28 de julio de 2014

La mente perversa - Joshua BedwyR

Teresa, conocida en Internet como Digital Death, es una hacker retraída y poco sociable. Por azar entra en contacto con Antonio, un antiguo compañero de Universidad, que se encuentra en peligro de muerte tras descubrir los turbios manejos de su jefe, un importante industrial español. Pese a que su relación nunca fue buena, decide socorrerle, ayudada por su equipo, compuesto por Andrei y Pyotr, expertos en seguridad informática y por Sara, maestra de la ingeniería social. Paralelamente, recibirá la llamada de auxilio de un empresario chino, que busca a su sobrina desaparecida. Ambas misiones obligan a Teresa a emplear todas sus habilidades, mientras evita a los sicarios que intentan detenerla, y se verá forzada a internarse en la Deep Web tras la pista de una red de pederastas.


Publicada en 2014, La mente perversa es obra de Joshua BedwyR. Escritor autopublicado, director y autor teatral, e ingeniero informático que ejerce como docente y consultor. Escribe libros técnicos especializados en seguridad informática, y lo conocimos en la reseña de su En un mundo azul oscuro.

Es un thriller de intriga y acción, con un argumento muy actual y tono de best-seller, al que también se le puede poner la etiqueta de novela negra, por su tratamiento de la corrupción empresarial y el crimen asociado a ella. 



Con En un mundo azul oscuro, Joshua BedwyR se atrevió con un tema complejo y difícil de abordar, sobre todo en una primera novela: el Imperio Acadio, período histórico poco conocido y todavía menos documentado. La mente perversa supone un cambio radical con respecto a aquella, tanto en temática, como en planteamiento, como en extensión. Para ubicarla, me atrevería a decir que es un best-seller, en el sentido de que emplea una narrativa muy ágil y un ritmo muy vivo, para relatar una historia emocionante, con un tono de thriller de intriga, que recuerda a las viejas historias de espías, pero actualizadas para transcurrir a través de los entresijos y recovecos de Internet. 

La mente perversa transcurre en el Madrid de nuestra actualidad, aunque la historia tiene su origen durante la Guerra Civil Española, donde arrancan los hechos, con elementos que irán apareciendo a lo largo del texto. Pues eso es, por otra parte, lo más meritorio, al menos a mi juicio, de esta novela: todo encaja. Todo. No hay cabos sueltos. Cada hilo argumental y cada subtrama terminan cerradas, incluso aquellas que creíamos olvidadas por el autor, por su tardanza en aparecer tras ser presentadas, acaban irrumpiendo y ocupando su lugar en el conjunto. 

En este aspecto, creo que se aprecia la experiencia teatral de BedwyR, por los elementos y personajes que entran y salen de escena, jugando al despiste con el lector y obligándolo a una lectura más atenta de la requerida por un best-seller al uso. Este juego de equívocos me hizo anticipar resoluciones que luego se desmintieron, así que quedé de listillo conmigo mismo. Por ejemplo: un personaje que tiene ausencias y tardanzas, que justifica con excusas vagas y poco creíbles. Y yo diciendo: Jaja! es un traidor! Y al final no, no era eso, sino algo mucho más simple y cómico.



La trama avanza con firmeza, y como ya dije le imprime a la narración un ritmo trepidante, que permite devorar el libro en un par de tardes. Como es normal, el texto tiene que dejar respirar, con momentos algo más calmados, que el autor ha resuelto, por una parte, con una subtrama romántica, y por otra con unas conversaciones, al principio de cada capítulo, entre la protagonista y un antiguo amor de juventud, que en ese momento se halla moribundo. Estos diálogos son la parte más lírica e intimista de La mente perversa, pues asistimos a confidencias privadas entre dos personas, que tienen incluso carices poéticos. 

En la línea de ser una historia ligera, cuenta con unos personajes que están un tanto estereotipados, y claramente divididos en héroes y villanos (o buenos y malos, si preferís), aunque alguno se mueva sobre la línea que los divide y nos sorprenda con gestos de honor que no esperábamos de él. Así el lector los identifica con facilidad y los ubica rápidamente. La protagonista es Teresa, que como hacker se llama Digital Death o simplemente Di-di. Es una joven de pequeña envergadura, estética metalera, retraída y poco sociable, desencantada de su idealismo por los diferentes varapalos que se ha llevado en la vida, como ser expulsada de la universidad o la muerte de Arturo, el que fue su gran amor. Mientras, Antonio, al que ayudará a salvar la vida, es el típico trepa español, con más caradura que talento y más dotes para la conspiración y las intrigas que para desempeñar bien su trabajo. Una persona cobarde y poco honorable, que descubrió los negocios ocultos de su jefe y que corre peligro por ello. Si Teresa decide ayudarlo es por escarmentar a Javier Valls, el antiguo compañero de facultad que provocó su expulsión. Tanto Antonio como Javier trabajan en TecSer (Tecnológicas Serrano), la clásica empresa familiar española, dirigida por Horacio Serrano, un industrial sin escrúpulos a la hora de eliminar a quien estorbe en sus negocios. 




El equipo de Teresa está compuesto también por personajes arquetípicos, pero originales y con detalles que los humanizan y los hacen divertidos. Andrei, quien perteneció a los temibles Spetsnaz, y Pyotr, profesor universitario que colaboró con el KGB. Dos expertos en informática completamente distintos (Andrei es refinado, elegante y está integrado por completo en España, mientras que Pyotr es un cosaco que apenas habla castellano y fuma sin parar) pero complementarios; y Sara, un transexual con una habilidad innata para el camuflaje, el disfraz y todo lo que supone la ingeniería social. Otros secundarios, como Karim el egipcio, colaborador inestimable del grupo, o Santiago y Carlos, los sicarios de Horacio Serrano, está también elaborados con mimo, pues conocemos incluso su pasado y antecedentes, de modo que no son simples comparsas. 

Por otra parte, el empresario chino Zang Jackie (que encarga a Teresa la búsqueda de su sobrina desaparecida) y su entorno (que incluye a Manuel, el guardaespaldas que se convertirá en el interés romántico de la protagonista) están representados de una manera creíble, si caer en prejuicios, mostrando un mundo duro, cruel, pero formado por de hombres de honor, de palabra, a medio camino entre la mafia y la actividad empresarial más honesta, con una óptica similar a la que Coppola emplea en su saga El Padrino

Mención especial merece Noa.J, colega de Teresa, que la ayudara a adentrarse en la Deep Web, y que muestra tanto una inteligencia y un talento privilegiados, como una esquizofrenia paranoide que lo aparta de la realidad, tomando siempre medidas de privacidad extremas (como inhibidores de escuchas) y creyendo en las teorías conspiranoicas más absurdas. 

Pedobear nació en 4chan en 1996, a modo de broma sobre la pedofilia

Y llegamos a otro aspecto que considero relevante. Ya comenté que Joshua BedwyR es informático de profesión, y para más señas experto en seguridad informática. Pues bien, a La mente perversa se le puede encontrar, a menos según mi criterio, una sana intención didáctica, de «enseñar divertiendo». Me explico: acostumbrados a las «fantasmadas» y a los errores de bulto de muchas novelas, series y películas, normalmente estadounidenses, producidas por la impericia de los guionistas y el escaso (o nulo) asesoramiento por parte de eruditos en la materia, es un placer encontrarse un libro en el que el autor sabe de lo que habla, e incluso se permite breves explicaciones «for dummies» de todo lo relativo a redes informáticas y su seguridad (malware, algoritmos de cifrado como el AES, backdoors, rastreo de direcciones IP...). Este componente ilustrativo toma forma de diálogos, normalmente entre Antonio (cateto absoluto en informática) y Teresa y su grupo.

Me he atrevido con la etiqueta novela negra, de la que hoy día se abusa, por contener dos elementos que creo definitorios del género, más allá de los crímenes, los asesinatos y las escenas truculentas, que también las hay. Uno es la crítica social, en concreto a la cesión de libertades individuales en favor de una supuesta seguridad colectiva. Otro es el mostrarnos el mundo del hampa, entendido como la trastienda de empresas aparentemente legales, que realmente se cimentan en asuntos turbios y que entran en el campo del crimen organizado: tanto el pasado de Horacio Serrano, como los manejos de Zang Jackie o la críptica Banca Ordoñez, y la naturalidad con la que su gerente trata el lavado del dinero y las cuentas en paraísos fiscales. Mención aparte para el pasado de Andrei en Chechenia, con actos de extrema crueldad (que por desgracia muchos soldados rusos cometieron de verdad). En la misma línea, la novela nos muestra el triunfo en la vida cotidiana de las personas despiadadas y sin escrúpulos sobre aquellas de espíritu noble, de lo ilegal sobre lo íntegro. Por ello, la cruzada de Teresa y sus socios se convierte un poco en la revancha de éstos (y con ellos, de todos nosotros) sobre aquellos.

Lavapiés, barrio madrileño donde transcurre gran parte de la acción. En él se
 mezclan el Madrid más castizo con el crisol de mundos creado por la inmigración

Todos estos componentes crean una trama llena de pequeños detalles y de subargumentos que se van interrelacionando, incluso de mano de algún MacGuffin como los planos de un cohete diseñados durante la Guerra Civil y custodiados celosamente en la cámara acorazada de la Banca Ordoñez. Ya lo dijo Hitchcock: «El MacGuffin, en historias de rufianes siempre es un collar y en historias de espías siempre son los documentos».

BedwyR dedica parte de la trama, como ya comentamos, a la búsqueda de la sobrina del empresario chino Zang Jackie, que fuerza a Teresa a internarse en Deep Web, una Internet dentro de Internet, protegida por todo tipo de medidas, y por la que campan a sus anchas redes de pederastia, entre otros criminales. De nuevo se reflejan con acierto tanto ese mundo como la gente que lo compone, y la verdad es que consigue contagiarnos la repulsión y el asco que produce a la protagonista en trato con un pedobear desaprensivo apodado «el Wracker». La postura del autor no es morbosa, e incluye un anexo con direcciones de referencia (fuerzas de seguridad, asociaciones, gobiernos) sobre pedofilia y pederastia.


