29 de octubre de 2014

El fin de la Eternidad - Isaac Asimov

Walter Harlan es un agente de la Eternidad, una organización que domina el viaje temporal a lo largo de 150.000 siglos, realizando pequeños cambios en acontecimientos en apariencia insignificantes, pero que provocan grandes cambios en la Historia de la Humanidad, garantizando así el bienestar y la pervivencia de la especie humana. Harlan es un escrupuloso y leal miembro de la Eternidad, hasta que conoce a Noys, una mujer del Siglo 482, por cuyo amor está dispuesto a incumplir las rígidas leyes de la organización.

El Fin de la Eternidad

Publicada en 1955, El fin de la Eternidad (The end of Eternity) es obra de Isaac Asimov. El más conocido escritor de Ciencia-Ficción para el gran público, doctor en química y prolífico divulgador científico e histórico. En KindleGarten ya hemos visto dos de sus novelas.

Es una novela de Ciencia-Ficción dura, pues en su desarrollo tienen gran importancia los factores técnicos y científicos; y una historia de Anticipación, que transcurre en un hipotético futuro. Por su trama, es una historia de Intriga, con un argumento de suspense y espionaje.

Isaac Asimov

Se cuenta que Isaac Asimov envió un borrador de El fin de la Eternidad al prestigioso editor Horace Gold, responsable de la revista Science Fiction, pero que este lo rechazó enseguida. Posteriormente la publicó con la editorial Doubleday. Desconozco si con cariño sincero o con ironía, Asimov dedica su libro a Horace Gold. Es la única novela de Isaac Asimov que se cuenta en la lista de David Pringle. Como veremos también, guarda relación con la obra posterior del autor correspondiente al Imperio Galáctico, como las sagas Fundación, Robots e Imperio

En El Fin de la Eternidad, Asimov aborda un tema tan caro a la Ciencia-Ficción como es el de los viajes en el tiempo, y la posibilidad de que estos motiven (o no) paradojas espaciotemporales. Lo hará de una manera rigurosa, propia de la Ciencia-Ficción dura, aunque revisiones actuales enumeran errores que proceden de descubrimientos científicos posteriores a la escritura del texto. Por ejemplo, en la novela nuestro Sol explota convirtiéndose en una Nova, aunque más tarde se descubrió que las estrellas requieren una masa mucho mayor que la de nuestro astro para tal proceso. [Esto es habitual en el género, y no resta ni un ápice de validez a la novela, como iremos viendo].


El Fin de la Eternidad portada


El fin de la Eternidad ofrece una original mirada a los viajes temporales, inspiradora de muchas otras obras (libros, series y películas) posteriores, protagonizadas por cuerpos de "policías del tiempo" que se desplazan entre épocas para evitar acontecimientos inconvenientes antes de que ocurran. 

En este contexto, existe un plano Pantemporal llamado la Eternidad, descubierto en el Siglo 24 y establecido en el 27, donde comienzan los Siglos de la Eternidad, que se extienden hasta el Siglo 70.000, donde comienzan los Siglos Ocultos, que alcanzan el 150.000. Antes del Siglo 24 están los Tiempos Primitivos, cuya Historia es inmutable. La Eternidad es un cuerpo formado por Observadores, Ejecutores y Programadores, cuya misión es observar y analizar la Historia a lo largo de miles de siglos, buscando acontecimientos que puedan provocar graves consecuencias para la especie humana, y modificarlos con un Cambio Mínimo Necesario (CMN), que provoque tiempo después un Resultado Máximo Deseado (RMD). Entre el CMN y el RMD pueden pasar varios siglos, pero todo está controlado con precisión infinitesimal por la Eternidad, usando potentes computadores llamadas Computaplex. 


El Fin de la Eternidad Asimov


Un Cambio Mínimo Necesario puede ser algo tan trivial como la avería de un vehículo, por cuya causa un político llegue tarde a una reunión; o que un hombre no desayune café, poniéndose de mal humor y tomando una decisión diferente a la que iba a tomar ese día. Por esos pequeños detalles, siglos después se alcanza el Resultado Máximo Deseado: evitar una guerra que iba a costar millones de vidas, o desalentar a la Humanidad de una carrera espacial condenada al fracaso, dedicando sus recursos, por ejemplo, a la agricultura, garantizando el sustento de millones de habitantes de la Tierra.

Walter Harlan, el protagonista, es un Ejecutor, un encargado de llevar a cabo las manipulaciones que modifican el flujo temporal. Los Ejecutores despiertan tanto recelo como admiración, y son temidos y respetados por igual, pues hacen el trabajo sucio de la Eternidad. (los Observadores recaban datos con atención minuciosa, y los Programadores planifican las manipulaciones mediante intrincadísimas fórmulas matemáticas. La jerarquía es Observador - Ejecutor - Planificador). Para ello, se desplaza a lo largo de los siglos en Tubos de Tiempo, accediendo desde el Hipertiempo, en el que viven los miembros de la Eternidad, al Tiempo Normal

La enorme energía necesaria para hacer funcionar la Eternidad se obtiene de que nuestro Sol, en el siglo 125.000, explota convirtiéndose en una Nova (como comentamos arriba), y dicha energía se aprovecha con una compleja tecnología en la que no se profundiza demasiado. 


El Fin de la Eternidad libro


El cometido de un agente de la Eternidad, en especial de un Ejecutor, requiere dedicación absoluta, y un desapego completo de las cuestiones y sentimientos que una persona normal pueda tener, por ello sus miembros se abstienen de tener familia, pareja o hijos, y de mantener cualquier distracción de sus exigentes responsabilidades. Harlan, de cuya descripción apenas tenemos un esbozo (el autor nos dice que no es demasiado atractivo) es célibe, y su carácter es frío y adusto. El resto del personal de la Eternidad se conduce de manera similar, sumándole que es un ente casi por completo masculino. A Asimov se le achacó, entre otras críticas, que el conjunto de su obra carecía de personajes femeninos. Aquí lo justifica por el hecho de que los miembros de la Eternidad, que son arrancados del Tiempo Normal, se escogen por su baja probabilidad de afectar a la línea temporal, siendo las mujeres más susceptibles de alterarla con su ausencia. 

En cualquier caso, se intenta que los Eternos no guarden apego a su siglo de origen, destinándolos a otro lo más alejado posible del suyo, y procurando que no conserve objetos, hábitos o costumbres propias del mismo. La idea central es que la Eternidad debe ser una entidad fría, aséptica, racional, carente de sentimientos y emociones, una máquina que rija los designios de la Humanidad y cuide de su progreso, decidiendo por ella y sin que ésta se dé cuenta. 


El Fin de la Eternidad


Pero precisamente es una mujer lo que Isaac Asimov introduce para desestabilizar el mundo ordinario de Harlan. Una joven llamada Noys Lambent, que llega a la Eternidad de mano de uno de sus sociólogos, y de la que Harlan no puede evitar enamorarse. Por amor a ella, está dispuesto a incumplir, por primera vez, las inflexibles normas de la Eternidad, que impiden que un Eterno se relacione de manera continuada con un Temporal, y busca una manera de esconder a Noys en los Siglos Ocultos, mientras él organiza su propia huida para reunirse con ella. 

Pero este argumento sería demasiado sencillo, y el autor opta por complicar y enriquecer la trama con una serie de subargumentos que la convierten en una historia de intriga y espionaje. 

Por una parte, distintos miembros de la Eternidad, rivales entre sí, intentan usar a Harlan y a Noys para su causa, con un juego de intrigas en el que las verdaderas motivaciones y las lealtades se van revelando a lo largo de la lectura.

Por otra, con la presencia de un Aprendiz llamado B.S. Cooper, al que se asigna a Harlan como alumno de Historia Primitiva (en la que es experto, pues es su pasión), y que tendrá un papel inesperado que le vincula con la creación y el origen de la Eternidad. 

Y aún por otra, la propia Noys, que finalmente se revelará como un personaje con mucho mayor calado y profundidad del que aparentaba en principio, un origen más oscuro y una encomienda también crucial no solo para la Eternidad, sino para toda la especie humana. 


El Fin de la Eternidad Asimov


Por todo lo dicho, el argumento de El fin de la Eternidad conjuga Ciencia-Ficción con una jugosa historia de conjuras, engaños, planes ocultos y de facciones dentro de la organización, en la que el personaje es peón de unos y otros, casi siempre sin saberlo, hasta que se rebela y opta por seguir su propio camino. Un argumento muy propio del pulp y las novelas hard-boiled con la que la Ciencia-Ficción compartía estante en los quioscos de la época. 

