9 de julio de 2014

La casa en el confín de la Tierra - William Hope Hodgson

Resumen: Dos jóvenes, de vacaciones en Irlanda, encuentran un manuscrito entre las ruinas de una antigua casa. En él, un narrador anónimo conocido como "el recluso" relata sus vivencias en la enigmática casa, que comienzan con la aparición en su subsuelo de unas espantosas criaturas humanoides de aspecto porcino, continúan con el hallazgo de un insondable pozo bajo la edificación, y que se extienden con el viaje astral del recluso a lo largo del Universo, en una odisea de millones de años, en la que asiste al nacimiento y a la muerte de soles y mundos, y que le llevan desde los confines del cosmos de vuelta a la casa, confundiéndose sueño y realidad.


Publicada en 1908, La casa en el confín de la Tierra, La casa en el confín del Mundo, o La casa en el límite, según traducciones (The house on the borderland) es obra de William Hope Hogdson, el escritor, marino, culturista y héroe de guerra británico que ya conocimos en la reseña de su "Los piratas fantasmas".

Es una novela de terror, misterio y género fantástico, que anticipa lo que más tarde se denominará horror cósmico.



Es inevitable, para comenzar a hablar de William Hope Hodgson, hacerlo por los tres tópicos que lo anteceden: Maestro de H.P. Lovecraft, Pionero del Horror Cósmico y Gran desconocido en España.

Que, de una forma un otra, son verdad en gran medida. La impronta de Hogdson en el estilo y el planteamiento literarios del gran genio de Providence es evidente, y éste jamás lo negó (más aún, podemos agradecerle la preservación y difusión de la memoria de Hogdson, evitando un olvido aún mayor del que ya padece). El enfoque cósmico, al menos en esta novela, también es un hecho. Sobre la tercera, Hodgson es un autor olvidado en todo el mundo en general y, simplemente, España no es una excepción, algo agravado por las tardías y escasas traducciones que existen de su obra. Sumémosle que ésta tampoco es demasiado extensa, aún menos si la comparamos con la de los prolíficos Poe, Lovecraft, Hawthorne, Ashton Smith, Howard... su muerte en una explosión de granada durante la Primera Guerra Mundial, con apenas 42 años, fue la causante de la brevedad de su bibliografía. 


¿De qué trata La casa en el confín de la Tierra? En primer lugar, es un «relato enmarcado», o sea, una historia dentro de otra, recurriendo al viejo truco literario de «el manuscrito encontrado», con el que el autor intenta dar verismo y credibilidad a su narración, que sería «real». Así, dos jóvenes aristócratas de vacaciones en la Irlanda de finales del S. XIX, llamados Tonnison y Berreggnog, llegados una aldehuela misérrima conocida como Kraighten, encuentran, en las ruinas de un caserón, los restos de un manuscrito. Está escrito en primera persona por el habitante de la casa, llamado simplemente "el Recluso", y relata unos acontecimientos sobrenaturales, extraordinarios, que incluyen la aparición de abominables criaturas inhumanas y un viaje por el tiempo y el espacio hasta la muerte de nuestro Sol y, con él, de nuestro Sistema Solar. Hodgson sería, tal como plantea la novela, un simple editor del manuscrito, haciendo algunas anotaciones y poco más. Para darle más sensación de autenticidad, incluso detalla aquellos pasajes ilegibles por la mala conservación del texto, dando a entender que está incompleto. 




La casa en el confín de la Tierra está dividida, pese a no especificarlo así, en dos partes claramente diferenciables. En la primera, el recluso relata su visión onírica de una gigantesca explanada rodeada de altos riscos, en la que se hallan enormes estatuas de piedra, que representan a monstruosas deidades tanto terrestres como desconocidas para nosotros. Tras despertar de su ensoñación, tendrá una serie de enfrentamientos con unas criaturas impías (ahora hablaremos de este adjetivo), antropomorfas pero de rasgos porcinos, llamadas cosas-cerdo, que surgen del subsuelo de la casa. El recluso descubre que existe un pozo subterráneo bajo la construcción, de una oscuridad inescrutable, y que parece ser el origen de los monstruos.

La segunda parte, más extensa, comienza con el recluso convaleciente por su lucha contra las cosas-cerdo, encerrado en su estudio. Allí emprende un viaje astral, de tono onírico y cósmico, que se va dilatando a medida que el tiempo pasa más y más deprisa, y mientras ve como el mundo a su alrededor se convierte en polvo, viaja por el universo durante evos, asistiendo a fenómenos astronómicos, que culminan con la muerte de nuestro Sol y el final de nuestro mundo, millones de años en el futuro. A la par, es testigo de horrores pavorosos, descubre el origen de las cosas-cerdo y ubica en un mundo extraterreno, dominado por un sol negro, la explanada que vislumbró al principio de la narración.




Más horror cósmico no se puede. La casa en el confín de la Tierra fue una influencia fundamental y una inspiración evidente para la creación, por parte de H.P. Lovecraft, de sus Mitos de Chutlhu y de todo el universo de inenarrables horrores cósmicos, de dioses y criaturas más antiguas que el propio universo, abyectas e inasequibles para la mente humana, al menos sin perder la cordura. 

Además de esta atmósfera y de la ambientación, son más los elementos que conceden a Hodgson los galones de maestro de Lovecraft: La narración en primera persona; la ausencia casi total de diálogos, las exclamaciones a modo de monólogo interior; la idea del hombre solo enfrentado a horrores más allá de sus capacidades; y un estilo enumerativo en el que priman los adjetivos como impío (el favorito de su alumno), espantoso, horrible, terrible oscuro, complementados con el uso continuado de adverbios terminados en -mente, hasta cuatro en algunos párrafos. 