La Deep Web, definición gráfica

La verdad que este thriller de intriga daría para un análisis más extenso, pero para resumir nos quedaremos con que nos presenta una imagen del hacking más realista y creíble de lo acostumbrado (nada del cliché del adolescente lleno de acné colándose en los ordenadores del Pentágono) pero sin renunciar a una historia emocionante y repleta de acción. La ambientación en España le da un punto extra de verismo y de cercanía (al menos para mí), y demuestra que no todo tiene que ocurrir en los Estados Unidos. Le sumamos unos personajes muy humanos, que despiertan sentimientos de simpatía o aversión (Antonio me recuerda intensamente al interventor de la sucursal de mi caja de ahorros que se fugó dejando un considerable agujero de dinero y cientos de clientes entrampados con acciones preferentes), un poco de historia inmediata (nuestra ominipresente Guerra Civil) y un tema de tanta actualidad y tan atrayente como es Internet y sus zonas grises, y el conjunto es una novela divertida y muy recomendable como entretenimiento y como alternativa sana a las flipadas hollywoodienses. 


La mente perversa está a la venta en Amazon, en formato digital y en tapa blanda

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25 de julio de 2014

El viaje del héroe

Aquí está el tercer relato de KindleGarten Ediciones, obra de Tomás Rivera, como es costumbre. 

Lo prometido es deuda, y en esta ocasión, como adelanté, el cuento no tiene nada que ver con la religión. Hacemos un cambio de género que espero sea de vuestro agrado.

Toda la historia es, desde su título, un homenaje al viaje del héroe, o el héroe de las mil caras, o lo que es lo mismo, el esquema inalterable que variando personajes y escenarios siguen miles de historias que hemos leído, visto y oído, empezando por los cuentos tradicionales y acabando por las más modernas producciones de Hollywood.

Precisamente, al viaje del héroe se ciñe la estructura de la novela que he plagiado impunemente para este cuentito: La canción de Cazarrabo de Tad Williams, que fue también una de las primeras reseñas publicadas en KindleGarten.




Es un relato ligerito, sin pretensiones. Una lectura veraniega para pasar un rato entretenido. Comentaros que está basado en un hecho real, que le ocurrió a un amigo mío, quien amablemente me permitió robarle la anécdota para convertirla en esta historia que hoy publico. Desde aquí, la mayor de mis gratitudes. 


Recordemos la licencia de publicación:

El viaje del heroe -
CC by-nc-nd -
Tomás Rivera



Espero que lo disfrutéis. La descarga, como siempre, en el enlace de abajo. Nos leemos!

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21 de julio de 2014

Luz de agosto - William Faulkner

Varias historias entrelazadas, protagonizadas por distintos personajes, que confluyen en la localidad de Jefferson, Tennessee, en la época de entreguerras. Por una parte Lena Grove, una inocente joven embarazada, camina desde Alabama y llega a Jefferson en pos del padre de su hijo. Por otra conocemos el periplo vital de Joe Christmas, un enigmático sujeto que parece buscar su propia perdición. Mientras, a través del Reverendo Hightower, obsesionado con la muerte de su abuelo, soldado confederado, asistimos al pasado del pueblo y su relación con la guerra civil estadounidense. 



Publicada en 1929, Luz de agosto (Light in August) es obra de William Cuthbert Falkner (la «u» se la añadió después). Escritor, poeta, guionista de cine y alcohólico a jornada completa. Premio Nobel de Literatura en 1949, dos veces ganador del Pulitzer y receptor póstumo del National Book Award estadounidense. Junto a Hemingway, Jonh Steinbeck y John dos Passos, se le considera un autor principal de la moderna novela americana, y con ello figura central de la narrativa contemporánea. Muchos lo estiman como el gran modernista estadounidense.


Es una novela dramática, de corte realista, pero con la mirada decadente, mortecina y pesimista propia de la llamada Generación perdida. Incorpora muchas innovaciones narrativas y está marcada por un estilo y un planteamiento modernistas, con una prosa muy escogida y elaborada.


[Nota: a lo largo de todo el texto, el autor se refiere a las personas de raza negra como «negros». El modo de tratar y de referirse a los personajes de esta condición («había una negra sentada», «varios negros», «un negrito», etc.) refleja la mentalidad y el modo de hablar habituales de la época, los principios del siglo XX, y del lugar, el Sur de los Estados Unidos.]

Creo que para tratar la grandeza de Luz de agosto es necesario dedicarse tanto a la parte argumental y ambiental, al qué cuenta, como a la parte narrativa, al cómo lo cuenta.

Comenzamos por la parte argumental. Luz de agosto transcurre en el Estado de Tennessee, en el Deep South de los Estados Unidos, tras la Primera Guerra Mundial y antes de la Gran Depresión. Los hechos se centran en una localidad llamada Jefferson, ubicada en el ficticio condado de Yoknapatawpha, que es el Macondo de Faulkner, pues en él crea su universo literario y ambienta gran parte de sus obras. 



La novela relata la vida de personas ordinarias, corrientes, vulgares incluso, y tanto los sucesos como la ambientación nos transmiten una opresiva sensación de tristeza, de vacuidad, de desazón, de desesperanza. Del trajín diario de los protagonistas, de sus vidas insulsas y carentes de perspectivas emana un sentimiento de ausencia de futuro, de perspectivas y de esperanzas que provocan, a mí al menos, un desasosiego y una incomodidad que me hicieron reflexionar mucho tras terminar la lectura. Y pensar que la Gran Depresión aún estaba por venir...

La atmósfera del caluroso agosto de Tennessee es contagiosa, y se nos pega la abulia y la apatía de los tipos con los que Faulkner puebla su texto. Los hombres que deambulan por la plaza, que se reúnen en las barberías o se acuclillan en los porches de las tiendas, intercambiando cuatro palabras. Las carretas que circulan despacio, traqueteando, guiadas por un negro silencioso y taciturno. Los oficios religiosos vacíos de significado. Los trabajadores solteros que laboran seis días por un sueldo miserable y andurrean el séptimo, viven en un cuartucho de pensión y que, tras años de jornadas interminables, pueden guardar todas sus posesiones en una maleta. Los jornaleros que viven en las afueras de las ciudades, tienen rostro "de no ser de ningún sitio" y vienen y van en tren sin que nadie se interese por ellos. 

«[...]en el cálido silencio, sosegado y balsámico, de este atardecer de agosto. Aunque las mulas se afanan, en una especie de hipnosis constante e inflexible, la carreta no parece avanzar. Tan ínfimo es su avance que parece como si estuviese suspendida en medio del camino, como una perla descolorida enhebrada en el hilo rojizo de la carretera.»



Y los negros. Los grandes desheredados del mundo, sujetos a una discriminación total, absoluta, justificada por la Biblia y que los somete a una condición poco mejor que la de los animales. Faltaba mucho para el movimiento para los derechos civiles, y si alguien golpeaba a un negro, sin motivo alguno, éste simplemente se quedaba callado recibiendo los golpes sin protestar. Viviendo en la indefensión aprendida más humillante, son indolentes, inexpresivos, circunspectos e inescrutables, intentando subsistir en sus miserables cabañas (en el texto, Faulkner distingue entre «casas» y «cabañas de negros») y pasar desapercibidos. 

Una sensación que se destaca entre las demás es la sordidez. La aspereza, el desagrado en la relación entre las personas, y más especialmente en el sexo, donde no hay lugar para un amor puro, como el que Byron Bunch desarrolla por Lena. El sexo tiene que ser necesariamente sucio, desabrido, marcado por la tirantez que impregna toda la interacción entre personajes. 

En este Deep South de atmósfera mortecina, crepuscular, se mueven los distintos protagonistas, sin que exista uno principal, pues es la suma de todas sus historias lo que crea la novela. Lena Grove es una mujer de veinte años, inocente, que se queda embarazada de un caradura al que conoce como Lucas Burch. Éste la deja plantada, y ella camina desde Alabama en su busca, sobreviviendo gracias a la suerte y a la buena fe de algunas personas. El tal Lucas Burch se hace llamar ahora Joe Brown, y se dedica al contrabando de whisky en sociedad con Joe Christmas. Christmas es un hombre «de sangre negra», del que sabremos que fue abandonado, se crió primero en un orfanato y después con un matrimonio metodista de religiosidad exacerbada, que huyó de casa, que vagó por todo el país y que vive en una cabaña en las tierras de una vieja dama yanqui con la que mantiene una relación sexual llena de altibajos. 

Tendrán su papel tambien Byron Bunch, un hombre honesto, simple y reservado, que se enamora de Lena Grove; y el reverendo Hightower, un sacerdote expulsado de la Iglesia por sus problemas matrimoniales, y que se halla obsesionado por la figura de su abuelo, un soldado confederado muerto en Jefferson, y con el que está totalmente identificado.  




Para describir el papel de los diversos protagonistas y secundarios en la obra, pasemos a ver la parte literaria o estilística. Porque Faulkner se sirve de un llamativo repertorio de recursos narrativos, que entonces fueron innovación, y que conoceremos de su asimilación posterior por otros muchos autores, como Camilo José Cela, Juan Rulfo, García Márquez o Vargas Llosa. 

En primer lugar el celebérrimo monólogo interior, a través del cual los personajes desgranan sus pensamientos, sus deseos, anhelos y motivaciones, y que nos permite conocer sus intenciones y aquello que les preocupa, obsesiona o atormenta. 

En segundo lugar, el narrador múltiple, pues relata los hechos desde diferentes puntos de vista, incluso presentando o describiendo varias veces al mismo personaje, contando sucesos desde la óptica de distintos testigos y aportando en cada ocasión detalles o datos también distintos (Cela alcanzaría la maestría en este recurso en La colmena).

