17 de abril de 2014

El bosque animado - Wenceslao Fernández Flórez

Hoy volvemos con el reto "12 autores iberoamericanos", y para ello visitaremos otra vez España. Esta vez, además, voy a quedarme muy pero que muy cerca, tanto que podría ir incluso andando. Si recientemente vimos varios autores gallegos, hoy os presentaré a uno de los hijos ilustres de mi ciudad, A Coruña, con una obra ambientada en Galicia que espero sirva para acercaros mi tierra un poquito más. Vamos a verla: 




Título: El Bosque Animado

Autor: Wenceslao Fernández Flórez. Gallego de A Coruña, periodista, escritor laureado, humorista, guionista de cine y Académico de la Lengua. Pese a ser muy conservador y radicalmente antimarxista, fue también muy crítico con el régimen de Francisco Franco y con la sociedad que de él emanó, y sólo su relación personal con el dictador le garantizó seguridad personal y libertad para publicar. Su casa en Cecebre, Villa Florentina, es hoy museo y sede de la Fundación que lleva su nombre.

Año de publicación: 1943

Resumen: La fraga de Cecebre es un lugar lleno de vida, de seres cotidianos pero fantásticos, y tanto los animales y las plantas como los vecinos de la parroquia de San Salvador, vivos y muertos, tienen historias que contar. Entre los árboles de una fraga gallega, que cantan imitando al tren que se acerca, lo ordinario se convierte en poético y lo corriente se vuelve mágico. Esta es la historia de todos ellos, pero la naturaleza es, en realidad, su verdadera protagonista. 

Género literario: Es una novela costumbrista, de carácter coral, compuesta de distintas historias que se entrecruzan, careciendo de un protagonista principal, que presenta una forma pionera de realismo mágico, marcado por un fino sentido del humor, por un lirismo de corte poético y por una combinación de realidad y fantasía que incluye la humanización del paisaje, convirtiéndolo en un personaje más de la obra.

¿Qué podemos destacar de él?: Su proto-realismo mágico. Su lirismo conmovedor y su capacidad de evocación. Su exaltación de la naturaleza, que se convierte en un personaje más a través de la prosopopeya. Su mezcla de fantasía y realidad, que acaban siendo indistinguibles. Sus hermosas descripciones. Su humorismo. Su intención costumbrista, y su tipismo, que le otorga un gran valor antropológico y documental, por su reflejo de la vida en el medio rural gallego de la primera mitad del S. XX. 


[En esta ocasión comenzaré por un apunte personal: Wenceslao Fernández Flórez, y en concreto esta novela suya, ha sido una de mis mayores influencias a la hora de intentar escribir. Mi primer texto, "Cuentos de San Andrés" debe mucho a "El bosque animado". Fue Joshua BedwyR, en la reseña que dedicó en su blog a mi obrita, quien me hizo reparar en ello, y así tomé consciencia de que, queriendo escribir a la manera de los autores del boom latinoamericano, realmente lo estaba haciendo "a lo Wenceslao Fernández Flórez", pues es tal su impronta en mí, tan natural, que terminé por no verla, cuando estuvo ahí desde el principio. Así que, en agradecimiento, a Joshua BedwyR va dedicada esta reseña.]

"El bosque animado" no es una novela al uso. Es una colección de estampas, de escenas, de cuentos, relatos enmarcados y fábulas. Pequeñas historias (el autor usa el término estancias en vez de capítulos) que combinadas por un hilo conductor común (la fraga y su entorno) crean una novela corta, como las cuentas engarzadas en un hilo crean un collar. 

Empecemos hablando de la gran protagonista de este libro: la Naturaleza. La fraga es el bosque típico de Galicia: una extensión de monte donde conviven diferentes especies de árboles autóctonos caducifolios como el carballo (roble), la castiñeira (castaño), la ameneira (aliso), el salgueiro (sauce) o el bidueiro (abedul), surcado de regatos (arroyos) y cuya sombra y humedad propician la proliferación de plantas trepadoras y rastreras, arbustos, musgos, líquenes y hongos, así como una fauna riquísima: anfibios, aves y mamíferos como el raposo (zorro), el porco teixo (tejón), el porco bravo (jabalí), el ourizo cacho (erizo), el coello (conejo), la donicela (comadreja) o el fascinante y temido lobo ibérico. 

