22 de junio de 2017

El dragón de Ninguna Parte - Ann Downer

El verano pasado fue increíble para Theodora Oglethorpe; a sus doce años se vio inmersa en un torbellino de dragones, hechizos, magia y numerosos peligros. Ahora tiene que acompañar a su padre en un viaje científico a una pequeña isla de Escocia donde han encontrado una misteriosa escama. Nada más verla, Theodora no lo duda, «¡es una escama de dragón!». El corazón le late a cien por hora: donde hay dragones, hay magos, hechiceros y todo un mundo de criaturas fantásticas. La magia ha vuelto: comienza de nuevo la aventura...



El dragón de ninguna parte (The Dragon of Never-Was), publicado originalmente en 2006 y en castellano en 2008 por RBA, es la continuación de Dragones y magia. Puede leerse de manera independiente, pero la verdad es que se disfruta más si se ha leído el primero y se conoce la trayectoria de los personajes. La autora hace pequeños resúmenes de lo ocurrido en Dragones y magia, pero en 255 páginas no hay espacio para todo. 

Ahora tenemos a una Theodora de trece años de edad, viajando con su padre, Andy Oglethorpe, que ya es profesor titular de la universidad, a la isla escocesa de Scornsay, en las Hébridas, tras la pista de una misteriosa escama reluciente que aparece en una turbera. Por su parte, la pequeña dragona Vyrna sigue bajo los cuidados del mago Merlin O'Shea, y se incorporarán nuevos personajes, como la hechicera Margery MacVanish o el villano Septimus.

El dragón de ninguna parte pierde un poco de chispa con respecto a su predecesor, y aunque conserva el tono divertido, el humor se concentra más en escenas localizadas, recayendo en especial en Merlin y Vyrna, ahora verdadero dúo cómico con momentos propios del slapstick. De todas formas, hay espacio para la ironía y para burlarse de los tópicos que rodean a la magia y hechicería en la cultura popular, incluida una Academia de artes mágicas que parece una parodia deliberada de la Hogwarts de J.K. Rowling.

Destinada a un público juvenil, de entre doce y catorce años, es una lectura entretenida y no demasiado compleja, manteniendo la línea de Dragones y Magia, pero ahora con un puntito más oscuro, como si Ann Downer quisiese que el personaje de Theodora y su mundo madurasen a la vez que sus lectores. Sin haber muertes explícitas, sí que hay un destinos fatales para algunos personajes, algo impensable en el libro anterior. 

De hecho, resulta evidente que el final de El dragón de Ninguna Parte, dejando cerrada la trama, es abierto de cara a nuevas historias de Theodora, algo que no quedaba tan claro en Dragones y Magia, y que Septimus iba a tener un desarrollo como villano y némesis de la joven maga, ahora ya consciente de sus poderes y de su linaje de hechicería. 

Pero como ya dijimos en la reseña anterior, todo se truncó porque Ann Downer padecía esclerosis lateral amiatrófica, lo que le impidió seguir escribiendo, y falleció en 2015, dejándonos sin más historias de magia, humor y dragones en el siglo XXI.  

Si bien no sorprende como Dragones y magia, su continuación El dragón de Ninguna Parte es también una lectura recomendable, pues amplía el universo literario de Theodora Oglethorpe y deja curiosidades, como los apellidos caractónimos (Silvertonge, Greenwood, MacVanish, Grayling), el retrato costumbrista de las pequeñas localidades escocesas (casi sacado de un libro de Enyd Blyton, con sus castillos en ruinas y sus leyendas de ultratumba) o por encima de todo, William, el terrier fantasma.

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13 de junio de 2017

Natividad de sangre - Jorge R. del Río

Diciembre de 1985, ciudad de Nueva York. Mientras la Gran Manzana se prepara para celebrar la Navidad, la aparición de un cuerpo horrendamente asesinado en Times Square sacude a la opinión pública. Todo parece apuntar a que se trata de un crimen ritual… y a que no será el único. Christopher Dubois, teniente del departamento de Homicidios, se verá envuelto en una espiral de muerte y secretos mientras se esfuerza por desentrañar la verdad detrás de los asesinatos. Para lo que necesitará recurrir al hombre que, años atrás, ocupó su puesto dentro de la fuerza policial: el detective privado Daniel Roerich.


