13 de enero de 2015

El caso de la mano perdida - Fernando Roye

Resumen: España, años 50. En el pequeño pueblo de Santa Honorata, en la Sierra Morena, aparece una mano cercenada. Los prebostes locales no tienen demasiado interés en aclarar el posible crimen que se halla tras la mano, porque su atención está puesta en la inminente visita del caudillo Francisco Franco, que viene al pueblo a pasar una jornada de caza. Pero el sargento Carmelo Domínguez, un hombre cuyo aspecto inocuo oculta gran sagacidad y perspicacia, hará lo posible por resolver el misterio de la mano perdida. Con su historia, el autor retratará también la atrasada y empobrecida España rural durante la dictadura franquista, y las penurias que pasaban sus habitantes, incluso los miembros de las fuerzas del orden. 

El caso de la mano perdida


Título: El caso de la mano perdida. Una investigación del sargento Carmelo Domínguez.

Autor: Fernando Roye. Escritor, bloguero, psicólogo y maestro en activo. Esta es su tercera novela, pues antes publicó "I love F-150" y "Tres ancianos sin ruta".

Año de publicación: 2014

Género literario: Combina la novela negra y policíaca con la clásica literatura detectivesca, con la figura central de un investigador reflexivo y con una gran capacidad de deducción. Posee un notable tono costumbrista, retratando la vida cotidiana en la Andalucía rural de los años cincuenta, y muestra un sentido del humor delicado pero incisivo, que logra la complicidad del lector. 

Fernando Roye
[Fuente: blog del autor]

Con "El misterio de la mano perdida", Fernando Roye realiza su primera incursión en el género negro, y resulta fascinante cómo, pese a su juventud (nació en 1984), ha logrado, duro trabajo de documentación mediante, ambientarla en unos remotos años 50 del siglo pasado, de manera sólida y fehaciente. Su novela llega de la mano de la Editorial Sinerrata, un sello independiente de reciente creación, que busca consolidarse dentro del nuevo paradigma del mercado editorial. Esto es, publicando tanto en papel como en formato electrónico (.epub y .mobi) sin ningún tipo de DRM o sistema anticopia, y encargándose de las labores de edición y maquetación que tradicionalmente corresponden a una editorial, buscando un resultado profesional y de calidad.

Es la primera novela protagonizada por Carmelo Domínguez, sargento de la Guardia Civil, si bien tanto el subtítulo "Una investigación del sargento Carmelo Domínguez", como el material adicional del que hablaremos más adelante, nos indican que Fernando Roye tiene previsto escribir más historias que involucren al miembro de la Benemérita.

[Nota para los amigos de fuera de España: La Guardia Civil, conocida también como la Benemérita o el Instituto armado, es un cuerpo de seguridad del Estado Español, similar a los Gendarmes franceses o los Carabinieri italianos. De carácter militar (pese al oxímoron de su nombre), fue fundada en 1844 para garantizar la seguridad de los ciudadanos, en especial en las zonas rurales y en los caminos, por entonces aquejados por el bandolerismo. Es una figura muy vinculada al imaginario español, y un cuerpo que hoy día lucha por sacudirse la mala fama y la leyenda negra que la asocia con la represión franquista, los abusos de autoridad, la negligencia y la brutalidad. Tiene competencias en tráfico, protección de la naturaleza, vigilancia aduanera, narcotráfico, contrabando, crimen organizado y delitos telemáticos, entre otras, y se encarga de la seguridad y el orden públicos en los ayuntamientos sin Policía Nacional, es decir, en la inmensa mayoría del país. Web oficial y Wikipedia, que la verdad tiene una entrada muy currada

El caso de la mano perdida contraportada

Estamos ante un libro dividido en cincuenta capítulos numerados y de extensión bastante pareja, relatado en tercera persona por un narrador omnisciente y no participante.

