28 de abril de 2013

En Grand Central Station me senté y lloré - Elisabeth Smart

¿Qué fuerza puede alcanzar el amor? ¿Cúanta alegría puede producir? ¿Cuánto sufrimiento? ¿Qué sacrificios nos exige? ¿Merecen la pena el dolor, el desengaño, el abandono, el rechazo? Una mujer joven se obsesionará con un hombre casado al que ni siquiera conoce. Su relación apasionada y tempestuosa los enfrentará a sus propios sentimientos y a la puritana y biempensante sociedad de su época.


Publicada en 1945, En Grand Central Station me senté y lloré (By Grand Central Station I Sat Down and Wept) es obra de la canadiense Elisabeth Smart (1913-1986), novelista, poetisa y protagonista de una vida de novela. 

Se puede describir con mucha dificultad, pues no es una novela al uso y no encaja dentro de ningún género concreto. La definiremos, con un elevado margen de error, como una recopilación de reflexiones y pensamientos de la autora, ordenada de forma autobiográfica, con el hilo argumental mínimo imprescindible para considerarla una novela, y con una enorme carga poéticalírica

Sobre todo, destaca por la hermosura, la belleza, la expresividad infinita de la prosa poética de la autora. Por la capacidad evocadora que imprime al texto. Estamos ante un largo soliloquio, un monólogo constante en primera persona, donde Smart va desgranando sus sentimientos y sus emociones. Por debajo subyace una historia, pero como dijimos ésta es mínima, apenas esbozada; divide la acción en diez partes que son diez retratos de diferentes momentos de su vida, ordenados cronológicamente para conferirle carácter autobiográfico, pero en los que importa realmente son los sentimientos que experimentó y apenas trascienden los hechos narrados.

Hilando los diez «retratos», podemos establecer la siguiente historia:

La autora y su amado han ido juntos a California, allí mantienen su romance y él no le oculta sus relaciones con un joven. Durante su viaje de regreso, son detenidos en el estado de Arizona, por delito de adulterio. Son separados y ella sufre por el encierro y la ausencia de su amado. Ella regresa con su familia a Canadá, mientras que a él le prohiben la entrada a dicho país. Su relación es sujeta a juicio y entredicho social. La autora sufre por la separación, mientras descubre que está embarazada de su amado. Él está con su mujer legítima; la autora describe su padecimiento, sus celos por «la otra mujer», el desgarrador sentimiento de abandono y el rechazo social de su entorno. Finalmente, reflexiona en la Grand Central Station de Nueva York.

Durante toda la obra no se citan nombres, ni fechas. Sólo «yo», «él», «ella». Lo realmente importante son los sentimientos, las emociones. Smart nos sobrecoge con su capacidad para transmitir sus pensamientos, y por la fuerza y la expresividad de su prosa. Pensamos que la idea principal que quiere dar es que el amor la hace sentir libre y poderosa, que ella encuentra su razón de ser como mujer a través del amor, y que asume con abnegación el rechazo y la incomprensión de la sociedad que la rodea, pues está por encima de la misma. Estamos en los años cuarenta, en la conservadora sociedad estadounidense y la aún más mojigata sociedad canadiense; la autora pertenece a una familia acomodada y  bien relacionada socialmente, y con su actitud rompe con todo lo que se espera de ella.

Será una constante a lo largo de la obra la muestra de repulsa y desprecio de la autora por la sociedad que le tocó vivir: fría, gris, desapasionada, moralista, timorata, una cárcel para ella (la escena de la detención y el interrogatorio es quizás la más significativa). Veamos dos ejemplos:
«"¿Amor? Qué disparate" decía mi madre. "Lo que cuenta es la lealtad y la decencia y el saber comportarse".»
«"Somos padres de familia", dijeron. "Todo eso del amor, no somos partidarios".»
Frente a la sociedad sitúa Smart a la Naturaleza. La cura, la consuela, la comprende y es benévola con ella. Podemos decir que la autora se siente más cercana a la naturaleza y más identificada con ella que con la sociedad humana.

