31 de enero de 2014

Como agua para chocolate - Laura Esquivel

La familia De la Garza tiene una injusta tradición: la hija menor no puede casarse, pues debe permanecer al lado de su madre y cuidarla en la vejez. Por ello Tita, la pequeña de tres hermanas, no podrá casarse con Pedro aunque ambos se amen de manera apasionada. A lo largo de su vida y la de su familia, Tita luchará por sus sentimientos y contra la rígida autoridad de mamá Elena, en una narración en la que la comida, los sabores y los aromas son protagonistas de excepción.


Publicada en 1989, Como agua para chocolate es obra de  Laura Esquivel, escritora y guionista de cine y TV, ahora dedicada también a la política, y una auténtica best-seller woman con el libro del que hoy hablamos.

Es un relato melodramático, encuadrado dentro del realismo mágico, con una ambientación histórica, y una novela romántica en todos los sentidos. 


Como agua para chocolate se editó originalmente por entregas, a razón de una al mes, hasta un total de doce. Cada entrega lleva por título una receta de cocina, que se elabora durante el capítulo que intitula. Se debe tener en cuenta que el mes de cada entrega no coincide con la época en la que transcurre cada episodio (por ejemplo, Chocolate y rosca de Reyes corresponde a Septiembre), sino al mes de su publicación. 

El propio título nos da una idea del tono y el contenido del texto. Estar como agua para chocolate significa estar hirviendo, al rojo vivo, a punto de explotar ya sea de furia, de enojo o de amor. Porque esta historia es la exaltación de los sentidos, los sentimientos y las pasiones frente a la razón. Es decir, el Romanticismo en estado puro. 


Pongámonos en situación: La trama se desarrolla cerca de Piedras Negras, en Coahuila, México, durante la Revolución mexicana, aunque se extiende durante unos cuarenta años más o menos, desde la infancia de Tita hasta su madurez. Tita, la protagonista, tiene dos hermanas, Gertrudis y Rosaura, y las tres viven con su madre Elena en la hacienda familiar, tras la muerte de su padre (al que Tita no llegó a conocer) por una repentina apoplejía. Las criadas, Nacha primero y Chencha después, y los peones Nicolás y Rosalío completan el cuadro. Tita está enamorada sin remisión de Pedro desde niña, y él le corresponde de manera incondicional. Pedro la pide en matrimonio, pero mamá Elena le niega la mano de Tita en virtud de una tradición familiar: la hija mejor se mantendrá soltera para cuidar de su madre. Por ello, Pedro se casa con Rosaura sólo para poder estar cerca de Tita. Así arranca una de las historias más románticas que he leído nunca.

Regina Torné da vida de forma estupenda a mamá Elena en la película
de la que hablaremos un poco más adelante

Me paré en los personajes porque son uno de los puntos fuertes del libro. Lo califiqué de melodrama y esto va en relación a la manera en que Laura Esquivel define a cada protagonista, haciéndolos depositarios de virtudes o defectos en función de su papel en la obra. Así, Tita es un cúmulo de virtudes, mientras que mamá Elena es un ejemplo de como la mala o villana puede tener tanta entidad y estar tan bien perfilada que la historia gana enteros con su presencia. Mamá Elena representa la rigidez, la tradición inflexible e irracional, el peso de la costumbre y los usos sociales, la represión de los sentimientos, la madre castrante que no admite que nadie discuta su autoridad ni ponga en duda sus decisiones. Extiende su presencia a cada tarea que se desarrolle en la hacienda por mínima que sea, y todo debe estar bajo su mirada escrutadora. La rebelión de Tita frente a mamá Elena será uno de los motores de la trama.

Pero dije también que Como agua para chocolate es una novela de realismo mágico, y éste es de una elegancia deliciosa. Una de sus manifestaciones la encarnan los alimentos, las recetas que dan título a cada capítulo. Tita, que se crió en la cocina, se encarga de cocinar para la familia, primero ayudando a Nacha y después ayudada por Chencha. Y Tita forma parte de los alimentos, se integra en ellos como un ingrediente más. Cuando llora lágrimas de amargura sobre la masa del pastel de boda de su hermana, todos los invitados terminan el banquete repartidos por la hacienda llorando al amor de su vida, incluso mamá Elena, en uno de los momentos más sorprendentes del libro. Cuando Pedro le regala un ramo de rosas y ella cocina codornices aderezadas con los pétalos de las mismas, se araña el pecho al apretar el ramo contra él, y su sangre, añadida a la salsa, hará que Gertrudis experimente tal excitación sexual que termine corriendo desnuda al encuentro del capitán revolucionario que será su marido y con el que hará el amor sobre el caballo mientras cabalgan. 


Si Gertrudis representa la ruptura con la férrea autoridad de mamá Elena y el triunfo de la pasión (el destino que la autora le reserva la convirtió en mi personaje preferido, aumentado por la película de la que hablaré luego), Rosaura supone lo contrario, pues asume las ideas de su madre y se vuelve una extensión de la misma. Atrapada en un matrimonio infeliz y apenas consumado con Pedro, mueve a compasión. Mientras, Tita y Pedro significan el amor, la pasión, las pulsiones de la lujuria y de la atracción tanto física como espiritual entre dos personas, y la persistencia de ésta a lo largo de los años. 

Este realismo mágico se reflejará de otras muchas maneras a lo largo del texto, como la presencia de los personajes aún después de muertos, con esa entrañable pervivencia de los difuntos entre los vivos que compartimos mexicanos y gallegos, y con otros elementos que van de lo curioso a lo decididamente cómico, como la colcha que Tita teje para entretener sus noches en vela anhelando a Pedro, hasta darle dimensiones imposibles. 

Y es importante destacar que la belleza y el lirismo de la historia se ven apoyados y acentuados por el delicioso estilo narrativo de Laura Esquivel. Con un ritmo eminentemente oral, pues está narrado por la sobrina-nieta de Tita, cuida cada frase con mimo, creando sentencias memorables, de las que Internet por cierto está llena.

«Tita bajó la cabeza y con la misma fuerza con que sus lágrimas cayeron sobre la mesa, así cayó sobre ella su destino.»

Otro detalle que captó mi atención, y que precisamente recordé hace poco en esta entrada, es la capacidad evocadora y excitadora del recuerdo de los olores y los sabores, que refuerza el tono sensual de la novela, donde los sentidos tienen tanta importancia:
«ita gozaba enormemente este paso, ya que mientras reposa el relleno es muy agradable gozar del olor que despide, pues los olores tienen la característica de reproducir tiempos pasados junto con sonidos y olores nunca igualados en el presente. A Tita le gustaba hacer una gran inhalación y viajar junto con el humo y el olor tan peculiar que percibía hacia los recovecos de su memoria.»

Y si Tita es la heroína perfecta, no deja de tener un papel de peso el resto del reparto: El doctor John Brown, ejemplo de honestidad, integridad y bonhomía; Nacha, la bondadosa criada que supone la verdadera figura maternal para Tita; la simplona pero noble Chencha, el leal y bienintencionado sargento Treviño... todos contribuyen con sus intervenciones, cómicas unas, dramáticas otras, a que la historia sea redonda. 

Preciosa ilustración de la diseñadora Juliana Montoya inspirada por la novela
 [©Juliana Montoya fuente: página web de la autora]
Dije que el argumento se extiende durante unos cuarenta años, y no quiero desvelar todo lo que ocurre en tanto tiempo, que no es poco, pero sólo resaltaré que, desde que apenas son dos niños y se declaran su amor, hasta que en su madurez se da fin al melodrama, la pasión de Tita y Pedro no decrece ni un ápice, haciéndonos creer en el amor eterno y en que el ardor y la sensualidad no se pierden con los años. 

