7 de mayo de 2014

Casino - Nicholas Pileggi


La relación entre el crimen organizado y la prosperidad de la ciudad de Las Vegas, su época de máximo esplendor (los años 70) y la caída de la mafia como gestora y principal beneficiaria del negocio del juego, motivada por sus propios errores y por una operación del FBI sin precedentes en la historia de la nación. 


Publicada en 1994, Casino. Amor y Honor en Las Vegas (Casino. Love and Honor in Las Vegas) es obra de  Nicholas Pileggi. Escritor estadounidense experto en el mundo de la mafia y hombre de cine: Es guionista, productor y productor ejecutivo. En 1990 ganó el Oscar al mejor guión adaptado por Goodfellas (en España Uno de los nuestros) basado en su propia novela Wiseguy.

Por su argumento, sus personajes y su ambientación se puede definir como una novela negra y criminal, y por su planteamiento literario se ubica en la non-fiction novel, con un estilo periodístico que alterna diferentes de narradores en primera persona y ofrece gran cantidad de información y datos concretos.  

Casino se centra en la historia personal de Frank Roshental El Zurdo (Lefty en el original), un apostador profesional y experto pronosticador deportivo. Al ser judío no puede pertenecer a la organización mafiosa, y por ello es escogido por los capos de Chicago para dirigir en la sombra el casino Stardust, que han comprado a través de créditos del entonces todopoderoso Sindicato de Camioneros, mientras que al frente se sitúa un hombre de paja llamado Allen Glick. «El Zurdo» se casa con Geri McGee, una oportunista, hermosísima y de indomable carácter, que trabaja como bailarina y acompañante de jugadores y está obsesionada con el dinero. Geri sigue enamorada de Lemmy Marmor, su novio de juventud y padre de su hija Robin. Posteriormente, su amigo y compañero de la organización criminal, el violento e incontrolable Tony Spilotro, se afinca en Las Vegas, donde actúa tanto bajo las órdenes de los capos como por su cuenta y organiza la delincuencia y las actividades ilícitas de la ciudad.

A lo largo de toda la obra se describirán tanto los métodos de la mafia para desviar cuantiosísimas sumas de dinero de las ganancias de los casinos y otros negocios subsidiarios; la violencia de sus métodos para mantener sus negocios a salvo; el espectacular y prolongado despliegue del FBI para intentar incriminar a Roshental, Spilotro y el resto de miembros del hampa; el funcionamiento interno de los casinos; la forma en que se detecta a los tramposos y la suerte que estos corren si se les descubre; el complejo entramado de sobornos, propinas y favores por el que se rige Las Vegas; y por supuesto la vida diaria y las cuitas domésticas y personales de los protagonistas, complicada entre otras cosas por los excesos de Geri con el alcohol y las pastillas y por la irascible personalidad de Tony.


Debemos tener en cuenta que los acontecimientos relatados en Casino no son ficticios, sino que todos los personajes que la protagonizan son (o fueron) reales y los testimonios que aportan fueron efectivamente obtenidos por Pileggi. Frank Roshental, fallecido en 2008, tiene incluso una página web que sigue activa. Pero además el autor optó, a la hora de narrar su historia, por el estilo de la non-fiction novel iniciado por Truman Capote en su A sangre fría en vez de por novelizarla y dramatizarla. Esto es, una relación de hechos contados de forma imparcial, a modo de artículo periodístico, y basada sobre todo en narraciones en primera persona, a cargo de numerosos personajes principales como el propio Frank Roshental, el empresario Allen Glick o gángsters como Frank Cullotta, así como personal de los casinos como camareras, aparcacoches, crupieres o jefes de mesa; miembros de las fuerzas del orden, agentes del FBI; y de otras personas cercanas a los protagonistas, tales como la hermana y las amigas de Geri McCgee o miembros de la mafia cercanos a Tony Spilotro.

El libro se divide en tres partes, que relatan respectivamente la juventud de Roshental y su vida anterior a Las Vegas; los años de auge y de prosperidad de la mafia en la ciudad; y por último el destape de sus actividades por el FBI, el arresto y procesamiento de sus miembros y la transición de la gerencia de los casinos a las grandes corporaciones ajenas al crimen organizado. El grueso de la trama ocupa así unos quince años, desde 1968 hasta 1983.

