27 de noviembre de 2014

Pórtico - Frederik Pohl

En el Siglo XXII, la Tierra se encuentra superpoblada y sus recursos totalmente esquilmados, hasta el punto que la alimentación se obtiene de sustratos de hibrocarburos. La única posibilidad de supervivencia de la raza humana procede de Pórtico, un asteroide cercano a Venus, en el que una avanzada especie alienígena, los Heechees, dejó abandonada su base de exploración espacial. Desconociendo los principios de funcionamiento de la tecnología Heechees, los humanos operan sus naves por intuición. Las misiones a bordo de las naves Heechees, en busca de objetos e instrumentos de valor, pueden suponer, para aquellos que se aventuren en ellas, la más inmensa fortuna o una muerte segura. 

Pórtico portada Ultramar

Publicada en 1977, Pórtico (Gateway) es obra de Frederik Pohl. Uno de los autores de Ciencia-Ficción más destacados, con una trayectoria de 75 años dedicada al género, como escritor, agente literario, editor y conferenciante. Su entrega le granjeó cuatro Premios Hugo, tres Nebula, un Locus y dos John W. Campell Memorial. En su adolescencia co-fundó los Futurians, un grupo de aficionados a la Ciencia-Ficción, más tarde escritores de la misma. En KindleGarten lo conocimos con la reseña de su Mercaderes del espacio

Es una novela de Ciencia-Ficción blanda, que combina elementos del género de aventuras con aspectos de la llamada Ciencia-Ficción social, y que por ambientarse en un posible futuro, pertenece a la rama de la Anticipación, con un cierto tono distópico, por el escenario que plantea.

Pórtico es el inicio de una pentalogía conocida como Los Heechees o La saga de los Heechees. Tiene, además, el honor de haber obtenido los cuatro grandes premios de la Ciencia-Ficción: el Hugo, el Nebula, el Locus y el John W. Campbell Memorial.

Frederik Pohl

Frederik Pohl presenta un escenario y un contexto que destacan por su originalidad. Veamos:

En un futuro cercano, la humanidad ha agotado los recursos naturales de la Tierra. Los alimentos se obtienen a partir del cultivo de levaduras y bacterias del petróleo. La extracción de hidrocarburos ha convertido estados enteros como Wyoming, Utah y Colorado en gigantescas minas. La vida en Venus no es mucho mejor, con la población recluida en malolientes galerías subterráneas. La única esperanza de la humanidad es Pórtico: un asteroide situado cerca de Venus, perforado por cientos de kilómetros de túneles, en el que una raza desconocida y muy avanzada tecnológicamente, los Heechee, abandonaron, hace medio millón de años, casi mil naves espaciales.

Estas naves permiten viajar a cualquier lugar del Universo a velocidades hiperlumínicas, y a los prospectores (así se llaman los expedicionarios) si tienen suerte, encontrar y traer consigo instrumentos de alta tecnología, que puedan mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la Tierra. Los descubrimientos quedan a beneficio de Empresas Pórtico (más conocida como La Corporación), consorcio participado por los diversos Estados de la Tierra (con un mapa sociopolítico diferente al actual, que incluye a los Estados Unidos de América, la Unión Soviética, los Estados Unidos de Brasil, la Confederación Venusiana y el Nuevo Pueblo de Asia), y suponen una serie de regalías y porcentajes de beneficios para sus descubridores. 

Pórtico portada

El problema radica en que nadie sabe con certeza cómo funciona la tecnología Heechee, ni ha sido posible desentrañar los sistemas de navegación y pilotaje de sus naves, con lo que cada viaje de prospección es una aventura y una incognita: no se sabe ni a dónde se va, ni a qué distancia, ni cuánto se tardará en llegar y volver. Algunas naves regresan vacías, o destrozadas de tal manera que quedan inutilizables (nadie sabe repararlas). Muchas expediciones suponen la muerte o daños severos para todos o varios de sus tripulantes. Otros vuelven con las manos vacías, otros no regresan jamás, y unos pocos tienen la fortuna de un hallazgo que les suponga ganancias económicas (mayores o menores, según su suerte), e incluso les permita retirarse. 

Ser prospector en Pórtico es una aventura en toda regla: el viaje de desplazamiento al asteroide y los costes de alojamiento en él son elevadísimos, y no se admiten personas improductivas ni que no puedan pagar su manutención. A quien no puede afrontar su estancia, se le invita a embarcar en el primer crucero disponible o se le lanza al espacio sin traje protector. Mucha gente ahorra durante años en la Tierra o en Venus para pagarse su pasaje a Portico y probar fortuna. El caso del protagonista es diferente, pues todo comienza con un boleto premiado de lotería. 

Robinette Broadshaw (es un varón, pese a su nombre, como recuerda en la primera frase del libro) es un minero de Wyoming, condenado a una existencia precaria y monótona, trabajando en las minas de hidrocarburos (un trabajo de alto riesgo y que provoca graves enfermedades pulmonares) y pasando sus momentos de ocio deambulando, bebiendo y persiguiendo mujeres. El día siguiente a cumplir veintiséis años gana 250.000 dólares en la lotería, y decide invertirlos en cambiar de vida: compra un pasaje a Pórtico, dispuesto a probar suerte como prospector. 


Pórtico libro

La novela, dividida en treinta y dos capítulos, está narrada en primera persona por el protagonista: Rob, Robin, Robinette o Broadshaw, según quien se refiera a él. Hay dos tipos de capítulos, que se alternan. Unos transcurren en Pórtico, y Rob los narra en retrospectiva, en pasado. Otros transcurren en Nueva York, y son narrados en presente, mientras Rob acude a la consulta de un robot psicoanalista al que llama, con ironía, Sigfrid von Schrink.

Adicionalmente, la novela está salteada por fragmentos de conferencias, notas de prensa, extractos de memorandos, y boletines de anuncios por palabras y noticias, que dan una idea de los aspectos cotidianos de Pórtico. Como curiosidad, en las conversaciones entre Rob y Sigfrid, en ocasiones se nos muestra la charla vista internamente por éste, en una especie de lenguaje computacional. 

De tal manera que Rob, que se ha enriquecido con su tarea de prospector, está viviendo en la Tierra, en Nueva York ("debajo de la gran cúpula"), gozando de un Certificado Médico Completo (que le permite acceder a tratamientos médicos que frenan el envejecimiento), llevando una vida ociosa y disoluta, y acude a terapia psicológica con Sigfrid, aunque no sabe muy bien por qué. 

