30 de junio de 2013

Una muy pequeña guía sobre la Ciencia-Ficción

Hoy en KindleGarten no traemos una reseña literaria, sino algo distinto. Como habréis podido notar si visitáis este blog de vez en cuando, la Ciencia-Ficción es uno de nuestros géneros favoritos. No somos ningunos expertos en la materia, sino al contrario, tenemos grandes lagunas sobre sus autores, obras, épocas y estilos. Pero pese a ello, hemos osado hacer reseñas de aquellas obras del género que vamos leyendo y que nos gustan especialmente.

Precisamente a raíz de la publicación de la última de ellas, Cita con Rama de Arthur C. Clarke, nuestro amigo y fiel lector Elwin nos hacía notar que estamos utilizando la diferenciación entre Ciencia-Ficción Dura y Ciencia-Ficción Blanda a la hora de tipificar las obras, sin tener en cuenta que son términos que quizás no todos los lectores utilicéis o conozcáis. 

Así que hemos pensado que podría ser buena idea hacer esta pequeña introducción a la Ciencia-Ficción, muy humilde y muy básica, pues no podemos ofrecer otra cosa por nuestros limitados conocimientos sobre el asunto, aunque esperamos sirva al menos de base para lo que deseéis acercaros a este apasionante género y no sepáis por donde empezar. Agradeciendo a Elwin la inspiración para esta entrada, vamos ya con este primer, llamémoslo Especial, de KindleGarten:


¿A que llamamos Ciencia-Ficción?

A un subgénero literario que trata hechos estrictamente ficticios, pero teóricamente posibles, pues intentan estar mantener el rigor científico de acuerdo a los fundamentos de las Ciencias Naturales (Física, Química, Biología...). Habitualmente se ambienta en épocas futuras en las que existen avances científicos y tecnológicos que han transformado radicalmente el modo de vida del ser humano, por lo cual también se le denomina Literatura de Anticipación, aunque no es extraño encontrarse historias ubicadas en el pasado o el presente, ya sean de nuestra realidad o de dimensiones alternativas, e incluso de mundos totalmente imaginarios. 

Dejemos que hablen los expertos, en este caso Guillem Sánchez y Eduardo Gallego:

«La ciencia ficción es un género de narraciones imaginarias que no pueden darse en el mundo que conocemos, debido a una transformación del escenario narrativo, basado en una alteración de coordenadas científicas, espaciales, temporales, sociales o descriptivas, pero de tal modo que lo relatado es aceptable como especulación racional.» (fuente)

Mary Shelley, precursora del género

¿Cuándo nace la Ciencia-Ficción?

Es difícil decirlo. Aunque muchos expertos identifican Somnium, de Johannes Kepler, publicada en 1634 (el autor murió en 1630) como la primera obra de C-F, hoy día está casi unánimemente aceptado que Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley, publicada en 1818, es la merecedora de este reconocimiento.

Durante el siglo XIX y principios del XX fue cultivada profusamente por autores tanto europeos como Jules Verne (De la Tierra a la Luna, Veinte mil leguas de viaje submarino, El rayo verde), Arthur Conan Doyle (El mundo perdido)H.G. Wells (El hombre invisible, La máquina del tiempo, La guerra de los mundos, La isla del Doctor Moreau), como americanos, ya sean Edgar Rice Burroughs (John Carter de Marte) o Edgar Allan Poe (La narración de Arthur Gordon Pym, Un descenso al Maelström, La verdad sobre el caso del Señor Valdemar), aunque no la llamasen así.



Entonces, ¿Cuándo se comienza a utilizar el término Ciencia-Ficción?

Pues en 1926, y fue acuñado por Hugo Gernsback, el Editor de la revista Amazing Stories, más conocido por los escritores del ramo como Hugo la Rata, por los bajos emolumentos que les pagaba.   Amazing Stories, al igual que otras revistas Pulp como Astounding StoriesWeird Tales o Planet Stories, fueron muy denostadas en su día, por considerarse subproductos de consumo de escaso valor literario, pese a que sus páginas alumbraron a escritores hoy considerados clásicos como H.P. Lovecraft o Robert E. Howard. En honor a Hugo Gernsback, la Sociedad Mundial de la Ciencia-Ficción hace entrega anualmente y desde 1953 de los prestigiosos Premios Hugo a las mejores obras del género. 


¿Qué subgéneros de la C-F existen?

Muchísimos (Ciberpunk, Steampunk, Retrofuturo, New Wave...), pero nosotros vamos a quedarnos con la división básica fundamental, que es la que manejamos en KindleGarten: C-F Dura y C-F Blanda.


La Ciencia-Ficción Dura (Hard) es aquella que considera irrenunciable el rigor científico y que presta gran atención a los detalles técnicos para evitar cualquier tipo de inconsistencia o error en los hechos que narra. Incluso cuando trata temas especulativos (como por ejemplo las formas de vida extraterrestre o los viajes interestelares) intenta mantenerse siempre dentro de lo plausible de acuerdo a las reglas de las ciencias duras (como las matemáticas, la física, la química o la astronomía). Por norma general, los autores de C-F Dura suelen proceder de estos campos del Saber. Podríamos decir que es positivista, pues se circunscribe a lo demostrable por el método científico. En esta vertiente de la C-F nunca aparecerán elementos fantásticos como la telequinesis, la presciencia o la resurreción. 

Isaac Asimov, en su trono de Rey de la Ciencia-Ficción Dura

Por contraposición, la Ciencia-Ficción Blanda (Soft) es menos rigurosa y relega los aspectos científicos y técnicos a un segundo plano, centrándose más en el desarrollo de la historia y en dotar de profundidad a los personajes, tomándose muchas más licencias artísticas y prefiriendo elaborar una buena narración que ceñirse a hechos científicamente correctos. Los autores que optan por esta rama de la C-F no suelen tener formación científico-técnica, pero a cambio poseen un arsenal de recursos literarios y estilísticos mucho más amplio que sus colegas de la vertiente dura. Mientras que éstos tienen como objetivo la divulgación científica, los autores de C-F blanda buscan sobre todo el entretenimiento y ofrecer una mayor calidad literaria, no dudando en introducir elementos fantásticos si la trama así lo exige.  

Ray Bradbury, tal vez el autor más representativo de la C-F Blanda

¿Algunos ejemplos de una y otra?

Por supuesto. Como pesos pesados de la C-F Dura citaremos, por escoger sólo unos pocos, a:

- Stanislaw Lem con Solaris
- Gregory Bendford con Cronopaisaje o el ciclo Centro Galáctico
- Sir Arthur C. Clarke con Cita con Rama o 2001: Una Odisea Espacial
Greg Bear con su trilogía Thistledown
Larry Niven con su Mundo Anillo
- Y por supuesto al inmenso Isaac Asimov con sus sagas Fundación, Robots o Lucky Starr, el ranger del espacio.


Y en el equipo de la C-F Blanda, tenemos entre otros a:

- El gran Ray Bradbury con sus Crónicas Marcianas o Farenheith 451
- Brian W. Aldiss con su trilogía Heliconia, El árbol de saliva o Frankenstein Desencadenado
- Frank Herbert con su célebre saga Dune
Dan Simmons con su ciclo Hyperion
Philip K. Dick con ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
- Y a la revolucionaria Ursula K. LeGuin con su heptalogía Ekumen. 

Con esta revista Pulp empezó todo

¿Y está todo tan claro, tan bien delimitado?

Pues lo cierto es que no tanto. Como en todo los géneros, en la C-F hay muchos grados intermedios y, dentro de practicar una u otra rama, los diferentes autores tienen mayor o menor nivel de flexibilidad a la hora de abordar sus obras. Así, al extremo de la C-F Blanda, con el mínimo rigor científico y el mayor grado de licencias artísticas nos encontramos ya en los terrenos de la Space Opera: Sonidos en el espacio, pistolas láser, seres extraterrestres de todo tipo y color, emocionantes batallas entre naves, androides, poderes mentales... ni que decir tiene que Star Wars sería el ejemplo perfecto. En la literatura podemos quedarnos con Edgar Rice Burroughs y sus colecciones John Carter de Marte y Carson de Venus donde el fundamento científico brilla por su ausencia pero la acción trepidante tiende a infinito.

