4 de enero de 2014

La reina Isabel cantaba rancheras - Hernán Rivera Letelier

La repentina muerte de la Reina Isabel, la prostituta más famosa de la pampa chilena, congregará a su alrededor a los desheredados y parias de la industria salitrera. Aquellas con las que compartió oficio y aquellos a quienes ofreció su amor y su consuelo los días de paga se reunirán para despedirla, y con ella a un mundo que desaparece, pues con la Reina Isabel morirá toda la Pampa. 

La reina Isabel cantaba rancheras

Publicada en 1994, La Reina Isabel cantaba rancheras es obra de Hernán Rivera Letelier, chileno que fue minero y trotamundos antes de dedicarse a la escritura. 

Es una tragicomedia que combina costumbrismo, fantasía, realismo mágico, esperpento y tremendismo para crear un relato realista pero narrado con un estilo lírico y poético lleno de emotividad. 

Siendo la primera novela del autor, supuso su consolidación como escritor y posee un estilo narrativo de gran belleza y plasticidad, que transmite al lector emociones muy vividas y permite una enorme empatía con los protagonistas.


Hernán Rivera Letelier

Una novela redonda, perfecta, ideal, La reina Isabel cantaba rancheras es el debut soñado para cualquier aspirante a escritor, y es difícil de encontrar una novela que transmita tanto. Es como un compendio de los géneros literarios que hicieron grande al boom latinoamericano, del que es heredero directo, aderezado por el tremendismo de Camilo José Cela y el esperpento de Valle-Inclán:

Estamos ante un libro realista, en cuanto narra una historia posible, creíble, pero deformada por una visión mágica, fantasiosa en la línea del maestro Juan Rulfo. Si hubiese que destacar un factor como principal, sería la capacidad de Hernán Rivera para hallar belleza en lo sórdido, en lo grotesco. Es capaz de tomar un lugar agreste, árido, desabrido, inhóspito, como son las explotaciones salitreras de la pampa chilena y convertirlas en un escenario de fábula, honrando a sus habitantes, los mineros marginales, mal pagados y olvidados por el mundo, y las prostitutas que suponen su refugio amoroso, su consuelo sentimental -pagado por supuesto-, dotarles de orgullo y revestirlos de dignidad, de un áurea de nobleza.

Conocedor de primera mano de esa realidad, de la cual procede, Hernán Rivera desgrana, a medida que transcurre la narración, los hechos diferenciales del mundo pampino: el aislamiento, las rigurosas condiciones de vida de los trabajadores, las injusticias (aún pesa el recuerdo de la Matanza de Santa María de Iquique), las veleidades de los propietarios (casi siempre extranjeros), el germen comunista y sindicalista, los cierres arbitrarios de Oficinas (explotaciones)... entre todos ellos resalta el papel de la prostitución, que más allá del mero comercio sexual tiene un importante papel afectivo y sentimental.

La reina Isabel cantaba rancheras

La narración se beneficia del talento innato de Hernán Rivera para la prosodia y la eufonía; combina las palabras en el orden perfecto para crear frases de gran hermosura, y su gusto por la exageración, por la hipérbole, que lleva a veces al ya mentado tremendismo, provoca momentos de hilaridad y hasta de carcajada. Se percibe también un carácter oral muy marcado, y de hecho se alterna la narración en primera y tercera persona, con pasajes relatados en retrospectiva, y otros a cargo de un narrador omnisciente. El primero aporta muchos datos de carácter costumbrista, y recuerda hechos simpáticos como las pichangas (en España pachangas) de fútbol con hasta ochenta jugadores por equipo, o tristes como los cierres de Oficinas y la diáspora de los trabajadores. 

Una crítica muy extendida es que tiene un comienzo difícil, y muchos lectores desisten pronto, pero es sólo el lógico período de adaptación a la particular prosodia del autor, y merece la pena el posible esfuerzo a cambio de disfrutar de un texto tan elaborado, tan mimado, tan rico en descripciones, en metáforas, y tan adjetivado, tan repleto de guiños literarios. 