Robert deNiro como Frank Roshental / Sam Rothstein

El desarrollo no es estrictamente lineal, pues al estar compuesto de testimonios de tan distintos personajes, y pese a que Pileggi los organiza de tal manera que los hechos se expongan siguiendo su orden cronológico, es normal leer diferentes versiones del mismo suceso, o que un personaje o un acontecimiento sean presentados varias veces desde distintos puntos de vista [Un recurso muy similar al que empleó Camilo José Cela en La Colmena], creando un efecto de redundancia curioso, y que le permite reforzar algunas ideas que entiendo consideraba cruciales. 

Por esta forma de relatar, a través de un coro de narradores, con sus charlas unidas por unos textos sencillos sin intención literaria, el estilo de Pileggi es aséptico, frío incluso, y no existen prácticamente descripciones ni adjetivaciones. Así, «un Oldsmobile azul» o «una enorme sala con pantallas» es suficiente para ubicar la acción, que se desarrolla, eso sí, de una manera muy fluida y que permite una lectura muy ágil, centrada en lo que se cuenta, y no en cómo se cuenta. 

Literariamente, Casino es un boxeador por debajo de su peso. Es ágil y rápido, pero le falta pegada, es poco contundente. Tomemos por ejemplo, este párrafo, que muestra una escena bastante dura:

«Le desgarramos el pantalón y descubrimos el dispositivo electrónico que utilizaba para recibir las señales. Para mí ya era una prueba suficiente. Le pregunté si era diestro o zurdo. Cuando respondió que era diestro, un par de guardianes le agarraron la mano derecha y se la colocaron contra el borde de la mesa mientras otro se la machacaba con todas sus fuerzas con un gran mazo de goma amarillo. «Pues bien, ahora serás zurdo», le dije. Seguidamente cogimos a su compinche y les dijimos que haríamos lo mismo con él a menos que los dos se largaran del Stardust y comunicaran a todos sus colegas que no intentaran entrar de nuevo en nuestro casino. Nos dieron las gracias, se disculparon y aseguraron que lo comentarían a todos sus conocidos. Les hicimos la foto de rigor, les pedimos el carné de identidad y los dejamos marchar. No volvieron más.»

Y comparémoslo con su equivalente en la película [abstenerse los impresionables]:



A esto me refiero. Pese a su elevado nivel de violencia, el habitual de las novelas negras que hemos visto a lo largo de este reto, a las escenas les falta un punto de fuerza, de vigor. Pileggi no es un literato, sino un cronista. La novela incluye palizas, asesinatos a tiros y puñaladas, tiroteos, torturas... pero se muestran con la ya comentada asepsia, de una manera periodística, sin recrearse en los detalles ni hacerla más expresiva ni impresionante. Eso se lo deja a la película, donde las interpretaciones y la dirección de Scorsese sí transmiten esa sensación de impacto.

Como es propio del género noir, la violencia no es sólo física: todo el ambiente de la novela es violento, tirante, opresivo. Pileggi hace entender la tensión constante que supone vivir dentro de la mafia, y la agobiante necesidad de andar siempre con pies de plomo, cuidando cada gesto, cada palabra y cada acto, con los deseos y la voluntad de los capos siempre en mente e intentando por todos los medios no provocar su descontento, so pena de terminar muerto en un agujero en el desierto o en el maletero de un coche.  

Joe Pesci, soberbio como Tony Spilotro / Nicky Santoro

De la misma manera, cuando Tony Spilotro se erige como cabeza del crimen organizado en Las Vegas, asistimos a un reinado del terror en el que cada macarra, corredor de apuestas, ladrón, perista y hasta el último ratero de la calle tienen que pagar su cuota a Tony, autor de los hechos más luctuosos de la novela. Spilotro representa la cara más salvaje, despiadada y peligrosa de la mafia: un auténtico desalmado obsesionado con el poder, que no respeta nada ni a nadie.