Un último detalle que me agradó y que quiero citar de Como agua para chocolate es cómo Laura Esquivel transmite todo lo bello y hermoso que puede ser el sexo, la dimensión más bonita y positiva del mismo, como la unión máxima de dos personas que se aman. Después del sexo sórdido y casi dañino que Carlos Fuentes describía en Gringo Viejo, el amor físico de Tita y Pedro ha sido como un bálsamo y una reconciliación. 

Como conclusión, sólo puedo recomendar esta obra a todos los amantes de la literatura romántica, pues es uno de esos casos en los que confluyen fondo y forma: un argumento fascinante y cautivador con un estilo narrativo y una construcción de la trama excelentes.


Adaptaciones: 

En 1992, el también mexicano Alfonso Arau estrenó la adaptación cinematográfica, contando con el guión de la propia Laura Esquivel. El resultado es, a mi juicio, más que acertado, pues consigue trasladar con fidelidad el tono de la novela, y transmitir la exaltación de la sensualidad del texto de la autora, además de tener una ambientación y un vestuario muy cuidados. 


Por otra parte, el cásting es magnífico, un ejemplo de cómo elegir los actores para encarnar los personajes de la novela, pues todos ellos están pletóricos. Con razón es una de las películas más taquilleras de la historia del cine mexicano, lo cual no es moco de pavo, porque en México son expertos en taquillazos (Amores perros, El crimen del Padre Amaro, Rudo y Cursi, No se admiten devoluciones...)

Marco Leonardi y Lumi Cavazos están inmejorables como Pedro y Tita

Como agua para chocolate está traducido a treinta idiomas y está considerado uno de los cien mejores libros en lengua castellana [lo cual, viniendo de un medio tan chovinista como el diario español El Mundo, está más que bien].

Y comentar por último que, en el año 2004, la compañía Ados Teatro realizó un montaje teatral, dirigido por Garbiñe Losada.
Escena de la adaptación teatral de Como agua para chocolate

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29 de enero de 2014

Noches de Sing Sing - Harry Stephen Keeler

Tres hombres, tres respetados escritores, esperan su ejecución en la cárcel de Sing Sing. En su última noche con vida, se encontrarán la oportunidad de que uno de ellos, sólo uno, salve su vida. Dejarán que sea su creatividad, su ingenio y su habilidad para tejer fantásticas historias quienes decidan quién será el afortunado. Tes historias diferentes pero igual de misteriosas, intrigantes e imaginativas que capturarán nuestra atención y nos mantendrán pendientes de sus inesperados desenlaces.



Publicada en 1927, Noches de Sing Sing (Sing Sing Nights) es obra de Harry Stephen Keeler, estadounidense, autor de cincuenta y cinco novelas de misterio, que dejó material inédito para otras veinte, y con una curiosa relación con España que veremos más tarde. Fue editor, compaginó la carrera literaria con su trabajo en una siderúrgica y estuvo presente siempre en los quioscos con sus libros publicados en formato pulp.


Es un libro a medio camino entre la novela negra y el clásico relato detectivesco y de misterio, dividido en tres relatos independientes con complicados argumentos llenos de giros y cambios imprevistos.


El caso de Harry Stephen Keeler es peculiar. Vendedor masivo de ejemplares, reinó en los quioscos de medio mundo con sus dimenovels o pulps -las famosas novelitas impresas en papel barato y encuadernadas en rústica (paperback) para que se distribuyesen a bajo coste y llegasen a la mayor cantidad posible de público-, militó en las editoriales más importantes, llegó a ser editor él mismo y, sin embargo, a lo largo de su carrera fue perdiendo lectores y mercado, hasta desaparecer por completo, hasta el punto que hoy es casi un total desconocido para el gran público.


Esta Noches de Sing Sing es su segunda novela y una muestra muy ilustrativa de su forma de concebir y escribir una historia. Como veremos, Keeler gusta de usar varias lineas argumentales que se entremezclan y que terminan confluyendo de la forma más imprevista. Es una novela negra algo particular, pues en realidad tiene mucho más en común con la obra de la británica Agatha Christie -de la que es coetáneo- y sus misterios resueltos por las dotes deductivas y de observación de Miss Marple o Hércules Poirot que con los violentos y cínicos hardboiled de sus compatriotas Hammett o Chandler.

Para comenzar, destaca el original planteamiento: Tres escritores exitosos y reconocidos (Mc Caigh, estadounidense; Eastwood, inglés, y Krenwicz, ruso) se encuentran encarcelados en Sing Sing acusados de asesinar al literato Howard Greynell, por una cuestión de honor: mantenía relaciones con una jovencísima admiradora -mientras permanecía casado con su esposa- engañándola con falsas promesas de matrimonio. La noche previa a su ejecución en la silla eléctrica, el Gobernador del Estado aparece para indultar a sólo uno de ellos, pues se sabe que el fallecido recibió sólo dos balazos, dejando a discreción de los reos decidir cuál es inocente. Éstos deciden que cada uno inventará una historia, y el carcelero, un hombre sencillo llamado Shanahan elegirá aquel que más le haya gustado, y su autor será el indultado. Disponen hasta el amanecer para contar sus relatos, momento en que el Gobernador regresará a conocer la identidad del afortunado.


Este fenómeno de "cuentos dentro de otro cuento" se conoce como "relato enmarcado" y os sonará del clásico de Oriente Medio "Las mil y una noches" o "Los Cuentos de Canterbury" de Geoffrey Chaucer. Las obras con relatos enmarcados tienen en común la idea de "paso del tiempo", pues los personajes del relato principal los narran, por lo general para entretenerse, durante un viaje, un encierro o una espera. En nuestro caso, permite a Keeler jugar a tener tres identidades distintas y narrar las tres historias partiendo de tres concepciones diferentes. 


La intención del autor es, a mi juicio, principalmente la de entretener y servir tres historias amenas, divertidas y que permitan disfrutar manteniendo la atención en seguir, sin perderse, las enrevesadas líneas argumentales y estar en vilo esperando el desenlace de los acontecimientos. En este aspecto, los lectores podemos identificarnos con Shanahan, el carcelero y jurado de los tres relatos, y sus entusiastas reacciones a cada uno de ellos. Veámoslos:

[Un detalle antes de continuar: El libro emplea de forma explícita y sin complejos términos hoy desusados o que incluso pueden sonar ofensivos, y por momentos hace exposiciones que en nuestra época consideraríamos racistas o xenófobas. No haré juicios de valor sobre ellas, pues hemos de recordar que está escrito en 1927, y que los pensamientos y principios de un personaje no representan necesariamente a los del autor].

