18 de febrero de 2014

Los desposeídos - Ursula K. LeGuin

Nuestra idea del Universo tal y como lo conocemos podría cambiar por completo si Shevek, un físico eminente e idealista, logra desarrollar su Teoría de la Simultaneidad. Para ello, debe huir del desértico planeta Anarres, el paraíso libertario que es su hogar, a Urras, un mundo en el que difícilmente podrá encajar pero que puede facilitarle los medios para su investigación, de los que carece en Anarres. A través de esta proyección utópica, la autora nos mostrará las ambigüedades y contradicciones de una perfecta sociedad anarquista e igualitaria.

Los desposeídos

Publicada en 1974, Los desposeídos: Una utopía ambigua (The Dispossessed: an ambiguous utopia) es obra de Ursula Kroeber Le Guin. Estadounidense. Novelista, poeta, ensayista, doctora en filología, experta en lenguas romances, traductora (es políglota y traduce al inglés del chino, el francés y el español, entre otros), profesora universitaria y primera mujer en ser nombrada GrandMaster de la SFWA*. Considerada una de las más grandes autoras de la Ciencia-Ficción, es una escritora muy activa que cultivó también la Fantasía y la literatura infantil y juvenil. Además participa activamente en movimientos feministas y libertarios. O lo que es lo mismo, unos ochenta y cuatro años bien aprovechados.



Es una novela de Anticipación y de Ciencia-Ficción blanda, en concreto dentro del subgénero social, y por igual es una novela de utopía, que reflexiona sobre el anarquismo y su viabilidad como estructura social funcional, y su contraposición a una sociedad capitalista-nacionalista. 

Ursula K. LeGuin


Para comenzar, creo que es importante destacar una idea: Los desposeídos es una proyección utópica del anarquismo, pero no una apología del anarquismo. La doctora Le Guin, declarada anarquista y taoísta, nos mostrará en esta narración las luces y sombras que pueden derivar de una sociedad organizada en forma de anarquía libertaria-sindicalista, y las contradicciones en la que podría incurrir. 

Veamos. La trama transcurre en dos planetas vecinos, Urras y Anarres, que se hallan muy próximos entre sí y muy lejos de Terra, nuestro planeta (considerado extramundano, como veremos). Urras posee una sociedad muy similar a la nuestra en la actualidad: está dividido en diversas naciones, con sus respectivos Gobiernos, que salvo excepciones se hallan dentro de una economía de mercado, capitalista y nacionalista, y ha desarrollado una cultura urbana y sofisticada. Por contraposición, Anarres es un mundo desértico, con unas condiciones de vida muy rigurosas, en el que se exiliaron hace casi dos siglos, procedentes de Urras, los autores de una fracasada revolución anarquista. Allí fundan una colonia que deriva en una sociedad anarquista y taoísta, sin Estado, Gobierno ni propiedad privada. El protagonista, un físico teórico llamado Shevek, puede desarrollar una Teoría de la Simultaneidad que descartaría la milenaria Teoría de la Relatividad del físico terrano Ainsetain, y con ello lograr el dominio del Universo, eliminando el tiempo y las distancias. Pero para ello debe abandonar su Anarres natal y exiliarse en Urras, comenzando así los acontecimientos de nuestro libro de hoy.

Los desposeídos Ursula K. LeGuin



Narrada en tercera persona, la novela tiene una estructura narrativa peculiar como dije arriba, que consiste en alternar un capítulo ambientado en Anarres con otro ubicado en Urras, titulándose todos y cada uno de ellos como el planeta en cuestión. Los capitulos anarresti corresponden al pasado, y los urrasti al presente. De tal modo, la trama se extiende a unos veinte años, y Le Guin se sirve de numerosas elipsis narrativas, transcurriendo muchos de los sucesos de la vida de Shevek fuera de plano y siendo explicados de forma retrospectiva, mediante diálogos entre los personajes.

Antes de seguir, y por su papel preponderante en el conjunto de la obra, hablaré un poco de Anarres, su utópico sistema anarquista-taoísta [Os pido disculpas si la interpretación que haré del tao, para adecuarla a mis intereses en esta reseña, no es correcta, pero es un concepto que me resulta complejo y muy, pero que muy difícil de entender] y las ambigüedades que la autora le atribuye, creando con su libro un pequeño tratado novelado, una proyección, de cómo sería una sociedad anarcosindicalista:

Anarres es un mundo desértico, árido y carente casi por completo de fauna y flora, más allá de peces y de los árboles holum (nunca descritos por la autora), auténticos cerdos vegetales que son la base de la dieta, la vestimenta y la construcción anarresti. Muy rico en recursos minerales, es considerada por los urrasti una simple colonia minera, y ambos planetas comercian, aunque la normativa anarresti impide a los viajeros salir de los puertos espaciales (cercados con muros) y a los habitantes de Anarres entrar en ellos. Ningún extranjero puede entrar en Anarres y menos aún asentarse en él. Ningún anarresti puede salir de Anarres, y si lo hace, no puede volver. 