La impunidad y la «ley fuera de la ley» que regían Las Vegas espantan a cualquiera:

«Cuando Tony Spilotro en 1971 llegó a la ciudad, Las Vegas era una ciudad relativamente tranquila. Los jefes habían reunido tanto dinero con sus propios negocios ilegales, como las apuestas fuera de la ley, los préstamos con usura y los chanchullos en los casinos que la propia mafia se había puesto de acuerdo para mantener la ciudad limpia, segura y tranquila. Las reglas eran simples. Había que solucionar pacíficamente las peleas. No podían producirse tiroteos ni explosiones de coches en la ciudad. Los cadáveres no había que dejarlos en el portaequipajes del coche en el aeropuerto. Los asesinatos autorizados se llevaban a cabo fuera de la ciudad o bien los cadáveres desaparecían para siempre en el amplio desierto que la rodeaba.»

Comprobamos que en Las Vegas todos actúan con rudeza y sin escrúpulos, comenzando por las fuerzas del orden. De la misma manera nos sorprende la intrincada «cadena de favores» que rige una ciudad en la que todos cuidan de todos, y hasta la más humilde de las camareras puede ganar más con soplos a la mafia que con su sueldo sirviendo copas. 

Sharon Stone como Geri McGee / Ginger McKeena,
posiblemente la mejor interpretación de su carrera

Resulta de gran interés, o al menos lo fue para mí, la descripción de los muchos y elaborados medios que el hampa usaba para desviar dinero de los ingresos de los casinos, y las imaginación de los mismos, así como la impunidad que poseían y las mareantes cifras de ganancias que se manejaban. El ritmo de vida de los hampones y su entorno era de vértigo:

«Geri tenía más de un millón de dólares en joyas en las cajas de seguridad del banco. Entre sus preferidas se contaban un impecable diamante redondo valorado en 250.000 dólares; un inmenso rubí estrella valorado en 100.000 dólares; un anillo ovalado de 5,98 quilates con un perfecto diamante valorado en 250.000 dólares; unos servilleteros con diamantes valorados en 75.000 dólares; un par de relojes Piaget con diamantes y ópalo valorados en 20.000 dólares cada uno; y unos pendientes con diamantes montados por Fred y valorados en 25.000 dólares.»
[recordemos, cifras de los años 70].

El celebérrimo rótulo que da la bienvenida a la ciudad del pecado

También llama la atención el entramado legal y financiero que existía para ocultar a los verdaderos dueños de la ciudad, tras pantallas legales como la empresa Argent que teóricamente poseía los casinos en los que se ambienta la trama, y la existencia de testaferros como el empresario Allen Glick, mientras Roshental, carente de licencia de juego, ejercía todo tipo de cargos ornamentales mientras en realidad dirigía cuatro casinos. Me resultó sorprendente también que el Sindicato de Camioneros (el del famoso Jimmy Hoffa) tuviese tal capacidad económica, y que su Caja de Pensiones estuviese detrás del desarrollo fulgurante de la ciudad de Las Vegas.

Mención aparte merecen la exacerbada corrupción a todos los niveles, y presente en los tres poderes, con políticos, jueces y policías en nómina de la mafia, entorpeciendo y zancadilleando la labor del FBI para demostrar la relación entre el hampa y los casinos, que se convierte en una tarea titánica y de un juego del gato y el ratón entre ambos bandos:

«Hasta finales de los setenta, se vivió un compás de espera en lo referente a la aplicación de la ley en Las Vegas. Existía corrupción. Algunos jueces dificultaban la tarea. Paul Laxalt, como senador y gobernador, se quejó de que en el estado había demasiados agentes del FBI y del fisco. En nuestras escuchas había fugas. Uno de los jueces desprecintaba actas del gran jurado que nosotros habíamos exigido que se sellaran. En una época, uno de los polis corruptos que trabajaba para Tony Spilotro colocó a su cuñada como responsable administrativa en los juzgados. Todo ello conllevó años y años de frustración en cuanto a la aplicación de la ley. Nos dábamos de cabeza contra la pared.»