Así pues, Rob relata su vida en Pórtico, la organización del mismo, la interacción social de sus diferentes habitantes, su modo de vida, sus hábitos y costumbres, y de igual modo las características de las misiones de exploración, los tipos de naves (de una, tres y cinco plazas), las relaciones que se establecen en los viajes o los problemas que surgen en ellos. El microcosmos de Pórtico permite a Pohl hacer un retrato de la sociedad en general, y de la transformación que la personalidad de los individuos sufre en la adaptación a un medio hostil e inhospitalario.

Pórtico portada Nova

Porque Pórtico es un mundo de avanzada, de última frontera, lleno de grandes oportunidades pero también peligroso, desconocido y de una fiera adversidad. El mito de Pórtico como pasaporte a la riqueza y como trampolín para una vida nueva remite a las fiebres del oro del siglo XIX o a El Dorado de los españoles. 

Resulta llamativo como Frederik Pohl retrata en los mineros de la Tierra, en los prospectores de Pórtico, y en Rob en particular, los rasgos de una sociedad individualista, en la que nadie muestra motivaciones o impulsos de cambiar la situación colectiva, de asociarse o sindicarse, de movilizarse masivamente para exigir cambios sociales. Rob y el resto de prospectores buscan el lucro y el enriquecimiento personal, interesados solo en mejorar su situación individual. 

Hay dos elementos que impregnan toda la novela, y casi parecen tangibles: la suciedad y la desesperanza. Tanto las minas de Wyoming, como los túneles de Pórtico, como Venus, como las naves de los Heechee, son citados por Frederik Pohl como lugares sucios, malolientes, nauseabundos, pestilentes, y la fetidez es una constante en los recuerdos y la narración de Rob. Asimismo, el texto transmite sensación de desazón, de falta de expectativas: la Tierra, Venus o Pórtico son lugares sórdidos, desabridos y poco acogedores, en los que no hay salida ni porvenir. Solo Pórtico ofrece la oportunidad de cambiar el panorama con un golpe de suerte, con una misión afortunada, por la que vale la pena correr el riesgo de regresar muerto, desnutrido, en coma o esparcido en trozos por la nave, o simplemente de no regresar. 


Pórtico Frederik Pohl


Como contrapunto, Pohl ofrece la camaradería entre los prospectores como remedio para la crudeza de la vida en Pórtico. Relaciones que no siempre suponen la amistad verdadera, pero que muestran una preocupación por los demás, un apoyo mutuo e incluso una sana competencia que incluye la alegría por el éxito ajeno. 

Sobre esto, cabe decir que el autor desarrolla bien los personajes, no con una profundidad absoluta, pero sí lo suficiente para no ser meros soportes de la trama. La Familia Forehand, originarios de Venus, cuyos cuatro miembros se embarcan juntos como prospectores, y que recurrieron incluso a la prostitución y al sacrificio de un miembro para poder viajar a Pórtico; el estoico Shicky Bakin, carente de piernas, que trabaja como basurero y entregó todas sus ganancias a su hijo, afrontando con ascetismo la posibilidad de ser expulsado al espacio; Klara, la valiente pareja de Rob, aquejada de ludopatía; el brasileiro Francisco Hereira, que se convertirá en uno de sus mejores amigos... la novela de Frederik Pohl tiene, como dijimos, mucho de Ciencia-Ficción social, y lo verdaderamente importante en ella, a mi juicio, no es tanto la exploración espacial como el mosaico de personas que componen la sociedad de Pórtico.

Sobre Rob Broadshaw, el protagonista, cabe concluir que, pese a narrar, rememorando, sus vivencias en Pórtico, posee algún tipo de bloqueo mental que le impide recordar gran parte de lo sucedido, o al menos la terapia de Sigfrid parece orientada a desbloquear los recuerdos, sugiriendo hasta la hipnosis a tal fin.  

Pórtico Pohl


A mi parecer, Rob es un personaje interesante. No es un héroe, ni un cúmulo de virtudes. Todo lo contrario, es una persona común y corriente, vulgar incluso, y alguien con quien muchos podemos sentirnos identificados: es débil de cáracter, egoísta, indeciso, pusilánime a veces; es cobarde y pospone una y otra vez su primera misión; en muchos momentos vive de Klara, su pareja, y se siente desazonado por ello; arrastra un complejo de culpabilidad hacia su madre; hace daño a las personas que ama (llega a agredir físicamente a Klara, rompiéndole varios dientes), no sabe conservar a aquellos que le hacen feliz... sin ser psicólogo, diría que padece algún tipo de trastorno pasivo agresivo. 

También resulta curiosa la postura de Pohl hacia el psicoanálisis, que vemos a través de Sigfrid, una máquina que se desempeña como el clásico psicoterapeuta (hasta proyecta una imagen humana, sentada a la cabeza del diván con una libreta y un lápiz). indagando en la mente de Rob y reduciéndolo todo a conceptos freudianos, como el complejo de Edipo o la fijación anal. En un momento de la novela, Rob llega a concluir que, para él, la idea de amor está relacionada inseparablemente con que le introduzcan objetos por el ano. El hecho de que el psicoanalista sea un robot, insensible a los insultos y arrebatos de ira de Rob, inasequible al cansancio (atiende pacientes las veinticuatro horas), muestra un concepto poco halagüeño de dicha terapia [cada día más en entredicho, por cierto]. 

Por último, es necesario comentar que Pórtico abre muchas cuestiones, pero no las resuelve. Casi todo queda en el misterio, incluidos los acontecimientos que condujeron a Rob a su posición actual de riqueza y retiro ocioso. Sabemos que hizo tres salidas (tiene tres brazaletes de metal acreditativos) pero no queda claro cuál fue el descubrimiento que le reportó tan altísimos honorarios. Tampoco se aclarará el funcionamiento de las naves Heechee, ni el destino de muchos de los personajes. Desconozco si Frederik Pohl ya había concebido la obra como una saga, o al menos si tenía claro que Pórtico tendría continuación. Porque, como sea, el universo queda presentado, pero ofrece mucho más de que entrega en esta primera novela, y a la historia le falta un puntito de fuerza, no hay un momento de clímax. Pese a ello, es una lectura placentera, tanto en lo que concierne a la parte más científico-técnica, con la descripción de las naves y otros instrumentos Heechee (es Ciencia-Ficción blanda, no esperéis rigor ni explicaciones detalladas y factibles) como en lo tocante al aspecto social y psicológico, en el que Pohl se mueve con mucha soltura.


El videojuego:

En 1992, la compañía Legend Software comercializó un videojuego basado en la novela, y titulado del mismo modo: Gateway. Es una videoaventura de point and click, y no he podido localizarla en castellano. Existe bastante información sobre ella, en enlaces como este

Pórtico videojuego portada


Como está considerada abandoware, puede descargarse libremente, por ejemplo de aquí, de aquí o de aquí, donde también tenéis reseñas, pantallazos y más información. Eso sí, para hacerla funcionar necesitaréis un emulador de MSDOS (en el primer enlace recomiendan «pure WinXP, DOSBox and VDMSound»). 