«Natividad de sangre» es la última novela de Jorge del Río, escritor pulp argentino que en KindleGarten ya conocimos con las novelas por entregas «Muñecas para matar», «Ninja» y «Largo camino a Redención», publicadas con Ronin Literario, y relatos incluidos en las antologías «Conjura» y «El corazón hace pulp pulp» de Pulpture, y «Payasos malvados» de Vuelo de cuervos. 

Su nueva obra ve la luz con Arachne, un sello de autores que se autodefine como una no-editorial, y es una secuela de un clásico de la literatura popular española: «Sangre bajo la luna», de Lem Ryan, publicada en 1984 por la editorial Bruguera en su colección «Selección Terror», que vimos en su día

En ella aparecía el personaje de Daniel Roerich, un detective privado, antiguo inspector de la Policía de Nueva York. Cuando Lem Ryan publicó su título, se enfrentaba a una norma inflexible de Bruguera: los personajes de sus novelas no podían aparecer en más de una historia, que tenían que ser necesariamente autoconclusivas. Algo que, junto a la quiebra y cierre fulgurantes de la editorial, privó a Roerich de seguir investigando en la Nueva York de los años 80. 

Hasta que ahora, con el beneplácito del autor, con el que comparten publicaciones (Lem Ryan es un puente entre generaciones, pues vivió las postrimerías de la Era Dorada del pulp nacional y sigue en activo en esta nueva era del neopulp) y de mano de Arachne, Jorge del Río y Julio M. Freixa han ampliado el universo literario de Daniel Roerich con sendas novelas de quiosco: «Natividad de sangre» y «No salgas de noche», en las que por fin volvemos a ver al detective duro de Manhattan enfrentado a nuevos casos sobrenaturales.


En esta ocasión, Roerich comparte protagonismo con -o más bien cede el papel principal a- Christopher Dubois, detective de homicidios de la Policía de Nueva York. Oriundo de Nueva Orleans, lo que le vale el apodo de «Frenchie», Dubois es tan duro y expeditivo como Roerich y ambos tienen un carácter muy similar. Como película, «Natividad de sangre» sería una buddy cop, aunque sin jugar con las diferencias de carácter entre los protagonistas. Roerich aparece cuando ha transcurrido un tercio de la narración, así que puede decirse que el foco está equilibrado entre los dos personajes.

Porque volvemos a estar ante una obra de marcado carácter cinematográfico, un homenaje al cine de acción -al de los años 80 en esta ocasión- y a la cultura pop. Como miembro de la Generación del Videoclub, Jorge del Río disfruta repasando todos los tópicos y todos los clichés del cine de las cintas de acción con las que pasamos entretenidos tantas tardes de fin de semana del siglo pasado. En «Natividad de sangre» casi parece adivinarse el tracking y el ruido de fondo de la cinta VHS, la banda sonora a base de sintetizadores y batería electrónica... el estilo narrativo es muy visual y, con una economía de medios muy notable, el autor logra describir los personajes y transmitir las situaciones, jugando con los conocimientos previos del lector a la hora de montar la atmósfera y los escenarios en su cabeza.

Como es común en la literatura de géneros, predomina el fondo sobre las formas, algo necesario para condensar la historia en 122 páginas. Como dijimos, la experiencia previa juega a favor del autor, y unas cuantas pinceladas rápidas son suficientes para bosquejar personajes y decorados. Así todo, estamos ante un thriller con elementos sobrenaturales en el que no faltan asesinatos rituales, una secta esotérica y una orden mística enfrentadas, un culto centenario a Baphomet, persecuciones y tiroteos por Nueva York y hasta una monja guerrera enfundada en cuero negro. Vamos, como en un thriller histórico de Javier Sierra o Julia Navarro pero sin el infodumping y sin sobrarle seiscientas páginas.

