22 de mayo de 2014

Tatuaje - Manuel Vázquez Montalbán

Hoy es otro de esos momentos que mezclan alegría y tristeza, porque con esta reseña concluye el reto de lectura "12 novelas negras", que lanzó Patricia en su blog "Losrelatosdepatri". Para ello, he querido dejar para el final la que considero la mayor y más relevante aportación española al género negro. Sirve además como presentación de Pepe Carvalho, un personaje que es ya parte del bagaje cultural español, y que ha inspirado el nacimiento de otros detectives de ficción. Vamos a verlo:


Título: Tatuaje

Autor: Manuel Vázquez Montalbán. Escritor (novelista, poeta y ensayista), periodista de prestigio, dramaturgo y gastrónomo (escribió varios obras sobre cocina). Militante comunista, padeció prisión por su actividad política. Durante el franquismo publicó bajo varios pseudónimos. Varias calles y plazas españolas llevan su nombre, entre ellas una en su Barcelona natal. Ganó entre otros el Premio Nacional de Narrativa en 1991 y el Premio Nacional de las letras españolas en 1995. El Colegio de Periodistas de Cataluña otorga desde 2004 el Premio Internacional de Periodismo Vázquez Montalbán. Y desde 2006, el Ayuntamiento de Barcelona concede el Premio Pepe Carvalho a escritores de novela negra.

Año de publicación: 1974

Género literario: Es un novela negra, policíaca y de intriga, del subgénero detectivesco, que por su violencia y su crudeza se vincula directamente con el pulp y el hard boiled estadounidenses. Como es propio del género negro, realiza una dura crítica social, empleando la ironía y un sentido del humor muy cínico. 

Resumen: Barcelona, principios de los 70. Un hombre aparece muerto flotando en la playa, con el rostro desfigurado. Tiene un tatuaje en el hombro con la leyenda "He nacido para revolucionar el infierno". El propietario de una peluquería del barrio chino contrata al detective Pepe Carvalho para que averigüe la identidad del fallecido. Las investigaciones de Carvalho le trasladarán a Amsterdam y terminarán por destapar un caso de implicaciones mayores de las previstas, que llevan a la policía de Barcelona a peinar el barrio chino, clausurar locales y hacer arrestos masivos, por lo que Carvalho se involucrará en el caso más allá del simple deber de su encargo. Paralelamente a la trama, el autor realiza un retrato cáustico y crítico de la sociedad española de la época.


[Nota para evitar confusiones y malentendidos: A lo largo del texto usaré varias veces la expresión "barrio chino", que consta en la novela. En España, tradicionalmente, el "barrio chino" de una ciudad no designa un lugar donde se concentra la población de procedencia china, sino al barrio (o barrios) donde se encuentran los prostíbulos y locales de baja estofa, frecuentado y habitado por prostitutas y otras gentes del lumpen: proxenetas, ladrones, timadores, buscavidas, matones... así como la clientela del negocio del sexo, que en las ciudades con mar eran, en tiempos, mayoritariamente marineros, por estar estas zonas cerca de los puertos. El barrio chino de Barcelona, hoy ya muy regenerado y recuperado, fue quizá el más famoso de España, retratado numerosas veces en libros, películas, series, canciones...]

Para comenzar, debo llamar la atención sobre un hecho curioso: "Tatuaje" no es la primera novela de Pepe Carvalho, sino la segunda. La primera,de 1972, se titula "Yo maté a Keneddy" y no la escogí como presentación porque no es, a mi juicio, una novela negra. Y no sé qué es. Puede describirse como un ejercicio de arte y ensayo, una curiosidad intelectual, una muestra de la vasta cultura y formación política del autor, pero no es una historia noir, al menos hasta las últimas páginas. Delirante, barroca, manierista, decadente... Podéis leer las reacciones a ella en Goodreads.

"Tatuaje" enderezaría el rumbo del personaje y sería el principio de una trayectoria de treinta años, sólo interrumpida por el repentino fallecimiento de su autor en el año 2003. Deja perfilados los rasgos principales del detective:

- Su origen gallego. Carvalho es, en efecto, un apellido gallego, que significa "roble", aunque escrito con la grafía portuguesa. En la grafía gallega actual (adaptada de la castellana) sería Carballo [Cuando el personaje fue creado, el gallego aún no era lengua oficial y no se había establecido su ortografía. Como dato curioso, mucha gente lo pronuncia "carvalo"]

"Carvalho se puso a despotricar en gallego contra la familia y la madre que la parió."

