29 de abril de 2014

Buick 8, Un coche perverso - Stephen King

Un simple cobertizo en un destacamento policial perdido en una pequeña localidad de Pennsylvania puede ser suficiente para albergar una terrible puerta entre mundos, y ésta puede tener la forma de un lujoso Buick 8 Roadmaster de los 50. Mientras el origen del auto, su significado y los monstruos que salen de él llevan a los policías a la obsesión, los lectores ahondaremos en el alma de aquellos que conviven con el misterioso vehículo. 



Publicada en 2002, Buick 8, un coche perverso (From a Buick 8) es obra de  Stephen King, rey del terror, gran maestro del fantástico, aficionado a la conducción y coleccionista de vehículos, de quien ya hablamos en anteriores reseñas.

Es una novela de género fantástico, de temática sobrenatural, con pequeños retazos de terror, y una historia de misterio y suspense, con factura de Serie B, y que combina la narración principal con el retrato personal de los personajes protagonistas. 

Destaca por la ocurrente idea central, y su relación con un concepto principal del universo del autor. Su tono de Serie B y de fantasía sobrenatural clásica, por su tono oral y su curiosa estructura, alternando diferentes narradores en primera persona, y por su carácter coral y la profundización en la historia personal de los protagonistas, paralela al desarrollo del argumento principal. 

Stephen King, apasionado de autos y motocicletas, de los que atesora una colección
considerable, en su aparición en la serie sobre moteros Sons of Anarchy 

Comenzaré este texto hablando con claridad: Buick 8 no es de lo mejor que ha escrito King, y está muy lejos de sus trabajos más destacados y memorables (como It, Christine, Cementerio de animales o 22/11/63). Muchos lectores le achacan falta de intensidad y de ritmo, exceso de tiempos muertos, extensión excesiva para una historia que podría condensarse en un relato, ser una buena idea desaprovechada, desarrollo irregular... Ahora bien, sin ser una obra maestra, contiene los suficientes elementos de interés como para considerlo un buen libro.

La idea central es bastante original. Transcurre en un destacamento de la Policía Estatal de Pennsylvania, cercana a la ficticia localidad de Statler. Este cuartel, conocido como Troop D. (se citan otros como Troop K.), acoge en uno de sus cobertizos un coche modelo Buick 8 Roadmaster de color azul, que un extraño sujeto abandonó en una gasolinera del entorno en 1979. El vehículo es anómalo, lleno de detalles erróneos que harían imposible su funcionamiento. A lo largo de su estadía en el cobertizo, ha protagonizado sucesos extraordinarios, que incluyen la aparición de seres monstruosos de su maletero y la desaparición de personas. Comprender su funcionamiento y sus misterios termina por ser una obsesión enfermiza para algunos troopers, como Curt Wilcox, cuyo hijo, tras su fallecimiento en acto de servicio, comienza a rondar el destacamento, y a quien diferentes personajes narran la historia del Buick desde sus propios puntos de vista. 

El Buick 8, obra de Smurfesque [fuente: Devianart]

No niego la mayor de que el argumento como tal, y recopilando sólo lo relativo al Buick y los sucesos que lo rodean, podría narrarse perfectamente en un relato largo o en una novela corta, y comprendo que quien llegase al libro buscando Christine 2 se haya desilusionado (tal vez colabore el engañoso título castellano). Porque Buick 8 es una novela de género fantástico-sobrenatural, pero es también una historia sobre personas,  sobre los lazos que el trabajo y la convivencia generan entre ellas, y sobre los problemas personales que ese mismo trabajo les ocasiona.

Para ello, King cambia Maine por Pennsylvania, y pone el foco en su Policía Estatal, la PSP. Asistimos a la vida cotidiana en un destacamento de la misma, el Troop D. (el verdadero es este), a lo largo de dos décadas, y a la evolución vital de sus troopers, con sus tribulaciones, sus problemas y la dinámica interpersonal que genera un trabajo tan estresante y difícil de conciliar con la vida privada como es ser agente del orden (las mentiras y excusas a las esposas para ausentarse de casa tienen mención especial). Por supuesto, la rutina del Troop D. tiene un elemento que la distingue de los demás destacamentos: el Buick 8 que esconde. 

Un Buick 8 de coleccionista, impecable. foto de 1-900-BeatFace [fuente: Devianart]


Para contar su historia, Mr. King recurre a un estilo narrativo curioso: La totalidad de la novela está narrada en primera persona, alternando hechos del presente con otros del pasado, titulándose todos ellos ENTONCES o AHORA. El narrador principal es Sandy Deaborn, sargento del destacamento en el presente, y trooper en el pasado, pero el relato rota entre distintos oradores, y cada uno va aportando a la historia su punto de vista y su experiencia directa en los acontecimientos. Por ello, la novela carece de un protagonista principal, pues Sandy, al igual que el resto de personajes, es cronista de los hechos, y pese a haber participado en ellos, no le conciernen únicamente a él. Tampoco se puede considerar protagonista a Ned Wilcox, el joven hijo de Curt, el trooper fallecido, que es el destinatario y oyente principal de la historia del Buick. 

Esta forma de relato en primera persona está más cerca del monólogo interior que de la narración omnisciente, pues cada personaje (especialmente Sandy, ya maduro y cercano al retiro en el presente) reflexiona sobre los acontecimientos que cuenta, sobre por qué ocurrieron, si podrían haberse evitado, lo que sintió durante los mismos, o lo que ocurría en su vida paralelamente a ellos. Por ello creo que se puede decir que la intención de Stephen King es, como tantas veces, profundizar en los personajes que crea, y darles una dimensión humana, hacer que tengan entidad, que se noten vivos. De esta manera se explica la extensión del texto y se llenan esos tiempos muertos entre cada aparición del Buick. King nunca renuncia al costumbrismo y a la historia reciente de su país. 


En lo que concierne al Buick propiamente dicho, lo primero que llama la atención es la manera en la King lo relaciona con su universo personal: El intrigante hombre que lo abandona en la gasolinera, corresponde por su actitud y su descripción física, con un hampón (low man), uno de los sicarios de El Rey Carmesí que aparecen en la saga La Torre Oscura y otros libros suyos como Corazones en la Atlántida.

Desde que aparece, se resaltan sus rarezas: aparenta ser un Buick, pero parece construido por alguien que desconociese cómo funciona un coche. El volante es grande «como un timón de barco», la llave de contacto es una simple lámina plana de metal, el motor y toda la mecánica no trabajarían jamás y tiene errores de diseño palpables. Por lo demás, no se ensucia, no se deteriora y se repara al instante de cualquier daño (el coche soñado :D ). Anuncia su actividad con bajadas bruscas de temperatura y con «fuegos artificiales» en forma de rayos purpúreos, creando electricidad estática que interfiere con la radio policial, tras lo cual se manifiesta su poder sobrenatural: la aparición de seres horribles y evidentemente extramundanos.