Fraga de Cecebre. Casi se respira la quietud y el silencio. [fuente]

"San Salvador de Cecebre es una parroquia de Galicia, rugosa, frondosa y amena. Para representar gráficamente su suelo bastaría entrecruzar los dedos de ambas manos, que así se entrecruzan sus montes, todos verdes y de pendientes suaves. Ni llanuras ni tierras ociosas. Gente honesta que no desdeña ni el vino nuevo ni las costumbres antiguas, y cuyo vago amor a lo extraordinario les impele a buscar en el Santoral los nombres que juzgan más infrecuentes o más bellos al bautizar a sus hijos. Parece que está en el fin del mundo, pero en los días de noroeste el aullido de las sirenas de los transatlánticos que anclan en La Coruña llega hasta allí, salvando quince kilómetros, y aviva en el alma de los labriegos esa ansia de irse que empujó a los celtas por toda Europa en siglos de penumbra, y los reparte hoy por ambos hemisferios."

Y la citada Naturaleza será omnipresente en la historia, a través de un ejercicio constante de prosopopeya en el que Fernández Flórez otorga sentimientos, pensamientos e intenciones a cada elemento natural: el viento, el sol, la lluvia, la tierra, las piedras... los árboles están humanizados también, con su personalidad y sus peculiaridades, y protagonizan el primer relato del libro, el que narra la llegada de un poste telegráfico petulante y pretencioso a la fraga y la expectación que despierta en sus habitantes. 

Sobre los árboles:

"Pero entre todos los seres vivos de la fraga son los más pacíficos, los más bondadosos, los que poseen un alma más sencilla e ingenua. Conviene saber que carecen absolutamente de vanidad. Nacen en cualquier parte e ignoran que sólo por el hecho de crecer allí, aquel lugar queda embellecido. No se aburren nunca porque no miran a la tierra, sino al cielo, y el cielo cambia tanto, según las horas y según las nubes, que jamás es igual a sí mismo. Cuando los hombres buscan la diversidad, viajan. Los árboles satisfacen ese afán sin moverse. Es la diversidad la que se aviene a pasar incesantemente sobre sus copas."

En esta línea, los animales tendrán un papel tan significativo como el ser humano, alternando con éste el foco de las narraciones, y dejándonos historias tan interesantes y significativas como nuestros congéneres. 

Es necesario destacar el lirismo, la clara intención poética que destila "El bosque animado", su capacidad evocadora, y cómo Fernández Flórez la transmite a través de estos animales, que reciben preciosos nombres como el murciélago Abrenoite ("Abrenoche"), el topo Furacroios ("Perfora-pedruscos"), el gato Morriña (definición RAE), o el perro Metralla, que descubre el comunismo, huye de casa y atenta contra los hombres más acaudalados de la parroquia, mordiéndoles a la salida de misa. 

Disfruté de todas y cada una de las historias de los animales. De las aventuras del gato Morriña, que escapa de la comodidad del pazo para unirse a una banda de gatos asilvestrados con ínfulas revolucionarias; la triste odisea de Furacroios en busca de su esposa desaparecida; la divertidísima asamblea de las moscas (llamadas "el pueblo pardo") que han alcanzado la utopía anarquista donde el individuo no importa; los diálogos del raposo y el famélico perro de los Esmorís, narrados a modo de fábula clásica de Esopo o Samaniego; el relato enmarcado que narra, también de manera fabulosa, el porqué del brillo de la luciérnaga (que en Galicia llamamos vagalume), o el cuento de las truchas y su espíritu deportivo ante el pescador, y su indignación ante el avance tecnológico de la cucharilla rapala, que consideran desleal.