Igualmente, los autores de la variedad Dura, pese a compartir su obsesión positivista por el rigor y la plausibilidad, pueden ser más o menos estrictos en lo que se refiere a los detalles, y permitirse un cierto número de licencias. Curiosamente, un entretenimiento extendido entre los más acérrimos lectores de C-F Dura es intentar localizar errores en las novelas del género. Larry Niven, tras publicar Mundo Anillo en 1970, recibió miles de cartas de lectores reprochándole la inestabilidad de la colosal estructura anular en torno a un planeta que describe en el libro. En su secuela Ingenieros del Mundo Anillo lo corregiría con un sistema de propulsores.

Como pasa en todos los estilos literarios, las taxonomías no son completamente impermeables, y algunos autores, o diferentes obras de un mismo autor, son difíciles de encuadrar en una u otra vertiente. Por ejemplo, para nosotros el magistral Orson Scott Card (La saga de Ender) estaría dentro de la C-F Blanda por las enormes licencias que se toma en sus obras (especies alienígenas, comunicaciones intergalácticas en tiempo real, viajes a velocidades no-relativistas) y aún así sería mucho más riguroso, más científico, que otros autores de su rama, y su estilo tiene gran número de elementos que lo acercarían bastante a la vertiente Dura.

John Berkey, uno de los grandes ilustradores de la C-F

En resumen...

La Ciencia-Ficción Dura es más científica, más técnica, más rigurosa. La narración suele ser sencilla, directa, no demasiado elaborada. Lo que importa es la idea principal de la obra, el concepto global. Los personajes no suelen estar muy detallados, se profundiza poco en ellos. No hay lugar para elementos fantásticos ni para especulaciones que no se fundamenten de acuerdo a la Ciencia. Habitualmente busca contribuir a la divulgación científica.

La Ciencia-Ficción Blanda tiene un carácter mucho más literario, con narraciones más elaboradas e imaginativas, y personajes mucho más desarrollados, más profundos. Importan sus sentimientos y motivaciones. Los detalles científico-técnicos tienen menos importancia y se permiten licencias artísticas aunque no se sostengan desde el punto de vista científico mientras favorezcan la acción y la hagan más interesante.  Está cercana al género fantástico y a menudo se conjuga con él.

¿Alguna buena página sobre el tema?

Pues claro, Internet está abarrotada de excelente información sobre este género literario y todas sus variantes (Cine, cómic, TV...):

Tenemos la omnipresente Wikipedia, con su entrada principal sobre el género, otra dedicada a todos los subgéneros, ésta dedicada a la la Ciencia-Ficción Dura y ésta otra a la Ciencia-Ficción blanda.

Por otra parte, la excelente web Ciencia-Ficción y en concreto este artículo de los citados Guillem Sánchez y Eduardo Gallego.

Una magnífica web sobre Ciencia-Ficción en el cine y la TV.

También esta entrada del blog Desequilibrios, dónde obtuvimos la información sobre la primera novela del género.

Un excelente artículo de Sergio L. Palacios en Naukas,

Y la Wikia de la Ciencia-Ficción, que tiene muy poco contenido aún pero va en aumento.

¿Y algún blog especializado?

También. Aquí teneis los que seguimos nosotros:

Sidera Visus, con un montón de libros ordenados por autor
Rescepto Indablog con reseñas de obras de C-F y Fantasía.
Noticias Ciencia-Ficción, cuyo nombre no necesita mayor aclaración
Imperio Futura, que se extiende también al Terror y la Fantasía.
El Jardín del Sueño Infinito, muy completo y ordenado.
El Rincón de Koreander, literatura fantástica incluida la C-F,
Un universo de Ciencia-Ficción con reseñas de libros, cómics y películas.

fuente: Walltor.com

En estos enlaces encontraréis mucha más información de la que nosotros hemos adjuntado, y os los ofrecemos por si queréis ampliar datos: Épocas del género, estilos, publicaciones, premios, autores y obras fundamentales, convenciones... y ya sabréis mucho más que nosotros sobre el tema.

Hasta aquí este primer y simplón Especial de KindleGarten. Como veis no hemos querido extendernos ni profundizar demasiado, sino dar una visión introductoria y general que esperamos os haya resultado de utilidad o por lo menos de distracción. Igualmente nos hemos circunstrito a la literatura, pero como os imagináis la C-F se extiende al cine, la TV, y los cómics. Nos leemos!


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28 de junio de 2013

Cita con Rama - Arthur C. Clarke

Siglo XXII. La Humanidad ha conquistado el Sistema Solar, donde prospera plácidamente, hasta la repentina irrupción en el mismo de un enigmático y gigantesco objeto cilíndrico de cuarenta kilómetros de diámetro, que se dirige directamente hacia la Tierra con intenciones desconocidas y tal vez hostiles. Una misión tripulada saldrá a su encuentro pero ¿estará preparado el ser humano para el contacto con una forma de vida extraterrestre?


Publicada en 1973, Cita con Rama (Rendezvous with Rama) es obra de Sir Arthur C. Clarke (1917-2008), astrónomo, matemático, físico, escritor, divulgador científico y precursor de la órbita geoestacionaria de los satélites artificiales (u órbita Clarke).

Es una novela de Ciencia-Ficción dura y de Anticipación sobre el primer contacto con otra especie inteligente, prestando gran atención a los aspectos científicos y técnicos, manteniendo la trama dentro de lo teóricamente pausible, y que posee un fino sentido del humor hacia el mundo académico-científico.

Se la considera el buque insignia de la Ciencia-Ficción dura y una obra maestra de la Ciencia-Ficción como género; y supone el inicio de una tetralogía (escrita a partir del segundo volumen por Clarke en colaboración con Gentry Lee).

La trama parte de una idea que consideramos original: En al año 2077, un gigantesco asteroide que nadie vió llegar impacta contra la Tierra, concretamente al norte de Italia, causando 600.000 muertos, un millón de heridos, daños materiales por valor de un trillón de dólares e incalculables pérdidas para el patrimonio histórico, artístico y cultural. Decidida a que algo semejante no vuelva a ocurrir jamás, la Humanidad olvida su escalada bélica nuclear y redirige sus esfuerzos al Proyecto Vigilancia Espacial. Y así comienza nuestra historia.

Clarke sitúa los acontecimientos en un siglo XXII en el que la Humanidad, una vez superadas sus diferencias internas, se ha expandido por los planetas y asteroides del Sistema Solar capaces de albergar vida. La antigua ONU ha cedido el puesto a un consejo de siete miembros, uno por cada mundo habitado (Mercurio, La Tierra, La Luna, Marte, Ganimedes, Titán y Tritón). Esta diáspora ha dado lugar al nacimiento de nuevas identidades, de nuevas culturas y filosofías, humanas pero no terrícolas, lo cual a nosotros, por deformación profesional, nos ha interesado particularmente. Cuestiones antropológicas aparte, el autor nos está ubicando en un escenario en que el progreso tecnológico permite al ser humano el desplazamiento y la comunicación ágiles y constantes dentro del Sistema Solar, y desplegar por todo él un sistema de detección de asteroides, lo que será fundamental para dar consistencia a la trama. 

Dijimos que Cita con Rama trata del contacto con una especie extraterrestre ¿Dónde está entonces? Calma, vamos con ello. Todo arranca cuando el citado Proyecto Vigilancia Espacial detecta un objeto cilíndrico de cuarenta kilómetros de diámetro, aparentemente hueco, cuya trayectoria parece llevarlo directamente al centro del Sistema Solar. Rápidamente se envía una nave, la Endeavour, capitaneada por el comandante Norton, al encuentro de Rama, pues así se bautiza al objeto, en nombre del dios hindú. El acceso al interior de Rama desvelará un micromundo de proporciones ciclópeas, cuya exploración e intento de comprensión serán el eje central de la novela. 