En cuanto a los protagonistas, el estilo frío de Pileggi no le impide realizar un relato detallado y muy humano de los personajes principales, en especial del trío Roshental - Spilotro - Geri, con los que si bien difícilmente empatizaremos, sí que terminaremos sintiéndolos vivos, con todos sus complejos claroscuros. Por mi parte destaco en especial a Geri, la esposa de El Zurdo, fascinante por cómo sabe usar su belleza y su encanto naturales para obtener lo que desea, su fijación malsana por el dinero y las joyas, su independencia de todo y de todos, y sin embargo enamorada locamente y de manera irracional de Lemmy Marmor, su novio de juventud, un vago buscavidas y macarra (en el sentido original del término, el de hombre que explota y prostituye mujeres) que la chulea, le saca dinero y se ha casado tres veces pero jamás con ella. 

James Woods como Lemmy Marmor / Lester Diamond

Por tanto, si todo lo narrado en el libro es veraz y fehaciente, estamos ante un documento esclarecedor de la presencia de la mafia en la sociedad estadounidense y de su influencia en la misma, hasta tener su propia ciudad y dirigirla a su antojo mientras aquellos que deben proteger al ciudadano recogen su parte del pastel y miran hacia otro lado.

«Ya lo dijo Frank Cullotta:
'Todo tenía que ir como una seda. Cada cosa estaba en su lugar. Teníamos el Paraíso en la Tierra pero lo mandamos todo al infierno.'
Sería la última vez que se entregaría algo tan valioso a los hijos de la calle.»
Y así con todo, resulta igual de estremecedor saber que en la actualidad todo ese poder y ese dinero está en manos de corporaciones empresariales más legales pero no menos oscuras y despiadadas que la misma mafia.

De esta manera, Casino no es sólo la historia de unos mafiosos y de sus andanzas en la ciudad de Las Vegas cuando esta les pertenecía. Es la historia de una época y de un lugar, es un episodio reciente en la historia de los Estados Unidos y es una reflexión sobre el inmenso poder y la influencia política y social que poseía la mafia del Medio Oeste (Chicago, Milwaukee y Kansas City), sobre la corrupción del Sistema y de los tres Poderes, sobre lo que esconden muchas veces los negocios teóricamente respetables y, sobre todo, cómo el dinero sucio corrompe y malea a las personas, hasta el punto de crear en medio del desierto una ciudad en la que el dinero lo compra absolutamente todo y al final no queda una sola persona decente. Es decir, puro noir.


La película:

La novela fue escrita por Pileggi de manera casi simultánea a su escritura, mano a mano con Martin Scorsese, del guión de la adaptación cinematográfica que se estrenó apenas un año después de la publicación del libro.



Pileggi ya había trabajado con Scorsese en el guión para el celuloide de su novela Wiseguy que se convirtió en la exitosa Goodfellas. Para Casino, Scorsese volvió a contar con Robert deNiro y Joe Pesci, que habían trabajado a sus órdenes en la anterior. Considero que el cásting de Casino es muy acertado, y el director sacó de cada uno de sus actores su mejor interpretación. Sharon Stone logró el Globo de Oro a la mejor actriz principal y estuvo nominada al Óscar en la misma categoría. Pesci, por su parte, se mimetiza con tal perfección con Tony Spilotro, cuidando cada gesto de los que caracterizan al personaje en el libro (incluso morderse compulsivamente la cutícula del pulgar) que yo ya no me lo imagino con otro rostro. Un rol tan parecido al que tuvo en Goodfellas terminó por vincularlo para siempre con la imagen de mafioso enano cabrón, y nos dejó escenas tan memorables como violentas. Esta es una de las mas recordadas:



A la hora de la película, director y guionista no contaron con la misma libertad de la que dispuso Pileggi para publicar su libro, y en vez de usar el clásico «based on a true story» tuvieron que emplear «adapted from a true story» y cambiar los nombres de los protagonistas.