Pórtico videojuego


El juego tuvo una segunda parte, Gateway II: Homeworld, publicado en 1993.

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14 de noviembre de 2014

La Ballena Dios - T.J. Bass

En el futuro remoto, la Tierra está superpoblada y sus recursos naturales han sido esquilmados por completo. Rorqual Maru, una nave cosechadora abandonada por el fin de la vida en los océanos, vuelve a la vida cuando los bénticos, hombres que sobreviven fuera de la Colmena, la toman por una divinidad. El retorno de la vida a los océanos provocará que la Colmena recupere el interés por ellos, pero los bénticos no estarán dispuestos a ser siempre perseguidos y masacrados, pues ahora tienen una divinidad que los protege. 

Ballena dios portada


Publicada en 1984, La Ballena Dios (The Godwhale) es obra de  Thomas J. Bassler. Autor de Ciencia-Ficción, famoso por su saga Colmena (Hive), doctor en Biología y Medicina, ejerció como facultativo muchos años, escribiendo gran cantidad de artículos en revistas de Medicina, mientras que en la ficción se prodigó muy poco. Fundó la American Medical Joggers y mantuvo una tesis controvertida (y bastante extremista, la verdad) sobre hábitos de vida sana. Lo conocimos en la reseña de su Más que humano.


Es una novela de Ciencia-Ficción dura, escrita con profusión de términos científico-técnicos, y de Anticipación, pues se ambienta en un hipotético futuro lejano. Es una historia de aventuras, con diversas subtramas y con un trasfondo filosófico sobre la condición humana y sus distintas formas de organización social.


T.J. Bass


La Ballena Dios es la secuela de Más que humano (Half Past Human) [no confundir con Más que humano (More than human) de Theodore Sturgeon] y, a diferencia de su antecesora, fue publicada directamente como novela. Fue finalista del Premio Nebula en 1975.

Ambas son historias independientes, y esta segunda parte puede leerse sin conocer la primera, aunque personalmente recomiendo leer primero Más que humano, pues facilita comprender el contexto de la La Ballena Dios, de manera que el escenario propuesto por T.J. Bass y el complicado lenguaje científico que utiliza resulten más familiares.

Refresquemos nuestras memoria: En un futuro indeterminado, pero en cualquier caso muy lejano, la población de la Tierra es de trillones de personas (en este volumen, el autor nos proporciona la cifra exacta: 3,5 x 1012 habitantes), y toda la superficie del planeta ha sido devastada y convertida en infinitos campo de cultivo. La humanidad vive en mastodónticas ciudades subterráneas, que conforman una entidad llamada la Colmena o la Gran Sociedad Terrestre. Los humanos han degenerado en unos seres de sangre rosácea, huesos porosos y cuatro dedos, que carecen de melanina y no pueden vivir en el exterior, por el que han desarrollado un miedo patológico. Son sujetos dóciles, pasivos, pusilánimes y carentes de emociones, inquietudes e intereses más allá de alimentarse. Esta alimentación se obtiene recuperando todos los nutrientes al alcance de la Colmena, desde cadáveres, hongos o plancton hasta residuos cloacales, y se suministra a la población a través de expendedores, en forma de elaborados insípidos que contienen básicamente proteínas, mientras que los oligoelementos (aminoácidos, vitaminas, lípidos...) son una recompensa extra reservada a los individuos con determinadas tareas productivas. [Comento todo esto porque T.J. Bass no redunda en la presentación de la Colmena, que ya hizo en Más que humano]


Ballena dios portada

En Más que humano, el contrapunto a la Gran Sociedad Terrestre lo constituían los ojos-de-gamo, hombres que vivían en la superficie, en un estado de primitivo salvajismo, subsistiendo con la rapiña de las cosechas de la Colmena, que eran aniquilados por ésta mediante cazadores protegidos por trajes y vigorizados con drogas. Pues en La Ballena Dios tendrán su réplica en los bénticos, hombres adaptados a la vida en el medio marino, que habitan en cúpulas subacuáticas y pasan sumergidos la mayor parte de su existencia, gracias a unas habilidades natatorias y una capacidad anaeróbica extraordinarias. 

La historia comienza dos mil años antes de los acontecimientos principales, cuando la Tierra aún es un lugar habitable, regido por una ciberentidad llamada Olga, y que prepara la implantación de la humanidad en las inmediaciones de la estrella Proción. Larry Dever, uno de los protagonistas, pierde la mitad inferior de su cuerpo en un accidente (en mi opinión, algo absurdo) que, además de seccionar sus piernas, daña sus órganos internos. Existe la opción de trasplantarle los órganos de un clon exacto de sí mismo, idéntico a él pero con una inteligencia mínima. Larry Dever conoce a su clon, al que llaman Tonto Dever, y se niega a que sea sacrificado en su beneficio. Por ello, se le deja en Suspensión Temporal (una forma de animación suspendida) hasta que exista otra alternativa, mientras Tonto Dever es enviado a Proción junto a otros amigos de Larry. 


Ballena dios portada


Ya en la época presente de la trama, conocemos al resto de actores de la obra: Har, un miembro de la Colmena, de gran envergadura y aspecto simiesco, que fue declarado no válido para la vida, pero se salvó del triturador al que se envían los niños de tal condición, y que sobrevivió en los cimientos de la ciudad. Drum y Ode, dos ancianos hocicudos (así se llaman en este libro los habitantes de la Colmena) que son arrancados de su retiro y obligados a trabajar en las cloacas. Wandee, una mujer despolarizada (es decir, que no ha desarrollado atributos femeninos y es estéril), ingeniera de la Colmena. Una serie de bénticos como Clam o Vientre Blanco, el mec Trilobitex Ferroso  [los mecs son robots pensantes] y, sobre todos ellos, Rorqual Maru, la cosechadora marina que se convertirá en la Ballena Dios. [Los japoneses añaden, por costumbre, la palabra Maru al nombre de los barcos. Hay diferentes teorías sobre el porqué.]

La trama en sí comienza cuando coinciden una serie de hechos. Rorqual Maru, que es una gigantesca embarcación cosechadora, yace en la arena de una playa, abandonada, lamentándose por no poder servir a los humanos y dejándose morir. La Colmena ha agotado los recursos marinos, no queda nada de vida en los océanos, y por ello ha deshauciado a sus mecs, como Rorqual. Fiel a Rorqual, a la que considera su diosa, está Trilobitex Ferroso, un pequeño mec, al que Rorqual envía en busca de los hombres, para que continúe sirviéndoles.