La extraña aventura de la mariposa gigante es el relato de Mc Caigh, el escritor americano de novelas de intriga y misterio, apodado El hombre de hierro por su temple despreocupado. Aunque el protagonista del mismo es, a priori, un individuo conocido como Cara de Luna (descrito como cuarterón de chino), el verdadero actor principal será un joven aspirante a publicista llamado Wilk Casperson. En esta trama ambientada en Chicago se entremezclan dos malhechores (Cara de Luna y su compinche) en busca de dinero fácil y rápido, un baile de disfraces, una rica heredera y su collar de gran valor, un estudioso de las mariposas y su criado japonés, un rarísimo y valiosísimo ejemplar de mariposa tropical, un contrato en el aire, un malentendido y un crimen sin explicación. Es un relato muy entretenido, narrado de manera ágil sin renunciar a descripciones precisas aunque no demasiado extensas (pocos adjetivos calificativos, más bien son composiciones de lugar), con mucha acción y diferentes sucesos simultáneos. El citado malentendido es lo que permite que todos los subargumentos confluyan: por una parte Cara de Luna y su socio intentando robar el collar, por otra Casperson pendiente de su contrato con una importante empresa de publicidad, por otra el amante de las mariposas asesinado, y por otra una historia de venganza y viejos rencores. Aunque no carece de momentos que la acercan a la novela hardboiled americana (las armas de fuego, los asesinatos, el comportamiento criminal de Cara de Luna, las falsas acusaciones, la investigación policial) se acerca más a los clásicos relatos de detectives, donde un pequeño detalle -sólo perceptible por alguien con gran capacidad de observación- permite la resolución del misterio, que finalmente se explica con todos los implicados presentes y vía unas asombrosas dotes de deducción. Es una historia muy divertida y para leer poniendo mucha atención. 

Más pulp no se puede

La extraña aventura de las doce monedas de Confucio corre por cuenta de Krenwicz, el dramaturgo ruso-americano. Un poquito más sencillo que el anterior, es también muy ágil y mantiene el mismo grado de ocurrencia y originalidad. Está protagonizado por Jason Barton, redactor del diario El correo de la tarde. Su jefe, un déspotico francés llamado León Frangenac, le encomienda la casi imposible tarea de conseguir una interviú (palabra así usada en el texto) con la única hija del Emperador de China, que se encuentra en Chicago -donde transcurre la aventura-, y que es inaccesible por decisión de Li Hwei Tsung, el ministro chino que la acompaña. De su éxito depende la continuidad de su empleo. Consigue la entrevista y se enamora (mutuamente) de la princesa, una joven idealista, sensible y de ideas progresistas. Ella le cuenta la leyenda de las doce monedas de Confucio, tesoro nacional chino ahora perdido. La historia se embrollará con el asesinato de un comerciante chino, el doble papel de Li Hwei Tsung y su relación con el pasado oculto de Frangenac, y dará lugar a una sucesión de persecuciones y situaciones tensas a contrarreloj que hacen que el relato sea tan divertido como su predecesor. El desenlace es curioso e inesperado. 


La falta de un eslabón es la aportación de Eastwood, el escritor inglés, autor de más de mil relatos y ganador de importantes premios literarios. Su cuento, que transcurre en su mayor parte en Londres, está protagonizado por un ingeniero ferroviario llamado Eustaquio Annesley y entra en el terreno del Fantástico y la Ciencia-Ficción. El protagonista sufre un accidente que lo deja al borde de la muerte. El doctor Andrev Michaelovitch, usando un suero de su invención, trasplanta su cerebro al cuerpo de un gorila, salvándole la vida pero condenándolo a una existencia miserable al margen de la sociedad. Este relato es el de estructura y de trama más sencillas pero no por ello menos fascinante, por su carácter fantástico, y pese a que el final me resultó algo predecible (inconvenientes de haberme leído muchos números de Creepy) lo disfruté tanto como los anteriores. Es quizá, de los tres, el que contiene más carga de crítica social. 

En su conjunto, Noches de Sing Sing llama la atención por su tono clásico, correcto, sin estridencias, en la línea de la ya mentada Agatha Christie. Tal vez el enorme éxito de Harry Stephen Keeler en la primera mitad de su carrera se debiese a que sus obras, de ser todas coma la que hoy tratamos, son adecuadas para todos los públicos, pues ésta carece de escenas violentas o excesivamente duras (los asesinatos ocurren fuera de plano y el lenguaje es blanco, limpio de palabras malsonantes). Su lectura me retrotrajo al momento a las antiguas historietas en las que los personajes expresan verbalmente sus pensamientos (recurso muy habitual también en los cómics infantiles) para explicar la historia:
«- ¡Conque de negocios o a ver la ciudad solitos! Y él se lleva la llave en el bolsillo... Entonces, nuestra altiva princesa y su doncella estarán solas en sus habitaciones. ¡Por Baco! ¡Voy a hacer la prueba!»
De esta manera, tiene un punto beatífico, inocente, que permite disfrutar del argumento si queremos escapar un poco de la violenta novela negra como la que he comentado hasta ahora en este blog, y de los diálogos breves y acerados de la misma. Para mí es un placer volver a encontrarme a los personajes monologando como en los viejos tebeos de Bruguera y diciendo cosas como «¡Esta es la mía!» o «¡Vaya por Dios! ¿Por qué me habré olvidado de preguntarle sus nuevas señas?»



El libro es muy rico en diálogos, y éstos están compuestos de enunciados largos y expresivos. En este particular se muestra como un gran escritor de diálogos, y sabe darle a cada personaje su identidad a través de ellos. Ya comenté que algunos enunciados pueden parecernos hoy racistas o discriminatorios. Por ejemplo durante la conversación que Barton y la princesa china mantienen el segundo relato, y ésta le expone al periodista su idea de eliminar los prejuicios raciales a través de matrimonios entre personas de distinta etnia, la reacción de Barton es tal como si le hablasen de canibalismo, o que piense que la princesa puede equipararse en belleza y gracia a «cualquier jovencita americana». Pero insisto, recordemos que fue escrita en 1927 y no podemos juzgarla desde nuestra mentalidad actual. 

Comentar, por último, que Keeler se permite, antes del tercer relato, introducir un pequeño tratado teórico sobre cómo elaborar un cuento, de tres maneras distintas, una por cada protagonista. Y que el desenlace de la novela en sí (o del relato "marco" si le queremos llamar así) es tan sorprendente e imprevisible, al menos para mí, como los de las tres narraciones que enmarca. 

Noches de Sing Sing es, en resumen, auténtica literatura de evasión, pero escrita con oficio, dignificando el soporte pulp y garantizando una narrativa de calidad y, por encima de todo, historias originales y muy, muy divertidas de leer, que os recomiendo si os gustan las  novelas donde puede pasar cualquier cosa por inesperada que ésta sea, y si queréis conocer un poco sobre aquella literatura paperback que atiborró los quioscos y amenizó tantas esperas, guardias y viajes.


Adaptaciones:

Existe una única adaptación cinematográfica, del año 1934, dirigida por Lewis D. Collins. Introduce algunos cambios con respecto al libro, como modificar los nombres de los protagonistas. 


Me fue completamente imposible encontrarla en castellano, pero como es una obra de dominio público, podéis verla de manera libre y gratuita en este enlace

Y no me olvido de que comenté que Harry Stephen Keeler tuvo una curiosa relación con España. Me sorprendió que esta Noches de Sing Sing se  publicase en España en 1941, y a través de una pequeña editorial especializada en libros jurídicos, la Ed. Reus. Casi toda la obra de Keeler fue publicada en España. A través de enlaces como este o este tenéis información muy interesante sobre él, pero la explicación está en este otro, que es lo más parecido a una web oficial que existe sobre el escritor. La responsable es, de forma paradójica, la censura. Sí, la férrea censura que reprimió a los españoles durante la dictadura franquista no tenía demasiado que cortar en las obras de Keeler, pues, como veréis si leéis esta Noches de Sing Sing el sexo brilla por su ausencia y la violencia se mantiene dentro de lo (muy) razonable, lo que le permitió compartir quiosco con El coyote de José Mallorquí o las novelitas western de Marcial Lafuente Estefanía. La relación de Keeler con España y Portugal (en una situación casi idéntica a la de España) fue tal, que algunas de sus últimas novelas están publicadas  únicamente en español y/o portugués, ¡mientras la original en inglés permanece inédita!