Rachel Ticotin podría dar en pantalla como la monja-guerrera Eleonora

La intención del autor está clara: divertir y entretener. Objetivo primero del pulp. Ahí están los personajes estereotipados (los detectives duros, la reportera atractiva e intrépida, el millonario en su torre de marfil, el jefe de policía permanentemente amargado, el forense, el sacerdote irlandés...), los diálogos llenos de giros conocidos, las escenas que hemos visto en el cine mil veces y estamos esperando -y casi deseando- volver a ver... porque la literatura de géneros se disfruta aún más cuando se lee con complicidad. No pueden faltar las visitas a las escenas del crimen donde el policía uniformado informa al detective de «lo que tenemos» y toca espantar a la prensa y a los curiosos, la charla en la oficina del capitán donde al protagonista casi lo apartan del caso, la oficina del forense y sus pruebas periciales que ponen sobre la pista del asesino, los tiroteos, las persecuciones en coche entre el tráfico, la mafia italiana, y la geografía neoyorquina que conocemos tan bien: Times Square, Battery Park, Brooklyn, Broadway... y además en Navidad, ¿hay algo más navideño que Nueva York nevado?

De nuevo se vuelven a percibir los conocimientos de artes marciales del autor en las escenas de peleas, por la claridad narrativa que tienen, sobre todo cuando implican a varios contendientes, que por norma tienden a hacerse más confusas. En el apartado sobrenatural, concentrado sobre todo en el desenlace, la novela tiene un giro hacia el horror con una criatura que parece inspirada tanto por cintas como «It´s Alive» de Larry Cohen como por «The Thing» de John Carpenter. Y no cuento más que reviento el final.

Times Square, escenario de la novela, bajo la nieve en 1984

Lem Ryan publicó su «Sangre bajo la luna» en una época en la que la censura ya había sido abolida en España, y presentaba a un Daniel Roerich cortado por el patrón de los clásicos detectives del noir estadounidense, como el Philip Marlowe de Raymond Chandler o el Sam Spade de Dashiell Hammett: bebedor empedernido, manteniendo una relación abierta con su secretaria, seductor con un punto machista y resolutivo con los puños y el revólver. Lógicamente aún había algunas limitaciones por parte de la propia editorial, porque el público aún no estaba preparado para según qué cosas. Ahora, en una sociedad muy distinta a la de aquella España de los 80 y con los autores con pleno control de su obra, la desinhibición ya es total y «Natividad de sangre» es un hard-boiled absoluto en el que no se ahorra nada, desde consumo explícito de drogas hasta crucifixiones rituales y baños de sangre que llegan al gore.

También está actualizado el papel de los personajes femeninos, tanto principales como secundarios, y tanto Eleonora como la reportera Cindy Palmer tienen entidad propia y participan activamente en la historia, no sólo como acompañantes o intereses románticos. En particular el de la periodista está muy logrado y se ve real, siendo el de la monja guerrera algo más fantasioso por razones obvias.

En el apartado formal, como ya comentamos, está escrita con un lenguaje sencillo y directo, construcciones simples y un ritmo de lectura muy rápido para que las 122 páginas se terminen volando. Estamos hablando en todo momento de un producto destinado a la evasión y al entretenimiento, de literatura popular, de quiosco. Un terreno que Jorge del Río ya tiene dominado. Ahora sólo queda esperar que el universo de la Nueva York ochentera de Daniel Roerich creado por Lem Ryan continúe creciendo y ampliándose en manos de la actual generación de autores de neopulp en castellano.



DÓNDE ENCONTRARLO:

«Natividad de sangre» puede adquirirse en Amazon, en papel por 4,40€ y en ebook para Kindle por 1,77€.


ENLACES DE INTERÉS:

Arachne: Página web, Facebook, Twitter.

Jorge del Río: Ficha de autor en Arachne, Facebook, Twitter.


La ilustración de portada es obra de Julio M. Freixa.

El diseño de la cubierta es obra de Jorge Morón.