Los desposeídos Ursula K. LeGuin


En él se exilió una colonia procedente de Urras casi doscientos años antes de que comience nuestra historia, represaliados de una fracasada revolución de corte anarquista. Una vez en Anarres, instauran una utópica sociedad sin Estado, sin Gobierno, sin fuerzas del orden, sin dinero, sin salarios, sin clases sociales y sin propiedad privada, articulada mediante sindicatos independientes, y donde los individuos sólo tienen nombre, no apellidos. El nombre es asignado por una computadora y no denota el sexo del portador. El idioma, llamado právico, es totalmente artificial y creado también informáticamente. Cada individuo, pese a tener una ocupación determinada, debe desempeñar tareas colectivas (lo que nosotros llamaríamos obras públicas) irrenunciables y asignadas por el sindicato. La familia no es el núcleo social, y no existe el concepto de hogar. Los niños viven y duermen en los centros educativos, y las parejas pueden ser separadas si la sociedad los requiere en diferentes destinos por necesidades de la producción. De igual manera, hombres y mujeres habitan en viviendas colectivas, y si una pareja desea intimidad (a lo que los anarresti llaman, sin eufemismos, copular) solicita una habitación privada, que se les asigna si está disponible. 

El carácter taoísta se manifiesta en el absoluto desprecio por lo superfluo, lo aparatoso, lo llamativo, lo lujoso, lo excedente, todo lo que está fuera de lo mínimamente imprescindible para la vida diaria. A todo ello se refieren como excremento (en un momento de la juventud de Shevek, su amigo le reprende con cierta ironía por tener en su habitación una manta naranja). El peor insulto que un anarresti puede decirle a alguien es propietario.

Los desposeídos Ursula K. LeGuin

Para no extenderme, o no os dejaré nada por descubrir sobre la utópica anarquía descrita por Le Guin, resaltaré el importante papel que desempeña el lenguaje en la creación de la realidad anarresti. Y es que el právico ha desterrado por completo los adjetivos posesivos. En vez de «te presto mi lápiz» se dice «comparto contigo el lápiz que uso», en lugar de «mi madre» los niños pronto aprenden a decir «la madre». No existiendo la propiedad ni el dinero, no existen tampoco términos como «préstamo», «compra», «venta», «apuesta» o «alquiler». [Me fascinó esta hipótesis, pues el lenguaje es sin duda un elemento crucial para la construcción de la identidad individual y colectiva, como postula la hipotesis de los lingüistas Sapir y Whorf, y que el pedagogo de la liberación brasileiro Paulo Freire aplicó al ámbito socioeducativo, partiendo de que los individuos no serían libres hasta que conceptualizasen su propio mundo a partir de su propio idioma. Podemos verlo cuando nuestros políticos se valen del lenguaje para transformar nuestra realidad y convierten los recortes en ajustes y las subidas de impuestos en un esfuerzo extra. Vamos, lo que en el "1984" de George Orwell se llamaba neolengua.]

Los desposeídos Ursula K. LeGuin

Por todo lo enunciado, es evidente que el pobre Shevek, que huye a Urras esperando encontrar un clima propicio para desarrollar su Teoría de la Simultaneidad, que por su idealismo y su educación anarresti (compartir es bueno, tener es malo) desea entregar al dominio público, no tendrá nada fácil adaptarse a la vida urrasti. En ese planeta, es una rara avis, una curiosidad, un elemento propagandístico que los gobernantes muestran al público, casi un capricho que pronto se convertirá en un elefante blanco, costoso de mantener y en apariencia de escasa utilidad, pues las expectativas suscitadas por su llegada se verán frustradas para los materialistas científicos urrasti que lo apadrinan. En concreto, Shevek es acogido en la nación de A-Io (pues como ya comenté, en Urras hay Estados soberanos, frente a la anarquía de Anarres), que podemos equiparar a nuestros Estados Unidos, en la que el sufrido Shevek no logrará acostumbrarse al consumismo, al uso del dinero, a la frivolidad, a los acontecimientos sociales, a las bebidas alcohólicas, a la prensa (seria o sensacionalista), a las guerras entre naciones, ni a las complicadas relaciones sociales que tejen los urrasti. [Es significativa la relación que mantendrá con Vea, cuyo complicado juego de flirteo y seducción no podrá comprender Shevek, acostumbrado a las sencillas y directas relaciones anarresti, donde el cortejo se reduce a un «-¿copulamos? -si.»]

Uno de los ejes argumentales de esta novela, que da sentido al título de la misma y que desemboca en las pocas escenas de acción que ésta contiene, es la toma de contacto que Shevek tiene con las personas desfavorecidas de A-Io, pues por parte de sus anfitriones se le mantiene en una "torre de marfil", ajeno a las profundas desigualdades de la sociedad urrasti. Este interés de Shevek por los parias de A-Io hará avanzar la trama en los capítulos correspondientes al presente, y entre otras cosas propiciará su contacto con los embajadores de Hain y Terra, descubriéndonos así el poco halagüeño futuro que nuestro mundo tiene dentro del univero Ekumen, pues como adelanté arriba, es un planeta marginal, empobrecido, un erial despoblado y sobreexplotado, y sus oriundos sobreviven casi gracias a la caridad y la acogida de otros mundos más avanzados.

Los desposeídos Ursula K. LeGuin

Conviene resaltar también la presencia de las ideas feministas de Le Guin, que se observan en cuanto en Anarres no existe distinción alguna entre los sexos, habiendo un gran número de mujeres científicas, mientras que en Urras éstas se hallan apartadas de la Ciencia, de los puestos dirigentes y de cualquier toma de decisión, y todo el mundo, mujeres incluidas, lo considera normal y hasta conveniente. La mentada Vea, feliz en su papel de burguesa ociosa (léase florero), es el ejemplo más esclarecedor. 