Pese a ello, Asimov no descuida ni lo más mínimo el rigor científico, y resuelve la cuestión de los viajes en el tiempo de una manera curiosa, con la forma de un Hipertiempo que transcurre fuera del Tiempo Normal, controlado por los Eternos (que no son inmortales, pese a su nombre), personas que dirigen los devenires de la Humanidad asegurándose de que esté a salvo de catástrofes, guerras, totalitarismos, o cualquier factor que la haga peligrar. De tal manera que la vida de la especie se mida en miles de siglos. 


El Fin de la Eternidad libro


Como no puede ser de otra manera, El fin de la Eternidad tiene que mover a la reflexión, debe poseer una doble lectura. Esta actitud sobreprotectora, este paternalismo de la Eternidad, ¿no está condicionando la capacidad de la especie humana para la autosuperación? Al mantenerla dentro de lo confortable ¿No está impidiéndole superar sus propios límites, desarrollar todo su potencial? A lo largo de la novela, los miembros de la Eternidad comentarán que, en diversos siglos, una vez tras otra, la Humanidad ha intentado la carrera espacial, fundando colonias en el Sistema Solar, que siempre fracasan y son posteriormente abandonadas. 

Se establece así la creencia axiomática de que la aventura espacial es inadecuada, un sueño costoso e improductivo, por lo que la Eternidad cambia el Tiempo Normal siempre que es necesario para hacer fracasar las intentonas de la especie humana por alcanzar las estrellas. 

Pero ya comentamos arriba que El fin de la Eternidad está relacionada con el Imperio Galáctico,  el universo literario de Isaac Asimov, en el que la Humanidad ha conquistado el cosmos, creando un imperio de millones de planetas y billones de habitantes. Por tanto, algo debe ocurrir para que la carrera espacial tenga éxito en uno u otro momento. La respuesta, en esta novela. 


El Fin de la Eternidad portada


En el aspecto puramente literario, estamos ante una obra breve, dividida en dieciocho capítulos titulados, en la que el autor emplea su habitual economía de medios, con un estilo sobrio y sencillo, al servicio de la trama, y en el que no existen figuras narrativas destacables. Descripciones mínimas, tanto de personajes como de escenarios, párrafos breves y diálogos rápidos. Siempre digo que el formato de publicación condicionaba el estilo de los autores de la época, y este libro no es excepción. Asimov era resultadista, y su prosa era un simple soporte para los hechos que narraba, sin ninguna intención artística por sí misma.

Los personajes, incluso Harlan y Noys, adolecen de lo habitual en la obra de Isaac Asimov: resultan fríos, impersonales, (y esto es una opinión personalísima) hasta algo antipáticos. Lo he comentado en otras obras del autor y en otras reseñas de novelas de Ciencia-Ficción dura; los personajes no buscan la empatía del lector, ni son lo más importante de la historia. Son vehículos para que transcurra la trama, en la que la verdadera protagonista es la idea central, en este caso la Eternidad y los conceptos del Hipertiempo y de la sociedad Pantemporal. 


El Fin de la Eternidad


No olvidemos el afán divulgativo que Don Isaac proporcionaba a sus obras, y que en esta ocasión se materializa en una lección sencilla y comprensible del concepto de tiempo no lineal, y de su repercusión en la existencia de infinitos planos de realidad o dimensiones. Una manera divertida de comprender un poquito más la mecánica cuántica. De hecho, Asimov muestra sentido del humor sobre el tema, y bromea sobre la famosa paradoja del abuelo:

«Harlan contestó:
—Los Primitivos, virtualmente, no se preocupaban del Viaje en el tiempo, Programador.
—No lo consideraban posible, ¿eh?
—Creo que ésa es la verdad.
—¿Ni siquiera especulaban sobre este asunto?
—Bien, en cuanto a eso —dijo Harlan, inseguro—, creo que había diversas opiniones, manifestadas generalmente en cierto tipo de literatura novelesca. No estoy muy familiarizado con estos libros, pero creo que un tema muy usado era el de un hombre que regresa al pasado para asesinar a su propio abuelo cuando éste era aún un niño.
Sennor pareció encantado.
—¡Maravilloso! ¡Maravilloso! Después de todo, esto es al menos una forma de expresar la paradoja básica del Viaje a través del Tiempo, si asumimos una Realidad invariable, ¿eh? Pero sus Primitivos, me atrevería a afirmar, nunca llegaron a pensar en algo distinto de una Realidad invariable, ¿es así?»

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26 de octubre de 2014

El hombre en el castillo - Philip K. Dick

Las historias personales de un anticuario, un metalúrgico y una instructora de judo estadounidenses; un mandatario japonés y un espía alemán, en una realidad en la que la II Guerra Mundial fuese ganada por las fuerzas del Eje y no por los aliados. Estados Unidos, que no habría participado en la contienda, estaría dividida en tres zonas, dos bajo dominio japonés y alemán, y una libre. 

El hombre en el castillo Philip K Dick

Publicada en 1962, El hombre en el castillo (The man in the high castle) es obra de Philip Kindred Dick, prolífico escritor de Ciencia-Ficción, renovador del género y uno de sus principales representantes. Recibió, entre otros, un Hugo y un John W. Campbell memorial. La experimentación con drogas psicoactivas parece influir notablemente en su obra, aunque él lo negaba. Sus problemas mentales (brotes psicóticos, paranoia, delirios y visiones) fueron responsables, en gran medida, de que viviese y muriese al borde de la miseria. En KindleGarten lo conocimos con su novela Ubik

Es una novela de Ciencia-Ficción blanda, y una ucronía: una historia alternativa a la real, a partir de que un hecho concreto del pasado hubiese sucedido de manera diferente. Es también una distopía, en cuanto especula con una realidad indeseable. 

Philip K Dick


El hombre en el castillo no es la primera ucronía escrita, pero sí es la novela que marcó las pautas del subgénero, y la que definió la forma de especular con historias alternativas a partir de puntos de inflexión, es decir, ¿qué habría pasado si...?. Por ella, Philip K. Dick recibió el Premio Hugo en el año 1963 [Por desgracia, el Hugo es un premio sin dotación económica, así que no contribuyó a aliviar su penosa situación monetaria, a no ser que empeñase la estatuilla que se recibe como toda conmemoración]. Forma parte de la lista de David Pringle (las cien mejores novelas de Ciencia-Ficción.

El escenario ideado por Dick es el verdadero protagonista de la novela, que carece por lo demás de un personaje central. Esta situación ucrónica es un contexto imaginativo y original, y entiendo que en su día debió ser rompedor, más aún si tenemos en cuenta lo reciente que estaba aún la contienda. Vamos a verlo:

La trama transcurre quince años después del armisticio de la II Guerra Mundial, que ha finalizado en 1947, en vez de en 1945, con la victoria del Eje (Alemania, Japón e Italia) frente a los aliados. El presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt ha sido asesinado antes de su segundo mandato, por lo que nunca desarrolló el Big Deal, Estados Unidos no ha superado la Gran Depresión y es un país deprimido que no ha participado en la contienda armada. Las potencias vencedoras se reparten el mundo: Alemania posee toda Europa (Rusia incluida), Asia central, el África subsahariana y parte de Sudamérica. Japón domina el Pacífico, Oceanía, Asia oriental (incluidas China y la India) y la mayor parte de Sudamérica. Italia (que nunca depuso a Benito Mussolinni y no cambió de bando) posee el norte de África y lo que fue el mar Mediterráneo, que ha sido desecado y convertido en inmensos campos de cultivo. 

El hombre en el castillo mapa
Mapamundi político de la novela [fuente: Wikipedia]

La peor parte se la han llevado los pobladores de África y Europa oriental, pues los alemanes se han dedicado al exterminio masivo y sistemático de todas las personas de raza negra, judía y eslava. Es especialmente por esta causa por lo que El hombre en el castillo se puede caracterizar como distopía. 

Y Estados Unidos, mientras tanto, ha quedado divida en tres grandes zonas: los Estados Pacíficos de América, bajo mandato japonés; los Estados Unidos de América, bajo mandato alemán; y los Estados de las Montañas Rocosas, una franja central de territorios libres empobrecidos y poco prósperos. 

La carrera espacial la monopoliza Alemania, que está explorando el Sistema Solar y posee el mayor desarrollo tecnológico y científico del planeta. Las dos superpotencias, Alemania y Japón, mantienen una relación que podríamos calificar como de cordial indiferencia: se reparten el mundo e intentan no intererferirse mutuamente, por sus cosmovisiones diametralmente opuestas.