Los completos estudios y comentarios que acompañan a
la obra compensan las espartanas ediciones de Austral

En cuanto a los hombres, las vivencias de los vecinos de la parroquia de San Salvador de Cecebre permiten a Fernández Flórez desarrollar el costumbrismo, en el que se maneja con excelencia, haciendo un retrato delicioso de la vida en el medio rural gallego y de sus tipos, así como de sus usos y costumbres, sus creencias, tradiciones, oficios, virtudes y defectos... con lo que entramos en el terreno de la Antropología. Y como antropólogo frustrado he de decir que su valor documental es inestimable, pues ilustra tanto la vida cotidiana de la época como aporta datos sobre los medios de transporte, el comercio, el papel de la ciudad y del campo... que con el paso del tiempo ganan valor, y te hacen interesarte por aquellos viejos tiempos, preguntar a los mayores, buscar viejas fotos... 

Siempre digo que Galicia tiene una riqueza folclórica considerable, y en "El bosque animado" asistiremos a muchas muestras de la misma. Entroncando con mi postulado de que la obra maneja una forma primordial de realismo mágico (y de que los gallegos somos pioneros del género, otro día hablaremos de Álvaro Cunqueiro, Vicente Risco o Rafael Dieste), Fernández Flórez se vale de la presencia palpable de la muerte y lo sobrenatural en la vida diaria del rural gallego, de la naturalidad con la que en Galicia se trató siempre la muerte y de las leyendas y figuras esotéricas que la rodean, para involucrar en la narración a dos de sus manifestaciones: La Santa Compaña y los aparecidos, concretamente el alma en pena de un hombre llamado Fiz Cotovelo, del que hablaremos. 


"Río Mero" a su paso por Abegondo. Foto de Lucía Corral [fuente]

Mediante este costumbrismo, el autor ilustra la forma de ser propia de los campesinos gallegos, sus supersticiones, su fe católica impregnada de inconsciente paganismo, su carácter reservado y receloso, resignado pero abnegado, que aprecia el trabajo como la mayor de las virtudes. Como "tipos" vemos a los señores del pazo [un pazo es una casa solariega, con amplias extensiones de terreno, capilla, establos... donde vivían los dueños de las tierras], a los labriegos venidos a más, a la viuda empobrecida, al cura y su criada, a las señoronas de la capital, a la joven que huye a la ciudad... a todos ellos brinda el autor un trato cuidadoso, los elabora con mimo, y de todos contamos con detalles que los enriquece y redondea. 

Me ha gustado especialmente el uso de epítetos para nombrarlos. Así, la familia del pazo son los D'Abondo (que significa "con abundancia"), los campesinos enriquecidos son los Arruallo (que se puede traducir como "pomposidad" o "jactancia"), la viuda pobre es Marica da Fame (Marica del hambre), el bandido de la fraga, Xan de Malvís, es apodado Fendetestas (que sería "HiendeCabezas", pero se podría traducir como bruto o gañán). La introspección psicológica en los personajes los dota de mucha profundidad, y el autor se hace eco de sus anhelos, sus pensamientos íntimos, sus frustraciones y sus resquemores. 

A través de ellos denuncia pues el atraso del medio rural, su problemática como el éxodo a la ciudad (que en los años 60 sería masivo y originaría el actual despoblamiento del campo), representado por la joven Hermelinda, que se va a A Coruña a ejercer el servicio doméstico y jamás regresa a la aldea; la emigración a América (la quimera del oro de los gallegos), la dureza del trabajo y su escasa retribución, viviendo siempre al límite de la subsistencia y trabajando tierras ajenas (Xan de Malvís se hace bandido por desesperación) o, como en el caso de Marica da Fame, de la caridad de sus vecinos. 

El embalse de Cecebre. Nótese cómo la fraga ha cedido terreno a la mano del hombre [fuente]

Creo conveniente comentar que en plena dictadura franquista, era impensable tratar estos temas en un libro, en una España en la que, según el régimen, no había pobres. Sólo la buena relación personal de Fernández Flórez con Franco le permitió publicar sus obras sin represalias ni  censuras.