Y bueno, al arrancar la reseña dije que Los Desposeídos no es una apología del anarquismo, y con ese tema vamos, que no me olvidé. Si bien la doctora Le Guin desarrolla todos los mecanismos que harían viable una sociedad anarcosindicalista, o en este caso anarquista-taoísta, nos encontraremos con una zona gris muy clara: la libertad individual, dentro de una sociedad libertaria, parece no existir. Es decir, el margen de libre albedrío, de iniciativa personal de cada sujeto, es mínima, por no decir inexistente. El peso del colectivo, de la Sociedad (con S mayúscula) es abrumador. Pensemos que, aún no existiendo unas fuerzas represoras ni un Estado con capacidad punitiva y sancionadora, nadie se niega a aceptar las tareas colectivas obligatorias, ni rechaza el destino que su sindicato le asigna. Como mucho puede escoger entre una serie de destinos disponibles, pero siempre estamos hablando de productividad, de trabajo, con poco lugar para el ocio o la creación cultural. Toda la realización personal está basada en cuanto a individuo productivo. 

Los desposeídos Ursula K. LeGuin

En la misma línea, y aquí creo ver una de las premisas principales de la autora, está el hecho de la coacción que Shevek sufre a la hora de desarrollar y publicar su Teoría de la Simultaneidad, obstruido por un rígido y omnímodo aparato burocrático, un tanque de ideas que impide cualquier cambio y cualquier postulado que pueda comprometer la estabilidad del Sistema y que teme las consecuencias que la Teoría de Shevek pueda causar. Vemos así que un sistema anarquista no significa, en si mismo, que los individuos sean realmente libres, o que deseen serlo. De hecho, en la novela se cita textualmente, en varias ocasiones, el miedo a la libertad, la idea del filósofo Erich Fromm que también empleó [de nuevo] Paulo Freire en su Pedagogía del Oprimido.

Los desposeídos Ursula K. LeGuin

Llegados hasta aquí, creo que no conviene que desarrolle más la reseña, o de lo contrario os puedo revelar demasiados datos sobre la historia y haceros perder el interés en ella. Debo advertir que no es una novela de acción, y no debéis esperar persecuciones, tiroteos, peleas, batallas espaciales ni extravagantes seres extraterrestres. Por contra, estamos ante un libro que hace reflexionar, que tiene "digestión" una vez leído y que al menos a mí no me dejó indiferente, porque te hace dudar de ideas preconcebidas que tenías. En verdad la doctora Ursula K. Le Guin me ha fascinado con la profundidad de su planteamiento y las muchas lecturas que permite su escrito. Esta excelente muestra de Ciencia-Ficción social es una obra más que recomendable, y con razón está considerada por un amplio sector de crítica y público como la obra maestra de su autora.

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12 de febrero de 2014

Los piratas fantasmas - William Hope Hodgson

Algunos barcos parecen estar malditos, y el Mortzestus es uno de ellos. Cuando Jeesop se embarca en él, no se imaginará que los rumores y habladurías de los marineros se quedan cortas, y que la travesía que tiene por delante lo enfrentará al mayor de los horrores que pueda surgir de las oscuras profundidades marinas. 


Publicada en 1909, Los piratas fantasmas (The Ghost Pirates) es obra de William Hope Hogdson. Británico. Escritor, marino a su pesar, gimnasta, culturista, fotógrafo, y una de las primeras piedras de la moderna literatura de fantasía, terror y Ciencia-Ficción, aunque se encuentre en un cierto (e injusto) olvido. Durante la Gran Guerra se alistó como voluntario, y una granada alemana se llevó su vida.

Es una novela de horror y misterio, paso intermedio entre el terror gótico o terror victoriano y  la moderna concepción del terror psicológico y ambiental. Destaca por la importancia del escenario y la ambientación como elemento terrorífico con entidad propia, por el carácter innovador del horror informe y «sin rostro», por el tono misterioso y de suspense, y por el uso intensivo de terminología y jerga náuticas.


El caso de William Hope Hogdson es curioso. Pese a su crucial influencia en autores como H.P. Lovecraft o Robert E. Howard, a ser el precursor del horror cósmico que popularizarían dichos escritores, a evolucionar el género desde el terror victoriano hacia nuevas manifestaciones y, en resumen, a sentar muchas de las bases de nuestra actual concepción del terror y la fantasía, es casi un desconocido para un gran número de lectores. Tal vez su temprana muerte le privó de una obra más nutrida, y ya nunca sabremos hasta dónde podría haber llegado si su vida no fuese una de las millones que se llevó por delante la Primera Guerra Mundial. Sumémosle además que tardó un cierto tiempo en comenzar a escribir relatos de terror (era gimnasta y culturista, y sus primeros libros fueron obras dedicadas a estas disciplinas, incluidas fotos de él mostrando cómo hacer los ejercicios).

"Los piratas fantasmas" es una de sus historias ambientadas en el mar. Hogdson fue marino, pero no disfrutó del oficio. Con sólo trece añitos se enroló como grumete por romanticismo, pero se desencantó de una vida tan ruda y agreste, y tras ocho años recorriendo el mundo abandonó el mar y no se embarcó nunca más. Comento esto porque, como veremos, en este libro parece desquitarse un poco de su mala experiencia en el mundo marítimo. Hablemos ya de él:

Está protagonizado por un marinero llamado Jeesop, quien narra la historia en primera persona, con un estilo claramente oral, pues lo está contando a un grupo de personas, y por momentos usa formas fáticas como «ya saben ustedes» o «¡no veas!» y emplea un lenguaje coloquial e incluso vulgar (detrás mío en vez de detrás de mí, o los tíos en vez de los hombres). No tendremos muchos datos de Jeesop, de su vida previa a embarcarse o de sus motivaciones. Sabemos que es un marino experimentado, que el viaje comienza en Frisco (San Francisco) y que el Mortzestus debe renovar casi por completo su tripulación, pues la anterior se despidió apresuradamente sin ni siquiera cobrar su salario. Desde el principio los marineros comentan que el barco «tiene demasiadas sombras», pero Jeesop, conocedor de la superstición habitual de esa gente, no le da importancia. 


