9 de marzo de 2013

Santitos - María Amparo Escandón

Resumen: Esperanza enviudó joven. Desde entonces, su hija Blanca da sentido a su vida en un pequeño y provinciano pueblo de Veracruz. Pero Blanca muere súbitamente con apenas doce años. Esperanza vela a su hija perdida cuando su adorado San Judas Tadeo se le aparece para revelarle que Blanca está viva. Esperanza, acompañada de su inseparable caja de santitos, comienza una odisea personal que la lleva de su aldea a los burdeles de Tijuana, y a través de la frontera hasta los barrios chicanos de Los Angeles. Los personajes más pintorescos se cruzarán en su camino, en su búsqueda del milagro y en su vida, que ya nunca volverá a ser la misma.

Santitos


Publicada en 1998,  Santitos. Sexo, humor e ingenio en una novela mágica es obra de María Amparo Escandón, mexicana afincada en Los Ángeles. Escritora bilingüe, guionista, empresaria, productora de cine, publicista, consultora, filántropa y profesora en la UCLA. 

Es una historia tragicómica y romántica, de realismo mágico, que narra el viaje iniciático y de crecimiento personal de la protagonista, y cómo descubre el mundo y a sí misma; que hace un retrato costumbrista de las sociedades mexicana y chicana, y una minuciosa descripción tanto fisica como psicológica de los peculiares personajes que las forman.

Es una historia sencillamente hermosa. Bella, inspiradora, ejemplar. Esperanza es la heroína clásica perfecta. Inasequible al desánimo, firme en su fe, sus convicciones y su propósito; y con un ideal elevado. Al igual que en las odiseas clásicas, la protagonista hace un viaje personal a lo largo del cual descubre el mundo, desde lo más pequeño (su pueblito del México rural) a lo más universal (Los Ángeles), mientras se conoce a sí misma y tiene un proceso de crecimiento y maduración tanto físico como psicológico.

La autora muestra un talento extraordinario para crear personajes y situaciones. Es propio del realismo mágico que los personajes sean llamativos, exquisitos hasta el detalle. Nos ha gustado especialmente el recurso literario de los epítetos que ayudan a identificar a cada uno: Esperanza es la heroína, Blanca su hija (pura e inocente), Soledad su comadre (viuda y sin hijos), Salvador el sacerdote que la escucha y la apoya, el Chilepanzón su avieso jefe, el Cacomixtle un proxeneta astuto y huidizo, Ángel su amor redentor.

El uso del lenguaje es magistral. Alternando la tercera y la primera persona (en boca de varios personajes, no sólo Esperanza), hace que la novela fluya hacia delante con un ritmo adecuado, ni rápido ni lento. Contribuyen a ello las descripciones, cuidadas sin ser excesivamente largas, pero siempre dando al colorido la preponderancia que tiene para la cultura mexicana. El tono es agradable, incluso cuando describe las situaciones más desasosegantes o los lugares más repulsivos. Consigue que nos enganchemos, suframos y nos emocionemos con las situaciones en las que mete a la protagonista, algunas (tan propio del realismo mágico) delirantes, como la vaca oculta de la Mansión Rosada o el peep-show de Doroteo. Trata con gran ternura a todos los personajes que rodean a Esperanza: prostitutas, clientes, buscavidas, también proxenetas y madames. Todos tienen un motivo para hacer lo que hacen y todos poseen una historia que contar y una cara amable, incluso los villanos como el Cacomixtle.