Para abreviar, Larry Dever y Har, tras conocerse en los cimientos de la Colmena, huyen de ésta, robando un bote-mec a Drum y Ode. Entran en contacto con los bénticos, y mediante Trilobitex Ferroso convocan a Rorqual Maru, que comienza a devolver la vida a los océanos, y con ello a ser considerada una deidad por los primitivos hombres marinos. La Colmena, que envía habitualmente naves con cazadores para eliminar a los bénticos que roban sus cosechas, se encuentra que una de sus expediciones es rechazada por Rorqual. Por ello, usando el código genético de Larry Dever (valioso por su antigüedad, pues no padece las carencias de los hocicudos), la ingeniera Wandee crea a los ARNOLDs (Augmented Renal Nucleus of Larry Dever), guerreros de enorme fuerza y vigor, adiestrados mediante leptoánimas, programas de condicionamiento mental que los hacen especialmente belicosos y violentos. Pero el prototipo de ARNOLD enviado a luchar contra Rorqual y los bénticos desarrollará una afinidad especial con la ballena, y se verá atraído de manera irresistible por la vida marina y por las hembras bénticas, convirtiéndose en un caudillo guerrero y rebelándose contra la Colmena. 


Ballena dios portada

La novela, dividida en once capítulos, muestra varias ideas interesantes. Veamos: 

Por una parte, tenemos la Colmena, la Gran Sociedad Terrestre, una sociedad donde el individuo no tiene entidad alguna, y que es capaz de las añagazas más maquiavélicas con tal de perpetuarse. Ejemplos claros son la retirada de los privilegios de Drum y Ode, quienes se habían ganado una cómoda jubilación y que, ante una carestía general de alimentos, deben elegir entre la Suspensión Temporal o un trabajo sufrido e insalubre en las cloacas; la inclusión de una carencia de quince aminoácidos vitales en el sistema de los ARNOLDs, que solo la Colmena puede proporcionarles, para garantizar su dependencia y su lealtad a ésta; o la creación de bombas de tiempo que no os voy a desvelar, porque son un punto crucial de la trama. 

Por otra, la contraposición entre la sociedad artificial de la Colmena y la forma de vida en comunión con la Naturaleza (o lo que queda de ella) de los bénticos, y sus diferentes escalas de valores. La indolencia y abulia de la Colmena frente a la existencia vigorosa y gratificante de los bénticos, aún con sus rigurosas condiciones de vida. Asistimos así a las pruebas de valía personal que se imponen los bénticos. Por ejemplo, la cópula debe realizarse bajo el agua, de manera que tanto los varones como las mujeres (llamados aquí machos y hembras) deben demostrar su capacidad anaeróbica y su resistencia física, prevaleciendo así la genética de los más aptos. Darwinismo puro. 

Destaca la figura de ARNOLD, un ser creado por ingeniería genética, que en realidad es una proyección de Larry Dever, pues está construido a partir de sus genes. Las leptoánimas con las que es condicionado (experiencias mentales virtuales en las que se convierte en gallo de pelea, perro de presa, guerrero bárbaro y una araña gigante llamada Papaíto Piernaslargas) hacia el belicismo, y la relación que se crea entre poderío militar, dominio y sexo, convirtiéndose ARNOLD tanto en el líder guerrero de los bénticos como en padre innúmero de la raza, tomando literalmente docenas de esposas y teniendo cientos de hijos, a los que transmite su genética, diluyendo la mentada carencia de aminoácidos esenciales. [Comentar que, con la leptoánima «Dan el de dientes dorados», Bass retoma a uno de los personajes más entrañables de Más que humano: Dan, el último perro de la Tierra].

Por mi parte, encuentro un paralelismo entre ARNOLD y caudillos guerreros de la Antigüedad, como el godo Alarico o el mapuche Lautaro, que criados y educados en el seno de grandes imperios (el ya decadente imperio romano o el aún incipiente imperio español), se beneficiaron de sus conocimientos sobre los mismos para combatirlos en igualdad de condiciones. 

Tenemos también la idea de OLGA, una inteligencia artificial cuyo recuerdo, como vimos en Más que humano, se convirtió en religión para los ojos-de-gamo. En La Ballena Dios, Larry Dever, contemporáneo de OLGA, descubrirá los restos de fuselaje de la nave a Proción, entendiéndose así que la aventura espacial de la Humanidad fracasó, y ese fue el origen de la actual Gran Sociedad Terrestre. [Quienes habéis leído Más que humano sabéis que no fue exactamente así, y que el destino de OLGA fue más halagüeño, pero T.J. Bass no ejerce de narrador omnisciente, y deja ciertas cuestiones más sugeridas que explicadas]. 

Ballena dios portada

Llamativo es también el concepto de Rorqual Maru como deidad benefactora, que trae la fertilidad y la abundancia, practicando los bénticos un culto sencillo, primitivo, muy similar al culto cargo que se desarrolló en las poblaciones aborígenes de las islas del Pacífico durante el Siglo XX.

Como vemos, la presencia de mecs [máquinas racionales] de todo tipo es una constante de la novela, desde los más pequeños como Trilobitex Ferroso, pasando por botes o mecs médicos, hasta los más grandes y sofisticados como Rorqual. Curiosa es la posibilidad de acople sexual con los mecs, como vemos cuando Larry Dever, tras pasarse más de media novela arrastrándose sobre sus manos, recibe unas piernas biónicas (que le permiten adoptar forma de centauro o sátiro, a voluntad), con las que puede mantener una suerte de coito con una mec.

Y, entre otras ideas que no tienen cabida aquí por una simple cuestión de extensión, cabe resaltar también la inclusión de la ecuación de Olga (ga = c), que determina la habitabilidad de un planeta, y se muestra como una constante universal que demostraría que toda la creación fue simplemente un juego de alguna entidad suprema, lo que provoca la desazón de sus descubridores. En esto no me detengo, porque sus muchas implicaciones dan para una entrada entera. 

Ballena dios portada

Para no perpetuar la reseña, hablemos de la cuestión literaria. Narrada en tercera persona, La Ballena Dios no es una novela demasiado extensa, y goza de un ritmo que podríamos llamar de medio galope, pues los acontecimientos se suceden sin tiempos muertos y de manera constante, a una velocidad que, sin ser excesiva, tampoco se hace tediosa en momento alguno. Igual que en su día con Más que humano, debo advertir que T.J. Bass escribe con gran abundancia de términos técnicos, en particular de la Medicina y la Bioquímica, que pueden desalentar a aquellos que no lean Ciencia-Ficción dura de manera habitual. De cualquier manera, puede leerse siendo un profano total en la materia [como yo], aunque seguro que un médico, un biólogo o un químico lo disfrutarán mucho más, por saber en firme lo que el autor quiere transmitir. 