Por ello, se rompe también el desarrollo temporal clásico. La novela ya no avanza siempre hacia adelante, sino que incluye anal, intercala episodios de la infancia de los personajes, como Christmas, entregándonos así más información sobre el protagonista y facilitando entender el porqué de su proceder durante los acontecimientos principales. 




Todo esto se retuerce y alambica todavía más si tenemos en cuenta el estilo modernista de Faulkner. Autor de frases muy largas y complejas, estiradas deliberadamente muchas veces, y empleando adjetivaciones llenas de lirismo, que describen a través de sensaciones, de evocaciones de color.

«Es la hora en que la tarde muere con un último reflejo color de cobre. Es la hora en que, más allá de los arces enanos y del bajo rótulo, la calle está disponible y vacía, encuadrada por la ventana del escritorio, como un escenario.»

Un detalle que me fascinó de la manera de relatar de Faulkner es que, en ocasiones, emplea el presente en vez del pasado, haciendo que su narración tome forma de acotaciones teatrales, enumerando las acciones de los personajes: 

«Están sentados debajo de la lámpara. El cálido silencio de la noche sofocante entra por la ventana abierta.» 
«Lo tiene desde que estudiaba en el seminario. Se sienta bajo la lámpara y lo abre.»



De tal modo, que se unen fondo y forma para crear una lectura perfecta por cómo logra hacernos partícipes de ese ambiente plomizo y sofocante de un mes de agosto en una pequeña localidad de Tennessee, y de esa sociedad cerril, deprimente, que parece vivir en una decadencia constante y aún no completada, añorando tiempos pasados, en la que aún pesa el fantasma de una guerra civil perdida y de un mundo, el de la Confederación, que ya no existe pero que sigue presente. Donde los yanquis siguen siendo intrusos usurpadores y las personas no tienen los mismos derechos ni oportunidades por el color de su piel. 

No es una novela fácil, al contrario, es densa, y requiere calma y tiempo para disfrutarla, pero es sin duda una lectura muy recomendable y que, una vez superadas las dificultades iniciales, corresponde al esfuerzo con generosidad. 

Existe una ingente cantidad de información sobre esta novela en Internet, y es difícil aportar nada nuevo. Sobre todo porque hablamos de estudios serios, realizados por expertos en literatura; reseñas profesionales y de gran profundidad analítica. Así que simplemente os dejaré, una vez más, el fragmento de Amanece que no es poco de José Luis Cuerda, tal vez la película más divertida (por surrealista, esperpéntica y ocurrente) del cine español:





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17 de julio de 2014

Tropas del espacio - Robert A. Heinlein

En un futuro cercano, la expansión de la Humanidad por el Universo la lleva a entrar en conflicto con otras especies inteligentes. En un estado de guerra total, la Federación terráquea invierte grandes recursos en las fuerzas armadas. Dentro de ellas, el Cuerpo más duro, aguerrido y esforzado es la Infantería móvil: una unidad de tropas aerotransportadas que es lanzada sobre territorio enemigo, prácticamente a ciegas y siempre en inferioridad numérica, cuyos miembros luchan protegidos por trajes-armadura que les dotan de gran movilidad y de un enorme potencial de fuego. El protagonista, Johnny Rico, narra sus vivencias en la IM desde que se alista hasta que se convierte en un veterano, mientras asume la filosofía castrense, cumple la instrucción, entra en combate, pierde amigos y compañeros, y aprende su lugar en el ejército y en la sociedad.



Publicada en 1959, Tropas del espacio (Starship troopers) es obra de Robert Arson Heinlein. Primer Gran Maestro de la SFWA y comúnmente aceptado como uno de los tres autores principales del género, junto a Isaac Asimov y Arthur C. Clarke. Quiso ser militar, pero lo declararon no apto en dos ocasiones. Ingeniero mecánico de profesión, en la Segunda Guerra Mundial colaboró con el ejército de su país, investigando nuevos materiales. Fue uno de los principales responsables de sacar a la Ciencia-Ficción del submundo del pulp y de establecerla como género literario por derecho propio, siendo su recompensa, entre otras cosas, cuatro premios Hugo.

Es una novela de Ciencia-Ficción blanda (aunque rigurosa y plausible en sus planteamientos) y de Anticipación, al proyectar desarrollos tecnológicos viables en un futuro. Es una historia bélica, pues se centra en el ejército y narra un conflicto armado. Es un libro de aventuras; y es además una distopía, en cuanto se ambienta en una realidad hipotética desagradable en sí misma: una sociedad militarista y belicosa de corte fascista. 



El panorama que presenta Heinlein para el futuro de nuestro mundo no es demasiado esperanzador: la Tierra se rige por un Gobierno único, habiendo desaparecido los Estados soberanos, que demostraron, en el pasado, su ineficacia como modelo organizativo. Tras una crisis de dimensiones planetarias, se ha establecido una sociedad militarista, en la que el ejército se erige como salvaguarda de la moral y de los principios éticos, así como garante de la seguridad y de la libertad. Es tal su peso en el conjunto de la sociedad, que la ciudadanía, y con ella derechos como el sufragio, sólo puede obtenerse tras cumplir dos años de servicio militar, habiendo gente que jamás la alcanza. El status militar se considera superior al civil, y prima una selección casi darwinista de las personas en función de sus capacidades y sus facultades para la vida castrense, propugnándose ya desde el sistema educativo que las diferencias entre individuos son lógicas, y que la igualdad de derechos de todas las personas y la no-violencia son falacias y muestras de debilidad, que provocaron el colapso del anterior modelo social.



Bien. Si este escenario no es tan distinto al de muchas otras distopías que conocemos, ¿de dónde procede la enorme polémica que rodeó a Tropas del espacio?

Pues, a mi entender, del tono empleado por Heinlein para su novela. Está narrada en primera persona por Johnny Rico, un joven que se alista contra la voluntad de su familia, acompañando a su amigo Carl. Mientras Carl, mucho más dotado que él para las ciencias puras, es destinado a Ingeniería, Johnny termina en la infantería móvil, que como ya comenté es el cuerpo más duro, corajudo y pendenciero del ejército. El asunto es que a través del relato personal de Johnny vamos conociendo la disciplina, la mentalidad y las condiciones de vida del instituto armado, a la par que conocemos los principios filosóficos que rigen la hipotética sociedad futurista a la que pertenece. 

«[...] sólo expresaba mi desprecio por una idea estúpida e inexcusable, práctica que sigo siempre. A cualquiera que se aferre a esa doctrina históricamente falsa, e inmoral por completo, de que la violencia no resuelve nada, [...] La violencia, la fuerza bruta, ha arreglado más cosas en la historia que cualquier otro factor, y la opinión contraria constituye el peor de los absurdos. Los que olvidan esta verdad básica siempre han pagado por ello con su vida y su libertad [...]»



Como en la época no existía Internet, Heinlein no le pudo poner la etiqueta <ironic> a su libro, y gran parte del público no comprendió que estaba asistiendo a una crítica durísima al fascismo, al militarismo, al racismo y al totalitarismo en todas sus formas. Por el contrario, el tono de asunción y de justificación de Rico de todo lo que vive y presencia, sin cuestionarse en ningún momento lo cruel, arbitrario, injusto o deleznable de la disciplina castrense, provocó que muchos tomasen la novela por todo lo contrario, esto es, una apología de lo que en realidad estaba intentando criticar. 

Porque Heinlein es, en cierto modo, como Buster Keaton, el inmenso actor del cine mudo conocido en España como cara de palo o Pamplinas, que hacía reír a carcajadas con sus golpes, caídas y acrobacias, pero sin mudar jamás su rictus inexpresivo. Así, su personaje Rico asiste (y padece) una anulación total de la personalidad y de la individualidad, órdenes arbitrarias, sometimiento a una obediencia ciega inculcada por hipnosis, sanciones disciplinarias que incluyen el castigo físico y hasta la ejecución, y una instrucción moral y filosófica orientada al fascismo más recalcitrante. 

«Hay una antigua canción que asegura que "las mejores cosas de la vida son gratuitas". ¡No es cierto! ¡Es totalmente falso! Esa fue la falacia trágica que produjo la decadencia y el colapso de las democracias del Siglo XX.»



Pero como ya vimos en la reseña de su Amos de títeres, con Robert A. Heinlein nada es lo que parece, y cuando piensas que es un fascista reaccionario, en realidad te la está colando. Heinlein era un adalid del individualismo, eso es cierto, y se observa en su obra un interés por los personajes autosuficientes y con más recursos que una navaja suiza, como Rico. Pero no era totalitarista (¿Cómo podía serlo cuando intentó por todos los medios luchar contra el nazismo, y tuvo que conformarse con ayudar desde un laboratorio en el que investigaba nuevos materiales para la industria armamentística?)

En la parte literaria, Heinlein usa un estilo sencillo pero cuidado, escaso en descripciones pero con un ritmo muy vivaz, y cuestiones ético-filosóficas aparte, como novela estrictamente bélica engancha y mantiene en vilo, en especial durante las batallas, que narra de una forma muy gráfica, y en las que en todo momento tienes claro en dónde están Rico y el resto de sus hombres, teniendo la sensación de estarlos viendo. Las "bajadas" (acción en la que los infantes son lanzados sobre el planeta objetivo, siendo el orgullo y el hecho diferencial de la IM con el resto de cuerpos) son espectaculares, y Rico las narra de manera muy emocionante. Los diálogos son fluidos, y el autor sabe otorgarles voces a los personajes, coherentes con su papel, sobre todo los militares dogmáticos, disciplinados, ceñidos al reglamento y firmes creyentes en la autoridad con la que su sociedad les ha revestido.