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24 de enero de 2014

Más que humano - Theodore Sturgeon

Esta es la historia de seis personajes solitarios y sin lugar en la Sociedad. Lone es un idiota, pero puede leer los pensamientos de los demás. Janie mueve objetos con la mente. Bonnie y Beanie se teletransportan. Gerry siempre consigue lo que quiere, y el bebé... simplemente lo sabe todo. Su historia es la historia de la soledad y la inadaptación, pero también una reflexión sobre qué significa ser humano, sobre la evolución de nuestra especie y su futuro.


Publicada en 1953, Más que humano (More than human) es obra de Theodore Sturgeon, escritor estadounidense que comenzó su carrera publicando relatos breves en revistas como Astounding Science Fiction. Llegó a publicar dos relatos en el mismo número usando el pseudónimo E. Waldo Hunter (su verdadero nombre era Edward Hamilton Waldo). Poco conocido para el gran público y poco galardonado, escribió también guiones para la serie Star Trek (la mayoría inéditos) y varias de sus historias fueron adaptadas en la serie de TV The Twilight Zone (llamada en España Dimensión desconocida). La crítica especializada lo considera uno de los autores imprescindibles y fundamentales de la Ciencia-Ficción.

Es una novela de Anticipación, y de Ciencia Ficción blanda por su carácter interior, mental, con un gran peso de las perspectivas psicológica, filosófica y moral a la hora de tratar la historia, y con un estilo narrativo elaborado y casi poético por momentos. 


Por lo general, el público poco (o nada) aficionado a la Ciencia-Ficción la asocia a relatos futuristas, viajes espaciales, seres extraterrestres y sofisticadas astronaves, con mayor o menor rigor científico (confundiéndola a veces con la space opera) y a argumentos centrados exclusivamente en la ciencia y la tecnología. Pero como veremos con nuestro libro de hoy, puede ser mucho más amplia y cubrir muchas más temáticas. 

Quienes leísteis mi articulillo sobre la C-F ya sabéis que para catalogar las novelas uso la división entre Ciencia-Ficción dura y blanda, siendo la segunda un estilo muy influido por las ciencias sociales, y donde priman el aspecto mental e interior de los personajes y las cuestiones sociales, filosóficas y morales frente a las científico-técnicas. A mi parecer, Theodore Sturgeon es un claro precursor de esta forma de hacer Ciencia-Ficción, como veremos a lo largo de esta reseña. 


Esta temprana obra parte de una premisa sencilla pero llena de significaciones: ¿Qué ocurriría si el ser humano, dueño absoluto de su planeta, donde es la especie dominante, tuviese que enfrentarse a una versión mejorada de si mismo, a individuos con facultades extraordinarias que los sitúan por encima de sus congéneres? 

Comenzaré diciendo que Más que humano no es una lectura sencilla, pero es una lectura agradecida. El estilo de Sturgeon es rico y lírico, de una manera poco habitual en el género, lleno de pasajes descriptivos largos y de tiempos muertos donde da la sensación de que no ocurre nada de interés, pero sin embargo cada pequeño detalle, cada frase, cada línea de diálogo tienen su importancia, pues es una narración que se hace esperar y no es hasta el final que cada piececita del rompecabezas encaja y comprendemos todo lo que el autor nos quería transmitir y comenzamos a reflexionar sobre la tesis que expuso. 

Más que humano es una novela coral y, al igual que la suma de sus protagonistas crea un personaje colectivo como veremos, también la suma de las tres partes en la que está dividida crea un conjunto que no se entiende por separado. Y es que toda la obra en su globalidad está fundada en el principio de la Gestalt, que me atormentó en mis tiempos de estudiante y del que hablaremos sólo un poco, porque tiene miga. 


La primera parte presenta a los personajes: Lone (Solo), que al comienzo se llama sólo El idiota. Lone es un hombre joven, discapacitado intelectual, que provoca rechazo allá donde va, y es expulsado de todas partes. Pese a su discapacidad, puede conocer los pensamientos de los demás. Más tarde conocemos a Janie, que tiene poderes telequinéticos. Siendo apenas una niña es repudiada por su madre. Acompañada de las gemelas Beanie y Bonnie, mudas (pese a que dialogan entre ellas) y con la capacidad de teletransportarse, abandonan su hogar y terminan recalando en el refugio de Lone. Por último, hace su aparición el bebé, descrito como mongoloide y con una enfermedad que le impide crecer, tiene el don de la presciencia y parece conocer la respuesta a todas las preguntas, que transmite con gestos corporales. Aparece de forma secundaria Hip Barrows, que tendrá su papel en la tercera parte.

La segunda parte está dedicada a Gerry, el sexto engranaje de la máquina, dotado de facultades hiptónicas y de control mental. Narrado en primera persona, relata la visita del protagonista a un psiquiatra, quien siguiendo la terapia Gestalt (aunque no se cite textualmente) de romper los bloqueos mentales haciendo que el paciente se retrotraiga al origen de su patología, permite que éste narre su encuentro con el grupo y lo que ocurrió una vez se incorporó a él, incluido el desarrollo de un generador de antigravedad, que será otra pieza clave de la trama.

La tercera parte transcurre años después. Una Janie adulta rescata de prisión a Hip Barrows, amnésico y en apariencia mentalmente trastornado. y siguiendo un proceso de terapia Gestalt como el ya citado, consigue que recuerde su pasado y conozca qué acontecimientos le llevaron a su situación. En esta parte, Sturgeon desarrolla los conceptos de Ética y de moral, y cuestiona si nuestros principios morales serían aptos para estos nuevos humanos evolucionados, o si estos deben desarrollar su propio sistema moral o incluso si la idea de un sistema de normas y principios tendría sentido para ellos. De igual manera, valiéndose de la metáfora del citado generador de antigravedad, reflexiona sobre las implicaciones que podría tener para nuestra Sociedad y para nuestro mundo, para la especie humana en general, un desarrollo tecnológico repentino y extraordinario, y la existencia de individuos con facultades sobrehumanas. O como dice el viejo adagio de nuestro amistoso vecino Spiderman: «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad».


La omnipresencia del concepto de Gestalt no se limita a las citadas terapias, sino que los seis personajes, que por separado son marginados de la sociedad humana, para la que no son considerados individuos en plenitud (todos tienen discapacidades o trastornos), en colectivo, en conjunto, forman un solo ente perfecto, que combina las habilidades y potencialidades de cada uno, cumpliendo el axioma de la Gestalt: El todo es mayor que la suma de sus partes.

[Parte plúmbea: Porque Gestalt se puede traducir (más o menos) como figura,creación o configuración, y su idea principal es que la mente configura la realidad a través de una serie de principios perceptivos (proximidad, semejanza, cerramiento...) y en función de nuestra memoria y nuestra experiencia previa. Cada elemento por separado no permite comprender la realidad, que sólo es entendible con la suma de todos ellos.]


Si estás viendo un Oso Panda y no manchurrones negros sobre un fondo blanco es por los principios de:
1º Dirección común, 2º simplicidad, 3º relación entre figura y fondo, 4º cerramiento y 5º experiencia previa.
Que lo sepas.