Así, vemos que, aunque ambos pueblos son eficientes administradores, los japoneses son unos gobernantes severos pero justos y respetuosos con sus sometidos, mientras que los alemanes son despóticos. 

El hombre en el castillo Philip K Dick
Dos factores, que además están en estrecha relación entre sí, son destacables a la hora de analizar El hombre en el castillo:

El primero es la omnipresencia del I Ching, el milenario libro de los cambios o libro de las mutaciones chino, un antiquísimo texto oracular taoísta cuyo uso cotidiano introducen los japoneses en los Estados Pacíficos de América, y que las personas de ambas nacionalidades consultan a la hora de tomar cualquier decisión complicada.

El propio Philip K. Dick empleó el I Ching para escribir la novela, y en ello justifica los giros argumentales que menos convencieron a los lectores y, en teoría, a él mismo. Por mi parte, ya os anticipo que el final me resultó algo desconcertante. Luego volveremos sobre esto.

El segundo factor es la existencia, dentro de El hombre en el castillo, de otra novela que es la ucronía correspondiente a esa realidad, pues narra el curso que habría tomado su historia si los aliados hubiesen resultado el bando vencedor de la II Guerra Mundial. Dicha ucronía se titula La langosta se ha posado [frase tomada de un versículo de la Biblia, y que ha dado nombre a infinidad de publicaciones sobre Ciencia-Ficción] y es obra de un estadounidense (de los Estados de las Montañas Rocosas) llamado Hawthorne Abendsen quien, al igual que Dick, la ha escrito usando el I Ching


El hombre en el castillo portada



La langosta se ha posado y su autor son uno de los ejes de la trama, y de hecho dan nombre a la obra, pues el hombre en el castillo  es Hawthorne Abendsen, que, según la solapa de su libro, vive recluido en una casa fortificada, provisto de un arsenal imponente. Mientras que La langosta se ha posado está prohibido en los Estados bajo dominio alemán, los japoneses lo permiten y ellos mismos lo leen. Más aún, el intento de asesinato de Abendsen por parte de un espía alemán es uno de los hilos argumentales que Dick maneja. 

Como ya comenté arriba, el final de El hombre en el castillo me resultó algo desconcertante, y requiere un poco de abstracción por parte del lector. En cualquier caso culmina una de las ideas que transmite el autor: existen múltiples realidades, o múltiples formas de la misma realidad, cuyas diferencias vienen marcadas por puntos de inflexión, por hechos que ocurrieron de una manera distinta en cada una de ellas. Estas diversas realidades se pueden atisbar a lo largo del texto. Por ejemplo el señor Tagomi, el dignatario japonés que tiene uno de los papeles principales, se moverá sin quererlo a nuestra realidad, encontrándose un San Francisco muy distinto al que conoce: entre otros detalles sustanciales, entra en un bar donde los hombres que ocupan la barra no le ceden el sitio y se dirigen a él con hosquedad y sin el respeto debido a los japoneses al que está acostumbrado. 

El hombre en el castillo portada


En cuanto a la trama, al argumento en sí mismo, El hombre en el castillo es una novela coral, donde como ya comenté no existe un personaje central. El grueso de los acontecimientos transcurren en la ciudad de San Francisco, donde confluyen las historias de varios personajes. 

El señor Tagomi es un dignatario japonés, el responsable de la misión comercial del país nipón. Su entrevista con un supuesto empresario sueco llamado Baynes, guarda un suceso crucial: Alemania planea destruir a su aliada Japón (pues los germanos poseen arsenal nuclear, mientras que los nipones no), tomando como excusa una escaramuza fronteriza en territorio americano, orquestada por la SD (la antigua Gestapo).

Frank Fink es un estadounidense de raza judía, que trabaja como metalúrgico. Tras dejar su trabajo se establece por libre con un socio, creando joyería de alta calidad hecha a mano. Su origen judío le traerá problemas con la mentada SD, y su destino permitirá a Philip K. Dick ilustrar el pulso de autoridad entre alemanes y japoneses.  

Su esposa Juliana, que trabaja como monitora de judo (de nuevo la impronta japonesa) y que vive separada de él, hará un viaje a los Estados de las Montañas Rocosas, tras conocer a un supuesto camionero italiano llamado Joe Cinnadella, quien la acompaña a conocer al autor de La langosta se ha posado, libro que llega a obsesionarla. Los motivos de Joe para viajar con ella son algo que no desvelaré.

El hombre en el castillo Dick


Por último, el señor Robert Childan es un anticuario, negocio que ha florecido en los Estados del Pacífico gracias a la pasión de los japoneses por los antiguos objetos de la industria estadounidense: botones, catálogos, cromos, láminas, picaportes, tiradores de puerta, máquinas de afeitar... cualquier cosa creada por los vencidos en el pasado (personalmente, me recuerda a la pasión que los romanos desarrollaron por la cultura de los derrotados griegos, o la que éstos tuvieron antes por la de los persas). Un reloj de pulsera de Mickey Mouse se considera un regalo de gran valor. Las viejas armas de fuego de fabricación americana, como los Colt, son cotizadas piezas de coleccionista. El señor Childan descubrirá que su proveedor (el industrial para el que trabajaba Frank Frink antes de despedirse) le ha estado suministrando piezas falsificadas, y se terminará destapando que la mayor parte de las piezas que copan el mercado son de reciente fabricación y envejecidas artificialmente.

Comento esto porque las joyas de Frink y su socio, que no logran despertar el interés ni de los anticuarios ni de los japoneses, representan la primera creación original americana desde la Guerra. Y simbolizan que, para los japoneses, la estadounidense es una cultura muerta, sin futuro, decadente, ya innoble, que no puede ofrecer nada nuevo y solo posee interés por lo que fue [situación similar a la que padecen hoy día muchas culturas tradicionales, condenadas a ser pueblos de postal o de museo, una simple curiosidad colorista y exótica para satisfacción de los turistas].

Cuando Paul Kasoura, un acomodado cliente de Childan, le ofrece comercializar las joyas (piezas únicas hechas a mano, sin molde, con materiales de calidad y acabadas con perfección maestra) como amuletos de la suerte baratos producidos en serie para vender a los supersticiosos habitantes de Asia y Sudamérica, Childan tendrá que decidir entre claudicar y asumir la superioridad moral japonesa o tener un último acto de dignidad y de reafirmación. 


El hombre en el castillo portada

El hombre en el castillo no es una novela de ritmo vigoroso, ni posee demasiada acción (se cuenta un tiroteo, una breve persecución y una pelea cuerpo a cuerpo) ni una historia de Ciencia-Ficción abundante en aspectos tecnológicos, pues la carrera espacial alemana es algo tangencial apenas citado en el texto. Osaría apostar que habrá lectores que la encuentren aburrida y hasta insustancial en cuanto a los hechos que narra, pues los acontecimientos transcurren sobre todo a través de los diálogos. 

El gran valor que tiene es, sin duda, el mover a la reflexión y el especular con una situación hipotética en la que los sometidos terminan desarrollando admiración por unos de sus regentes (los estadounidenses del Pacífico estiman a los nazis como colectivo enérgico, decidido y capaz, y por haber derrotado al comunismo) y un resentimiento sordo, resignado e impotente por los otros (vemos como Robert Childan se siente torpe frente a sus clientes japoneses; nunca sabe como comportarse ante ellos, cuida cada detalle de lo que dice o hace porque sabe que son gente para la que todo tiene significación, y se duele de la condescendencia con la que le tratan).


El hombre en el castillo Philip K Dick


Especial atención merecen tanto la relación de acontecimientos hipotéticos que narra la ucronía La langosta se ha posado, que va relatando la derrota de Rommel en África, la batalla de Stalingrado, los juicios de Nuremberg o la entrada de los tanques aliados en Berlín (de la cual ofrece un extracto literal), algo que inflama el ánimo de los nazis, que prohíben la obra; como la linea temporal del gobierno nazi del escenario ucrónico de Dick, en el que Hitler vive su últimos años incapacitado en un sanatorio, aquejado de sífilis cerebral, Martin Bormann le ha sucedido como canciller del Reich, cargo que a su muerte repentina se disputan Hermann Göring y Joseph Goebbels.

