16 de mayo de 2014

Primavera con una esquina rota - Mario Benedetti

Para la penúltima escala del viaje por la hispanidad que ha sido el reto "12 Iberoamericanos" nos detendremos en ese pequeño gran país que es Uruguay. Con tres millones y medio de habitantes, ha sido cuna de un considerable número de escritores y todo tipo de artistas [por no hablar de un interminable ejército de futbolistas] y es una de las diez naciones del mundo que más cuidan su medio ambiente. Patria de acogida para muchos gallegos, que ahora pertenecen a ambos mundos por igual, dicen "ché", son del Dépor y del Peñarol y hacen igual de bueno el pulpo que el churrasco. Lo veremos, como no, a través de uno de sus autores más conocidos e internacionales, famoso para el gran público por sus aforismos y por frases extraídas de sus obras (muchas veces totalmente descontextualizadas, dicho sea de paso), que pueblan muros de Facebook y TLs de Twitter de medio planeta. Vamos allá:


Título: Primavera con una esquina rota.

Autor: Mario Benedetti. Escritor prolífico con más de ochenta obras publicadas, que incluyen la narrativa (novela y cuentos), la poesía y el ensayo. Grabó sus poemas tanto en solitario como acompañado por el cantautor uruguayo Daniel Viglietti, con quien actuó en el espectáculo conjunto "A dos voces" [que tuve la suerte de presenciar en A Coruña]. Doctor Honoris Causa por las universidades de Alicante, Valladolid y La Habana. Atesoró otros reconocimientos como ser Ciudadano Ilustre de Montevideo, la Condecoración Francisco de Miranda y la Orden de Saurí, Primera Clase (máximos galardones a las artes y las letras otorgados por Venezuela y el Salvador respectivamente) y una extensa lista de premios literarios que incluyen el Premio Internacional Menéndez Pelayo de la UIMP, el Premio Reina Sofía de poesía Iberoamericana, el Premio Iberoamericano Jose Martí o el Morosoli (dos veces, Plata y Oro).

Año de publicación: 1982

Género literario: En un drama realista, de reparto coral, alternando diferentes narradores en primera y en tercera persona. Tiene componentes del género epistolar, pues uno de sus personajes relata su parte en forma de carta. Pese a predominar el drama, posee una cierto corte romántico y muestra un sentido del humor muy negro e irónico, como vía de escape contra la dureza de los hechos que describe. Asimismo, es una novela autobiográfica, al contener episodios de la vida del propio autor, relatados por él mismo. 

Resumen: La dramática e injusta situación padecida por los represaliados de la dictadura uruguaya, a través de la historia personal de varios de ellos. Los propios protagonistas cuentan los hechos en primera persona, siendo Benedetti uno más, pues narra su experiencia personal como exiliado, primero en Perú y después en Cuba. Los personajes principales son Santiago, preso político en la cárcel de máxima seguridad de Libertad; y su familia, exiliada en otro país americano: su mujer Graciela, su hija Beatriz y su padre Rafael. Rolando, un amigo suyo, se encuentra también en el exilio. Santiago intercambia cartas con Graciela y con su Padre, en las que les hace confidentes de su sufrimiento, de la nostalgia de su compañía y de sus ansias de ser libre. Mientras, Graciela y Rafael padecen el extrañamiento y el desarraigo del exilio, afrontan sentimientos encontrados e intentan adaptarse a su nueva vida. La pequeña Beatriz, con sus razonamientos infantiles, aporta la ternura y el humor entrañable que ayudan a sobrellevar la crudeza que Benedetti imprime a su texto.


Hagamos memoria. Uruguay padeció una férrea dictadura militar, que arrancó con el golpe de Estado de 1973, y comenzó a morir en 1980 cuando un órdago del Gobierno, en forma de referendo para la reforma constitucional y con ello la legitimación y perpetuación del régimen, le salió rana, se saldó con un 57% de "NO" y con el inicio de la transición a la democracia. Entremedias quedaron el ensañamiento y las represalias a los militantes de los partidos de izquierdas, que incluyeron prisiones, torturas, interrogatorios, asesinatos, desapariciones y exilios, tanto interiores como exteriores. 

Este es el escenario en el que transcurre "Primavera con una esquina rota", que Benedetti dedica a la intrahistoria, es decir la realidad vista a través de las experiencias individuales de las personas que vivieron los acontecimientos históricos, y cómo éstos les afectaron y condicionaron.


Para ello, recurrirá a una novela coral, en la que las diferentes perspectivas de otros tantos personajes, entre los que se incluye él mismo como uno más, terminan por conformar un todo y de esa manera mostrarnos todos los aspectos de la trama, desde la visión de todos los implicados, pues lo importante, lo destacable, es asistir a los distintas maneras de vivir la situación por cada uno de ellos, sus sentimientos y sus reflexiones, componiendo un mosaico que sólo está completo conociendo la realidad de cada protagonista. 

