3 de junio de 2014

El nombre del mundo es Bosque - Ursula K. LeGuin

Una parábola sobre el colonialismo, que transcurre en el planeta Athshe, más de un millón de años en el futuro. El Gobierno Terráqueo ha establecido en él una colonia maderera, y lo ha rebautizado como Nuevo Tahití. Está habitado por un pueblo de humanoides primitivos y pacíficos, llamados Athsihianos o Esvis, aunque los colonizadores los llaman Creechis y los emplean como mano de obra esclava, sometiéndolos a abusos, tratándolos con crueldad y sin respetar su cultura ni modo de vida. La relación de los Athsihianos con los bosques de su planeta es muy estrecha, pero los terráqueos los deforestan sin control. Davidson, uno de los humanos, violento, colonialista convencido y con un profundo desprecio por los nativos, viola y mata a la mujer del creechi Selver y después lo golpea causándole graves cicatrices. Tiempo después, Selver organiza una revuelta en la que mueren doscientos terrícolas y su ciudad es destruida. Tras ello, la relación entre ambas especies se vuelve difícil y la escalada de violencia va en aumento, mostrando que las diferencias entre colonos y nativos son insalvables. 


Publicada en 1976, El nombre del mundo es bosque (The word for world is forest) es obra de Ursula Kroeber LeGuin, la escritora (narrativa, poesía y ensayo), doctora en filología, traductora, primera mujer nombrada Grandmaster de la SWFA y una de las autoras de Ciencia-Ficción más reconocidas, de la que ya hablamos en la reseña de su Los Desposeídos

Se ubica dentro de la Ciencia-Ficción blanda, con una evidente intención de reflexionar sobre aspectos sociales, que predominan sobre los científico-técnicos; y de la Anticipación, por su ambientación futurista. Puede verse también como una novela de aventuras, por su desarrollo.


Antes de nada, y sin ser ninguna autoridad en traducción, quisiera decir que el título en castellano habría sido más acertado si fuese más literal: La palabra para mundo es Bosque.

Esta es la sexta entrega de la saga Ekumen, pero no preocuparse, pues son libros independientes, y pueden leerse en el orden que se prefiera. Veamos el panorama que nos presenta:

Cien millones de años en el futuro, la diáspora de los terráqueos por todo el Universo ha propiciado la aparición de numerosas especies de humanoides, y los términos «Humano» y «Hombre» ya no definen únicamente al homo sapiens. En este escenario, los viajes interplanetarios a velocidades cercanas a la luz han creado una sociedad universal, que administra el Gobierno Terráqueo. El planeta Athshe, a veintisiete años-luz de la Tierra, es un boscoso mundo en el que viven los Esvis, unos humanoides de un metro de altura, cubiertos de pelo verdoso y que llevan una existencia primitiva. Se agrupan en comunidades de pocos individuos, se comunican por el tacto y dominan el sueño lúcido, que llaman tiempo-sueño y distinguen del tiempo-mundo, siendo que ambos conforman su experiencia vital. Totalmente pacíficos, han desarrollado recursos para evitar la violencia, como el canto ritual que sustituye a los combates, o el respeto por las peticiones de clemencia, que se manifiestan a través del lenguaje corporal. Viven en absoluta comunión con su mundo y sus bosques. 


Pero los humanos de origen terrícola se asientan en Athshe, al que rebautizan como Nuevo Tahití, y crean una avanzada, una colonia maderera en la que deforestan los bosques sin control ni mesura, sustituyendo las superficies taladas por cultivos. Además tratan a los esvis -a los que se refieren como creechis [ignoro si el término tiene en inglés alguna connotación]- como animales de carga, haciéndolos trabajar en condiciones de extrema dureza, sin respetar sus ciclos naturales de sueño (lo que los trastorna psicológicamente), hacinándolos en infraviviendas y aprovechándose de su innata docilidad. 

Uno de los humanos al cargo es el capitán Don Davidson, un hombre que representa la mentalidad colonialista, pues se arroga una especie de «derecho natural» a la explotación y el expolio de los recursos del mundo colonizada, y el desprecio por la sociedad colonizada y por sus miembros, a los que no considera humanos ni sujetos de derechos (LeGuin nos desgrana sus pensamientos y a mí al menos me hizo sentir auténtica repulsión por él).

A él se contrapone el capitán Raj Lyubov, que se acerca a los creechis con una perspectiva casi antropológica, aprende sus costumbres y su lenguaje, respeta su modo de vida y se asegura de que sea respetada, mostrándose abiertamente en contra del maltrato y la explotación de los nativos por parte de los colonos, y prohibiendo a los terrícolas que cacen los ciervos que suponen el sustento de los locales. Su papel nos recuerda al momento a la figura de los defensores de los derechos de los indígenas, como el Padre Bartolomé de las Casas en la América española o de Fray Rosendo Salvado, su homólogo en Australia. 


