7 de mayo de 2015

Los amos del tiempo - Wilson Tucker

En plena Guerra Fría, un detective bastante particular es solicitado para un trabajo no menos particular: encontrar a la mujer desaparecida de un importante científico nuclear. Detrás de este caso se halla el secreto del desarrollo de la humanidad, y el papel en ella de un grupo de extraterrestres responsable de los grandes avances y logros de nuestra especie.


Publicada en 1953, Los amos del Tiempo (The Time Masters) es una novela de Arthur Wilson Bob Tucker. Escritor y editor de fanzines estadounidense, alguno tan longevo como The Planetoid (desde 1938 hasta 2001). Promotor del término Space Opera, estuvo muy vinculado al fandom de la Ciencia-Ficción, organizando o participando como ponente, presentador o moderador en numerosos eventos y convenciones del género. Ganó un Hugo y dos retro-Hugo, siempre en la categoría Fan. Wilson Tucker siempre se consideró un escritor aficionado, y nunca abandonó su profesión de electricista teatral. 

Es una novela de Ciencia-Ficción dura clásica, perteneciente a la llamada Edad de Oro. Es una historia de Anticipación, porque se ubica en un futuro próximo, mostrando avances tecnológicos inexistentes cuando fue escrita. Tiene el desarrollo propio de una novela detectivesca y de intriga, pero manteniendo el trasfondo de Ficción Científica.

Los amos del tiempo está considerada, como el resto de la producción de Wilson Tucker, una obra menor de la Ficción Científica. Pero veremos que es una historia muy entretenida, de fácil lectura, y un buen ejemplo de los temas y preocupaciones del género durante la Edad de Oro. 


Es una novela breve, y lo primero que llama la atención de ella es su carácter pulp clásico, popular, mostrando muchos elementos propios del noir, género con el que la Ciencia-Ficción compartió origen (las revistas pulp y las ediciones baratas paperback) y espacio en las estanterías de kioskos, gasolineras y droguerías. 

Así, el protagonista, Gilbert Nash, hace el papel de detective duro, cínico y descreído, mientras que su antagonista Carolyn Hodgkins, representa a la mujer fatal, fría, calculadora, que se vale de su belleza y su personalidad para lograr sus objetivos de manera implacable.

De telón de fondo, la Guerra Fría, las oscuras agencias gubernamentales y la carrera atómica entre las superpotencias. 

Pero el Prólogo nos deja claro que Los amos del tiempo es una novela de Ciencia-Ficción. En él asistimos al accidente sufrido por una nave espacial, que explota al chocar con un meteorito, y cuyos escasos supervivientes, flotando en el espacio, logran refugiarse en un planeta cercano, en el que no se observan indicios de civilizaciones, y que resulta ser el nuestro. 

Ya en el presente, conocemos a Ray Cummings, responsable de una agencia de seguridad nacional estadounidense, que está sobre la pista de Gilbert Nash, sujeto sospechoso por haber aparecido de la nada, carecer de un historial rastreable y, por encima de todo, adelantarse a todos sus movimientos.


Gilbert Nash se ha establecido como detective en Oak Rigde, una pequeña población que acoge un centro de investigaciones nucleares de alto secreto, heredera del Proyecto Manhattan, responsable de la bomba atómica. Para Wilson Tucker, la ingeniería nuclear se centra en la carrera espacial, no en la escalada armamentística que llevó al mundo de la Guerra Fría a la paranoia. 

Y así comienza la trama: Nash recibe la visita de Hodgkins, un brillante científico nuclear, que le cuenta que Carolyn, su mujer, ha desaparecido sin dejar rastro, y le encarga que la encuentre. A través de la investigación de Nash, que sigue el esquema habitual de la novela detectivesca, descubrimos que Carolyn era un mujer con un don muy especial: la telepatía a través del contacto, de manera que obtenía de su marido todos sus conocimientos sobre física nuclear y estaba al día de los avances de su trabajo. Enseguida veremos el motivo.

Esto nos lleva al verdadero eje central de Los amos del tiempo, un tema que ha fascinado desde siempre a los amantes de lo sobrenatural, la ufología y las teorías de la conspiración: la posibilidad de que los humanos hayamos logrado nuestro desarrollo cultural gracias a seres extraterrestres, e incluso que estos alienígenas hayan sido nuestras divinidades.

¿Recordáis la nave accidentada del prólogo y a sus supervivientes? A lo largo de la novela sabremos que tanto Gilbert Nash como Carolyn, junto a otros seis miembros más de la tripulación, han vivido entre nosotros desde la noche de los tiempos, hace más de ocho mil años, y que su interacción con nuestros antepasados ha permitido el desarrollo de la escritura, la tecnología, la medicina, las ciencias... y que en efecto fueron erigidos en héroes y dioses de diferentes culturas a lo largo de la historia de la humanidad.