- Su pasado en la CIA (que se anticipó en "Yo maté a Keneddy"), con destinos en Estados Unidos, Amsterdam o Bangkok, que abandonó cuando iba a ser ascendido y destinado en Colombia, para regresar a España.

- Su estancia en prisión.

- Su desatada pasión por la gastronomía y su carácter de gourmet amante de la buena cocina, los vinos y los cigarros puros. Algo que comparte con su autor.

- El no leer la prensa, y atesorar más de tres mil libros. En "Tatuaje" inaugura su costumbre de quemar un libro en la chimenea (que enciende incluso en verano) cada día.

- Y su carácter apolítico, cínico y distanciado de cualquier postura, opinión, movimientos sociales o partidos.

Se presentan asimismo otros personajes que serán habituales en su entorno, como su novia Charo (o más adecuadamente, la Charo), una prostituta de cierta categoría con la que mantiene una relación abierta, o su confidente El Bromuro, un limpiabotas que está al tanto de todo lo que ocurre en el barrio chino. [Biscúter, su ayudante, aparecerá en un título posterior.]


En lo literario, "Tatuaje" es un hard boiled que bebe de clásicos como Raymond Chandler (que junto a su personaje Philip Marlowe son citados varias veces), pero no impostado, sino aclimatándolo a su momento y a su lugar: la España -en concreto Barcelona- de las postrimerías de la dictadura franquista, con el régimen agonizante (lo que se llamó "la dictablanda") y un profundo cambio social en ciernes. Es una novela ágil, aunque no frenética, que atrapa el interés del lector y que resulta amena, con una trama elaborada con acierto y que resulta interesante y, a mi criterio, poco predecible, salvo algún hecho puntual. Montalbán usa un lenguaje sencillo pero pulcro, pulido, y no abusa de la adjetivación. Los diálogos son fluidos, y me ha gustado en especial cómo cada personaje tiene su propia voz, su propio modo de expresarse. 

Contiene escenas de acción, con una cierta violencia, y Carvalho tiene enfrentamientos físicos en varias ocasiones, incluida una pelea a puñetazos con el chulo de una compañera de profesión de Charo, y sorprende que el detective porte siempre una españolísima navaja, arma propia de los ambientes lumpen y que era de uso muy común hasta no hace mucho [mi madre, sin ir más lejos, llevó una en el bolso durante años].

"Medió Charo. Carvalho señalaba con un brazo la puerta de la calle al chico. Las facciones del joven malva se habían relajado, daban paso a una sonrisa de camorra presentida. Carvalho valoró sus manos bastante grandes llenas de anillos aparatosos. 
—Métete la bisutería en el bolsillo y largo. 
—A ver si te la meto en la boca. 
Carvalho pareció desentenderse de su amenaza anterior, pero se revolvió de pronto y le pegó al otro con el canto de la mano en el cuello. Retrocedió el muchacho un paso con las manos en la garganta y ya Carvalho le machacaba la boca con un derechazo y un izquierdazo. Ni los gritos de la novia ni el rugido de Charo le contuvieron. Carvalho cayó sobre el encogido cuerpo, le agarró los cabellos y lo tiró contra la pared."

Vázquez Montalbán, comunista activo y militante, emplea su novela para una acerada crítica social, que se ceba en especial con la burguesía catalana, y muestra a lo largo de toda la novela un sentido del humor ácido y mordaz. El retrato social y político tiene casi tanto peso en el conjunto como la investigación de Carvalho, aunque el autor sabe hacerlas transcurrir paralelas e ir de la mano para que una no interrumpa la otra, es decir que la intriga no se vea cortada.

"Miró de reojo a la muchacha cordero a la plena luz de la pizzería y comprobó que no era ni fea ni guapa, sino todo lo contrario. Es decir, había conseguido esa contraimagen neutra con la que las mujeres emancipadas se defienden de la imagen de mujer objeto. Habían conseguido su propósito de deserotización. Pero Carvalho profetizaba que acostumbrarían a sus partenaires masculinos a una nueva convención y que en un futuro próximo las mujeres objetos irían disfrazadas de antimujer objeto o de mujer antiobjeto."


