31 de enero de 2017

¿Acaso no matan a los caballos? - Horace McCoy

Durante la Gran Depresión, son muchos los jóvenes que, como Robert Syverten, intentan lograr un hueco en Hollywood, para encontrarse deambulando por sus aledaños sumidos en la pobreza. Uno de los populares maratones de baile, humillantes espectáculos en los que las parejas danzan sin parar durante semanas, parece una buena oportunidad para ganar dinero y notoriedad, pero su pareja Claudia, con una morbosa fijación por la muerte, puede dificultarlo todo. Una radiografía de la sociedad estadounidense, de sus miserias y sus traumas, y un retrato de la desesperación, la desazón y la ausencia de futuro de una generación perdida. 


¿Acaso no matan a los caballos?

¿Acaso no matan a los caballos? (They shoot horses, don't they?), publicada en 1935, es la obra más célebre de Horace McCoy: Escritor, periodista deportivo, militar condecorado, fotógrafo de guerra, actor frustrado y prolífico guionista de cine, donde colaboró con grandes directores de la Golden Age de Hollywood como Henry Hathaway o Raoul Marsh. McCoy está considerado de manera unánime como uno de los principales autores de la novela negra y hard boiled estadounidense.

Horace McCoy

¿Acaso no matan a los caballos? es una novela negra atípica, con una narración realista y dramática, y una reflexión filosófica sobre el nihilismo de una sociedad desesperanzada y en apariencia carente de futuro por la crisis económica y social que atraviesa.

Destaca por su profundidad argumental y filosófica, que contrasta con su brevedad. Por la sensación de desarraigo que transmite, entre el existencialismo y el nihilismo, y su reflejo de la sociedad estadounidense en general y la de Hollywood en particular durante la Gran Depresión.

Reúne muchos de los elementos que caracterizan a la buena y clásica novela negra hard boiled. Atípica, curiosa, fuera de clichés, pero novela negra así con todo, y de las buenas, pese a no basarse en personajes como el detective duro y cínico, el gángster, la mujer fatal, el político corrupto o el policía irlandés.

En primer lugar, comienza muy fuerte, y lo que voy a escribir no es un spoiler, porque McCoy lo cuenta en el arranque de la historia: Robert, el protagonista, mata a Gloria, su compañera de baile, de un tiro en la cabeza, simplemente porque ella se lo pide. Desde la sala de un tribunal, nos narra los hechos en primera persona, en retrospectiva, alternando su relato con los pensamientos que está teniendo en el momento presente, en el que el juez le lee su sentencia. Sentencia cuyas frases dan título a los capítulos de la novela, y que puede conocerse leyendo el índice. 

¿Acaso no matan a los caballos?

Robert Syverten es un joven que intenta subirse al tren de Hollywood en una América castigada por la Gran Depresión. Idealista y entusiasta, persigue el sueño de ser director de cine pero, como tantos otros, debe conformarse con pescar, muy de vez en cuando, un papel de extra. Su camino se cruzará con el de Gloria, una joven del mid-west morbosamente obsesionada con su propia muerte, hasta el punto de desearla y hablar sobre ella de manera constante. Sin trabajo, deciden presentarse a un maratón de baile, cuyo premio es de mil dólares (una fortuna para la época). El citado maratón es un espectáculo patético y lamentable en el que decenas de parejas bailan durante semanas para un público abúlico, y cuyos promotores son capaces de lo que sea mientras aumente el aforo. 

A medida que avanza el certamen, asistiremos a un desfile de todos los tipos de esa sociedad marginal compuesta por los desheredados de la Gran Depresión, y a sus tribulaciones. Tanto las parejas que se lo toman como un trabajo (y acuden a maratones de todo el país) como aquellas que se juntan por conveniencia o las que simplemente concurren por pura desesperación, son puestas a prueba hasta aflorar, en muchos casos, lo peor de cada persona: la violencia, la insidia, la competitividad... lo que debería ser un espectáculo derivará en crímenes, agresiones físicas, arrestos, sobornos, favores sexuales... 

