y hace "curaciones por fe". El Tío Santo, su ex-amante, chófer y compinche, un viejo estafador con habilidades de ventriloquia. Gus, el portero y su novia Ginny, dueños de una enorme perra llamada Sheba, que compran una plantación de cacao en Ghana a un curioso tipo conocido como El Africano... 

Como es habitual en las tramas del ciclo de Harlem, todos estos personajes mantienen dobles juegos, se engañan entre sí, se mienten y mienten a la Policía, se persiguen, van y vienen por Harlem, huyen, se ocultan, esconden o destruyen objetos y pruebas... en esta ocasión el premio gordo es un cargamento de heroína, cuya búsqueda se cobra doce muertos, en una vorágine de violencia explícita que cuenta con tiroteos, cuchilladas, una caja de caudales explotando por el aire y esparciendo restos humanos y animales a cientos de metros. y hasta el degollamiento y destripado de un perro, en uno de los momentos más estomacantes y truculentos de la novela.

La violencia es total, y los protagonistas no son ajenas a ellas. En entregas anteriores de la serie hemos visto que, aunque los dos policías sean dos motherfuckers cafres, rocosos y expeditivos, Sepulturero es la voz de la cordura en la pareja y tiene una cierto ascendente sobre Ataúd, que es el más irascible, el que pierde los papeles con más rapidez y el más irreflexivo de los dos. Con Sepulturero fuera de juego por cuestiones de la trama, Ataúd emprende un periplo por Harlem, armado hasta los dientes y sin licencia de policía, más desquiciado, brutal y salvaje que nunca, en el que arrasará cuanto pille por delante, sean camellos, proxenetas, prostitutas en activo o retiradas, policías corruptos, matones o simples golfos de la calle, cualquiera que pueda darle información que le conduzca a la resolución del caso.  


"Empieza el calor" posee una narración muy explícita, sin veladuras, lo que incluye la presencia de las drogas, con varias escenas muy gráficas de consumidores preparando y administrándose dosis de heroína, cocaína y speedball (mezcla de ambas). 

El ambiente y la atmósfera son igualmente explícitos y violentos, por la sordidez y aspereza que Himes logra. Es como si la mugre y la humedad de los escenarios sudase por las páginas del libro. Pero como ya dije, paradójicamente es un estilo muy expresivo, muy plástico, hasta hermoso a su manera. Por alguna razón que no sé ni puedo explicar, párrafos como este resultan evocadores:

"Hizo que el chófer la llevara a un mísero hotel de la Calle 125, a cien metros de la estación de tren, y la esperara mientras ella entraba.
Una puerta de vidrio torcida sobre sus goznes se abría a la lóbrega entrada de una sala estrecha, con suelo de linóleo gastado y paredes descascaradas; el aire olía a orina de hembra, sudor de puta, vómito rancio y perfume barato. Lo que quedaba del empapelado estaba cubierto de graffiti que hubieran hecho ruborizar a los vendedores de postales obscenas de Montmartre."

Parte de la atmósfera procede del calor al que hace referencia el título. Si "Todos muertos" transcurría en febrero, durante el gélido invierno de Harlem, "Empieza el calor" lo hace durante un sofocante verano, cuya temperatura asfixiante parece trastornar a los personajes y afectar a los escenarios. 

La novela se divide en veinticuatro capítulos breves, y como el resto de la serie tiene un ritmo de lectura muy rápido, endiablado, tanto por el estilo de Himes como por la sucesión de acontecimientos que apenas dejan  respirar. Cuenta con varios McGuffin circulando a la vez, y no será hasta bien entrada la trama que sepamos cuál es en verdad el gran asunto. Crea intriga y captura el interés de manera que no se puede abandonar la lectura hasta conocer el desenlace de una historia emocionante y alocada a partes iguales, tanto por los pintorescos personajes que la pueblan como por un argumento que excede los límites de Harlem e involucra a los traficantes internacionales de heroína y a la Policía del Tesoro de los USA.


Comentar por último que Chester Himes refleja en su libro (y en el conjunto de su obra) el racismo imperante en los Estados Unidos de su época, pero no es victimista ni revanchista. Como autor, Himes muestra la realidad como un cronista, sin opinar ni reflexionar sobre ella. No hay ensañamiento ni rencor en párrafos como estos, solo el amargo reconocimiento de un hecho: 

"—Se creyeron que el viejo negrito era manso —murmuró.
Dentro de él se produjo un cambio sutil. Volvió a ser el legendario Tío Tom, el viejo negrito imbécil, el bufón del hombre blanco, la obsequiosa mascota de cabello blanco y mente vacía."

"—Estoy buscando a Joe —dijo Pinky, agachando la cabeza y retrayéndose como un subnormal para borrar las sospechas del guardia.
Como todos los individuos de color, Pinky sabía que si se comportaba lo bastante estúpidamente, un hombre blanco normal lo consideraría un idiota inofensivo."

Digamos que no intenta moralizar sobre la iniquidad que padecen los vecinos de Harlem, y por extensión todos los ciudadanos negros de los Estados Unidos, sino mostrar al natural, con toda su crudeza, la exclusión, la desigualdad, la exposición al hampa y al crimen, la sordidez y la miseria física y moral entre la que sobreviven los habitantes del barrio, algo que sin duda fue suficiente para llamar la atención del lector de su época hacia una situación y una realidad sobre las que tal vez no hubiese reflexionado. 

"Empieza el calor" es, en resumen, una lectura adictiva e intrigante a más no poder, y una muestra significativa tanto de la novela negra estadounidense como de un autor cuyo Harlem Cycle inspiraría en los años 70 las violentas y erotizadas producciones de la blaxplotation, protagonizadas por detectives negros como Shaft, Coffy o Cleopatra Jones.


Enlaces de interés:

Artículo sobre Chester Himes en Apaga la luz

Artículo sobre Ataúd Ed y Sepulturero en Detectives de libro

Ficha del libro en RBA Serie Negra

Conversación sobre "Empieza el calor" en ¡¡Ábrete Libro!!

Reseña en Lecturas Errantes


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2 comentarios:

  1. Tengo una gran deuda con este gran escritor que gracias a ti tuve el gusto de conocer. Veré si encuentro pronto un libro suyo para disfrutarlo.

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    1. Yo por mi parte tengo la intención de completar su "Harlem Cycle", Elwin, del que me faltan dos novelas: "Un real asesinato" y la póstuma "Plan B", si bien creo que la segunda aún no está disponible en castellano.

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