Sir Arthur emplea un estilo sencillo, directo, frío incluso. No hay lugar para florituras ni recursos estilísticos elaborados. Las descripciones son exactas y pulcras pero no excesivamente detallistas. Priman los hechos y su narración es casi una crónica periodística, nos ubica con precisión dentro de Rama (de tamaño colosal como veremos) y su narración es ordenada, lineal, muy fácil de seguir.

Hemos de decir, y esto no es una crítica negativa, sino que entendemos que es algo propio de la Ciencia-Ficción dura, que por momentos es desapasionado, aséptico. Los personajes están elaborados, tienen motivaciones y trasfondo, pero Clarke los trata con desapego. Cumplen su función, pero no llegamos a encariñarnos con ellos, a empatizar. Nosotros particularmente hemos sentido simpatía por Boris Rodrigo, el honesto y eficiente cristiano del cosmos, por la entusiasta doctora Laura Stern, o por el responsable y bígamo comandante Norton, pero el grado de implicación no es tal que lleguemos a temer por ellos, a sufrir por sus vidas o a entusiasmarnos con sus logros.

Esta frialdad, tan propia del positivismo, se extiende al conjunto de la obra, y puede echar hacia atrás a aquellos lectores que busquen una historia más vibrante y un relato más vivo, más literario. Para nosotros, en cualquier caso, nos parece un estilo adecuado a los intereses del autor, que son exponer unos hechos científicamente pausibles, sin excesivas licencias artísticas, donde los personajes no son héroes, sino actores de reparto de una historia donde el verdadero protagonista es Rama.

Hablemos, pues, de Rama, y de las gigantescas dimensiones que anticipamos más arriba. Rama, con cuarenta kilómetros de diámetro, contiene en sí mismo todo un pequeño planeta, que incluye un ancho mar central, varias ciudades y tres escaleras tan extraordinariamente elevadas (más altas que el Everest) que tienen diferente gravedad a lo largo de su extensión. La tripulación de la Endeavour necesitará días enteros para bajar y subir las escaleras y para moverse por el interior de Rama, incluso elaborando una rudimentaria embarcación para atravesar el mar interior.

Rama, que parece estar aletargada cuando Norton y su tripulación acceden a él, cobra vida ante su presencia, encendiendo seis gigantescos soles artificiales, generando una atmósfera respirable y poniendo en funcionamiento un ejército de biotas con diversas formas y funciones, como observación y limpieza. Pese a que nunca veremos a los ramanes, sabremos que su morfología está basada en el tres, y que poseen un nivel tecnológico muy superior al nuestro, habida cuenta de todos los misterios que Rama nos proporciona: Su origen, su procedencia y su destino, su antigüedad, su modo de propulsión (pues carece de toberas o reactores visibles) y sobre todas ellas, sus creadores y su propósito. 


Para narrarnos los acontecimientos que se producen dentro (y fuera) de Rama, Sir Arthur no escatimará detalles técnicos [reconocemos sinceramente que muchos de ellos se nos escapan] de forma que todo se ajuste a lo pausible, y se tomará pocas licencias artísticas. Así, los protagonistas no escaparán a las leyes de la física, como la gravedad, el efecto coriolis o las diferencias de atmósfera, a la hora de evolucionar dentro de Rama. 

No queremos desvelar esta vez detalles de la trama, pero sólo queremos resaltar que, curiosamente, el mayor peligro para los sufridos tripulantes del Endeavour, venga de fuera de Rama, y no de dentro. Y es que, como dijimos anteriormente, Sir Arthur tiene un sentido del humor muy fino, muy inglés, y no da puntadas sin hilo. Este manejo tan delicado de la ironía impregna todo el texto, y además de suponer un contrapunto a la frialdad que hemos citado, permite al autor hacer una crítica tanto del mundo académico y científico y sus particularidades, como de la alta política y de cómo sus decisiones y criterios económicos y nacionalistas repercuten en la Ciencia (ya hablamos de las diferencias identitarias nacidas de la diáspora de la Humanidad, que evidentemente derivarán en facciones con intereses propios). 

Finalmente, y sobre esto hemos de reconocer que nos lo han chivado, cabe decir que la saga que se inicia con Cita con Rama sufrirá una severa transformación en sus siguientes entregas, de la mano de su co-autor Gentry Lee, quien le dará un enfoque mucho más literario, más épico,  otorgando a los personajes un carácter más heroico, mientras que Clarke se encargará de supervisar los aspectos técnicos para mantener el rigor científico. Nosotros iremos constatándolo a medida que leamos los siguientes volúmenes.

Visión artística de Rama obra de Jim Burns

Obtuvo entre otros el premio Nébula en 1973, y el Hugo y el  John W. Campbell Memorial en 1974.

La industria del cine estuvo interesada en llevar este libro a la gran pantalla, pero finalmente descartó la idea. No hemos encontrado nada más allá de este breve vídeo de Morgan Freeman hablando sobre el tema, pues era su Productora la encargada del proyecto.

En 2001, un estudiante de Arte llamado Aaron Ross creó este trailer como proyecto académico. En el 2009, cedió su trabajo para que otro estudiante llamado Philip Mahoney lo reeditase con el mismo fin, y este es el resultado. Si esa película realmente existiese, nosotros correríamos a verla. Y para los amantes de la Serie Z, también está la versión con Legos.

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23 de junio de 2013

Fantasmas - Joe Hill

Sabemos que hay otros mundos, pero están en éste. Con sus dieciséis imaginativos relatos, Joe Hill nos ayudará a encontrarlos y nos descubrirá que lo fantástico, lo horroroso, lo sobrenatural, lo sobrecogedor, lo misterioso, está entre nosotros. Y que no siempre es tan terrorífico como pensamos.



Publicada en 2005, Fantasmas (20th Century Ghosts) es obra de Joe Hill, escritor, guionista de cómics, bestsellerman y legítimo heredero al trono de Rey del Terror.

Es una recopilación de relatos de terror, suspense, misterio y fantasía, de diferentes extensiones y temáticas, pero cuyos elementos comunes su carácter sobrenatural y la originalidad de sus argumentos.

No se trata únicamente de una compilación de relatos de terror. Sólo cinco de los relatos se podrían tipificar como horror propiamente dicho, porque hay mucho más. Fantasmas es Fantasía, es magia, es sentimientos, es un montón de homenajes, evidentes o velados, a la cultura popular contemporánea.

Y es que Fantasmas sabe a la vieja y buena serie B. Sabe a sesión de tarde en el cine del barrio. A El teatro de Ray Bradbury. A Dimensión desconocida y a los Cuentos Asombrosos de Spielberg. A leyendas urbanas y a historias de miedo contadas a oscuras en una tienda de campaña. A ejemplares de Creepy leídos a escondidas («no leas eso que después tienes pesadillas»).

La capacidad de Joe Hill para construir imágenes, para evocarnos sensaciones, es extraordinaria. Además de su innegable talento literario y el dominio de los diferentes estilos narrativos que utiliza a lo largo del libro, nos ha fascinado por su manera de tejer las historias, de manera que siempre queda algo sujeto a nuestro punto de vista, a nuestra comprensión. Somos los lectores quienes debemos completar el cuento, debemos involucrarnos y hacer trabajar nuestra imaginación, Hill no nos da una conclusión, debemos sacarla nosotros. A nuestro juicio esto engrandece la obra, porque permite múltiples lecturas, tantas como personas la lean.