«A ver, usted, ¿cuál es la diferencia moral, si es que hay alguna, entre el soldado y el civil? - La diferencia - contesté cuidadosamente - se basa en la cuestión de la virtud cívica. Un soldado acepta la responsabilidad personal por la seguridad de la política del cuerpo del que forma parte, defendiéndola si es necesario con su vida. El civil, no.»



Como novela de Anticipación, es de recibo destacar, por su importancia en tantísimas creaciones posteriores, los trajes de combate que usa la Infantería Móvil: unas sofisticadísimas armaduras o exoesqueletos, que les conceden blindaje, capacidad para cubrir grandes distancias mediante saltos y planeos, soporte vital y un armamento de gran calibre, que incluye lanzallamas, ametralladoras, granadas de explosión retardada e incluso bombas nucleares. Ni qué decir tiene lo que el concepto inspiró: desde una infinidad de Mechas japoneses hasta tantos escenarios de juego como BattletechWarhammer 40000 e ideas similares en películas como Aliens o Matrix y cómics como Iron Man, por citar sólo unos cuantos. 

Una última idea, relativa a la controversia que suscitó Tropas del espacio, es que el enemigo de la humanidad, una especie inteligente de seres insectoides a las que los humanos llaman «las chinches", poseen, como insectos que son, una inteligencia colectiva, una mente «de colmena» estratificada en obreros, soldados y reinas, en la que el individuo no importa en absoluto, y sólo tiene valor en cuanto miembro que conforma un colectivo (¿recordáis la Gestalt que vimos en Más que humano, la que decía que «el todo es mayor que la suma de las partes?»), siendo que cuando ya no tiene interés para la colmena se le deja morir sin más. A ello, Heinlein contrapone unos humanos que siempre recogen a sus heridos e indefensos, y jamás abandonan a un compañero, aún arriesgando la vida de otros si es necesario. Además de una parábola del comunismo que iría en la línea del resto de la mirada crítica e irónica del autor, creo ver también una manifestación del citado individualismo que defendía Heinlein, para quien un sujeto es importante en sí mismo, y son las diferencias entre unos y otros los que nos dan valor como personas, frente a la impersonalidad gris e indistinguible de «las chinches».

Uno de estos, y a patear culos de chinches

Personalmente, os recomiendo con fervor esta novela, a todos, aficionados a la Ciencia-Ficción o no. Disfrutadla simplemente como una historia de guerras y soldados, con el espíritu de tantas "hazañas bélicas" que proliferaron tras la Segunda Guerra Mundial. Al mundo del autor no le falta originalidad en este aspecto, con las enormes naves llamadas como grandes batallas (El Álamo, Gettysburg, Waterloo, Maratón..) y las pequeñas nombradas en honor de grandes soldados (Kamehameha, Leónidas, Vercingetorix, Sandino o la Rodger Young, a la que pertenece con orgullo Johnny Rico). 

Si lo preferís, leedla como una distopía. Paraos a desmenuzar la crítica frontal de Robert A. Heinlein a una sociedad tecnócrata, inflexible y violenta, donde se cree en axiomas como:
«ya que un ser humano no tiene derechos naturales en absoluto.»
O simplemente, si yo estoy equivocado por completo y Tropas del espacio es una apología y un enaltecimiento del militarismo, el totalitarismo, el fascismo, el racismo y algún otro -ismo que me deje (del machismo ya os digo que no, las mujeres son mejores pilotos que los hombres, Rico nos lo recuerda varias veces), leedla e indignaos con ella, y luego escribidme comentarios virulentos e incendiarios sobre el tema. Pero sea como sea, leedla porque es una obra maestra del género y no tiene desperdicio.

De chaval me leí de estos a toneladas

Fue publicada por entregas en la revista The Magazine of Fantasy and Science Fiction con el título de Starship Soldier, y más tarde presentada como libro, ya con su título definitivo. 

La polémica que suscitó no le impidió obtener el Premio Hugo a la mejor novela en el año 1960, el segundo de los cuatro que logró Heinlein a lo largo de su carrera. 


La película:

Estrenada en 1997, dirigida por Paul Verhoeven y protagonizada por Casper Van Dien como Johnny Rico, Denise Richards como Carmen Ibañez, Neil Patrick Harris como Carl y Michael Ironside como Rasczak. 




Con el mismo título del libro, en España se subtituló Las brigadas del espacio. La película respeta en gran medida la idea original de la novela, con la salvedad de no estar narrada en primera persona. Existen otras modificaciones, como que la infantería móvil no emplee los sofisticados trajes que se detallan en el libro, sino una panoplia mucho más simple, y que sus efectivos sean mucho más numerosos. 

En su día no fue bien comprendida, y se llevó unos palos que era para verlos. Al igual que le pasó a la novela, mucha gente no comprendió la ironía y se la acusó de «americanada», belicista, violenta, sexista, simplona, apologeta... curiosamente, ha envejecido bien y las críticas mejoran a medida que pasan los años desde su estreno y el público va entendiendo las verdaderas intenciones del director. 

¿De verdad no se nota que es una broma?

Toda la cinta, de principio a fin, es una enorme farsa, una mascarada, una broma monumental para disfrutar sin prejuicios. Comenzando por el cásting, donde Casper Van Dien está más inexpresivo de lo normal, que ya es decir, o el cara de zapato Michael Ironside autoparodia sus papeles de tipo duro y lo borda como militarote estúpido e inflexible: siguiendo por los diálogos y las situaciones que se presentan; y terminando por la propaganda televisiva que se inserta a lo largo del metraje (una aportación original de los guionistas), todo destila cachondeo, sainete, astracanada y una deconstrucción clara de las películas de «hazañas bélicas».

Legend <wait for it> dary!

A nivel técnico, está bastante lograda, y las escenas de combate están rodadas con claridad y buen manejo de los planos, con lo cual se siguen con nitidez y todo está donde debe estar. La labor de Verhoeven es muy solvente, y se observa un respeto por los grandes clásicos del género bélico. Nada que ver con las confusas luchas de Transformers, por ejemplo. Los efectos especiales, sin ser espectaculares, tienen un nivel muy alto, y las criaturas alienígenas, animatronics en su mayoría, se ven creíbles, al igual que las astronaves y el resto de componentes más fantásticos.




En su día sorprendieron detalles del filme como las duchas y los vestuarios mixtos, y la normalidad con la que hombres y mujeres interactuaban desnudos como algo cotidiano. Además del componente sexual, con abundantes imágenes de semidesnudos tanto femeninos y masculinos, casi siempre injustificados, destaca su alto nivel de violencia, con planos explícitos de amputaciones y otras heridas. Los cortes publicitarios son divertidísimos y acabas esperando que llegue alguno, por lo maniqueos y patéticos que son, intentando provocar en la población el pánico y el odio hacia los insectoides, promoviendo los alistamientos en las tropas de la Federación (recuerdan al instante a los documentales Why We Fight), e incluso aleccionando a los niños a que colaboren en la lucha pisoteando insectos, bajo el lema Do your part!. Y aún hay quien mantiene que no es una ridiculización...

La propaganda belicista se intercala a lo largo de toda la película

Comentar también que tuvo tres secuelas: Starship troopers 2: Heroe of the Federation en el 2004; Starship troopers 3: Marauder en 2008, y  Starship troopers : Invasion en 2012, y que dio lugar a una serie televisiva de 13 episodios: Roughnecks: The Starship Troopers Chronicles emitida en los USA en 1999; a una OVA japonesa de seis entregas; a una serie de cómics de la editorial Dark Horse; a videojuegos y a merchandise de todo tipo (figuras de acción, réplicas del armamento, cosplay...); incluso se habla de un remake en producción, pero no nos ocuparemos de nada de ello ahora para no extendernos en exceso. 

El videojuego nos permite enfundarnos los asombrosos trajes de combate

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15 de julio de 2014

Olor de santidad

Aquí tenéis el segundo relato de KindleGarten Ediciones, obra de Tomás Rivera. 

Siguiendo la línea de su predecesor Don Faustino, Padre de Almas, de nuevo vuelvo a centrarme en la Iglesia Católica, más concretamente en los hombres y mujeres que componen su clero. Y es que las monjas serán las protagonistas de la historia de hoy.

Creo que le traerá recuerdos a aquellas que han estudiado en colegios de religiosas, y espero que no sean desagradables. He intentado hacer un cuentito humorístico, satírico, pero respetuoso para con estas mujeres de fe, pues ¿qué haríamos los costumbristas sin ellas? :)

Aunque habla también del Camino de Santiago, pues está ambientada en Compostela, y dedica algunos párrafos al cariz que tiene hoy día y a las leyendas y creencias tradicionales en las que se cimenta. 

Los peregrinos medievales del Monto do Gozo tienen su espacio en el relato. Al fondo,
las torres de la catedral de Santiago provocan la alegría de quien sabe cercano su destino

Aproveché también para aclarar las diferencias entre el Jubileo y la Compostela, o Compostelana, porque es una cuestión en la que hay bastante confusión, y me gusta tener siempre un puntito didáctico resabidillo :)

Para los puntillosos, aclarar que, hasta donde alcanzan mis conocimientos del santoral católico, no existe ninguna Santa Serafina de Rímini. Por lo que tampoco pudo fundar ninguna orden religiosa llamada las devotas humildes fieles paupérrimas huérfanas siervas riminianas descalzas del sagrado corazón de María dulce madre de Dios. Simplemente son una broma-homenaje a esas órdenes con nombres larguísimos, compuestos por un montón de adjetivos calificativos, y llenos de contradicciones. Porque, afirmar de uno mismo que se es humilde, devoto, pío, etc. ¿no es presuntuoso?