Por mi parte, me recreé leyendo sobre costumbres que ya conocía, pero que pueden ser sugerentes y curiosas para quien no hubiese oído hablar de ellas. Por ejemplo, sobre el rito de pasamento

"Seis vecinos cargaron sobre sus hombros el ataúd y en aquel instante se iniciaron las recomendaciones y los lamentos. Según antigua costumbre del campo gallego, cada cual daba al muerto recados para el otro mundo o le recordaba episodios vividos en común o le expresaba su cariño. Para esta vieja raza celta, inmemorialmente espiritualista, el alma del que se va está aún allí, entre ellos, escuchándolos con la tristeza de la separación, anotando en su memoria turbada los encargos de los que se quedan, murmurando un «¡adiós, adiós!», que cada uno oye dentro de sí como una respuesta. No hay nada de risible, sino de conmovedor, en estas despedidas, en las que el candor del pueblo da un acento especial a su idea de que la muerte no es desaparecer, sino ausentarse."

Y también sobre los ruidosos y animados velatorios gallegos, tan parecidos a los irlandeses:

"La cándida almita de Pilara, si estaba aún allí, no aprobaría aquello. Le hubiese agradado más un velatorio como los que eran tradicionales en la parroquia, con partidas de julepe y mozas y mozos cambiando pullas, gritadores, mientras el cadáver, con sus manos cruzadas y estirado en el ataúd, puesto el traje nuevo y las botas de ir a La Coruña, conservaba un aspecto serio, pero no reprochador de que la gente procurase distraerse en su casa."

 Sobre el cortejo:

"Tuvo abundantes galanteos, y en las noches de los sábados, cuando los mozos salen de «tuna», muchos jóvenes se aventuraban por los oscuros pinares de Vos para ir a dar, con el canto de una moneda, en la puerta de Gudelia ese repiqueteo especial con que anuncian en las casas donde hay solteras que un mozo está allí y demanda palique."

La vida aflora en cada rincón de la fraga [fuente]

Pero lo que sin duda le da el carácter más gallego, más entrañable a "El bosque animado" es el dulce sentido del humor del que hace gala, y que es muestra perfecta del humor gallego, esa retranca que dice las cosas sin decirlas, que se recrea en ironías y dobles sentidos, y convierte a los gallegos en seres inescrutables para los demás (el famoso tópico de la escalera). En este aspecto, destaca entre todos el sufrido bandido Fendetestas, que tanto regatea con un paisano el importe que le va a robar (mientras éste le recrimina que robe a los vecinos de la parroquia y no sólo a los tratantes de ganado castellanos) como se hace amigo del alma en pena de Fiz Cotovelo e intenta convencerla de que se una a la Santa Compaña porque le arruina el negocio con su presencia, o entra a robar en la casa del cura para terminar ayudando a parir a una vaca. 

Algunos pasajes son particularmente cómicos, hilarantes incluso (como la adscripción del perro Metralla al marxismo) y Fernández Flórez recurrió al truco de representarlos a través de los animales y los árboles, de forma que su crítica social y sus ataques a los vicios y defectos de la sociedad quedan algo más solapados. 

Se muestran problemas propios de Galicia, como es nuestro bienamado minifundismo, que complica las herencias hasta lo imposible:

"Cuando murió, repartióse su hacienda entre sus tres hijos, y entonces tuvieron éstos que aumentar su trabajo y reducir su comida. Pero, en fin, el padre de Fiz Cotovelo aún podía vivir sin más ahogos que los de cualquier otro labrador. Lo terrible fue que entre los seis hijos que dejó a su vez, las tierras se atomizaron hasta lo increíble. Era el mal de Galicia y la razón por la que se hundían en la miseria aquellos que no podían emigrar. Un prado les quedó, tan repartido, que si una vaca iba a pacer en él, no podía comer la hierba propia sin tener las patas traseras en la propiedad de otro hermano y los cuernos proyectando sombra en la de un tercero."

