14 de marzo de 2015

Hijos de Dune - Frank Herbert

Hace ya nueve años que Muad'Dib, ciego, se adentró en el desierto para morir. Su hermana Alia rige su imperio con un creciente fanatismo, mientras sus hijos Leto II y Ghanima crecen albergando la memoria de miles de sus antecesores y, desde Salusa Secundus, la familia Corrino orquesta una conspiración para derrocar al imperio de los Atreides y terminar con el monopolio de la especia. Con Dama Jessica de vuelta en Arrakis y Alia luchando por mantener el Imperio cohesionado, los planes en los planes y las fintas dentro de las fintas se retuercen y complican cada vez más, mientras un enigmático predicador ciego surge del desierto para cuestionar la postura política y religiosa de la familia real. 


Publicada en 1976, Hijos de Dune (Children of Dune) es obra de Frank Herbert, El escritor estadounidense que ya presentamos en las dos entregas anteriores

Al igual que sus predecesoras Dune y El mesías de Dune, es una novela de Ciencia-Ficción blanda y Anticipación, si bien no tiene el carácter de Space Opera que poseía Dune, sino que continúa la línea de Intriga política y conspiraciones del volumen anterior. 

Tras el traspiés que supuso El mesías de Dune, que como ya comenté me parece el libro más flojo de la saga, Frank Herbert volvió a subir el listón con su continuador, este Hijos de Dune que, sin brillar con el fulgor del primer número de la serie (algo muy difícil, por otra parte), recupera el pulso y ofrece una historia con varios puntos interesantes, preparando el camino para el giro argumental (y el salto temporal) que dará con Dios Emperador de Dune. Llegamos hasta aquí, cabe decir que las opiniones de los aficionados divergen, y son muchos los que reniegan de lo escrito por Herbert de Hijos de Dune en adelante.    


Hablaremos también de la adaptación televisiva que el canal SciFi estrenó en el 2003. La reseña irá acompañada de fotogramas de dicha teleserie.

Con la novela que hoy vemos, Herbert se alejó definitivamente de la Space Opera de Dune, y no nos ofrecerá más ni su épica ni sus escenas emocionantes. Al contrario, mantendrá la línea narrativa que arrancó con El mesías de Dune, centrándose más en las intrigas palaciegas, las conjuras tras el poder,  las zonas grises de un gobierno dictatorial y absolutista como es el imperio Atreides, las facciones políticas y religiosas, los intereses económicos y, por supuesto, el papel de la especia melange en el orden del universo, y las implicaciones de su control monopolístico por parte de la casa imperial. 

Herbert retratará también las paradojas de la metamorfosis de Arrakis iniciada por Paul Muad'Dib, la cual, a la vez que mejora la existencia de los ocupantes del planeta, aumenta el descontento de aquellos que ven morir su forma de vida tradicional y sus costumbres milenarias, y consideran que la nueva opulencia corrompe la cultura del agua que regía en Arrakis desde tiempos inmemoriales.  

Alec Newman como Paul Muad'Dib Atreides

La historia, narrada en tercera persona por un narrador omnisciente, está dividida en sesenta y cuatro capítulos, encabezados, como es habitual en la saga, por proverbios, fragmentos de canciones, poemas y cartas, sentencias de diversas fuentes y extractos de crónicas, obras literarias y de consulta que existen en el universo del autor. A través de ellos, Herbert refuerza la consistencia de su mundo de ficción y amplía la información sobre el mismo. 

Creo que Herbert está más inspirado que en el libro anterior, y eso se nota tanto en lo argumental como en lo formal, con un estilo más vivo, una riqueza léxica algo mayor y, en general, la sensación de un autor implicado, que se volcó más con su obra que en El mesías de Dune. Si bien no retoma, como ya comenté, el tono épico del primer volumen, al menos logra que la atmósfera esté lograda y los personajes transmitan entidad. 

Precisamente, la evolución de los personajes es uno de los puntos destacables del libro. En particular Alia, cada vez más sola en el poder, desarrollando una creciente paranoia, consumiendo dosis masivas de especia, cayendo en la locura y perdiendo el control de sus vidas interiores, hasta el punto de verse dominada por la de su abuelo Vladimir Harkonnen. 