«Por supuesto que sí: un resplandor rojo cada vez más intenso que se derramaba por las ventanillas del coche, se filtraba la rendija que delimitaba la tapa del maletero y bajaba por los flancos como un ligero fluido radiactivo. Dentro del coche, Sandy vio claramente las formas de los asientos y el volante desmesurado. Eran contornos, siluetas. El resto de la cabina se lo tragaba el brillo frío y del mismo color rojo violáceo, más intenso que cualquier horno. El zumbido, que era fuerte, iba constantemente en aumento. A Sandy le daba dolor de huesos, y sus oídos casi habrían preferido estar sordos. Tampoco es que hubiera servido de nada, puesto que era como si el ruido se oyera, además de con orejas, con todo el cuerpo.»

Hampón de "Corazones en la Atlántida",
visto por nosprings [fuente: Devianart]


Es a través de estas criaturas que King introduce el componente más fantástico, entrando en el campo del horror y por momentos del gore, pues su descripción y su anatomía son de pesadilla, al igual que otras cosas surgidas del maletero del coche, siempre acompañadas de olores pestilentes y de sustancias repulsivas. El culmen de lo desagradable se nos ofrece cuando el trooper Curt Wicox se dedique a la disección de los especímenes que salen del Buick, como la cosa-murciélago o el pez:

«Le salía más vapor del costado. También le goteaba del amasijo de filamentos rosas enredados que tenía aspecto de servirle de cabeza. Sandy tuvo la impresión de que oía un siseo apagado, pero era consciente de que podían ser imaginaciones suyas. Entonce apareció una hendidura negra en las escamas plateadas, que arrancaba en los jirones de nailon de la cola y subía hasta la agalla trasera. Empezó a gotear un fluido negro que debía de ser el mismo que habían encontrado Huddie y Arky alrededor del cadáver de la cosa-murciélago; al principio se derramaba muy lentamente, pero poco a poco fue animándose. Ahora Sandy veía crecer un bulto de mal agüero detrás de la hendidura de la piel. No era ninguna alucinación, ni lo era el ruido sibilante. El pez experimentaba algo más radical que descomposición, estaba deshinchándose, vencido por algún cambio inimaginable de presión, o de todo, del entorno en general.»

La cosa-murciélago, obra de nosprings [fuente: Devianart]

Como ya comenté, estas apariciones se van espaciando a lo largo de la novela, son hechos puntuales, pero los troopers los tienen grabados a fuego en su memoria, y entre ellos destaca la aparición a través del Buick de un humanoide de aspecto imposible, que se convierte en el momento álgido de la trama, con unas descripciones muy vivas y explícitas. Escena donde destella Mister Dillon, el perro del destacamento, que reacciona siempre de forma violenta y compulsiva a la presencia del coche. 

El humanoide, visto por Quanyanisqatsi
[fuente: Devianart]

Todo el conjunto del libro destila, como ya comenté, un tono oral, coloquial, que refleja lo que en efecto está pasando: Un grupo de Policías veteranos, sentados una tarde en «el banco de los fumadores"», contándole al joven Ned Wilcox, hijo de un compañero fallecido, lo que saben y recuerdan del Buick 8, a la vez que con ello le van contando cómo funcionaba el destacamento, cómo fue cambiando con el tiempo, cómo era la relación entre los troopers, cómo les afectaba el trabajo a su vida fuera del Cuerpo... El hecho de que todo el texto sea narrado de esta manera, sin ningún pasaje en tercera persona, sin omnisciencia y saltando entre narradores, crea la sensación de que estemos sentados ante ellos y de que no existe, como ya dijimos, un protagonista, sino que todo el reparto que gira en torno al Buick se convierte en un personaje coral, colectivo, compuesto de los recuerdos de todos ellos. Demuestra la habilidad que Mr. King tiene para mostrar los sentimientos y pensamientos de sus personajes, y la dimensión humana de Buick 8 es innegable. La agente de comunicaciones Shirley, tutora de Ned en su labor de ayudante del destacamento, toma la voz en partes de la narración:

«Es otra de las cosas de los hombres que dan rabia: que tan pronto son unos patanes que se echan bronca en los bares por cualquier tontería -¡resultados de béisbol, pero habráse visto!– como unas peritas en dulce que ni salidas de un cuadro de Norman Rockwell, y sin transición. Luego ni te enteras y ya les tienes dentro de las bragas, o intentando meterse.»

El humanoide, visto por Kaek [fuente: Devianart]

Pero no todas las complicaciones de los troopers les vienen provocadas por el Buick, ni todas las emociones del libro proceden del automóvil. El departamento de Policía tiene que seguir enfrentándose a su día a día, como el propio Sandy comenta en alguna ocasión, que incluye arrestos, accidentes de circulación e incluso una situación muy crítica. Un detalle pintoresco es la existencia de una comunidad amish (muy común en la Pennsylvania rural) que si bien no tiene participación directa en la trama, si será citada en numerosas ocasiones. 

A modo de resumen, de idea general sobre qué es Buick 8, lo definiría como un libro de género fantástico sobrenatural a su manera más clásica, es decir, que tiene ese regusto a pulp, a historieta de revistas como Creepy, Eerie o Dossier Negro, a episodio de Dimensión desconocida o Historias de la Cripta. Nos trae reminiscencias del cine de Serie B y programa doble, de películas hechas con poco presupuesto pero con mucho oficio, y en mi cabeza la adaptación la harían Roger Corman o John Carpenter. No ofrece grandes dosis de acción, adrenalina ni terror que garantice noches de insomnio, pero lo suple mostrando la cara más humana de sus protagonistas y con una historia que crea más incógnitas de las que resuelve y que contiene la suficiente fantasía e intriga para convertirse en una lectura entretenida y provechosa. 


Datos de interés:

El titulo original"From a Buick 8 es una adaptación de la canción de Bob Dylan From a Buick 6, de su álbum Highway 61 revisited. El título español, aparte de no respetar el juego de palabras, a mi juicio resulta bastante desafortunado.

En el 2007 hubo rumores de adaptación a miniserie televisiva por parte de la NBC y de que el texano Tobe Hopper (La matanza de Texas) estaba rodando una versión cinematográfica (aquí o aquí) pero por ahora se quedó todo en agua de borrajas. No había ni teaser y ya la estaban apaleando.

Y si bien mi edición de Círculo de Lectores no incluye ni una triste ilustración, unos cuantos afortunados estarán disfrutando (en inglés) de sus «Signed Edition» (750 ejemplares, firmada y numerada), «Collector's Edition» y «Gift Edition», todas ellas con portada y láminas interiores de Bernie Wrighston, colaborador habitual de King y uno de mis ídolos del lápiz por obra de las docenas de historietas suyas que me leí en Creepy:


OTROS LIBROS DE STEPHEN KING EN KINDLEGARTEN:


- La zona muerta

- It (Eso) 

- Maleficio

- 22/11/63

- Colorado Kid

- La chica que amaba a Tom Gordon

- Joyland

- Insomnia

- El misterio de Salem's Lot

- La Torre Oscura VII

- La Torre Oscura VI

- La Torre Oscura V

- La Torre Oscura IV

- Historias Fantásticas

- Carrie


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27 de abril de 2014

Liebster Award (y 7)

Hoy quiero compartir con vosotros un motivo de alegría y de orgullo, pues Cel Red, la autora del blog Tardes de Ocio, me ha hecho el enorme honor de nominarme para el premio Liebster Award. Como es de rigor, desde aquí le agradezco sinceramente la nominación, y os recomiendo a todos que paséis por su blog a echar un vistazo. A mí me ha gustado la disposición de las entradas en la página principal, diferente a la habitual, el diseño y los contenidos, que no son únicamente literarios sino que abarcan también la música, el cine, el manga, las series de TV... vamos, de todo y para todos. 