Personalmente, noté en T.J. Bass los tres años transcurridos entre su predecesora y esta La Ballena Dios, pues se percibe su evolución como escritor, y en esta novela tiene un estilo más fluido, más natural que en su antecesora, donde en comparación era más sintético y más árido. Los diálogos están más logrados también, aunque los personajes, como siempre recuerdo cuando hablamos de Ciencia-Ficción dura, no tienen una profundidad ni una elaboración literarias, sino que están ahí para sostener las tesis del autor. Así todo, se le puede tomar cariño al pobre Larry Dever, al rudo pero noble Har, a los sufridos y leales Drum y Ode, o al fiel Trilobitex Ferroso. ARNOLD nos caerá mal por su arrogancia, orgullo y prepotencia, pero tengamos en cuenta que ese es su papel, y Bass aprueba sin apuros la creación del personaje. 

Un detalle gracioso es la onomástica de los protagonistas: nombres musicales como Drum y Ode (Tambor y Oda respectivamente) para los hocicudos; Wandee (Wand significa vara, o varita, y Wandee suena como Wandy, es decir, con forma de varita); Rorqual Maru para la embarcación protagonista, y los múltiples nombres de especies marinas para los bénticos: Clam (almeja), Razor (ballena de aletas), Shrimp (gamba), Cod (bacalao), Crayfish (langostino), Sunfish (pez rueda) o Limpet (lapa).

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6 de noviembre de 2014

La Tierra permanece - George R. Stewart

Isherwood Williams sobrevive a un virus que extermina a la raza humana. Recorre los Estados Unidos, descubriendo a unos pocos supervivientes, que se han adaptado de diversas maneras a la nueva situación. De vuelta a San Francisco, conoce a Em, una mujer con la que formará una familia, y creará una pequeña comunidad con la que intentará mantener viva la civilización y el legado del mundo perdido, aunque se encontrará con grandes dificultades para ello. 

La Tierra permanece


Publicado en 1949, La Tierra permanece (Earth Abides) es obra de George R. Stewart. Escritor, historiador, estudioso de la toponimia y la antroponimia, y profesor de Lengua y Literatura inglesas en la universidad de Berkeley. Su novela Storm, de 1941, es la responsable de que los vendavales tengan nombre de persona. Profundo conocedor de los Estados Unidos, que recorrió profusamente en automóvil, plasmó la realidad de su país en muchos de sus libros, de carácter etnográfico.  

Es una obra de Ciencia-Ficción blanda, clasificable dentro del subgénero de la distopía. Los personajes y las relaciones entre ellos tienen un gran peso en el conjunto de la novela. Su argumento es dramático, y guarda ciertos paralelismos con las novelas de retrato social de su época, como las de William Faulkner o John Steinbeck. 


George R. Stewart


La Tierra permanece es uno de los grandes títulos clásicos de la Ciencia-Ficción, Recibió el Fantasy International Award en su primera edición de 1951, y se incluye en la lista de David Pringle.

Su título procede de la Biblia, del libro del Eclesiastés, 1:4 «Los hombres vienen y van, pero la Tierra permanece».

Podría decirse que Stewart inaugura un tema que sería recurrente en la Ciencia-Ficción y el Fantástico posteriores: la distopía post-apocalíptica, que podemos llamar del último hombre, en la que una persona (o grupo de personas) sobrevive a un cataclismo, y debe vivir adaptándose a las penosas circunstancias de su nueva situación, que incluyen el desamparo, la carestía de recursos, la exposición a peligros de todo tipo y la indefensión ante sus semejantes, consecuencia de la desaparición de las estructuras social y gubernamental y de las fuerzas del orden. 

La literatura y el cine nos ofrecieron muchas variaciones del tema. Unas buscando la acción y la espectacularidad, como el ciclo de películas Mad Max. Otras introdujeron el componente fantástico, como Soy leyenda de Richard Matheson, o Apocalipsis de Stephen King (que reconoció sin ambages la inspiración de la novela que hoy vemos). El subgénero ofrece diversos grados de crudeza, desde las que guardan algo de optimismo, como El cartero de David Brin, hasta las totalmente desoladoras y desgarradoras, como La carretera de Cormac McCarthy

Por su parte, la pionera La Tierra permanece proporciona diversos niveles de lectura, que vamos a ver.

La Tierra permanece


Lo primero a considerar es que, a diferencia de los ejemplos citados, La Tierra permanece no es una novela en la que prime la acción ni los sucesos fantásticos. Los protagonistas no se enfrentarán a mutantes, zombies, infectados, clanes armados bajo el mando de un caudillo belicoso o bandas de motoristas paramilitares. No es una historia trepidante, ni tiene un ritmo de vértigo ni un tono nihilista y desesperanzador. 

En realidad, La Tierra permanece es una lectura plácida, calmada, relajada, cuyo tono recuerda más al de las obras que especulan sobre el destino del planeta ante la ausencia del hombre, en la línea de documentales como La Tierra sin humanos:



Aviso de esto para que nadie se espere una distopía al uso. El ritmo pausado que Stewart imprime a su obra, recreándose en las relaciones entre los personajes, en sus pensamientos y en su interacción con el entorno tienen mucho más en común con la novela de retrato social de William Faulkner o John Steinbeck que con la Ciencia-Ficción más convencional. De hecho, muchos capítulos transmiten la sensación de que la trama no avanza, o de que no ocurre nada importante.

Veamos:  Isherwood Williams, en adelante Ish, es un hombre culto, instruido, graduado en geografía, que durante un paseo por el bosque es mordido por una serpiente de cascabel. Se extrae el veneno, pero debe convalecer cierto tiempo en su cabaña del bosque. Cuando se restablece, descubre que un virus desconocido ha matado a prácticamente toda la población. Recorre todos los Estados Unidos, encontrándose a algunos supervivientes, pero sin comprometerse con ninguno de ellos. De regreso a San Lupo (cerca de San Francisco), se encuentra con una mujer, Em, con la que formará una familia primero, y una comunidad después, cuando se les una Ezra, un hombre a quien habían conocido, y sus dos mujeres. Poco a poco la comunidad va creciendo, a medida que las parejas van teniendo hijos, y estos tienen hijos a su vez. Ish intenta que los conocimientos y la estructura social que conoció se perpetúen, pero poco a poco se evidencia que la comunidad no tiene interés en crear nueva sabiduría, y se conforma con vivir día a día una existencia cómoda y simple, mientras los tiempos "de los antiguos americanos" se van convirtiendo en una leyenda.

