21 de marzo de 2014

Tirano Banderas - Ramón Valle-Inclán

Santos Banderas rige los designios de Santa Fe de Tierra Firme a través de la represión, la fuerza y el despotismo, y hace caso omiso del movimiento revolucionario que gana cada día más fuerza y apoyos. Mientras tanto, los habitantes de Santa Fe intentan sobreponerse a la miseria y el atraso, ignorados por el sátrapa y las clases dominantes. Un retrato de la realidad de toda Iberoamérica, que inaugura aquí sus esperpentos con su visión deformante, patética y emotiva del Nuevo Continente. 



Publicada en 1926, Tirano Banderas. Novela de Tierra Caliente es obra de Ramón María del Valle-Inclán, o lo que es lo mismo Ramón Valle Peña. Gallego universal, escritor, ensayista, poeta, periodista, traductor, uno de los dramaturgos más trascendentales e innovadores del teatro español (y escenógrafo, director, productor... sólo su manquedad le impidió ser también actor), tertuliano por excelencia y miembro de la Generación del 98, icono del modernismo y la bohemia, padre del esperpento, inagotable fuente de anécdotas, todo un personaje en sí mismo, uno de los literatos más grandes de la historia de España y el manco más célebre de nuestras letras después de Cervantes. 


Diremos que es un esperpento valleinclaniano, que narra una historia que puede ser real, pero deformando y exagerando los rasgos y las expresiones hasta los límites de lo grotesco, reduciendo la trama al absurdo y al patetismo, y recreándose en las descripciones, en las que el físico de los personajes es reflejo de su carácter. Más o menos. 

Es el inicio de un género literario propio y único de su autor. Destacan su compromiso social y político con la realidad de Iberoamérica, su carácter eminentemente teatral, sus elaboradas descripciones, su retrato psicológico de los personajes y el uso de un koiné de todas las variedades del castellano para crear un lenguaje que representa a todo el idioma. 

Creo que lo primero que cabe destacar de Tirano Banderas es lo que supuso en su momento. Valle era un tipo pintoresco, una curiosidad, que no se tomaba nada demasiado en serio, ni tan sólo a si mismo y que ni siquiera se arrogaba el oficio de escritor. Para sus colegas de profesión, embarcados en la regeneración de una España arruinada que agonizaba lastrada por un régimen arcaico y una crisis de valores abismal, no era más que un bohemio enamorado del amor, un modernista que cantaba a la belleza femenina y que nunca sería capaz de escribir nada comprometido. En un viaje a México, Valle toma conciencia de la realidad social del país americano, se involucra con ella y en su mente comienza a forjarse esta historia, cuya publicación fue un puñetazo en la mesa de su autor, que sorprendió a propios y extraños, tomó por sorpresa a aquellos que lo denostaban y lo colocó en el ojo de ese huracán de intelectuales entregados a la renovación de la sociedad española que conocemos como Generación del 98


¿Y de qué trata Tirano Banderas? Pues lo cierto es que es una de esas novelas en las que lo importante no es qué cuenta, sino cómo lo cuenta. La trama principal es, sin duda, la dictadura de Santos Banderas, el movimiento revolucionario que se fragua ante la pasividad de éste, la crueldad de su represión y su anunciada caída, pero Valle sirve una historia coral, compuesta de diversas intrahistorias, que tienen tanto peso como la central, todas ellas interrelacionadas, que le sirven para desarrollar su particular tipismo, tan lejano del naturalismo que despreciaba (no hay nada más opuesto a Valle que Don Benito Garbancero, como llamaba a Perez Galdós). Podemos decir así que esta es la manera propia que Valle tiene de hacer costumbrismo, empapado de una crítica social notoria aunque solapada en la anécdota y el ridículo. Y es que, amigos lectores, asistimos al nacimiento del esperpento.

Los que me seguís con asiduidad tal vez hayáis notado que utilizo a discreción el término esperpéntico, como siempre ignorando si es de uso extendido en los países hispanohablantes o si es un modismo español. El diccionario de la RAE define esperpento (término de origen incierto) así:

1. m. Hecho grotesco o desatinado.
2. m. Género literario creado por Ramón del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos, sometiendo a una elaboración muy personal el lenguaje coloquial y desgarrado.
3. m. coloq. Persona o cosa notable por su fealdad, desaliño o mala traza.