Aunque el libro está escrito en castellano, y en tal lengua hablan los parroquianos, Fernández Flórez recoge la forma de expresarse propia de los paisanos y la llena de interjecciones, expresiones y modismos propios de Galicia, como la respuesta en eco ["-¿Fuiste allí? - Fui.", "¿Hiciste la compra? - Hice."] Como sea, goza de una musicalidad y de una prosodia dulce y cantarina, que unidos al estilo agradable y lírico del autor, la convierten en una lectura amena, ligera y cautivadora. Las continuas metáforas y símiles que realiza lo hacen rozar la prosa poética, pero sin caer en ampulosidades. Al contrario, facilitan la lectura ilustrando formas y colores de manera muy gráfica:

"Abrenoite subía, bajaba, torcía, quebraba, se alejaba, volvía…; el gráfico de su vuelo sería una maraña en el aire. ¡Oh, tenía que darse mucha prisa! ¡Son tantos los seres a los que hay que advertir que la noche llega! Abrenoite y el gallo se reparten los crepúsculos. Uno tiene la llave del ocaso, y otro la del alba, y cada cual viste el traje adecuado para sus funciones; en las plumas del gallo está el iris, y cuando alborota las que rodean su cuello, la roja cresta queda como el fuego del sol entre una aureola de rayos rubios; el oscuro murciélago lleva sus alas como una capa, como ese abierto manto de la noche que tanto solían citar los poetas antiguos, y es silencioso como la misma noche, y sus orejas desproporcionadas aluden a la atención recelosa con que se escuchan los rumores en las tinieblas, a la cautela con que en ellas proceden los enemigos, al sentido bajo cuyo amparo nos ponemos cuando, ido el sol, es inútil abrir los espantosos ojos para saber por dónde se acercan el peligro o la muerte."                                                      

Los melancólicos tonos ocres de la fraga en otoño [fuente]

En este aspecto, el estilo narrativo del autor no se ve "pasado de moda", no le pesan los años. Vamos, que es una lectura fácil y muy agradecida. Si tenemos en cuenta que no es tampoco demasiado extensa, resulta en una obra de lectura cómoda y gustosa. 

Como opinión personal, creo que "El bosque animado" es el tipo de libro que todo el mundo debería leer. Unos lo disfrutarán por sus enternecedoras historias humanas. Otros por su valor antropológico. Algunos preferirán sus fábulas y otros de su mensaje de amor y respeto por la Naturaleza. Yo, en cualquier caso, lo recomiendo a todo el mundo, y en especial a todos los gallegos, para conocernos mejor y de esa forma querernos a nosotros mismos un poco más y frenar el doble suicidio al que sometemos a Galicia: el medioambiental y el identitario. 

¿Más datos de interés?: No de una, sino de dos adaptaciones cinematográficas gozó esta novela. La primera, del año 1987, fue dirigida por José Luis Cuerda con guión del gran Rafael Azcona, y contó en el reparto con grandes actores como Alfredo Landa como Fendetestas, Tito Valverde como Geraldo y el coruñés Fernando Rey como el señor D'Abondo. Ganó cinco premios Goya, entre ellos Mejor Película, Mejor Guión y Mejor Actor (Alfredo Landa). 



Esta versión se centra en el mundo de los humanos, perdiendo todas las estancias relativas a los animales, y hace aportaciones a la historia original, con escenas que no están en la novela, como el regreso de Hermelinda a la aldea. Personalmente la considero una buena película aunque su fidelidad al texto original no sea absoluta, y encuentro a los actores implicados con sus personajes. 