Así, los seis personajes se autodenominan Homo Gestalt u Homo Gestaltiensis, la especie seleccionada por la evolución para suceder al Homo Sapiens. Sin embargo es conveniente leer la novela hasta su punto final para apreciar todas las lecturas que Theodore Sturgeon hace de una posibilidad tan, a priori, atemorizadora y acongojante. 

Seguro que los aficionados a los cómics de la Marvel habéis pensado al momento en el Homo Superior, nombre que reciben los mutantes en ese universo, y el rechazo y el miedo que los hijos del átomo provocan en la Sociedad por sus superpoderes sobrehumanos. Y la verdad que, ahora que he leído esta Más que humano veo la clarísima influencia que tuvo en el génesis de los X-Men y otros supergrupos, incluso el concepto de "grupo" que combina diferentes facultades (fuerza, agilidad, inteligencia, telequinesia, telepatía...). En un momento de la novela, los miembros del Homo Gestalt afirman que coengranan, un concepto más amplio que cooperar o colaborar. 

Decir que, siguiendo la ya mentada psicología de la Gestalt, Sturgeon hace que las tres partes en las que divide su libro no tengan pleno sentido por separado, y no será hasta la última que entendamos por completo las dos anteriores. Es toda una reflexión sobre la soledad, sobre la diferencia, y a mi juicio, sobre qué significa ser humano y los principios éticos y morales, o quién y cómo determina lo que es socialmente aceptable y lo que no (en la segunda parte hay un momento crucial, en el que las gemelas Beanie y Bonnie son separadas del resto de los niños por ser de raza negra, sin que éstos lo entiendan, pues la norma social -recordemos, 1953- no significa nada para ellos, mientras que su norma -permanecer siempre juntos- no es respetada). 

¿Caras o jarrón? ¡Viva la Gestalt!


Más que humano ganó en 1954 el International Fantasy Award, y que en el 2004 se le hizo entrega de un Retro Hugo, con fecha de 1954, en la que aún no estaba constituido este galardón.



En 1978, el sello Heavy Metal publicó una adaptación al cómic, con guión de Doug Moench y dibujo de Alex Niño. 


Comentar que está incluida en la lista de imprescindibles que recoge David Pringle en su Ciencia-Ficción: Las cien mejores novelas, con lo cual ya os imagináis que un buen aficionado al género debería leerla tarde o temprano.

No debe ser confundida con Más que humano de T.J. Bass (cuyo título original es Half Past Human).


Escúchalo en El Sótano:



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21 de enero de 2014

La Dalia negra - James Ellroy

En 1947, una joven aspirante a actriz llamada Elizabeth Short aparece cruelmente asesinada, mutilada y despedazada en un solar de Hollywood. La policía de Los Ángeles movilizará todos sus recursos para dar con el culpable, en un caso de enorme repercusión mediática y social. Dos detectives asignados a la investigación se implicarán de forma obsesiva en un crimen en el que confluyen política, corrupción, grandes fortunas e intereses creados en los florecientes negocios de la construcción y del espectáculo.


Publicada en 1987, La Dalia Negra (The Black Dhalia) es obra de James Ellroy, escritor estadounidense especializado en novela negra, de la que está considerado uno de los mayores exponentes actuales, y ensayo criminal. En alguna ocasión ha declarado que sólo le interesa la historia de su país desde los años 40 hasta 1972, en la que es un erudito absoluto, y carece por completo de interés por cualquier otra materia. 

Es una novela negra en la tradición de los clásicos del hard-boiled, con una trama policíaca compleja y enrevesada, con continuos giros, marcada por un elevado nivel de violencia muy explícita, y que realiza una labor de crítica hacia diferentes estamentos de la sociedad estadounidense.

La Dalia Negra es la primera entrega de una serie titulada Cuarteto de L.A., compuesta de cuatro novelas independientes (si bien algunos personajes aparecen en varias de ellas) ambientadas en dicha ciudad desde finales de los años 40 y durante los años 50. Las tres siguiente son El Gran Desierto, L.A. Confidential y Jazz Blanco. En ellas, como veremos, Ellroy quiere relatar y describir los entresijos ilegales y criminales de la industria de Hollywood en aquella época. 


Antes comenté que James Ellroy es un escritor particular. Y no se trata sólo de su extravagante gusto en el vestir, sino que posee una personalidad complicada. Es ególatra y megalómano (se autoproclama el mejor escritor de novela negra de la historia), odia las entrevistas, durante las que se suele comportar de forma provocadora, irascible y cortante, y muestra una absoluta y total indiferencia hacia todo lo que no sea la narrativa de género negro ambientada en los Estados Unidos durante la época ya citada. 

Cito esto como introducción para destacar lo primero que llama la atención de esta novela: su cuidada ambientación y el sólido trabajo de documentación que trasluce. Podría pasar a la perfección por una novela escrita en la misma época de los acontecimientos que narra. 

La Dalia Negra existió en realidad, y su caso, que nunca fue resuelto, ha generado abundante material, tanto tesis y ensayos como documentales y películas. Elizabeth Betty Short, cuyo apodo en vida no era La Dalia Negra, sino que fue así nombrada por la prensa por vestir siempre de dicho color, apareció, en efecto, asesinada y descuartizada con una crueldad y un ensañamiento tales que causaron un profundo impacto social, magnificado por la prensa, en especial por los periódicos sensacionalistas del magnate William Randolf Hearst [Ciudadano Kane, para entendernos]

Ellroy toma todos los datos de la biografía de Betty Short y arma su historia de forma detallada y minuciosa, dándole una gran verosimilitud. Esta historia ficticia, narrada en primera persona como mandan los cánones del género, está protagonizada por el agente de policía Bucky Bleichert, y por su compañero y amigo Lee Blanchard. La novia de Lee, Kay Lake, será el tercer vértice de un triángulo amoroso que será parte principal de la trama. Bucky y Lee, además de policías, son ex-boxeadores de alto nivel, y se conocerán y amistarán en un combate de pesos pesados organizado por la Policía con fines propagandísticos. Tras casi matarse, se harán amigos inseparables. 

Esto nos lleva directamente al segundo factor principal de la novela: su elevado grado de violencia. Que los protagonistas se conozcan boxeando -serán llamados Señor Fuego (Lee) y Señor Hielo (Bucky) por sus opuestos estilos pugilísticos- sólo es el inicio de una historia marcada por palizas, amenazas, arrestos resueltos con disparos a quemarropa, allanamientos, confesiones arrancadas a puñetazos en el estómago o con pentotal, asesinatos, extorsiones a testigos o interrogatorios a golpes, gritos e insultos. Los métodos policiales me sorprendieron por su brutalidad y su impunidad.


Y es que La Dalia Negra emplea la excusa del asesinato de Betty Short para exponer una premisa clara: Hollywood está construido sobre una base de podredumbre, crimen y corrupción a todos los niveles. Así, vemos como los responsables de la investigación policial se mueven por sus intereses en determinados puestos (recordemos que en los USA cargos como Fiscal o Jefe de Policía son electos), se oculta la implicación de magnates y personas influyentes en el caso, y se descuidan otros crímenes igualmente importantes para intentar resolver el de la Dalia, por su carácter mediático. Los medios de comunicación, por su parte, ocultan el revuelto pasado de Betty Short para mostrarla como una chica inocente y beatífica. La corrupción, los negocios sucios y los intereses creados son omnipresentes y, yendo de la mano de la violencia, marcan el ritmo de la novela.

