9 de junio de 2013

La caída de Hyperion - Dan Simmons

Los seis peregrinos han llegado a las incógnitas Tumbas de Tiempo, donde cada uno de ellos se enfrentará a su manera al Alcaudón y a su propio papel en el destino de la Humanidad. Mientras la apertura de las Tumbas se acerca, Hyperion será el detonante de la inevitable confrontación entre la Hegemonía de los humanos y los éxters, una guerra que pondrá la Red de Mundos al borde del abismo y en la que la el TecnoNúcleo tendrá una intervención de consecuencias imprevisibles.




Publicada en 1990, La caída de Hyperion (Fall of Hyperion), de Dan Simmons,  es una novela de Ciencia-Ficción blanda y de Anticipación, si bien tiene mayores tintes de Space Opera y un trasfondo bélico, con varias unidades de acción simultáneas e hilos argumentales paralelos pero concurrentes, y una estructura y técnica narrativa diferentes a aquella, prestando gran atención a la perspectiva psicológica y moral de los personajes.

No es una simple continuación de Hyperion, pues si aquella introdujo el universo personal del autor, ésta lo desarrolla, lo amplía y lo matiza hasta la más delicada filigrana. Podríamos decir que ambos libros conforman un todo y no se conciben por separado. La caída de Hyperion es una novela caleidoscópica, proteica incluso, pues nada es lo que aparenta al principio y los vuelcos en los acontecimientos son constantes (y nuestra sorpresa también). A lo largo del libro cambiamos nuestra percepción y nuestro criterio sobre personajes y sucesos tantas veces que creemos recomendable leerlo con atención y pendientes de sus drásticos giros argumentales (no queremos decir que la historia dé bandazos, cuando finalicemos la lectura veremos que todo encaja a la perfección). Podemos decir que es uno de los libros más interesantes que hemos leído, y no sólo de Ciencia-Ficción, y que es de todo menos predecible. Volveremos sobre este tema más adelante.

Al igual que en Hyperion, el autor maneja gran cantidad de referencias hipercultas y a nosotros al menos nos resulta imposible captarlas todas. Nuevamente tiene importancia capital la figura del poeta John Keats, pues aquí su segunda reencarnación como cíbrido  (llamado Joseph Severn, nombre de un pintor amigo íntimo de Keats) será Narrador omnisciente, puente de conocimiento entre los peregrinos y el Gobierno de la Hegemonía, actor principal, y depositario de un conocimiento crucial para la salvación de la Humanidad (la ubicación física del TecnoNúcleo en la red de teleyectores, quizás el secreto mejor guardado del Universo). La guerra entre la Hegemonía y los éxters tendrá una doble referencia a la mitología clásica: Al propio poema de Keats y a través de éste a la Titanomaquia o guerra entre los Titanes y los Dioses Olímpicos griegos, que supuso la caída y destierro de los primeros y el ascenso de los segundos. Que en diversos momentos de la novela los peregrinos se refieran al Alcaudón como Grendel nos remitirá también al poema escandinavo del siglo X Beowulf, y vemos en verdad cómo la descripción y naturaleza de ambos coinciden en muchos aspectos. Por nuestra parte, no hemos podido evitar hacer un paralelismo con la caída del Imperio Romano (la Hegemonía) y las invasiones de los pueblos bárbaros (los éxters, entendiendo bárbaro como extranjero, no como primitivo o atrasado), que al igual que ocurre en esta obra, supusieron, entre otras cosas, el fin de la unidad política y geográfica, el entorpecimiento y ralentización de las comunicaciones y el aislamiento, la ruralización y el regreso a la autarquía de las diferentes regiones que componían el Imperio. Otro detalle a destacar es que los éxters se dividan en doce enjambres hermanos, en un curioso paralelismo con las doce tribus de Israel, pero esto último es una percepción personal y tal vez sea sólo coincidencia. Como curiosidad, si Hyperion terminó con los peregrinos cantando Vamos a ver al Mago de Oz, aquí terminará con Somewhere over the Rainbow, del mismo film.

