28 de junio de 2013

Cita con Rama - Arthur C. Clarke

Siglo XXII. La Humanidad ha conquistado el Sistema Solar, donde prospera plácidamente, hasta la repentina irrupción en el mismo de un enigmático y gigantesco objeto cilíndrico de cuarenta kilómetros de diámetro, que se dirige directamente hacia la Tierra con intenciones desconocidas y tal vez hostiles. Una misión tripulada saldrá a su encuentro pero ¿estará preparado el ser humano para el contacto con una forma de vida extraterrestre?


Publicada en 1973, Cita con Rama (Rendezvous with Rama) es obra de Sir Arthur C. Clarke (1917-2008), astrónomo, matemático, físico, escritor, divulgador científico y precursor de la órbita geoestacionaria de los satélites artificiales (u órbita Clarke).

Es una novela de Ciencia-Ficción dura y de Anticipación sobre el primer contacto con otra especie inteligente, prestando gran atención a los aspectos científicos y técnicos, manteniendo la trama dentro de lo teóricamente pausible, y que posee un fino sentido del humor hacia el mundo académico-científico.

Se la considera el buque insignia de la Ciencia-Ficción dura y una obra maestra de la Ciencia-Ficción como género; y supone el inicio de una tetralogía (escrita a partir del segundo volumen por Clarke en colaboración con Gentry Lee).

La trama parte de una idea que consideramos original: En al año 2077, un gigantesco asteroide que nadie vió llegar impacta contra la Tierra, concretamente al norte de Italia, causando 600.000 muertos, un millón de heridos, daños materiales por valor de un trillón de dólares e incalculables pérdidas para el patrimonio histórico, artístico y cultural. Decidida a que algo semejante no vuelva a ocurrir jamás, la Humanidad olvida su escalada bélica nuclear y redirige sus esfuerzos al Proyecto Vigilancia Espacial. Y así comienza nuestra historia.

Clarke sitúa los acontecimientos en un siglo XXII en el que la Humanidad, una vez superadas sus diferencias internas, se ha expandido por los planetas y asteroides del Sistema Solar capaces de albergar vida. La antigua ONU ha cedido el puesto a un consejo de siete miembros, uno por cada mundo habitado (Mercurio, La Tierra, La Luna, Marte, Ganimedes, Titán y Tritón). Esta diáspora ha dado lugar al nacimiento de nuevas identidades, de nuevas culturas y filosofías, humanas pero no terrícolas, lo cual a nosotros, por deformación profesional, nos ha interesado particularmente. Cuestiones antropológicas aparte, el autor nos está ubicando en un escenario en que el progreso tecnológico permite al ser humano el desplazamiento y la comunicación ágiles y constantes dentro del Sistema Solar, y desplegar por todo él un sistema de detección de asteroides, lo que será fundamental para dar consistencia a la trama. 

Dijimos que Cita con Rama trata del contacto con una especie extraterrestre ¿Dónde está entonces? Calma, vamos con ello. Todo arranca cuando el citado Proyecto Vigilancia Espacial detecta un objeto cilíndrico de cuarenta kilómetros de diámetro, aparentemente hueco, cuya trayectoria parece llevarlo directamente al centro del Sistema Solar. Rápidamente se envía una nave, la Endeavour, capitaneada por el comandante Norton, al encuentro de Rama, pues así se bautiza al objeto, en nombre del dios hindú. El acceso al interior de Rama desvelará un micromundo de proporciones ciclópeas, cuya exploración e intento de comprensión serán el eje central de la novela. 

Sir Arthur emplea un estilo sencillo, directo, frío incluso. No hay lugar para florituras ni recursos estilísticos elaborados. Las descripciones son exactas y pulcras pero no excesivamente detallistas. Priman los hechos y su narración es casi una crónica periodística, nos ubica con precisión dentro de Rama (de tamaño colosal como veremos) y su narración es ordenada, lineal, muy fácil de seguir.