Todo el torrente lírico de Miss Smart está plagado de referencias cultas a Shakespeare, John Milton, Rilke o el Cantar de los Cantares. Precisamente a este último libro recuerda en muchos momentos, por estilo y por la forma de describir a su amado.


Hacía tiempo que no encontrábamos un libro cuya lectura nos transportase hacia delante en el texto, como si nos meciese, de una forma tan deliciosa. La eufonía y la musicalidad son perfectas, totales, ayudadas por recursos como la (tan denostada) aliteración («Canta canario, en la tormenta, exhibe tu orgullo amarillo» o «No hay problemas, no hay pesares, no hay errores: se unen a la apremiante canción que el mundo canta») y la prosopopeya («el sol se inmiscuye entre nosotros y nos apremia a que hallemos una solución" o "Y entonces obligo a mi vanidad a ponerse de pie»).

El lenguaje es escogido, rico y preciso. Debemos destacar, sin duda alguna, el trabajo de la traductora Laura Freixas, pues entendemos que tuvo ante sí una labor titánica y que su trabajo fue clave para adaptar el texto original a la prosodia hispana. El texto de Smart en castellano nos ha traído reminiscencias del bíblico El cantar de los cantares, del García Lorca de Poeta en Nueva York, del Miguel Hernández más romántico en El rayo que no cesa o de la argentina Alfonsina Storni, pero curiosamente también de su compatriota (posterior en el tiempo y seguramente influído por ella) Leonard Cohen en su lírico El juego favorito.

Es imposible no empatizar con la autora. por la precisión y la valentía con la que expone sus sentimientos, que disfrutamos y padecemos con ella: la pasión, el alborozo, la lujuria, la ansiedad física mientras espera el contacto físico de su amado, el dolor de la separación y el abandono, los celos y el odio (y a la vez la conmiseración) por «la otra mujer»...

Si bien fue publicada originalmente en 1945, no fue hasta su reedición el 1966 que tuvo éxito masivo y se convirtió en obra de culto. Parte de la culpa la tuvo la familia de la autora, que logró prohibir su primera publicación en Canadá.

La obra narra parte de la tormentosa relación de amor que mantuvo la autora con el poeta inglés George Barker. Totalmente obsesionada, se enamoró de él sin tan sólo conocerlo. Mantuvieron su idilio durante largos años y tuvieron varios hijos en común. Durante todo ese tiempo, el poeta no abandonó a su legítima esposa. Su obsesión mutua les llevó a excesos con la bebida, agresiones físicas, períodos de separación...  mientras, tanto ella como él mantuvieron relaciones con hombres y mujeres por igual, teniendo Barker quince hijos de diferentes madres.

Por otra parte, el libro incluye un anexo a la traducción que ayuda a comprender las numerosas y complicadas referencias que la autora emplea en la obra.

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23 de abril de 2013

La torre oscura VII - Stephen King

Llegamos al fin de la saga La torre oscura, con el sentimiento agridulce que nos produce siempre terminar una saga con la que hemos disfrutado enormemente, y que en este caso en particular nos ha dejado una huella indeleble por su profundidad y por toda la simbología que contiene.

Pensamos que es imposible resumir la densidad de esta entrega en sólo tres párrafos, pero al igual que en las anteriores, haremos un esfuerzo para condensar la reseña al máximo. Vamos allá:



La torre oscura arranca exactamente donde termina La canción de Susannah y puede decirse que su primera parte conforma una unidad indivisible con dicha entrega anterior. Comparten la elevada densidad de información y el enorme volumen de datos entregados (ayuda ser conocedor del resto de la obra de King para sacarle el máximo provecho) aunque este libro tiene más acción y cubre un mayor número de acontecimientos que su predecesor, poniendo al ka-tet en las situaciones más críticas y delicadas.

King cambia el registro narrativo y pasa a ser un clásico «narrador total», es decir, que tiene presencia en el texto, es consciente de estar contando una historia y se dirige a los lectores. Por otra parte, su papel como personaje de la obra es crucial para la trama (y no es muy autocomplaciente que digamos), y se permite incluso introducir un deus ex-machina propio de una tragedia griega. Podría decirse que obra y autor se funden y confunden en una sola entidad (recordemos que escribir la saga le tomó a Mr. King nada menos que treinta y cuatro años).