Dijimos que la estructura narrativa difiere de la de su antecesora. Si aquella estaba compuesta por seis relatos independientes pero con un hilo común, ésta está dividida en tres partes, y en cada una de ellas se usan diferentes estilos narrativos. La primera parte está narrada íntegramente por Joseph Severn, la segunda reencarnación como cíbrido de John Keats, que usará la primera persona en pasado para contar los hechos que él mismo observa y protagoniza, y la tercera persona en presente para narrar los acontecimientos protagonizados por los peregrinos en Hyperion, que el percibe a través de sueños, pues es depositario de la consciencia de la primera reencarnación de John Keats, que reside dentro de la detective Brawne Lamia, de la que fue amante, y que espera un hijo suyo. La segunda parte está narrada en tercera persona, de manera omnisciente, y dedicada tanto a los peregrinos y sus enfrentamientos particulares con el Alcaudón como a la Gobierno de la Hegemonía y cómo debe abordar la inminente invasión éxter. En la tercera parte reaparece la figura de Severn-Keats y se alternan la narración en primera y tercera persona, tanto en presente cuando el narrador sueña con los peregrinos, como en pasado cuando Severn cede el mando al propio autor para relatar el resto de sucesos en los que Severn no está presente. De esta forma, Simmons nos ofrece un retrato global de todos los hechos y maneja numerosas líneas y unidades de acción simultáneas que le dan a la novela una complejidad y profundidad asombrosas.

Dijimos que volveríamos sobre el tema de lo proteico de esta obra y así lo hacemos. Fijémonos que en todo momento estamos haciendo referencia a una guerra entre Humanidad y éxters. A lo largo de la obra, nos haremos una idea de estos como pueblo belicoso, capaz de planificar su ataque a la Red de Mundo de forma calculadora, con premeditación y paciencia infinita (desplazan su flota a velocidad sublumínica, con décadas de anticipación, para burlar los detectores humanos) y que destruyen los mundos que alcancen de forma fría y cruel, incluso irracional, pues no entendemos sus motivaciones. Simmons juega así con el miedo a lo diferente, a lo desconocido. Sin embargo, nuestra idea de los éxters cambiará a lo largo de la lectura, a la par que lo hace la que tenemos sobre el TecnoNúcleo.

Estatua de John Keats, en el Guy´s Hospital de Londres,
obra de Stuart Williamson

El citado TecnoNúcleo merece un capítulo propio por su peso en el conjunto de la trama, además de por ser una de las ideas más interesantes que hemos encontrado en la Ciencia-Ficción. En la anterior reseña lo presentamos con una suma de las consciencias de todas las Inteligencias Artificiales, una vez éstas escapan al control de los humanos que las crearon. Divididas en tres facciones (Máximos, Constantes y Volátiles) han proporcionado a la Humanidad todos sus avances científicos (a excepción del motor hiperlumínico Hawking) como la Red de Datos que permite acceso instantáneo y universal a cualquier información, y el imprescindible teleyector) y ejercen una tutela o control de facto sobre el género humano. Las citadas facciones se distinguen por su postura hacia la Humanidad, desde el exterminio total por considerarla un estorbo, su simple control o su uso como ganado. Pues bien, en esta entrega de la saga descubriremos a uno de los villanos más maquiavélicos, retorcidos y despiadados que ha dado la literatura. Desde el momento que no están sujetos a la Ley Cero de la robótica de Asimov, e incluso se permiten ironizar sobre ello, hacen palidecer a otras creaciones de la Ciencia-Ficción como Skynet o Matrix.

Así, descubrimos que el ataque éxter a gran escala contra la Red de Mundos es una farsa orquestada por el TecnoNúcleo, cuyo fin es acabar por igual con humanos y éxters, que éste ha sido el causante del Gran Error que destruyó la Tierra para forzar la Hégira humana, que ellos mismos favorecieron proporcionando el teleyector, con el fin de crear el soporte físico para su propia existencia, pues en la red de teleyectores es donde se encuentra físicamente alojado el TecnoNúcleo. Con un representante en el órgano de gobierno humano, sugerirán usar un poderoso arma de guerra contra esa supuesta invasión éxter, pero como veremos más adelante gracias al padre Duré, esto esconde una trampa mortal para millones de seres humanos, que encontrarían la muerte en la teórica seguridad de los laberintos subterráneos de Hyperion. Igualmente, y siguiendo con el carácter caleidoscópico de la novela, cuando ya asumimos que la tierra fue destruida, sabemos que la facciones Volátiles y Máximos de las IAs decidieron conservarla y desplazarla a la Nube de Magallanes, dónde los humanos no pudiesen encontrarla.