Hemos de decir, y esto no es una crítica negativa, sino que entendemos que es algo propio de la Ciencia-Ficción dura, que por momentos es desapasionado, aséptico. Los personajes están elaborados, tienen motivaciones y trasfondo, pero Clarke los trata con desapego. Cumplen su función, pero no llegamos a encariñarnos con ellos, a empatizar. Nosotros particularmente hemos sentido simpatía por Boris Rodrigo, el honesto y eficiente cristiano del cosmos, por la entusiasta doctora Laura Stern, o por el responsable y bígamo comandante Norton, pero el grado de implicación no es tal que lleguemos a temer por ellos, a sufrir por sus vidas o a entusiasmarnos con sus logros.

Esta frialdad, tan propia del positivismo, se extiende al conjunto de la obra, y puede echar hacia atrás a aquellos lectores que busquen una historia más vibrante y un relato más vivo, más literario. Para nosotros, en cualquier caso, nos parece un estilo adecuado a los intereses del autor, que son exponer unos hechos científicamente pausibles, sin excesivas licencias artísticas, donde los personajes no son héroes, sino actores de reparto de una historia donde el verdadero protagonista es Rama.

Hablemos, pues, de Rama, y de las gigantescas dimensiones que anticipamos más arriba. Rama, con cuarenta kilómetros de diámetro, contiene en sí mismo todo un pequeño planeta, que incluye un ancho mar central, varias ciudades y tres escaleras tan extraordinariamente elevadas (más altas que el Everest) que tienen diferente gravedad a lo largo de su extensión. La tripulación de la Endeavour necesitará días enteros para bajar y subir las escaleras y para moverse por el interior de Rama, incluso elaborando una rudimentaria embarcación para atravesar el mar interior.

Rama, que parece estar aletargada cuando Norton y su tripulación acceden a él, cobra vida ante su presencia, encendiendo seis gigantescos soles artificiales, generando una atmósfera respirable y poniendo en funcionamiento un ejército de biotas con diversas formas y funciones, como observación y limpieza. Pese a que nunca veremos a los ramanes, sabremos que su morfología está basada en el tres, y que poseen un nivel tecnológico muy superior al nuestro, habida cuenta de todos los misterios que Rama nos proporciona: Su origen, su procedencia y su destino, su antigüedad, su modo de propulsión (pues carece de toberas o reactores visibles) y sobre todas ellas, sus creadores y su propósito. 


Para narrarnos los acontecimientos que se producen dentro (y fuera) de Rama, Sir Arthur no escatimará detalles técnicos [reconocemos sinceramente que muchos de ellos se nos escapan] de forma que todo se ajuste a lo pausible, y se tomará pocas licencias artísticas. Así, los protagonistas no escaparán a las leyes de la física, como la gravedad, el efecto coriolis o las diferencias de atmósfera, a la hora de evolucionar dentro de Rama. 

No queremos desvelar esta vez detalles de la trama, pero sólo queremos resaltar que, curiosamente, el mayor peligro para los sufridos tripulantes del Endeavour, venga de fuera de Rama, y no de dentro. Y es que, como dijimos anteriormente, Sir Arthur tiene un sentido del humor muy fino, muy inglés, y no da puntadas sin hilo. Este manejo tan delicado de la ironía impregna todo el texto, y además de suponer un contrapunto a la frialdad que hemos citado, permite al autor hacer una crítica tanto del mundo académico y científico y sus particularidades, como de la alta política y de cómo sus decisiones y criterios económicos y nacionalistas repercuten en la Ciencia (ya hablamos de las diferencias identitarias nacidas de la diáspora de la Humanidad, que evidentemente derivarán en facciones con intereses propios). 

Finalmente, y sobre esto hemos de reconocer que nos lo han chivado, cabe decir que la saga que se inicia con Cita con Rama sufrirá una severa transformación en sus siguientes entregas, de la mano de su co-autor Gentry Lee, quien le dará un enfoque mucho más literario, más épico,  otorgando a los personajes un carácter más heroico, mientras que Clarke se encargará de supervisar los aspectos técnicos para mantener el rigor científico. Nosotros iremos constatándolo a medida que leamos los siguientes volúmenes.