Y es que esto es lo más destacable, la premisa central, de "Tirano Banderas". La historia es lo de menos, lo importante es el retrato deformado, grotesco, patético, exagerado, manierista y retorcido que Valle-Inclán realiza de la realidad. Es como si mirase a los personajes con una gigantesca lente de aumento que tomase los rasgos físicos y psicológicos más característicos de los personajes y los magnificase hasta la caricatura. Así la gordura o la delgadez son extremas, hiperbólicas, como lo son los defectos o las cualidades como la maldad, la avaricia, la indolencia o la crueldad, que convierten a algunos personajes en auténticos monstruos repulsivos. Por ejemplo, la historia de la chinita, la mujer de Zacarías el Cruzado, intentando empeñar un anillo en la casa de Empeñitos de Quintín Pereda, un avaro prestamista español, eleva la anécdota a un hecho fundamental para la trama y refleja las desigualdades sociales a la vez que sirve un retrato despiadado y mordaz del usurero y una mirada tierna a la inocencia de la chinita, que personaliza, a mi entender a todo el pueblo llano iberoamericano, a su carácter noble y sufrido y a su mestizaje y mezcla de culturas [recordemos que una china -también llamada china cambuja, zamba o loba, según el país- es una mestiza de negro y amerindia, o de amerindio y negra]. Es un hecho remarcable del esperpento valleinclaniano que el retrato de los personajes es integral, y físico y personalidad son unidad indivisible. La capacidad descriptiva de Valle-Inclán no conoce límites y cada gesto, cada pequeño detalle queda registrado para su deformación y su transformación en algo grotesco y tremendo.



Este gusto por lo tremendo, por lo bárbaro, por la exageración y la hipérbole se extiende a todo el conjunto de la obra, a cada situación y a cada escenario. Este tremendismo (que a su manera recogería años después otro ilustre gallego, el Premio Nobel Camilo José Cela) refleja las escenas más chocantes, y nada puede ocurrir de forma "normal". Desde que el hijo de uno de los revolucionarios sea devorado por una piara de cerdos, pasando porque los tiburones estén saciados y aburridos de carne de revolucionario, porque el embajador español sea afeminado, lánguido e indolente y se acompañe siempre de su perrito faldero Merlín; porque los presos políticos se jueguen su suerte a la carta más alta o que el tirano Santos Banderas entretenga sus tardes en interminables partidas de ranita mientras ejecuta una cuerda de reos tras otra. 

El mensaje es, en cualquier caso, más que evidente: La indiferencia e indolencia del sátrapa Banderas hacia su pueblo, rodeado por una clase dirigente de la que sólo escucha halagos y de la que recibe la más rastrera complicidad, que vive por completo ajeno a las miserias y vicisitudes de un pueblo hambriento y hundido en la miseria. Tal es esta ignorancia de la realidad de su propio pueblo que ningunea a la revolución que se forja del descontento y de sus propios abusos, y no tiene conciencia de que está creando héroes con su represión (el niño mentado en el párrafo anterior se convierte en un mártir de la causa) y su anunciada y evidente caída (supongo que esto no es un spóiler, se ve venir) permitirá a Valle-Inclán otra ración del ya citado tremendismo y supone un colofón perfecto para su esperpento. 

Debo decir también que, en este retrato deforme, pero sin duda alguna comprometido, que Valle hace de la realidad americana, los españoles no salimos muy bien parados, y la Colonia española (referida aquí con el despectivo mote centroamericano de gachupines) compuesta de usureros, empresarios y cargos diplomáticos de aspecto ridículo y sufrido, y actitud perversa y engolada, supone uno de los principales respaldos del gobierno de Banderas, al que apoya económica y políticamente: 