Jessica Brooks y James McAvoy son Ghanima y Leto II Atreides

Vemos también a una Dama Jessica resentida y con un carácter más frío y amargo, que ha vuelto a la disciplina de la orden Bene Gesserit. Gurney Halleck, el fiel asesino de la familia Atreides, se moverá entre la lealtad a Dama Jessica o la irrefrenable llamada de Dune y de los fremen, pueblo entre el que vivió. Stilgar, el naib fremen, se hallará también en una situación complicada por sus filiaciones.

Mientras tanto, los gemelos Leto II y Ghanima crecen y su naturaleza de prenatos se manifiesta: dos niños de corta edad que piensan, hablan y se comportan con el aplomo, la experiencia y la sabiduría de adultos, fruto de las memorias de sus antepasados, que llevan en su mente y que les acompañan desde antes de su nacimiento (de ahí el nombre de prenatos). Aberraciones para unos, criaturas semidivinas para otros. Tienen visiones prescientes, que les anticipan un futuro poco halagüeño para el universo, a no ser que tomen una serie de decisiones dramáticas, llamadas en conjunto La Senda de Oro.

Y, frente a todos ellos, el Predicador. El santón ciego que aparece desde el desierto, al que todos escuchan y en el que muchos creen ver al mismísimo Muad'Dib, que ha regresado para traer de vuelta los antiguos tiempos de Dune, y que ataca con saña a la familia real, por considerar que están deshonrando y olvidando la senda religiosa y política iniciada por Paul Mud'Dib Atreides. 

Daniela Amavia es Alia Atreides

Por todo ello, Hijos de Dune es una historia de decadencia, de la desvirtuación del espíritu inicial de la Jihad lanzada por Paul Muad'Dib;  de la instrumentalización que sufren las revoluciones una vez instauradas en el poder, mediante la corrupción, el clero organizado, la burocracia y los intereses políticos, religiosos y económicos, creados por múltiples facciones enfrentadas. 

«Todas las revoluciones llevan consigo las semillas de su propia destrucción»

Que es también, a mi entender, una de las faltas achacables a la novela: Herbert complica tanto la trama que es fácil perderse entre la alambicada red de conspiraciones tejida sobre el trono de Arrakeen (planes en los planes en los planes, fintas dentro de las fintas, etc.), sensación que se incrementa por las dobles lealtades y la conducta ambigua de muchos de los personajes. 

Aunque no es menos cierto que la conjura es atractiva, por sus integrantes, su origen y el plan con el que intentan acabar con los gemelos Atreides. Los conspiradores son la familia Corrino, encabezada por Wensicia, hermana mayor de Irulan, exiliados en Salusa Secundus, y un grupo de fremen extremistas, arraigados a la antigua forma de vida de Dune y profundamente contrarios a la transformación del planeta. 

Susan Sarandon como Princesa Wensicia Corrino. 

Su plan pasa por matar a los gemelos usando unos tigres adiestrados, volver loca a Alia saturándola de especia (cosa fácil, que ya la lleva de serie) y provocar el colapso del imperio fomentando rebeliones e intentando producir especia fuera de Dune.

Resulta curioso que la novela, sin que el autor lo delimite expresamente, esté dividida en dos partes. En la mitad casi exacta del texto está el momento en el que los gemelos deben dejar atrás su infancia, con Leto II saliendo en busca del mítico sietch Jacurutu y comenzando la Senda de Oro, el proceso que salvará a la humanidad (pese a condenarla también a una existencia penosa), y que para Leto implica un aprendizaje intensivo y forzar visiones presciente mediantes el consumo de especia en cantidades industriales, lo que le mantiene durante años en estado de trance. 

El final de la Hijos de Dune disgustó a unos y desconcertó a otros, y aunque le falte un puntito de épica, al menos es original y supone una vuelta de tuerca considerable para la saga. Aparte de lo llamativo de la mutación física de Leto, yo me quedo con la idea de esa Senda de Oro, tan funesta y ominosa que el propio Muad'Dib temió tomarla. Por cierto, la salida de escena de éste podría haber sido un poco más honrosa, pero supongo que era la intención de Herbert el que fuese tan simple. 

En resumen, una obra que enmienda a su predecesora, y que marca el fin de una primera trilogía, habida cuenta de que Dios Emperador de Dune transcurrirá ya tres mil años después, en un universo sustancialmente distinto al que albergó los acontecimientos de las tres primeras entregas. 




La serie: 

En en 2003, el canal SciFi (después SyFy) emitió una teleserie homónima, de tres capítulos de hora y media de duración cada uno.

