17 de noviembre de 2013

Navegante solar - David Brin

En nuestra Galaxia, cada especie sapiente ha sido elevada a la inteligencia por otra raza tutora, y a su vez eleva a otras especies pupilas. Así ha sido desde el origen del Universo. Sólo existe una excepción: nosotros. Sin tutores conocidos, la Humanidad, que ya ha elevado a delfines y chimpancés, es un elemento discordante en la ordenada Confederación Galáctica. Todo puede cambiar en el siglo XXIII de confirmarse una atrevida hipótesis: El Sol está habitado. Un arriesgado viaje a nuestra estrella puede encontrar a los tutores perdidos del ser humano, si los muchos intereses en contra no lo impiden. 



Publicada en 1980, Navegante solar (Sundiver) es obra de David Brin. Escritor, astrofísico, filósofo, asesor de la NASA, la CIA, la universidad de San Diego y de empresas como Google, divulgador y coleccionista de los principales premios de la Ciencia-Ficción (dos Hugos, un Nebula, tres Locus y un Campbell)

Es una historia de Ciencia-Ficción en su vertiente más dura, con una estructura sencilla pero de contenido complejo, pues presenta una serie de ideas e hipótesis bastante profundas sobre la especie humana y su posible lugar en una galaxia habitada por otros seres inteligentes. 

Que sienta las bases para el universo personal del autor, desarrollado en una serie de seis libros, y que parte de una premisa muy interesante y llamativa: la elevación a la inteligencia de unas especies por otras, y la estructura social que surge de las relaciones tutor-pupilo entre razas. 

Creo que, para comenzar, debemos tener claro que Navegante solar es una novela de Ciencia-Ficción dura con todas sus consecuencias: La estructura narrativa es sencilla. Dividida en diez partes, la trama sigue la estructura introducción-nudo-desenlace, sin complicaciones. El estilo del autor es simple y directo, sin recrearse en descripciones, que son breves y sucintas, ni en figuras estilísticas. Lenguaje directo y frases cortas. Para el Dr. Brin es lo que nos cuenta, no cómo nos lo cuenta. 

Y lo que nos cuenta es una hipótesis imaginativa y que nos mueve a la reflexión, a pensar. Imaginemos una Galaxia donde existen (¡por fin!) numerosas especies inteligentes que dominan el viaje interestelar. Desde la noche de los tiempos, cada raza con potencial de inteligencia ha sido elevada por otra anterior, convirtiéndose así en tutora y pupila respectivamente. La pupila queda vinculada a la tutora por un contrato de determinada duración, y a su vez elevará a otras especies, continuando el ciclo. Cuanto más antigua es una raza, y cuanto más atrás se remonte su linaje de elevaciones, más importante es en el orden galáctico. Abandonar a una especie pupila es un deshonor impensable, y una raza que se ha elevado por si misma, sin tutora, un anatema. 

Las especies inteligentes comparten una Enciclopedia Galáctica, un compendio de TODO el saber de la galaxia, de toda la tecnología, de todos los conocimientos existentes desde los primeros seres sapientes, los míticos Progenitores. Cuando una raza es elevada, no necesita desarrollar su propia tecnología, simplemente obtiene de su tutora toda la sabiduría de la Biblioteca a cambio de sumisión, como parte de su contrato.

Y en esto aparece la Humanidad. Paf! Una especie salida de nadie sabe dónde, que no sólo no tiene tutores conocidos, sino que ni le importa y se enorgullece de ello, y que además de desarrollar su propia tecnología e incluso dominar el viaje espacial sin necesidad de la Enciclopedia, tiene la desfachatez de elevar a dos especies de su planeta natal, los chimpancés y los delfines. Esto provoca que la situación del ser humano dentro del orden galáctico sea peculiar, no es exactamente un paria ni un apestado, pero su carencia de linaje le coloca en una posición incómoda, teniendo que pagar fuertes peajes por acceder a la Enciclopedia y viendo limitada su expansión por la galaxia.

De este modo, el Dr. Brin introduce todo su universo, que servirá de escenario para la saga de seis libros La elevación de los pupilos, y desarrollará una serie de ideas muy interesantes, sobre todo por su calado filosófico. Como ya dije, es un libro que nos mueve a la reflexión.