«—La Colonia, por sus vinculaciones, no puede ser ajena a la política del país: Aquí radica su colaboración y el fruto de sus esfuerzos. Yo, por mis sentimientos pacifistas, por mis convicciones de liberalismo bajo la gerencia de gobernantes serios, me hallo en una situación ambigua, entre el ideario revolucionario y los procedimientos sumarísimos del General Banderas. Pero casi me convence la colectividad española, en cuanto a su actuación, porque la más sólida garantía del orden es, todavía, Don Santos Banderas. ¡El triunfo revolucionario traería el caos! 
—Las revoluciones, cuando triunfan, se hacen muy prudentes. 
—Pero hay un momento de crisis comercial: Los negocios: se resienten, oscilan las finanzas, el bandolerismo renace en los campos. Subrayó el Ministro: 
—No más que ahora, con la guerra civil. 
—¡La guerra civil! Los radicados de muchos años en el país; ya la miramos como un mal endémico. Pero el ideario revolucionario es algo más grave, porque altera los fundamentos sagrados de la propiedad. El indio, dueño de la tierra, es una aberración demagógica, que no puede prevalecer en cerebros bien organizados. La Colonia profesa unánime este sentimiento: Yo quizá lo acoja con algunas reservas, pero, hombre de realidades, entiendo que la actuación del capital español es antagónica con el espíritu revolucionario.»


Y es que, por su carácter teatral, el texto abunda en diálogos, largos y elaborados, con frases extensas, que no se ven interrumpidas por las anotaciones habituales en la narrativa como por ejemplo «dijo» o «exclamó indignado» sino que se dejan fluir tal cual, haciéndonos pensar por momentos que estamos leyendo una obra de teatro. Pero así era Valle-Inclán, hizo teatro para ser leído y novelas para ser escenificadas :)

El estilo narrativo de Valle es fuertemente descriptivo y de un gran lirismo, y algunos párrafos tienen el tono de acotaciones teatrales como acabo de comentar (y más teniendo en cuenta que las acotaciones teatrales de Valle-Inclán son literarias, están hechas para ser leídas y disfrutadas, no son meras instrucciones de tipo «sale por la derecha» o «se sienta»).

«Tirano Banderas, sumido en el hueco de la ventana, tenía siempre el prestigio de un pájaro nocharniego. Desde aquella altura fisgaba la campa donde seguían maniobrando algunos pelotones de indios, armados con fusiles antiguos. La ciudad se encendía de reflejos sobre la marina esmeralda. La brisa era fragante, plena de azahares y tamarindos. En el cielo, remoto y desierto, subían globos de verbena, con cauda de luces. Santa Fe celebraba sus ferias otoñales, tradición que venía del tiempo de los virreyes españoles. Por la conga del convento, saltarín y liviano, con morisquetas de lechuguino, rodaba el quitrí de Don Celes. La ciudad, pueril ajedrezado de blancas y rosadas azoteas, tenía una luminosa palpitación, acastillada en la curva del Puerto. La marina era llena de cabrilleos, y en la desolación azul, toda azul, de la tarde, encendían su roja llamarada las cornetas de los cuarteles. El quitrí del gachupín saltaba como una araña negra, en el final solanero de Cuesta Mostenses.»
Valle-Inclán sigue paseando por Pontevedra. Su estatua de la plaza Mendez Núñez,
cerca de la cual vivió, es una de las muchas que adornan otras tantas ciudades españolas

Para todo este despliegue esperpéntico, el autor se sirve de un lenguaje elaborado, plagado de adjetivos y onomatopeyas, que se mueve igual de cómodamente en lo coloquial y en lo culto y que, para esta novela en concreto, enriqueció con léxico propio de las muchas variedades que el castellano tiene a lo largo y ancho de Iberoamérica, creando un koiné, una lengua franca que es el habla de todos los hispanohablantes. 

Así que toca un aviso a navegantes: El libro tiene un periodo de adaptación, al principio cuesta, y por momentos puede hacer sentir algo perdido, hasta el punto que yo al menos lo finalicé (las dos veces que lo leí) con la sensación de haberme perdido algunos detalles, pues mi conocimiento del idioma tampoco es enciclopédico y muchos términos ni siquiera están recogidos en el diccionario. Veamos dos ejemplos:

«Nacho Veguillas hacía el tonto mojiganguero:

—¡Cuá! ¡Cuá! Yo me guío por sus luces, Licenciadito.

Murmuró el Mayor del Valle:

—Para acertarla, cada uno se ponga en el caso.