Como en ocasiones anteriores, no haré la nominación de otros blogs por haberla hecho ya en su día, pero paso sin más demora a responder encantado el formulario de Red Cel, algo que me gusta hacer, pues me divierte, me entretiene y me resulta terapéutico (hablar sobre mí me sienta bien, y debería hacerlo más a menudo). Vamos allá:


Qué tipo de final te gusta más?

Difícil pregunta :) Como lector constante de Stephen King, estoy acostumbrado a que me trolleen y me dejen con un palmo de narices con los finales, así que no soy demasiado exigente con ellos. En cualquier caso, me gusta que sean consistentes con la historia que culminan y vayan en línea con ella. Hay historias que necesitan un final cerrado, como los relatos detectivescos (Agatha Christie es el caso más esclarecedor) y otras que ganan con un final abierto. Por ejemplo una obrita menor como es Colorado Kid de Stephen King crece y se magnifica gracias a su final inconcluso, que aún tiene a los lectores dándole vueltas al misterio que encierra y hasta inspiró una serie de TV (Haven). En cualquier caso, no me suelen gustar los finales bruscos en los que se nota que el autor o autora se quedó sin ideas o no le apetecía escribir más. 

Agatha Christie, la reina de los finales redondos y perfectos

¿Prefieres leer con música, en silencio o con algún otro ruido de fondo?

En silencio, aunque si escucho música la prefiero instrumental, para no distraerme con la letra. Padezco de los nervios (tomo calmantes), así que soy casi incapaz de leer con gente hablando alrededor. Lo que peor llevo es la televisión de fondo. Por eso dejé de ir a leer a los cafés, porque hasta los de ambiente más literario-modernillo tienen la tele puesta a tope o la música demasiado alta, por no hablar de las tertulias a la española, es decir a grito pelado, los golpes y los niños chillando y cometiendo vandalismos mientras sus padres se hacen los suecos. Pensaréis que soy un maniático, pero no lo digo yo, lo dice la OMS

En España estamos en 65dB de media, para hacernos una idea. 

En cuanto a ruido de fondo, como ya comenté en algún formulario anterior, me quedo de lejos con el ruido blanco, que a veces me llevo por la calle en el móvil, porque mitiga los demás ruidos. Me encantan las páginas Simplynoise y Simplyrain (que me descubrió Loba Roja, por siempre gracias). 


¿Tienes alguna manía al momento de leer?


Bueno, como ya comenté en otro formulario, no puedo leer sin gafas. Apenas tengo graduación, pero tengo vista cansada. Y tienen que estar limpias :)  Me gusta leer en zapatillas, y si leo en papel estoy muy pendiente de no estropear el libro, mirando siempre de no doblar las esquinas y de no arrugar la sobrecubierta, si tiene. Me gusta tener los libros incólumes, incluso los leo en el Kindle y después me los compro en papel sólo para tenerlos en el estante y mirarlos. 

Me encanta, es tan Pop :) [fuente]

Algo que no comenté la otra vez es una manía que me quedó de mis años de estudiante: Soy incapaz de leer una historia sin establecer paralelismos y relaciones con otras cosas, y siempre termino tomando notas (mentales o escritas) o, si leo en Kindle, subrayando muchos párrafos (los libros en papel no los subrayo).


¿Cuál es el libro que más veces has leído?


He tenido que pensármelo bastante, y dudé entre varios. Al final concluí que no era ninguno de ficción, sino Mitología griega y romana de J. Humbert. Es una pequeña guía sobre este tema tan apasionante (al menos para mí) organizado por categorías (dioses superiores, dioses de segundo orden, héroes y semidioses... ) en forma de entradas, así que se puede leer como libro de consulta. Creo que lo leí completo tres o cuatro veces, y en ocasiones recurro a él cuando tengo alguna duda sobre alguna cuestión concreta.


Mi edición es la 25ª, y es del 2007, así que supongo que ahora irá por la 30ª o por ahí. Es la misma de la foto, y era una deuda que tenía conmigo mismo, porque la primera vez que lo leí fue el ejemplar que posee mi hermana, hace veinte años o así (idéntica edición, no han variado portada, formato y supongo que ni una coma del texto), y deseaba atesorar mi ejemplar, así que cuando lo compré me lo volví a leer. 

El prefacio, que se nota antiguo, como rancio, lo define como «Tratado elemental, destinado a la juventud», y su frase «ha sido adoptado tanto en la enseñanza libre como en las universidades de Francia y del extranjero, pensionados de señoritas, conventos y colegios» me inspiró el pensionado donde estudia la protagonista de mi obrita Cuentos de San Andrés


Dime dos de tu canciones favoritas.

Difícil también, porque en música soy un desastre, la escucho sin orden ni lógica. Nunca podría ser DJ, porque pondría primero Power Metal y acto seguido Bossanova o Fado... me despedirían la primera noche. 

Me voy a quedar con Hallelujah de Leonard Cohen, una canción que en su forma original era claramente blasfema y erótica, y cuya letra reescribió sucesivas veces, y que ahora está llena de simbología religiosa. Me fascina la melodía, la letra, los coros...




Tiene muchas versiones, y destacan la de Rufus Wainwright (marido de su hija, Lorca Cohen), que se incluyó en la banda sonora de Shrek; y la del llorado Jeff Buckley, aparecida en el disco Grace. Paradójicamente para una canción que empezó siendo tan poco clerical, ahora es habitual escucharla en las iglesias, y uno de los últimos hypes de internet fue este sacerdote interpretándola en una boda (adaptando la letra para la ocasión), muy bien por cierto:




Y una del cantautor berciano de nacimiento y gallego de corazón Amancio Prada, Adios ríos adios fontes, que adapta el poema homónimo de la inmensa e inconmensurable poetisa gallega Rosalía de Castro, tal vez la más destacada del romanticismo. Narra el drama de la emigración, el desarraigo que supuso para tantísimos miles de gallegos y la sangría que significó para Galicia. Tema recurrente en la obra rosaliana y en la de otros muchos autores, no la puedo escuchar mucho porque me hace llorar.




Creo que me emociona tanto porque recuerdo que cuando yo era un niño pequeñito, mi madre la ponía en casa en un vinilo que aún conservamos. Tiene también sus versiones, como la de Los Tamara (una de las bandas gallegas con más éxito internacional), cantada por el crooner Pucho Boedo.


¿Cuál es tu bebida favorita?

Cuando aún bebía alcohol, eran por una parte la cerveza Estrella Galicia, que se elabora a quinientos metros de mi casa (a veces el aire trae el aroma a levadura de cerveza en fermentación) y que es sin duda alguna la mejor cerveza del mundo, al menos así la han reconocido diferentes catas ciegas. 


