7 de julio de 2015

Camino del aire - Martín Ortega Carcelén

Un grupo de niños, alumnos de un exclusivo colegio privado de Madrid, se escapa un día sin previo aviso, poniendo en jaque a los adultos, y movilizando a las fuerzas de seguridad del Estado y al mismo Gobierno, en una aventura de trasfondo ecologista que reflexiona sobre el papel de la familia y el rol de padres e hijos en la sociedad actual. 


Publicado en 2015, Camino del aire es una novela de Martín Ortega Carcelén. Escribe ficción, poesía y ensayo. Doctor en Derecho Internacional, es profesor en la universidad Complutense, fue director de área del Ministerio de Asuntos Exteriores y participa activamente en instituciones y foros de debate públicos sobre relaciones internacionales y derecho global. Publica artículos de opinión en prensa e interviene a menudo en tv y radio en calidad de experto. Camino del aire es su segunda novela. 

Combina elementos de diversos géneros, desde el humor hasta el costumbrismo, pues realiza un retrato de la sociedad contemporánea y de las relaciones familiares actuales con una mirada irónica. Puede verse como una novela de Aventuras, y en conjunto es una historia amable y optimista, apta para el público juvenil. Camino del aire está protagonizada por niños, pero no es solo un libro infantil. Creo más adecuado calificarla como una novela grata, que puede gustar a un público muy amplio, y que posee un doble nivel de lectura, pues un lector adulto y otro infanto-juvenil tendrán diferentes experiencias de lectura de la misma.


Los niños y niñas de los 80 crecimos con historias protagonizadas por niños avispados e intrépidos que corrían emocionantes aventuras mientras ponían en jaque a los mayores, resolvían misterios, encontraban valiosos objetos extraviados, burlaban agencias gubernamentales o ayudaban a la policía a arrestar bandas de contrabandistas y falsificadores de moneda. Colecciones de libros como Los Cinco, Los Siete Secretos, Los Hollister, Puck, Los Tres Investigadores o Guillermo el Travieso, películas estadounidenses como E.T.Los Goonies o Exploradores, e incluso subproductos patrios como La guerra de los niños o La rebelión de los pájaros.

Si algo tenían en común todos estos ejemplos, era que los niños eran protagonistas absolutos, focalizando toda la atención, mientras que los adultos eran meras comparsas sin mayor función que servir de vehículo a la historia. Del mismo modo, las aventuras solían partir de reacciones espontáneas de los pequeños protagonistas ante situaciones inesperadas o excepcionales.

Estos dos factores son los que distinguen Camino del aire de la clásica «historia con niños». Por una parte, la repartición del protagonismo entre niños y adultos por igual, resultando en una novela coral donde ningún personaje destaca sobre los otros, siendo menores y mayores dos personajes colectivos de gran solidez. Por otra, el hecho de que el grupo de pequeños inicie su aventura a partir de una decisión largamente meditada y consensuada, no como reacción impulsiva a un hecho incidental. 

Madrid, con su boina de contaminación, presente en la novela [fuente]

Como vamos a ver, la novela del doctor Ortega Carcelén puede definirse, por su planteamiento y por su desarrollo, como un bildungsroman o novela de aprendizaje. Esto es, cumple el esquema del Héroe de las mil caras de Joseph Campbell, con la peculiaridad de que nuestro héroe de hoy es un grupo de veinte individuos. 

La historia es la siguiente: Un buen día, y tras planearlo durante casi un mes, un grupo de veinte niños y niñas, de once años de edad, del Colegio del Buen Suceso, un centro educativo privado de Madrid, se escapa con el propósito de dirigirse al Valle del Jerte, en Extremadura, siguiendo las indicaciones de un libro, escrito por su profesor de Conocimiento del Medio, el ecologista Federico Pyñeiro, fallecido un mes atrás. Su desaparición pone en alerta a sus padres y al personal educativo, y moviliza a la Policía Nacional, que va aumentando la espiral para implicar al Gobierno y a los medios de comunicación nacionales, hasta que el caso de los menores fugados se convierte en un asunto de interés para el público español al principio e internacional más tarde, que siguen las evolución de los acontecimientos a través de televisión, radio e Internet.

La odisea de los pequeños permitirá a Martín Ortega retratar con ironía diversos tipos de nuestra sociedad, en un ejercicio de costumbrismo cargado de reflexión y con un punto de crítica. El centro donde estudian los pequeños protagonistas es un colegio privado de élite, y entre sus progenitores se encuentran políticos de PP y PSOE (la novela transcurre durante un hipotético gobierno del segundo), un gran empresario del Ibex35 (aquí llamado Libex), una abogada de prestigio, un trasunto de Antonio Banderas, una directora de hospital, el director de una canal televisivo privado, el vicepresidente del Real Madrid, un escritor y diplomáticos de Francia, Reino Unido y Senegal. 

El  extremeño Valle del Jerte es famoso por sus cerezas. La imagen de
sus cerezos en flor es también un reclamo turístico de primer orden. 

Así, veremos tanto las diferentes reacciones de los padres ante la aventura de sus hijos e hijas, y los diversos modos de pensar y actuar de unos y otros. Desde los que se vuelcan por completo en encontrar a los pequeños dejando de lado cualquier otro asunto, pasando por los que proceden con mayor tibieza, hasta los que no abandonan su trabajo y obligaciones y ni tan solo salen de Madrid. De igual modo, Martín Ortega muestra los intereses partidistas que la política da al suceso, la instrumentalización que del mismo hace el Gobierno, y el papel morboso e interesado de los medios de comunicación, verdaderos responsables de que la escapada de los veinte niños y niñas pase de simple travesura infantil a fenómeno de alcance internacional. 