El tercer personaje destacable es Selver, el creechi que Davidson golpeó en el pasado causándole graves heridas que le dejaron el rostro marcado, tras violar a su mujer y causarle la muerte. Selver encabezará la revuelta de los creechis en la que asesinarán a doscientos terrícolas y quemaran su ciudad, convirtiéndose en un dios para sus congéneres. Representa la inocencia moral trastornada por la violencia y la toma de decisiones en contra de los propios principios, forzada por la puesta de una persona al límite de su capacidad de tolerancia al sufrimiento y a la injusticia. Personalmente me evocó a líderes de la resistecia anticolonialista como Lautaro, Tupac Amaru o Shaka Zulú.

«Hablé con la gente que se ocultaba allí en los cenagales. Todos sentíamos mucho miedo y una inmensa cólera, y no sabíamos cómo librarnos de tanta angustia. Por fin, después de largas conversaciones, y de mucho soñar, con un plan cuidadosamente preparado, fuimos allí a la luz del día y matamos a los yumenos de Kelme Deva con flechas y lanzas de caza, y quemamos la ciudad y las máquinas. No dejamos nada.»

La falta de sensibilidad de Davidson y gran parte de los terráqueos hacia los creechis y su planeta procede, como LeGuin resalta, de su incapacidad para comprenderlos, y de la falta de empatía, de capacidad para «ponerse en el lugar del otro». Se percibe además el deseo de autonomía y de independencia, por parte de los dirigentes de la colonia, de gobernar ésta sin interferencias de la metrópoli. Me resultó muy interesante en ese aspecto el rechazo de Davidson hacia la instalación, por parte del Gobierno terráqueo, de un ansible, el dispositivo que permite la comunicación instantánea en todo el Universo [la gran invención de LeGuin, que otros autores como O.S. Card adoptaron para sus obras], pues lo que es una ventaja evidente, para él supone una injerencia, una intromisión del Gobierno en la manera que la colonia tiene de resolver sus asuntos. La indignación de Davidson llega al extremo cuando dos representantes del Gobierno, desplazados en la nave Shackleton [hermoso homenaje al gran explorador de la Antártida] ni siquiera son humanos (es decir, terrícolas en la mentalidad de Davidson).


Aunque sin duda el gran motor de la historia es la confrontación entre las dos especies. Resulta curioso y paradójico, ya que ambas razas se consideran humanas a sí mismas, pero niegan la condición humana del otro, basándose en una idea idéntica: "no son humanos porque no son como nosotros". 

«Tal vez entre ellos sean las mujeres las que sueñan, ¿quién sabe? Son primitivos, Selver. Están locos. 
—Un pueblo entero no puede estar loco. 
—Pero sólo sueñan cuando duermen, dijiste; ¡si quieren soñar despiertos toman venenos y no pueden gobernar lo que sueñan! ¡No puede haber locura mayor! No saben distinguir el tiempo-sueño del tiempo-mundo, no más que un bebé. ¡Tal vez cuando matan a un árbol creen que volverá a vivir!»

Es decir, la concepción de uno mismo por oposición al otro, una idea de la otredad que emana del relativismo y la dialéctica de Hegel, y que se ha estudiado ampliamente desde la filosofía y la antropología: Soy blanco porque «el otro» es negro. Soy occidental porque «el otro» es oriental. Soy creyente porque «el otro» es ateo. Es decir, es la otredad lo que nos define, sin la figura de «el otro»no concebimos nuestra propia identidad, que es mutable en función de con qué «otro» la opongamos. Lo dicho, relativismo puro.  


La Dra. LeGuin ha elaborado con mimo la figura de los athsihianos/esvis/creechis (a la que tal vez haya que achacarle que caiga en el mito del buen salvaje, hoy refutado sin paliativos), resultando en unas criaturas curiosas con algunos detalles fascinantes como su lenguaje dual, donde cada palabra tiene doble significado, por ejemplo la palabra «bosque», que también significa «mundo», por ello comenté más arriba que la traducción literal del título hubiese sido más correcta.  

Una interesante incursión en la semiología, la interpretación y construcción del mundo y de la realidad a partir del lenguaje, mostrando cómo este puede ser un instrumento de poder: cambiando el nombre nativo del planeta y sus habitantes, los terráqueos están apropiándose de ellos. Es el hombre quien crea el mundo al darle nombre, como ya dice la Biblia en el libro del Génesis; idea que entronca con la importancia crucial que el pedagogo brasileiro Paulo Freire concedía a la alfabetización y a la posesión del lenguaje por parte de los pueblos oprimidos, como materia de base para la construcción de su realidad y su liberación. [Cómo me lío yo solo, no?]