Asi, Frank «El Zurdo» (Lefty) Roshental pasa a ser Sam «El As» (Ace) Rothstein. Tony Spilotro se convierte en Nicky Santoro; y Geri McGee en Ginger McKeena. Lemmy Marmor se transforma en Lester Diamond, y todos los personajes tienen su correspondiente transmutación. Se simplifica también la historia, pasando Roshental de dirigir cuatro casinos a sólo uno, el ficticio Tangiers. El resto de la trama se mantiene muy fiel al original, incluido el show televisivo que Roshental llegó a presentar en un ataque de egolatría.

Donde la novela es asepsia, la película es manierismo, con una fotografía que destaca la recargada y aparatosa decoración de los casinos, así como el brillo incesante de las miles y miles de bombillas que componen rótulos, marquesinas, carteles e iluminación de las enormes salas de juego; y si bien emplea la voz en off a modo de narración omnisciente por parte de Sam Rothstein, tiene una carga mucho mayor de expresividad, dramatizando los acontecimientos y convirtiéndola en una obra de ficción disfrutable como tal, pues de respetar el planteamiento original del libro sería un documental o como mucho un docu-drama. Toda una muestra de versatilidad de Pileggi.



Este manierismo, que entra en lo rococó por momentos, como muestra de decadencia, se refleja en el vestuario, en especial en los llamativos trajes en tonos pastel de Roshtein (tal como se cita en el libro), la proliferación de espejos por doquier, las lujosas mansiones, las joyas gigantescas y llamativas, el oropel... toda una muestra de lo que hoy consideramos mal gusto pero entonces era el colmo de la elegancia.

El filme incorpora escenas originales que no están presentes en el libro, y desconozco si son reales o invención de Pileggi, pero enriquecen la historia y la hacen más atractiva, aportando incluso momentos divertidos, como la avioneta desde la que el FBI vigila a los mafiosos quedándose sin combustible y aterrizando en el campo de golf donde Santoro está jugando, o las broncas de Rothstein con los incompetentes empleados que los potentados locales le obligan a contratar en su casino.

Cabe decir que es una película muy violenta, y todas las escenas truculentas que en el libro resultan tan moderadas, se muestran aquí con toda su crudeza y sin ahorrar en detalles. Por otra parte, está considerada una de las películas más malhabladas de la historia del cine comercial, con el uso indiscriminado de la palabra fuck y sus derivadas casi en cada diálogo.



Los amantes de la música no pueden perderse la banda sonora, que incluye artistas como The Rolling Stones, Little Richard, Roxy Music, Muddy Waters, Jeff Beck o Ray Charles, y que está además perfectamente acoplada a las escenas que acompaña. Las secuencias finales, con la versión The house of Rising Sun de The Animals es formidable, con el dominio del tempo, el montaje y el plano perfecto para cada escena al que acostumbra Scorsese, y muestran la transición de Las Vegas de paraíso de la mafia al parque temático hortera que es hoy día. [dejo sólo el enlace para no spoilear]

Como curiosidad, echando un vistazo al full cast en IMDB en busca de cameos de familiares de Scorsese o Coppola entre los participantes (broma recurrente de los dos directores y amigos) me encontré una sorpresa: el propio Frank Cullotta, miembro de la banda de Tony Spilotro y uno de los pocos mafiosos que salió impune del megaproceso judicial de 1983, encarna a un hitman (asesino a sueldo) sin acreditar.

Con esto debería ser suficiente para hacerse una idea de la novela y su correspondiente película, y deseo recomendaros ambas, aunque la segunda lo hago con un poco más de hincapié, por ser toda una obra maestra del cine, mientras que la non-fiction novel es un género que no es del agrado de todo el mundo.

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2 comentarios:

  1. Una vez más aprendo harto al leer tus textos, amigo. Sobre esta historia, sólo he visto el filme...hace muchos años, hacia finales del siglo pasado y me gustó mucho. Creo ya es hora de volver a verla. Tu blog cada vez se profesionaliza más y cada cambio y agregado que le haces, convierte las visitas a él en todo un gusto.

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    1. Como siempre gracias Elwin, pero gran parte del mérito es tuyo, ya que el último cambio por ejemplo, el de reseñar películas, me lo sugeriste tú mismo hace ya tiempo. Aparte de que te copio directamente de El cubil del cíclope, donde comentas películas desde hace mucho tiempo ya.

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