Esta crudeza, esta sordidez, se ve acrecentada por el estilo narrativo de Ellroy, que bebe directamente de los grandes maestros del género como Raymond Chandler o Dashiell Hammett. Oraciones breves, escuetas, directas y expeditivas. Muchos diálogos con frases breves, que los personajes se intercambian como golpes de boxeo. Las descripciones también son sucintas, pero lo bastante ilustrativas para que nos hagamos la imagen de aquello que el autor nos quiere transmitir. La novela derrocha acción y el ritmo no se detiene apenas, creando un efecto muy adictivo, de enganche, que al momento me retrotrajo a mis recientes lecturas de los citados Chandler o Hammett.


Este ritmo frenético permite a Ellroy transmitirnos la sensación de opresión, de fijación que, cada uno por sus razones, llevan a Bucky y a Lee a implicarse de forma compulsiva en el caso de la Dalia, y cómo se embarcan en una huida hacia adelante en la que ambos (la historia está narrada por Bucky) entran en una vorágine autodestructiva que les lleva a sacrificar su trabajo, su vida personal, su reputación, su felicidad y la de aquellos que les rodean, su integridad física y hasta su cordura a medida que avanzan en la investigación y llegan a la obsesión más febril y enfermiza. 

La nómina de secundarios que se va cruzando con Bucky y Lee es destacable tanto por nutrida como por ilustrar los diferentes tipos habituales del género: El magnate Emmett Sprague, implicado en negocios turbios relacionados con la construcción en los terrenos de Hollywood, su hija Madeleine, la mujer fatal cautivada por la figura de la Dalia y que supondrá un quebradero de cabeza para Bucky, el ayudante del fiscal del distrito Ellis Loew, que utiliza el caso de la Dalia para catapultar su carrera... es una trama donde no hay nadie libre de pecado y todos tiene algo que ocultar o se mueven por interés.


La crítica social es evidente, y si vas a leer esta obra, olvídate de lo políticamente correcto. Bucky es un kraut (alemán), los franceses franchutes, los negros embetunados y los asiáticos amarillos. Se reflejan los prejuicios raciales propios de la época, sin edulcorar, y el tratamiento que reciben en particular los mexicanos (parte de los acontecimientos transcurren en Tijuana) es fuertemente despectivo.

Un último aspecto que transmite la novela es la sensación de desazón, de desesperanza, de agobio, de ausencia de perspectivas. Transcurre en gran parte en escenarios desagradables y poco acogedores (moteles, pensiones de mala muerte, barrios deprimidos) a los que las personas parecen estar atados, como si simbolizasen un fracaso constante y la imposibilidad de salir del círculo de marginalidad, crimen y carencia de futuro. 

La Dalia Negra es, para resumir y concluir, un soberbio y magistral ejemplo de novela negra y creo que James Ellroy, egolatrías aparte, merece la consideración que tiene como vaca sagrada del género. Cada elemento, cada ingrediente de la novela está medido al milímetro y todos ellos combinan para crear una trama adictiva, con gancho, original, llena de giros y vueltas de tuerca. Eso sí, os recomiendo un estómago fuerte para leerla, porque en ocasiones casi puedes sentir cómo te salpica la sangre.


La película:

En 2006 fue adaptada al cine por Brian de Palma (El precio del poder, Atrapado por su pasado, Carrie), con Josh Hartnett como Bucky Bleichert, Aaron Eckhart como Lee Blanchard, Scarlett Johansson como Kay Lake y Hilary Swank como Madeleine Sprague (aquí Madeleine Linscott). El papel de Betty Short fue encarnado por Mia Kirshner.


Ellroy, en su línea, despotricó a gusto contra el resultado, en especial contra los actores y actrices principales. 

Por otra parte en Internet, además de muchas entrevistas con Ellroy donde podéis apreciar lo majo y agradable que puede ser el hombre, hay mucha información sobre el caso de Betty Short, incluidas numerosas fotografías de la misma, que he preferido no mostrar aquí, pero que están disponibles con una simple búsqueda en Google para quien quiera verlas.

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11 de enero de 2014

Ladrones de cuerpos - Jack Finney

Algo extraño ocurre en la tranquila localidad californiana de Mill Valley. Algunas personas comienzan a cambiar su comportamiento de manera casi imperceptible, creando desconcierto en familiares y amigos. Poco a poco, son cada vez más los habitantes que se comportan así. Un joven médico llamado Miles Bennell, su vecina Becky y unos pocos más descubrirán que están siendo suplantados, y serán los únicos que se enfrentarán a la sutil y silenciosa amenaza. Aunque tal vez sea ya demasiado tarde...


Publicada en 1955, Los ladrones de cuerpos (The Body Snatchers) es una novela de Jack Finney. Escritor americano bastante prolífico, que tocó distintos géneros, incluso el ensayo de no-ficción, pero que es célebre por sus obras de Ciencia-Ficción y Fantasía. Pese a que muchas no están traducidas al castellano, disponemos de las consideradas principales: esta Los ladrones de cuerpos y Ahora y siempre. En 1987 ganó el World Fantasy Award.

Es una historia de Ciencia-Ficción blanda, fantasía y terror, pues contiene elementos de los tres géneros, narrada en un tono de novela de aventuras y acción, con una perspectiva del terror innovadora para su época, y de la que se puede inferir una postura de crítica social. 


Los hechos narrados en Los ladrones de cuerpos son, más o menos, conocidos por todos. En una pequeña población, en este caso en California, algunos vecinos comienzan a recelar de un familiar, o de un amigo. No saben decir porqué, pero hay algo, una sospecha inexplicable, que lleva a pensar que esa persona querida no es ella realmente. Y de hecho no lo es, pues ha sido sustituido por una ente alienígena, una réplica perfecta nacida de una enorme vaina vegetal. Paulatinamente, estos seres van extendiéndose y usurpando el lugar de todos los habitantes, salvo el de los héroes de la historia, que les harán frente.

Esto, sin incurrir en el spoiler por lo popular del argumento, lo veremos una y otra vez, desde entonces, en el cine, las series de TV, los libros, los cómics... y es que, para comenzar, debemos citar el papel seminal, fundacional, que tiene Los ladrones de cuerpos. Un nuevo concepto en el género fantástico y una vuelta de tuerca al terror. Porque el horror ya no procede de monstruos, criaturas terribles, seres sobrenaturales, magia o maldiciones milenarias, sino de nosotros mismos. Los protagonistas ya no van al encuentro del horror, sino que es este el que surge a su alrededor, en forma de sus familiares, amigos y vecinos. Estamos ante el terror psicológico en una de sus manifestaciones más crueles: la de la paranoia, el terror a lo conocido, el no poder confiar en nadie, en saberse solo y, lo que es peor, cambiar de rol para convertirse en el monstruo, en la amenaza a erradicar, en el diferente (idea que más tarde veremos en Soy Leyenda de Richard Matheson o en The Tommyknockers de Stephen King).


Esta sensación de paranoia, de terror constante que transmite la novela se ve beneficiada por la ambientación que le imprime Jack Finney, y que logra introducirnos en la historia y sentir la angustia y la desesperación de los protagonistas, sintiéndose solos y sin nadie a quien recurrir ni pedir auxilio. Si eres fácilmente impresionable, llegarás a pasarlo mal a medida que el círculo se cierra en torno a los héroes y aumentan su aislamiento y su incomunicación.

