27 de enero de 2015

El vigilante - Peter Terrin

Dos vigilantes custodian el aparcamiento subterráneo de un edificio residencial de lujo. Un día, los residentes comienzan a abandonar el inmueble sin que a los guardas se les informe de los motivos. Aislados, incomunicados y ajenos a cuanto ocurre en el exterior, los vigilantes afrontan una situación en la que la incertidumbre, el suspense y la tensión aumentan cada día que pasa, hasta hacerse insoportables. 

El vigilante

Publicado en 2014, El vigilante (De Bewaker) es obra de Peter Terrin. Escritor belga, autor de seis novelas, que desarrolla su carrera en neerlandés, idioma en el que está considerado como uno de sus literatos con máyor proyección. Ganó el Premio de Literatura de la Unión Europea y el AKO Literatuurprijs (al que concurren escritores belgas y holandeses que escriban en neerlandés). 

Es una Distopía, que puede ubicarse tanto en el Terror psicológico como en la Ciencia-Ficción, por el escenario en el que se desarrolla, y que posee un argumento marcado por el Suspense y el Misterio.

En la literatura, al igual que en el cine, existen sleeper hits, obras que aparecen tímidamente, con pocas expectativas, sin apenas promoción y sin el amparo de grandes productoras y distribuidoras, pero que terminan por alcanzar el reconocimiento y el favor del público merecidos por su calidad, imponiéndose en popularidad a otros productos mejor posicionados de salida. Me atrevería a decir que El vigilante de Peter Terrin es uno de esos casos.

Peter Terrin

Reconozco que, como lector, soy un total ignorante sobre la industria belga (aún más de la flamenca) y, salvo las honrosas excepciones de Georges Simenon con su Comisario Maigret y de Hergé con su celebérrimo Tintín, nunca le he prestado demasiado atención a los autores de aquel país. Así que hoy le haremos un poco de justicia al país de los gofres y la sede de la UE a través de un autor y un libro que han resultado una sorpresa muy gratificante.

Lo primero que es preciso destacar de El Vigilante es lo mucho que Peter Terrin ha logrado con tan poco. La historia está articulada en torno a dos personajes principales, los vigilantes Michel (el narrador) y Harry. Una reducida nómina de secundarios, una sola línea argumental y un único escenario. Con ese planteamiento teatral y casi minimalista, Terrin crea una trama que resulta cautivadora por su gran arma: la atmósfera.

El vigilante Peter Terrin


El vigilante se divide en tres partes (como tres actos, seguimos con el cariz teatral) y en ciento ochenta y cinco capítulos numerados, de extensión dispareja, algunos de apenas un párrafo. El libro se cierra con un brevísimo colofón de la editorial, que involucra al lector y busca su complicidad con unas preguntas dirigidas a él.

Está narrado en primera persona y en presente por Michel, el protagonista. Por norma general, no me gusta este tipo de narración, pero en verdad en este caso resulta muy acertada, porque incrementa aún más la atmósfera de misterio que Terrin da a su novela, y el hecho de que el narrador-protagonista no sea omnisciente, y no relate los hechos en retrospectiva, proporciona una dosis extra de intriga, y acrecienta el suspense y la inquietud que transmite el escenario de "El vigilante", pues la historia va surgiendo ante nosotros a medida que ocurre, y nos parece compartir la novedad que supone para Michel todo lo que va sucediendo.

Como dije, la atmósfera es el punto fuerte de esta novela, y se resume en una palabra: incertidumbre. Nada es lo que sabemos al comenzar la lectura, y poco más sabremos al concluirla. Me explico:

La trama se desarrolla por completo en el interior de un edificio, un lujoso inmueble en el que vive gente de clase alta, magnates y poseedores de grandes fortunas. Michel y Harry son los vigilantes del aparcamiento subterráneo, y trabajan para la organización, una empresa de la que nunca conoceremos el nombre. No sabemos en qué ciudad se encuentra el edificio, ni tan solo en qué país o en qué continente. Desconocemos en qué año transcurren los acontecimientos, y más aún: no tendremos ningún dato, en momento alguno, de lo que ocurre fuera del edificio, ni lo que ha ocurrido con anterioridad. Tal vez una guerra, o un desastre medioambiental, o un golpe de estado y un posterior régimen totalitario, o la desintegración de los Estados, quizá disturbios a gran escala. Terrin no nos lo dice y solo nos queda elucubrar.