La estructura del libro es curiosa. Benedetti titula los capítulos en función del personaje que los protagoniza, acompañados de un subtítulo que lo completa. Los narrados por Santiago se titulan "Intramuros" (cuando se encuentra en prisión) y "Extramuros" (cuando sale de ella). Los dedicados a Rafael son denominados "Don Rafael"; los correspondientes a Graciela y su entorno son "Heridos y contusos"; los protagonizados por Rolando serán "El otro", mientras que aquellos que responden al título de "Beatriz" son los monólogos interiores de las pequeña; y los correspondientes a terceros personajes, incluído Benedetti, se intitulan "Exilios". Se van alternando a lo largo del libro y mantienen una proporción equilibrada. 

El autor emplea diversas técnicas narrativas, dándole al libro un aire variado y a mi juicio bastante original. Santiago (cuyo nombre no sabremos al principio, hasta que sea citado por su esposa Graciela) se encuadra dentro del género epistolar, pues estamos leyendo las cartas que le envía a sus familiares en el exilio, desde la cárcel en la que se encuentra encerrado como preso político. Don Rafael es un narrador en primera persona, mientras que las tribulaciones de Graciela en "Heridos y contusos" se nos relatan en tercera persona por un narrador no omnisciente. "Exilios" emplea la primera persona cuando es el mismo Benedetti quien cuenta sus recuerdos personales, y la tercera con narración omnisciente cuando se centra en otros personajes. "El otro" usa diversos puntos de vista, y "Beatriz" recurre al monólogo interior. Resulta llamativo, por último, el estilo atropellado, sin signos de puntuación, de "Extramuros", donde los pensamientos de Santiago se agolpan sin orden, para reflejar su excitación por verse libre y su ansia por reunirse con los suyos. 

Penal de Libertad (Uruguay) en la actualidad

A través de este collage de testimonios conoceremos tanto la dura realidad cotidiana de Santiago en su celda de Libertad, su lucha por mantener la cordura, las secuelas físicas y mentales de las torturas e interrogatorios a los que fue sometido, su esperanza de verse libre, sus deseos de reunirse con su familia, sus recuerdos y sus deseos; como la no menos duras odiseas de Graciela y Don Rafael, que si bien se encuentran libres y llevan una vida normalizada (ella es secretaria en una empresa, él profesor universitario), padecen el exilio forzoso y afrontan tanto la nostalgia como remordimientos y sentimientos atormentadores.

"Lo esencial es adaptarse. Ya sé que a esta edad es difícil. Casi imposible. Y sin embargo. Después de todo, mi exilio es mío. No todos tienen un exilio propio. A mí quisieron encajarme uno ajeno. Vano intento. Lo convertí en mío. ¿Cómo fue? Eso no importa. No es un secreto ni una revelación. Yo diría que hay que empezar a apoderarse de las calles. De las esquinas. Del cielo. De los cafés. Del sol y, lo que es más importante, de la sombra. Cuando uno llega a percibir que una calle no le es extranjera, sólo entonces la calle deja de mirarlo a uno como a un extraño. Y así con todo. Al principio yo andaba con un bastón, como quizá corresponda a mis sesenta y siete años. Pero no era cosa de la edad. Era una consecuencia del desaliento. Allá, siempre había hecho el mismo camino para volver a casa. Y aquí echaba eso de menos. La gente no comprende ese tipo de nostalgia. Creen que la nostalgia sólo tiene que ver con cielos y árboles y mujeres. A lo sumo, con militancia política. La patria, en fin. Pero yo siempre tuve nostalgias más grises, más opacas."

Porque esa es la sensación que me transmitió "Primavera con una esquina rota". Voy a permitirme robarle a Miyu, de "Forbidden Planet" su expresión "Tsunami de feels", por lo bien que ilustra los sentimientos que produce Don Mario con su libro. La amargura que supone para el exiliado saberse un privilegiado con respecto a aquellos que cumplen prisión o que simplemente han muerto o desaparecido. Los remordimientos, la culpabilidad de no haber sufrido tortura o de haber sobrevivido a ella, siempre con "el otro" en mente. Culpa y dolor que se acrecientan y magnifican en Graciela, a medida que el amor que siente por Santiago se diluye, mientras que él se mantiene firme en el suyo por ella. El extrañamiento y la frialdad provocados por la lejanía, por la separación, que llegan al límite del sufrimiento cuando se involucre sentimentalmente con Rolando, amigo íntimo de Santiago. 