A medida que la travesía transcurre, los fenómenos extraños van en aumento, comenzando por vislumbramientos, siempre dudosos y difíciles de aseverar, de sombras y formas misteriosas, ante las cuales los oficiales guardan un silencio hermético y muestran una actitud reservada, como si ocultasen algo. Uno a uno y de formas inexplicables, varios miembros de la tripulación fallecen, ya cayéndose al mar, ya desplomándose desde lo alto de los palos. Violentas tempestades acosan al Mortzestus, y los sucesos paranormales incrementan su presencia y su intensidad hasta llegar a un final que resulta fascinante por su fuerza y por su simbolismo. 

Dos son los factores principales de Los piratas fantasmas como libro de horror: El escenario, en una mano, y lo desconocido, en la otra. Como heredero del terror gótico, la ambientación es fundamental, hasta el punto de que el barco, y por extensión el mar que lo rodea y lo convierte en una ratonera de la que los personajes no tienen vía de escape, es el verdadero protagonista. Pues los personajes no tienen entidad por sí mismos, ni siquiera Jeesop, mientras que el Mortzestus -y las brumas que lo cubren gran parte de la narración, o la oscuridad en la que se mueve como a ciegas- casi nos parecerá un ser vivo, tal es el mimo y la minuciosidad con los que Hogdson lo trata y lo describe. 

Ilustración para una antología de Hogson publicada por Centipede Press [fuente]

El barco es, pues, una prolongación del mar como ser maligno, como fuente y origen del terror. Los piratas del título son una personificación, una antropomofización del mar. Lo que nos lleva al segundo factor: lo desconocido.

Todo el conjunto de la trama juega con la impersonalidad, la ausencia de rostro y de forma de estos piratas, a los que en ningún momento se podrá ver con claridad y de los que no llegaremos a tener una descripción. Es ese miedo a lo desconocido, a aquello que no podemos concebir ni definir, lo que da a Los piratas fantasmas su tono más misterioso e innovador, si lo vemos en relación a las historias de terror más clásicas, y su carácter fundacional de cara al horror cósmico que practicarían los citados Lovecraft o Howard, poblado de terribles seres informes y de horrores inconcebibles como los Dioses Exteriores lovecraftianos Nyarlathotep o Yog-Sothoth.

De la misma manera, es el miedo de Jeesop y el resto de marineros que avistan a los piratas a ser tomados por locos o bromistas, a no ser creídos por los demás, lo que propicia la sensación de indefensión de los protagonistas, que terminan dudando de su propia mente y de su propia cordura, y aquejados de síndrome de Casandra (que os aseguro no que es nada agradable). 
"El marinero respondió algo que no entendí; porque de repente estos ojos, un tanto embotados por el sueño, habían percibido a proa algo extraordinario y desconcertante a la vez. Era simplemente la forma de un hombre que saltaba a bordo por encima de la batayola de estribor[...]

Aquello lo que fuese, había desaparecido en la oscuridad de la cubierta, por el lado de sotavento."
Así se perciben los fantasmas todo el rato, como algo que se ve por el rabillo del ojo pero que, al mirar, ha desaparecido. Algo que se cree fruto de la imaginación, del cansancio o de una mala jugada de los sentidos. 

Ilustración de Sidney Herbert Sime [fuente]

Para enfriar un poco el entusiasmo, destacar un punto en contra que dificulta la novela y resta un poco de empuje al frenético ritmo narrativo y al delicioso estilo de «novela de aventuras y acción» que Hogdson insufla al texto: el uso y abuso, excesivo y hasta abrumador, de términos náuticos. Seguramente harán las delicias de aquellos con conocimientos de ellos, pero a quien no los posea le entorpecerán la lectura. La excelente (como siempre) edición de Valdemar incluye un glosario detallado. O se lee con el diccionario de la RAE a mano, o se opta por seguir la trama y dejar un poco de lado el querer saber de qué estan hablando. Por ejemplo:
«Vi indistintamente que había saltado el escotín de barlovento del juanete de trinquete, y el puño de escota de la vela remolineaba y chasqueaba al viento golpeando a cada instante la verga de acero con un ruido como de martillo pilón.»
Así durante todo el texto. Éste es el único inconveniente de una historia cautivadora, de las que mantienen la tensión, pendientes del destino de Jeesop y el resto de tripulantes del desventurado Mortzestus, para el cual ya nos esperamos el peor de los finales, pero por el que aguarda con ansia, para sorprenderse por la impactante forma en la que Hogdson decidió poner punto final a la narración.


Para concluir, un hecho curioso de este libro: su planteamiento de terror atmosférico, claustrofóbico, de personajes encerrados en un espacio reducido (en este caso, el barco) enfrentados a un horror sobrenatural que excede sus capacidades de hacerle frente, y que los va eliminando uno a uno de forma macabra. Hoy día hemos leído, visto y oído este argumentos cientos de veces en libros, series, cómics y películas de terror, desde obras maestras hasta subproductos, pero pensemos que en la época de Hogdson fue un enfoque original e innovador, una vuelta de tuerca al género. Lo que da una idea de la trascendencia de este autor para el terror y la fantasía. 