En conclusión (para no extendernos mucho más), El hombre en el castillo es una novela fascinante por el contexto que plantea y por su premisa inicial (recordando, además, lo que significó en la época en la que fue escrita) por la cantidad de simbología que contiene, si bien no deben esperarse de ella ni una trama apasionante ni una riqueza de recursos estilísticos o un desarrollo narrativo sobresalientes, de los cuales simplemente carece. Lo cual no quita que esté narrada con claridad, ni que la historia avance sin titubeos. Por mi parte, el final me dejó algo frío y me hubiese gustado que Philip K. Dick desarrollase más algunos aspectos.

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23 de octubre de 2014

Mercaderes del espacio - Frederik Pohl y C.M. Kornbluth

Mitchell Courtenay es un eficiente ejecutivo de publicidad en una sociedad absolutamente mercantilizada en la que las empresas han reemplazado a los gobiernos y los ciudadanos se han convertido en consumidores. Con el ecosistema planetario expoliado y las materias primas casi desaparecidas, las corporaciones han puesto su vista en Venus como lugar de expansión de los mercados. Mitchell Courtenay será el elegido para dirigir la campaña de colonización de Venus, pero para ello debe enfrentarse a traiciones, intrigas empresariales y la acción de los consistas, los últimos disidentes a la sociedad consumista. 

Mercaderes del espacio

Publicada en 1953, Mercaderes del espacio (The Space Merchants) es obra de Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth. 

Pohl es uno de los grandes nombres de la Ciencia-Ficción, a la que dedicó 75 años de su vida. Fue escritor, editor, agente literario, conferenciante, profesor y bloguero. Ganó cuatro Premios Hugo, tres Nebula, un Locus y dos John W. Campell Memorial. Era apenas un adolescente cuando co-fundó los Futurians, un grupo de aficionados a la Ciencia-Ficción, cuyos miembros serían todos ellos después escritores del género. Fue miembro del Partido Comunista de 1936 al 39, y durante la II Guerra Mundial sirvió en la aviación, participando en los bombardeos sobre Italia. Era el abuelo de la escritora Emily Pohl-Weary.

Cyril M. Kornbluth comenzó a escribir a los quince años. También miembro de los Futurians, su obra incluye diez novelas y un sinfín de relatos, que publicó usando numerosos pseudónimos. Participó en la II Guerra Mundial, donde fue condecorado. Por desgracia, falleció de un infarto con solo 34 años. En 1973 recibió un Hugo póstumo por su relato The Meeting, publicado en 1972.

Es una novela de Ciencia-Ficción blanda y una Anticipación de corte distópico, que realiza una sátira crítica sobre el capitalismo y la sociedad de consumo, con una estructura narrativa y un argumento propios de la novela de intriga y espionaje, que conserva un notable carácter pulp

Frederik Pohl
Frederik Pohl

Mercaderes del espacio se publicó originalmente en la revista Galaxy Magazine, en tres entregas (números de junio, julio y agosto de 1952), con el título de The Gravy Planet, y más tarde, en 1953, como novela con el título definitivo. 


En este artículo [en inglés] se explica ampliamente el génesis y el proceso de publicación de la novela, así como el papel de cada uno de los autores en su escritura. 

Está incluida en la lista de David Pringle como una de las cien mejores novelas de Ciencia-Ficción. En 1975, los lectores de Locus la situaron en el puesto 24 en la categoría de Mejor novela de Ciencia-Ficción de todos los tiempos. 

En 1984, Frederik Pohl escribió una continuación titulada La Guerra de los mercaderes. Existe un volumen doble titulado Venus, Inc. que contiene ambas novelas. Hasta donde he logrado indagar, este doble volumen no fue publicado en castellano. 

CM Kornbluth
C.M. Kornbluth

Mercaderes del espacio es, a mi juicio, la distopía más acertada que he leído hasta el momento, y aquella cuyos autores mejor han sabido vaticinar y predecir el derrotero que tomaría la sociedad a partir del momento histórico que se vivía en el momento en que fue escrita. 

El pensamiento de izquierdas de Pohl y Kornbluth es más que evidente (los miembros de Futurians compartían, además de su pasión desmedida por la Ciencia-Ficción, sus ideas progresistas), pero la novela dista de ser un panfleto comunista o un ejercicio de maniqueísmo. Lejos de ello, es una mirada satírica, cáustica y mordaz a la sociedad de consumo y al capitalismo despiadado, fruto de unas capacidades analíticas y de reflexión privilegiadas. Por ello, creo que es una novela que resultaría interesante no solo a aficionados a la Ciencia-Ficción, sino a cualquier lector, incluso a los más reacios al género, pues raro será aquel al que su lectura no le mueva a reflexionar y replantearse la realidad que le rodea.

Mercaderes del espacio


Veamos el fascinante contexto de la novela. En un futuro cercano no determinado, las empresas, agrupadas en gigantescos trusts, rigen una sociedad en la que los gobiernos son testimoniales. Las personas deben lealtad absoluta a su empresa, teniendo que consumir solo sus productos y sin poder romper su contrato de trabajo, lo cual es un grave delito. El sistema social se divide en ejecutivos, productores y consumidores. Los ejecutivos deciden el destino de la sociedad mientras que los consumidores subsisten al límite de la miseria, existiendo solo para consumir y mantener el sistema productivo funcionando. 

Los derechos laborales simplemente no existen y los salarios no permiten mantener una vida digna, solo acceder a los bienes de consumo cuya necesidad se ha creado a través de las omnipresentes campañas de publicidad. La superpoblación y la masificación hacen que una vivienda de 6 metros cuadrados se considere normal, y muchos consumidores viven en los escalones de los edificios, pagando por su ocupación. 

Absolutamente todos los servicios están privatizados, incluso la policía, y solo atienden a quienes paguen sus suscripciones. Ya no existe la clase media, y las diferencias de nivel de vida entre ejecutivos y consumidores es abismal, insalvable. Los niveles de contaminación son tan altos que se debe salir a la calle con extractores de hollín en nariz y boca. El medio ambiente ha sido totalmente aniquilado, y las ciudades se extienden hasta el infinito. La carestía de materias primas es tan aguda, que los automóviles, incluso los lujosos Cadillacs, funcionan a pedales, la madera se considera artículo de lujo (se usa para elaborar joyas) y la gente se alimenta de proteínas sintéticas. 

Las instituciones gubernamentales están al servicio de las empresas, designando estas los cargos políticos («[...]el senador por Productos Químicos Duont, con sus cuarenta y cinco votos, de nuestro fácil triunfo sobre el senador por la Nash Kelvinator, con sus seis votos[...]»), que elaboran y modifican las leyes según las necesidades del mercado. 

Mercaderes del espacio

Lo dicho: el parecido entre el mundo predicho por Pohl y Kornbluth es tan asombroso como preocupante.Y especial papel tiene la publicidad, que ha evolucionado de la mera venta de artículos de consumo a ser un aparato que controla hasta el último resquicio del comportamiento humano y de la organización social:

«Nos recordó la historia de la publicidad. En un principio sólo se trataba de vender productos manufacturados. Un trabajo de niños. Actualmente, y con el fin de satisfacer las necesidades del comercio, creábamos nuevas industrias y remodelábamos las costumbres.»

Así es. La publicidad crea necesidades, modifica conductas, usos y costumbres, condiciona y modela la cosmovisión de las personas, convirtiéndolas en devotos y acríticos consumidores que mantengan funcionando la maquinaria del capitalismo:

«Herrera podía haber ocupado su puesto en el mundo, comprando y usando, dando trabajo y beneficios a sus hermanos de todo el mundo, acrecentando constantemente sus deseos y necesidades, acrecentando el trabajo y los beneficios en el círculo del consumo, y criando niños que serían a su vez consumidores.»

Mercaderes del espacio libro


Huelga decir que el capitalismo, convertido en un sistema político además de económico, pasa por encima de la salud de las personas, del medio ambiente y de lo que presente para seguir produciendo beneficios. Un ejemplo es el omnipresente Mascafé (¿Nescafé?), un sucedáneo del café que contiene «alcaloides inofensivos para la salud», pero que provocan una adicción irrefrenable. El tratamiento de desintoxicación cuesta 5000 dólares, por lo que al consumidor le resulta más barato seguir, simplemente, consumiendo Máscafé a un ritmo de "tres tazas en cada comida y una jarra al lado de la cama para beber durante la noche, tal como se aconseja en la etiqueta del frasco".