Lo primero que cabe destacar de "El caso de la mano perdida" es, por una parte, su atmósfera, su ambientación, y, por otra, su original trama, y la combinación de elementos con los que el autor la lleva a término. Veamos:

La historia transcurre en una localidad ficticia, llamada Santa Honorata, que el autor reconoce basada en la real Santa Elena, en la provincia de Jaén, en la Sierra Morena (nombre que todos asociamos, de modo inconsciente, con relatos románticos de bandoleros y contrabando); durante los años 50. Es decir, los años más duros de la dictadura franquista. La contienda era reciente aún, el revanchismo estaba en plena vigencia, las ideas o simpatías de una persona podían suponerle la prisión o la muerte y, contra las afirmaciones del régimen, el grueso de la población española pasaba hambre y privaciones. El atraso, la miseria y la iniquidad eran especialmente notables en el medio rural, dominado por caciques (miembros de la nobleza y señoritos latifundistas) que imponían su voluntad con la aquiescencia del régimen y con total impunidad. 

En aquella España cainita de vencedores y vencidos, nacionalcatolicismo, ley de vagos y maleantes, desnutrición, analfabetismo, garrote vil, caminos sin asfaltar, sopa aguada, alpargatas, injusticia, carros de mulas, miedo, pobreza, tuberculosis, estraperlo y misa diaria, transcurre "El caso de la mano perdida". Fernando Roye nos acercará a ella a través de la intrahistoria, de la vida cotidiana de sus gentes anónimas, y lo hará con un ejercicio de costumbrismo delicioso, aparejado a un sentido del humor fino, ese humor nacido de la necesidad y de la resiliencia, como el que nos legó el cine de Luis García Berlanga, que nos permite reírnos del propio sufrimiento, y que es gracioso "porque es cierto".

"La pareja de la Guardia Civil", una clásica imagen
 de la España rural y parte de nuestra cultura popular.

Así, tenemos una historia ambientada en una casa cuartel rural de la Guardia Civil, situada en una pequeñísima población andaluza, lo que nos permite conocer a los hombres (y a sus mujeres e hijos) que conformaban el Cuerpo que fue, no pocas veces, la viva imagen del terror y la represión en aquella España rural de la postguerra. Tricornio, capote, mostacho y carabina; a caballo, en bicicleta o a pie: a ver quién era el guapo que no preferiría estar muerto antes que escuchar aquel temible "¡Alto a la Guardia Civil!". Y, sin embargo, esos mismos hombres quedan ennoblecidos y humanizados gracias al retrato de Roye, con el que descubrí que los agentes y oficiales de la Benemérita se pagaban su propio uniforme y que pasaban tanta hambre como la población que defendían por un sueldo miserable y alojamiento en una casa cuartel decrépita y llena de corrientes de aire. Imposible no enternecerse con el sargento Carmelo Domínguez, padre de seis hijos (que aún sin poder alimentarlos adecuadamente, tiene la bonhomía de acoger un séptimo), con el agente Benito Viedma, quien se pudre en ese destino por integridad, al no recurrir al nepotismo de su bien situada familia, y puede leer las novelas policíacas que tanto le gustan solo porque se las compra su madre, o con el agente Ortega, que suple la carencia de carne en su dieta cazando a escondidas en horas de servicio, y de paso complementa su sueldo vendiendo las piezas a las tabernas del lugar. 

Conocemos también a sus mujeres, y su paciencia infinita ante una vida penosa en un pueblo sin alicientes, y al resto de vecinos de la localidad, como el alcalde Castellanos, un hombre de paja sin autoridad alguna, o al conde de Valdeazores, verdadero mandatario de la zona, imagen del plutócrata afín al régimen, que con su caciquismo contribuyó a la miseria del campo español. Escenario cuyo patetismo alcanza la hipérbole con la aparición del sustanciero: un hombre que recorría los pueblos de casa en casa, alquilando un hueso de jamón para darle sustancia a la sopa, cobrando por minutos de inmersión en el puchero. 