Visión artística de Rama obra de Jim Burns

Obtuvo entre otros el premio Nébula en 1973, y el Hugo y el  John W. Campbell Memorial en 1974.

La industria del cine estuvo interesada en llevar este libro a la gran pantalla, pero finalmente descartó la idea. No hemos encontrado nada más allá de este breve vídeo de Morgan Freeman hablando sobre el tema, pues era su Productora la encargada del proyecto.

En 2001, un estudiante de Arte llamado Aaron Ross creó este trailer como proyecto académico. En el 2009, cedió su trabajo para que otro estudiante llamado Philip Mahoney lo reeditase con el mismo fin, y este es el resultado. Si esa película realmente existiese, nosotros correríamos a verla. Y para los amantes de la Serie Z, también está la versión con Legos.

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2 comentarios:

  1. Hola, amigo: Qué interesante tu crítica a esta novela que desde hace tiempo he querido leer(y tener). Hace años que no leo a este gran escritor, que como Asimov, tantos gratos momentos me ha dado; para la universidad hice un trabajo sobre su libro "El Martillo de Dios", pero como fue en mi época anterior a los computadores, no lo guardé y lo perdí. Respecto a este trabajo tuyo y otros sobre ciencia ficción literaria, debo hacerte una pequeña crítica constructiva: en más de una ocasión te has referido a los conceptos de "ciencia ficción dura" y "ciencia ficción blanda", sin embargo nunca los has explicado y no puedes dar por supuesto que todos tus lectores los conozcan. Otra cosa, respecto a lo que afirmas sobre los personajes del libro, bueno, Clarke como Asimov, eran grandes autores de ideas, de interesantes premisas del género con connotaciones históricas y sociales, pero no de personajes (nunca fue el fuerte de ambos). Por último, cuando escribes "(...)lo cual a nosotros, por deformación profesional, nos ha interesado particularmente (...)"...¿Fue una ironía o un error de tipeo? Bueno, espero no haberte aburrido con tanta verborrea. Cariños desde el culo del mundo.

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    1. Hola Elwin, una vez más darte las gracias por tus aportaciones, que como siempre resultan muy enriquecedoras. Estoy de acuerdo contigo en lo referente a los personajes en las obras de Clarke y Asimov, creo que lo explicas muy bien, a mi entender los protagonistas son un vehículo para que la acción transcurra, al servicio de la idea general, del concepto que quieren transmitir con su obra, que generalmente sobrepasa ampliamente a la intrahistoria de los personajes, así que no lo considero un defecto, sino parte de su estilo.

      En cuanto a la "deformación profesional", no pretendía ser irónico, al contrario, es totalmente cierto que me apasiona que en las obras se traten los aspectos socioculturales y etnográficos, por eso disfruto tanto del costumbrismo. En el caso de "Cita con Rama" me pareció harto interesante que los habitantes de las colonias del Sistema Solar hayan desarrollado sus propias identidades, culturas e intereses, ya desvinculadas de la metrópolis terráqueo. Además de Educación Social, estudié (pero nunca finalicé) Antropología Social y Cultural, así que esos temas me fascinan.

      Quizá deba disculparme por el uso del término "deformación profesional". Es un termino coloquial que se usa mucho en España y tal vez no esté extendido en otros países hispanohablantes. Le llamamos así al hecho de que una persona tiende a ver lo relacionado con su profesión. Por ejemplo, si yo veo una fotografía digo "qué bonita" y un fotógrafo dice "el encuadre está bien pero está sobreexpuesta, debería haber utilizado tal o cual objetivo".

      En lo que respecta a la diferencia entre Ciencia-Ficción dura y blanda, tengo que agradecerte que me has dado la idea para escribir una pequeña entrada sobre ello, que intentaré publicar mañana. Y no te3 preocupes por la extensión de los comentarios, al contrario. Saludos amigo Elwin.

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