4 de agosto de 2013

Dragón - Peter Straub

Hampstead parece una tranquila y apacible ciudad residencial para neoyorquinos acomodados, pero esconde un terrible mal que regresa con cíclica precisión para convertirla en un infierno. Un desafortunado accidente químico precipitará su retorno y lo hará más poderoso y letal que nunca. Cuatro personas complemente distintas que sólo tienen en común sus facultades extrasensoriales deberán unirse para hacerle frente e intentar evitar que destruya Hampstead por completo.


Dragón (Floating Dragon) es obra de Peter Straub, novelista, poeta, editor y autor de la exitosa Fantasmas (Ghost Stories).

Es una novela de Terror y Misterio, que es tanto un thriller psicológico y de suspense como una historia de horror sobrenatural.

Muestra una extraordinaria pericia literaria, combinando diferentes estilos y puntos de vista narrativos, y posee una notable profundidad  con gran cantidad de hilos argumentales secundarios y de historias paralelas, creando una obra muy rica y llena de matices. 

Lo primero que sorprende en Dragón es su complejidad, inusual en obras de este tipo. Partimos de dos tramas paralelas pero concurrentes. Por una parte, un gas terriblemente letal, el DRG-16, desarrollado con fines militares, se escapará a la atmósfera por accidente sobre el área de Hampstead, la población donde transcurren el grueso de los acontecimientos. Por otra parte, tenemos el Mal en sí mismo, el Dragón que da título a la novela, que reaparece de forma cíclica y periódica desde el nacimiento de la localidad [anticipando una idea que veremos también en la posterior It de Stephen King] sembrando la misma de muerte y desolación. Así pues, Straub conjuga los elementos puramente sobrenaturales y fantásticos con los mundanos: el terror provocado por nuestros propios errores y por la posibilidad de destruirnos a nosotros mismos creando algo mortífero para lo que no tengamos solución (recordemos que en aquella época la Guerra Fría estaba en pleno apogeo y que los años setenta fueron la era dorada del cine de catástrofes).

Ambos horrores (el gas nocivo y el Dragón) se catalizarán mutuamente para crear un escenario dantesco. Straub muestra una capacidad narrativa asombrosa para transmitir la sensación de caos y degeneración total en la que caen Hampstead y sus habitantes. A mi personalmente, gran parte del horror me lo ha transmitido lo irracional e impredecible del comportamiento de las gentes del pueblo, personas normales con vidas corrientes y cotidianas que comienzan a actuar de forma errática, ilógica y muy siniestra. 

Me ha sorprendido también cómo Straub consigue transmitir desasosiego, incomodidad, desagrado. Mientras leemos notamos que no estamos a gusto, como si algo no acabase de estar bien, como si ni siquiera los protagonistas acabasen de resultarnos de confianza, y nos costase empatizar con ellos. Esta sensación de molestia constante ayuda a crear un ambiente de horror permanente, que se extiende a lo largo de toda la novela, concediéndonos pocas ocasiones para recuperar aliento. Si estás acostumbrado a ritmos más pausados, como los de Stephen King por ejemplo, que dosifica mucho más la acción, Straub te parecerá un tornado, pues la tensión es continua, creando un efecto de "huida hacia adelante". No puedo decir si es el estilo habitual del autor, pero al menos aquí puede provocar hasta un poco de agobio por momentos, por lo que se agradece que haya dividido el libro en muchos capítulos breves, favoreciendo que podamos descansar. 

Para esta sensación de tensión y suspense, colabora en gran medida su dominio del lenguaje y su habilidad para las descripciones, que son muy gráficas. Realmente estamos en el terreno del gore, recreándose el autor en detalles desagradables, repulsivos incluso, pormenorizando sangre, vísceras, huesos, moscas, gusanos,... mención especial merecen los efectos del letal gal DRG-16, que descritas por Straub pueden ser hasta vomitivas para aquellos de estómago delicado.  

Dentro del citado gore, el autor juega mucho con los olores: la sangre, el fango, el agua estancada, la orina y las heces, la humedad de los sótanos, la carne quemada, la podredumbre... todo lo que nos crea imágenes mentales de asco y de náusea. 