Estos alienígenas son inmortales solo mientras consuman un tipo de agua muy especial, que se cita en diversas leyendas, y que en nuestra época toma forma de óxido de deuterio, o lo que es lo mismo, agua pesada, uno de cuyas aplicaciones principales es la industria nuclear, y lamentablemente su vertiente armamentística.

Así, Wilson Tucker nos muestra que Gilbert Nash es en realidad Gilgamesh, el rey y héroe divinizado mesopotámico, en cuya epopeya se cita por vez primera el mito del diluvio universal. Por su parte, Carolyn ha jugado el papel de diosa en diferentes culturas, siempre de modo manipulador e interesado, llegando a eliminar a otros supervivientes de la nave con tal de lograr su objetivo de regresar a su planeta. Por ello su interés en los conocimientos científicos de su marido y sus contactos con la industria nuclear a lo largo del siglo XX, desde la Alemania nazi hasta los Estados Unidos. La escena final, con ambos enfrentados cara a cara y poniendo las cartas sobre la mesa, parece sacada de una novela negra hard-boiled, aunque Tucker se reserva una última gran broma, una humorada que hace pensar en el karma, la justicia poética y cuestiones similares.

No es la única muestra de sentido del humor del autor, que sin escribir una comedia, sí muestra momentos divertidos, jugando con cuestiones históricas (Nash comenta a Carolyn, a propósito de su papel como diosa en diversos pueblos antiguos: «¿Sabes que en mi biblioteca tengo un grabado pornográfico en el que has quedado muy bien?»), con los estereotipos de la novela negra, como la dispuesta y voluntariosa pero ingenua Señorita Hoffman, secretaria de Ray Cummings, o a través de diálogos llenos de ironía, y que ofrecen también detalles sobre las relaciones de género de la época:

«—¿Dónde piensa invitarme a cenar?
—¡Qué precocidad! Primero alimentarlas, después emborracharlas y por último llevarlas a ver grabados… —Festejó su chiste con una carcajada que hizo volver la cabeza a los transeúntes mas inmediatos. La tomó del brazo—. ¿Sabe cocinar?
—Naturalmente. Pienso casarme algún día.
—Vamos a mi casa y practicaremos.
—¿Con la cocina o con el casamiento?
—¡Señorita Hoffman! —retiró la mano de su brazo, aparentemente molesto.»


Tucker transmite también su interés en la carrera espacial, por entonces embrionaria, en la que anticipa el uso de la energía nuclear en el lanzamiento de cohetes, pues «los combustibles líquidos, por mas potentes que fueran, jamás lograrían realizar el milagro», y por cuestiones históricas y relativas a las culturas antiguas, incluyendo temas como las celebraciones religiosas en torno a los toros de la Antigua Grecia, la Epopeya de Gilgamesh, o el mito de Ut-napishtim y el diluvio, después cristianizado a través de Noé.

Todo ello narrado con un estilo simple pero correcto, en el que destacan los diálogos, que resultan muy naturales. Wilson Tucker sería un aficionado, pero como buen fan, amaba lo que hacía, y el resultado es una novela muy entretenida, con una interesante mezcla de estilos y con una extensión adecuada para leerse en un par de tardes. En Los amos del tiempo se recoge la obsesión por el desarrollo tecnológico, por la energía nuclear, no exento de miedo a su posible mal uso (Hiroshima estaba muy reciente), por los viajes espaciales y por la vida extraterrestre, temas centrales de la Ciencia-Ficción tuvo durante la Edad de Oro, aderezada con un tema siempre atractivo como la cultura clásica y la mitología.

Por último, y gracias a la excelente reseña del blog Imperio Futura, me entero que el personaje de Ray Cummings toma su nombre del escritor homónimo, pionero de la Ciencia-Ficción y de las publicaciones pulp. Este acto de bautizar personajes con nombres reales se conoce como tuckerización.

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2 comentarios:

  1. ¡Me encantaría leerme este libro! Me fascinó su argumento, pues considero que aborda temas que me son muy caros y que en general son muy atractivos, como la mitología y la supuesta influencia alienígena en la sociedad humana. Veré si me lo consigo (en papel, que no leo en digital).

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    1. Me temo que será un poco difícil encontrarlo, Elwin, pues desde su edición en "SuperFicción" de Martínez Roca, en 1978, no se ha vuelto a reeditar. Pero quizás aparezca algún ejemplar de segunda mano.

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