"Es una historia vieja, o mejor dicho una vieja señal: el sobreviviente de un genocidio experimenta una rara culpa de estar vivo. Y acaso quien, por alguna razón válida (no tengo en cuenta las razones indignas) consigue escapar a la tortura, experimente cierta culpa por no ser torturado."


[recital completo "A dos voces", de Daniel Viglietti y Mario Benedetti, en el año 2002]

Y sin embargo, entre toda la marea de dolor, irrumpe el humor como piedra de salvación. Un sentido del humor delicioso, fino, agudo y definitivamente negro, ese humor surgido del padecimiento y la amargura. Desconozco si es propio de los uruguayos en general o si era parte de la personalidad de Benedetti, pero ayuda a suavizar en gran medida la aspereza del tema. El autor recuerda así su expulsión de Perú:
"De pronto noté que ambos se habían dormido. Roncaban tan apaciblemente que me quité los zapatos para que mis pasos sobre la moquette no turbaran su sueño. Tuve una hora y media para arreglar mucho mejor la maleta, y el ducto del incinerador de basura tuvo bastante trabajo.Al cabo de esa hora y media, me puse nuevamente los zapatos y sacudí discretamente al inspector: «Perdone que lo despierte, pero si soy tan subversivo como para que me echen del país, por favor no se duerman y vigílenme». El inspector me explicó que lo que pasaba era que estaban trabajando desde temprano y estaban muy cansados. Dije que comprendía, pero que yo no tenía la culpa."
Alamar, a quince km. de La Habana, Cuba, en donde residió Benedetti en su exilio

El texto es emotivo y rebosa lirismo. La capacidad de Benedetti para emocionar es más que resaltable, y la combinación de crudeza y ternura lleva el estilo hasta la prosa poética. Lo cierto es que muchas de sus frases te suenan por haberlas leído antes, aunque es en su contexto donde ganan todo su sentido. Pese a su extensión, que no es excesiva, he subrayado gran cantidad de párrafos, y muchas de las sentencias que el autor pone en boca de sus personajes recuerdan a sus versos satíricos, microrelatos y refranívocos:
"Dios da pan al que no tiene dientes, pero antes, mucho antes, le dio hambruna al que los tenía. Linda trampa la de Dios. Después de todo, los refranes populares son algo así como un curriculum divino. Se armó la de Dios es Cristo: virulencia y furia. Dios los cría y ellos se juntan: conspiración y acoso. Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César: repartija y prorrateo. Como Dios manda: prepotencia e imperio. Dios pasó de largo: indiferencia y menosprecio. A Dios rogando y con el mazo dando: parapoliciales, paramilitares, escuadrones de la muerte, etc. Cuando Dios quiera: poder omnímodo. Dios nos libre y nos guarde: neocolonialismo. Dios castiga sin palo ni piedra: tortura subliminal. Vaya con Dios: malas compañías."
Mención aparte merece la figura de Beatriz, que añade al sentido del humor todo el candor y la inocencia de una niña de diez años, y con sus razonamientos nos conmueve y nos hace reír.
"Cuando hay un apagón en los ascensores de rascacielos cunde el pánico. En mi clase cuando llega la hora del recreo cunde la alegría. El verbo cundir es un hermoso verbo."
En sus soliloquios, Benedetti disfraza de inocencia duras puyas a la situación que viven los exiliados y a aquellos que la provocaron, y en general al mundo de los adultos.
"Jamás hay que decir viejo sino anciano. Un niño de mi clase dice que su abuela es una vieja de mierda. Yo le enseñé que en todo caso debe decir anciana de mierda". 
Frente al dolor sordo y permanente de Graciela y Don Rafael, se opone la nostalgia limpia e inocente de la pequeñita Beatriz, para quien su padre es una figura lejana e idealizada de la cual no guarda prácticamente recuerdo. 
"Yo digo que es una lástima que entre los millones de gentes que hay en este país no esté por ejemplo mi papá."
Pero aún con toda la amargura del texto, con todo el dolor que transpira, el libro contiene un mensaje de esperanza, que da sentido a su título. La primavera es una metáfora de la libertad que se estrena, tanto la de Santiago cuando salga de Libertad, como la de toda la nación uruguaya, que para Benedetti debe partir de todos aquellos jóvenes educados en libertad, que deben construir la nación del futuro.
"¿Cuántos de esos que antes vimos militando cojonudamente en La Teja o en Malvín o en Industrias, y hoy vemos en París, junto al Sacré-Coeur, o en el Ponte Vecchio florentino, o en el Rastro de Madrid, tendidos junto a productos artesanales que ellos mismos han moldeado o tejido, cuántos de esos muchachos y muchachas, de vaga sonrisa y mirada lejana, no habrán visto, meses o años atrás, cómo caían a su lado los camaradas más queridos, o no habrán oído gritos desgarradores desde la celda nauseabunda y contigua? ¿Cómo juzgar justicieramente a estos neopesimistas, a estos escépticos prematuros, si no se empieza por entender que sus esperanzas han sido abruptamente mutiladas? ¿Cómo omitir que a estos jóvenes, segregados de su medio, de su familia, de sus amigos, de sus aulas, se les ha suspendido su humanísimo derecho a rebelarse como jóvenes, a luchar como jóvenes? Sólo se les dejó el derecho a morir como jóvenes."