La reina Isabel cantaba rancheras

Otro punto fuerte es, sin duda, el tratamiento de los personajes. Esta corte de los milagros está cuidada de tal modo que sus miembros mueven al cariño, a la compasión, a la simpatía. El autor le dedica a cada uno tanto texto como sea necesario, y tanto los mineros (el trastornado Astronauta, el caricato Burro Chato, el Viejo Fioca o el Poeta Mesana -en parte un trasunto del propio Rivera-) como las prostitutas resultan entrañables, y cada una está detallada y caracterizada ya desde sus apodos. La propia Reina Isabel, la Chamullo (famosa por sus exagerados y artísticos orgasmos fingidos), la Dos punto Cuatro, la Cama de piedra, la Malanoche y su inseparable la Flor Grande, la Poto Malo y la Ambulancia, cuya presentación, que se extiende varias páginas, es una muestra de esperpento inmejorable.

«Gorda, soberbia, monumental, lo que se llama una doña puta, desde los recintos enmurallados de los buques, la Ambulancia hace su majestuosa aparición en la calle.

Estilante, recién salida de la ducha, relucientes sus carnes albísimas, la mamotrética matrona emerge ataviada con una de sus características túnicas blancas, vaporosas y velámicas.»

Dentro de esta exaltación de lo pampino, del orgullo de ser un superviviente, de sobreponerse a la crudeza de un mundo tan hostil, llama la atención que el ganarse un sobrenombre sea un signo de distinción, y aquellos «viejos sin apodo» sean tratados como masa, como personajes de fondo sin importancia.

Sorprende que la novela, que transcurre durante la dictadura de Pinochet, podría perfectamente radicarse en los años treinta o cuarenta, por la pasión que los pampinos tienen por la música mexicana (la Reina Isabel cantaba, en efecto, rancheras por los bares siendo niña) y las antiguas películas de Jorge Negrete y Pedro Infante. Representa una nostalgia por los tiempos de esplendor de la industria salitrera, en continua decadencia desde entonces (por causa del salitre sintético), y que en la época de los hechos se encuentra al borde de su total desaparición. De hecho, la muerte de la Reina Isabel simboliza la muerte de la Pampa y el fin de una era.

Nos hace llegar así la belleza triste del corrido, del tango, del fado. Música de perdedores, de arrabales obreros, que sabe de amores desgraciados, de penas olvidadas con alcohol y desahogadas en prostíbulos y tabernas portuarias.

La reina Isabel cantaba rancheras
Viviendas de trabajadores en la oficina salitrera de Humberstone y Santa Laura,
hoy Museo del Salitre, Monumento Nacional y Patrimonio de la Humanidad

Se impregna pues la obra de un sentimiento omnipresente de nostalgia, de pérdida, de recuerdo de un antiguo pasado próspero esplendoroso ahora perdido, de tiempos mejores que no volverán, de olvido y también de injusticia, de esfuerzos hechos en vano, mal pagados con la traición de las palomas (cartas de despido):

«Y es que las palomas, paisitas, para que lo vayan sabiendo de una vez por todas, fue lo más perverso que nos pudo pasar a los habitantes de la Oficina. La maldición de estas siniestras aves de papel de oficio no sólo afectó a los trabajadores, sino que fue tremendamente nefasto para la familia pampina toda. Les voy a decir que de la noche a la mañana palomear se transformó en el verbo más temido entre la gente de la Oficina.»

En resumen, si hubiese que ilustrar a esta banda de desheredados, de parias congénitos, pobres de solemnidad y con los pulmones devorados por la silicosis que protagonizan La Reina Isabel cantaba rancheras, pueden imaginarse como un grupo de gitanos de Kusturica que hubiesen cambiado los Balcanes por el desierto chileno para seguir luchando con la vida. Y siempre perdiendo.


Adaptaciones: 

Aunque no cuente todavía con una adaptación cinematográfica, sí que posee varias teatrales, a cargo de diferentes compañías, una de las cuales, la Godot, cuenta con la colaboración del propio autor. 

La reina Isabel cantaba rancheras
El elenco de la Compañía de Teatro Godot, caracterizado para su puesta en escena
En el tráiler de presentación podemos ver además la oficina salitrera Pedro de Valdivia, donde trabajó Hernán Rivera:

También los alumnos de Pedagogía en Castellano y Comunicación de la Universidad de la Frontera hicieron su propio cortometraje sobre la novela.

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6 comentarios:

  1. De este libro no habia leido nada, pero seguro me gustara

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    1. Yo creo que sí, a mi me fascinó, ya que pese a ser duro y dramático tiene mucha ternura y un punto de humor muy agradable. Si yo fuese capaz de escribir así... ay! Te lo recomiendo encarecidamente.