Hemos de decir que el autor huye de los clichés del género y especialmente del gore y de los caminos más trillados. Al igual que en la obra de su padre, la de Hill versa sobre «el terror en lo cotidiano». Es decir, el horror no tiene procedencia arcana, extraterrestre o sobrenatural, sino que ya está entre nosotros (y muchas veces dentro de nosotros) y sólo está esperando a surgir. Pero insistimos que pese a lo engañoso del título, Fantasmas no es un libro de horror. Si se nos permite la osadía, lo encuadraríamos incluso dentro del realismo mágico, por sus enfoque tan similar al de autores de ese género. Veremos historias realmente emotivas, mágicas incluso. Un fantasma del siglo XX por ejemplo, único «cuento de fantasmas» del libro, es realmente una preciosa historia de amor, un sincero tributo al cine como arte y como lugar físico, y una reflexión sobre el paso del tiempo y la pérdida de los valores y de aquello que conocemos y en lo que creemos. Dijimos que somos nosotros, los lectores, quienes construimos la historia, que como vemos tiene numerosos niveles de lectura, y tal vez vosotros saquéis conclusiones completamente diferentes.

Por último, pero no menos importante, nos han gustado especialmente los desenlaces de las historias, por inesperados y poco convencionales, y  cómo están van evolucionando de manera que en ocasiones nos sentiremos poco seguros de lo que hemos leído. No queremos decir con esto que los relatos sean inconsistentes o enrevesados, al contrario está bien estructurados, pero Hill nos tiende celadas que, como veremos más adelante, juegan con nuestra predisposición, con nuestra espera inconsciente, a buscar el elemento sobrenatural y terrorífico que damos por hecho existirá. Un viejo truco aprendido de papá King, que siempre funciona porque «el monstruo está dentro de nosotros». Tal vez el ejemplo más clarificador sea Bobby Conroy regresa de entre los muertos, donde nosotros nos precipitamos sacando una conclusión, dejándonos después el final con una agradable sensación de esperanza y de fe en el género humano. 

Vamos a repasar ahora las dieciséis piezas, una a una:


El mejor cuento de terror (Best New Horror) es un homenaje al mundillo literario y a sus gentes, a las revistas pulp, a las miriadas de recopilaciones de relatos, a las pequeñas y esforzadas editoriales del ramo y al terror en sí mismo. Eddie Carroll, avezado editor de Best New Horror, se empeñará en publicar un estremecedor y polémico relato, el mejor que ha leído en años. Pero para ello debe localizar a su esquivo autor. Un repaso a los clichés y a los lugares comunes del género que nos hará disfrutar como el niño que quiere escuchar el mismo cuento cada día precisamente porque sabe como acaba.

Un fantasma del siglo XX (20th Century Ghost) es una hermosa historia de amor, una filigrana literaria, profundamente conmovedora. Alec, propietario del vetusto cine Rosebud, conoce bien a Imogene, la joven loca por el cine, desde que la vio por vez primera en el estreno de Fantasía. Poco importa que Imogene sea un fantasma, Alec no desea que el derribo del Rosebud la deje sin un lugar al que pertenecer. Todo un tributo a las viejas salas de proyección en estos tiempos de asépticos e impersonales multicines.

La ley de la gravedad (Pop Art) es un relato de fantasía que casi podríamos enmarcar dentro del realismo mágico. En primera persona, el protagonista nos narrará sus recuerdos de su mejor amistad: Arthur Roth, un chico hinchable. Y judío. La amistad por encima de las diferencias, el rechazo de lo diferente y la búsqueda de la felicidad y la libertad están en el centro de esta historia que además de entrañable es tremendamente original, una de las más ocurrentes que hemos leído en mucho tiempo.
[El título castellano no respeta el juego de palabras Pop Art (Arte Pop o Art el hinchabl")]

Oirás cantar a la langosta (You Will Hear The Locust Sing) es, por su extensión, más una novela corta que un relato, y es un claro exponente del torrente de inventiva de Hill. Francis se despertará un buen día convertido en una gigantesca langosta. Lejos de recluirse como el protagonista de La metamorfosis de Kafka, y pese a los muchos inconvenientes de su nueva forma, pronto le encontrará el lado bueno a la situación. Magistral. Simplemente magistral.

Hijos de Abraham (Abraham's Boys) muestra el dominio que Hill tiene del suspense y de la tensión narrativa. Una historia engañosa, de doble lectura, que nos hace reflexionar sobre un gran clásico de la novela de horror. Su estilo nos recordó al de papá King, y las reminiscencias bíblicas del título nos hicieron temer lo peor desde el principio. 

Se parece a su padre, la verdad

Mejor que en casa (Better Than Home) tiene un cierto toque costumbrista y está ambientado en el mundo del béisbol, afición común de King Sr. y King Jr. En primera persona, un niño con problemas nerviosos nos cuenta su relación con su padre, entrenador de un equipo de béisbol, durante el estresante tramo final de la liga [pedimos perdón por nuestra total ignorancia sobre este deporte, minoritario en España]. Pese a que no falta el componente fantástico, realmente estamos ante la historia, agradable y empática, de la unión entre un padre y un hijo. 

El teléfono negro (The Black Phone) es la narración más escalofriante del libro. Un perturbado, un niño, un secuestro, un sótano. La angustia y el ansia de escapar. Terror, suspense y elementos sobrenaturales de la mano de una historia que no por manida o recurrente deja de ser original, a través de un viejo teléfono negro que lo cambiará todo. Imposible no leerlo de corrido, pese a ser uno de los más extensos de la recopilación.

Carrera final (In The Rundown) es otra de las historias engañosas que contiene el libro, imprevisible, sorprendente. Cruel, y frustante. El bueno de Wyatt es un fracasado con pocas luces y mucha mala suerte. Suspense y tintes gore para un relato sobre acontecimientos que se precipitan fuera de control. 

La capa (The Cape) es, como La ley de la gravedad un cuento de género puramente fantástico, de lo extraordinario en lo cotidiano aunque más truculento, menos bienintencionado. En primera persona, el protagonista (aparentemente con algún tipo de desorden psicológico) recuerda la capa que le permitió volar. Ahora de adulto, recuperará dicha capa y con ella la capacidad de volar. Atentos al desenlace.

Último aliento (Last Breath) es, además de un sentido homenaje a escritores como Poe y Roald Dalh, un relato fantástico que nos ha recordado a los clásicos de Ray Bradbury por su original y estrambótico argumento: Un médico retirado dirige un museo de últimos alientos, donde conserva el hálito final de personas tanto anónimas como célebres. Otra muestra de la desbocada creatividad del autor.

Madera muerta (Dead-Wood) El texto más breve del libro (dos páginas) pero no el menos evocador ni el menos bello. Una reflexión sobre el alma de los árboles llena de lirismo y poesía.

El desayuno de la viuda  (The Widow's Breakfast) Nuevamente asoma Bradbury entre las páginas de nuestro libro. Un cuento de regusto clásico, ambientado en los duros años de la Gran Depresión. Uno de los muchos vagabundos que recorren el país recibirá la desinteresada caridad de una mujer viuda. Una narración estremecedora por su delicadeza, por la crudeza de su trasfondo y a la vez por la esperanza que transmite.

Bobby Conroy regresa de entre los muertos (Bobby Conroy Comes Back From The Dead) Un relato diferente. Artistas invitados: George A. Romero y Tom Savini. Una historia sobre segundas oportunidades, sueños rotos y todo lo que pudo ser y no fue. Un hombre y una mujer, antiguos amigos y aspirantes a actores, se reencontrarán durante el rodaje del remake de Night of the living dead, donde hacen de extras. Por momentos nos confundirá, jugando con nuestra predisposición a buscar lo sobrenatural. 

La máscara de mi padre (My Father's Mask) es, con diferencia, el relato más desconcertante, proteico y alambicado de la obra. Nada es lo que parece y cada vuelta de tuerca nos desconcierta aún más. Nosotros recomendamos leerlo dos veces. Narrada en primera persona, comenzaremos pensando que el joven protagonista es arrastrado por sus progenitores en su huida de los acreedores de su padre, arruinado por deudas de juego. Escondidos en una cabaña del bosque, sus padres (especialmente su madre) harán gala de una desinhibida y provocativa conducta, de la que le hacen partícipe. Pero todo se transforma, una y otra vez. Los que recordeis Twin Peaks os podeis hacer una idea.