Los piratas fantasmas es una obra de dominio público, y se puede descargar y leer de forma libre y gratuita, por ejemplo en esta web.

Además, que forma una trilogía informal con La casa en el confín de la Tierra (The House On The Borderland), de 1908 y con Los Náufragos de Las Tinieblas (The Boats of The Glen Carrig), de 1907. Como dato curioso, el orden de escritura es inverso al orden de publicación, siendo la que hoy nos ocupa la primera escrita, pero la última publicada. El orden de lectura es indistinto e independiente.

Y aunque no existen adaptaciones posteriores a cine, TV u otros medios, la idea de Hogdson de unos piratas fantasmas caló hondo en la imaginación popular e influyó en muchas obras posteriores, de toda condición:

En la novela gráfica Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons existe una subtrama que consiste en un cómic de piratas fantasmas que lee un niño al lado del quiosco de prensa donde Rorschach compra puntualmente el New Frontiersman. Titulado Relatos del Navío Negro, está inspirado en la canción Seeräuberjenny, del primer acto de la obra de Bertolt Brecht La ópera de los tres centavos, pero no existiría sin esta primera obra seminal de Hogdson. [En la película omitieron este subargumento por completo].


¿Qué decir del gigante Disney Pictures y su saga Piratas del Caribe? Basadas en la novela En costas extrañas de Tim Powers [que inspiraría también la divertidísima serie de videojuegos Monkey Island] las películas y sus fantasmales protagonistas recuerdan bastante a la novela de la que hoy hablamos.

Johnny Deep como Capitán Jack Sparrow es ya parte de la historia del cine

Ni hablemos de las tantísimas ocasiones en las que Scooby-Doo, Shaggy, Velma, Fred y Daphne tuvieron que vérselas con piratas fantasmas [aunque al final fuesen el conserje del parque de atracciones abandonado, que quería quedarse los terrenos del parque para construir adosados]

Scooby-Doo nos enseñó que los verdaderos monstruos son seres humanos

Y terminemos con algo gracioso, porque hasta los clicks de Playmobil se han visto convertidos en piratas fantasmas: 

Y brillan en la oscuridad

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7 de febrero de 2014

La esfinge de los hielos - Julio Verne

Once años han pasado desde que Arthur Gordon Pym y la expedición de la que formaba parte desapareciesen si dejar rastro entre las eternas nieblas del Polo Sur. Ahora el geólogo Joerling, acompañado por Len Guy, hermano del capitán de la Jane, tienen la oportunidad de desvelar los misterios del continente antártico y quién sabe si conocer el paradero de los que les precedieron.


Publicada en 1897, La esfinge de los hielos (Le sphinx des glaces) es obra de Julio Verne (o Jules Verne). Escritor, dramaturgo, poeta, uno de los escritores más traducidos y leídos del mundo, adaptado docenas de veces al cine, teatro, TV y cómic, padre de la Ciencia-Ficción (honor que comparte con H.G. Wells), y verdadero rey de la Anticipación, pues fue un visionario que predijo gran parte de los avances tecnológicos y científicos que se produjeron en el S. XX.

Es una novela de aventuras clásica, que combina de manera equilibrada acción con elementos propios de la Ciencia-Ficción, como el rigor técnico y la documentación, y que realiza un sentido homenaje a Edgar Allan Poe y a su opus magnum Las aventuras de Arthur Gordon Pym

Destaca la omnipresencia de la novela de Poe, que sirve de eje vertebrador de esta historia, la rigurosidad con la que el autor relata la travesía del protagonista, las cuidadas descripciones, el peso de los detalles técnico-científicos y la admiración que el autor demuestra por Edgar Allan Poe.


La esfinge de los hielos es una de las últimas obras de Julio Verne (falleció ocho años después) y se publicó por entregas en la Magasin d'Éducation et de Récréation, y más tarde ya recopilada como libro. Verne se la dedica a la memoria de Edgar Poe por una parte, y a sus amigos de América por otra; y la figura del estadounidense está presente en cada línea de esta historia.

Todo comienza en las islas Kerguelen, en el extremo más meridional del Océano Índico. Allí, el geólogo estadounidense Joerling, que narra la historia en primera persona y en retrospectiva, a modo de diario, coincide por azar con el capitán británico Len Guy, que tiene a su mando la goleta Halbrane. Éste le revela que es el hermano de William Guy, el desaparecido capitán de la goleta Jane, la misma en la que Arthur Gordon Pym se adentró en el polo once años antes. Así pues Joerling, que tenía la narración de Pym como obra de ficción, cobra conciencia de que se halla ante una historia real, y se propone embarcarse en la Halbrane y ayudar a Len Guy en la búsqueda de su hermano, esperando de paso hallar a su compatriota Pym. 