Este volumen supone el culmen de toda la simbología y referencias literarias, históricas y mitológicas manejadas por el autor durante toda la saga. El paralelismo con el ciclo artúrico se evidencia ya definitivamente (no damos más detalles para huir del terrible spoiler), se recrea en el fatalismo y el determinismo, a través del ka y del girar de la rueda de la fortuna, que desemboca de forma sorprendente e inesperada en una particular versión del mito del eterno retorno, con Roland encarnando trágicamente a Sísifo.


Un libro imprescindible para comprender la saga en su conjunto y para cerrar todos los hilos argumentales. Es una obra dura, cruel incluso, pero que deja lugar para la esperanza y la redención. Tanto por la forma como por el fondo,  estupendo colofón al opus magnum de Stephen King.

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16 de abril de 2013

La torre oscura VI - La canción de Susannah - Stephen King

La canción de Susannah es el sexto volumen de la heptalogía La Torre Oscura.



Como su propio título indica, este volumen gira en torno a Susannah, y tanto ella como sus otras personalidades cobrarán un rol fundamental en la continuidad de la saga. Mientras el Padre Callaham y Jake (y por supuesto su inseparable Acho) desaparecen durante tres cuartas partes del libro (lo cual no quiere decir que su intervención no sea crucial), y con Roland y Eddie ocupados en su propia búsqueda, no exenta de tiroteos, Susannah será el eje vertebrador de la historia.

La acción se traslada casi en su totalidad a nuestro «nivel de la torre», es decir nuestro «donde», pero con el ka-tet diseminado (que no disuelto) en diferentes "cuandos". La acción baja una marcha con respecto a la anterior entrega, y si bien los acontecimientos siguen su curso y no faltan escenas tensas y trepidantes, es la hora de las explicaciones y la reflexión. Extensos diálogos nos permitirán despejar muchas incógnitas y cerrar cuestiones pendientes, aunque también abrirán otras nuevas. Las conversaciones Susannah-Mia son especialmente reveladoras y nos aportan muchísima información, aunque no lo son menos las de Roland y Eddie con un joven escritor llamado Stephen King.

La interdependencia entre el mundo de Roland, el nuestro (y sus infinitas versiones) es ya total e irreversible. Igualmente lo es la interrelación entre La torre oscura y el resto de la obra del autor. Es, a nuestro juicio, el volumen de la saga con mayor densidad de contenido y con mayor cantidad de datos de interés, por lo que conviene leerlo con atención para absorber todo y no perderse ningún detalle, porque no sobra ni una coma.

Si Lobos del Calla tenía una calidad extraordinaria y nos incitaba a leer el siguiente libro, La canción de Susannah directamente nos obliga a abalanzarnos sobre su continuación, pues King maneja la tensión de una forma magistral y necesitamos, desde que pasamos la última hoja, saber qué pasó después.

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11 de abril de 2013

Kim - Rudyard Kipling

La India, siglo XIX. Kim, un huérfano de origen europeo, se mueve a sus anchas por las bulliciosas calles de Lahore. Pícaro, curioso, inquieto, inteligente y vivaz, el «Amigo de todo el Mundo» vivirá toda una odisea a través de la colonia británica: Desde acompañar a un lama tibetano en la búsqueda de un místico río hasta verse envuelto en una trama de espionaje de dimensiones colosales.



Publicada en 1901, Kim (Kim), es obra del británico Rudyard Kipling. Novelista, poeta, viajero infatigable, masón, imperialista a ultranza y premio Nobel de literatura , autor también de El libro de la selva, Capitanes intrépidos  y El hombre que pudo reinar, entre otras.

Es una novela clásica de aventuras, pero que suma elementos propios de los libros de viajes, de las historias de espionaje e intriga y de la novela picaresca, y que supone un elaborado retrato costumbrista y etnográfico de la India colonial.

Es una obra cumbre de la literatura y un referente de los libros de aventuras que tuvieron su apogeo en el siglo XIX y principios del XX.