Mencionamos también en la reseña de Hyperion que Simmons marcaba la diferencia entre humanos y éxters en que los primeros son una raza conservadora, que no se adapta al medio sino que adapta el medio a ella, terraformando aquellos mundos que coloniza y eliminando a las especies semiinteligentes autóctonas que pueden significar competencia por los recursos. Por oposición, los éxters  han sabido evolucionar y adaptarse a las condiciones de vida en el espacio sin gravedad. Ahora descubriremos también que no sólo es esta la diferencia de filosofía y cosmogonía de ambas razas, sino también la dependencia y sumisión de la Humanidad con respecto al Tecnonúcleo, que los éxters consideran una forma de esclavitud vergonzante y carente de Honor. spoiler! Cuando Simmons nos presenta a los éxters descubrimos una raza no cruel, sino independiente, noble y capaz de la clemencia, pues no sólo no son causantes de los ataques a la Red de Mundos, sino que prometen a la Humanidad que la vengarán, y en el juicio sumario al Cónsul por su doble traición, a humanos y éxters, lo condenarán a vivir y reparar parte del daño que ha causado. Su objetivo no es el ser humano, sino el TecnoNúcleo, siendo su único interés el control de Hyperion, y limitando su acción bélica contra él. El final del libro nos mostrará también un Hyperion donde la convivencia de ambas especies inteligentes es posible e incluso armoniosa. 

Llegados a estas alturas de la crónica, debemos hablar de los peregrinos, especialmente del Cónsul, y de su papel en esta obra. Los habíamos dejado camino de las Tumbas de Tiempo, al son de Vamos a ver al Mago de Oz. Ahora veremos sus enfrentamientos personales con el Alcaudón (del cúal hablaremos más adelante). Con el poeta Martin Silenus empalado en el Árbol del Dolor, sufriendo la más terrible agonía, pero que le permitirá finalizar el poema de Keats y dar sentido con ello a toda la historia, en otra muestra de la caleidoscopia del libro descubriremos que el árbol no es tal, sino una ilusión inducida por una conexión neuronal y el profesor Sol Weintraub atormentado por la decisión de entregar a su hija al Alcaudón (al igual que Abraham debía sacrificar a Isaac a Dios), será el militar Kassad quien tenga la más vistosa y espectacular batalla con el Alcaudón, que incluye desplazamientos en el tiempo y el espacio y a través de la que entenderemos finalmente el origen y el papel de las Tumbas de Tiempo en la trama. Por su parte, la detective Lamia, está embarazada de la primera reencarnación de John Keats, y no sabemos aún el rol que este Nefilim puede tener en acontecimientos futuros. Es siginificativo el papel del sacerdote Hoyt, como portador de dos cruciformes, su muerte provocará su resurreción pero como el padre Paul Duré, a quien la trama reservará un curioso destino: ser Papa de la ahora minoritaria Iglesia Católica, pero a la que la nueva configuración del Universo, destruida la red de teleyectores y caída la Iglesia del Alcaudón, parece dar una nueva oportunidad de florecer. Nuevamente nos sorprendemos al descubrir que los cruciformes no guardan relación con el Alcaudón, sino que son una creación del TecnoNúcleo para reducir a la Humanidad a la condición de ganado, como pudimos ver en los Bikura de la primera entrega  Igualmente, su visión de lo túneles laberínticos de Hyperior sembrados de millones de cadáveres serán el aviso para prevenir las verdaderas intenciones del TecnoNúcleo cuando sugieren usar su bomba de muerte.