Lo primero a tener en cuenta para valorar esta La esfinge de los hielos es la devoción y el respeto reverencial que Verne muestra por Poe, al que dedica los más elevados epítetos -el mayor escritor de América, la imaginación más poderosa, el más grande poeta del Nuevo Mundo...- y cuya narración sirve de guía para la que ahora vemos. El capítulo V, titulado La Novela de Poe, es un resumen del libro original, en el que incluso menciona detalles curiosos y posibles fallos (como la fortuita y no explicada desaparición del fiel perro de Pym, Tigre) por lo cual, para quien tenga previsto leer la la original, es preferible hacerlo antes de leer La esfinge de los hielos


Verne retoma personajes y emplazamientos de la historia original, aunque les proporciona, como es natural, su propio estilo. Así, La esfinge de los hielos es mucho menos oscura y sobrecogedora que Las aventuras de Arthur Gordon Pym, y el ambiente de horror permanente deja paso a una narración de literatura científica, que es como Verne gustaba de llamar a su obra, pero que podemos ubicar cómodamente dentro de la Ciencia-Ficción (término no acuñado aún en su época) por su metódica y detallada relación de la ruta que la Halbrane va trazando, con la posición precisa en altitud y latitud en cada momento, de modo que podríamos dibujar la ruta exacta en un mapa.

Se percibe también (pese a que ya estamos en la etapa de desencanto de Verne, en la que sus desgracias personales habían enfriado su fe en la ciencia como motor del progreso humano) la fascinación del autor por las cuestiones científico-técnicas, citando las diferentes expediciones de investigación del Polo Sur que se estaban realizando en el momento en el que transcurre la acción (1849, once años tras la narración de Pym) y haciéndolas aparecer en la trama. 

En la misma línea, se permite corregir los datos presentados por Poe en su texto, tales como la temperatura del aire y el agua (registradas escrupulosamente en grados Fahrenheit y su traslación a nuestros Celsius), fauna, flora y otros detalles técnicos.

Ilustración de la edición original

Pero no por todo lo dicho el libro carece de acción o emociones, pues las hay y en abundancia. El autor recupera a Dick Peters, el fiel compañero de Pym, dándole un papel protagónico en la trama, y trae de vuelta viejos fantasmas de la obra de Poe, como el episodio de canibalismo o los hechos luctuosos de la islas Tsalal, además de someter a Joerling y al resto de tripulantes de la Hallbrane a sus propios rigores, peligros y amenazas, desde quedarse atrapados en las aguas congeladas por el inclemente invierno antártico hasta colisionar con uno de sus gigantescos icebergs.

Resaltar también que, tal y como Poe hacía pasar por real su relato, hace lo propio Verne, para cuyo protagonista Joerling la narración de Arthur Gordon Pym era una obra de ficción, nacida de la imaginación desbordante de Edgar Poe (así se le llama durante toda la novela, sin usar el «Allan») hasta que por el testimonio de Len Guy se entera de que era una historia real. Minúsculos detalles del argumento original, a los que no dimos importancia o en los que incluso no reparamos durante su lectura (como la botella que, con unos papeles dentro, deja el capitán William Guy  a los pies de una montaña de las islas Kerguelen) servirán al francés para dar sensación de verismo y de credibilidad a su narración.

Portada original de la primera edición
«Y si cito a nuestro gran autor americano, es porque, aunque yo sea hombre de espíritu muy práctico, de carácter muy serio, y de natural poco propenso a lo fantástico, no por eso admiro menos a este genial poeta de las extravagancias humanas.»

Por su parte, el ritmo narrativo es ágil, y la lectura resulta entretenida y muy adictiva, lo que viene facilitado por su carácter folletinesco, compuesto de treinta y dos capítulos breves, que finalizan en suspense para dejarnos con ganas de comenzar cuanto antes el siguiente. El autor le imprime pegada al texto expresando los pensamientos por parte del protagonista, que comparte así sus emociones con nosotros, tanto su entusiasmo como sus dudas o su angustia, según el momento, y no es extraño encontrar párrafos como este, que cierra el capítulo IX:

«La campaña había comenzado. ¡Sólo Dios podía saber si el triunfo esperaba a aquellos animosos hombres, a los que un sentimiento de humanidad arrastraba a las más terribles regiones del Antártico!»


El resultado global es, en resumen, una gran novela de aventuras, con suficientes elementos de valor (acción, suspense, proezas, situaciones desesperadas, valentía, traiciones, gestos de humanidad...) para tener entidad propia y poder disfrutarse de forma independiente, aunque yo recomendaría leerse primero Las aventuras de Arthur Gordon Pym para apreciarla en toda su magnitud.

Por último, comentar que el final resulta satisfactorio, en cuanto que resuelve el misterio y las incógnitas derivadas del críptico y abierto final de la primera novela, y además, en la línea de la «literatura científica» de Verne, ofrece una explicación racional y lógica a los sucesos sobrenaturales que protagonizan los últimos capítulos de la creación de Edgar Allan Poe. 

"La esfinge de los hielos" en "Joyas literarias juveniles"
de Bruguera [fuente: Cómic Cero - El Castillo Vogelod]

Y un poco de humor: La fascinación que Verne sentía por Poe sirve a la autora de Hark! A Vagrant para convertir al francés en un fan del americano. Aunque la situación sea imposible (Verne tenía veinte años cuando Poe falleció) no deja de tener su gracia, y el cómic su encanto näif.

Julio Verne, pionero también del fanboying [fuente: jazjaz.net]

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4 de febrero de 2014

Las aventuras de Arthur Gordon Pym - Edgar Allan Poe

Cuando el joven Arthur Gordon Pym se embarca en un velero movido por sus ansias de aventura, no puede ni imaginar que le aguardan motines, tormentas, naufragios, canibalismo, salvajes tribus y los ocultos misterios del inexplorado e inhóspito polo Sur. Su relato será la más emocionante y terrorífica de las historias nacidas de la imaginación del más importante de los escritores que el terror ha proporcionado a la literatura universal.