Comentaros también que, en el próximo relato, cambiaré por completo la temática y el planteamiento. De hecho, en mis apuntes y bocetos no aparece, por ahora, nada relacionado con la religión :)

El texto está sujeto a una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0. ¿Qué quiere decir esto? Que puede leerse, descargarse, copiarse, imprimirse, intercambiarse, enlazarse, reproducirse, duplicarse, compilarse, antologarse y lo que proceda siempre que se reconozca y se cite la autoría de Tomás Rivera, que soy yo; sea sin uso comercial (así que nada de ganar dinero con banners y publicidad) y no se genere obra derivada. Aquí está la licencia:


Olor de Santidad -
CC by-nc-nd -
Tomás Rivera


Y nada más. Os dejo el enlace para que podáis descargarlo. Nos leemos!

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13 de julio de 2014

Vattene! - Alberte Momán

Un home chamado (ou non) Manech Langonnet, secretario do potentado Alexander Hartdegen, que ven de desaparecer deixándoo como beneficiario da súa grande fortuna, narra, en primeira persoa, cómo esperta un día na súa casa en Coristanco, e acha que unha oscuridade súpeta non lle permite ubicarse no mundo. Sae da casa e comeza unha fuxida a pé, vagando espido, sen rumo e durmindo nos prados. Unha vaca falante proporciónalle roupa, calzado e un AK47, que tira do seu propio corpo. Chega a unha cidade onde interactúa con personaxes diversos, e remata a súa odisea nun deserto, onde lle conta a súa historia a un home que o recolle no seu jeep.



Publicada no 2012, Vattene! [en italiano «Vai de ahí!» ou «Vaite!»] é obra de Alberte Momán. Escritor nado en Ferrol, que practica a narrativa e máis a poesía, editor (é o responsable de O Figurante Edicións) e enxeñeiro técnico agrícola. Gañou diversos premios tanto coas súas obras individuais como coas que ten espalladas por numerosas obras colectivas. Pertence á agrupación literaria A porta verde do sétimo andar e colabora con publicacións universitarias.

É unha novela curta, que poderiamos definir como narrativa contemporánea, pasado por unha peneira surrealista e existencialista, que ven marcada por un sentido do humor negro moi ácedo e expresivo.

[fonte: Sermos Galiza]

Para Momán, Vattene! é unha metáfora da desaparición da clase media. Ao meu xuízo, vai alén e amosa unha reflexión sobre a condición humana e a crise moral e de valores dunha sociedade en evidente decadencia. 

Todo dende unha óptica existencialista que nalgúns intres achégase a un nihilismo ácedo, cáustico e dun cinismo exquisito, que ateiga o texto dun sentido do humor negro que o fai moi divertido e acada á empatía co leitor. 

O periplo do protagonista, tanto físico coma vital, reflicte a intención crítica de Alberte Momán, que carga as tintas sobre as miserias da nosa sociedade; cuxo protagonista é quen de resolver moitas das situacións como nós as teriamos resolto se os convencionalismos sociais nolo permitiran. 

[fotografía propiedade de Nelson Silva]

O estilo narrativo de Alberte Momán neste Vattene! é curioso, en canto que é culteranista, usando unha linguaxe coidada, con termos escollidos, e nembergantes amosa unha capacidade de síntese, de condensación, que abraia polo seu xeito de comprimir en setenta e catro páxinas unha historia que outro autor se callar contaría en duascentas ou algunha máis. Momán, como escritor, oponse frontalmente ao recheo, á palla, ao xeito que algúns autores teñen de ampliar os seus textos por mor de esixencias editoriais ou por un sentimento de obriga (nun video que ligo máis abaixo podedes escoitarllo a él mesmo).

Por iso, en Vattene! non hai descripcións, e cáseque apenas adxectivación. O principal é a trama, que ocupa a narración en detrimento da ambientación, da atmósfera e dos escearios, e non hai espazo para accesorios, nin para escapadas fóra dos pensamentos e os feitos do protagonista.

O autor apresenta o seu libro Os quilómetros que percorremos dende aquela

Perante todo o libro, a ollada de Momán á realidade é claramente existencialista, e a sensación de absurdo e de futilidade vénse fornecidas polo ton surrealista do relato. Cun protagonista que vaga espido e armado cun AK47, que usa en varias ocasións, e que atopa unha vaca laretas que abre o seu propio corpo e tira del un prato de filetes con patacas, roupa, unhas botas Magnum e o devandito fusil. Que é testigo de esceas de sexo entre un crego e unha muller en medio da rúa; que atopa a Leonardo sen estremidades e negocia cun lobo que o poida papar ou non; ou que xa escomeza a narración no medio dun deserto cun coloquio sen sentido cun home que o recolle no seu jeep cando está deitado no chan e un can bichón frisé está a lle trabar unha perna. Puro absurdo, que aínda así constrúe unha historia consistente e que garda, dentro da total irracionalidade, a súa propria lóxica interna. 

Porque a proposta de Momán ten algo do teatro de Ionesco, do pesimismo nihilista de Camus ou Sartre, do delirio manierista de Burroughs, dos personaxes crepusculares e os escearios esmorecentes dos esperpentos de Valle-Inclán, e moito da ollada áceda, crítica e retranqueira de Vicente Risco ou Curros Enríquez.

O AK-47, omnipresente na novela, un símbolo do que todos nós fariamos se poidesemos. 

A súa brevidade, o pulso narrativo de Momán, que crea interese e mantense firme ao longo do texto; o seu sentido do humor, e a orixinalidade da súa idea principal, fan que Vattene! sexa un libro interesante e atraínte, que permite ademáis coñecer a labor de moitos escritores galegos contemporáneos que, como Alberte Momán, andan á marxe dos grandes grupos do mundo editorial do noso país (Xerais, Galaxia) e optan por outras iniciativas editoriais, caso de Q de Vian Cadernos (seica o nome será unha homenaxe a Boris Vian?), que publica esta novela. 

Se dubidades do ton surrealista, delirante e absurdo de Vattene!, imaxinade esta fera
trabándolle salvaxemente a perna a un home deitado á beira dunha estrada no deserto

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9 de julio de 2014

La casa en el confín de la Tierra - William Hope Hodgson

Dos jóvenes, de vacaciones en Irlanda, encuentran un manuscrito entre las ruinas de una antigua casa. En él, un narrador anónimo conocido como «el recluso» relata sus vivencias en la enigmática casa, que comienzan con la aparición en su subsuelo de unas espantosas criaturas humanoides de aspecto porcino, continúan con el hallazgo de un insondable pozo bajo la edificación, y que se extienden con el viaje astral del recluso a lo largo del Universo, en una odisea de millones de años, en la que asiste al nacimiento y a la muerte de soles y mundos, y que le llevan desde los confines del cosmos de vuelta a la casa, confundiéndose sueño y realidad.


Publicada en 1908, La casa en el confín de la Tierra, La casa en el confín del Mundo, o La casa en el límite, según traducciones (The house on the borderland) es obra de William Hope Hogdson, el escritor, marino, culturista y héroe de guerra británico que ya conocimos en la reseña de su Los piratas fantasmas.

Es una novela de terror, misterio y género fantástico, que anticipa lo que más tarde se denominará horror cósmico.



Es inevitable, para comenzar a hablar de William Hope Hodgson, hacerlo por los tres tópicos que lo anteceden: Maestro de H.P. Lovecraft, Pionero del Horror Cósmico y Gran desconocido en España.

Que, de una forma un otra, son verdad en gran medida. La impronta de Hogdson en el estilo y el planteamiento literarios del gran genio de Providence es evidente, y éste jamás lo negó (más aún, podemos agradecerle la preservación y difusión de la memoria de Hogdson, evitando un olvido aún mayor del que ya padece). El enfoque cósmico, al menos en esta novela, también es un hecho. Sobre la tercera, Hodgson es un autor olvidado en todo el mundo en general y, simplemente, España no es una excepción, algo agravado por las tardías y escasas traducciones que existen de su obra. Sumémosle que ésta tampoco es demasiado extensa, aún menos si la comparamos con la de los prolíficos Poe, Lovecraft, Hawthorne, Ashton Smith, Howard... su muerte en una explosión de granada durante la Primera Guerra Mundial, con apenas 42 años, fue la causante de la brevedad de su bibliografía. 


¿De qué trata La casa en el confín de la Tierra? En primer lugar, es un «relato enmarcado», o sea, una historia dentro de otra, recurriendo al viejo truco literario de «el manuscrito encontrado», con el que el autor intenta dar verismo y credibilidad a su narración, que sería «real». Así, dos jóvenes aristócratas de vacaciones en la Irlanda de finales del S. XIX, llamados Tonnison y Berreggnog, llegados una aldehuela misérrima conocida como Kraighten, encuentran, en las ruinas de un caserón, los restos de un manuscrito. Está escrito en primera persona por el habitante de la casa, llamado simplemente "el Recluso", y relata unos acontecimientos sobrenaturales, extraordinarios, que incluyen la aparición de abominables criaturas inhumanas y un viaje por el tiempo y el espacio hasta la muerte de nuestro Sol y, con él, de nuestro Sistema Solar. Hodgson sería, tal como plantea la novela, un simple editor del manuscrito, haciendo algunas anotaciones y poco más. Para darle más sensación de autenticidad, incluso detalla aquellos pasajes ilegibles por la mala conservación del texto, dando a entender que está incompleto. 




La casa en el confín de la Tierra está dividida, pese a no especificarlo así, en dos partes claramente diferenciables. En la primera, el recluso relata su visión onírica de una gigantesca explanada rodeada de altos riscos, en la que se hallan enormes estatuas de piedra, que representan a monstruosas deidades tanto terrestres como desconocidas para nosotros. Tras despertar de su ensoñación, tendrá una serie de enfrentamientos con unas criaturas impías (ahora hablaremos de este adjetivo), antropomorfas pero de rasgos porcinos, llamadas cosas-cerdo, que surgen del subsuelo de la casa. El recluso descubre que existe un pozo subterráneo bajo la construcción, de una oscuridad inescrutable, y que parece ser el origen de los monstruos.