El estilo narrativo de Finney es ágil, de lectura ligera, aunque se permite detenerse en descripciones, no demasiado extensas pero tampoco sucintas, introducir elementos secundarios en la trama e incluir muchos diálogos. En su día fue publicada en tres partes, y se nota su intención folletinesca cuando deja las situaciones en suspense para ser retomadas en la siguiente entrega.

Narrada en primera persona por su protagonista, el médico Miles Boise Bennell, quien incluso ofrece una detallada descripción de si mismo, tiene el esquema típico de la novela de acción, y es inevitable y necesario compararla, como ya anticipamos, con otra obra muy similar: Amos de títeres de Robert A. Heinlein, que fue publicada cuatro años antes, en 1951.  

Grandes clásicos de la industria editorial: ¿Sacan la peli?, reeditamos el libro.
 ¿No hay peli? mátate a buscarlo y que te tomen por loco en las librerías. 

El argumento es muy similar, aunque en Amos de títeres las babosas parasitaban a los humanos y tomaban el control de su mente, mientras que en Los ladrones de cuerpos las vainas directamente los eliminan y suplantan. La primera ocurre a escala planetaria e involucra a los Gobiernos mundiales y a los ejércitos, pero la segunda ocurre a escala local. Ahora sí, comparten la denuncia del macartismo y del ambiente de psicosis y paranoia que creó en la sociedad norteamericana de los años 50, con una caza de brujas que llevó a todos a sospechar de todos, al miedo a expresarse, a ser denunciado, a relacionarse con personas susceptibles de ser comunistas por las posibles represalias... Si bien Heinlein era un crítico feroz y encarnizado que atacaba absolutamente todo: el militarismo, el machismo, el planteamiento de la propia literatura de acción y aventuras, con personajes deliberadamente planos y estereotipados, pecaba -como comentaba con mucho acierto Joshua BedwyR en los comentarios de aquella reseña- de poca sutileza en su crítica, dando la sensación de que hablaba en serio y por tanto provocando que mucha gente no las pillase, la crítica de Finney es más leve, menos incisiva, y aún así más palpable, es más evidente su postura.


A pesar de ello, Finney (según lo que he podido leer a propósito de esto) afirmó que su única intención era divertir y distraer, crear una historia entretenida, sin intenciones de denuncia. Tal vez lo dijo por miedo, tal vez sea cierto y la gente quiso ver una crítica que no existía. 


Lo que es innegable es que se trata de un argumento apasionante, y una trama con interés, llevada con oficio y dominio del ritmo narrativo por parte de Finney. Si contrastamos de nuevo con Amos de títeres la encontramos más literaria, con unas formas más cuidadas. Dentro de la Ciencia-Ficción la encuadraría en la vertiente blanda, por el poco peso de los aspectos científico-técnicos en el texto, y por el poco rigor de las explicaciones físicas a la forma que tienen las vainas de desplazarse por el universo. Tampoco le he aplicado la etiqueta de Anticipación por estar ambientada en el presente de su época y no mostrar avances tecnológicos ni proyectar posibles futuros.

Para terminar el cuerpo central de la reseña, y aunque [casi] siempre recomiendo los libros que aquí os traigo, el de hoy lo hago con especial hincapié a los que seáis aficionados a la Ciencia-Ficción, al Terror y/o al Fantástico, porque leerlo ayuda a comprender todo el género que vino después, y se entiende que tenga la consideración de gran clásico y joya que atesora. 


Adaptaciones:

A falta de una, cuatro fueron las adaptaciones cinematográficas que tuvo esta novela. La primera sólo un año después de su publicación, en 1956, dirigida por Don Siegel y protagonizada por Kevin McCarthy y Dana Wynter. Titulada Invasion of the body snatchers fue traducida literalmente en España como La invasión de los ladrones de cuerpos


Esta primera versión tuvo un remake en 1978, dirigido por Philip Kaufman y protagonizado por Donald Sutherland, Brooke Adams, Leonard Nimoy, Jeff Godlum y Veronica Cartwright. Pese a titularse igual que la original, en España fue retitulada como La invasión de los Ultracuerpos. Como curiosidad, Kevin McCarthy y Don Siegel, protagonista y director de la cinta del 1956, hacen sendos cameos. 



Tiene algunas diferencias con la versión original, como que la acción se traslada de la pequeña localidad californiana a la ciudad de San Francisco, o que el final difiere. Estas dos primeras adaptaciones están consideradas obras imprescindibles del cine fantástico y de terror, y la imagen de Donald Sutherland que viene a continuación es todo un icono del cine:


En 1993, el irregular director Abel Ferrara retomó la historia para servir una cinta con hechuras de Serie B que llevó por título Body Snatchers: The invasion continues (En España Secuestradores de cuerpos) y ubicó la acción en una base militar de Alabama. Los protagonistas, interpretados por Terry Kinney y Meg Tilly pasan a ser padre e hija en vez de pareja. Ferrara optó por acercarse al gore y se recrea en escenas de los cuerpos en transformación, cubiertos por hebras y filamentos vegetales.


La cuarta versión, a cargo de Oliver Hirschbiegel, data del año 2007 y tuvo a Daniel Craig y Nicole Kidman en sus papeles principales. Bautizada simplemente como The Invasion (traducida en España como Invasión) se lleva la acción a Washington, siendo al igual que en la película de 1978, el personaje principal psiquiatra y no médico. Veronica Cartwright hace un cameo como paciente del protagonista.


Y sin ser una adaptación oficial, el director tejano Robert Rodriguez quiso homenajear al ya clásico del terror y el fantástico en su The Faculty, de 1998, en la que Elijah Wood, Jordana Brewster, Piper Laurie (la trastornada madre de Carrie) y Salma Hayek, entre otros, pueblan un instituto de secundaria donde los profesores son suplantados por alienígenas. No fue demasiado bien tratada por la crítica, pese a ser muy entretenida y estar por encima en calidad a los habituales filmes de terror para adolescentes, y fue objeto de polémica porque los alumnos consumían una droga casera que permitía reconocer a los suplantadores. 


En un momento de la película, Stokely, que cumple el cliché de chica rarita del grupo (gótica, inteligente e introvertida, marginada por sus compañeros)  afirma que Los ladrones de cuerpos es una copia descarada de Amos de títeres.

Aún con todos los estereotipos, a mí me pareció la mejor de la peli, proclamo.

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9 de enero de 2014

La banda de los musulmanes - Chester Himes

El asesinato a tiros de un hombre blanco en Harlem parece, en principio, fácil de resolver, pero se irá complicando de forma inexplicable para Grave Digger y Coffin. Un viajante de refrescos que no es lo que parece, un buscavidas, un proxeneta, una pistola de fogueo y una banda juvenil, a la que pertenece la hija de Coffin, harán que los dos detectives negros más implacables del barrio tengan que emplearse a fondo para solucionar el caso.


Publicada en 1959, La Banda de los Musulmanes (The Real Cool Killers) es una novela de Chester Himes, a quien conocimos en la reseña de su Por amor a Imabelle.

Es un hard boiled en toda regla, con todos los componentes del género, y una novela negra con mucha acción y desarrollo policíaco-detectivesco, que muestra además una importante carga de crítica social.

[Antes de nada, comentar que en esta traducción, Sepulturero Jones y Ataúd Ed Johnson recuperan sus nombres originales: Grave Digger y Coffin Ed, y esos serán por tanto los que usaré en la reseña. El narrador se refiere a las personas de raza negra como de color, pero en los diálogos, éstas se refieren a ellos mismos con el término negro.]