Publicada en 1838, as aventuras de Arthur Gordon Pym / La narración de Arthur Gordon Pym (The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket) es una obra de Edgar Allan Poe, que no necesita presentación pero que calificaremos de escritor (de narrativa y de ensayo), poeta, periodista, militar, crítico literario, experto criptógrafo, el autor estadounidense más importante (vale, junto a Mark Twain), maestro universal de la literatura de terror y misterio, figura fundamental del romanticismo, precursor de la Ciencia-Ficción, y uno de los personajes más influyentes en las corrientes artísticas posteriores tanto en la literatura como en el cine, el teatro o el cómic.

Es una novela en la tradición de los clásicos libros de aventuras y viajes del S. XIX, y una historia de misterio, terror, fantasía y una forma incipiente de Ciencia-Ficción.

Que Edgar Allan Poe es la clave de bóveda de la actual literatura fantástica y de terror, hasta el punto de que ésta no existiría tal y como la conocemos sin su obra, es algo que no está dentro de mi alcance explicar. Así que intentaré transmitiros con el mayor acierto posible lo que representa esta Las aventuras de Arthur Gordon Pym, su única novela, pues salvo esta excepción, Poe desarrolló sus historias dentro del relato corto.



Lo primero que resaltaría es lo ocurrente y ambicioso de la idea. Recordemos que estamos en 1838, una época en la que el mundo estaba aún por descubrir y, como ya comenté alguna vez, los libros de viajes y aventuras tenían, entre otras, la finalidad de ilustrar y mostrar a los lectores cómo eran los lugares lejanos, sus gentes y sus costumbres, realidades que sólo unos pocos afortunados podían conocer. Esta falta de datos sobre muchos puntos del globo, que aún no habían sido alcanzados, permitía fantasear sobre lo que allí existiría, en un ejercicio temprano de Anticipación y de Ciencia-Ficción como veremos.

La historia comienza en Nantucket, una isla del estado de Massachusetts, en Nueva Inglaterra (Estados Unidos), cuyas costas acogieron una importantísima industria pesquera y ballenera. Allí se encuentran New Bedford, Cape Cod o Gloucester, de donde zarparon barcos tan literarios como el Pequod de Moby Dick o el We're Here de Capitanes Intrépidos. Arthur Gordon Pym es un joven acomodado cuyo destino no está en el mar, pero que, animado por su amigo Augustus, se embarca en el Grampus como polizón, esperando un viaje de línea a Europa (el barco es un carguero), pero Poe convierte un libro de aventuras marítimas (tal vez un par de tormentas o un motín) en una odisea inesperada que terminará en el mismo polo Sur. 

Es por ello que considero que este libro puede considerarse una obra de Ciencia-Ficción, en cuanto que entonces la Antártida era una de las últimas fronteras del orbe (expediciones navales lo rondaban con cautela desde hacía décadas, y hasta 1911 no sería alcanzado a pie por Roald Admunsen primero y Robert Scott después) y Poe se permite aventurar los misterios que ocultaba. Para darle sensación de veracidad, recurre al antiguo truco de hacer pasar el relato por una historia autobiográfica narrada por el protagonista al propio autor, que la publicó por entregas en el diario que dirigía, el Southern Literary Messenger de Richmond (Virginia), dejando a criterio de los lectores el darles credibilidad o no, consciente de que su carácter fantástico levantaría muchas suspicacias.


Está narrada en primera persona y, como es habitual en Poe, carece casi por completo de diálogos (estilo que adoptaría su devoto seguidor H.P.Lovecraft) y los pocos que existen se encuentran en los primeros capítulos. Su ritmo ágil, que por momentos se vuelve frenético, no impide al autor cuidar las formas y realizar continuas descripciones y, sobre todo, composiciones de lugar, procurando con mimo que siempre sepamos dónde se encuentra cada personaje y cómo es el entorno en el que se mueve, qué objetos existen y cómo se hallan dispuestos, en especial si tienen importancia para la trama.

El segundo punto de interés es que toda la narración transmite un sentimiento de desasosiego, de incomodidad muy palpable. Incluye fragmentos relatados a modo de diario o cuaderno de bitácora y otros donde Pym relata sus pesadillas, y no pocas veces dudé si lo que narrado era real o parte de esos fragmentos oníricos.

El clima general es de horror, y la aventura se convierte pronto en desventura, pues primero el Grampus sufre un motín y posteriormente una galerna que lo reduce a un montón de restos flotantes, en los que Pym y el resto de supervivientes sufrirán auténticos tormentos hasta ser rescatados por la goleta Jane del capitán Guy, que será un personaje fundamental en la trama.

Debo decir que previamente al encuentro con la Jane, el libro contiene escenas de canibalismo, asesinatos a sangre fría y otros detalles truculentos, con descripciones muy explícitas y que se acercan al gore con la capacidad de expresiva crudeza que Poe tenía (si habéis leído La verdad sobre el caso del señor Valdemar sabéis a lo que me refiero). De igual manera, la travesía de Pym, oculto en la bodega del Grampus, sufriendo alucinaciones y atacado por su fiel perro Tigre con un acceso de rabia ofrece momentos de una gran intensidad. Por ello me chocó que esta novela se incluyese de forma habitual en las típicas colecciones de "clásicos juveniles" como esta:

Tigre es un terranova. Gracias portadistas que
no se leen las novelas 

Tal vez yo sea fácilmente impresionable o desconozco la madurez de un lector adolescente para procesar temas tan escabrosos. Para ilustrar la crudeza del naufragio del Grampus, me ha gustado mucho este vídeo, obra de Christoph Horch, que se centra en uno de los momentos más duros para Pym y sus compañeros, cuando su ilusión de ser rescatados se trunca de una forma horrible.