—¿Y puesto en el caso vos, Mayorcito?...

—¿Entre qué términos, Licenciado?

—Desmentirse con la vieja o chicotear como a un roto al Coronelito de la Gándara.

El Mayor Abilio del Valle, siempre a tirarse del pirulo chivón, retrucó soflamero:

—Tronar a Domiciano y después chicotearle, es mi consejo.»

«Zacarías San José, a causa de un chirlo que le rajaba la cara, era más conocido por Zacarías el Cruzado: Tenía el chozo en un vasto charcal de juncos y médanos, allí donde dicen Campo del Perulero: En los bordes cenagosos picoteaban grandes cuervos, auras en los llanos andinos y zopilotes en el Seno de México. Algunos caballos mordían la hierba a lo largo de las acequias. Zacarías trabajaba el barro, estilizando las fúnebres bichas de chiromayos y chiromecas. La vastedad de juncos y médanos flotaba en nieblas de amanecida. Hozaban los marranos en el cenagal, a espaldas del chozo, y el alfarero, sentado, sobre los talones, la chupalla en la cabeza, por todo vestido un camisote, decoraba con prolijas pinturas jícaras y güejas. Taciturno bajo una nube de moscas, miraba de largo en largo al bejucal donde había un caballo muerto. El Cruzado no estaba libre de recelos: Aquel zopilote que se había metido en el techado, azotándole ron negro aleteo, era un mal presagio. Otro signo funesto, las pinturas vertidas: El amarillo, que presupone hieles, y el negro, que es cárcel, cuando no llama muerte, juntaban sus regueros. Y recordó súbitamente que la chinita, la noche pasada, al apagar la lumbre, tenía descubierta una salamandra bajo el metate de las tortillas... El alfarero movía los pinceles con lenta minucia, cautivo en un dual contradictorio de acciones y pensamientos.»

Por todo lo dicho, creo que ya queda claro que no es esta una novela de ritmo rápido ni de lectura ligera. Tampoco es pesada, ni un leño, pero pide una lectura sosegada, sin prisas, incluyo releyendo y hasta subrayando párrafos. Este predominio de las formas, este estilo barroco y recargado, donde cada frase cuenta y está dibujada minuciosamente, y el autor juega con el lenguaje con tal dominio, exigen tiempo y atención, aunque corresponden con una sensación muy grata de disfrutar de las palabras y de quedarse satisfecho con la lectura realizada. 

Pero por otra parte, todo este despliegue de talento narrativo, de prosodia, de lirismo, no está sólo al servicio del esperpento, sino que con Tirano Banderas Valle da alas a otro subgénero literario, tan ligado (por desgracia) al continente americano: la Novela del Dictador, del cual no es la primera, y además es ficcional, pero traza las pautas que seguirá el género en lo sucesivo (luego vendrán Yo, el Supremo de Roa Bastos, El otoño del patriarca de García Márquez, Conversación en la catedral o El sueño del celta de Vargas Llosa...)

Una edición de la época. Bonita, ¿verdad?

Ahora llegaría el momento en el que acostumbro a recomendar el libro por tal o cual motivo, pero en esta ocasión prefiero matizar que estamos ante una novela que desanimará a muchos y provocará rechazo directo a otros, así que ceñiré mi recomendación a aquellos que disfrutáis, como dije arriba, de la lectura calmada y tanto (o incluso más) del lenguaje, del estilo del autor como de la historia que está contando.


Adaptaciones: 

La novela de un dramaturgo tenía que gozar de una adaptación teatral, y ahora mismo el Proyecto Dos Orillas, que aúna compañías teatrales de España y América está representando un montaje con actores y actrices de muy diversos países, recogiendo el espíritu panhispánico de la  obra de Valle-Inclán.


No es el único montaje sobre esta novela, pero sí el más actual y tal vez el más ambicioso. 

Y tuvo también su adaptación cinematográfica, en 1993, con dirección de José Luis García Sánchez y guión del mismo y del gran Rafael Azcona. Contó con Gian Maria Volonté como Tirano Banderas, Juan Diego como Nacho Veguilla, Fernando Guillén como Quintín Pereda y el cantante (ya esperpéntico por si mismo) Javier Gurruchaga como el Barón de Benicarlés.