Martín Ortega se vale de un humor fino, sutil, para su retrato social, y deja en manos del lector interpretar y valorar las escenas y situaciones que presenta. Antes dije que adultos y jóvenes recibirán impresiones diferentes de la novela, y resulta llamativo, a la hora de presentar a los padres y madres de los pequeños, cómo muchos de ellos, en su convivencia forzosa, terminan congeniando mejor con otros que con sus respectivas parejas, presentándose galanteos y momentos de complicidad que apuntan que todos los implicados, y no solo los pequeños aventureros, saldrán transformados al finalizar esta historia. 

Porque en el fondo, y como todo bildungsroman, Camino del aire es un relato sobre la transformación y el crecimiento personal, pues al viaje físico le acompaña un viaje espiritual, un proceso en el que los niños y niñas protagonistas madurarán y se convertirán en adultos muy distintos a los que serían de no emprender su fuga y vivir su aventura, su viaje del héroe.  

Cabezuela del Valle es uno de los pueblos del Valle del Jerte por los que
transcurre la novela, en la que también aparecen, como no, las cerezas [fuente]

Camino del aire está dividida en veintiocho capítulos intitulados y de extensión desigual, y narrada con un estilo sencillo y muy claro, muy expositivo, que como curiosidad alterna los tiempos pasado y presente. Las escenas narradas usando el presente tienen un cierto aire de acotaciones teatrales, de manera que el texto resulta muy visual y permite ubicar con facilidad personajes y escenarios. Martín Ortega ha optado por emplear descripciones breves y someras, con una economía de medios y un estilo utilitario en el que preponderan la claridad de lectura y el tono ligero. Pese a ello, se permite ciertas escapadas líricas, ofreciendo algunos párrafos de gran belleza, en especial a la hora de describir el paisaje del Valle del Jerte en momentos como la salida o la puesta del sol: 

«La aurora de rosados dedos nunca ha tocado el pueblo de Jerte. En el fondo del valle el amanecer es incierto porque el sol está entretenido escalando las cimas del otro lado de Gredos, mientras las últimas sombras perezosas se detienen a remolonear en la angostura [...]»

Estos pasajes son como pequeñas pinceladas que dan belleza al texto sin distraer al lector de la narración principal, y enriquecen la novela:

«Quedan unos metros para coronar la altura y todas las caras se enfocan hacia la media luna del collado que se abre cada vez más prometedora, más coqueta, menos niña y más extensa.»

Río Jerte

La lectura de Camino del aire resulta, como dijimos, agradable, amable, reconfortante. Es una historia vitalista, en la que se contrasta la inocencia inicial de los pequeños con los recursos que despliegan en su aventura, la naturaleza siempre cambiante con la gris rutina de Madrid, la vida sencilla del campo frente a la aparatosa vida en la ciudad, el aire límpido y transparente del Jerte (que da título a la novela) con la asfixiante contaminación de la capital. 

Su carácter coral permite al autor, que resuelve con oficio la difícil tarea de manejar un reparto muy nutrido, mostrarnos que los niños y niñas, independientemente de su extracción social o del colegio al que acudan, siguen siendo niños y niñas. Están los estudiosos, los problemáticos, los modosos, los retraídos, los extrovertidos, los enmadrados, los de inquietudes artísticas, los que se refugian en los videojuegos, los que solo piensan en el fútbol... El doctor Ortega Carcelén nos invita a reflexionar tanto sobre los roles de género como sobre las relaciones familiares en la actualidad, más distantes o más estrechas, y sobre las expectativas que papás y mamás depositan en sus descendientes y lo que de ellos esperan.

En su retrato de la infancia, Martín Ortega ha optado por el verismo, y manteniendo la voz narrativa del resto de la novela les dota de una voz coloquial, creíble, lejos de tópicos y expresiones estereotipadas. Con ello logra que nos caigan en gracia, que desarrollemos empatía y complicidad con este extenso grupo de pequeños aventureros y aventureras, que disculpemos sus tropelías (timar a unos turistas americanos o apedrear un coche de la Guardia Civil con judiones) y sigamos con interés su odisea de propósito ecologista.

Comentar también que resulta divertido ir estableciendo paralelismos entre los personajes y entidades (empresas, canales privados de televisión) que aparecen en la novela y sus homólogos en nuestra España real, y reconocer la ironía y el humor con el que el autor los trata. Además, como regalo a todos los amanecistas, el profesor Federico Pyñeiro homenajea al entusiasta maestro (rural, solo rural) de Amanece que no es poco, que incluso, como recuerda una de las niñas, enseñó anatomía a los protagonistas con la canción de la película:



En palabras de su autor, esta novela es una fábula, la persecución de un sueño por parte de un grupo de niños y niñas, y es por su desarrollo una road movie, pues transcurre en gran parte en la carretera, con menores y adultos desplazándose de Madrid hasta Jerte en una persecución divertida, salpicada con incidentes curiosos, que Martín Ortega aprovecha para ofrecer retazos de esa España de los caminos que nuestra literatura viene retratando desde"El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Camino del aire es, en resumen, una historia afable, optimista, de tono ligero, narrada con un estilo sencillo y diáfano que sabe ser evocador cuando es necesario, que nos habla de crecimiento personal y de educar en valores, y que nos reconcilia con el mundo a través de un mensaje esperanzador y lleno de confianza en el futuro que representan nuestros niños y niñas.




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