[Sobre Tigre, el fiel terranova de Pym, debo decir, con dolor, que encontré lo que se puede considerar un desliz de Poe, pues desaparece de manera abrupta de la novela durante el naufragio del Grampus, haciéndome repasar durante un rato por si me había pasado por alto la explicación, pero simplemente es como si Poe se olvidase de él].



Tras pasar por situaciones dramáticas y desesperadas, que el autor vuelve aún más infernales a través de los pensamientos de Pym, y una vez a bordo de la Jane, acompañando al capitán Guy y a su tripulación en su ruta, el progresivo acercamiento al polo Sur hace que la historia vaya tornándose más fantasiosa cada vez, internándose en los terrenos del fantástico y de la Ciencia-Ficción como ya dije, pues es sabido que Poe era un gran aficionado a la criptografía, y unos arcanos símbolos hallados por Pym añadirán aún más intriga a la historia y tendrán un peso del que luego hablaré. 

Este viaje al polo Sur, del que se elucubra que alberga un continente desconocido, incluirá encontronazos con fauna imposible (no haré spoilers), con una cultura aborigen que permanecía ajena al resto del mundo hasta entonces -y con una fobia irracional al color blanco-, y que se asienta en una misteriosa isla de cuya orografía, fauna, flora y otras maravillas inauditas hace el autor una exhaustiva relación.


Los giros argumentales y los cambios de destino son continuos a lo largo de todo el texto, y van parejas en todo momento a los pensamientos y sensaciones del propio Pym, que además de protagonista es testigo de excepción y se convierte en cronista de tan fantástica odisea. La acción no se verá interrumpida en ningún punto, y una vez en el polo Sur irá in crescendo hasta un punto de enorme intensidad, de nuevo con escenas truculentas y con un cierto grado de violencia. Los últimos capítulos son un verdadero calvario para Pym y sus acompañantes, y tienen el ambiente más delirante y siniestro de la novela.

Y por último, tenemos el final. Gustará a algunos, enfadará a muchos, decepcionará a otros, descolocará a la mayoría, hará conjeturar a unos cuantos, pero no dejará a nadie indiferente. Sin duda uno de los finales más desconcertantes y enigmáticos de la literatura, sobre el que aún se sigue opinando y debatiendo, y sobre el que volveremos más adelante. 

Los citados símbolos arcanos que Pym halla en las galerías de la isla

Hago notar también que algunas partes del texto, las relativas a las cuestiones navales y a las maniobras dentro de un barco velero, pueden ser algo complejas por la cantidad de términos náuticos que se usan, y llama la atención el dominio que el autor tenía del tema, habida cuenta de que hizo un único viaje por mar y como pasajero, por lo que entiendo que debió obtener los conocimientos por pura investigación y documentación.

Y para concluir, quiero comentar también que, en línea con la idea inicial de que Poe ofrece una historia real, narrada por su protagonista, y que él publica en el Messenger, introduce la variante de que varios capítulos (sin especificar, «a lo sumo dos o tres») se extraviaron, por lo que las lagunas están cubiertas por texto del propio Poe. De esta manera nos hará dudar aún más del verdadero destino de Pym, vacilaciones incrementadas por el críptico citado final.

Ilustración de Alberto Asensio para la edición de Ed. Teide
[©Alberto Asensio fuente: blog del autor]

Sin duda alguna, Las aventuras de Arthur Gordon Pym es la obra cumbre de la narrativa de Edgar Allan Poe y un compendio de todos los elementos definitorios de su estilo y su particular universo literario. No puedo pronunciarme sobre el final -en Internet tenéis teorías para todos los gustos- pero sí que me atreveré sin duda a recomendaros su lectura pues no tiene desperdicio para amantes del fantástico, el terror y la Ciencia-Ficción o para aquellos que, conociendo o no a Poe, deseen leer un emocionante libro de aventuras ambientado en aquel mundo que aún albergaba misterios y rincones por descubrir.

Ilustración de Luis Scafati para la novela, descartada
[©Luis Scatafi fuente: blog del autor]

Sesenta años tras su publicación, en 1897, otro titán literario, el frances Julio Verne, publicó la continuación de la narración de Arthur Gordon Pym, titulada La esfinge de los hielos, de la que hablaremos en la próxima reseña.

El otro gran coloso del terror, el receptor del talento de Poe, su más aventajado alumno y compatriota H.P. Lovecraft, se valió también de esta novela para crear, en 1931, la que se considera su obra maestra, En las montañas de la locura, donde símbolos similares a los citados antes permiten hallar las ruinas de una arcaica ciudad que resulta ser la morada de una raza de semidioses llamada los Antiguos. Las referencias a la narración de Pym son continuas y permanentes.

Por su parte, y sin tratarse de una adaptación en modo alguno, el padre del cine Georges Méliès rodó en 1912 la película A la conquista del polo (À la conquête du Pôle) donde trasluce una más que notoria influencia de la novela de Edgar Allan Poe.

Fotograma de A la conquista del polo de Georges Méliès (1912), con una
evidente influencia de Las aventuras de Arthur Gordon Pym

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