Tras años de ser una desconocida fuera de Galicia (pese a tener más de un siglo de historia), ahora se ha lanzado al mercado nacional e internacional, donde va ganando prestigio. Es mucho más fuerte y tiene más cuerpo que las cervezas españolas habituales, y su amargor provoca rechazo en la gente poco habituada, y pasión y delirio en los más cerveceros. 

Y por la otra el licor café, una bebida tradicional gallega, hecha con aguardiente y café como su nombre indica, de la que existen un montón de marcas comerciales e infinitas recetas caseras, tantas como familias, porque su elaboración casera y artesanal es deporte nacional en Galicia.


No puede faltar en ninguna sobremesa, y aunque se consume en chupitos (vasos pequeños) a la que te descuidas llevas una botella. Tiene hasta su himno, obra de la banda de reagge-ska-fusión-loquesea Lamatumbá:


Ahora mismo mis bebidas preferidas son el café, que tomo descafeinado, y el té, si puede ser de las variedades Earl Grey y Prince of Wales de la casa británica Twinings, aunque cuando termine mi reserva de esta marca me voy a pasar una temporada a PGTips, que me descubrió un amigo que vivió en Inglaterra varios años. También me cambiaré al desteinado. Cosas de los nervios.

Tengo té para rato. 


¿Cuál fue la última película que viste y te encantó?

Juno, del 2007. Cuando la ví pensé que era una película que todo el mundo debería ver. Me gustó todo de ella, desde los títulos de crédito hasta la banda sonora. Su estilo indie, su argumento, su ausencia de moralina ni clichés, sus personajes disparatados y con cero estereotipos, los diálogos, la naturalidad con la que se toma un tema delicado como el embarazo juvenil, sin dramatismos, el mensaje optimista... Ellen Page está simplemente fantástica, Michal Cera, que interpreta a su novio, está genial como tipo desastroso pero leal, y todo el elenco lo borda. 


La vi el año pasado y creo que merece la pena volver a verla. Es de esas películas perfectas que salen de vez en cuando, y de hecho en su día fue un sleeper, es decir un éxito inesperado con el que nadie cuenta.

La secuncia inicial, la del test de embarazo, es impagable

¿Prefieres los autores contemporáneos, los que ya murieron o lo que venga?


Leo más autores contemporáneos, pero no tanto por una preferencia de época como por una de estilos. Leo sobre todo Ciencia-Ficción, Terror y Fantasía, y sus autores se reparten entre los fallecidos y los vivos. De hecho tengo tantas lecturas pendientes de unos y otros que en ocasiones no es hasta después de leer un libro y buscar datos sobre el autor, que me entero que éste ya falleció. 

De niño leí muchísimo a los clásicos como Julio Verne, Robert Louis Stevenson, Alejandro Dumas o Emilio Salgari, pero como ya comenté era más una cuestión de necesidad que de elección personal. Leías lo que tenías a mano, y lo que más se publicaba en España era lo que entonces se entendía como literatura juvenil, supongo que porque eran obras libres de derechos. Pero todo deja su poso, y ahora forman parte irrenunciable de mi educación lectora. 

El/la que no haya leído de estos a puñados, que levante la mano

Lo que sí es cierto es que de vez en cuando hago una terapia de desintoxicación de mis géneros habituales, y me leo un novelón clasicote, y para ello recurro a los naturalistas españoles como Pérez Galdós o Clarín, o a mi paisano Valle-Inclán, y me sigo sorprendiendo de lo bien que escribían y de cómo plasmaban lo que querían en sus escritos. 

La tumba de Julio Verne, llena de simbolismos y con un claro mensaje de resurreción

En cuanto a los que vengan, no puedo decir si serán mejores o peores que los conocidos hasta ahora, pero sin duda puedo afirmar que serán muchos, gracias a la autoedición y a la distribución a través de Internet. Lo que tal vez se terminen sean las grandes tiradas y las ventas millonarias, salvo en casos puntuales. Creo que llega la época de la atomización de la audiencia. 


Tres de tus autores favoritos.

Pues la tríada intocable e incuestionable:

Stephen King, como ya sabéis los que me visitáis a menudo. Por cierto, la próxima reseña es de un libro suyo. 


Es el autor del que más libros tengo, del que más libros he leído, y el que más me transmite al escribir. Me da igual que se le considere un simple escritor de best-sellers, un autor mediocre o todas las historias que circulan sobre sus "negros".  Su universo personal me fascina, y creo que sus novelas y cuentos tienen un afán de profundizar en la naturaleza humana que me conquista. Hay cosas que no se pueden explicar. Además, me gusta pasar miedo :D


Edgar Allan Poe, el autor de autores, cuyos relatos releí varias veces, cuya influencia en toda la cultura posterior a él es tan palpable y tan notoria que sobra intentar explicarla, y que considero el autor estadounidense más importante hasta la fecha (codo con codo con Mark Twain, pero yo soy más de Poe). Él mismo era un personaje y encarna todo lo que el Romanticismo y el Modernismo significaban.



Y H.P. Lovecraft, a quien descubrí en mis años de adolescencia gracias al juego de rol La llamada de Chutlhu, que me llevó a leerme casi toda su obra de forma compulsiva. Después lo olvidé durante años para retomarlo, y tengo pendiente una relectura de sus relatos. No sé cómo condensar todo lo que ese hombre tenía en la cabeza y su capacidad de crear e imaginar toda una mitología completa y un cosmos entero de horror sobrenatural. Además de vincular definitivamente al terror y la fantasía con el pulp, y de esa forma convertirlos es géneros populares y ligados para siempre a la cultura de masas (revistas, cómics, cine...) Su estilo sin diálogos (influencia, a su vez, de Poe) es uno de los culpables de que a mí me cueste tanto escribirlos.



¿Cuál es tu serie de televisión favorita?


Pues de un tiempo a esta parte no soy mucho de series, la verdad. En su día me ví Stargate completa, y parte de su spin-off Stargate Atlantis. Estuve terriblemente enganchado, hasta participaba en foros de fans y cosas así. También estuve muy pillado con Crossing Jordan, una serie de forenses ya finalizada, y de temática similar con Bones, aunque me desenganché al empezar la octava temporada y no la vi nunca más.

De comedias, también seguía The Big Bang Theory pero me descolgué creo que en la quinta temporada, y de How I met your mother, que fue la última serie que me atrapó de verdad, y la que podría citar como mi serie favorita, también me bajé, así que ni sé ni cómo termina, ni conocí a la madre de los sufridos y pacientes hijos de Ted. Tal vez algún día me entere.

A veces hasta me daban penita, los pobres

Ahora no veo series porque pienso que me quitan mucho tiempo para leer y otras tareas, aunque esta mañana me bajé un par de capítulos de Haven para probar. Ya os contaré qué tal.



Y así concluye este formulario, que como siempre resultó un entretenimiento grato y me ayudó a contar cosas sobre mi, con lo positivo que ello conlleva. Gracias una vez más a Red Cel por su nominación, y a todos por estar ahí. Nos leemos!