En particular es hermosa la escena en la que los exiliados uruguayos residentes en Alamar, Cuba, se enteran del triunfo del "NO" en el referendo de 1980, y lo celebran durante toda la noche recorriendo el lugar con banderas, cantando y bailando tangos, la música que tan bien refleja la triste alegría, o la alegre tristeza, de ser feliz pese a los golpes de la vida. Como dice la pequeña Beatriz:

"Cuando venga la amnistía vamos a bailar tangos. Los tangos son unas músicas tristes que se bailan cuando uno está alegre y así vuelve a ponerse triste." 

Es difícil de explicar la marea de sentimientos encontrados que produce esta novela, y la "montaña rusa" de emociones a la que somete al lector, y personalmente me dejó un punto de amargura el final hacia el que precipita a los protagonistas, quedándome muy dolido por el sufrido Santiago. Con todo, rescato también el discurso esperanzador y de ánimo que Benedetti desea aportar. Como dice su famoso poema, musicado en su día por Joan Manuel Serrat: "Defender la alegría".


Y a modo de conclusión, quisiera destacar también la importancia documental que tienen a día de hoy los libros como éste. Escrito en 1982, en plena transición democrática, con la liberación de los presos políticos, el retorno de los exiliados y Uruguay decidiendo si se amnistiaban o no los delitos cometidos durante la dictadura, desde nuestra óptica actual nos permite conocer mejor aquella realidad y a sus protagonistas, y tomar conciencia de la situación que vivieron, de los desmanes cometidos y de lo que supusieron los regímenes totalitarios que sacudieron Iberoamérica a lo largo del siglo XX. Algo a lo que los españoles no somos ajenos, pues también estuvimos servidos con la dictadura de Francisco Franco, que todavía mantiene España partida en dos y que mientras agonizaba aún tuvo tiempo de cometer unos fusilamientos que fueron nuestra vergüenza ante todo el planeta:




Más datos de interés: "Primavera con una esquina rota" gozó de varias adaptaciones teatrales, la primera de ellas del año 1984, a cargo de la compañía chilena Ictus Teatro.




Y en el momento de escribir esto, la compañía amateur asturiana Syntexto y el colectivo artístico Desencajados están representando un montaje basado en la misma obra, con bastantes actuaciones por toda Asturias, y que no me importaría ver si deciden dar un pequeño saltito de apenas dos horas y venir hasta su vecina Galicia.


Mientras tanto hay un tráiler en Youtube:




Y así, son asomarnos más que por encima a una obra tan profunda, lo suficiente para dar una idea de su contenido y de la idea que Benedetti quería transmitir, llegamos al final de la reseña de hoy. Espero haberos animado a conocer a un autor que es mucho más que frases bonitas circulando por las redes sociales, y cuyo estilo emotivo y conmovedor puede cautivar al más insensible. Como le gritó un paisano suyo desde la platea del Teatro Colón de A Coruña, en aquel lejano 1998: "¡¡Sos grande, Mario!!" Os espero en la próxima reseña, para visitar Colombia. Nos leemos!
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6 comentarios:

  1. Yo lo leeré seguro, porque es Benedetti y escribio uno de mis cuentos favoritos que se llama "La noche de los feos"

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    1. No lo conozco, pero seguro que leeré más cosas suyas, porque me ha cautivado la mezcla de ternura, humor y tristeza que tiene su estilo. En verdad su forma de escribir es como un tango :)

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  2. Me lo he leído. Me encantó. Siempre me gusta lo que escribe Benedetti. Impresionante tu reseña! un beso

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    1. Yo reconozco que es la primera novela suya que he leído, sólo conocía poemas y algún cuento, pero espero leerme más. Ya he visto en tu blog que hay un reto de lectura con sus obras :) Gracias y saludos!

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  3. hermoso libro, en donde se refleja desde una mirada distinta la dictadura, y el dia a dia de personajes cotidianos, en donde en primera persona expresan sus pensamientos, sus sentires. y como de manera distinta su vida tuvo que readaptarse.

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    1. En verdad lo es. Siempre me ha gustado la intrahistoria, la historia contada desde la vida de las personas anónimas, y en este libro Benedetti logra un retrato triste pero hermoso de esas víctimas de la dictadura, y la amargura pero también los anhelos de la vida en el exilio.

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