Este escenario ha llegado a un punto crítico: ya no hay más mercado. No es posible seguir creando beneficios, el mundo no tiene más que ofrecer, si hasta la Antártida está convertida en destino turístico. Fowler Schocken, el presidente de la poderosa agencia de publicidad que lleva su nombre, tiene clara la solución: hay que colonizar Venus. La publicidad tiene ante sí el mayor reto de su historia: lograr vender la vida en un infierno árido, peligroso, desconocido y lejano como una deseable oportunidad de prosperar y vivir con plenitud. Aquí entra en juego Mitchell Courtenay, el protagonista. 

Mercaderes del espacio portada

Mercaderes del espacio está narrada en primera persona por su protagonista, Mitchell Courtenay, un narrador no omnisciente, en una historia dividida en diecinueve capítulos que tiene un delicioso tono pulp, pues está narrada con una notable economía de recursos, ahorrando en descripciones y pasajes de transición. La acción es constante y transcurre con un ritmo frenético en algunos momentos, en el que los acontecimientos se encadenan velozmente, con una estructura que recuerda a las historias de espionaje e intriga nacidas en la literatura de quiosco. Todo un fruto de su época. 

Mitchell Courtenay no nos caerá simpático, ni empatizaremos con él, aunque tendrá una progresión a lo largo de la novela, pues su mentalidad, que al principio es elitista y conforme con la injusta estructura social, irá moldeándose con los acontecimientos que va viviendo, y sus autores logran provocar interés y preocupación por la suerte que correrá, en una trama plagada de giros argumentales impredecibles y muchas veces drásticos. 

Mercaderes del espacio libro


Llama la atención la cantidad de acción y de acontecimientos que Pohl y Kornbluth logran condensar en una novela tan breve, sin renunciar a la tesis principal de criticar la sociedad de consumo y satirizar sobre el capitalismo. Cuando Mitchell Courtenay se vea en la situación de un consumidor, trabajando sin salir de la pobreza, en una espiral de consumo de los productos que él mismo publicitaba, y asistiendo a la insensibilidad con la que la multinacional Clorela expolia los recursos naturales de Costa Rica, los autores aprovechan para introducir el movimiento consista, una organización clandestina que ejerce de resistencia ante un modelo social que considera irracional y nocivo, y que reivindica el regreso a un modo de vida tradicional, más respetuoso con el planeta y más igualitario. 

La novela incluirá otros giros, en los que iremos descubriendo que los consistas están infiltrados en altas esferas, hasta un desenlace que los vinculará, junto con Courtenay, en el inminente viaje rumbo a Venus. Impagable también el momento en el que, con un misterio y un secretismo totales, el protagonista acompaña al consista Gustavo Herrera a hacer algo clandestino: leer viejos libros que no contienen publicidad ni tratan sobre ella. 

Además del buen oficio literario de Frederik Pohl y C.M. Kornbluth, que manejan a la perfección el tempo narrativo y saben captar y mantener la atención de lector, es necesario destacar la crítica que realizan a las sibilinas y maquiavélicas técnicas publicitarias con las que las empresas manejan la voluntad de los consumidores. Por ejemplo, en los colegios se empaquetan los productos menos atractivos para los niños (croquetas de soja, filetes regenerados) en color verde (el propio de la empresa Productos Universal), mientras que los más sugerentes (caramelos, helados y cigarrillos "Colillitas") se envuelve "en el brillante color rojo de los productos Astromejor Verdadero", condicionando así a los niños a preferir los productos de la segunda frente a los de la primera. O cómo segmentan su audiencia en niveles (lo que hoy se llama target), siendo sus mensajes más simples o evidentes en función del nivel. Para un nivel 12 (analfabeto) la publicidad es auditiva. 


Mercaderes del espacio Pohl


Personalmente, me sorprendió el grado de acierto de Pohl y Kornbluth a la hora de perfilar la evolución de su sociedad, pues el panorama mostrado en Mercaderes del espacio se asemeja tanto al rumbo que va tomando nuestra época actual que es como para preocuparse. Desde la brecha creciente e irreversible entre ricos y pobres (además, con la exaltación de los directivos y demonización de los trabajadores con la que nos machacan los medios de comunicación), pasando por la privatización de servicios (la policía se ha sustituido por agencias de seguridad como la Pinkerton) hasta la irresponsabilidad medioambiental, el agotamiento irracional de materias primas y la pérdida de soberanía y entidad de los gobiernos frente a los holdings transnacionales. 

Mención aparte merece, en una sociedad inmoral y pervertida como la expuesta en la novela, la forma en la que se retuercen famosos aforismos sobre la ética, que pasan a enunciar lo contrario que hoy día:
«Y ya conoces el viejo dicho: "El poder ennoblece. Y el poder absoluto ennoblece de un modo absoluto."»
«[...]aquí administramos justicia, uno de los axiomas básicos de la justicia sostiene "Es preferible que sufran mil inocentes a que escape un solo culpable."»

Mercaderes del espacio Pohl Kornbluth


Por lo tanto, y para resumir, Mercaderes del espacio es una novela excelente, no solo como novela de Ciencia-Ficción, sino como ejercicio de Anticipación y Distopía, en la línea de otros clásicos como 1984 o Un mundo feliz, pero con una acidez, una ironía satírica, un sentido del humor negro y un planteamiento pulp (más popular y menos intelectual) que las diferencia de éstas, pero que la hace igual de inquietante e interesante.

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21 de octubre de 2014

2061: Odisea tres - Arthur C. Clarke

Año 2061. Heywood Floyd, héroe de la expedición de la Leonov, tiene 103 años de edad, gracias a haber pasado gran parte de su vida en un entorno de baja gravedad. Aún así, se embarca en un vuelo comercial al cometa Halley. Paralelamente, una astronave en viaje de exploración a la órbita de Lucifer, en cuya tripulación se incluye su nieto Chris Lloyd, debe aterrizar de emergencia en el satélite Europa, el mundo prohibido, en el que hallarán una montaña compuesta de un material de valor incalculable.

2061 Odisea tres Arthur C Clarke

Publicada en 1897, 2061: Odisea tres (2061: Oddysey three) es obra de Sir Arthur C. Clarke, a quien ya conocemos bien.

Es una novela de Ciencia-Ficción dura, por la importancia de las cuestiones científico-técnicas en la trama y por el rigor con el que son tratadas. Por estar ambientada en el futuro, es una novela de Anticipación, y posee el ritmo y el tono propios de una novela de Aventuras.


Arthur C Clarke


El propósito inicial de Clarke era escribir esta novela en 1990, cuando la Misión Galileo, lanzada en 1986, hubiese enviado suficientes datos e imágenes tanto de Júpiter como de sus lunas, que habría alcanzado en 1988. Pero la catástrofe del Challenger, el transbordador espacial que la habría lanzado, provocó el aplazamiento de la misión (se lanzó en 1989 y llegó a Júpiter en 1995, funcionando hasta el 2003, cuando se destruyó sumergiéndola en la atmósfera de Júpiter). Sir Arthur dice, en el prólogo, «He decidido no aguardar».

2061: Odisea tres es una novela más ligera y tiene un mensaje menos trascendental que sus predecesoras, que cambia por un ritmo más ágil y un argumento más propio de una clásica novela de aventuras, sin renunciar por supuesto al rigor y a la plausibilidad propias del autor. 

Para ello, recupera a Heywood Floyd, el astrónomo que hizo su aparición en 2001 y protagonizó 2010, convertido, para la Humanidad, en el héroe de la Leonov [recordemos, la astronave rusa de 2010], de cuya tripulación es el único miembro vivo. Pues Floyd cuenta con 103 años de edad, pero está hecho un chaval. Además del efecto imprevisto de la hibernación sobre su metabolismo, ha pasado gran parte de su vida en un hospital en órbita (por caerse de un balcón y herirse severamente durante una celebración del éxito de la Leonov), y el entorno de baja gravedad ha favorecido que su envejecimiento se ralentizase (una tesis similar puede verse en Los propios dioses de Asimov). Así que el bueno de Floyd tiene la forma física y el estado de salud de un hombre de 65 años. 


2061 Odisea tres Arthur C Clarke


Su hijo Chris, también astronauta, falleció en la ficticia catástrofe de la Misión Copérnico, y su nieto, Chris Floyd II, que siguió igualmente sus pasos, se encuentra a bordo de la nave Galaxy, explorando las lunes de Júpiter.

[Cabe decir que a mi juicio, Sir Arthur se confundió con sus propias notas, porque le atribuye a Heywood Floyd dos hijas de su primer matrimonio, cuando antes era una; y al monolito una antigüedad de cuatro millones de años, cuando en las novelas anteriores era de tres, y solo en la película se le calculaban cuatro].