Con este tour de force, en el que los organizadores exprimen a los participantes, y donde retuercen el reglamento cada vez más («por el espectáculo») llevando a las parejas a la humillación y a la pérdida de la dignidad, exhibiéndose ante el público casi como animales en un circo, Horace McCoy muestra, a mi modo de ver, los extremos a los que la desesperación, la miseria y la ausencia de perspectivas puede llevar a las personas. Cuando una Sociedad ha perdido las expectativas, la perspectiva de futuro, cuando la Depresión es tal que sus miembros han dejado de soñar con el mañana y sólo piensan en sobrevivir al presente, la decadencia y la degeneración alumbran monstruos como el que McCoy retrata en esta obra. 

¿Acaso no matan a los caballos?

La sinopsis oficial dice que esta obra fue, durante años, «la preferida de los existencialistas franceses». Hasta que no la leí no comprendí el porqué. Pues existencialismo es lo que transmite, impregnado de un nihilismo áspero y descorazonador. Y todo ello cristalizado de forma magistral por McCoy en el personaje de Gloria, de quien pasamos a hablar.

Si el bueno de Robert representa el entusiasmo, el vigor de la persona joven que conserva la ilusión, que disfruta de cosas sencillas como contemplar el océano,  sentarse en un parque o sentir el sol sobre su cuerpo, que piensa que su oportunidad finalmente llegará y que, como él mismo dice, hasta conocer a su pareja de baile «nunca había pensado en el fracaso», Gloria es su antítesis. Cínica, descreída, apática, sin ilusiones, motivaciones ni intereses, expresa continuamente su odio y su repulsa por todo y por todos. Siembra cizaña entre otras parejas, actúa de forma deshonesta a espaldas de Robert, provoca enfrentamientos... No es que carezca de autoestima, sino que se desprecia y aborrece a si misma. Le obsesiona la muerte, hablando de ella de forma compulsa y morbosa.  Pero ni siquiera la considera una liberación, un poner fin a una vida en la que es desdichada. De una manera nihilista como ya dijimos, casi la interpreta como un paso más en el sinsentido de su vida, como algo lógico que, puesto que debe ocurrir de todas maneras, lo mejor es que lo haga cuanto antes. 

¿Acaso no matan a los caballos?

Así, si he entendido correctamente el mensaje de McCoy (o al menos es mi manera de aprehender esta novela), Gloria representa a la sociedad americana, a esa Gran Depresión que conduce a la perdición a las personas y les roba sus sueños y su futuro, como le priva del suyo a Robert, condenándolo a muerte por provocarle a ella la suya movido por un sentimiento noble: la piedad. Pues para Robert, el matar a Claudia es un acto de clemencia, como lo es matar a un caballo que se ha roto una pata (supongo que no había ninguna duda del porqué del título de la novela, ¿verdad?)

Cabe destacar también el enorme simbolismo del maratón de baile como metáfora de una sociedad que no puede detenerse pese a sus muchos defectos. Hay asesinatos, pero hay que seguir moviéndose. Uno de los participantes es un reo prófugo, pero las parejas deben seguir bailando. La organización hace trampas y el reglamento es cada vez más injusto, pero siempre hay que seguir hacia adelante, siempre en movimiento, en una vorágine sin fin y por último sin sentido, cuando los bailarines han perdido la noción de si mismos y creen llevar en aquel recinto toda la vida. 

¿Acaso no matan a los caballos?

La novela es muy rica en diálogos, y a través de ellos transcurre gran parte de la trama.

Toda esta profundidad de contenido se condensa en un texto bastante breve (tanto que es común encontrarla editada en un mismo libro junto a otra novela de ambientación similar, Luces de Hollwood) que se lee con un ritmo muy alto, propiciado por el estilo limpio y directo de Horace McCoy, que se detiene lo mínimo en descripciones, tanto de los personajes como de los escenarios, y sin embargo ilustra de manera más que correcta unos y otros. Su tono oral, coloquial, colabora también en que la lectura sea amena y en ningún momento pesada. Como es habitual en la novela negra americana (al menos desde mi pequeña experiencia) la forma está al servicio del fondo, y McCoy opta por el estilo sencillo y expeditivo de otros maestros como Chandler o Hammett, aunque personalmente lo encontré mucho más lírico, con mayor capacidad de evocación que aquellos. Pues hay momentos de gran expresividad, como cuando Robert goza de escasos minutos en los que los rayos del sol entran a través de los tragaluces (algo que Claudia, siempre hiriente y malintencionada, no puede dejar de ridiculizar) o comienza a odiar a su antes bienamado océano Pacífico al sentir las olas rompiendo sin cesar bajo el edificio donde se celebra el maratón de baile. 