La segunda parte, más extensa, comienza con el recluso convaleciente por su lucha contra las cosas-cerdo, encerrado en su estudio. Allí emprende un viaje astral, de tono onírico y cósmico, que se va dilatando a medida que el tiempo pasa más y más deprisa, y mientras ve como el mundo a su alrededor se convierte en polvo, viaja por el universo durante evos, asistiendo a fenómenos astronómicos, que culminan con la muerte de nuestro Sol y el final de nuestro mundo, millones de años en el futuro. A la par, es testigo de horrores pavorosos, descubre el origen de las cosas-cerdo y ubica en un mundo extraterreno, dominado por un sol negro, la explanada que vislumbró al principio de la narración.




Más horror cósmico no se puede. La casa en el confín de la Tierra fue una influencia fundamental y una inspiración evidente para la creación, por parte de H.P. Lovecraft, de sus Mitos de Chutlhu y de todo el universo de inenarrables horrores cósmicos, de dioses y criaturas más antiguas que el propio universo, abyectas e inasequibles para la mente humana, al menos sin perder la cordura. 

Además de esta atmósfera y de la ambientación, son más los elementos que conceden a Hodgson los galones de maestro de Lovecraft: La narración en primera persona; la ausencia casi total de diálogos, las exclamaciones a modo de monólogo interior; la idea del hombre solo enfrentado a horrores más allá de sus capacidades; y un estilo enumerativo en el que priman los adjetivos como impío (el favorito de su alumno), espantoso, horrible, terrible oscuro, complementados con el uso continuado de adverbios terminados en -mente, hasta cuatro en algunos párrafos. 

«Y había otros seres, allá entre las montañas. Más lejos, reclinada sobre una altísima cornisa, distinguí una masa lívida, grotesca y espantosa. Parecía carecer de forma, a excepción de un rostro inmundo y semibestial que miraba, repugnante, desde su centro más o menos.»

Y así con todo, Lovecraft es un modelo mejorado y evolucionado con respecto a Hodgson. Lovecraft era un escritor «de método». Más que escribir, elaboraba los textos con una precisión matemática, como quien compone un producto químico siguiendo una fórmula, respetando concienzudamente los pasos, calibrando cantidades y proporciones al milímetro. Por contra, el texto de Hogdson, aunque apasionante en muchos pasajes, y especialmente brillante en la parte cósmica-onírica, tiene algunos errores de continuidad, y más de un anacoluto, que serían impensables en su alumno aventajado. Parece como si el autor fuera incorporando elementos argumentales a medida que los necesitase, como que el recluso cite, de repente, que en el pasado había tenido una amada, y ésta aparezca en la historia. 




Aun con sus defectos narrativos, lo más destacable de esta novela es su ambientación opresiva, su atmósfera terrorífica, su sensación agobiante. Y, sobresaliendo por encima de todo, el viaje onírico del recluso a través del universo, descrito de una manera muy gráfica y transmitiendo la imagen de un cosmos mortecino y languideciente. 

«Por primera vez observé que un sinfín de rayos de una tonalidad sutil, violeta, taladraban la extraña semioscuridad en todas direcciones. Brotaban del borde ígneo del Sol Verde. Parecían aumentar sensiblemente, de forma que poco después descubrí que eran incontables. Y que llenaban la noche… irradiando del Sol Verde en abanico. [...] Gradualmente, mientras miraba, me di cuenta de que eran atravesados por unos puntitos de luz intensamente brillantes. Muchos parecían desplazarse del Sol Verde hacia el espacio. Otros salían del vacío, hacia el sol; pero cada uno de ellos se mantenía estrictamente en el rayo por el que se desplazaba.[...] A cierta distancia del sol, se convertían en finas líneas de fuego vivido dentro del violeta.»

Tal vez la portada más ilustrativa, con el sol negro y
la explanada rodeada de estatuas monstruosas

En esa misma línea, son de tener en cuenta sus descripciones de las criaturas horrorosas que pueblan la narración, como las citadas cosas-cerdo, porque lo cierto es que Hodgson logra transmitir el asco, la náusea, la repugnancia que le producen su visión y su presencia al recluso. Particularmente, en unos pasajes del libro narrados en presente, consigue contagiar al lector de la ansiedad y la desesperación que está padeciendo el narrador:

«Es un enorme, brumoso rostro de cerdo, en el que fluctúa un resplandor llameante de verdosos matices. Es la Entidad de la Arena. De su boca temblona parece gotear una baba continua, fosforescente. Sus ojos observan el interior de la estancia con expresión inescrutable. De modo que yo permanezco en mi butaca, rígido…, helado. [...] Un nuevo horror se ha adueñado de mí. Me levanto de la silla, sin propósito alguno. Estoy de pie, y algo me impulsa a dirigirme hacia la puerta que da acceso a los jardines. Quiero detenerme, pero no puedo. Una fuerza inexorable domina mi voluntad, y avanzo lentamente, sin quererlo, resistiéndome. Mi mirada vaga por la habitación, y se detiene en la ventana. El enorme rostro de cerdo ha desaparecido; y oigo de nuevo el mismo ruido furtivo: pad, pad, pad. Se detiene en la puerta…, la puerta hacia la que me siento atraído…»

Es, pesa a su estructura algo confusa y a sus notables errores de narración, una novela recomendable, sobre todo pensando en lo que debió suponer en su época, y en el papel que tuvo para definir la literatura de terror a la que precedió. La idea central de la casa como límite del mundo material, de la tierra que conocemos, y nexo de unión con otros mundos, con otras dimensiones (aunque no se citen así), y como puerta de entrada a la realidad racional de criaturas arcanas y antinaturales, supone un punto original e innovador para aquel entonces, y anticipa sin duda alguna la literatura fantástica posterior, tanto la de H.P. Lovecraft como la del resto de autores de su famoso círculo

Por su antigüedad, es una novela libre de dominio público, por lo que puede descargarse y leerse sin ningún tipo de restricciones.

Esta novela forma una trilogía denominada «Trilogía del abismo», junto a Los piratas fantasmas y Los botes del Glen Carrig. El orden de lectura es indistinto, porque no tienen otro nexo de unión que su concepción del horror, el tener un planteamiento de la fantasía y el misterio muy similar, pero no comparten personajes, escenarios ni secuencia cronológica. La publicó Valdemar Gótica en una edición excelente.



En el año 2003, el sello Vértigo, perteneciente a la editorial DC Comics, publicó una adaptación a este medio, dibujada por un grande del género fantástico y de terror, que los viejos seguidores de revistas como Creepy o Eerie conocerán bien: el mismísimo Richard Corben. 




Considerado como uno de los mejores dibujantes del género, está acompañado aquí por Simon Revelstroke como guionista, y Alan Moore como prologuista. Un punto a favor del resultado, pues Corben nunca brilla con el mismo fulgor en los guiones que con los lápices.



La adaptación es algo libre, y si bien respeta la idea principal de Hodgson, incluye ciertas muchas licencias, tomándose Revelstroke muchas libertades a la hora de reformular el argumento. 

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6 de julio de 2014

Tiburón - Peter Benchley

Amity es una pequeña localidad de Long Island, de apenas mil habitantes. En verano su población se multiplica por diez, y los vecinos viven el resto del año de los ingresos que dejan los turistas. Ese año, un gigantesco tiburón blanco aparece en sus costas y devora a varios bañistas. El jefe de policía Martin Brody solicita cerrar las playas por precaución, pero los prebostes locales anteponen los intereses económicos a la seguridad de los veraneantes, y desoyen su petición. Por ello, la lista de víctimas aumenta y el pánico se desata. Cuando ya es demasiado tarde, el consejo municipal autoriza al jefe Brody a que contrate los servicios de un enigmático pescador llamado Quint, que asegura poder dar muerte al tiburón. Ambos, acompañados del biólogo marino Matt Hooper, se embarcan en una lucha a vida o muerte con el temible escualo, que pronto demuestra ser un enemigo formidable.

Tiburón portada

Publicada en 1973, Tiburón (Jaws) es obra de Peter Benchley. Escritor, periodista y divulgador ecologista especializado en el hábitat oceánico, y más particularmente en los tiburones. Fue editor de la prestigiosa revista Newsweek, y trabajó en The Washington Post y National Geographic. Además de ficción (siempre relacionada con el océano), escribió varias obras divulgativas sobre los tiburones, con en fin de desmitificarlos y hacer que el público tomase conciencia de su importante papel en el ecosistema marino.

Es una novela de terror sin paliativos, que se adentra en el terreno del gore explícito. Es también un thriller, por su atmósfera y su ritmo narrativo, y se puede considerar una novela de aventuras y acción, en especial en su tercera parte, la que relata la caza del tiburón. 

Peter Benchley

Para definir Tiburón, lo más acertado es mencionar que es un best-seller. O lo que es lo mismo, es una novela escrita sin complicaciones, de esas que entran fácilmente y consiguen captar la atención del lector de principio a fin, sin que el interés decaiga. 

Y ciertamente fue un best-seller, un éxito inmediato y fulminante de crítica y público, que catapultó a Benchley a la fama y propició la adaptación cinematográfica que inmortalizaría la historia. A mi juicio, el éxito se ve favorecido por el estilo asequible y sencillo del que Benchley se vale para su relato, aderezado por otros ingredientes, que creo conveniente enumerar, porque no están presentes en la versión fílmica. Veamos:

- En primer lugar, tenemos un componente costumbrista, que los lectores constantes de Stephen King localizarán al momento, por ser una premisa central de su obra: El choque entre los lugareños de las pequeñas localidades estadounidenses (más en particular, la de los celosos yankees de Nueva Inglaterra) y los forasteros, que emana de un sentimiento de pertenencia legítima a una comunidad, frente a aquellos que están «de prestado», y a quienes se ve como una fuente de ingresos, un mal necesario que se debe soportar, pero gente de fuera a la que se guarda reserva y recelo. Por ello, el ictiólogo Matt Hooper, pese a su buena intención y disposición de ayudar, es considerado un sabiondo de ciudad, y sus acertadas teorías sobre el escualo son desacreditadas. 