La Tierra permanece

Como comenté, La Tierra permanece tiene varios niveles de lectura. Uno de ellos es el mensaje ecologista, el llamamiento a una vida sencilla, en contacto y comunión con la naturaleza, con los ciclos que establece, y a un aprovechamiento racional de sus recursos. Durante su viaje por los Estados Unidos, previo a establecerse de nuevo en San Lupo, Ish se encuentra con unas personas de raza negra que se han constituido como un grupo familiar. Viven en su humilde cabaña, cultivan maíz, judías y algodón (producto innecesario ya) y crían gallinas y cerdos. En Nueva York halla a un hombre y una mujer, urbanitas neoyorquinos de pura cepa (el límite de su mundo es Broadway; Brooklyn es para ellos «como Arabia») que pasan el tiempo jugando interminables partidas de póquer, leyendo novelas, escuchando música en un fonógrafo de cuerda, alimentándose de comida enlatada y bebiendo licores. La mayor preocupación de ella es no tener hielo para los martinis.

Es evidente qué personas sobrevivirán en el nuevo mundo y cuáles no. Ish se erige como líder natural de su comunidad, y para sus miembros más jóvenes terminará convirtiéndose en un ser cuasidivino, revestido por la autoridad que le concede portar el martillo, una simple herramienta que pasa a ser un símbolo de poder. Pese a ello, su insistencia en la necesidad de aprender a cultivar maíz, a criar ganado, de que los niños sepan leer y escribir, de conservar y transmitir los conocimientos del mundo perdido, no cala en sus compañeros. Todos prefieren llevar una vida regalada, subsistiendo de la rapiña de las tiendas de San Lupo: latas de conserva, armas y municiones, tabaco, fósforos, ropas... el suministro parece inagotable.

La Tierra permanece

Así, la comunidad es indolente, insensible a la pérdida de los servicios que antes se consideraban básicos. Cuando el suministro de agua corriente se interrumpe por falta de mantenimiento de las canalizaciones, simplemente se acude a por agua al arroyo. Cavar pozos, por insistencia de Ish, es una labor cansada que se pospone continuamente.

Pese a todo, Ish logrará garantizar el futuro de su Tribu (nombre que le dan a la comunidad) mediante psicología inversa, y el final del libro muestra el regreso de sus miembros a un estado de barbarie (que no de salvajismo) completamente adaptado a su nuevo medio.

Otro nivel de lectura es uno que podríamos llamar religioso o bíblico. Es fácil ver a Ish y Em como unos nuevos Adán y Eva, y también a Ish, con su martillo, como un patriarca bíblico, un Moisés con su inseparable cayado, guiando a su pueblo hacia la tierra prometida. La tribu (otro término del Antiguo Testamento) crece y se multiplica, que en la Biblia es el mayor símbolo de prosperidad de un pueblo. Y al igual que el pueblo elegido, la tribu de Ish es puesta a prueba por una sucesión de plagas: hormigas, ratas, langosta, pumas... y unas fiebres tifoideas que diezmarán su escasa población.

La Tierra permanece

Resulta curioso, porque el tratamiento de la religión es ecuánime en la novela. La tribu contiene ateos como Em, escépticos como Ish, y diversas vías del cristianismo (católicos y protestantes metodistas), pero no se llega a organizar culto alguno. Avanzada la trama, observaremos que los más jóvenes desarrollan una religión simple, animista, en la que los americanos son los seres ancestrales que crearon el mundo (tanto lo artificial como lo natural), criaturas fantásticas, mitológicas, poseedoras de unos conocimientos ahora perdidos, pero que no se añoran, simplemente no se comprenden.

Y tenemos un nivel metafísico. La novela está dividida en tres partes, de longitud desigual, con un total de veintidós capítulos, y estas partes representan las tres etapas en la vida del hombre: juventud, adultez y vejez. La trama cubre desde la juventud de Ish (no se especifica, pero media la veintena cuando comienza la historia) hasta su senectud. De igual modo, y de acuerdo a la frase «la ontogénesis resume la filogénesis», las tres partes son también las tres fases de desarrollo de la nueva sociedad, del nuevo mundo surgido del Gran Desastre, la caída del anterior.

La Tierra permanece

Es llamativo como la tribu inicia a contar el tiempo desde cero y rompe con el calendario gregoriano, tallando Ish con su martillo en la roca el número del año, al que nombran con un suceso significativo de dicho año (el año de los toros, el año de los niños, el año malo, el año bueno...). La muerte de Ish es la muerte del viejo mundo y el nacimiento del nuevo, en el que los jóvenes, muchos de ellos bisniestos de Ish, ya han aprendido a disparar el arco, a hacer puntas de flecha, a vestir pieles, a no matar si no es imprescindible, a alimentarse de la caza y la recolección, ya no de conservas. En resumen: están viviendo como los indios americanos, los antiguos habitantes de lo que fueron los Estados Unidos.

Y tendríamos un nivel sociológico, pues La Tierra permanece se podría englobar en la Ciencia-Ficción social, y como ya comenté George R. Stewart fue un buen conocedor de la realidad de su país, que reflejó en varios libros tras empaparse de ella de primera mano, recorriendo el país en automóvil por carreteras secundarias. La tribu, como dice Ish en varias ocasiones, no es representativa del conjunto de la sociedad, pues está compuesta de individuos únicos e irreemplazables, pero sí que permite a Stewart retratar diferentes tipos de la sociedad estadounidense de la época, y llama la atención los distintos papeles que juegan. Ish, el erudito preocupado por el espíritu de su comunidad, que no para de pensar y de preocuparse por cuestiones que a los demás les resultan baladíes; Em, que pese a ser poco intelectual, posee una templanza y un espíritu de ánimo que mantienen cohesionada a la comunidad, y de quien surgen las ideas más juiciosas; Ezra el optimista voluntarioso; George, poco inteligente pero trabajador infatigable; Joey, el malogrado sucesor natural de Ish...

La Tierra permanece

Y ya que hablamos del tema, llegamos a uno de los puntos fuertes de La Tierra permanece: los personajes. Stewart se revela como un gran creador de personajes, y éstos son los que dan a la novela la fuerza que no obtiene de una trama llena de acción y emociones. Personajes profundos, elaborados, definidos, con matices, defectos y virtudes. Personajes vivos y palpables [algo de lo que adolecen muchas obras de Ciencia-Ficción, especialmente la dura], con los que empatizar y sufrir, e incluso enfadarse cuando son condescendientes con el sufrido Ish, o estremecerse cuando la presencia de un turbador forastero les obliga a hacer justicia por primera y última vez en la historia.

