29 de marzo de 2014

Cartas desde Malvadia,o el Club de los Poetas Libertos

Hoy me gustaría contaros una historia, un cuento de hadas. Pues ciertamente hay en ella un hada, un rey, un reino mágico y unos pequeños y valientes bardos. 

Transcurre nuestra historia en el confín del mundo de los hombres, donde altos acantilados se yerguen sobre el mar infinito. Donde soplan fuertes vientos; donde densas brumas cubren la tierra cada amanecer y sus jirones se quedan enganchados en la ramas de los árboles, de las que no se desprenden hasta bien entrada la mañana, pues hasta los mirlos y las pegas (que es como llaman allí a las urracas) los arrancan para hacer sus nidos. Una tierra cuyas largas y frías noches pertenecen a los muertos, que la recorren a voluntad mientras los vivos se encierran en sus casas y narran leyendas y cuentos, transmitidos de abuelos a nietos, arrebujados en las chimeneas con bancos que llaman lareiras, pues eso y no otra cosa es el lar, un fuego en el que calentarnos junto a los nuestros y sabernos amados y seguros.

[fuente: Soledad Belloza]

Esta querencia por la ultratumba, y tal vez el destino, unieron a un grupo de jóvenes que moraban en una pequeña ciudad junto al mar. Ciudad en la que el poderoso Hércules derrotó a Gerión, y de la que hace tres mil inviernos partió Ith a la conquista de Irlanda, portando con él la Piedra del Destino sobre la que aún hoy se coronan los herederos de Arturo. Aficionados a la cara más lúgubre y tenebrosa de la literatura y el resto de las artes, y carentes de un lugar donde enraizar su parnaso, pululaban por el atrio del templo de Minerva, pues el acceso más allá les estaba vedado. 

Satisfechos con su humilde suerte, los noveles literatos alimentaron su pasión con cuentos, con dibujos, con relatos, ¡con poemas! y fue tal su entusiasmo que pronto llamaron la atención de aquella hada, una de las tantísimas criaturas encantadas que pueblan esa tierra, y quien, por querer conocer el mundo de los hombres, tomó un día forma humana y vivió entre ellos. La Dama de la Luna, pues así la llamaba su gente por tener el brillo y el encanto de la dueña de la noche, no pudo sino reparar en nuestros prometedores protagonistas, y pronto los tomó bajo su tutela. No hizo más que animarlos, pues el talento estaba en ellos, como está el diamante enterrado entre carbones, esperando que el hombre lo encuentre, lo pula y lo talle para darle todo su valor. Apenas dirigirlos para que ellos mismos perfeccionasen y afinasen su potencial; sólo un pequeño empujón, pues eso significa educar, sólo eso y nada más. 


Guió el hada la mano y la pluma de nuestros pequeños poetas durante varias estaciones, como guió durante siglos a las embarcaciones la luz del antiguo faro que era escudo y orgullo de aquella remota ciudad, y fue así que comenzaron a sorprender a propios y extraños con la altura que iban alcanzando sus creaciones. 

Minerva, contemplando complacida desde lo alto cómo las musas cuidaban y no dejaban de visitar a sus protegidos, sonreía.

Pero todo templo, por grande que sea, tiene muros, y los muros significan límites. Y el talento, que es un pájaro que vuela alto y libre, porque está en el pecho y en la frente, no entiende de límites ni de barreras. Quién sabe si asustadas por la confianza que los poetas ganaban en si mismos, las sacerdotisas de la diosa (tal vez más devotas de Término) que sólo posan su mirada en la luz y en la albura, dictaron que el amor de los jóvenes vates por la noche y sus criaturas fuese herejía y aún anatema -pues es sabido que son los hombres quienes crean a sus dioses, no al revés, y quienes por ellos deciden y disponen- y no tuviese cabida en el templo ni aún en sus escaleras, donde ni a ladrones, mercaderes y otros pecadores se les negó jamás el pan y la sal. 



Desconcertados porque su amor por la diosa, a quien honraban a su manera, fuese dado por ominoso, y porque se les pidiese ser niños, sólo eso y nada más, los pequeños bardos ataron sus cuadernos, se despidieron del templo y comenzaron una travesía en el desierto, guiados por La Dama de la Luna, en busca de un lugar donde sus creaciones fuesen bendecidas. 