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8 de junio de 2017

Mascotas de libro: El capitán Flint

Hasta ahora en «Mascotas de libro» hemos visto animales cuadrúpedos. Hoy conoceremos un ave, que curiosamente no es la mascota del protagonista, sino del villano de la historia. Aunque es un villano tan carismático y tan icónico que para muchos es, en realidad, el verdadero protagonista de la novela. Hablamos de: 

El capitán Flint, de «La isla del tesoro» 


«La isla del tesoro» de Robert Louis Stevenson es, tal vez, la novela de aventuras más significativa de la historia de la literatura, y una estación de paso obligatoria en nuestra educación lectora para todos cuando rondamos los doce años. Al menos así ha sido desde que fue publicada allá por 1883. Ha sido tal su calado en la cultura popular, con sucesivas adaptaciones al teatro y al cine, que Stevenson instaló en el imaginario colectivo una idea de la piratería que perdura hasta hoy: cuando cualquiera de nosotros escucha la palabra «pirata», lo primero que se imagina es a un pirata del mar Caribe, con un parche en el ojo, un pañuelo en la cabeza, una cicatriz en la mejilla, tal vez un garfio por mano, al que le falten varios dientes, armado con un sable de abordaje y dos pistolones de mecha en el cinto. Y, por supuesto, con un loro parlanchín sobre el hombro. 

No importa que la piratería haya existido desde la antigüedad y en todos los mares del globo, desde el Mediterráneo hasta el Índico. Para nosotros, gracias a (o por culpa de) Stevenson y su novela, el verdadero pirata siempre será Long John Silver, o John Silver el Largo, según traducciones. Y allá donde vaya Silver, siempre irá con él su mascota de libro, el capitán Flint

El capitán Flint hace su aparición cuando John Silver el Largo ya está instalado como cocinero de La Hispaniola, la goleta que ha de llevar a Jim Hawkins, el joven protagonista de la aventura, y al resto de la expedición, hasta la isla donde el capitán Flint (el legendario pirata, no el loro) enterró su fabuloso tesoro, indicando el lugar exacto en un mapa señalado con una X. 

Robert Newton como Long John Silver en la película de
Walt Disney Pictures de 1950. Su papel más memorable.

Stevenson ya deja claro que tanto el loro como su propietario son engañosos y están llenos de dobles intenciones, algo en lo que se basará en desarrollo de la novela y que convierte a Long John Silver en un personaje tan fascinante:

«Ahí donde lo ves, Hawkins —me decía—, este pájaro tiene lo menos doscientos años... y hay quien dice que algunos viven eternamente. Este ha visto ya pasar más condenaciones que el mismísimo Satanás. Ha navegado con England, con el gran capitán England, el pirata. Ha estado en Madagascar y en Malabar, en Suriman, en Providence, en Portobello. En Portobello, cuando el rescate de los famosos galeones de la Plata. Allí aprendió a gritar «¡Doblones!», y no es para menos: ¡más de trescientos cincuenta mil que sacaron a flote, eh, Hawkins! Estuvo cuando el abordaje al Virrey de las Indias, a la altura de Goa; allí estuvo, y lo miras y parece inocente como un niño. Pero tú no has olvidado el olor de la pólvora, ¿verdad, Capitán?
—¡Todos a sus puestos! —chillaba el loro.
—¡Ah, qué alhaja! —decía el cocinero, y le ofrecía entonces unos terrones de azúcar que llevaba en el bolsillo; y el loro se agarraba con su pico a los barrotes de la jaula y empezaba a lanzar maldiciones sin tino.
—Ya ves —añadía John— cómo no se puede tocar la brea sin mancharse. Este pobrecito pájaro mío, tan viejo como inocente, y blasfemando como el peor desalmado, aunque sin malicia, tenlo por seguro, porque igual es capaz de soltarlas delante de un capellán —y John se llevaba la mano al sombrero con el solemne ademán que le era usual, y que me hacía ver en él al mejor de los hombres.»