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22 de abril de 2014

No es país para viejos - Cormac McCarthy

Dos millones de dólares en efectivo pueden ser un golpe de suerte, o no. Para Moss, que se los encuentra en el escenario de un fallido intercambio de droga cerca de la frontera con México, se convierten en una pesadilla cuando le obliguen a una carrera sin fin, abandonando todo lo que ama y huyendo de sus propietarios, de la justicia y de un implacable psicópata ejecutor.


Publicada en 2005, No es país para viejos (No country for old men) es obra de Cormac McCarthy. Escritor, dramaturgo, guionista y divulgador científico estadounidense cuyas obras han sido adaptadas asiduamente al cine, que ganó el Premio Pulitzer en el 2007 por su libro La Carretera (The Road) y el National Book Award en 1992 por Todos los caballos bellos (All the pretty horses). Muchos críticos lo consideran uno de los escritores vivos más importantes de su país, y no dudan en comparar su transcendencia con la de William Faulkner o Mark Twain. Vive al margen del mundo literario-editorial, apenas se trata con otros escritores, no concede entrevistas y dice cosas como que Marcel Proust o Henry James no son literatura.

Es una novela negra algo particular por su ambientación fronteriza, y sepuede concebir como un thriller criminal y de intriga, marcado por un ritmo frenético y una elevada carga de violencia.

Destaca por su desarrollo veloz y precipitado, impulsado por su estilo narrativo, por su violencia tanto explícita como ambiental, por la atmósfera de agobio y desesperación que transmite. Por los personajes apenas esbozados, que se van perfilando a lo largo de la trama, y por la figura del psicópata Anton Chigurh, que termina por convertirse en el verdadero protagonista gracias a su presencia y su carisma. 


Comencemos por la idea que considero principal: No es país para viejos no es una historia de buenos y malos. Es una historia de zonas grises, de personas puestas en una situación límite que condiciona sus actos y sus decisiones.

Por una parte tenemos a Llewelyn Moss, el protagonista. Un hombre del que no sabemos prácticamente nada, y que el autor irá bosquejando a lo largo de la novela, dándonos información sobre él a cuentagotas. Al comienzo del libro, está cazando antílopes cerca de la frontera mexicana, y se encuentra con lo que parecen los restos de un intercambio fallido de drogas: vehículos ametrallados y hombres muertos. En una furgoneta hay gran cantidad de heroína y en otro una bolsa llena de dinero. Uno de los hombres agoniza, y le pide agua a Moss, quien lo ignora y huye con los billetes. Por la noche vuelve a la escena para socorrer al moribundo, pero es descubierto por unos pistoleros que le disparan, y ahí comienza su huida y nuestra historia. 


Por otra tenemos al Sheriff Bell, responsable del condado donde transcurre la trama, que investiga los sucesos y narra fragmentos de su historia personal, en primera persona, al comienzo de cada capítulo, desvelando poco a poco detalles oscuros de su pasado, que le atormentan.

En cuanto a Anton Chigurh, es un hitman (ejecutor, asesino a sueldo) encargado de recuperar el dinero que Moss ha robado; un verdadero psicópata carente de emociones y sentimientos que ultrapasa las obligaciones de su encargo y provoca un baño de sangre allá donde va, armado con una escopeta con silenciador casero y un perno de matar ganado conectado a una bombona de aire comprimido.

Y Wells es un personaje difuso; una especie de cazarecompensas que busca a Chigurh para matarlo, pero cuyas motivaciones no terminarán de estar claras en ningún momento. 

McCarthy es deliberadamente ambiguo en la ubicación de la historia, que si bien sabemos que transcurre en la frontera entre Texas y México, con escenas situadas en El Paso, Eagle Pass y Piedras Negras, no nos especifica con claridad en ningún momento en qué época lo hace. A medida que la trama avanza, a través de diálogos, llegaremos a la conclusión de que ocurre en los años 80, pues sabremos que el Sheriff Bell, cincuentón, participó en la Segunda Guerra Mundial, alistándose con 21 años. Y que Moss, si los datos son ciertos, tiene 36 años y estuvo en Vietnam entre 1966 y 1968. La tecnología que se cita (los albores de la telefonía móvil) y la escasa penetración de la misma nos ayudan también a ubicarnos, en ausencia de fechas concretas y acontecimientos históricos que nos den más pistas. 

Ilustración de Blake Loosli [fuente]

Puede decirse, así, que No es país para viejos es una novela que se va creando a medida que se lee, y los lectores vamos construyendo en nuestra mente las imágenes de personajes, escenarios y trama valiéndonos de los datos que el autor nos va entregando (por ejemplo, no conoceremos la complexión física de Moss hasta que este entre en una tienda a comprar ropa y diga sus tallas). Porque la historia comienza in media res, durante la cacería de Moss, y sólo después iremos descubriendo que está casado con Carla Jean, una joven de 19 años, con la que vive en una caravana; que es veterano de guerra, que es soldador, que está "jubilado" y que es alto y de complexión media tirando a fornido. 

Al igual que no estamos ante una historia de buenos y malos, Moss tampoco es un héroe. Ni siquiera un referente, alguien con quien poder identificarnos. Es un personaje gris, sin rostro, casi un esbozo. Un hombre cuya historia para nosotros comienza en un desierto, del que no sabremos mucho más al terminar la novela de lo que sabíamos al leer la sinopsis, y con el que Cormac MacArthy no parece desear que empaticemos, como si fuese un simple vehículo de la trama y no su actor principal. Tal vez deseaba que la protagonista fuese la atmósfera agobiante, opresiva, tensa y de desesperación de la que hablaremos. 


El sheriff Bell, que desgrana sus pensamientos y sus recuerdos en primera persona al comienzo de cada capítulo, desarrollando un monólogo interior paralelo a la trama principal. El sheriff hace memoria, narra episodios de su vida, reflexiona y da su opinión sobre la transformación social que sufre su país, sobre el aumento de la criminalidad, la escalada de violencia, con los cárteles de la droga cada vez más sanguinarios, y la fatiga que él arrastra, que le dificulta cada vez más el desempeño de su función como garante de la ley (dando sentido al título de la novela). Narrando en tono crepuscular, confiesa un hecho de su vida, ocurrido hace muchos años, que le atormenta, le avergüenza y le obsesiona desde entonces, aprovechando el autor para arremeter, en boca de su personaje, contra la hipocresía y el cinismo de la sociedad estadounidense y su ausencia de moral. En resumen, el eterno tema de la caída de América.

«Yo creo que si uno fuera Satanás y estuviera buscando algo que hiciera doblegar a la humanidad probablemente la respuesta sería las drogas. Quizá se le ocurrió a él. Lo comenté el otro día mientras desayunaba y me preguntaron si yo creía en Satanás. Y yo dije Hombre, es que no se trata de eso. Y dijeron Ya, pero ¿crees o no? Tuve que pensarlo. Creo que de chico sí creía. Hacia la mitad de mi vida esas creencias se habían diluido un poco. Ahora vuelvo a inclinarme del otro lado. Satanás explica muchas cosas que de lo contrario no tienen ninguna explicación. O no la tienen para mí al menos.»