Lo mismo ocurre con el retrato social que nos muestra: el barrio chino con sus meublés (hoteles de habitaciones por horas) y sus chulos (proxenetas) autóctonos que explotaban a una o dos mujeres, hoy reemplazados por las mafias organizadas y los clubes de carretera; las redadas policiales a gran escala; el desarrollo inmobiliario descontrolado de Barcelona, que crearía barriadas enteras al abrigo del cinturón industrial; las mismas barriadas que destrozarían las drogas años después, y que en esta novela empieza a asomarse; la actividad política subterránea, con los partidos aún en la clandestinidad; o la imagen de país subdesarrollado y tercermundista que España tenía ante el resto de Europa, y que se observa en el viaje de Carvalho a Amsterdam.

Para mi gusto personal, Montalbán crea con Carvalho un personaje atractivo, con personalidad, pintoresco y con esa curiosa capacidad para moverse con comodidad en cualquier ambiente, ya sea en el local más exclusivo o en el más sórdido rincón del barrio chino. 

"Para aquel hombre alto, moreno, treintañero, algo desaliñado a pesar de llevar ropas caras de sastrería del Ensanche, pasear morosamente entre los puestos era una de las escasas juergas que permitía a su espíritu cada tarde que abandonaba los barrios de Charo para volver a su madriguera, en las laderas del monte que preside la ciudad."

Y con un método deductivo minucioso, metódico, casi científico. Montalbán huye de los golpes de efecto como las corazonadas o la intuición. La investigación de Carvalho es creíble: interrogar, recabar información, ordenarla, contrastarla...

"Tejió una primera y posible historia de la relación entre el hombre muerto y su cliente. Alguna complicidad unía a los dos hombres. Carvalho trató de alejar mentalmente esta hipótesis. Sabía por experiencia que lo peor en una investigación era partir de una hipótesis. Puede condicionar el proceso de acceso a la verdad e incluso desviarlo."

Aunque lo que más disfruté del personaje fue su implicación con el caso que se encarga, que se convierte para él en un reto personal, en el que sus honorarios pasan a un segundo plano, y que resuelve por la mera satisfacción profesional. El toque noir viene además de que Carvalho no busca justicia, y ni tan sólo se plantea compartir sus descubrimientos con la Policía o ponerla en la pista de los culpables del asesinato del hombre misterioso, ni juzga las motivaciones de su cliente o de los actores de los hechos. Todo lo que lo muestra, en resumen, como un detective "de raza".




El planteamiento clásico de la novela (Introducción, nudo y desenlace) y la presentación de los hechos de manera ordenada, la convierten en una lectura fácil y perfecta igual como distracción que como retrato social, que viene marcado como ya comenté por la mirada ácida de Vázquez Montalbán:

"Sin la caricaturesca melena, Teresa recuperaba una identidad incuestionable de hija de la alta burguesía, con las facciones bien cultivadas por la buena alimentación, la higiene regularizada y una libertad de expresión que presta al rostro la serenidad del acróbata que trabaja con red. La Charo trabajaba sin red desde que había nacido y Carvalho le adivinaba a veces el rictus canalla de quien se defiende matando o el miedo de quien teme las caídas. El esquematismo del rostro proletario es el de las cariátides: o la risa o el llanto. El rostro de la Marsé tenía la placidez lógica de toda materia que se sabe homologada en todo tiempo y lugar."

Y dónde el autor sólo se permite detenerse en los pasajes referidos a la gastronomía, con descripciones casi poéticas de las sensaciones que experimenta Carvalho cuando come o bebe:

"Se aplicó sobre el gigot ya sin restricciones sicológicas. Una carne bien cocida es ante todo un placer táctil que agradece la cueva del paladar. El gigot braseado es el menos historiado de todos los gigots que uno puede comer. No tiene la campechanía patatoide y ajudiada del gigot a la paisana, pero tampoco el trompeteo tantas veces falsificado del gigot de corzo o el paisajismo del gigot con espinacas. Un gigot braseado es ante todo carne bien cocida y bien aromatizada. El Borgoña, aplastados sus aromas contra la delicada pielecilla del paladar, convertidos en humo avinado que embotaba las narices de Carvalho, parecía un terciopelo fluido que le secaba las llagas abiertas por el roce de la carne."

Adorable edición pulp

Pasados cuarenta años de su publicación, "Tatuaje" tiene además un gran valor documental, pues muestra la impresionante transformación social que ha experimentado España en este tiempo. Por ejemplo algo tan aparentemente banal como el tatuaje que luce el fallecido, y que sirve a Carvalho como pista para averiguar su identidad. Entonces los tatuajes aún era algo restringido a marineros, legionarios y gente "de mal vivir", y en Barcelona había apenas dos o tres tatuadores, además de edad avanzada y semiretirados. Hoy el tatuaje está tan socialmente aceptado y extendido que el bueno de Carvalho tendría que ir por otros derroteros para solucionar su caso.