Guardia Civil
Imagen cotidiana de una casa cuartel de la época [Fuente: David al día]

En cuanto a la trama propiamente dicha, y como ya anticipé, combina el relato detectivesco clásico, el protagonizado por investigadores como Auguste Dupin, Sherlock Holmes, Maigret o Hercules Poirot, con la novela negra y policíaca; pues toma de la segunda el tono crudo y desabrido, y de la primera el método de investigación y actuación lógico-deductivo de su protagonista. De lo que cabe inferir que el sargento Carmelo Domínguez no es un hombre de acción, un detective duro que patea las calles (en este caso, caminos) recabando información, incluso sonsacando testigos, y que no duda en recurrir a los puños o al revólver, como el Agente de la Continental de Dashiell Hammett o el Philip Marlowe de Raymond Chandler. Al contrario, es un personaje reflexivo, calmado, poco amigo de los problemas y de los esfuerzos físicos, que prefiere resolverlo todo con tranquilidad, y que, poseedor de una asombrosa capacidad de observación y deducción, se guiará de su instinto y su carácter metódico para llevar el caso de la mano perdida a buen puerto.

Es tal el carácter parsimonioso del sargento Domínguez, quien parece dormitar la mayor parte del tiempo, que en la zona le apodan "el sargento hechizado". Enemigo del tabaco, masca hojas de hierbabuena que recoge en los caminos. Pero si hay un rasgo de su fisionomía que destaca sobre cualquier otro, son sus ojos: uno negro, negrísimo, y el otro azul, lo que le confiere una mirada escrutadora, que parece ojear en el alma de su interlocutor, y de la que no se librará ni el caudillo de España, el general Francisco Franco, que hace una breve aparición en la novela.

Si debo intentar una correspondencia con un precedente, para conceptualizar al sargento Carmelo Domínguez, me quedo con el Padre Brown, de C.K. Chesterton, el sacerdote católico que, al igual que el sargento de la Benemérita que protagoniza esta novela, escondía, tras un físico orondo y un aspecto de candorosa ingenuidad, una mente analítica y una agudeza tremenda para leer la naturaleza humana, que le permitían resolver sus casos como el mejor de los detectives. 

Sobre todo esto, comentar también que "El caso de la mano perdida" tiene un cierto punto metaliterario, pues gracias al agente Benito Viedma, devoto de las novelas detectivescas que su madre le hace llegar cada mes desde la capital, Roye cita a numerosos escritores del género y a sus creaciones literarias, mientras que el sargento Domínguez se lamenta de que él solo lee "reglamentos, ordenanzas y telegramas".  El diálogo sobre el tema, entre ambos, es divertidísimo.

Charlon Heston y Guardia Civil
Un guardia civil, con Charlon Heston, durante el rodaje de "El Cid"
de Anthony Mann (1961) [Fuente: El cine de Solaris]

El sargento Carmelo Domínguez es, sin duda y para mi criterio, una más que interesante creación, y un personaje que puede dar mucho juego en libros venideros. Lejos de adaptar o trasplantar un personaje ajeno, Fernando Roye toma a una figura tan propia del imaginario colectivo y de la cultura popular española como es el Guardia Civil, especialmente ese picoleto rural al que se le atribuía poca inteligencia, escasa formación, mucha amargura y aún más mala leche, y le dota de personalidad, lo hace cercano y asequible al lector, y sobre todo consigue que empaticemos con él, en gran parte gracias a lo distante que resulta, precisamente, de los citados estereotipos. En el sargento Domínguez conviven la racionalidad con la superstición (mantiene las creencias más disparatadas, como que si un gato se lava, es que la casa va a recibir visita), y la sabiduría popular (le encantan los refranes, que usa a menudo) con la actitud del que no necesita demostrar todo el tiempo lo inteligente que es, sino que "las mata callando". Y guiándose siempre, siempre, de acuerdo al Reglamento del Cuerpo. 