Y como no puede faltar en nuestro relato un rey (No un rey sádico que disfrute matando animales inocentes, como osos encadenados o mansos elefantes; que viva en el boato de la Corte, ajeno e indolente a las penurias de su pueblo. En nuestro cuento de hadas hablamos de un rey justo), esta travesía terminó en el reino de Malvadia.

[fuente: Facebook oficial de Jack Mircala]

Porque Malvadia está allá donde la imaginación quiera. Malvadia es el reino de Jack Mircala, un rey amante y protector de las artes y las letras que, conocedor de las vastedad de sus dominios, dio amparo a nuestros jóvenes protagonistas, sin exigirles pleitesía, tributo ni vallasaje.  

Y como amor con amor se paga, hoy los pequeños bardos son heraldos y embajadores de Malvadia, extendiendo sus intangibles fronteras hasta donde lleguen sus creaciones, que es como decir que -a diferencia de en los encorsetados muros del templo- ya no conocerán más límites que su imaginación y talento.



Es tal la satisfacción del rey Jack por disfrutar de tan nobles y leales ciudadanos (pues es Malvadia un reino con ciudadanos y no súbditos) que él mismo les ha compuesto su himno, e invita a todos aquellos jóvenes amantes de la oscuridad, de la noche, de las historias fantásticas y extraordinarias, de los sueños, del miedo, el suspense, el horror y la intriga, a visitar Malvadia y aún afincarse en ella si se atreven y así lo desean. 

Si tú, lector, quieres visitar Malvadia y conocer las siniestras creaciones, los relatos, poemas y artículos de Danaerys, de Terrorífica Arancha, de Gata Negra, de Xavi, de Animegore, de SombrasdeMedianoche o de mi preferido Iago Mora (disculpad los favoritismos de este pobre viejo) y sorprenderos cada día con la creatividad y el casi insultante talento de estos jóvencísimos autores, no dejéis de leer las inquietantes cartas que desde Malvadia envían con escrupulosa puntualidad:


Nos leemos!



cartas desde malvadia -
CC by-nc-nd -
Tomás Rivera
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4 comentarios:

  1. Maňana lo publicaré en Cartas desde Malvadia con el preámbulo que se merece.
    Gracias por esta metáfora. Así es la vida, que no nos debe nada, pero mientras exista la "resistencia" las sacerdotisas integristas, que en todos los ámbitos las hay, no nos dominarán ni nos dirán de forma sibilina qué tenemos que leer y cómo. Al fin y al cabo sus géneros literarios y su vivir para trabajar no las han hecho, ni mucho menos, felices. Te queremos!

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    1. Gracias a vosotros por ser, como dice la fachada del palacio municipal de la ciudad que vio nacer a estos jóvenes paladines: "Cabeza, guarda, llave, fuerza y antemural del Reino de Malvadia".
      Y gracias igualmente por difundir mi pequeño cuento, que está hecho para eso, para ser leído. Besos y abrazos desde KindleGarten!.

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  2. He borrado los anteriores porque a causa de la tendinitis tengo que chillarle al móvil y sin querer repito cosas.
    La semana pasada le puse a mi querida Nieves Abarca lo que me mandaron ,por mensajes de voz tras la.clausura del club, los chicos. Ella en un mensaje de Fb me puso Oh Capitán, mi Capitán. Poco imaginé cuando ví esa película hito en mi carretera que yo acabaría igual, despretigiada por querer hacer libres a los chavales. Se me ha acusado de lo contrario, de ser u a gurú que les impone sus propias ideas. Y sabes cuáles son? Leed!! Leed de todo!! Formáos!! Sed alegres! Sed libres! . Maldición. Me han quitado una actividad por ser fan de Juan Salvador Gaviota y Paulo Freire.

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    1. Ay, el miedo atroz a la libertad y al pensamiento autónomo vuelven a presentar batalla. Creo que, si realmente los pequeños autores-lectores considerasen que se les estaban imponiendo ideas, habrían sido lo bastante listos como para darse cuenta y rebelarse, que en el fondo es lo que se les estaba transmitiendo: que piensen por sí mismos.
      Bueno, el daño está hecho y por suerte todo ha salido bien dentro de lo malo.
      Ahora mucho ánimo a todos los implicados, y mis felicitaciones más sinceras a todos y cada uno de los miembros del Club.

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