En resumen, "Tatuaje" me parece la mejor opción para adentrarse en el mundo de Pepe Carvalho. Recomiendo saltarse "Yo maté a Kennedy" e ir directamente a por este hard boiled hispano, atrapador y muy entretenido. Sugiero también leer las aventuras del detective gallego respetando el orden de publicación de las mismas, pues Vázquez Montalbán, al igual que hizo Chandler con Marlowe, hace que el tiempo pase por su personaje a medida que sus historias van viendo la luz, y a través de los casos de Carvalho va transcurriendo también la historia reciente de España. 


Más datos de interés: Las obras derivadas de las novelas de Vázquez Montalbán son abundantes. Veremos las principales, espero podáis perdonarme que en esta ocasión no sea demasiado exhaustivo:


"Tatuaje" fue adaptada al cine en 1976 por el director español Bigas Luna, con Carlos Ballesteros como Pepe Carvalho y Pilar Velázquez como Charo. 



En 1986, una Televisión Española con muchas menos ataduras que la actual produjo una serie titulada "Las aventuras de Pepe Carvalho", de ocho episodios, con Eusebio Poncela como Carvalho:


La serie gozó de una cierta popularidad, y Eusebio Poncela, un actor de procedencia teatral, pasó a ser el rostro de Pepe Carvalho para muchos espectadores.

En 1999, otra miniserie de seis episodios, de producción hispano-italiana, contó con el actor catalán Juanjo Puigcorbé en el papel del detective:


Actor que encarnaría nuevamente al investigador gallego en otra miniserie, una coproducción catalana-francesa-gallega, que se estrenó en la televisión catalana en el 2003. Supongo que estaría previsto que la emitiese también la televisión de Galicia, pero tal cosa nunca ocurrió.

Y como detalle nostálgico, citar que en la era dorada de los videojuegos españoles, en un ya lejano 1988, la época de los ordenadores de ocho bits, Carvalho protagonizó un videojuego de la entonces puntera empresa española Dinamic, publicado por su filial AD (Aventuras Dinamic), especializada en aventuras conversacionales. 


Basado en la novela homónima "Los pájaros de Bangkok", nos permitía encarnar al personaje y buscar a su amiga Teresa Marsé (la misma que aparece en esta "Tatuaje").

Las "aventuras conversacionales" consistían en una serie de pantallas fijas en las que nos mostraban los acontecimientos mediante textos, y nosotros teníamos que TECLEAR la acción que queríamos llevar a cabo. La continua devolución del mensaje de error "No te entiendo" podía llegar a ser desesperante.

Eran otros tiempos y jugábamos así

Y conviene citar otros homenajes que recibieron autor y personaje, como que el detective Cayetano Brulé, creado por el chileno Roberto Ampuero tenga un gran parecido físico con Vázquez Montalbán; o que el célebre autor de novela negra italiano Andrea Camilleri bautizase a su inspector de policía siciliano, amante de la buena mesa, con el nombre de Montalbano

Así llegamos al final de la reseña de hoy, y también al final del reto de lectura "12 novelas negras". Agradezco a Patricia Mariño el haber lanzado este reto, que me ha permitido descubrir un género que apenas había pisado y en el que era un completo ignorante. He descubierto autores fascinantes y he disfrutado de lecturas muy productivas. Ahora me tomaré unos días libres para intentar escribir un poco sobre una idea que lleva tiempo en el cajón, y a partir de la próxima reseña KindleGarten se dedicará durante un tiempo a la Fantasía, el Terror y la Ciencia-Ficción. Nos leemos!



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6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Es todo un clásico, yo me había leído varios suyos hace mucho tiempo, sin orden, pero ahora lo he disfrutado mucho más, porque estaba con la mente más dispuesta. Me encanta que sea gallego :D

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  2. Hola, me encantaría que me dieras tu opinión acerca de mi blog, es nuevo. Gracias por tu tiempo.

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    1. Hola! me paso a verlos. Gracias por tu visita. Saludos!

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  3. Con esta entrada nos han entrado ganas de retomar las novelas de Pepe Carvalho.

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    1. Yo voy a ir leyéndolas con calma, pero esta vez en orden de publicación, porque hace un montón de años me leí unas cuantas así al tuntún, sin saber que el personaje evolucionaba y reflejaba el paso del tiempo.

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