Hablemos ahora del Alcaudón y de su significado. Estamos ante otra figura fascinante, presentada en la primera parte y magnificada aquí por Simmons. Comparado con el Grendel de Beowulf como expusimos más arriba, aquí comprenderemos al fin su trascendencia como expiador de la Humanidad o Ángel del Dolor. Nos parece una premisa principal del autor la crítica al modo en el cual el género humano ha construido su Red de Mundos, su excesiva dependencia de la tecnología y del TecnoNúcleo, su falta de respeto al Medio Ambiente y la idiosincrasia de los mundos que ocupa, así como el Colonialismo al que somete a aquellos mundos que integra en la Red, como vimos en la anterior reseña. Así, y cómo expone el cónsul en los momentos finales del libro, la Humanidad debe cambiar y evolucionar. Entendemos pues al Alcaudón como una catarsis, como un elemento de ruptura que debe forzar ese cambio de forma traumática. Nos resulta gracioso de todas formas como el hombre cree un culto, una poderosa Iglesia, en torno a la figura que ha sido enviada para destruirlo, sin conocerlo realmente y sin entender su trascendencia. Queremos ver aquí una crítica del autor hacia las religiones y la superstición humana, aunque nuevamente estamos ante una opinión personal y no la defenderemos como tesis. 

Resaltable es también el retrato que Simmons realiza de las diferentes reacciones que se producen en los numerosos mundos que componen la Red, una vez la FEM Gladstone toma la difícil decisión de destruir la red de teleyectores y con ello el soporte físico del Tecnonúcleo, liberando, al menos en principio, a la Humanidad del dominio de éste. Así, vemos lugares donde se toma con resignación, otros donde se comienza inmediatamente el trabajo en un nuevo modelo de producción y se buscan alternativas, mientras que en otros se producen revueltas, disturbios, saqueos y hasta matanzas. Es significativo también que sean las clases privilegiadas, que utilizaban los teleyectores de forma ociosa y decadente, teniendo incluso su vivienda repartida entre varios mundos, las más intransigentes y agraviadas por la desaparición del medio de transporte, que precisamente aquellos que más lo necesitaban no podían emplear por su alto coste. A nuestro juicio, el linchamiento final de la FEM Gladstone, voluntariamente aceptado, por parte de una multitud enfurecida, representa la irracionalidad y la escasa voluntad del género humano de vivir libre y de forma autónoma, prefiriendo una vida cómoda y fácil bajo el dominio del TecnoNúcleo (por lo cual, entre otras cosas ha sido enviado el Alcaudón, ya que sabemos que en el futuro del que proceden las Tumbas de Tiempo y el Alcaudón existe una Inteligencia Máxima, entendiendo así que la transformación del género humano no ha sido total y las Inteligencias Artificiales existen todavía pese a la destrucción de su soporte físico).   

[Por cierto no hemos podido sino notar la semejanza entre los teleyectores y la propuesta de nuestra amada película (1994) y posterior serie StarGate, tanto en concepto como en descripción]



En la otra mano, pues no todo va a ser una crítica despiadada de la Humanidad, observamos que el autor le atribuye al ser humano, como especie y como individuo, una encomiable capacidad de sacrificio, que podemos observar en las dolorosas decisiones que debe tomar la FEM Gladstone, como la estrategia de tierra quemada en la guerra contra los éxters, sacrificando millones de vidas para salvar otros miles de millones, el valor suicida de los componentes de FUERZA, o los actos de los peregrinos, como el enfrentamiento de Kassad con el Alcaudón, sabiendo que le espera una muerte segura, Silenus soportando el dolor de su empalamiento mientras da forma a su poema definitivo, Sol Weintraub entregando a su hija al Alcaudón guiándose sólo por un sueño o el Cónsul afrontando serenamente su juicio por los éxters y reconociendo su culpabilidad y su doble traición a ambas especies. Podríamos concluir entonces, y más en vista del final de la obra, que el mensaje del autor no es catastrofista, sino al contrario es de Fe en el género humano y en su capacidad de superar sus limitaciones y sus defectos. 

Dedicaremos una última mención al personaje de Joseph Severn, la citada reencarnación de Keats y a nuestro parecer la figura principal de La caída de Hyperion. Es un personaje que nos deja algunas citas memorables («Ser poeta significa convertirse en Dios») y, de nuevo por lo metamórfico de esta novela, comienza pareciéndonos frívolo y de poco peso en la trama, para terminar siendo el centro de la misma. Nos ha gustado en especial que el autor le haga revivir el verdadero periplo de John Keats, trasmitirnos sus pensamientos y sus sentimientos, y cómo lo engrandece en su terríblemente difícil decisión final. Estaremos pendientes, en la siguiente entrega de la saga, de su posible reaparición.