En el Sheriff Bell observamos un sentido del deber y del honor. Su oficio tiene tradición en la familia y se siente responsable de los ciudadanos de un condado «del tamaño de Delaware». Este sentimiento de obligación, de cumplir con el deber propio, de hacer lo que se espera de uno, aún no siendo correcto, parece invadir a todos los personajes, creando una sensación opresiva de predestinación, de inexorabilidad, de fatalismo, como si no fueran dueños de su destino.

Siguiendo en esta línea, y a diferencia del resto de personajes apenas bosquejados, destaca entre todos el antagonista de Moss, el asesino Anton Chigurh, que se eleva como el personaje más elaborado por el autor y también como el más fascinante del libro.

Un clásico de las reediciones en formato bolsillo:
ponerles de portada el cartel de la película

Contando con una descripción física, lo que lo diferencia de otros personajes (alto, moreno de cabello y piel, de rasgos y acento de origen indefinido, con unos ojos azules y fríos como el lapislázuli), representa a un ángel exterminador impersonal, implacable, frío, calculador y metódico en el asesinato, que ejerce concienzudamente, sin recrearse ni mostrar sentimiento alguno, ni de placer ni de remordimiento. Armado con una escopeta de gran calibre silenciada con un dispositivo casero y con un perno cautivo para ejecutar reses, roba el plano al resto de participantes en el drama y encarna la atmósfera de violencia irracional y de desesperanza que Cormac Mccarthy desea transmitir con el conjunto de No es país para viejos. Un profesional de la muerte al que sólo se puede caracterizar como un auténtico psicópata.

«Desde el umbral disparó dos veces más a través de la pared del baño y luego entró empuñando la escopeta a la altura de la cadera. El hombre estaba desplomado sobre la bañera con un AK-47 en la mano. Lo había alcanzado en el pecho y el cuello y sangraba profusamente. No me mate, dijo con un hilo de voz. No me mate. Chigurh se echó hacia atrás para que no le alcanzaran fragmentos de cerámica de la bañera y le disparó a la cara.»

Porque como ya dije la atmósfera es uno de los componentes principales de esta obra. Si habéis visto La huida (The Getaway) de Sam Peckinpah, Traffic de Steven Sodenbergh o El mariachi de Robert Rodriguez sabréis a qué me refiero: esa ambientación opresiva, angustiosa, que transmite tensión e incomodidad, en la que creemos sentir el aire denso, caliente e inmóvil pesando sobre nosotros, sin una gota de brisa. Al igual que en la citada película del maestro Peckinpah, Moss lleva a cabo una huida hacia adelante en la que el círculo de sus perseguidores se estrecha cada vez más, sus salidas se van reduciendo y su integridad física se reduce, con numerosos golpes y heridas causados por caídas y disparos. 

Una portada muy noir, de johnshine [fuente]

Y es que, como anticipé arriba, las dosis de violencia en esta novela son muy altas. En todas sus formas. Tanto la física (barra libre de tiroteos y asesinatos, incluidos a sangre fría, muchos por cortesía de Chigurh) como ambiental, pues todo el entorno es áspero, inhóspito, desagradable. Incluso los diálogos son tensos, llenos de respuestas ambiguas, como si los personajes se tanteasen continuamente y pareciesen no confiar en sus interlocutores o no deseasen mostrar sus verdaderos pensamientos [para entendernos, y como gallego lo digo, por momentos parecen diálogos entre gallegos]. Por cierto que, entre toda esta violencia, los mexicanos no salen demasiado bien parados, pues por parte de los policías texanos aparecen como causantes de todos los altercados:

«Hay días en que me dan ganas de devolverles este maldito lugar, dijo el sheriff.
Te entiendo, dijo Bell. Cadáveres en las calles. Los comercios acribillados a balazos. Los coches de la gente. ¿Cuándo se ha visto una cosa igual?
¿Podemos ir a echar un vistazo? 
Sí. Podemos.
La calle estaba aún acordonada pero no había gran cosa que ver. La fachada del hotel Eagle estaba acribillada y había cristales rotos en la acera a ambos lados de la calle. Neumáticos y cristales reventados de los coches y agujeros en la plancha con pequeños círculos de acero desnudo alrededor. Habían remolcado el Cadillac y barrido los cristales y limpiado la sangre a manguerazos.
¿Quién crees que era el que estaba en el hotel?
Algún camello mexicano.»

Cartel de inspiración retro para la versión
 cinematográfica de la que también hablaremos

Para acentuar esta sensación de huida frenética, desbocada, Cormac McCarthy recurre a un truco narrativo (desconozco si es su estilo habitual, es el primer libro suyo que leo) muy curioso: frases cortas, sin apenas usar comas (no exagero cuando afirmo que he contado hasta diez páginas sin ellas) que reemplaza por la conjunción «y», lo que le otorga sensación de continuidad, y sin emplear descripciones. 

«Luego se inclinó y abrió su bolsa de viaje y sacó una camisa y cortó una manga con las tijeras y la dobló y se la metió en el bolsillo y devolvió las tijeras a la bolsa de la Cooperativa y abrió la puerta y se apeó con dificultad, levantándose la pierna herida con las dos manos bajo la rodilla.»

La narración se limita a contar lo que ocurre, todo el resto de la información se entrega a través de los diálogos, que están compuestos de frases cortas, normalmente de una o dos líneas, salvo excepciones. Para describir un lugar o una escena, en ocasiones prescinde de los verbos, lo que tiene incluso tintes poéticos:

«Luces en la calle. Largos bancos de nubes de un rojo mate avanzaban movidas por el viento en el oeste casi oscuro. Tejados en un horizonte urbano bajo y escuálido.»
«Hacia el este una luz granulosa. Sobre los cerros negros más allá de la ciudad. El agua se movía bajo el puente oscura y lenta. Un perro en alguna parte. Silencio. Nada.»

Este estilo telegráfico crea un ritmo muy veloz, tan propio de las novelas pulp como las que ya analizamos en el pasado, que desemboca en una lectura muy ágil. Por tanto, la considero una novela recomendable, al menos para los amantes de la novela negra más contemporánea y para aquellos que disfrutan de un buen thriller que se lee a toda velocidad y al que no le faltan emociones y mucha acción, pero que además no está hueco, sino que contiene una reflexión de calado sobre la violencia, la toma de decisiones y el libre albedrío.  

La película:

Apenas dos años después de su publicación, los hermanos Joel y Ethan Coen dirigieron su adaptación cinematográfica, que supuso un éxito arrasador en crítica y taquilla, unificando los parabienes de público e industria. 