Por ejemplo, la situación en la propia Tierra se mueve entre una distopía en la línea de Un mundo feliz (que aparece citada en la obra) y una sociedad enfocada hacia el progreso y al viaje espacial como destino ineludible de la humanidad. Como requisito para ser aceptada entre las razas sapientes, la humanidad debe controlar su tendencia a la agresividad y la violencia, lo que provoca la división social entre ciudadanos y condicionales. Los primeros tienen plenitud de derechos y libre albedrío, mientras que los segundos llevan implantado un chip de control, tienen prohibida la reproducción, la salida al espacio y el acceso a las ciudades, viviendo en reservas donde conviven con los extraterrestres (llamados etés) que están en una situación similar. 

Me resulto llamativo, y hasta gracioso, como los humanos, principalmente los condicionales, se dividen entre xenófilos y xenófobos, llevando los extremos a crear dos facciones enfrentadas, los camisas, que se visten al estilo futurista (túnicas de telas brillantes) y sienten devoción por los etés, y los pieles, que viven y visten como hombres prehistóricos, odian ferozmente a los etés y convierten su marginación en orgullo. Aquí se observa el perfil filosófico del autor, que hace, a través de estos extremistas, reflexiones sobre la especie humana, sobre su identidad en un mundo donde ya no es el centro del universo, sobre el papel de las religiones, ya superadas y olvidadas, sobre la tendencia a agruparse en facciones y sobre el lugar de los inadaptados dentro de una sociedad modélica y superestructurada. 

«Jacob estaba seguro de una cosa: los camisas y pieles compartían su resentimiento. Resentimiento hacia la cauta política de compromiso de la Confederación hacia los E.T. Resentimiento hacia las Leyes Condicionales que mantenía aislados a tantos. Resentimiento hacia un mundo donde el hombre ya no conocía con seguridad cuáles eran sus raíces.»

Dejemos las Ciencias Sociales, que aquí hemos venido a ver Ciencia-Ficción. Así el protagonista, Jacob Newa Álvarez (cuya descripción se reduce a que es amerindio, y su historia a que pertenece a una familia de políticos, que está considerado un héroe por salvar una importante instalación espacial y a que perdió a su mujer en un célebre accidente), el eté Fagin (con aspecto de brécol gigante), el neo-chimpancé Jeffrey y otros personajes, viajarán a Mercurio y de ahí al sol en la nave Bradbury, un híbrido de la tecnología humana y de la procedente de la Biblioteca, capaz de soportar las temperaturas solares, donde buscarán la supuesta forma de vida inteligente que puede ser el tutor perdido de la humanidad.

Sobre los personajes, como es habitual en la C-F dura, no están demasiado desarrollados, sí lo suficiente para darles entidad y hacerlos creíbles, pero tendremos descripciones mínimas de ellos y poquitos datos sobre su historia personal. Mi preferida sin duda es la piloto Helene da Silva, una mujer de gran personalidad, con noventa años de edad pero un cuerpo de veinticinco, fruto de viajar a velocidades no-relativistas [lo mismo que le ocurre por ejemplo al protagonista de la Saga de Ender de O.S. Card], lo que la hace irresistible para los hombres: una mujer con el mundo, los conocimientos y la experiencia de la madurez pero con el aspecto físico de la juventud. 

Desde que se inicia el viaje a Mercurio, la obra incorpora elementos propios de las novelas de intriga y detectivescas, pues el viaje al sol se verá complicado por una compleja trama (que no voy a desvelar, tranquilos) para impedirlo, con diversos personajes con intereses encontrados y motivos para hacer fracasar la misión, encontrándonos incluso con la clásica escena de las historias policíacas en la que Poirot, o quien proceda, resuelve el caso y descubre al culpable en una reunión de todos los sospechosos. No está exenta tampoco de escenas de acción y situaciones emocionantes propias de las novelas de aventuras, aunque las escenas de lucha y persecuciones son un poco confusas si no estás muy puesto en física (ahora hablaremos de eso). 