La novela contiene dos momentos impagables, que muestran la particular idiosincrasia de Domínguez:

Cuando el agente Benito Viedma, lector acérrimo de novelas detectivescas como ya vimos, cree haber descubierto al propietario de la mano perdida, y el sargento le deja proceder, aún diciéndole desde el principio que está equivocado. Y finalmente lo está, porque pese a toda su presunción, Viedma no ha tenido en cuenta algo en lo que el sargento había reparado desde el primer momento: si la mano era derecha o izquierda. 

Y cuando, durante la comida con su familia, su hija le cuenta que Doña Margarita, la maestra, les ha dicho que las mujeres carecen de talento creador, reservado a las inteligencias varoniles, y solo pueden interpretar lo que el hombre les da hecho [Estas cosas se enseñaban así, Roye no se lo inventa]. Y que Carmelo Domínguez vuelve a resolver, como siempre, sin conflicto:

"—Eso, doña Margarita. Hagámosle creer todas esas cosas que dice. Mientras tanto quiero que vuestro hermano, Rafael, os preste a todas vosotras los libros que él tiene y que los vayáis leyendo en los ratos libres. Cada día un poco, ¿entendido? Es importante que lo hagáis."
Santa Elena, provincia de Jaén, en la actualidad. Es la localidad que inspira
a Fernado Roye su ficticia Santa Honorata [fuente: Wikipedia]

Porque (y aquí llegamos a otro elemento imprescindible de la buena novela negra) "El caso de la mano perdida" abunda en la crítica social, que el humor negro del autor no diluye, sino que la agudiza. La omnipresente ideología del régimen; el adoctrinamiento desde las escuelas; la sumisión de las autoridades civiles y de las fuerzas del orden a los plutócratas como el conde de Valdeazores (cuya autoridad está por encima de la del alcalde, la del sargento y hasta la del Gobernador Civil); la iniquidad y la ausencia de garantías jurídicas (en una España en la que no resolvían los crímenes, sino que se le colgaban a alguien, preferiblemente comunista o anarquista); la carencia de medios, la falta de formación y las precarias condiciones en las que trabajaban las fuerzas de seguridad (cuando el sargento Domínguez toma una huella y la estudia, todos lo toman como una excentricidad inútil, incluso el que fue juez de la zona)...

"—Estaba tomándole a la mano las huellas dactilares.
—¿Para qué? —preguntó Eulogio.
—Eso mismo dije yo y él me salió con otra pregunta.
—¿Nunca les hablé del sistema de identificación dactilar creado por el doctor Federico Olóriz Aguilera?"
Un guardia civil, con Lee Van Cleef y Clint Eastwood,
durante el rodaje de "El bueno, el feo y el malo" (1966). 

El protagonista, como todo detective de novela negra que se precie, no es ajeno a esta situación injusta, que se observa en esta obra por el pulso constante entre el sargento Carmelo Domínguez, de un lado, y del otro, "las fuerzas vivas": el cabo Rosario Liaño, el conde de Valdeazores, el párroco, el alcalde y el juez Toribio Aljibo, que representan todos los vicios del régimen y la sociedad franquistas, más preocupados de ganarse el favor del "querido líder" que de impartir verdadera justicia. Claro que el sargento les hará frente a su modo, como un judoka que aprovechase la propia energía de su contrincante, mucho más grande y poderoso, para derribarlo sin esfuerzo.

Y como novela noir que es, "El caso de la mano perdida" no puede dejar de mostrarnos el lado más sucio de la sociedad, y el grado de bajeza al que pueden caer las gentes de una nación enferma: crímenes sin resolver porque implican a personas importantes, extorsiones, chantajes y amenazas, encarcelamiento de inocentes, corrupción y, en la máxima degeneración a la que puede llegar una persona desesperada, hombres que prostituyen a su propia hija. Circunstancias que el sargento Domínguez afronta e intenta enderezar sin aspavientos y sin darse notoriedad, siempre en su estilo juicioso, discreto y poco amigo de la confrontación. 