Contó con un reparto de auténtica excepción: Josh Brolin como Llewelyn Moss, Woody Harrelson como Wells, el gran veterano Tommy Lee Jones como Sheriff Bell; y como revelación y salto definitivo a Hollywood:



El español Javier Bardem como Anton Chigurh, que al igual que en la novela se convierte en el personaje de mayor carisma y envergadura. Escogido por los hermanos Coen por su fisonomía y por sus rasgos, Bardem no estaba seguro de poder encarnar el personaje: la anécdota afirma que les dijo a los directores «no sé conducir, no hablo bien inglés y odio la violencia», a lo que estos le respondieron que precisamente por todo ello lo eligieron. Como fuese, Anton Chigurh con el gesto adusto de Javier Bardem, su peinado «al tazón» estilo mod y su inseparable bombona de aire comprimido escaló de forma fulgurante al Olimpo de la cultura popular, de la que ya es un icono:

Cuando sales en Los Simpson sabes que lo has logrado

La película ganó tal cantidad de premios que mejor os dejo la lista completa de IMDB, pero entre ellos destacan  4 Óscar (Mejor película, Mejor Director, Mejor Actor secundario (Bardem) y Mejor Guión adaptado), 2 Globos de Oro (Mejor Película, Mejor Actor secundario), 3 Bafta y 2 Screen Actors Guild Awards. Todo un espaldarazo para el actor español, favorecido por uno de esos papeles de malo que gustan tanto o más que su némesis, como Darth Vader o el Joker.

OTROS LIBROS DE CORMAC MCCARTHY EN KINDLEGARTEN:


- La carretera

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21 de abril de 2014

¿Quién mató a Cristián Kustermann? - Roberto Ampuero

El detective Cayetano Brulé recibe un encargo tentador y muy rentable: Descubrir quién asesinó a Cristián Kustermann, el hijo de un acaudalado industrial, y por qué motivo. Lo que comienza pareciendo un simple atraco se va complicando en un caso que llevará a Brulé a Alemania y a Cuba en busca del pasado de Cristián, en la convulsa época de la transición chilena. 


Publicada en 1993, ¿Quién mató a Cristián Kustermann? es obra de Roberto Ampuero: Escritor y columnista, fue profesor universitario en los USA, embajador de Chile en México, ministro de cultura con Sebastián Piñera y exiliado de su patria durante veinte años. Es uno de los autores chilenos más leídos en su país y fuera de él, con sus obras traducidas a varios idiomas.

Es una novela negra, policíaca, detectivesca y de intriga, que refleja además la situación social y política de Chile al comienzo de la transición democrática, y hace un retrato sincero y cáustico de la realidad de los diversos países en los que se ambienta.

Destaca por su adaptación de la novela negra a la realidad chilena, siguiendo las reglas propias del género, incluso de los clichés predecibles. Por su denuncia de las irregularidades de la transición que siguió a la salida de Pinochet. Por su cuidada ambientación en los distintos países en los que transcurre la trama. Y por su capacidad para enganchar y crear interés, y la caracterización de los personajes, comenzando por el detective protagonista y su figura de antihéroe.


Uno de los rasgos identitarios de la novela (lo que a mi juicio lo distingue de la novela de intriga, suspense y criminal), es su intención de reflejar la realidad social de una manera directa y sincera, nada complaciente, y cargada en ocasiones de una crítica dura y ácida. Así, las investigaciones del protagonista de ¿Quién mató a Cristián Kustermann? radiografiarán, en su debut, los turbulentos años de la transición Chilena, que siguieron a la salida del poder del dictador Augusto Pinochet, permitieron el regreso de los chilenos exiliados y coincidieron, en el marco internacional, con la caída del bloque comunista y la reformulación del pensamiento sociopolítico y la ideología de izquierdas. 

En este marco se mueve nuestro detective: Cayetano Brulé. Nacido en La Habana y criado en Miami, obtuvo su diploma de detective en un curso a distancia. Vive y trabaja en Valparaíso (Chile), y se considera un proletario de la investigación (así también lo denomina su autor), pues se centra en casos de poca monta: infidelidades conyugales, estafas a seguros, fraudes laborales... ronda los cincuenta años, es bajito, con sobrepeso, luce bigotón en puntas, se queda calvo y tiene miopía, por lo que usa gafas graduadas. Viste ropas de poliéster, fuma demasiado y abusa del café y de la bebida. Vive modestamente con su perrita Esperanza, y tiene un ayudante llamado Suzuki, hijo de un marinero japonés, que le consigue información entre el lumpen que frecuenta su kiosko El Kamikaze:

«El Kamikaze, que abría a las doce de la noche y cerraba cuando se iba el último cliente, era a decir verdad un varadero de prostitutas viejas, homosexuales nostálgicos y marineros aburridos.»
Caricatura de Cayetano Brulé. No encontré al autor, lo siento :(

El motivo por el cual Brulé acepta un caso que, en apariencia, excede sus facultades, es sencillo: su jugosa retribución. Todo comienza cuando el industrial Carlos Kustermann contrata a Brulé para encontrar a los asesinos de su hijo Cristián, fallecido en un asalto a la pizzería que regenta, ubicada en el exclusivo barrio turístico de Reñaca, porque el departamento de Investigaciones de la Policía ha archivado el caso como «asalto» sin mayores indagaciones. A medida que Brulé avanza en sus pesquisas, el asesinato va tomando un cariz político, y las inclinaciones derechistas o izquierdistas del fallecido Cristián serán cruciales para esclarecer los motivos del asesinato, donde se barajan los ajustes de cuentas, las represalias políticas, el simple robo, las drogas, el crimen pasional, el contrabando y la actividad de diversas organizaciones de izquierda.

Así, la labor de Brulé comienza en Valparaíso, pero siguiendo el pasado de Cristián Kustermann en busca de pistas, debe continuar en una Bonn post-RDA que se está desperezando del comunismo y cuyo clima triste y plúmbeo nos proporcionará alguno de los momentos más hilarantes de la novela, con una relación de diferentes movimientos de izquierdas de base, simpatizantes de todo tipo de luchas políticas a lo ancho del globo (Chile, Cuba, Eritrea, el Kurdistán...) y que llegan a rozar el esperpento al más puro estilo Frente Popular de Judea. La antigua Alemania del Este permitirá a Ampuero reflexionar también sobre el racismo, la no demasiado buena consideración que tienen los Iberoamericanos en Europa y la reacción de los alemanes, incluso aquellos más progresistas, ante la inmigración masiva. 

La tercera parte del libro lleva a Brulé a Cuba, donde Ampuero retrata las contradicciones del régimen comunista de Castro, las estrecheces que padece la población, que intenta subsistir con los escasos medios que tiene, la represión ideológica y, pese a todo, el carácter vitalista y entusiasta del pueblo cubano. De igual modo, el pasado de Cristián implicará al ITM del ejército cubano, que el autor vincula con las guerrillas y la lucha armada en diferentes países de Iberoamérica, entre ellos Chile.
   «Ascendió la escalinata aspirando la fragancia salobre del mar que murmuraba a sus espaldas e ingresó al hotel. Lo envolvieron el aire acondicionado y perfumes variados, una suave música de fondo y el susurro de turistas bronceados que transitaban por el lobby llevando ropas claras y livianas. Resucitó. La Habana tenía siempre ese efecto sobre él. Su brisa húmeda y tibia, el salitre omnipresente, el cielo despejado sobre las aguas turquesas y el movimiento felino de sus mujeres le despertaban el deseo propio de la juventud.»