El vigilante

Sabremos, eso sí, que nos hallamos ante una situación distópica, en un mundo deteriorado, con una sociedad maltrecha y posiblemente muy distinta a la que hoy conocemos. No es un escenario postapocalíptico, pero sí un panorama social lleno de desigualdades, con toda probalilidad polarizada entre ricos y pobres, pues los primeros viven en edificios fortificados protegidos por personal armado, lo que da a entender que existe una situación de inseguridad y una alta tasa de delincuencia. De igual modo, los suministros que reciben Michel y Harry parecen evidenciar una carestía de alimentos. Nuestro mundo, en cualquier caso, ya no existe:

«Afirma que sus padres le pusieron el nombre por una estrella de cine de hace mucho tiempo, de cuando todavía había cines.»

Un día, en el edificio comienza una actividad desusada. Los diversos residentes bajan al aparcamiento, montan en sus suntuosos vehículos (Mercedes, Bentley) y se marchan. Su personal doméstico, libre de trabajo, se marcha también, y Michel y Harry se quedan como únicos ocupantes del inmueble. Arranca así una espiral en la que el desconocimiento de lo que ocurre en el exterior, el aislamiento, las dudas sobre las verdaderas intenciones de la organización, el aburrimiento y la rutina van conduciendo a los vigilantes hacia la paranoia y, de una manera cada vez más preocupante, hacia la locura, hasta el punto en el que, como lectores, no sepamos distinguir lo que ocurre realmente de lo que se desarrolla en la mente enferma de los protagonistas.

El vigilante


Michel y Harry no salen nunca del aparcamiento, y viven incomunicados del exterior. Michel tiene un calendario del año anterior, con el que computa el tiempo sumando un día. Nos narrará su llegada al puesto, que supone su ruptura con su vida anterior, igual que lo es para Harry. Las familias son un recuerdo, y la meta de Harry, que termina por contagiar a su compañero, es la de llegar a "la élite" dentro de la organización, lo que les permitiría obtener un destino al aire libre. Mientras, mantienen un comportamiento ejemplar, cuyas normas de higiene, rondas de vigilancia, revisión del arma (una Flock 28 con balas Winchester de 9mm. Parabellum, llegaremos a saberlo de memoria) y recuento de municiones alcanzan lo compulsivo.

Todo resulta así enfermizo, obsesivo, malsano. Sensación que se acentúa a medida que pasamos las páginas y la narración se vuelve más rápida, más delirante y más desordenada, terminando de manera caótica, con una conclusión que nos moverá a dudar de mucho de lo leído y a realizar no pocas conjeturas.

Pues ese el gran logro de Peter Terrin: escribir una novela que requiere proactividad por parte del lector, precisa que montemos las piezas del rompecabezas en nuestra mente, sabiendo de antemano que no existe una solución, una única respuesta correcta. El vigilante ofrece una incógnita, una trama de intriga marcada por el misterio, que podemos entender tanto dentro de la Ciencia-Ficción, por su mundo distópico y su realidad alternativa, como del Terror, por sus escenas truculentas y su ambientación oscura, lúgubre e inquietante, con gran parte de los acontecimientos transcurriendo en la total oscuridad, en un escenario, el aparcamiento subterráneo, poco acogedor y plagado de recovecos y rincones angostos, que nos transmite una lograda sensación de incomodidad y desasosiego.

El vigilante Peter Terrin

El giro al terror se produce de manera definitiva con la llegada al subterráneo de El vigilante, un tercer empleado de la organización, anónimo, corpulento y de raza negra, de cuya incorporación estaban avisados Michel y Harry, pero que hace su entrada en mal momento, cuando la paranoia y la manía persecutoria se han asentado definitivamente en las mentes de los dos vigilantes. Y es que, para entonces, la ignorancia de lo que ocurre en el exterior, la ausencia de noticias y de comunicación, el aislamiento, el hastío y la monotonía han convertido a los dos hombres en máquinas irracionales, que desconfían de todo y de todos y hasta reciben a punta de pistola al joven repartidor de la organización que les lleva los suministros.