Reclusión voluntaria (Voluntary Committal) tiene un tono decididamente fantástico y sobrenatural. En primera persona, el protagonista nos hablará de su hermano Morris, aquejado de cierto grado de autismo, y de las construcciones  con cartón en las que ocupaba la mayor parte de su tiempo; y de su conflictivo amigo Eddie. El destino de uno y otro se unirán a través de las extraordinarias construcciones de Morris, que son extrañamente distintas por dentro que por fuera. Un relato extenso que una vez más nos hará reflexionar sobre la cordura de su protagonista. 

La máquina de escribir de Sherezade  (Scheherazade's Typewriter) es un cuento extra incluido en los Agradecimientos, breve y fantasioso, que nos retrotrajo a El procesador de palabras de los dioses de papá King, por su planteamiento similar, pero en el que Hill juega nuevamente al despiste con nosotros y con el posible origen de los relatos que acabamos de leer. Nos gusta el nombre de la protagonista, quien sino la más inmortal de las contadoras de historias que ha dado la literatura universal. 

El editor español no incluyó los títulos originales de los cuentos, ni las publicaciones donde aparecieron originalmente cada uno de ellos, así que recurrimos a esta entrada de la Wikipedia para obtener dicha información. También decidieron rebautizar el libro como Fantasmas privándonos del juego de palabras 20th Century Ghosts - 20th Century Fox.


Ester libro ha sido galardonado con los premios Bram Stoker Award, World Fantasy Award, British Fantasy Award e International Horror Guild Award.

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16 de junio de 2013

Heliconia - Primavera - Brian W. Aldiss

Heliconia es un planeta lejano pero muy semejante al nuestro. Bajo sus dos soles, el lento transcurrir de las estaciones regirá también el nacimiento, auge y caída de las civilizaciones en un eterno ciclo sin final. La llegada de la primavera transformará completamente el mundo, la sociedad y las vidas de aquellos que hasta entonces sólo habían conocido un invierno que creían perpetuo.




Publicada en 1982, Heliconia - Primavera (Helliconia - Spring) es obra del inglés Brian W. Aldiss, figura destacada de la Nueva Ola en la Ciencia-Ficción británica.

Es una fusión de dos géneros, la Fantasía y la Ciencia-Ficción blanda, y un análisis de la Historia y desarrollo de la especie humana y su civilización, trasladada a un mundo alienígena ficticio donde conviven varias especies inteligentes, y que versa sobre temas universales como el amor, la justicia, el poder, la lealtad, la supervivencia o la religión.

Como primer dato a tener en consideración, representa la primera entrega de una trilogía, Primavera, Verano e Invierno, y que la historia queda deliberadamente inconclusa. Puede leerse sin intención de continuidad pero a nuestro juicio sería una lectura incompleta, pues es evidente que el autor desarrollará más ampliamente sus ideas en las siguientes entregas de la saga. 

Como segundo factor importante, destacaremos la originalidad de la premisa de Aldiss: Heliconia es un mundo donde las estaciones no tienen una duración normal sino que se extienden a lo largo de miles de años, marcando con su paso el devenir de las civilizaciones y los pueblos, tanto los humanos como las otras especies inteligentes que lo habitan: los phagors y los protognósticos. Los cambios en el clima  afectarán igualmente a la orografía y a la configuración de los tres continentes que lo conforman y a la supervivencia de las especies animales y vegetales que pueblan dicho mundo.

Al inicio de nuestra obra, sucesivas generaciones no han conocido sino el invierno. Los seres humanos viven en pequeños asentamientos de cazadores y recolectores donde las condiciones de supervivencia son rigurosas, practican una ganadería rudimentaria, usan el trueque, desconocen la escritura, tienen una cierta especialización y división sexual del trabajo y profesan una religión animista. Su esperanza de vida es muy baja, a los veinte años se consideran ancianos. En resumen: Un equivalente a nuestro período Neolítico o a una temprana Edad de los metales. El carácter fantástico lo proporciona la existencia de los phagor, unas criaturas antropomórficas de aspecto caprino, dotadas de poderosos cuernos, pelaje blanco y pies córneos, que se sustentan en la caza y el saqueo, enemigos declarados del Hombre (ambas especies se esclavizan mutuamente), y los protognósticos, homínidos de escasa estatura y manos y pies de ocho dedos oponibles, que vagan en grupos buscando alimento y tienen un intelecto poco desarrollado. Adicionalmente existen una serie de seres no inteligentes, como los yelks o los pinzasacos que vagan en rebaños o en solitario por las heladas llanuras de Heliconia sirviendo de caza o de montura a humanos y phagors

Comienza la historia con un Preludio, que realmente podemos considerar un relato breve en sí mismo, protagonizado por un joven llamado Yuli. Procedente de una pequeña comunidad de cazadores, es testigo de la captura y esclavización de su padre por una partida de phagors. Consigue huir y tras una serie de azares llega a la ciudad de Pannoval, oculta en una gigantesca gruta, donde se ride culto a Akha, dios de la tierra, que les protege de Wutra, el maligno dios del cielo. Ingresa como novicio en el templo de Akha y llega a sacerdote. Desencantado, huye de la ciudad en compañía de tres fugitivos, se instala en un primitivo poblado, del que pronto será jefe y donde tendrá descendencia, formando con el tiempo la población de Oldorando / Embruddock. En el siguiente capítulo nos encontraremos ya en el entierro de Pequeño Yuli, el nieto de Yuli, dando comienzo realmente a nuestra historia.

La trama de la misma es lineal, y se beneficia del estilo rico y lleno de lirismo del autor, con unas descripciones ricas y muy expresivas. La historia se centra en una pequeña aldea humana, resultado de la unión de dos pueblos, Oldorando y Embruddock, desde la conquista del segundo por el primero. Olvidada ya cualquier acritud, sus miembros sobreviven a duras penas con su estilo de vida primitivo, al margen de otras ciudades más grandes y prósperas. Se yergue Embruddock sobre las ruinas de una antigua ciudad, de la que nadie conoce apenas nada, pues los anales que se conservan son fragmentarios y escuetos.  Se sabe que ha habido una regresión cultural y se han perdido conocimientos que los antiguos poseían. La novela relatará diferentes luchas por hacerse con el gobierno del poblado, así como el difícil equilibrio de poder entre el patriarcado, representado por el adusto Aaz Ron, y el matriarcado de la hechicera Shay Tal. Esta úiltima, deseosa de recuperar el conocimiento de los antiguos, funda una Academia, frecuentada especialmente por mujeres ávidas de sabiduría, pero se encuentra con la oposición frontal de Aaz Ron, para quien el estudio distrae a las mujeres de sus labores obligatorias. Paralelamente, Eddumbrock debe enfrentarse a los merodeadores phagor. El ajusticiamiento de un caudillo de dicha raza desencadenará una terrible cruzada que atravesará Heliconia en busca de venganza y destruirá Eddumbrock, no sin antes asistir a la llegada de la primavera, cuando desaparece la nieve, el calor aumenta, una serie de eclipses anuncian calamidades para los supersticiosos habitantes del poblado, la vida en el mismo cambia radicalmente de mano del comercio, la domesticación de monturas y el paso de la caza a la agricultura y ganadería como modus vivendi; y una terrible epidemia, la fiebre de los huesos, que diezma la población sin que nadie sepa su origen ni como combatirla.

Debemos decir que esta NO es una historia de personajes al uso. El dramatis personae  es nutrido, pero sus componentes son más objetos, un mero sostén para la trama, que sujetos. Están esbozados, perfilados apenas, sin excesivo grado de detalle, en ocasiones omitiendo incluso descripciones físicas o una exhaustiva introspección psicológica. Permitirán a Mr. Aldiss eso sí, a través de sus cuitas y sus motivaciones, reflexionar sobre los temas universales que dijimos más arriba: El amor por supuesto, en diversas formas, desde el lujurioso y el posesivo hasta el romántico y el fraternal; el ansia de poder y la soledad de quien lo ejerce; la lealtad al colectivo; la justicia y la sed de venganza, la ambición, y también la religión, a través de la adoración animista de Wutra como dios benefactor por parte de los primitivos habitantes de Oldorando / Embruddock  y de Akha por los pobladores de Pannoval, que consideran a Wutra como un ente destructor. Por su parte, los phagor, que denominan a los humanos Hijos de Freyr, igualmente consideran a esta estrella como un ente maléfico, pues protege a sus enemigos, prefiriendo ellos el frío y la oscuridad. 