La segunda adaptación data del 2001 y es una película de animación por ordenador obra del ya desaparecido estudio gallego Dygra Films. Dirigida por Manolo Gómez y Ángel de la Cruz, se hizo con dos premios Goya (Mejor Película de animación y Mejor Canción original) y fue un éxito de público, favorecida por una fortísima campaña de promoción. Destinada al público infantil, dulcifica mucho su contenido, y el topo Furacroios (que poco o nada tiene que ver con el de la novela) se convierte en Furi y es el personaje principal junto a su amada Linda


La adaptación es mas libre aún si cabe que en la versión de 1987, pero se agradece el toque de retranca y mala leche de que el antipático poste de telégrafos se parezca sospechosamente a Manuel Fraga [el ministro franquista reciclado en demócrata que presidió Galicia durante dieciséis años]:


Y esta segunda versión contó a su vez con una secuela titulada "Espíritu del bosque", estrenada en el 2008 con una repercusión menor que su antecesora. Dirigida por David Rubín y Juan Carlos Peña, cuenta una trama de tono ecologista y aprovecha los personajes de la primera entrega, pero no tiene ya relación alguna con la obra de Fernández Flórez. Como atractivo, contó con las voces de Luis Merlo como Cebolo, María Adánez como Linda, y Juanjo y Damián [el dúo de humoristas tras Trancas y Barrancas de "El Hormiguero"] como las moscas Hu Hu y Ho Ho.



Y de este modo llegamos al final de la reseña, que no es todo lo completa que me hubiese gustado, pero espero sea suficiente para animaros a leer esta maravillosa mezcla de fantasía, humor, magia y costumbrismo. Nos leemos!


Compártelo:

8 comentarios:

  1. Hola!

    Te nominé a un premio, por acá: http://tardesocio.blogspot.mx/2014/04/premio-liebster-award.html

    ResponderEliminar
  2. No tenía idea de este libro, que en realidad me encantaría leer. Encontré particularmente hermoso el fragmento en el que se narra tan emotiva tradición funeraria gallega y que ni tenía idea que existía. De tanto que he leído en tu blog sobre tu pueblo, me he ido encantando con él.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra de verdad tu comentario Elwin, porque creo que el patrimonio inmaterial de Galicia es tan amplio y tan hermoso que es una lástima que se esté perdiendo, por el desinterés y la falta de mimo de nosotros mismos, los propios gallegos, que asociamos tradición con atraso y espiritualidad con credulidad y "cuentos de viejas". El progreso es deseable y necesario, pero no debe significar olvido ni renuncia a las raíces, o de lo contrario la globalización devorará todas las diferencias de los pueblos, que es la riqueza mayor que tenemos.

      Eliminar
  3. Excelente reseña, Tomás. "El bosque animado" fue el primer libro que leí, creo que tenía diez años, recuerdo esas historias con gran cariño. En algún momento lo reeleré, de adulta, y seguro que encuentro un libro diferente.
    Saludos.
    Sete.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias! Yo lo leí por primera vez también siendo niño, y creo que apenas entendí entonces las diferentes historias, pero la relectura ha sido un placer y un redescubrimiento muy grato. Saludos!

      Eliminar
  4. Quedo impresionado Sete ante la exhuberancia de éstos lugares de Galicia, lugar al que aún tengo pendiente visitar.
    Y la lectura que muestras de tan interesante autor nos aporta una clara mirada a sitios y personajes de la región, que buena y fina primera influencia tuviste con las letras.
    Y veo que posees las mejores virtudes de tu entorno.
    Espero también que logren defenderse del impacto globalizante.
    Besos desde éstas lejanías del planeta.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Carlos! Fernández-Flórez fue un gran amante de Galicia, y para mí siempre tuvo, en efecto, una gran influencia, por su capacidad para ver y transmitir la belleza de nuestra tierra común, y para respetar y dignificar a las personas del pueblo llano. Espero que algún día puedas conocer Galicia y disfrutar de ella, aunque hoy día la huella del hombre ya sea más notoria que en la época de esta novela. Saludos!

      Eliminar

Y tú, ¿Qué opinas?

SUSCRIBIRSE POR CORREO

Recibe las actualizaciones en tu e-mail

Archivo

Seguir en las redes