Destacar que la obra debe ser una auténtica delicia para los lectores con conocimientos avanzados de física, química y otras Ciencias exactas, porque el Dr. Brin no se corta a la hora de aplicarlas a la historia, y yo, al menos, por momentos me sentí bastante perdido. Normalmente la C-F dura tiene carácter divulgativo, y autores como Asimov, O.S. Card o Sir Arthur C. Clarke rebajan el liston para que el lector comprenda los conceptos y se interese por ellos sin abrumarse, pero David Brin tiene una actitud más propia de ese profe que todos padecimos, que pone la directa y da su explicación dando por hecho que todos los presentes saben de lo qué está hablando. Aún así, no quiero desmotivaros, el libro puede leerse con normalidad, sólo que algunas situaciones son más difíciles de comprender, sobre todo las escenas de acción.

Para terminar, resaltar que, pese a iniciar una saga, Navegante solar es autoconclusiva, y puede leerse suelta, pues la historia queda completamente cerrada y no tiene relación directa con los siguientes volúmenes. 

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8 comentarios:

  1. Querido Tomás, no sabes cuánto me agrada leer tus comentarios literarios que siempre están tan bien escritos y llenos de datos de interés (además de tus inteligentes observaciones). En mi caso respecto a este autor, la verdad es que hace años lo tengo pendiente y de hecho en mi biblioteca me están esperando las dos primeras novelas de la segunda trilogía de esta saga desde la Noche de los Tiempos...¿Sabías que Kevin Costner adaptó una de sus novelas para el cine con muy desastrosos resultados? ¿Y que Brin junto con Ben Bova y Brian Benford tuvo el "honor" de contar con las bendiciones de los herederos de Asimov para escribir las continuaciones autorizadas de la saga de "Fundación"?

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    1. Pues no tenía ni idea, pero buscando documentación para la entrada vi que es el autor de "The Postman" ("El mensajero del futuro" en España), la gran debacle de Costner, tanto económica como artística.
      En cuanto a las continuaciones de Fundación, tampoco sabía que era uno de los autores, es una lectura que me gustaría hacer algún día, aunque debe esperar un poco aún.
      Me alegra que te gustase la entrada, por lo que entendí en Internet, las novelas que tienes están protagonizadas por neo-delfines, que ya tripulan sus propias naves espaciales.

      De hecho descubrí también que Brin fue el guionista del videojuego Ecco the Dolphin, en el que manejabas a un delfín y al que jugaba con un amigo en su Sega Megadrive (creo que en tu país se llamó Sega Génesis) hace ya casi veinte años.

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  2. A mi me encanta la ciencia ficcion! asi que este me llama

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    1. Seguro que te gustará, porque es Ciencia-Ficción de la buena. Y se reeditó en el 2012!

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  3. Uff... Este autor va a ser que no, para qué vamos a engañarnos.

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    1. Jaja cada uno tiene sus gustos, y si no te va mucho la C-F dura se puede atragantar un poco, yo por momentos me sentía un cateto, totalmente perdido entre motores de gravedad, generadores de campos de estasis y láseres paramétricos, que soy "de letras". Pero la historia está chula.

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  4. No se si te he dicho alguna vez que me encantan tus reseñas, tu forma de estructurarlas, de hacerlas visibles, y tu forma de escribirlas, vamos tu pluma. Sin embargo hay un par de géneros que no toco porque me lo prohibe mi religión, jajaja esa que me dice que aborde solo lo que realmente me hace disfrutar, y uno de ellos gracias al colegio es la ciencia ficción, y es que les dio durante dos años por amargarnos la vida con las invasiones de otro planeta hasta el punto de hacerme huir del género, supongo que con esto ya habrás intuido que no entrará en mis planes lectores...

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    1. Muchas gracias, me halagas y me animas a seguir trabajando. Creo que el problema de las lecturas obligatorias que comentas es que suelen tener el efecto contrario y crean rechazo a según que géneros. A mí al revés, jamás me dieron a leer ciencia-ficción, eran más de clasicotes. De todas formas algún autor de C-F blanda podría gustarte, como Ray Bradbury.

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