En 1991 obtuvo el premio Locus y fue finalista de los premios Hugo y Nébula. Si bien Los cantos de Hyperion son una tetralogía, este volumen concluye y completa el hilo argumental iniciado en Hyperion siendo no sólo recomendable, sino incluso obligatorio leerlo para comprender completamente las premisas y los acontecimientos propuestos por Simmons en la primera entrega y cerrar todos los hilos argumentales abiertos en aquella.

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7 comentarios:

  1. ¡Felicitaciones por tan completo e inspirado texto! (que bien yo quisiera tener tu talento). Hace tantos años ya leí este maravilloso libro, que sólo lo de Silenus empalado recordaba. A ver si en un futuro cercano me dispongo a leer de nuevo los tres primeros libros, pues el cuarto aún no lo tengo. Debo decirte dos cosas, amigo: primero que la saga no termina en un cuarto texto, si no con un cuento o una novela corta que se llama "Huérfanos de la Hélice" y segundo, que tuviste un pequeño error de tipeo en tu trabajo ("su falta de respecto al Medio Ambiente"). Nos estamos leyendo (por cierto, si usas skype, me encantaría me agregaras: elwivenking Así podemos charlar en tiempo real)

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    1. Muchas gracias como siempre Elwin por tus comentarios, procedo a corregir ese error tipográfico que me apuntas (ayer estuve sin PC y no pude) y me tomo nota de añadir "Huérfanos de la Hélice" a la ahora ya pentalogía.

      Sobre el tema de Skype me temo que no tengo cuenta y no soy usuario del servicio, pero en un futuro próximo puedo crearme una (a ver si conseguimos combinar para salvar la diferencia horaria entre nuestros países)

      Seguimos en contacto.

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  2. Me encanto la reseña, la lei apwnas termine la caida... Quisiera saber si no te importaría ampliar brevemente el origen/proposito del Alcaudon. Y por otra parte ppr que el personaje de templario q va al peregrinaje pretendía pilotear e arbol del acaudon? Saludos

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    1. Hola Mauro, muchas gracias por tu comentario. Son cuestiones interesantes las que planteas, y creo que necesitaría una relectura de las dos novelas para responder adecuadamente. En concreto en lo relativo al Alcaudón, pues su origen y propósito son las grandes incógnitas de la obra. Podríamos decir que el Alcaudón es una divinidad, que constituye un demiurgo para sus creyentes, y que puede haberse originado en el futuro, volviendo al pasado a través de las Tumbas de Tiempo. Para mí, el Alcaudón es un dios de dolor, a diferencia del dios de amor cristiano del Nuevo Testamento. Un dios exigente, irascible e indolente similar al dios de los judíos del Antiguo Testamento.

      Revisaré los libros y espero poder darte una respuesta más amplia. Saludos!

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  3. Gracias x tu respuesta Tomas! Me quedo tranquilo de no haber entendido al Alcaudon, se supone un misterio aun.
    Estoy legendo Endymion y viene muy bien, me encanta cuando se mezcla la religion con la ciencia ficcion, como en Fundacion, de Asimov.
    Cuando termine Endymion y el ascenso... Te voy a estar pidiendo recomendaciones sobre q leer. Un saludo y gracias

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  4. Hola Tomas, termine el ascenso! Me encanto lo emotivo y agridulce del final! Me recomendarias algo para leer? Ya lei todo asimov y mundo anillo, q no me gusto tanto. Saludos

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    1. Hola Mauro, perdona por la tardanza en responder. ¿Conoces a Robert Silverberg? Es uno de los grandes clásicos del género. Ahora mismo estoy leyendo "Hijo del tiempo", la novela que firma a cuatro manos con Asimov, basada en el relato "El niño feo" de este último. Suyas me han gustado especialmente "Regreso a Belzagor", "La torre de cristal", "Sadrac en el horno" y su ucronía "Roma Eterna" que, pese a algunos defectos, es una historia alternativa muy interesante, en la que el Imperio Romano nunca habría caído.

      Gracias, y ¡Saludos!

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