Tiburón Spielberg protagonistas
Quint, el jefe Brody y Hooper, el trío de protagonistas

- Derivado de ello, Amity como lugar donde todo el mundo se conoce y todos son conscientes de la importancia de que la comunidad permanezca unida y recurra al apoyo mutuo, para sobrevivir a los duros inviernos donde muchas familias terminan acudiendo a los servicios sociales para poder subsistir. Por ello, el protagonista, el jefe Brody, es un local hero, se debe a los ciudadanos de Amity y se enfrenta a los oligarcas locales, porque...

- Tiburón muestra también el caciquismo y la plutocracia en los que caen los pueblos pequeños, representado por los jerifaltes de Amity, que prefieren encomendarse a la suerte y abrir las playas, pese a la amenaza del escualo, a escuchar a Brody y cerrarlas, en aras de salvar la temporada y con ello «hacer el agosto», y cuya actitud provoca el desastre. 

- Y, en la misma línea, la corrupción de los cargos públicos, con un alcalde, Larry Vaughan, implicado en negocios inmobiliarios turbios, con socios «misteriosos», que condicionan sus decisiones. Vemos también como el modesto diario local, el Leader, dirigido por un periodista con un olfato increíble para la noticia llamado Harry Meadows, se supedita a los intereses de estos jerarcas, manteniendo ocultas sus averiguaciones más relevantes, aunque finalmente la ética periodística y la integridad profesional tendrán también algo que decir, y Meadows se redima con un acto de honor. 

Tiburón Steven Spielberg
La secuencia de la lucha entre humanos y tiburón es
una de las mejores escenas de acción que he visto

La novela se divide en tres partes. En la primera, Benchley narra los primeros ataques del tiburón a bañistas, y presenta la localidad de Amity, destino vacacional de neoyorquinos acomodados, y a sus protagonistas, en especial al jefe Martin Brody y a su esposa Ellen, una venidera de origen burgués que terminó enamorándose y casándose con el policía, añorando ahora su perdida vida social de partidos de tenis, clubes de campo, fiestas de sociedad y amistades interesantes. 

La segunda parte se centra en los conflictos entre Brody y el consejo municipal por mantener o no las playas abiertas, así como una subtrama romántica entre Matt Hopper y Ellen, la mentada esposa de Brody, algo que se omite en el filme. La acción continúa de todos modos con nuevas muertes.

Y una tercera parte que relata la cacería del tiburón por parte de Quint, Hooper y Brody a bordo del Orca, el barco de Quint. Este último acto es un thriller de acción desenfrenada, que nos remite por su viveza y su tono trepidante a clásicos como Moby Dick.

Peter Benchley Tiburón
Peter Benchley en la película, interpretando a un locutor televisivo

Porque, subtramas arriba enumeradas aparte, Tiburón trata un tema universal, que hemos visto y leído con anterioridad: la lucha del hombre contra la Naturaleza, que gana en interés cuando el ser humano parte con desventaja frente a un enemigo portentoso, un fenómeno que «juega en casa», en un medio, el mar, cuyas profundidades representan desde tiempos inmemoriales uno de los mayores temores de la humanidad, que en su imaginación la pobló de seres fantásticos y temibles como el kraken, las serpientes marinas o los cachalotes capaces de devorar o destrozar una embarcación. El tiburón de Benchley es el Leviatán, el epónimo de todas las bestias marinas devoradores de hombres, que para la tradición judeocristiana representa al demonio. Ya en la Biblia encontramos diversas referencias a monstruos marinos:

Génesis, 1:21 «Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno.»

Isaías, 27:1 «Aquel día, el Señor castigará con su espada bien templada, grande y fuerte, a Leviatán, la Serpiente huidiza, a Leviatán, la Serpiente tortuosa, y matará al Dragón que está en el mar.»

Salmos, 74:13-14 «deshiciste el Mar con tu poder y quebraste las cabezas del dragón marino; aplastaste las cabezas de Leviatán y lo diste como alimento a las fieras del desierto.»

Job, 40: 25 - 40 y ss. «Y a Leviatán, ¿podrás pescarlo con un anzuelo y sujetar su lengua con una cuerda?», a partir de ahí, toda una descripción del Leviatán. 

Y por supuesto Jonás, 2:1 y ss. «El Señor hizo que un gran pez se tragara a Jonás, y este permaneció en el vientre el pez tres días y tres noches.»

O asistimos a leyendas como la del viaje de San Brandán, que arribó a una isla con sus acompañantes, e incluso celebró la misa de Pascua en ella, antes de descubrir que en realidad era una ballena llamada Jaconius.

Por todo ello, el formidable ejemplar de Carchadoron Carcharias que protagoniza este libro, un titán de más de siete metros y dos toneladas y media de peso, con un apetito insaciable, y al que el autor dota de una sagacidad, una astucia y una inteligencia desusadas en sus congéneres, entronca directamente con este ideal de Leviatán que sembrará el pánico entre los humanos, intrusos en un mundo en el que él está en su elemento, y que obligará a Quint, Brody y Hooper a jugar al límite y emplearse a fondo para imponerse en la lucha. Conviene señala que el destino de Hooper es distinto y más trágico que en la película.

Spielberg Tiburón bromas
Steven Spielberg haciendo un poco el payaso con el bueno de "Bruce", del que hablaremos

Volviendo a lo literario, por lo que respecta a Tiburón como novela de terror, advertir a los más sensibles de que Benchley se recrea en los ataques del escualo a los infortunados humanos, con descripciones bastante gráficas de cuerpos desmembrándose, sangre, vísceras y lo que se tercie:

«El pez se había alejado. Se tragó la pierna sin masticar. Huesos y carne pasaron a través de la enorme garganta en un único espasmo. Luego, el pez viró de nuevo, apuntando hacia el chorro de sangre que surgía de la arteria femoral de la mujer, una señal tan clara y segura como la de un faro en una noche sin nubes. Esta vez, atacó desde abajo. Surgió por debajo de la mujer, con las mandíbulas abiertas. La gran cabeza cónica la golpeó con la fuerza de una locomotora, lanzándola fuera del agua. Las mandíbulas se cerraron de golpe alrededor de su torso, aplastando huesos, carne y órganos y convirtiéndolos en gelatina. El pez, con el cuerpo de la mujer en su boca, cayó de nuevo al agua con un atronador chapoteo, salpicando espuma, sangre y fosforescencia en una lluvia multicolor.Bajo la superficie, el pez agitó su cabeza de un lado a otro, mientras sus colmillos triangulares serraban los pocos cartílagos que aún resistían. El cadáver se hizo pedazos. El pez tragó, y luego giró para continuar alimentándose. Su cerebro aún seguía recibiendo las señales de presa cercana. El agua estaba moteada con sangre y jirones de carne, y el pez no podía distinguir por las señales lo que las producía. Atravesó una y otra vez la nube de sangre que se iba disipando, abriendo y cerrando la boca encontrando de vez en cuando algún bocado.»

Destacar también que el autor juega una baza muy interesante, que muestra su conocimiento de estos animales, haciéndonos partícipes de las percepciones y estímulos (no podemos llamarlos pensamientos, no sería correcto) del pez, pues habéis visto que así se refiere a él, de manera que entendemos cómo se comporta un tiburón, qué lo hace atacar, qué lo impulsa a acercarse a la costa...)

«No tenía convicción de que lo que estaba moviendo el agua arriba fuera comida, pero para él la comida no era un concepto perfectamente definido. El pez sentía el impulso de atacar; si lo que tragaba era digerible, aquello era comida; si no, luego lo regurgitaba.»

Para acabar la parte de la reseña dedicada al libro, sólo resta comentar que, pese a su tono de best-seller o literatura de consumo, Benchley muestra buenos mimbres de escritor, y tiene párrafos delicados, sin llegar al lirismo, pero que transmiten emociones, sin limitarse a descripciones prosaicas o funcionales:

«El jueves por la mañana estaba nublado, una húmeda niebla que se pegaba al suelo y era tan espesa que hasta tenía sabor, fuerte y salado.»

Concluyendo: Una lectura honesta, que ofrece lo que promete, cómoda, sencilla y rápida, que se puede disfrutar en un par de lluviosas tardes de invierno o de apacibles tardes playeras veraniegas.

Steven Spielberg Tiburón
Hombres y tiburón se enfrentan en el clímax de la película de la que pasamos a hablar

La película: 

En 1975, apenas dos años después de la publicación de la novela, llegaría su adaptación al cine, y lo haría a lo grande. Tras desechar a John Sturges y a Dick Richards (de éste se dice que los productores empezaron a mosquearse cuando, reunidos con él, no paraba de decir «la ballena esto», «la ballena hará aquello», «entonces la ballena tal», «y luego la ballena cual»), la Universal Pictures confía en un joven director judío, que venía de dirigir capítulos de Colombo y el telefilme Duel (en España, El diablo sobre ruedas". Se llamaba Steven Spielberg, pero a partir de esta película comienza una carrera meteórica de éxito tras éxito que hará que empiece a conocérsele como El rey Midas de Hollywood, y hasta hoy. Spielberg se muestra como un genio del cine, con un talento insuperable para jugar con las emociones del público y un dominio magistral del lenguaje cinematográfico. 