Tras el periplo internacional, la obra concluirá en Chile, en concreto en Santiago. A lo largo de toda la narración, Ampuero consigue mantener nuestra atención con un estilo no elaborado en exceso, correcto, sin ampulosidades, con un equilibrio adecuado entre relato y diálogos, y sin abundar en descripciones. Se incluyen formas coloquiales propias de Valparaíso, aunque esto no dificulta la lectura. El argumento tiene varios giros interesantes, que se van produciendo a lo largo de la trama. Si bien en algún momento es predecible en su desarrollo, incluso esto puede disfrutarse como homenaje a los clichés del género negro, como un recrearse en los ingredientes clásicos de esta literatura. Donde no se puede acusar de predecible al autor, por contra, es en la trama, en cuanto que los motivos de la muerte de Cristián no estarán claros hasta el final de la obra, y todo el rompecabezas de datos, personas e historias que Brulé va acumulando encajará al remate sin que sobre una sola pieza. 

Debo destacar también de ¿Quién mató a Cristián Kustermann?, como ya anticipé, su cuidada ambientación. Transcurriendo en lugares conocidos de primera mano por el autor, la atmósfera tanto de Valparaíso, como de Bonn o La Habana, están logradas a través de su clima, su cielo, su aire, sus edificios, y sobre todo sus gentes, transmitiéndonos sus ritmos y sus personalidades colectivas. Podemos decir que Ampuero describe más a través de las sensaciones que los lugares producen que de lo puramente físico. Contrastan así la fría y gris Bonn («ciudad de jubilados y parlamentarios»), con La Habana, mucho más viva y cálida, pero en la que Brulé debe andar con pies de plomo con lo que habla, con quién lo habla y dónde lo habla. Cada ciudad que aparecen en el libro está ilustrada de manera que, sin necesidad de descripciones recargadas o datos exactos, nos parece caminar por ellas y estar viéndolas por nosotros mismos.


Valparaíso, Chile, la ciudad que comparten autor y personaje

Este retrato social incluye, por supuesto, una nómina de personajes de toda clase y condición, a través de los cuales el autor elaborará un minucioso relato de la sociedad chilena. Desde los empresarios como Carlos Kustermann (para quien el asesinato de su hijo supone una cuestión de prestigio y «limpieza» del apellido familiar) hasta los policías herederos del régimen de Pinochet (entre los que destaca el Inspector Zamorano, de quien Brulé obtiene ayuda a cambio de no revelar que torturó estudiantes en el pasado), pasando por una serie de informantes que incluyen un limpiabotas o la madame de prostíbulo con la que se relaciona Suzuki. Un mensaje que se repetirá a lo largo del texto es que en Chile «sigue gobernando Pinochet», y se muestra la fragmentación de la izquierda en diferentes grados de radicalismo como uno de los motores de la trama.

Además del Inspector Zamorano, Brulé tiene otros contactos en la Policía, que queda retratado como un Cuerpo no demasiado limpio y con pocos escrúpulos en sus métodos para obtener resultados:

«Gracias a las gestiones de Pancho Linares, accedió a los documentos policiales. En un cuarto azumagado y oscuro, enterrado en el sótano del edificio, echó un vistazo a las declaraciones tomadas cuatro meses atrás a los empleados de la pizzería.   Linares, un hermano de Margarita, trabajaba en el archivo y acostumbraba a cederle por espacio de unas horas copias de las investigaciones que precisaba. A cambio de esto, Brulé le conseguía por intermedio de Suzuki datos de los bajos fondos y una que otra mujer ocasional que comenzaba a hacer sus armas en el oficio más antiguo del mundo.»

Esta inspiración en la realidad chilena, esta denuncia de la turbulencia de la época (recordemos que el libro se publicó en 1993), de su inseguridad jurídica, de su transición no finalizada y de su violencia (tanto el asesinato de Cristián como los atentados con artefactos explosivos que se citan varias veces) ejemplifican el carácter crítico y la implicación social de la novela negra, y demuestran que es un género que se adapta a cualquier escenario, sin necesidad de «fotocopiar» tramas y argumentos.

«—Dicen que Cristián Kustermann era izquierdista, más exactamente del Frente.   Chacón levantó la vista del hot dog, y miró fijo al detective. En sus ojos brillaban ahora severidad y reticencia. 
—Es posible que haya sido un crimen de la ultraderecha —admitió—. En este país aún gobiernan los militares. Pero no crea que le voy a dar información sobre gente que militó en la revolución. 
—¿Ni aunque esa información sirviera para aclarar un homicidio perpetrado por ultraderechistas? —preguntó Brulé probando la consistencia del hot dog y del comerciante.
   Chacón miró hacia la calle, por donde pasaba un trolebús. Su mano izquierda buscó el vaso de cerveza.
—La gran lección que extrajimos de la época de la dictadura fue que los partidos revolucionarios deben operar siempre, también en democracia, a dos niveles, uno en la legalidad y otro en la clandestinidad —sentenció Chacón—.»

Personalmente, tanto el modo de proceder de Brulé como el estilo narrativo de Roberto Ampuero me trajeron reminiscencias del autor catalán Manuel Vázquez Montalbán y de su personaje Pepe Carvalho, pues ambos detectives comparten modus operandi y se mueven en ambientes similares. Incluso Suzuki recuerda a Biscuter, el ayudante de Carvalho. Busqué un poco y en efecto el autor chileno muestra la influencia del español.




Retomando los aspectos formales, comentar también que esta novela no es demasiado extensa, y que su estilo ameno y coloquial la convierten en una lectura muy entretenida, en especial por la combinación de personajes pintorescos, trama interesante y original, golpes de efecto y giros que relanzan el interés cuando el ritmo parece decaer. Por todo ello es una lectura más que recomendable para los amantes del género negro, en particular para los completistas que deseen conocer a todos y cada uno de los detectives de ficción. Por mi parte, creo que a Cayetano Brulé le han sentado muy bien los veinte años transcurridos desde este debut que hoy tratamos, y al disfrute de la intriga de sus aventuras le podemos sumar el valor casi documental del retrato que su padre literario hace de una época tan convulsa como aquella. 

Con esta novela, Ampuero se hizo merecedor del Premio literario que concede el diario chileno El Mercurio, en el año 1993. 

Con ella comienzan también las andanzas de Cayetano Brulé, que continuarán con Boleros en la Habana (1994), El alemán de Atacama (1996), Cita en el azul profundo (2001), Halcones de la noche (2005), El caso Neruda (2008) y Bahía de los misterios (2013).

Roberto Ampuero declaró que su detective está inspirado en su padre (cuyo segundo apellido era Brulé). Así con todo, mi percepción personal, que casi seguro estará equivocada, es que tanto la descripción física de Cayetano Brulé, como su afición desmedida al tabaco y su gusto por el café y la bebida, parecen denotar también una cierta inspiración en el ya mentado Manuel Vázquez Montalbán:

Salvo que a Vázquez Montalbán no se le vería jamás con un traje de poliéster,
el parecido es más que razonable. ¿Un homenaje, tal vez? [fuente]

En resumen, Roberto Ampuero y su creación demuestran que los géneros literarios no entienden de nacionalidades, y que se pueden crear grandes historias y buena novela negra cuando escribimos sin complejos y a partir de nuestra realidad y nuestro entorno.

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