Aún a su edad, Heywood es invitado a formar parte, junto a otras celebridades no relacionadas con el campo de la astronáutica, del pasaje de la Universe, una astronave que los llevará hasta el mismo cometa Halley, que está haciendo su visita periódica al Sistema Solar. 

Y esta es una de las ideas más interesantes de la novela. En un mundo en el que las grandes potencias viven en paz, el desarme nuclear ha sido completo (solo existen cincuenta cabezas nucleares custodiadas por las Naciones Unidas), Sudáfrica se ha convertido en los Estados Unidos del Sur de África (tras las revueltas de las personas de raza negra y el exilio de los blancos), y existe un Presidente Planetario, el rey Eduardo VIII, la carrera espacial ya no es solo cosa de los Estados, sino que la iniciativa privada tiene su papel. El magnate hongkonés Sir Lawrence Tsung ha fundado Líneas Espaciales Tsung, que posee varias astronaves: la Cosmos, la Universe y la Galaxy, dedicadas tanto a la carga, como al turismo, como a la investigación científica. Porque además la especie humana ha comenzado su expansión por el Sistema Solar, lo que incluye una colonia en Ganímedes, el satélite joviano, ahora luciferino. 

Ni qué decir tiene que las empresas aseguradoras tienen cobertura sobre estas aeronaves, y Clarke, con su humor británico, hace que Líneas Espaciales Tsung trabaje con la londinense Lloyds. 

2061 Odisea tres portada


El escenario principal para 2061 será Europa, el mundo prohibido para la humanidad, que ahora orbita en torno a Lucifer, la estrella en la que se convirtió Júpiter tras su implosión por parte de los monolitos. En ella debe aterrizar la Galaxy, con Chris Floyd a bordo, por obra de Shaka, una organización terrorista sudafricana (nombrada así por el mítico cuadillo zulú). Europa permitirá a Clarke un interesante ejercicio de especulación, tanto sobre la configuración del satélite, con sus inmensos océanos con una profundidad de cincuenta kilómetros, con los hielos eternos que lo cubren o las formas de vida que se anticipaban en el epílogo de 2010. Resulta llamativo el poblado que los exploradores terrestres se encuentran, de viviendas similares a los iglús esquimales y dotados de hornos solares apuntados a Lucifer; y permite reencontrarse con una vieja conocida, la nave china Tsien, ahora completamente expoliada de su metal. Clarke se recrea también recuperando la historia de la tripulación china y la suerte corrida por ésta.

Las aventuras de Chris Floyd y el resto de la misión Galaxy resultan entretenidas y poseen momentos emocionantes, en los que se llega a temer por su destino, enfrentados a seres acuáticos de aspecto terrorífico, al frío y al aislamiento. Por supuesto habrá un intento de rescate, y para ello está la Universe, en una posición privilegiada para partir en busca de su compañera, con Heywood Floyd a bordo. Aquí tenemos otro de los más destacables ejercicios de anticipación de Sir Arthur, con una tecnología de propulsión por fusión fría basada en los muones, que permite cubrir la distancia a Júpiter en semanas, frente a los años que requerían los motores Sajarov (comentar que dicha tecnología, que por supuesto está aún en el campo de la hipótesis, fue descubierta en los años 50 por el doctor Luis Álvarez, a quien Clarke reconoce en los Agradecimientos).


2061 Odisea tres portada


2061, pese a no ser ya una aportación imprescindible para sus predecesoras, sí guarda relación y coherencia con ellas, guardando apariciones para viejos conocidos como Dave Bowman y HAL9000, que conversarán con Heywood Floyd, quien pasará en lo sucesivo a tener una relación más estrecha con ellos, algo que no os desvelaré. 

Precisamente, una conversación entre los tres revelará gran cantidad de detalles sobre los monolitos y sus autores, su papel en el desarrollo tanto de la Humanidad como de los europeanos, y el coste que supuso la conversión en estrella para Júpiter y los seres que lo habitaban. Sobre esto y sobre la montaña de diamante (nombrada Zeus) surgida en Europa, que será un pilar de la trama, Clarke se apoyará en los trabajos del dr. Melvin Ross (publicados en Nature en su día) sobre la posibilidad de que los planetas gaseosos, como Júpiter o Saturno, tengan núcleos diamantinos. 

Con todo, como ya comenté, 2061 destaca más por su tono de aventuras, y se convierte en una lectura ágil y entretenida, tanto siguiendo los azares de los tripulantes de la Galaxy por Europa, como por los fenómenos naturales que allí se producen, con un paisaje que cambia continuamente a velocidades de vértigo, por el equilibrio de temperaturas y presiones a los que está sometida. 

2061 Odisea tres
Proyecto para la novela, de Michael Welan,
autor de la portada que encabeza esta reseña

La novela, dividida en nueve partes de extensión desigual, destina la última, titulada 3001 a hacer una brevísima introducción a la siguiente entrega, que lleva por título dicha fecha. Es curioso que Clarke se repita bastante, e incluso parafrasee pasajes de 2010,  y así lo reconoce sin empacho en las notas finales. 

Por otra parte, su breve extensión y su lenguaje sencillo, incluso tratando cuestiones científico-técnicas, facilitan su lectura, y favorecen el evidente carácter divulgativo que muestra Sir Arthur.

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19 de octubre de 2014

Cántico por Leibowitz - Walter M. Miller, Jr.

La guerra nuclear ha devuelto a la especie humana a la barbarie. El conocimiento científico, culpado de la catástrofe, sufre una persecución inmisericorde. La Orden Albertiana de Leibowitz es una congregación religiosa que se consagra a la conservación del conocimiento y la cultura, a la espera de que llegue una época en la que vuelva a ser útil a la sociedad. 

Cantico por Leibowitz


Publicada en 1960, Cántico por Leibowitz o Cántico a San Leibowitz, según ediciones (A Canticle for Leibowitz) es obra de Walter Michael Miller, Jr. Escritor de Ciencia-Ficción, autor de gran cantidad de relatos. Fue tripulante de bombarderos durante la Segunda Guerra Mundial. La destrucción causada, incluida la de la abadía benedictina de Monte Cassino, le marcaría de manera indeleble, y le llevarían a convertirse al catolicismo, en el que formó parte de una corriente progresista y renovadora. Tras la guerra, se graduó en la universidad y trabajó como ingeniero. Vivió sumido en una depresión permanente, suicidándose en 1996.


Es una novela de Ciencia-Ficción blanda, y una historia de Anticipación, ambientada en un futuro posible; este escenario es una Distopía de tono post-apocalíptico. Por su temática, es una novela dramática en la que la religión tiene un papel preponderante.

Walter M Miller


Cántico por Leibowitz se publicó originalmente en tres entregas en la revista The Magazine of Fantasy & Science Fiction, y después fue revisada y editada como novela. No ha dejado de reeditarse desde entonces. Ganó el Premio Hugo en 1961, y para muchos no es solo un clásico de la Ciencia-Ficción, sino también una de las mejores novelas del siglo XX. Los lectores de la revista Locus la eligieron tres veces como mejor novela de Ciencia-Ficción de todos los tiempos, y se incluye en la famosa lista de David Pringle.


Fue la única novela del autor publicada en vida. Su secuela, San Leibowitz y la mujer caballo salvaje, quedó inconclusa, siendo terminada por Terry Blissom y editada en 1997.

Está dividida en tres partes: Fiat Homo (Hágase el Hombre), Fiat Lux (Hágase la luz) y Fiat Voluntas Tuas (Hágase tu voluntad), que pueden entenderse como tres relatos independientes pero interrelacionados por un hilo conductor común. Tienen una extensión similar, y en total suman treinta capítulos.

Literariamente, Cántico por Leibowitz es un peso pesado. Tanto por la habilidad estilística y narratica de Walter Miller como por la profundidad que le otorga a los personajes y la complejidad y calado de los temas que trata. Veamos:


Cantico por Leibowitz


El contexto de la historia es una sociedad post-apocalíptica, arrancando la primera parte, Fiat Homo, seiscientos años después de la Guerra Nuclear, en el año 3174. El escenario es el sur de los antiguos Estados Unidos, que están divididos en pequeños reinos, imperios, territorios y baronías, quedando las grandes extensiones desérticas pobladas por tribus nómadas y por mutantes deformes, fruto del Fallout, la lluvia radioactiva conocida como el diluvio de fuego. La humanidad se encuentra en una situación comparable a la de la Alta Edad Media. A la guerra nuclear sucedió "la Gran Simplificación": un movimiento convulso en el que los supervivientes culparon a los científicos de la creación de las armas de destrucción, asesinando y linchando a los eruditos, y destruyendo los libros. Isaac Leibowitz, un ingeniero judío que participó en el desarrollo de las bombas nucleares (factible, los principales responsables del Proyecto Manhattan eran judíos), arrepentido por sus actos, se convirtió al catolicismo, llevó una vida ascética y fundo la Orden Albertiana (¿por Albert Einstein, tal vez?), consagrada a preservar el conocimiento científico, mediante monjes contrabandistas de libros y memorizadores. Muchos de ellos fueron capturados y asesinados, pero otros lograron salvar documentos y conservarlos para la posteridad, creando así la Memorabilia, razón de ser de los albertianos. El propio Leibowitz fue capturado y martirizado, siendo ahorcado con su cinturón.