"Y había otros seres, allá entre las montañas. Más lejos, reclinada sobre una altísima cornisa, distinguí una masa lívida, grotesca y espantosa. Parecía carecer de forma, a excepción de un rostro inmundo y semibestial que miraba, repugnante, desde su centro más o menos."

Y así con todo, Lovecraft es un modelo mejorado y evolucionado con respecto a Hodgson. Lovecraft era un escritor «de método». Más que escribir, elaboraba los textos con una precisión matemática, como quien compone un producto químico siguiendo una fórmula, respetando concienzudamente los pasos, calibrando cantidades y proporciones al milímetro. Por contra, el texto de Hogdson, aunque apasionante en muchos pasajes, y especialmente brillante en la parte cósmica-onírica, tiene algunos errores de continuidad, y más de un anacoluto, que serían impensables en su alumno aventajado. Parece como si el autor fuera incorporando elementos argumentales a medida que los necesitase, como que el recluso cite, de repente, que en el pasado había tenido una amada, y ésta aparezca en la historia. 




Aun con sus defectos narrativos, lo más destacable de esta novela es su ambientación opresiva, su atmósfera terrorífica, su sensación agobiante. Y, sobresaliendo por encima de todo, el viaje onírico del recluso a través del universo, descrito de una manera muy gráfica y transmitiendo la imagen de un cosmos mortecino y languideciente. 

"Por primera vez observé que un sinfín de rayos de una tonalidad sutil, violeta, taladraban la extraña semioscuridad en todas direcciones. Brotaban del borde ígneo del Sol Verde. Parecían aumentar sensiblemente, de forma que poco después descubrí que eran incontables. Y que llenaban la noche… irradiando del Sol Verde en abanico. [...] Gradualmente, mientras miraba, me di cuenta de que eran atravesados por unos puntitos de luz intensamente brillantes. Muchos parecían desplazarse del Sol Verde hacia el espacio. Otros salían del vacío, hacia el sol; pero cada uno de ellos se mantenía estrictamente en el rayo por el que se desplazaba.[...] A cierta distancia del sol, se convertían en finas líneas de fuego vivido dentro del violeta."

Tal vez la portada más ilustrativa, con el sol negro y
la explanada rodeada de estatuas monstruosas

En esa misma línea, son de tener en cuenta sus descripciones de las criaturas horrorosas que pueblan la narración, como las citadas cosas-cerdo, porque lo cierto es que Hodgson logra transmitir el asco, la náusea, la repugnancia que le producen su visión y su presencia al recluso. Particularmente, en unos pasajes del libro narrados en presente, consigue contagiar al lector de la ansiedad y la desesperación que está padeciendo el narrador:

Es un enorme, brumoso rostro de cerdo, en el que fluctúa un resplandor llameante de verdosos matices. Es la Entidad de la Arena. De su boca temblona parece gotear una baba continua, fosforescente. Sus ojos observan el interior de la estancia con expresión inescrutable. De modo que yo permanezco en mi butaca, rígido…, helado. [...] Un nuevo horror se ha adueñado de mí. Me levanto de la silla, sin propósito alguno. Estoy de pie, y algo me impulsa a dirigirme hacia la puerta que da acceso a los jardines. Quiero detenerme, pero no puedo. Una fuerza inexorable domina mi voluntad, y avanzo lentamente, sin quererlo, resistiéndome. Mi mirada vaga por la habitación, y se detiene en la ventana. El enorme rostro de cerdo ha desaparecido; y oigo de nuevo el mismo ruido furtivo: pad, pad, pad. Se detiene en la puerta…, la puerta hacia la que me siento atraído…

Es, pesa a su estructura algo confusa y a sus notables errores de narración, una novela recomendable, sobre todo pensando en lo que debió suponer en su época, y en el papel que tuvo para definir la literatura de terror a la que precedió. La idea central de la casa como límite del mundo material, de la tierra que conocemos, y nexo de unión con otros mundos, con otras dimensiones (aunque no se citen así), y como puerta de entrada a la realidad racional de criaturas arcanas y antinaturales, supone un punto original e innovador para aquel entonces, y anticipa sin duda alguna la literatura fantástica posterior, tanto la de H.P. Lovecraft como la del resto de autores de su famoso círculo

Por su antigüedad, es una novela libre de dominio público, por lo que puede descargarse y leerse sin ningún tipo de restricciones.

Esta novela forma una trilogía denominada «Trilogía del abismo», junto a Los piratas fantasmas y Los botes del Glen Carrig. El orden de lectura es indistinto, porque no tienen otro nexo de unión que su concepción del horror, el tener un planteamiento de la fantasía y el misterio muy similar, pero no comparten personajes, escenarios ni secuencia cronológica. La publicó Valdemar Gótica en una edición excelente.



En el año 2003, el sello Vértigo, perteneciente a la editorial DC Comics, publicó una adaptación a este medio, dibujada por un grande del género fantástico y de terror, que los viejos seguidores de revistas como Creepy o Eerie conocerán bien: el mismísimo Richard Corben. 




Considerado como uno de los mejores dibujantes del género, está acompañado aquí por Simon Revelstroke como guionista, y Alan Moore como prologuista. Un punto a favor del resultado, pues Corben nunca brilla con el mismo fulgor en los guiones que con los lápices.



La adaptación es algo libre, y si bien respeta la idea principal de Hodgson, incluye ciertas muchas licencias, tomándose Revelstroke muchas libertades a la hora de reformular el argumento. 

OTROS LIBROS DE WILLIAM HOPE HODGSON EN KINDLEGARTEN:




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2 comentarios:

  1. Nos ha parecido demasiado "onírica" para nuestro gusto, la verdad. Tenemos pendiente Los piratas fantasmas, a ver qué tal.

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