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  2. Qué sorpresa, estimado Tomás, encontrarme con un regreso tan temprano tuyo al blog, cuando muchos te veíamos disfrutando del buen calor hogareño en ese invierno peninsular que yo como chileno añoro (acá estamos en plenos calores veraniegos y ahora mismo escribo llevando solo puesto lo que aquí llamamos "short", o sea, un traje de baño que también se utiliza como prenda callejera); por otro lado, me vuelvo a sentir honrado de que un españolísimo gallego como tú (espero no sea ofensivo el uso de los dos términos seguidos) escriba con tanta pasión acerca de este compatriota mío y su maravillosa ópera prima. Te cuento que este autor está dentro de las lecturas recomendadas por el Ministerio de Educación de Chile y yo mismo ya lo he hecho leer en dos ocasiones distintas a mis alumnos. Para serte más sincero, la vez en que leí esta novela, quedé tan fascinado, en especial con sus personajes, que bien me pareció que si hubieran productores inteligentes, podrían hacer una serie de televisión que fuese precuela al libro y que terminara quizás en qué temporada con lo aquí relatado (esto por la fuerza de sus protagonistas, que resultan tan entrañables en su singular humanidad). Por cierto, creo se te olvidó en tu texto hacer referencia al humor en el libro, pues cumple un papel fundamental. Por otro lado, si bien no me gusta el fútbol, deporte tan popular por acá, como en la Madre Patria, me permito corregirte diciéndote que la palabra es PICHANGAS en su plural (el singular es obviamente PICHANGA) y no PACHINGAS. Además, como profesor de Lengua Castellana y Literatura que soy, bien conozco al sr. Valle-Inclán, de quien en mi época de universitario sufrí sus escritos (es decir, no me gustó para nada, si bien no niego su aporte literario, del cual tu también compatriota Alex de la Iglesia de muy buena forma supo llevar al cine sus esperpentos); bueno, tú nombras en este trabajo a los llamados esperpentos, pero como una vez te mencioné, debes recordar que no todos los lectores entienden conceptos como éste, razón por la cual creo lo enriquecerías explicando en qué consisten y de ahí la relación con los personajes de Rivera Letelier quedaría mucho más clara. Como dato extra, te cuento que este autor tal como otro gran escritor chileno, José Donoso y de quien escribí el año pasado, no tuvo estudios formales mayores (es decir, universitarios) y todo lo suyo es fruto de su puro talento. Por último, mi comadre Ledda, tiene el honor de poseer como dos autógrafos suyos y al menos una foto con él (yo la molesto diciéndole que el tipo la atrae físicamente, puesto que igual en general le gustan los hombres feos, je). No puedo terminar este más que largo comentario, alabando tu gran talento al escribirlo. Cariños desde Chile.

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    1. Hola de nuevo Elwin, qué placer como siempre leer tus aportaciones. En primer lugar no me ofende en absoluto el trato, pues soy ambas cosas, podría decir que ser gallego es mi manera de ser español. Tal vez eso fue lo que me llevó una vez más al error, que me haces notar, de usar el término esperpento, de uso muy común es España, dando por hecho que es de uso generalizado, y siempre olvido lo rica que es la lengua castellana y los muchos giros y modismos que tiene en tantos países como se habla. De todas maneras, tengo la intención desde hace cierto tiempo de hacer una reseña de "Tirano Banderas", una de las obras de Valle-Inclán a la que le tengo más cariño, y en ella desarrollaré con extensión el tema del esperpento. Por mi parte, y tal vez por ser paisanos (nació en Pontevedra, en Galicia), tengo a Valle como uno de mis autores preferidos, y en la reseña hablaré un poco de su pintoresca y excéntrica vida.
      Tienes razón también sobre la metátesis que hice de pichangas->pachingas, un lapsus. Lo cierto es que en cualquier caso el libro me enamoró, y si el autor no tiene estudios superiores (leí que a duras penas completó la educación básica) sin duda es un talento innato para la narración, para la literatura. Este año leeré más libros suyos, sorprendido, como indicas, de que nadie diese aún el paso de convertir esta novela en una película o una serie, pero supongo que hoy venden más el misterio, la policíaca, lo sobrenatural... que el costumbrismo, por fascinante y magistral que sea.

      Para despedirme (por ahora) comentarte que en un futuro próximo publicaré la reseña de "Los altísimos" de Hugo Correa, autor que me recomendaste y que, guiado por tu criterio, leí con grata sorpresa. Gracias por tanto amigo Elwin, y un abrazo desde Galicia - España (tanto monta).

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