Entonces, ¿Dónde está la Ciencia-Ficción? Hasta ahora sólo hemos encontrado Fantasía. ¿No habíamos dicho que Heliconia - Primavera era una fusión de los dos estilos?. Bien, aquí queríamos llegar. La Ciencia-Ficción irrumpe de repente con este párrafo: «Entre las constelaciones y las estrellas fijas había una luz que serpenteaba. No era un cometa, sino el Avernus, la Estación Observadora Terrestre». Desde ese momento sabremos que todo lo que ocurre en Heliconia es observado y registrado, de forma fría e imparcial, por una gigantesca estación orbital y retransmitido a la Tierra, donde llegará con el retraso obvio de los 1000 años-luz que separan ambos planetas.


Esto permitirá a Aldiss mostrar los acontecimientos a través de un doble prisma, y estamos ante otra de las características de la obra que más nos han sorprendido. Tenemos la visión de sus protagonistas, los habitantes de Heliconia, en especial los pobladores de Oldorando / Embruddock, que interpretan su realidad desde su perspectiva primitiva e intentan explicar los acontecimientos con sus creencias religiosas y sus escasos conocimientos sobre la verdadera naturaleza de  su mundo, mientras se esfuerzan por resolver sus problemas cotidianos y sobrevivir, y tenemos la perspectiva de los humanos de la estación espacial, una visión externa y aséptica, con pleno conocimiento de las reglas de la física que rigen el destino de Heliconia y sus habitantes, pero que observan a éstos como un niño observa su granja de hormigas (en palabras del propio autor, «con decoroso desapego científico»).

Gracias a este doble prisma podemos asistir a las tribulaciones de los actores principales de la obra y por otra parte conocer todos los detalles técnicos que explican la particular ecología de Heliconia (debemos decir que como Ciencia-Ficción blanda que es, las explicaciones son asequibles para el gran público). Así sabremos que los dos soles, llamados por los nativos Freyr y Batalix, y en conjunto Los Centinelas, son un sistema binario, orbitando Heliconia en torno a Batalix (una estrella similar a nuestro Sol) en un ciclo de 480 días, y ambos en torno a Freyr (una supergigante blanca) en un ciclo de 1825 años. Esto es lo que provoca la anormal duración de las estaciones, que conlleva los drásticos cambios en el ecosistema del planeta y, como deja entrever sucesivas veces el texto, el ascenso y la caída cíclicos de las civilizaciones del mismo.

La novela se ubica pues, en el final del largo invierno, como ya dijimos, y en el comienzo de la que será una igualmente prolongada primavera. Este cambio estacional tendrá consecuencias como el aumento del número de formas de vida (al igual que en nuestra amada Tierra son más numerosas y variadas las especies cuánto más cerca del Ecuador estemos, y más escasas en los Polos), la extinción de las especies hiperadaptadas al frío, el deshielo y con ello el nacimiento de lagos y mares donde antes había desiertos, el crecimiento exuberante de las especies vegetales y el cambio de hábitos de vida y organización social de los nativos del planeta.

Llegamos a un punto al que nosotros, como aficionados a la Antropología y a la Historia, no podemos sino rendirnos. Y es que Mr. Aldiss no se limita a analizar las implicaciones de los cambios estacionales a nivel científico-técnico, sino que se permite (luego veremos por qué) hacer un acertado paralelismo entre la Historia de Heliconia y la de nuestra propia Tierra. Así asistimos al nacimiento de los núcleos urbanos, al desarrollo del comercio, a la adopción de la moneda en detrimento del trueque, al surgimiento de la agricultura y la ganadería, al aumento de la complejidad de la estructura y la organización sociales, a las distinciones sociales en función de la acumulación de excedentes y el control de los recursos, a la especialización en el trabajo, los primeros códigos legales basados en la costumbre, el culto religioso organizado... todo un pequeño estudio de cómo nace y se desarrolla una Sociedad que bien podría servir como libro de apoyo a un/a joven estudiante de Historia.

Ilustración obra y propiedad de Les Edwards (© Les Edwards 1982)

Igualmente nos ha impactado la frialdad y asepsia que demuestran los humanos en su estudio de Heliconia, mostrándonos el autor el conocimiento enciclopédico que los terrícolas tienen ya sobre el planeta y sus habitantes, pues por ejemplo a la hora de tratar la fiebre de los huesos, transmitida por las garrapatas de los phagor, que establece una drástica disminución de la población humana, en Avernus conocen el origen de la misma y la periodicidad de su aparición, cada 2500 años exactamente, pero sin embargo no hacen nada por evitarla, dejando que los nativos del planeta la padezcan e intenten darle explicación con sus erróneas creencias (no pudimos dejar de reflexionar e imaginarnos una estación orbital contemplando cómo la Peste Negra devastaba la población europea sin mover un dedo). Del mismo modo, nos ha parecido entre fascinante y desolador que el interés que la población terrestre tiene sobre Heliconia y los dramáticos acontecimientos que sus pobladores padecen sea meramente morbosa, pues siguen las emisiones en recintos similares a auditorios a través de programas que hoy llamaríamos reality-shows (en 1982 no se había acuñado el término aún, que recordemos) como mero entretenimiento.

El autor nos deja, por último, una serie de interrogantes que esperamos tengan respuesta a lo largo de la trilogía: ¿En qué año estamos, según nuestro calendario? (Sabemos que las retransmisiones desde la estación orbital Avernus tardan mil años en llegar a la Tierra, y que llevan mucho tiempo haciéndose, por lo cual tenemos que estar hablando de un futuro muy remoto, si además existe la tecnología para enviar una estructura tan grande a un lugar tan alejado) ¿Por que hay humanos en Heliconia? ¿Han sido llevados por los humanos de la Tierra? ¿Son realmente humanos? ¿Sabremos más de las civilizaciones previas y ahora desaparecidas?¿Nos contará algo más Aldiss sobre la tripulación de la Avernus y las diferentes facciones que nos ha apuntado que existen?

Fue premiada con el galardón  John W. Campbell Memorial de 1982. Ese mismo año, el autor recibió también el premio de la British SF Association. Dijimos anteriormente que explicaríamos por qué Aldiss se permite abordar su obra desde la perspectiva no sólo literaria y científica. sino también histórica y antropológica. Creemos que se explica cuando vemos los Agradecimientos del autor: Tom Shippey, J.M. Roberts o Desmond Morris, entre otros expertos en diferentes materias.

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9 de junio de 2013

La caída de Hyperion - Dan Simmons

Los seis peregrinos han llegado a las incógnitas Tumbas de Tiempo, donde cada uno de ellos se enfrentará a su manera al Alcaudón y a su propio papel en el destino de la Humanidad. Mientras la apertura de las Tumbas se acerca, Hyperion será el detonante de la inevitable confrontación entre la Hegemonía de los humanos y los éxters, una guerra que pondrá la Red de Mundos al borde del abismo y en la que la el TecnoNúcleo tendrá una intervención de consecuencias imprevisibles.




Publicada en 1990, La caída de Hyperion (Fall of Hyperion), de Dan Simmons,  es una novela de Ciencia-Ficción blanda y de Anticipación, si bien tiene mayores tintes de Space Opera y un trasfondo bélico, con varias unidades de acción simultáneas e hilos argumentales paralelos pero concurrentes, y una estructura y técnica narrativa diferentes a aquella, prestando gran atención a la perspectiva psicológica y moral de los personajes.