Steven Spielberg Tiburón cartel


Jaws, título homónimo al de la novela, es rebautizada en España como Tiburón, en vez de Mandíbulas, que sería la traducción literal. Será una de las películas más taquilleras de la historia de este medio, y define un nuevo concepto de la industria: La Superproducción respaldada por una fuerte e intensa campaña publicitaria, y acompañada por una linea de productos derivados (camisetas, juguetes, cromos, pósters, tazas, gorras, luncheras...) que se denominará merchandise (en castellano, mercadotecnia) y que supondrá una fuente de recaudación casi tan importante como el taquillaje, incluso más [George Lucas sorprendía poco después a propios y extraños cuando, para dirigir Star Wars, renuncia a honorarios directos y porcentajes de recaudación en taquilla en favor de los derechos de merchandising. Los productores lo toman por loco y firman encantados...]. Se puede echar un vistazo a la espectacular web de este fanático de Jaws, que nos muestra orgulloso su colección 

Steven Spielberg Tiburón Robert Shaw
Robert Shaw y Bruce tomándose un descanso durante el rodaje

Jaws inaugura también otra tradición de las superproducciones: estrenarse en verano, lo que garantiza una mayor afluencia de público. La jugada salió redonda: cuesta 9 millones de dólares y recauda 470, más los ingresos por mercadotecnia, y los que derivarán de sus ediciones en vídeo, DVD, Blu-Ray y pases televisivos. 

Los papeles principales están encarnados por Roy Scheider (jefe Martin Brody), Richard Dreyfuss (Matt Hooper) y Robert Shaw (Quint). En una era donde el CGI y los efectos digitales eran Ciencia-Ficción, el tiburón era un animatronic llamado cariñosamente «Bruce», que fue el responsable de que la película tuviese un cariz muy diferente al previsto:

«Bruce», como actor, era una auténtico desastre. Se averiaba todo el tiempo, y el agua salada estropeaba sus mecanismos. El rodaje se complicó y alargó muchísimo, porque «Bruce» arruinaba las escenas un montón de veces, fallando en el momento más inoportuno. Así que, como no hay mal que por bien no venga, Spielberg reformuló la película, y tal vez por acierto, tal vez por suerte, ésta salió ganando. 

Steven Spielberg Tiburón behind the scenes
Así era en realidad Bruce. La magia del cine

En vez de planos del tiburón atacando a sus víctimas, Spielberg optó por vistas subjetivas de los bañistas, contemplando las escenas desde los ojos del tiburón, creando una sensación de terror psicológico, angustioso, que supuso una innovación total en el género. «Bruce» no aparece en pantalla hasta transcurrida una hora de película (si exceptuamos su aleta dorsal), de un total de dos de duración. Además, es el causante también de que el personaje de Hooper salve su vida: como no había forma de rodar bien la escena en la que el tiburón destroza la jaula anti-tiburones donde se encuentra el biólogo, matándolo y devorándolo, se optó por dejarlo con vida.


Incluso se fueron a Australia a intentar rodarla con tiburones blancos reales, usando un muñeco, pero éstos no estaban por la labor. Cuando finalmente un ejemplar rompió la jaula (preparada a tal efecto, las reales son irrompibles para estos animales) los del equipo no estaban listos para rodar y se perdió la oportunidad.

En realidad, la película usa imágenes de tiburones auténticos varias veces, rodadas por Ron y Valerie Taylor. De hecho, siempre que aparece un tiburón que nada de una manera muy natural, muy «lograda», no es «Bruce», sino uno de sus «dobles».

Steven Spielberg Tiburón Universal
La valla publicitaria que daba la bienvenida a Amity Island recibe hoy día a los
visitantes del parque temático de la Universal, donde existe una atracción basada en el filme

Esta sólo es una de las muchas anécdotas que circulan por Internet sobre la película, como que la famosa frase de Brody cuando ve al tiburón por primera vez: «You're gonna need a bigger boat», no estaba en el guión y fue una improvisación de Roy Scheider; o que la escena en la que Quint (cuya descripción física, dicho sea de paso, difiere por completo de la del libro) relata a sus compañeros su estancia en el barco USS Indianapolis y el trágico destino que corrieron sus tripulantes (escena que en el libro no existe) fue ideada y escrita por el propio Robert Shaw, que enriqueció así su personaje.

Steven Spielberg Tiburón behind the scenes
"Bruce" va al dentista

Otros cambios argumentales importantes son que Amity pasa de ser una población de Long Island a ser una isla, Amity Island; y que Martin Brody no es nativo de Amity y veterano jefe de policía, sino que es de Nueva York y ese es su primer año en el cargo. El affaire romántico entre Ellen (la esposa de Brody) y Hopper no aparece, como ya comenté, y otros aspectos como las corruptelas del alcalde también se pasan por alto. Además, el desenlace de la lucha entre el escualo y sus perseguidores (¿quién persigue a quién?) es diferente, siendo menos espectacular en la novela.


Y no podemos dejar de hablar de uno de los puntos fuertes de esta película, algo que reforzó los escalofríos que provocan los planos subjetivos desde la perspectiva del tiburón, y que acompaña a las escenas como un guante: la banda sonora de John Williams.


Si la novela nos recordaba a grandes clásicos como Moby Dick, la película le da la réplica, y recupera también el espíritu de las grandes aventuras, de nuevo con la colaboración de la música de Williams, que es algo tramposillo (dicen que a Spielberg no le gustaba la banda sonora, pero luego reconoció su papel crucial en el éxito del filme) pero al que no se le puede negar que es efectista, y su partitura para la escena épica de la persecución se ajusta como anillo al dedo, y nos recuerda también a otra gran versión de Moby Dick: la inmensa película de John Huston, con Gregory Peck como capitán Achab.


Comentar también que Jaws inició una tetralogía, que fue perdiendo en calidad y repercusión con cada entrega. Para Jaws 2 (en España Tiburón 2), de 1978, aún contaron con Roy Scheider, pero Spielberg se desentendió definitivamente del proyecto, centrado en su monumental Encuentros en la tercera fase.  

Tiburón 2


En 1983 vendría Jaws 3, en dos versiones, normal y Jaws 3-D, que se aprovechó del auge, por aquella época, del 3-D, una tecnología no muy desarrollada, la verdad, que después caería en el olvido hasta el boom de Avatar, y en la que básicamente se usaban unas gafas de cartón con lentes de celofán, una roja y una azul o verde. Como curiosidad, en España tuvieron que llamarla El gran tiburón porque, tiempo antes, un avispado distribuidor había solapado una paupérrima producción italiana titulada L'ultimo squalo como Tiburón 3 para rebañar algo de público aprovechando la confusión. 

Tiburón 3
Por cierto, el guión es de Richard Matheson

Y aún falta Jaws 4, The revenge (en España, Tiburón, la venganza, sin el 4), del año 1987, que está considerada la peor de la saga con diferencia, y por muchos una de las peores películas de la historia del cine. En cualquier caso, es la de menor recaudación, y atesora tres Razzies, con siete nominaciones. 

Tiburón 4


Para no extendernos hasta el infinito, citar la existencia de una interminable serie de «clones de combate» o explotations de Jaws, casi todas de una calidad ínfima, muchas de ellas de origen italiano, auténticos maestros en dar gato por liebre (como ya vimos en el caso Tiburón 3); algunas con la desfachatez de colar planos robados directamente de la película de Spielberg y otras, como la entrañable obra de Serie B Tintorera! (1977) del mexicano René Cardona Jr., reaprovechando imágenes reales de tiburones y otras escenas «tomadas prestadas» de documentales. 

Tintorera René Cardona
Uno de los numerosos carteles de Tintorera!

Los videojuegos:

Tiburón tuvo varias conversiones al mundo de los videojuegos. La primera de ellas, del año 1987, llegó simultáneamente a dos plataformas de 8 bits: la videoconsola NES de Nintendo, y los ordenadores personales Sinclair Spectrum, Amstrad y Commodore 64. 

El juego para ordenador recibió en su día bastantes palos, pues se estimó que su desarrollo que combinaba aventura, puzzles y plataformas, dirigiendo el jugador un pequeño batiscafo a lo largo de un mapa en el que debía encontrar una serie de piezas, mientras el tiburón iba devorando bañistas en la superficie si nos retrasábamos, no tenía nada que ver con la película, y que la licencia estaba metida a calzador para beneficiarse del tirón de la misma. 

Tiburón videojuego 8 bits
[fuente]

La versión para NES se aprovecha de los mayores recursos de ésta frente a los pequeños ordenadores domésticos de la época, y logra un resultado más decente, pero la recepción del público fue igual de tibia:

Tiburón videojuego NES
[fuente]

Y treinta años después del estreno de la película, llegó para la plataforma Playstation, en sus versiones PS2, PS3 y PSP, Jaws Unleashed, en el que la novedad es que nos meteremos en la piel del mismísimo tiburón, y causaremos estragos devorando humanos y atacando a otras criaturas marinas como delfines u orcas. Pese a su originalidad (es obra de Apallosa Studios, los autores de Echo the Dolphin, en el que manejábamos a un delfín), recibió malas críticas por su complicado manejo del tiburón y por sus confusos movimientos de cámara. 

Tiburón videojuego PlayStation

Decir, por último, que para muchos no hay animal más fascinante ni más cautivador que el tiburón; y sobre todas las especies de tiburones, no hay ninguno más impresionante que el Gran Blanco. El tiburón es una criatura perfecta, una joya de la evolución, presente en los océanos desde la era de los dinosaurios, una maquina afinada con maestría, compuesta básicamente de dos grupos de músculos que impulsan a casi 70 km/h (es el sexto pez más rápido, tras el atún o el pez vela) unas mandíbulas gigantescas, grotescamente desproporcionadas, hacia su desafortunada víctima. Un tiburón se dedica a poco más que a vagar y a comer. No sabemos cuántos años viven, pueden ser cincuenta, pueden ser trescientos. Tampoco sabemos cómo de grandes pueden llegar a ser, y son muchos más los misterios que todavía encierran para nosotros. Pero «la muerte blanca» o «el devorador de hombres» arrastra una mala fama algo excesiva y bastante injustificada, en parte debido a la novela y la película Tiburón, pese a que su autor era un enamorado de estas criaturas, y dedicó gran parte de su vida a intentar limpiar su reputación y a que el gran público la delicada situación en la que se encuentran, y la importancia de preservarlos y conservarlos, si queremos que el ecosistema marino perviva. 

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