Al igual que Dune, de la misma productora, se rodó en los PragueStudios de la República Checa, y el reparto abunda en actores europeos. Vuelve a contar con Alec Newman como Paul, Julie Cox como Princesa Irulan, Barbora Kodetová como Chani, Edward Atterton como Duncan Idaho, P.H. Moriarty como Gurney Halleck, Zuzana Geislerová como Reverenda Madre Gaius Helen Mohiam e Ian McNeice como Barón Vladimir Harkonnen. 

Incorpora caras nuevas, por supuesto, caso de Alice Krige, que reemplaza a Saskia Reeves como Dama Jessica, o Steven Berkoff, que hace lo propio con Uwe Ochsenknecht para ser Stilgar. Alia adulta es la griega Daniela Amavia; mientras que James McAvoy es Leto II y Jessica Brooks su hermana Ghanima. 

La aparición estelar es la de Susan Sarandon como Wensicia Corrino, papel que resuelve con brillantez, sin esforzarse, con ese carisma de los grandes intérpretes que solo necesitan salir para llenar la pantalla. Y a pesar de que al encargado de los diseños le pareciese «muy de Ciencia-Ficción» hacerle lucir distintos tocados de antenas de alambre, que en algún momento parecen masajeadores de cabeza. 

El navegante de la cofradía, un CGI de bajo presupuesto

La serie aglutina dos novelas, de tal modo que el primer episodio adapta El mesías de Dune, y los siguientes esas dos partes en los que vimos dividida la novela, titulados The Children y The Golden Path. Es una adaptación bastante fiel al texto original, salvo algunas modificaciones y licencias, no excesivas, que entran dentro de lo aceptable. No tiene, por otra parte, omisiones de importancia. 

Al igual que Dune, del 2000, se ve lastrada por los limitados medios técnicos con los que contó, y para su disfrute necesita que se le disculpen los cromas (transparencias) y los efectos digitales ramplones (poco mejores que los de series como Hércules o Xena). Las escenas panorámicas de Arrakeen y aquellas que muestran gusanos de arena o al navegante de la cofradía parecen extraídas de un videojuego, y tal vez hubiesen quedado mejor usando maquetas y animatronics, pero no puede opinar sobre ello. Las escenas de multitudes y de batallas están resueltas por el viejo y efectivo truco de hacer planos cortos y rápidos, de manera que queda disimulado que están rodadas en estudio y con pocos extras. 

Como algo que me despertó curiosidad, el primer capítulo incluye una secuencia musicada, que alterna imágenes de la captura y muerte de los conspiradores, alternadas con el difícil parto de Chani y nacimiento de los gemelos, y que diría se inspira en (y homenajea a) las secuencias finales de cada película de la saga El Padrino, de Coppola, o a la conclusión de Casino, de su amigo Martin Scorsese:



La banda sonora, de música New Age, con arreglos de instrumentos clásicos, bases electrónicas y piezas de clara inspiración árabe, no está nada mal, y se acopla con acierto a la película. Está disponible en Youtube

El resultado se salva gracias a la labor actoral, que compensa la pobreza de medios, mostrando todos los actores implicación con sus respectivos papeles. Puede verse sin reparo, y complementa adecuadamente la lectura de las novelas.

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2 comentarios:

  1. Oye..¡¿No has leído mi comentario a la novela anterior?! Bueno, a mí me encantó esta primera trilogía y la adaptación que se hizo de las dos últimas novelas también. Respecto a su música que mencionas y que igual me causa gracias que la tildes de "new age", pues puede parecer simplista el término usado por ti, debes saber que fue uno de los primeros trabajos de un compositor hoy en día considerado como uno de los sucesores de gente como Jerry Goldsmith o Ennio Morricone: Bryan Tayler, quien hizo para esta miniserie, más bien un trabajo sinfónico precioso y que brilla por sí mismo (te cuento también que son suyas son las formidables bandas sonoras de "Iron Man 3" y "Thor: Un Mundo Oscuro").

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    1. Hola Elwin, lo cierto es que leí tu comentario anterior, lamento no haberte respondido aún, esta semana apenas he parado en casa. No soy ningún experto en música ni en bandas sonoras, y debo agradecerte como siempre tu aportación sobre el compositor de esta en particular. Realmente no veo nada malo en etiquetar su trabajo como New Age. En España se emitió durante muchos años un programa radiofónico llamado "Siglo XXI", en la cadena nacional Radio3, y gran parte de la música que transmitían eran de corte similar a esta banda sonora: ritmos y sonidos tradicionales de diversas culturas sobre una base electrónica y de sintetizadores.

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