Fuerzas vivas del franquismo
Iglesia, Guardia Civil, Falange, médico, maestro y alcalde (adscritos al régimen) 
eran las "fuerzas vivas", la autoridad en los pueblos de la España franquista [fuente]

En cuanto a la parte formal, o estrictamente literaria, "El caso de la mano perdida" es una novela ágil, de lectura cómoda y rápida, pues tampoco es demasiado extensa, y que se beneficia del tono humorístico que le imprime Roye, con el que el lector se descubrirá sonriendo mientras lee. Un lenguaje sencillo aunque cuidado, diálogos largos pero formados por frases breves, escasas descripciones, más elaboradas para los personajes que para los escenarios, y el ritmo heredado del pulp que permite que las novelas negras más clásicas se devoren en un par de tardes. 

Por todo lo comentado, y en especial por el esfuerzo de crear un personaje de novela negra nacido desde el imaginario español y desde su historia reciente, con un escenario que el lector sentirá como propio, "El caso de la mano perdida" es una obra más que recomendable para los amantes del género negro, y que promete que su autor, Fernando Roye, tiene mucho que contar en este estilo literario tan popular, sobre todo si vuelva con más historias del sargento Carmelo Domínguez, en esa España paupérrima y oscura que acababa de dejar atrás la cartilla de racionamiento, pero a la que aún le faltaba mucho para el Desarrollismo y el Seat 600. 

Más datos de interés:  El ejemplar digital incluye la portada y la contraportada en color, un colofón de la editora y un listado de otros títulos de Sinerrata. Todos los enlaces del ejemplar son operativos y remiten tanto a la web y perfiles sociales de la editorial como a los blogs y páginas personales del autor y el resto de profesionales involucrados en el libro.

El autor tiene un blog personal, Puntos suspensivos, en el que ofrece más información sobre esta novela y sobre sus trabajos anteriores, publicados con otras editoriales.

En la página web de la Editorial Sinerrata existe una ficha del libro, donde constan todos los datos técnicos (ISBN, etc.) así como un enlace a las diferentes librerías en las que puede adquirirse (7,99€ con IVA y sin DRM, recordemos).

La novela posee su propia página, La mirada azul y negra, que por su subtítulo "novelas protagonizadas por el sargento Carmelo Domínguez", parece que en el futuro se ampliará para ir acogiendo las nuevas investigaciones del personaje, y que incluye un enlace a Scrib en el que podéis descargar, o leer en línea, el primer capítulo del libro, de forma totalmente gratuita. 

Aquí tenéis también el booktráiler, protagonizado por el autor:



Existe otro, muy breve, apenas un téaser.

Y un listado con otras reseñas, incluida la de Ricardo Bosque, autoridad en novela negra, en la revista Fiat Lux.

Por mi parte, esto sería todo. Solo me resta agradecer a la Editorial Sinerrata su cortesía, al proporcionarme un ejemplar para su lectura, y a todos los demás, como siempre, vuestra visita. Nos leemos!



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2 comentarios:

  1. Hoy he aprendido bastante y de forma muy entretenida gracias a esta entrada tuya, sobre la historia de tu país (una de mis cinco naciones extranjeras favoritas); además de entrar en conocimiento de un libro que me fascinaría leer. A todo esto, en el primer año de mi blog escribí sobre el padre Brown y el año pasado le volví a dedicar una entrada a Chesterton (¡Hace tiempo que no visitas mi página!).

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    1. Hola Elwin, casualmente ayer estuve leyendo tu entrada sobre Chiara Palazollo, y estoy guardando el de Tim Powers para leerlo con calma.

      Como bien comentas, esta novela es una oportunidad perfecta para conocer la intrahistoria española, de ese período tan turbio y aún fresco que es nuestra postguerra, en la que crecieron y vivieron mis padres, pues yo nací ya con Franco muerto, un año antes de que se aprobase nuestra actual Constitución.

      Recuerdo haber leído tu entrada sobre Chesterton, aunque me aseguraré. Saludos desde España.

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