Así pues, seiscientos años tras el Fallout como ya dijimos, todo comienza cuando el hermano Francis de Utah, novicio de la Orden Albertiana de Leibowitz, cumple su vigilia pascual en el desierto, manteniendo ayuno y meditación. Mientras se construye un refugio para protegerse de los lobos, un extraño peregrino, ataviado como el beato Leibowitz, escribe unos caracteres en una roca y desaparece. Debajo de dicha roca, Francis encuentra un refugio antinuclear que contiene lo que parecen reliquias de Leibowitz. Pero el descubrimiento no beneficia al monasterio, pues en ese momento se está decidiendo, en Nueva Roma, la canonización de Leibowitz, y el abad Arkos teme que parezca una coincidencia demasiado afortunada, provocándole fuertes dudas y dilemas morales.

Cantico por Leibowitz mapa
El mundo en el que transcurre Cántico por Leibowitz [fuente: Wikipedia]

Seiscientos años más tarde, con San Leibowitz ya canonizado, el mundo vive una época equiparable al Renacimiento: los Estados soberanos van ganando poder y la Iglesia ya no tiene el monopolio del conocimiento y la cultura. A la abadía se desplaza Thon Taddeo, enviado del Gobierno de Texarkana, con la misión de estudiar y analizar la Memorabilia, mientras soplan vientos de guerra entre Texarkana y el reino de Laredo, con la participación de los nómadas de las llanuras, a cuyo frente se encuentra el caudillo Oso Loco. El abad Paulo se enfrentará a la decisión de abrir la Memorabilia al mundo, objetivo inicial de su conservación, o preservarla para evitar su uso indebido. Es destacable ver como el Vaticano, situado en Nueva Roma (en algún lugar de los antiguos Estados Unidos) va perdiendo paulatinamente su papel y su influencia en favor de los nuevos Estados, tal como ocurrió realmente en nuestra Historia.

Y otros seiscientos años después, la Humanidad vive una nueva época de esplendor, con un grado de desarrollo incluso superior al nuestro actual, pero repite sus mismos errores y comienza otra conflagración nuclear. El abad Zerchi toma una decisión dura, pero esperanzadora: el espacio es el lugar en el que la Memorabilia estará a salvo. Además, tendrá que abordar otras cuestiones complejas para la moral católica, como la eutanasia de los afectados por el nuevo Fallout.

De tal manera que, a través de Cántico por Leibowitz, Walter Miller trata una buena cantidad de cuestiones, tanto históricas como morales. Comenzando por la teoría de la historia cíclica, en la que los acontecimientos históricos se repiten una y otra vez, en una serie de ascensos y caídas de las civilizaciones, que no aprenden de sus errores, de modo que la novela comienza y termina con una guerra nuclear, dando a entender que regresará la barbarie y todo volverá a empezar.


Cantico por Leibowitz portada


El autor, desde una óptica y una moral católicas, muestra a la Iglesia (en especial las órdenes monásticas) como preservadora y custodia del conocimiento, papel que ciertamente tuvo en la Edad Media, colaborando en la cohesión y el desarrollo de la identidad cultural europea. Vemos como el nacimiento de los Estados soberanos lleva a un enfrentamiento Iglesia-Estado, y a la pérdida del monopolio de la creación y la conservación del saber por parte de la primera, y la diatriba a la que esta se enfrenta: entregar la Memorabilia al público, que ya está capacitado para comprenderla y darle utilidad.

Y un tercer dilema moral, la eterna lucha entre Ciencia y Religión, expuesto en las duras decisiones que los diversos abades deben tomar, y sobre todos ellos el padre Zerchi, que se niega a que la Estrella Verde (un trasunto de la Cruz Roja) practique la eutanasia de aquellas personas afectadas irremediablemente por la radioactividad.

La novela está llena de simbolismo. La figura del peregrino anónimo, en apariencia inmortal, pues aparece en las tres partes y ya es viejo en la primera, que muchos identifican con Lázaro de Betania, el resucitado por Jesucristo. La mutante señora Grales, cuya segunda cabeza, llamada Rachel, para quien solicita con insistencia el bautismo, representa la Inmaculada Concepción y una criatura inocente, libre del pecado original.

Del mismo modo, cada parte termina con la muerte violenta de un personaje, que es devorado por los buitres. Estos omnipresentes buitres negros, constantes a lo largo de la novela, simbolizan el paso del tiempo, inexorable, que termina devorándolo todo.


Cantico por Leibowitz libro


El gran logro de Cántico por Leibowitz es, a mi juicio, integrar la moral católica en la Ciencia-Ficción, evitando el relativismo, el fanatismo, o el ataque frontal a los otros esquemas de valores. Walter Miller dota a sus personajes de congruencia, tanto los tres abades (dom Arkos, dom Paulo y dom Zerchi) como el resto de religiosos son personas que se rigen por un pensamiento católico, y actúan en consecuencia con él. Para mí, el momento de mayor dramatismo, y en el que queda más patente la confrontación entre esquemas morales es la tercera parte, cuando el padre Zerchi y el doctor Cors, de la Estrella Verde, debaten la eutanasia de una mujer y su hija, cada uno desde su punto de vista.

El autor no intenta convencer ni moralizar, de hecho la novela contiene una cierta ironía, diluida pero perceptible, sobre cuestiones como las reglas monacales; la pérdida (o alteración) del significado de los dogmas de la Iglesia, la figura de los santos, sus milagros o sus reliquias (las de Leibowitz están compuestas, entre otras cosas, por una lista de la compra) con el transcurso del tiempo; o los debates bizantinos en el seno de la Iglesia.

Como conclusión, Cántico por Leibowitz no es una historia trepidante o llena de acción y emociones, sino una reflexión sobre la historia de la Humanidad y el papel de la Iglesia católica en ella. Su mayor baza es la ausencia de maniqueísmo, no hay buenos ni malos, solo hombres comportándose y tomando decisiones de acuerdo a sus creencias y principios; y de relativismo: ninguna postura es más correcta o más acertada que las demás. Tampoco hay moralinas ni intenciones ocultas: Walter Miller se muestra como un católico humanista, y su relato resulta en un hermoso retrato de las dudas y aflicciones que aquejan a las personas puestas en situaciones difíciles.

Por mi parte, la considero una lectura más que recomendable, y no solo como obra de Ciencia-Ficción; también como parábola de nuestra propia Historia y del nacimiento y desarrollo de nuestra identidad cultural, en la que la Iglesia católica tuvo, de muchas maneras distintas, un papel fundamental. Sumémosle la calidad narrativa de su autor y la viveza que le proporciona a sus actores (es una novela coral, sin un protagonista central) y tendremos una de las lecturas más interesantes de las que he disfrutado en los últimos tiempos.


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16 de octubre de 2014

Las pesquisas de un cadáver amnésico - Silvia Márquez Comino

Joan Fredolic aparece muerto en la empresa de transportes de su padre, en medio de un escenario rocambolesco. Su cadáver, o mejor dicho su espíritu, que no recuerda cómo murió, acompañará al sergent Perales, policía a cargo del caso, y a otros estrafalarios personajes, en sus pesquisas por la ciudad de Barcelona, intentando descubrir el modo en que murió y, lo más importante, por qué. 

Pesquisas cadaver amnesico


Publicada en 2014, Las pesquisas de un cadáver amnésico es obra de Silvia Márquez Comino. Escritora y bloguera. Ha escrito mucho, y aún lo hace, para el público infantil, aunque ahora está centrada en la novela. También colabora en un programa de radio llamado Cuarto Cuarta.

Es una novela negra y policíaca, pero escrita con un sentido del humor muy fino e irónico, que retrata de forma satírica el conjunto de la sociedad. Su estilo se mueve entre el surrealismo y el neorrealismo, con pinceladas costumbristas. 