Precisamente las mayores críticas que recibió esta obra la tacharon de falsa, de edulcorada, de mentirosa. La acusaron de no mostrar la crudeza, la sordidez y la miseria de ese mundo prostibulario en particular y del México fronterizo en general. Pero nosotros hemos dicho que esta es una historia bonita. No cursi, ni remilgada: Bonita. Y romantica. Nos reconcilia con la vida y pensamos que quiere transmitir un mensaje positivo: Que los milagros existen y que debemos buscarlos. Que hay lugar para el romanticismo hasta en el rincón más triste. Y que el amor redime, en todas sus formas. El amor de Esperanza por su hija, por sus santitos (con san Judas Tadeo a la cabeza), el amor de Esperanza y Ángel. En esta línea es de agradecer a la autora que no retrate a todos los hombres por igual (saliéndose de la tónica habitual de muchas novelas «femeninas»). En Santitos hay hombres malos, lascivos, interesados, estupradores como el Cacomixtle o Doroteo, que sólo buscan una cosa de Esperanza, pero también hay hombres buenos, nobles, rectos y bienintencionados, como el juez Haynes o el Padre Salvador y por supuesto Ángel. Igualmente no todas las mujeres serán un dechado de virtudes, como el caso de Doña Trini. 

María Amparo Escandón


Santitos contiene una fuerte carga costumbrista. Refleja la identidad chicana, esa mezcla de culturas mexicana y estadounidense, que por una parte conserva elementos tradicionales, como la devoción y las creencias católicas, la corrupción, la gastronomía, la música, la lucha libre, el idioma (omnipresente español en L.A.) y por otro la moderna vida en California.Y la sociedad de una zona fronteriza donde se diluyen las diferencias de dos mundos tan lejanos pese a estar tan próximos.

Para terminar, destacar el personaje sel sufrido Padre Salvador, confesor, confidente, paño de lágrimas y guía espiritual de Esperanza, la cual trastoca su rutina continuamente, lo trae de cabeza y por la que no podrá evitar sentirse atraído.


Parráfos: 

En la primera página se descubre la mezcla de inocencia, vivacidad, bondad, ingenio, fe y entrañable ingenuidad que conforman el carácter de Esperanza: 
"La noche del entierro le recé a san Judas Tadeo, mi santito para casos desesperados. Usted sabe lo milagroso que es. ¿Por qué es tan bueno conmigo? A lo mejor por eso él es santo y yo no. Se necesita ser una persona muy bondadosa para llegar a convertirse en santo. [...] ¿Se imagina el sacrificio que debe estar haciendo san Judas Tadeo al cargar ese medallón tan pesado? [...] Su primo Jesús debe tenerle mucha confianza para darle a guardar tanta riqueza. Pero lo que más admiro de san Juditas es su habilidad sobrenatural para cuidar al mismo tiempo a infinidad de gente en situación desesperada [...] Él está bien arriba en el escalafón de Nuestro Señor. No cualquiera se deja matar a pedradas por llevar la Palabra de Dios."
En lo que respecta a esa cohabitación fronteriza México - Estados Unidos:
"Amaba el contraste entre México y California. Un San Diego exhuberante, lleno de campos de golf impecables, al lado de un Tijuana árido donde los remolinos de polvo no dejaban descansar a las sirvientas que debían limpiar las casas. Scott se sentía cómodo en un lugar donde la confusión de identidad producía nombres híbridos, como Mexicali y Calexico. Donde los chinos del lugar comían chili-dogs con té verde. Donde alguien tenía el descaro de imprimir tarjetas de presentación en las que se leía: "Juan López - Contrabandista". [...] Estados Unidos no era el país libre por excelencia. Tampoco lo era México. Era ese pedazo de tierra donde ambos se encontraban, en un inevitable choque de frente. Pero lo que de verdad amaba de la frontera era que se podía ser un juez de San Diego, digno, justo, respetuoso de las leyes de su sociedad, y, en cuestión de minutos, convertirse en un ser anónimo que dormía en brazos de una prostituta, en un lugar donde a nadie le importaba si lo que hacía estaba bien o mal."

María Amparo Escandón escribió simultáneamente dos versiones del libro: En inglés, bajo el título Esperanza's Box of Saints, y en español, con idéntico título a la novela.

Santitos Película


Fue un best-seller millonario, tuvo críticas sobresalientes y ha sido traducido a 21 idiomas. Se convirtió en película en 1999, titulada Santitos, dirigida por Alejandro Sprighall y con guión de la propia autora. Ha sido premiada en diferentes Festivales, entre ellos el de Sundance.

Santitos película
Dolores Heredia es Esperanza en la versión cinematográfica

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