La Banda de los Musulmanes es la tercera entrega del Harlem Cycle, la serie de novelas policíacas ambientadas en el barrio neoyorquino de Harlem, y protagonizada por los detectives de raza negra Grave Digger Jones y Coffin Ed Johnson. Si en la primera entrega tienen un papel secundario, ahora, como apunté arriba, pasan a ser los protagonistas, y su investigación será el leiv motiv de la trama. 

Para comenzar, creo importante destacar el mentado carácter hard boiled de la obra. Pensemos que era una literatura concebida para ser vendida en kioscos, en ediciones baratas (los famosos paperbacks), destinada al consumo masivo y a un público que buscaba el entretenimiento y la distracción. El formato y las leoninas exigencias de las editoriales en cuanto a ritmos y volumen de entrega condicionó en gran modo el contenido y el estilo literario de sus autores, aunque estos hicieron de la necesidad virtud, y se las arreglaron para darle a sus obras un calado mayor del esperado. Veamos:

Todo arranca con un elemento discordante: Un blanco llamado Ulysses Galen en un bar de Harlem, durante la noche. Su presencia provoca un sangriento altercado y, una vez en la calle, es tiroteado y muere, en un tumulto en el que intervienen Sonny Pickens (un buscavidas) y una banda de jóvenes ataviados como musulmanes, con turbantes y barbas, llamados en la traducción Los auténticos musulmanes fríos. Hasta el lugar del crimen se desplazan veloces como el rayo Grave Digger y Coffin. Los presuntos culpables huyen y la investigación comienza. 

Una portada muy hard boiled para una novela hard boiled

Para relatarnos esta investigación y para desarrollar la trama, Himes se sirve de un estilo simple pero descriptivo. Muy veloz, permite leer a una velocidad de vértigo. Limitado, como dije, por el formato, presenta una novela breve, que gracias a lo adictivo de su estilo y a lo interesante de la trama, hace que se consuma rápidamente, y si nuestro afán en sólo el entretenimiento, pasar un rato divertido y leer una buena historia de detectives, con mucha acción, violencia, peleas, muertes, tiroteos y un punto de sexo como mandan los cánones del hard boiled, veremos nuestras expectativas más que cumplidas.

Pero ya dije que Himes (como Hammett, Chandler, ...) fue más allá, y aprovechó sus escritos, como el presente, para realizar tanto un fino retrato sociológico de su entorno como una acerada crítica social [Esta es una de las mayores satisfacciones que me produjo descubrir la novela negra americana, su carácter crítico]. Y es que el Harlem por el que se mueven Grave Digger y Coffin es un barrio poco acogedor. Bares no demasiado recomendables, bloques de viviendas miserables donde se hacinan los vecinos; prostitutas, macarras [en España: proxenetas], bandas de delincuentes juveniles, borrachos agresivos, buscavidas sin oficio conocido... La crítica de Chester Himes no es victimista ni maniquea. No hablamos de pobres personas de raza negra y de malísimos blancos que los marginan y los explotan. Los habitantes de Harlem que recorren las páginas de estas novelas no son ningunos santos, aunque es más que evidente que son, muchas veces, fruto de sus circunstancias. De igual manera, el autor muestra el carácter de reducto, de ghetto que posee Harlem. Un hombre blanco no tiene, sencillamente, lugar allí, y su presencia provoca, tarde o temprano, problemas.

La crítica se extiende a los medios de comunicación y al tratamiento que hacen de los acontecimientos luctuosos que se cuentan en la novela, pero eso ocurre al final del libro, por lo que no hablaré demasiado del tema para no desvelar detalles, pero en resumen la perspectiva de los periódicos es bastante tendenciosa.

Vemos igualmente como los locales, pese a estar frecuentados por gente de raza negra, pertenecen muchas veces a propietarios de raza blanca, e igualmente son blancos los policías (los ya celebérrimos policías irlandeses a los que me referí en otras reseñas), siendo Grave Digger y Coffin unas particulares excepciones. Su rareza provoca, como ya presentó Himes en su anterior novela, que deban emplearse a fondo para imponer respeto entre sus vecinos, que sienten desprecio por los policías negros. Y en verdad los dos se granjean el respeto y el miedo tanto por sus brutales métodos como por la aparatosa artillería que portan y la eficacia con la que la manejan. 

Me ha gustado que Himes prestase atención a un tema, que ya en 1959, era preocupante, y hoy me parece que sigue siéndolo: el de las bandas de delincuentes juveniles, representadas aquí por estos «Los auténticos musulmanes fríos», que ya muestras los típicos elementos de identificación. Vestimenta, ritos de iniciación, enemistad con otras bandas, portar armas, consumo de drogas... en el argumento vemos que cumplen un papel socializador, sustituto de la familia para varios de sus miembros, y los peligros que conlleva el modo de vida de estas agrupaciones. El hecho de que, como indica la sinopsis, la hija de Coffin Ed forme parte de la banda es una aliciente más de la novela y un elemento que le aporta mucha tensión, de lo que tampoco hablaré más. 

Como novela negra que es, y como ya comenté, contiene altas dosis de violencia (al menos, a mi juicio, el género noir debe ser violento) tanto física como emocional. Además de muertes, amputaciones de miembros, golpes, navajas, revólveres y secuestros, tenemos la oportunidad de acompañar a Grave Digger y ser testigos de sus métodos de investigación (Coffin Ed tendrá menos presencia en la obra, por circunstancias), tan lejanos de las elegantes, metódicas y frías deducciones de Sherlock Holmes o Hercules Poirot. Si en otras reseñas vimos que los detectives de la novela negra no se paran ante nada y son hombres de acción que patean calles y garitos buscando información, Grave Digger es la quintaesencia de este violador de madres (término que usa la traducción para trasladar el motherfucker que aparece no pocas veces en el texto) y es capaz de amenazar (y cumplir sus amenazas), golpear, intimidar y coaccionar para lograr lo que busca. Y conseguirlo. 

En esta ocasión, la añeja portada de "Circulo del Crimen" me
parece estupenda, y además relacionada con el texto

Dije, y no me olvido, que el sexo (y la perversión del mismo), siguiendo el espíritu hard boiled, está también presente. Pues el comercio del sexo, la explotación sexual de las jóvenes negras, es un pilar muy importante de la trama y explica las motivaciones de varios personajes y el porqué ocurren determinados acontecimientos. Asoma aquí también la crítica social, tanto en esta trata de blancas propiamente dicha, como en la actitud del entorno social en el que se desenvuelve, incluso por parte de los implicados, y yo al menos me quedé perplejo, aunque de nuevo me recuerdo que todos somos fruto de nuestras circunstancias. Pero de nuevo prefiero no incurrir en el spoiler, mejor que lo leáis vosotros mismos. 

Para concluir y no extenderme, sólo citar, por último, que Himes maneja, a la vez, varias líneas de acción paralelas, lo que le proporciona a la novela un carácter muy cinematográfico, pero que pese a ello no se hace en absoluto complicada de seguir, pues tienes claro en todo momento lo que está ocurriendo y, lo que es más importante, cuándo está ocurriendo. Yo al menos no encontré ningún fallo de continuidad, y estas distintas unidades de acción simultáneas enriquecen mucho el conjunto final de la obra.


Ha inspirado el nombre de dos bandas musicales. El trío de jazz The real cool killers:


Y la veterana banda de punk-rock francesa Real Cool Killers:


Que podéis escuchar en Myspace (sí, aún existe) o en Youtube, donde incluso hay algún documental sobre ellos de la tele francesa.

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