Este despliegue de suspense y misterio se ve favorecido por el lenguaje sencillo y por el estilo directo de Peter Terrin, que da a Michel una voz coloquial, simple, la propia de un hombre de sus características, que emplea una narración directa, parca en descripciones y muy centrada en la acción, de manera que la lectura resulta ágil y el ritmo muy vivo, que aumenta progresivamente hasta alcanzar el vértigo en el desenlace de la novela.

A mi juicio personal, gran parte de la pérdida de cordura y de raciocinio de los protagonistas, especialmente de Michel, el narrador, procede de su compañero, Harry. Éste aparece como el inductor, aquel que inculca a Michel la inquietud, la desconfianza y los miedos. De Harry parten las ideas descabelladas, como apagar todas las luces y dejar el aparcamiento totalmente a oscuras, o subir al edificio en busca de un supuesto último ocupante que permanece en su vivienda. Es decir, Harry es el canalizador de toda la sobrecarga psicológica que terminará rompiendo la cordura de uno y otro.

El vigilante

Existe, de hecho, una jerarquía tácita, por la cual Michel está supeditado a Harry, más antiguo que él en el puesto, y que parece ejercer dominio sobre su compañero, tomando las decisiones y reservándole a Michel labores subalternas.

Precisamente, fue uno de los elementos que más llamó mi atención de El vigilante: el celo, la meticulosidad, la entrega y el desempeño con el que ambos vigilantes se aplican a su labor, así como la fidelidad y devoción que muestran por "la organización", utilizando incluso expresiones como "he nacido para ser vigilante". Toda su rutina es un cumplimiento absoluto de las normas y los procedimientos, llevados a cabo de manera concienzuda y metódica, casi como una liturgia o un ritual. Harry y Michel viven en su puesto de trabajo, y su existencia se reduce al espacio cerrado del aparcamiento subterráneo, único lugar donde sus licencias de vigilante tienen validez, y que marca los límites reales y mentales a los que termina reducido su mundo, totalmente desconectado y aislado del exterior. Terreno abonado, sin duda, para la paranoia y el trastorno disociativo que aqueja a ambos guardas, que terminan por perder la noción del tiempo y del espacio, como cautivos sometidos a privación sensorial. 

Terrin consigue así que la tensión sea permanente, y que vaya incrementándose a cada capítulo, mientras en todo momento tenemos la sensación de que algo no está bien, de que algo está a punto de ocurrir, y de que la espera tirante e incómoda en la que permanecen los protagonistas es un barril de pólvora que solo necesita una chispa para explotar. 

El vigilante es, en resumen, un libro fascinante, potente, complejo y profundo en su sencillez formal, que sorprende por todo lo que Peter Terrin ha sido capaz de construir con tan pocos elementos de partida, sin artificios y sin trampas narrativas, y dejando al lector un margen muy amplio para la interpretación personal.


El vigilante Peter Terrin

El vigilante está publicado en España por Rayo Verde Editorial.

Un dato que llama la atención es que la traductora, María Rosich, consta en portada, bajo el nombre del autor. Todo un detalle, tanto por reconocer su meritorio papel como por ser un dato que rara vez tiene cabida en la cubierta de un libro.

La portada anglosajona muestra como ilustración el posible plano del aparcamiento, cuya forma recuerda a la de un cerebro y a la vez se basa en el modelo panóptico de prisión de Jeremy Bentham, que Michel Foucault analizó en su estudio sobre el génesis y la implantación de los sistemas penitenciarios, Vigilar y castigar.

[fuente: Tumblr de SALU]

El vigilante se terminó en 2009 y se publicó originalmente en el 2010, con el apoyo del Fondo flamenco de las letras. Hoy está traducido a doce idiomas.


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