En una época en la que el imperio británico abarca los cinco continentes y no existen los documentales, estas novelas tienen no sólo la función de entretener sino también la de ilustrar y acercar a los habitantes de la metrópolis la vida en las lejanas y recónditas colonias, y suponen un acicate para el espíritu aventurero e imperialista necesarios para la cohesión del león inglés.

Por este motivo, Kim tiene un gran valor etnográfico, por su carácter costumbrista,  describiéndonos una India llena de vida, caótica, ruidosa, colorista, populosa, regida por un complicado sistema de castas que regula hasta los mínimos detalles de la vida cotidiana, y con una inabarcable amalgama de etnias, culturas, lenguas, credos, costumbres y profesiones que conviven en relativa armonía. Los paisajes, la naturaleza, Hasta las vestimentas, la gastronomía, la cosmética o los insultos y maldiciones están retratados.



Debemos destacar que Kipling muestra la ecuanimidad y la naturalidad en el tratamiento de la historia que le dan el haber nacido y crecido en la India, de la que tenía un conocimiento enciclopédico. Aquí no encontraremos expresiones como «bárbaras costumbres», «ridículas supersticiones», «execrable idolatría» o «ignorancia primitiva», pero tampoco el complejo de inferioridad moral ni la fascinación, fruto del new age, a los que acostumbran muchos libros actuales a la hora de abordar las culturas orientales (todo bondades: vida sencilla, espiritualidad, desapego de lo material, equilibrio) frente a la materialista, apresurada y artificiosa cultura occidental.

Esta obra tiene tintes de novela picaresca, y en verdad Kim sabrá salir airoso de todo lance gracias a su ingenio, su falta de vergüenza y de reparos, sus conocimientos del entorno y de la psicología: Sabe engatusar, lisonjear, halagar, ofender, insultar, obtener limosna... Se hace querer por todos, así se gana su apodo de «Amigo de todo el Mundo». Es un perfecto superviviente de la calle, de la que obtiene todo lo que necesita. La picaresca no sólo la practica Kim, sino los policías, los funcionarios, las mujeres de los mercados, los tratantes de caballos, los escribanos... La diferencia crucial con nuestros pícaros (tan hispanos como el tute o la siesta) es que Kim no tiene ningún interés por la medra social ni la riqueza. Es un alma noble y sencilla, pura, bienintencionada, sin maldad. Su relación con el lama (al que llama mi santo) es completamente desinteresada, comienza por su irrefrenable curiosidad infantil y acaban en amor y  fidelidad mutuos.

La galería de secundarios es digna de mención. Mahmud Alí, Lurgan, el padre Víctor, la vieja sahiba, el babú Hurreé o el coronel Creighton son muestras perfectas de la capacidad de introspección psicológica del autor y de su maestría para crear personajes con apenas dos pinceladas. Todos son a su manera personajes nobles y virtuosos pese a sus muchos defectos. Pero sobre todos ellos, se erige como nuestro favorito el lama: inocente, candoroso, sabio en unos temas y total ignorante en otros, humilde y determinado en su búsqueda del río que ha de lavar sus pecados. Un auténtico santo.

Escenario y personajes son perfectos para otro de los pilares que sostienen esta obra: El intrincado y gigantesco sistema de espionaje y contraespionaje llamado «El gran juego» que enfrenta a Rusia e Inglaterra por el control de la zona, que implicará a Kim y muchos otros, y les permitirá usar disfraces dignos del mismo Mortadelo y valerse de un sinfín de complicadas artimañas para huir del peligro o enviar información confidencial.

«El gran juego» será parte crucial del viaje iniciático de Kim y de su crecimiento personal. Esta obra contempla cuatro años en la vida de su joven protagonista, desde que es un simple golfillo que vive en las calles y cuya única pretensión es divertirse, pasando por su peregrinación junto al lama, el descubrimiento de sus orígenes, su contacto con el ejército, su educación europea y su aprendizaje de las artes del espionaje hasta convertirse en un joven y talentoso espía.