La película no tuvo demasiado éxito en su día, los costes de producción superaron con creces a la recaudación en taquilla (no pasa nada, las subvenciones públicas pueden con todo) y el resultado global no fue demasiado satisfactorio. Vamos, que fue un fracaso.

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5 comentarios:

  1. COn sejemante biografia del autor como no leer este libro

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    1. A lo largo de este año reseñaré otra de sus obras centrales: "Luces de Bohemia" y contaré alguna de las muchas anécdotas de Valle-Inclán, sus devenires por Madrid con Rubén Darío, Pablo Neruda y los hermanos Baroja, o sus enfrentamientos con su archienemigo José Echegaray :)

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  2. Estimado Tomás...En realidad me sorprende tanto elogio a un autor que a mi parecer resulta bastante anacrónico hoy en día y por completo difícil a la hora de digerir en su lectura (no me lo imagino como libro recomendable para llevarlo a la playa). Leer las citas textuales que aquí pones, me hace recordar lo que sufrí junto a mis compañeros de universidad cuando nos hicieron leer su "Sonata de Invierno". No me puedes negar que su lenguaje resulta sobrecargado y poco ameno, tanto en el de sus narradores, como en el de sus personajes; de hecho, como chileno y latinoamericano que soy, te revelo que no es un autor muy leído y apreciado por estos lares. Si bien se le adjudica a este caballero la creación del "esperpento", para ser sincero, lo que hizo el hombre no fue otra cosa que llevar a la palabra las imágenes de los seres retorcidos de otro de tus compatriotas, Goya (artista que en su caso sí admiro). Creo que alguien como el genial director castizo Alex de la Iglesia supo ser inteligente y recoger estos esperpentos en su cine, de manera de hacer más aceptable el concepto para las nuevas generaciones. Por otro lado, el mismísimo Valle-Inclán era un esperpento. Reflexiono ante estas palabras que sé que pueden ser duras y me doy cuenta que es la primera vez en que difiero de tus preferencias estéticas.

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    1. Elwin, agradezco mucho tu comentario, porque creo que esto es lo más gratificante del blog, el compartir opiniones, debatir y enriquecerse con las impresiones de los demás, algo que en muchas ocasiones mi entorno inmediato me niega.

      Mi admiración por Valle-Inclán emana de muchos factores, pero digamos, para abreviar, que en ocasiones necesito un cambio de aires de mis géneros preferidos (terror, fantasía y ciencia-ficción) y para ello siento debilidad por los autores del S.XIX y principios del XX. Disfruto tanto de los "novelones" naturalistas de Perez Galdós, Leopoldo Alas Clarín o el ruso León Tolstoi como de los esperpentos de Valle.

      Creo que soy una persona "de extremos", y de Valle me encanta su uso del lenguaje, ese culteranismo casi gongoriano que tiene, además de que lo relaciono con su época. Me explico: España estaba (como hoy) asfixiada, comatosa, arruinada, sin rumbo, sin liderazgo y sin ideas. Con unas tasas de pobreza y analfabetismo impresionantes y, lo peor, con una crisis de valores total. Sin superar la pérdida del imperio, sin adaptarse a los nuevos tiempos (no había industria ni sistema financiero) y sin identidad nacional. Y creo que los autores de la época, la llamada Generación del 98, transmiten una radiografía perfecta de aquel momento histórico, y aficionado como soy a la Historia, me recreo aprendiendo a través de sus obras.

      Coincido contigo también en mi admiración por Goya, y aprovecho para comentarte que uno de los placeres que me transmitió la lectura de tu compatriota Hernán Rivera Letelier (que fue una de las grandes revelaciones para mí) es que su estilo literario me trajo reminiscencias de Valle-Inclán, por el retrato esperpéntico de los personajes y el uso que hace del lenguaje.

      Gracias de nuevo, y un abrazo desde España-Galicia amigo Elwin.

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    2. Como fue advertido, lectura para quien quiera y pueda hacer un esfuerzo. Obra maestra y maestra presentación.
      Quien quiera facilidades que lea Los Cinco se Entretienen.

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