A la intrahistoria de estas personas transcurre, paralelamente, la historia de la Tierra, que en el texto se diferencia con letra cursiva. Si más arriba dije que La Tierra permanece tiene un algo de documental, es en estos pasajes donde se hace más evidente. Debo decir que aquí se incluyen los datos más duros, en particular para aquellos que gustan [gustamos] de los animales, pues asistimos a la muerte de aquellas mascotas y animales de granja que permanecen cerrados en casas y establos cuando sus amos ya no están para atenderlos. Luego conocemos la suerte de perros, gatos, ganado, animales salvajes, plantas... y sus diversos probabilidades de éxito y adaptación a la nueva realidad en la que el hombre ya no es el rey de la Naturaleza. Los edificios se caen, los automóviles se estropean al aire libre, las carreteras se agrietan, la vegetación invade las ciudades, por las que campan a sus anchas los animales, el Golden Gate se va desmoronando... el título de la obra cobra todo su sentido, cuando descubrimos que la vida en nuestro planeta, de una u otra manera, se abre camino y sigue su curso sin nosotros.

La Tierra permanece

Así que aún podemos ver otro nivel de lectura, el filosófico, pues George R. Stewart reflexiona sobre la pequeñez del ser humano frente a la Naturaleza, la insignificancia de nuestra especie y la fragilidad de la sociedad que ha construido, de sus símbolos, sus logros, sus conocimientos y su dominio del planeta, que pueden desaparecer de un plumazo, sin que la Tierra deje de girar y albergar vida.

Todo ello en una novela de lectura cómoda y placentera, pero repito: no es una novela de Ciencia-Ficción corriente, y no se deben esperar acción desbordante ni emociones fuertes, porque no las contiene. Es una lectura que invita a la reflexión y que tiene el talento de crear imágenes muy vívidas en la mente del lector. Personalmente la recomiendo sin duda, pensando además en lo temprano de su escritura (1949), por ofrecer una historia post-apocalíptica muy diferente a las que posteriormente proliferarían, y que invita incluso a una posterior relectura (algún día) para aprehender todo los mensajes que incluye.

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2 de noviembre de 2014

3001: Odisea final - Arthur C. Clarke

Mil años después de su asesinato, el astronauta Frank Poole es encontrado flotando en el espacio, en estado de hibernación. Tras ser revivido, se reintegra a una sociedad terrestre que en nada se parece ya a la que recordaba. En su viaje a Ganímedes, descubrirá que el comportamiento de los creadores de los monolitos se va haciendo cada vez más hostil hacia la Humanidad. 

3001 Odisea Final


Publicada en 1997, 3001: Odisea final (3001: The Final Odyssey) es obra de Sir Arthur C. Clarke.

Es una novela de Ciencia-Ficción dura, cuya trama los avances científicos poseen un papel central; es una historia de Anticipación, por proyectar un posible momento futuro, y entra en el campo de la especulación, en lo que se refiere al desarrollo tecnológico, su implantación y su influencia en la organización social de la especie humana. Por su tono y su argumento, se puede considerar una historia de Aventuras.

Arthur C Clarke


Con 3001: Odisea final, Arthur C. Clarke concluye la saga Odisea Espacial, un periplo de mil años literarios y de treinta años en la vida de autor y lectores. Clarke era ya octogenario cuando publicó este libro, e intentó reflejar los avances en la investigación científica y en la carrera espacial que se produjeron durante las tres décadas transcurridas desde 2001: una Odisea espacial.

Lo primero que es preciso destacar es que 3001, muestra una serie de incongruencias muy notables con sus precedentes (algo que ya habíamos comentado en 2061), tanto en cronología como en otros aspectos de la trama. Clarke lo argumenta, igual que hizo en los volúmenes anteriores, diciendo que las sucesivas entregas no deben entenderse como secuelas, sino que son historias diferentes sobre una idea común, que ocurren en distintos universos y por tanto no tienen por qué guardar relación absoluta entre ellas.

[Por mi parte, no me siento autorizado a juzgar a una eminencia como Sir Arthur, así que intentaré entenderlo como algo intencionado, o en cualquier caso disculpable, en una saga que empezó redactando en una máquina de escribir y terminó con un portátil Thinkpad cortesía de IBM, un artilugio que sería verdadera Ciencia-Ficción en 1967].


3001 Odisea Final


Veamos la trama y el contexto: 

En el año 3001, Frank Poole, el compañero de tripulación de Dave Bowman en la misión Discovery de la novela (y película) 2001, que había sido asesinado por HAL9000, es encontrado flotando por el cinturón de Kuiper, en estado de hibernación. Es llevado a Star City, un gigantesco anillo orbital que rodea la Tierra y está unido a ella por cuatro ascensores de diez mil kilómetros de altura. Una vez despierto, descubre un mundo que ha cambiado drásticamente: la Humanidad ha conquistado el Sistema Solar y está terraformando Venus con hielo que se recoge en los cometas. Los nuevos motores inerciales permiten viajar a Ganímedes en apenas una semana. De hecho, los cazadores de cometas salen del Sistema Solar y alcanzan Alfa Centauri en su búsqueda de hielo. 

Se han erradicado las enfermedades epidémicas y todas las personas usan un casco cerebral que permite almacenar y acceder a petabytes de información, y agiliza el aprendizaje de nuevos conocimientos. De igual modo, permite reemplazar el obsoleto sistema penitenciario por la detección precoz de comportamientos delictivos y la reinserción social a través del trabajo (a Poole se le asigna un mayordomo llamado Danil, que está cumpliendo condena, durante la cual su voluntad, iniciativa y libertad de movimientos están condicionadas por el mentado casco)

La robótica y la bioingeniería han evolucionado hasta permitir la creación y modificación de especies, de manera que los dinosaurios y los kongs (gorilas con inteligencia aumentada) conviven con los humanos y realizan tareas auxiliares de éstos. 


3001 Odisea Final


El planeta Tierra está menos poblado que en nuestra época, mientras que aumenta la población de Star City y de otras colonias. Por ejemplo Ganímedes consta de varios asentamientos, poseyendo la capital 40.000 habitantes al comienzo de la novela. Se menta además que han existido diversos acontecimientos trágicos que han afectado a los habitantes del planeta, como la colisión de un asteroide en el océano Pacífico en el año 2304, que provocó millones de muertos, así como otros tantos millos de fallecimientos derivados de la falta de adaptación al casco cerebral. 

Y mientras tanto, Europa sigue siendo el mundo prohibido, aunque se envían sondas regularmente, y sus habitantes, los europeanos aquí llamados europos, continúan su evolución acelerada por la presencia de la Gran Muralla, un monolito tumbado, de veinte kilómetros de largo, que separa la cara oscura de Europa de la zona habitable, donde los europos han comenzado una rudimentaria organización social. 