¿Acaso no matan a los caballos?
Portada clásica de "Club del Misterio" [fuente]

La película:

Una novela así debía tener su correspondiente adaptación cinematográfica, y ésta llegó en 1969 de la mano del director Sidney Pollack, con Michael Sarrazin como Robert y Jane Fonda como Gloria. Con esa curiosa costumbre que tenemos de cambiar los títulos al traducirlos, se tituló Baile de ilusiones en Iberoamérica y Danzad, danzad, malditos en España. [Ficha Imdb] y [Ficha Filmaffinitty]. 
Danzad, danzad, malditos

Tiene la categoría de obra maestra del cine, pese a la anécdota de haber tenido, en su día, nueve nominaciones al Óscar y haber ganado sólo uno (mejor actor de reparto, a Gig Young como Rocky, el organizador del maratón). 

Danzad, danzad, malditos

Podría decir, a modo de resumen, que ¿Acaso no matan a los caballos? es una novela más grande por dentro que por fuera, y que contiene muchísimo más de lo que su argumento, a priori, puede sugerir. Por mi parte, la recomiendo con fervor tanto a aficionados al género noir en particular como a quienes queráis disfrutar de una historia cautivadora y repleta de simbolismo, pero narrada a modo de hard boiled, que es como decir de una manera adictiva y atrapadora.

Compártelo:

8 comentarios:

  1. Respuestas
    1. A mi me gustaría ver la película, a ver si un día hago un hueco. Es una historia dura, y supongo que va en el gusto y en el estado de ánimo, Yo es que enamoré del hard boiled, cosas que pasan.

      Eliminar
  2. Como siempre, Tomás, aprendo mucho de tus lecturas. A su vez, no dejo de disfrutar tus análisis y en especial de los simbolismos de la obras. A ver si de una vez te animas a leer a mi compatriota Roberto Ampuero, al cual hace rato te recomendé y es el mejor exponente de novela policial chilena.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Elwin; tengo a tu paisano en la lista de pendientes, y ahora sólo dudo si comenzar por él o por Roberto Bolaño y sus detectives salvajes, pues estas cuatro entregas que restan del reto "12 novelas negras" pensaba dedicárselas a autores de habla hispana, entre ellos el español Vázquez-Montalbán.

      Eliminar
  3. No te confundas por el engañoso título, amigo. "Los Detectives Salvajes" no es policial. Léete "Boleros en la Habana" de Ampuero si puedes.

    ResponderEliminar
  4. La estoy leyendo y estoy encantada del género, leí a James Cain hacen unos 10 años atrás y si alguien la tiene quiero conseguir nuevamente el libro "El Cartero llama dos veces" y si me recomiendan otra novela sería excelente porque ya estoy por terminar el libro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gustaría ayudarte, pero me temo que no he leído nada de James Cain, así que no podría sugerirte ninguna novela suya. En cuanto a novela negra en general, como veo que te gusta la novela americana, tal vez puedas probar con Dashiell Hammet, coetáneo de Cain. A mí me gustó mucho "Cosecha roja".

      Eliminar
  5. a estoy leyendo y estoy encantada del género, leí a James Cain hacen unos 10 años atrás y si alguien la tiene quiero conseguir nuevamente el libro "El Cartero llama dos veces" y si me recomiendan otra novela sería excelente porque ya estoy por terminar el libro.

    ResponderEliminar

Y tú, ¿Qué opinas?

SUSCRIBIRSE POR CORREO

Recibe las actualizaciones en tu e-mail

Archivo

Seguir en las redes