Antes dije que incluso los protagonistas nos dan algo de rechazo. Vamos a matizar esta afirmación: Straub crea aquí personajes complejos, con muchas zonas grises. En Dragón no hay héroes, hay personas normales que se ven obligadas a enfrentarse a un enemigo formidable armadas sólo con unas habilidades telepáticas y precognitivas que ni comprenden ni dominan. El autor crea un grupo completamente dispar y en el que destaca el protagonista principal: Graham Williams, un escritor septuagenario, ex-alcohólico, tachado de comunista durante el macarthismo y repudiado por gran parte de los habitantes de Hampstead. Es el único del grupo que carece de telepatía. Por otra parte están Tabby, un adolescente con un padre trastornado y disfuncional; Patsy, una mujer a quien su marido maltrata física y psicológicamente; y Richard, quizás el más equilibrado de todos, pero obsesionado con un antiguo amigo fallecido tras caer en la toxicomanía. Todos ellos, al igual que la extensa nómina de secundarios, son personas con virtudes y defectos, y el autor no hace valer unas u otros, sino que debemos aceptar a los personajes tal como nos los entrega. 

Y en verdad la relación de secundarios es amplia, como lo es el número de subtramas que maneja Straub. Es sorprendente cómo puede hilarlas todas para que guarden interrelación y todas ellas afecten, de una u otra forma, a la trama principal. Para enriquecer aún más la obra, el autor utiliza diferentes puntos de vista narrativos: La tercera persona omnisciente y la primera persona, ambas a cargo de Graham, que indicará cuándo y por qué usa una u otra, y la primera persona mediante los diarios personales de Patsy y Richard. 

Lo nutrido del reparto podría explicarse por el desarrollo de los acontecimientos. Sin caer en el spoiler, sólo anticiparé que hay asesinatos y muertes. Muchos. Como se decía antes, "muere hasta el apuntador". Si sumamos los acontecimientos que Straub relata en las anteriores apariciones del Dragón, estamos ante uno de los libros más truculentos que yo al menos he leído en bastante tiempo. Y ante uno de los villanos más curiosos y con más recursos, del cual tampoco hablaré mucho más para no revelar detalles de la trama, pero el Dragón, su presencia casi permanente y su implacabilidad son parte fundamental del interés que suscita esta novela.

Por todo lo expuesto hasta ahora, queda decir que Dragón requiere una cierta concentración en la lectura, yo incluso por momentos tuve que volver atrás para recordar por qué estaba ahí tal o cual personaje, o que relación tenía con la historia principal, tan amplio es el dramatis personae y tal es el número de hilos argumentales abiertos a la vez. No quiero decir que sea liosa o complicada, pero sí que no es la típica novela de terror para leer en el autobús y olvidarla al poco, porque Straub cuida por igual fondo y forma, e incluso se recrea escribiendo, casi como si fuese un ejercicio de estilo.  

Queda por último hablar de otro factor que redunda en la complejidad del libro y que también me ha llamado la atención: la cantidad de pasajes «mentales» que incluye, es decir de visiones, alucinaciones y delirios de los personajes, que se presentan en cualquier ocasión y que, en el contexto de una obra sobrenatural como esta, nos hacen dudar muchas veces de si lo que el personaje está viviendo es real o imaginario. Está percepción alterada se refiere a menudo a la distorsión de las distancias y las dimensiones, provocando desorientación y confusión en quien la padece. Así pues, es otro elemento que se suma a los ya citados para darnos esa sensación de incomodidad y desubicación de la que ya hablé más arriba. 

En resumen, Dragón es una novela recomendable para quien busque una obra de terror que se salga de lo ordinario y que sea más que una simple lectura de evasión. Por mi parte, desconozco si es una de las mejores obras de Peter Straub o si es una de las más prescindibles, y tampoco la puedo aconsejar para iniciarse en el autor (si no habéis leído absolutamente nada de él, lo más conveniente es sin duda comenzar por Fantasmas) pero sí que puedo decir que es una lectura original e interesante, sobre todo si te gusta pasar miedo y no te importa mancharte de sangre, pues aquí la hay en cantidades industriales.

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3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. ¡Uf, me dieron unas ganas tremendas de leer esta novela! No obstante debo confesarte algo, amigo, y es que a Straub las dos veces en que intenté de leerlo por sí mismo (o sea, independiente de su trabajo con King) me aburrió como ostra (fue un parto terminarme su novela "La Tierra de las Sombras" y su colección de cuentos "Casas sin Puertas" me superó y dejé el libro inconcluso). No obstante confío en tu criterio. Antes de despedirme te cuento que "Historia de Fantasmas" fue adaptada al cine en los setenta.

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    Respuestas
    1. Entiendo perfectamente Elwin, que te resulte aburrido, porque una cosa que he notado es que Straub "se gusta" escribiendo, que se recrea con detalles y filigranas, como si quisiese demostrar su dominio de la narrativa.

      A mi esta novela me ha gustado, aunque me ha parecido más dura de lo que estoy acostumbrado, con tantísimas muertes y las descripciones tan explícitas. Me leeré algún otro libro suyo más para poder comparar y saber si fue una excepción o si me gustan también.

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