Muchas son las citadas diferencias entre la linea cronológica de 3001 y sus antecesoras. Entre otras cosas, en 2010 la Guerra Fría mantenía su apogeo y en 2061 la Unión Soviética continúa existiendo, pero en esta entrega se cita textualmente que «Mijaíl Gorbachov, el presidente del Imperio Soviético, provocó la disolución de éste a finales del siglo XX, sacando a la luz sus crímenes y excesos». Se alteran también las fechas de las misiones Leonov y Galaxy, además de que el Epílogo de 2010, ambientado en el satélite Europa en el año 20001, deja de tener sentido de acuerdo a los acontecimientos aquí narrados. De igual modo, la velocidad de comunicación de los creadores del monolito pasa a estar limitada a la velocidad de la luz. Y vemos como Dave Bowman y HAL900 se han fusionado en un ente llamado Halman, compartiendo la misma consciencia, en la que no está incluida el doctor Heywood Floyd, que había pasado a acompañarles en 206". Como dijimos, el autor lo da por bueno, y hasta bromea diciendo que no responderá cartas de lectores indignados o que intenten corregirle. 


3001 Odisea Final


Sin duda, la modificación más sustancial de 3001 con respecto a sus antecesoras, es el papel de los creadores del monolito, esa especie de demiurgo que es la enigmática y antiquísima raza extraterrestre responsable de la evolución de la Humanidad y de los europos por igual. Si hasta ahora eran entes esencialmente benévolos, vemos como ahora toman un cariz menos complaciente, obsesionados por el valor de la inteligencia sobre cualquier otro factor. Halman (el ser formado por HAL y Bowman) confiesa que, durante la transformación de Júpiter en la estrella Lucifer, la destrucción de los habitantes del gigante gaseoso no fue un mal inevitable, ni una pérdida lastimosa, sino una acción premeditada, por considerar que la inteligencia tenía muchas más probabilidades de desarrollarse en Europa que en la atmósfera joviana. 

En un momento de la novela, se encuentra y desentierra el primer monolito, el que dio comienzo a 2001, ubicado en Olduvai, África. Gemelo del TMA-1 hallado en la Luna, se bautiza como TMA-0. Los protagonistas de la novela se darán cuenta de que la hostilidad de los creadores hacia la Humanidad va aumentando poco a poco (intentan eclipsar a Lucifer sobre Ganímedes) y que los monolitos de la Tierra "llaman a casa" cada vez con mayor frecuencia, tal vez alertando de que la Humanidad es un experimento fallido, y que el desarrollo de la inteligencia ha tenido efectos no deseados. 

Todo ello tendrá un peso deteminante en la trama de 3001: Odisea final y desembocará un final inesperado, y que no carece de simbolismo, en cuanto a que la Humanidad, con sus defectos y virtudes, y aún con todos los errores que ha cometido, se revela como una raza autónoma, mayor de edad, que ya no requiere la tutela ni la supervisión de otra especie pensante que decida por ella. 

Clarke Kubrick 2001
Sir Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, en los decorados de 2001

No en vano, ella misma ha creado vida y ha desarrollado la inteligencia de otros seres, tanto mediante la robótica como a través de la ingeniería genética. Para la excavación que descubre el TMA-0 se utilizan «as tradicionales cuadrillas de estudiantes graduados» (como indica Clarke con su socarrón humor británico) acompañadas de kongs, unos gorilas mejorados, con la inteligencia de «niños retrasados pero adorables». Destaca, por divertido, el momento que Poole se encuentra de frente, en Star City, con un velociraptor encargado de la jardinería (aquí el autor indica que Poole, como muchos adultos de su generación, había visto todas las películas de Parque Jurásico), el tipo de tarea que a los dinosaurios carnívoros se les da especialmente bien, al igual que la de cuidar niños. 

Y es que los logros de la Humanidad, que jalonan la novela en un ejercicio de especulación, son lo más interesante de 3001: Odisea final, al menos en mi opinión. En especial Star City, el colosal complejo en forma de anillo que rodea la Tierra y cuyo diámetro es la mitad de la distancia a la Luna; y que se comunica con el planeta mediante cuatro ascensores situados en el ecuador. Elevadores construidos en diamante, un material que para entonces sería barato gracias a su producción artificial en fábricas orbitales. Star City concentraría la industria aeroespacial, siendo puerto de entrada y salida de las aeronaves, y eliminaría también la necesidad de satélites artificiales. 

En toda la cuestión científico-técnica se percibe el habitual afán divulgativo de Sir Arthur, y hay una dato curioso en 3001: la última parte del libro, titulada Fuentes y reconocimientos, está dedicada a todos los avances e investigaciones que aparecen en la novela, citando a sus autores y conjeturando sobre las posibles fechas de materialización de las distintas tecnologías que se relatan (fuentes de energía, propulsión inercial, casco cerebral, ascensores orbitales, diamante sintético barato...). El autor bromea también sobre su exceso de optimismo a la hora de escribir las entregas anteriores. 


3001 Odisea Final


3001: Odisea final se compone de cinco partes de extensión desigual, que suman un total de cuarenta capítulos, además de la ya comentada Fuentes y recomendaciones, que por su extensión se puede contar como una parte más. Literariamente es un novela sencilla, fácil de leer, escrita con el habitual estilo limpio y económico de Clarke, que escribía de manera correcta pero no se recreaba en la prosa, sino que las formas estaban por completo al servicio del fondo. Como ya hizo en las entregas anteriores, por momentos recupera párrafos y hasta páginas enteras de sus predecesoras, dando la sensación de leer sobre leído.

La estructura de la novela es sencilla, resultando en una historia de aventuras amena y entretenida, en la que los mayores alicientes son el choque cultural de Frank Poole ante la nueva sociedad en la que despierta, y la especulación del autor sobre el desarrollo científico y tecnológico que la Humanidad habría alcanzado en el año 3001, así como sus muchas y profundas repercusiones en la sociedad. 

Por desgracia, un análisis detallado de las muchas previsiones de Clarke (una sociedad donde, entre otras cosas, han desaparecido las naciones, los hechos diferenciales etnográficos o la práctica de la religión, y en la que lo más parecido a un gobierno mundial ha permitido la erradicación de la pobreza extrema y los conflictos armados) queda fuera del alcance de esta reseña, pese a ser mi aspecto preferido de esta proyección, y en el que más me he recreado. 

En resumen, 3001: Odisea final no es una novela sobresaliente en lo literario, ni brilla con el fulgor de otras obras de Sir Arthur C. Clarke, pero es una lectura agradecida e interesante para los amantes de la ficción especulativa, por la habilidad con la que el autor emplea en su escenario avances tecnológicos plausibles pero que hoy día aún permanecen en el ámbito teórico. Una conclusión solvente para la saga Odisea Espacial y un buen combustible para nuestra máquina de reflexionar.

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