No es una simple continuación de Hyperion, pues si aquella introdujo el universo personal del autor, ésta lo desarrolla, lo amplía y lo matiza hasta la más delicada filigrana. Podríamos decir que ambos libros conforman un todo y no se conciben por separado. La caída de Hyperion es una novela caleidoscópica, proteica incluso, pues nada es lo que aparenta al principio y los vuelcos en los acontecimientos son constantes (y nuestra sorpresa también). A lo largo del libro cambiamos nuestra percepción y nuestro criterio sobre personajes y sucesos tantas veces que creemos recomendable leerlo con atención y pendientes de sus drásticos giros argumentales (no queremos decir que la historia dé bandazos, cuando finalicemos la lectura veremos que todo encaja a la perfección). Podemos decir que es uno de los libros más interesantes que hemos leído, y no sólo de Ciencia-Ficción, y que es de todo menos predecible. Volveremos sobre este tema más adelante.

Al igual que en Hyperion, el autor maneja gran cantidad de referencias hipercultas y a nosotros al menos nos resulta imposible captarlas todas. Nuevamente tiene importancia capital la figura del poeta John Keats, pues aquí su segunda reencarnación como cíbrido  (llamado Joseph Severn, nombre de un pintor amigo íntimo de Keats) será Narrador omnisciente, puente de conocimiento entre los peregrinos y el Gobierno de la Hegemonía, actor principal, y depositario de un conocimiento crucial para la salvación de la Humanidad (la ubicación física del TecnoNúcleo en la red de teleyectores, quizás el secreto mejor guardado del Universo). La guerra entre la Hegemonía y los éxters tendrá una doble referencia a la mitología clásica: Al propio poema de Keats y a través de éste a la Titanomaquia o guerra entre los Titanes y los Dioses Olímpicos griegos, que supuso la caída y destierro de los primeros y el ascenso de los segundos. Que en diversos momentos de la novela los peregrinos se refieran al Alcaudón como Grendel nos remitirá también al poema escandinavo del siglo X Beowulf, y vemos en verdad cómo la descripción y naturaleza de ambos coinciden en muchos aspectos. Por nuestra parte, no hemos podido evitar hacer un paralelismo con la caída del Imperio Romano (la Hegemonía) y las invasiones de los pueblos bárbaros (los éxters, entendiendo bárbaro como extranjero, no como primitivo o atrasado), que al igual que ocurre en esta obra, supusieron, entre otras cosas, el fin de la unidad política y geográfica, el entorpecimiento y ralentización de las comunicaciones y el aislamiento, la ruralización y el regreso a la autarquía de las diferentes regiones que componían el Imperio. Otro detalle a destacar es que los éxters se dividan en doce enjambres hermanos, en un curioso paralelismo con las doce tribus de Israel, pero esto último es una percepción personal y tal vez sea sólo coincidencia. Como curiosidad, si Hyperion terminó con los peregrinos cantando Vamos a ver al Mago de Oz, aquí terminará con Somewhere over the Rainbow, del mismo film.

Dijimos que la estructura narrativa difiere de la de su antecesora. Si aquella estaba compuesta por seis relatos independientes pero con un hilo común, ésta está dividida en tres partes, y en cada una de ellas se usan diferentes estilos narrativos. La primera parte está narrada íntegramente por Joseph Severn, la segunda reencarnación como cíbrido de John Keats, que usará la primera persona en pasado para contar los hechos que él mismo observa y protagoniza, y la tercera persona en presente para narrar los acontecimientos protagonizados por los peregrinos en Hyperion, que el percibe a través de sueños, pues es depositario de la consciencia de la primera reencarnación de John Keats, que reside dentro de la detective Brawne Lamia, de la que fue amante, y que espera un hijo suyo. La segunda parte está narrada en tercera persona, de manera omnisciente, y dedicada tanto a los peregrinos y sus enfrentamientos particulares con el Alcaudón como a la Gobierno de la Hegemonía y cómo debe abordar la inminente invasión éxter. En la tercera parte reaparece la figura de Severn-Keats y se alternan la narración en primera y tercera persona, tanto en presente cuando el narrador sueña con los peregrinos, como en pasado cuando Severn cede el mando al propio autor para relatar el resto de sucesos en los que Severn no está presente. De esta forma, Simmons nos ofrece un retrato global de todos los hechos y maneja numerosas líneas y unidades de acción simultáneas que le dan a la novela una complejidad y profundidad asombrosas.

Dijimos que volveríamos sobre el tema de lo proteico de esta obra y así lo hacemos. Fijémonos que en todo momento estamos haciendo referencia a una guerra entre Humanidad y éxters. A lo largo de la obra, nos haremos una idea de estos como pueblo belicoso, capaz de planificar su ataque a la Red de Mundo de forma calculadora, con premeditación y paciencia infinita (desplazan su flota a velocidad sublumínica, con décadas de anticipación, para burlar los detectores humanos) y que destruyen los mundos que alcancen de forma fría y cruel, incluso irracional, pues no entendemos sus motivaciones. Simmons juega así con el miedo a lo diferente, a lo desconocido. Sin embargo, nuestra idea de los éxters cambiará a lo largo de la lectura, a la par que lo hace la que tenemos sobre el TecnoNúcleo.

Estatua de John Keats, en el Guy´s Hospital de Londres,
obra de Stuart Williamson

El citado TecnoNúcleo merece un capítulo propio por su peso en el conjunto de la trama, además de por ser una de las ideas más interesantes que hemos encontrado en la Ciencia-Ficción. En la anterior reseña lo presentamos con una suma de las consciencias de todas las Inteligencias Artificiales, una vez éstas escapan al control de los humanos que las crearon. Divididas en tres facciones (Máximos, Constantes y Volátiles) han proporcionado a la Humanidad todos sus avances científicos (a excepción del motor hiperlumínico Hawking) como la Red de Datos que permite acceso instantáneo y universal a cualquier información, y el imprescindible teleyector) y ejercen una tutela o control de facto sobre el género humano. Las citadas facciones se distinguen por su postura hacia la Humanidad, desde el exterminio total por considerarla un estorbo, su simple control o su uso como ganado. Pues bien, en esta entrega de la saga descubriremos a uno de los villanos más maquiavélicos, retorcidos y despiadados que ha dado la literatura. Desde el momento que no están sujetos a la Ley Cero de la robótica de Asimov, e incluso se permiten ironizar sobre ello, hacen palidecer a otras creaciones de la Ciencia-Ficción como Skynet o Matrix.

Así, descubrimos que el ataque éxter a gran escala contra la Red de Mundos es una farsa orquestada por el TecnoNúcleo, cuyo fin es acabar por igual con humanos y éxters, que éste ha sido el causante del Gran Error que destruyó la Tierra para forzar la Hégira humana, que ellos mismos favorecieron proporcionando el teleyector, con el fin de crear el soporte físico para su propia existencia, pues en la red de teleyectores es donde se encuentra físicamente alojado el TecnoNúcleo. Con un representante en el órgano de gobierno humano, sugerirán usar un poderoso arma de guerra contra esa supuesta invasión éxter, pero como veremos más adelante gracias al padre Duré, esto esconde una trampa mortal para millones de seres humanos, que encontrarían la muerte en la teórica seguridad de los laberintos subterráneos de Hyperion. Igualmente, y siguiendo con el carácter caleidoscópico de la novela, cuando ya asumimos que la tierra fue destruida, sabemos que la facciones Volátiles y Máximos de las IAs decidieron conservarla y desplazarla a la Nube de Magallanes, dónde los humanos no pudiesen encontrarla.