«[...]Endtor, Abtan y sobre todo Athshe, que significaba el Bosque, y el Mundo. De modo que tierra, terra, tellus significaba a la vez el suelo y el planeta, dos significados y uno. Pero para los athishianos el suelo, la tierra, no era el lugar adonde vuelven los muertos y el elemento del que viven los vivos: la sustancia del mundo no era la tierra sino el bosque. El hombre terráqueo era arcilla, polvo rojo. El hombre atlishiano era rama y raíz. Ellos no esculpían imágenes de sí mismos en la piedra; sólo tallaban la madera…»


Por otra parte, El nombre del mundo es bosque, además de su carácter de Ciencia-Ficción y Anticipación, por estar ambientada en un mundo alienígena futurista, posee una trama que podemos catalogar dentro de la novela de aventuras, mostrándonos un mundo de avanzada, una sociedad de frontera que podría ser la América española, la India británica o el Congo belga, cualquier colonia en la que una potencia europea expolia a la población local y esquilma sus recursos, negándoles además el autogobierno y la propia soberanía. Los abusos y la extrema crueldad de los humanos terráqueos pondrán al límite el aguante de los nativos, a los que un líder, en este caso Selver, guía a una sanguinaria revuelta (la destrucción del campamento terrícola y muerte de los colonos evoca la Noche triste mexicana).

La figura de Selver, un dios para los suyos, cautiva por su complejidad, pues para enfrentar a los terráqueos y liberar a su pueblo de la opresión, debe renunciar a su naturaleza, a su identidad y a su cultura. O lo que es lo mismo, la confrontación entre ambas razas no es impermeable, y la mera presencia de los terrícolas en Ashthe/Nuevo Tahití ya ha transformado para siempre a los creechi, que aprenden a matar. El asesinato, desconocido para ellos hasta entonces, les muestra que pueden matar a un terráqueo, pero con ello que también pueden matar a un congénere. De nuevo el mito del buen salvaje inocente, bondadoso, ingenuo y virtuoso, corrompido por la civilización moderna, ambiciosa, degenerada y codiciosa. 

La traducción italiana, peor incluso que la española

En lo literario, la obra está marcada por el estilo ameno de la autora, con mejores mimbres de los habituales en la Ciencia-Ficción, y por un ritmo ni trepidante ni lento en exceso. Permite la reflexión pero tiene las suficientes escenas de acción (no demasiado tensas tampoco, la verdad) para resultar entretenido y leerse con agilidad. Las descripciones son concisas pero claras, breves pero permiten ubicar personajes y escenarios. Lo más logrado por LeGuin es el haberle dado a cada personaje su personalidad y su voz, siendo como ya comenté algo desagradable estar en la mente de Davidson, y la mayor tensión de la novela procede de esos pasajes:

«Pero ellos no sabían lo que era la lealtad. Un perro, un chimpancé se habría quedado rondando en las cercanías. Estas alimañas no tenían ni siquiera ese nivel de desarrollo, eran como las víboras o las ratas, apenas lo bastante astutos como para darse la vuelta e hincarle a uno los dientes tan pronto como los dejaba salir de la jaula. Ding Dong estaba loco de remate, dejar a todos esos creechis sueltos en la vecindad. Arrojarlos como basura que eran en Isla Triste para que se muriesen de hambre, ésa hubiera sido la mejor solución.»

Athsihiano - Esvi - Creechi [fuente]

Como conclusión, decir que es una novela con múltiples niveles de lectura, como la Ciencia-Ficción en general y la Dra. LeGuin en particular nos tienen acostumbrados. Puede leerse y disfrutarse como una simple historia sobre el choque entre dos mundos, uno «civilizado» y otro «primitivo» y las dramáticas consecuencias que sus diferentes cosmogonías tiene para la parte más débil, en este caso los nativos esvis. 

Datos de interés:

El nombre del mundo es bosque ganó el Premio Hugo en 1972 en la categoría de Novela Corta. La versión definitiva de 1976, que analizamos aquí, es una ampliación de la original; lo que se llama un fix-up, que es muy común en la Ciencia-Ficción como ya comenté alguna vez, por ser publicadas sus historias de manera habitual primero en revistas y después como libro.

El argumento y el escenario de El nombre del mundo es bosque son una clara inspiración para la película Avatar, de James Cameron. 

OTROS LIBROS DE URSULA K. LEGUIN EN KINDLEGARTEN:


- Los desposeídos


Compártelo:

4 comentarios:

  1. otra autora que hace rato tengo apuntada para leer!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo espero leerme al menos su saga "Ekumen" entera y después (o durante) su "Terramar".

      Eliminar
  2. Hace rato que quería disfrutar este texto tuyo y al hacerlo por fin, me doy cuenta que que como siempre eres una máquina de leer y escribir (o sea, que me quedan pendientes varios escritos tuyos que le suceden). Por otro lado, si bien hace años que me fascina esta autora (he leído mucho de ella), saber lo fascinante que es este libro, gracias a ti, me doy cuenta del pecado de omisión que cometí al no comprar esta novela a un precio muy barato cuando pude hacerlo. Mañana leeré más de ti, que ganas no me faltan.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me halagas Elwin, gracias como siempre por tus comentarios. Yo seguiré leyendo a esta autora, pues es muy poco lo que he leído de ella hasta ahora, pero por lo menos quiero completar su saga Ekumen.

      Eliminar

Y tú, ¿Qué opinas?

SUSCRIBIRSE POR CORREO

Recibe las actualizaciones en tu e-mail

Archivo

Seguir en las redes