A nivel formal, el desarrollo de la trama se ve beneficiado por la fluidez del estilo del autor y de su capacidad descriptiva pues, sin caer en la minuciosidad que pudiese resultar tediosa, es capaz de ilustrar rápidamente personajes, escenarios y situaciones. El ritmo de la narración es bastante ágil, y los cuatro años de historia pasan rápidamente, pues Mr. Kipling emplea la elipsis narrativa en aquellas partes menos interesantes (como las estancias de Kim en la escuela) y desarrolla más ampliamente las de mayor trascendencia.

Como conclusión, y si partimos de que Kipling era un imperialista convencido y confeso, podemos aventurar que Kim encarna la unión de dos mundos, el occidental y el oriental. Es una nueva identidad, fruto de la fusión de las culturas, y aúna en su persona las virtudes de ambas, ya indisolubles y condenadas a entenderse. Ambas intentarán «tirar de él»: Por un lado, su ascendencia irlandesa, a través del ejército, la educación en San Javier y su participación en «El gran juego». Por el otro, su crianza hindú, cristalizada en sus palabras «yo no soy un sahib».  En manos del lector queda decidir cual se impone finalmente, si es que alguna lo hace, pero en cualquier caso Kimball O´Hara / Kim es ya un personaje universal.


Kim en el cine: 

En 1950 fue adaptada por Victor Saville, en la película homónima, con Errol Flynn como Mahmud Alí y Dean Stockwell como Kim. Titulada en España Kim de la India, fue una superproducción que contó con el aliciente de rodarse en la propia India, algo muy complejo en la época por cuestiones políticas. Su producción se pospuso varias veces, pues durante la Segunda Guerra Mundial se consideró poco conveniente mostrar a los rusos como villanos.

El rodaje contó con miles de extras y la colaboración de los gobernadores locales (la India aún era colonia británica), aunque gran parte del metraje, como todas las escenas en las que aparece Errol Flynn, se rodaron en estudio en los Estados Unidos.

El papel de Kim iba a estar interpretado originalmente por Freddy Bartolomew, que incluso se hizo fotos promocionales caracterizado como Kim y rodeado de elefantes, pero los sucesivos retrasos en la producción hicieron que finalmente recayese en Dean Stockwell.

[fuente]

En 1984 fue adaptada a la televisión por John Howard Davies, en el telefilme de idéntico título, con Peter O´Toole como el lama y John Rhys-Davies como Hurreé. El chico que hizo de Kim se llama Ravi Sheth, dejó la interpretación tras la experiencia y ahora es astrofísico.


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7 de abril de 2013

La torre oscura V - Lobos del Calla - Stephen King

Lobos del Calla es el quinto volumen de la heptalogía La Torre Oscura.


Los lobos del Calla continúa y amplía el tono western de La bola de cristal. Mr. King se permitirá hacer un trasunto de (o un homenaje a) Los siete samurais/Los siete magníficos, con Roland y su ka-tet en el rol de justicieros altruístas. Todo un bautismo de fuego para el grupo de pistoleros. Al igual que en el anterior volumen, reconocemos la tensión dramática al estilo Sergio Leone, pues tarda en arrancar y dedica largas páginas a los diálogos y las historias de los personajes, manteniéndonos en vilo y haciéndonos desear el gran desenlace. Cuando este llega, está resuelto y narrado de una manera tan gráfica, tan descriptiva, que nos parece estar viéndolo en una gran pantalla.

Aumentan y se ramifican las interconexiones con el resto de la obra del autor, resultando también una secuela de El misterio de Salem´s Lot, pues da continuidad a la trama de dicha obra. Contiene «historias dentro de la historia», donde King amplía el concepto de multiverso y la imbricación entre el mundo de Roland y el nuestro. Hasta se permite incluirse a si mismo y a su obra (como hizo el mismísimo Cervantes en Don Quijote de la Mancha).

Los personajes tienen un proceso de maduración (casi forzoso por las circunstancias) y evolucionan en gran medida como individuos y como ka-tet. Hasta el bueno de Acho está mas locuaz que nunca. No contamos más sobre ellos para no entrar en spoilers.

Lobos del Calla mantiene alto el listón de la saga y supone otro punto de no-retorno: Nos provoca ansiedad, nos hacer querer saber qué paso después y nos obliga a seguir leyendo. Si has llegado hasta aquí, estarás deseando empezar La canción de Susannah.

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