Mencionamos también en la reseña de Hyperion que Simmons marcaba la diferencia entre humanos y éxters en que los primeros son una raza conservadora, que no se adapta al medio sino que adapta el medio a ella, terraformando aquellos mundos que coloniza y eliminando a las especies semiinteligentes autóctonas que pueden significar competencia por los recursos. Por oposición, los éxters  han sabido evolucionar y adaptarse a las condiciones de vida en el espacio sin gravedad. Ahora descubriremos también que no sólo es esta la diferencia de filosofía y cosmogonía de ambas razas, sino también la dependencia y sumisión de la Humanidad con respecto al Tecnonúcleo, que los éxters consideran una forma de esclavitud vergonzante y carente de Honor. spoiler! Cuando Simmons nos presenta a los éxters descubrimos una raza no cruel, sino independiente, noble y capaz de la clemencia, pues no sólo no son causantes de los ataques a la Red de Mundos, sino que prometen a la Humanidad que la vengarán, y en el juicio sumario al Cónsul por su doble traición, a humanos y éxters, lo condenarán a vivir y reparar parte del daño que ha causado. Su objetivo no es el ser humano, sino el TecnoNúcleo, siendo su único interés el control de Hyperion, y limitando su acción bélica contra él. El final del libro nos mostrará también un Hyperion donde la convivencia de ambas especies inteligentes es posible e incluso armoniosa. 

Llegados a estas alturas de la crónica, debemos hablar de los peregrinos, especialmente del Cónsul, y de su papel en esta obra. Los habíamos dejado camino de las Tumbas de Tiempo, al son de Vamos a ver al Mago de Oz. Ahora veremos sus enfrentamientos personales con el Alcaudón (del cúal hablaremos más adelante). Con el poeta Martin Silenus empalado en el Árbol del Dolor, sufriendo la más terrible agonía, pero que le permitirá finalizar el poema de Keats y dar sentido con ello a toda la historia, en otra muestra de la caleidoscopia del libro descubriremos que el árbol no es tal, sino una ilusión inducida por una conexión neuronal y el profesor Sol Weintraub atormentado por la decisión de entregar a su hija al Alcaudón (al igual que Abraham debía sacrificar a Isaac a Dios), será el militar Kassad quien tenga la más vistosa y espectacular batalla con el Alcaudón, que incluye desplazamientos en el tiempo y el espacio y a través de la que entenderemos finalmente el origen y el papel de las Tumbas de Tiempo en la trama. Por su parte, la detective Lamia, está embarazada de la primera reencarnación de John Keats, y no sabemos aún el rol que este Nefilim puede tener en acontecimientos futuros. Es siginificativo el papel del sacerdote Hoyt, como portador de dos cruciformes, su muerte provocará su resurreción pero como el padre Paul Duré, a quien la trama reservará un curioso destino: ser Papa de la ahora minoritaria Iglesia Católica, pero a la que la nueva configuración del Universo, destruida la red de teleyectores y caída la Iglesia del Alcaudón, parece dar una nueva oportunidad de florecer. Nuevamente nos sorprendemos al descubrir que los cruciformes no guardan relación con el Alcaudón, sino que son una creación del TecnoNúcleo para reducir a la Humanidad a la condición de ganado, como pudimos ver en los Bikura de la primera entrega  Igualmente, su visión de lo túneles laberínticos de Hyperior sembrados de millones de cadáveres serán el aviso para prevenir las verdaderas intenciones del TecnoNúcleo cuando sugieren usar su bomba de muerte.

Hablemos ahora del Alcaudón y de su significado. Estamos ante otra figura fascinante, presentada en la primera parte y magnificada aquí por Simmons. Comparado con el Grendel de Beowulf como expusimos más arriba, aquí comprenderemos al fin su trascendencia como expiador de la Humanidad o Ángel del Dolor. Nos parece una premisa principal del autor la crítica al modo en el cual el género humano ha construido su Red de Mundos, su excesiva dependencia de la tecnología y del TecnoNúcleo, su falta de respeto al Medio Ambiente y la idiosincrasia de los mundos que ocupa, así como el Colonialismo al que somete a aquellos mundos que integra en la Red, como vimos en la anterior reseña. Así, y cómo expone el cónsul en los momentos finales del libro, la Humanidad debe cambiar y evolucionar. Entendemos pues al Alcaudón como una catarsis, como un elemento de ruptura que debe forzar ese cambio de forma traumática. Nos resulta gracioso de todas formas como el hombre cree un culto, una poderosa Iglesia, en torno a la figura que ha sido enviada para destruirlo, sin conocerlo realmente y sin entender su trascendencia. Queremos ver aquí una crítica del autor hacia las religiones y la superstición humana, aunque nuevamente estamos ante una opinión personal y no la defenderemos como tesis. 

Resaltable es también el retrato que Simmons realiza de las diferentes reacciones que se producen en los numerosos mundos que componen la Red, una vez la FEM Gladstone toma la difícil decisión de destruir la red de teleyectores y con ello el soporte físico del Tecnonúcleo, liberando, al menos en principio, a la Humanidad del dominio de éste. Así, vemos lugares donde se toma con resignación, otros donde se comienza inmediatamente el trabajo en un nuevo modelo de producción y se buscan alternativas, mientras que en otros se producen revueltas, disturbios, saqueos y hasta matanzas. Es significativo también que sean las clases privilegiadas, que utilizaban los teleyectores de forma ociosa y decadente, teniendo incluso su vivienda repartida entre varios mundos, las más intransigentes y agraviadas por la desaparición del medio de transporte, que precisamente aquellos que más lo necesitaban no podían emplear por su alto coste. A nuestro juicio, el linchamiento final de la FEM Gladstone, voluntariamente aceptado, por parte de una multitud enfurecida, representa la irracionalidad y la escasa voluntad del género humano de vivir libre y de forma autónoma, prefiriendo una vida cómoda y fácil bajo el dominio del TecnoNúcleo (por lo cual, entre otras cosas ha sido enviado el Alcaudón, ya que sabemos que en el futuro del que proceden las Tumbas de Tiempo y el Alcaudón existe una Inteligencia Máxima, entendiendo así que la transformación del género humano no ha sido total y las Inteligencias Artificiales existen todavía pese a la destrucción de su soporte físico).   

[Por cierto no hemos podido sino notar la semejanza entre los teleyectores y la propuesta de nuestra amada película (1994) y posterior serie StarGate, tanto en concepto como en descripción]



En la otra mano, pues no todo va a ser una crítica despiadada de la Humanidad, observamos que el autor le atribuye al ser humano, como especie y como individuo, una encomiable capacidad de sacrificio, que podemos observar en las dolorosas decisiones que debe tomar la FEM Gladstone, como la estrategia de tierra quemada en la guerra contra los éxters, sacrificando millones de vidas para salvar otros miles de millones, el valor suicida de los componentes de FUERZA, o los actos de los peregrinos, como el enfrentamiento de Kassad con el Alcaudón, sabiendo que le espera una muerte segura, Silenus soportando el dolor de su empalamiento mientras da forma a su poema definitivo, Sol Weintraub entregando a su hija al Alcaudón guiándose sólo por un sueño o el Cónsul afrontando serenamente su juicio por los éxters y reconociendo su culpabilidad y su doble traición a ambas especies. Podríamos concluir entonces, y más en vista del final de la obra, que el mensaje del autor no es catastrofista, sino al contrario es de Fe en el género humano y en su capacidad de superar sus limitaciones y sus defectos. 

Dedicaremos una última mención al personaje de Joseph Severn, la citada reencarnación de Keats y a nuestro parecer la figura principal de La caída de Hyperion. Es un personaje que nos deja algunas citas memorables («Ser poeta significa convertirse en Dios») y, de nuevo por lo metamórfico de esta novela, comienza pareciéndonos frívolo y de poco peso en la trama, para terminar siendo el centro de la misma. Nos ha gustado en especial que el autor le haga revivir el verdadero periplo de John Keats, trasmitirnos sus pensamientos y sus sentimientos, y cómo lo engrandece en su terríblemente difícil decisión final. Estaremos pendientes, en la siguiente entrega de la saga, de su posible reaparición.

En 1991 obtuvo el premio Locus y fue finalista de los premios Hugo y Nébula. Si bien Los cantos de Hyperion son una tetralogía, este volumen concluye y completa el hilo argumental iniciado en Hyperion siendo no sólo recomendable, sino incluso obligatorio leerlo para comprender completamente las premisas y los acontecimientos propuestos por Simmons en la primera entrega y cerrar todos los hilos argumentales abiertos en aquella.

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