Silvia Marquez Comino
[fuente: FB de la autora]

Las pesquisas de un cadáver amnésico es la primera novela de Silvia Márquez Comino. Está ambientada en Barcelona, y las diversas localizaciones que sirven de escenario a los acontecimientos son reales y pueden ubicarse con este mapa de localizaciones. Como curiosidad, «la casa de los chicos», situada en el Carrer de Santa Eulàlia, 41, en L'Hospitalet del Llobregat, fue el domicilio de la autora mientras escribía este libro, como cuenta en esta entrevista. [es un PDF] Podéis ver el vídeo en este enlace. Además aparecerán lugares icónicos de Barcelona como la Sagrada Familia, la Diagonal, la Plaza de las Glorias, las Ramblas, el Monte de Montjuïc o la Universidad. 

Se divide en diez capítulos, y transcurre en ocho días. Está narrada en primera persona, por un narrador participante, que tiene una función más de testigo y cronista que de protagonista propiamente dicho, pues debemos tener en cuenta que, en todo momento, está muerto


Pesquisas cadaver amnesico
[fuente]

Este es el punto fuerte de Las pesquisas de un cadáver amnésico: la originalidad. Silvia Márquez tiene un estilo que rápidamente evoca al de dos barceloneses universales: Manuel Vázquez Montalbán y Eduardo Mendoza. Me explico: Al igual que ellos, es capaz de radiografiar la vida cotidiana de la ciudad y de sus gentes a través de un sentido del humor muy delicado y de una ironía cáustica y mordaz. 

No es una novela que busque la carcajada, su humor es mucho más sutil, y se lee con una sonrisa permanente por la gracia con la que Silvia Márquez va desgranando tanto las tribulaciones cotidianas de los barceloneses (el turismo masivo y las aglomeraciones que provoca, los peajes despiadados, el tráfico) como las andanzas de Joan, el difunto protagonista, y el resto de personajes que aparecen a lo largo de la trama. 

Como ya comenté, se mueve entre el surrealismo y el neorrealismo, en concreto el del cine de Luis García Berlanga o el más surreal de Álex de la Iglesia, con su manera de hacer humor a través de la crítica social (incisiva pero entrañable) y del costumbrismo. Veamos la historia para hacernos una idea:

El narrador, Joan Fredolic, era un joven poco afortunado, mediocre en sus estudios, sin éxito con las chicas y con una escasísima vida social. Aparece muerto y mutilado en la nave de Transportes Fredolic, la empresa familiar, en la que trabajaba durante los veranos, vestido con una túnica blanca, rodeado de lo que parecen elementos rituales, de un toro y de una piscina plegable. Su caso se le asigna al sergent Perales, un antiguo Policía Nacional reconvertido en Mosso d'escuadra [la policía autonómica catalana], aficionado a construir maquetas navales y adicto a la bollería industrial. Sus pesquisas le llevan a la Universidad de Barcelona, donde entra en contacto con Emma, una estudiante que lo pondrá sobre la pista de una disparatada secta, que podría tener relación con la muerte de Joan. 

Pesquisas cadaver amnesico
[fuente]

Joan, en espíritu, fantasma o alma, es testigo de todo lo que ocurre, pero no puede intervenir en modo alguno, y asiste perplejo a nuevos detalles sobre su muerte, y sobre su vida, que no paran de sorprenderle y deprimirle cada vez más, a medida que descubre las pobres opiniones y conceptos que otras personas (que ni se imaginaba) tenían de él. Impagable el momento en el que, acompañando a Perales, acude a su antigua casa y ve a sus padres. Ahí cree que su perro le ve y se alegra, para quedarse chafado cuando éste salta a través de él para perseguir al gato del vecino. 

Todo el elenco que desfila a lo largo de Las pesquisas de un cadáver amnésico, a caballo entre el esperpento valleinclaniano y el surrealismo, permite acercarse a la realidad barcelonesa, y cada personaje está trabajado con mimo y con profundidad: el sergent Perales, que aprendió catalán tras cuarenta años viviendo en Barcelona para incorporarse a los Mossos, aunque aún lo pronuncia mal (Sarchén por Sergent, Sipplau por Si us plau), adicto a la bollería industrial de la que se suministra sobre todo en Las Torres, el bar de Manolo, un gallego que le fía la cuenta y que trabaja a destajo; el señor Armengol, el payés [campesino] propietario de Cañete, el toro que aparece en la escena del crimen, que es muestra del carácter y la forma de ser del medio rural catalán; su perro Bitxo, que tiene papel en la historia en una escena divertidísima; las vecinas cotillas, los estudiantes...


Pesquisas cadaver amnesico
[fuente]

Es imposible no simpatizar con el desastroso Joan y su autocompasión, o con el sufrido sarchén Perales, que recorre Barcelona y alrededores padeciendo su tráfico infernal («Nos comimos el atasco habitual de la Ronda Litoral, al que se añadieron todos esos coches que salen de la nada en cuanto empiezan a caer cuatro gotas») y sus peajes ineludibles («los cuatro euros de nada del peaje de los Túneles de Vallvidrera»), con el colesterol disparado por el consumo indiscriminado de bollos («Bollería industrial de verdad, de la que viene envuelta en bolsita de plástico») y que apenas pisa su casa. El relato de Silvia Márquez y los personajes que lo protagonizan son una forma excelente de conocer la Barcelona real, la que está fuera de los circuitos turísticos en los que millones de personas la invaden al año:

«Así que subí dando un tranquilo paseo hasta ser atravesado por todos y cada uno de los cincuenta japoneses que bajaban atropelladamente de su autocar armados con sus cámaras de fotos para fusilar al símbolo de la ciudad desde ángulos que ni el mismísimo Gaudí sería capaz de reconocer en una foto.»

Pesquisas cadaver amnesico
Barcelona vista desde el Montjuïc. En primer plano, el monumento a la sardana
[baile típico catalán] que aparecerá en la historia. Al fondo, el peculiar edificio Agbar.

Como novela policíaca, Las pesquisas de un cadáver amnésico funciona muy bien, y Silvia Márquez opta por comenzar la trama de una manera sencilla para ir después complicándola y enrevesándola, marcando el punto crucial la visita del sarchén Perales a la Universidad y su encuentro con Emma, momento en que se incorporan a la historia ésta y Juanjo, que harán sus propias investigaciones paralelamente a las de Perales, y a partir del cual entra en el juego el hilo argumental de Zulatla, una extraña secta relacionada (o no), como ya comentamos, con la muerte de Joan.

El ritmo ágil y ameno, unido a una extensión moderada, hacen que la novela sea una lectura rápida y agradecida, a la que contribuye una trama bien hilada, sin vías muertas y cuyas piezas encajan sin esfuerzo, sin piruetas. Los diálogos son vivos y fluidos, mientras que las escenas más truculentas quedan atenuadas por el omnipresente humor, de manera que se convierte en un libro apto para un amplio público, sin entrar en el terreno de la novela negra más cruda. 

Pesquisas cadaver amnesico
El turismo masivo, que atesta Barcelona y complica bastante la vida
de sus residentes habituales, aparecerá retratado también en la novela.

Para mi gusto personal, sin olvidar la excelente trama y el argumento policíaco, lo más destacable de la novela sigue siendo el aguzado sentido del humor de su autora, del que no se libra absolutamente nada ni nadie. Cada personaje, por secundario que sea, cada situación y cada escenario pasan por la mirada satírica de Silvia Márquez que, para decirlo coloquialmente, le saca punta a todo. Esta capacidad de observación y análisis de la realidad, que como ya dije me recordó a los titanes Mendoza o Vázquez Montalbán, puede convertirse en la seña de la identidad de la autora y hacerla conectar fácilmente con el público proclive al humor neorrealista (el clásico es gracioso porque es cierto).

En resumen, Las pesquisas de un cadáver amnésico es un debut notable para su autora, Silvia Márquez Comino, y una lectura placentera y muy divertida, donde el humor y la intriga de una historia policíaca-detectivesca van de la mano para mostrar, de manera irónica y satírica, la vida diaria de esa apasionante ciudad que es Barcelona y de sus gentes. Es una novela para leer sonriendo y para sentir simpatía y un poco de lástima por sus protagonistas, cada cual por sus circunstancias, pero sobre todo ellos el sufrido cadáver Joan Fredolic.

Y recordad que el libro está a la venta en el momento en que lees estas líneas, por ahora en formato digital, y en el futuro en formato papel. 

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