Robert Newton, con graves problemas financieros, acabó atado a su personaje,
al que interpretó una y otra vez en secuelas televisivas de bajo presupuesto

Queda claro que Silver exagera un poco con la edad del capitán Flint, aunque la longevidad de los loros es proverbial, y no es de extrañar que éste alcanzase los ochenta años tranquilamente. La especie más longeva es el guacamayo, que puede alcanzar los cien años, mientras que los loros grises suelen rondar los cincuenta. Se conocen ejemplares, como Charlie, una hembra que fue mascota de Winston Churchill y decía sonoras obscenidades contra los nazis en general y contra Hitler en particular, que vivió casi 110 años.

Como buen loro lenguaraz, el capitán Flint repite su frase una y otra vez, con esa voz chillona e irritante que tienen estos animalitos. «¡Todos a sus puestos!» y alguna otra, pero la que Stevenson ha dejado para la historia de la literatura es «¡Doblones!¡Doblones!¡Doblones!» o «¡Doblones de a ocho!¡Doblones de a ocho!¡Doblones de a ocho!», según traducciones. Debía de resultar cansina porque, cuando ya adulto Jim recuerda y relata su aventura, no guarda muy buen recuerdo del pájaro, pues así concluye la novela: 

«[...]pero aún en las pesadillas que a veces perturban mi sueño oigo la marejada rompiendo contra aquellas costas, o me incorporo sobresaltado oyendo la voz del Capitán Flint que chilla en mis oídos: "¡Doblones! ¡Doblones!"»



PERO, ¿LLEVABAN LOROS LOS PIRATAS?

Pues no está claro, la verdad. La mayor parte de la imaginería popular que rodea a los piratas caribeños que conocemos hoy día procede, como dijimos, de las primeras adaptaciones teatrales que se hicieron de la novela de Stevenson allá por el 1900. Es posible que llevasen loros y otros animales a bordo a modo de mascotas, como es típico aún en la actualidad que haya perros o gatos en los pesqueros, barcos militares o embarcaciones de recreo, pues se cree que «traen suerte». Pero los loros son animales nerviosos y es difícil que se estén quietos o que no le echen el pico a cualquier cosa que tengan cerca, como una oreja, con el peligro que eso supone. 


Claro que los piratas tampoco enterraban tesoros a menudo. Y si lo hacían, no dibujaban un mapa con una X indicando el lugar exacto. Simple fantasía literaria para hacer soñar con aventuras emocionantes a millones de jóvenes durante más de cien años. 

En cualquier caso, el capitán Flint es pionero en un elemento icónico, el loro del pirata, que sigue llegando a nosotros en figuras como el loro del señor Cotton, de la saga cinematográfica «Piratas del Caribe». 

Si queréis saber más sobre «La isla del tesoro», en el podcast «El Sótano de OMC Radio» le dedicamos un monográfico a la obra inmortal de Stevenson y a su adaptación al cine por parte de Walt Disney en 1950:



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2 de junio de 2017

Inicia Literaria: Yo, Gregorio

En Inicia Literaria seguimos con presentaciones: Ahora le toca a nuestra colección "Té en la Ventana", dedicada a la narrativa general. Y la hemos inaugurado con un relato de Vanesa Santiago, coordinadora del colectivo, titulado "Yo, Gregorio". Un relato de fantasmas, pero no de terror. 



"Té en la ventana" nace para publicar todas nuestras historias de lo que podemos llamar narrativa general o narrativa contemporánea, o lo que a nosotros nos gusta llamar «historias sobre hombres que beben té mientras ven llover por la ventana y piensan en su madre»

Que no es una frase nuestra, sino de Patrick Rothfuss. Y que pronunció a propósito de la absurda diatriba entre literatura fantástica y literatura de ficción no fantástica, refiriéndose al desconocimiento mutuo que existe entre los lectores de ambos géneros sobre la otra literatura y a los prejuicios que mantienen unos con respecto a otros.  [El vídeo está disponible en Youtube]

Porque en Inicia Literaria nos encanta la Fantasía, y nos encanta la Literatura. En general. Toda la literatura. Y nos hace mucha gracia el vídeo en el que Rothfuss dice que «Y lo cierto es que mucha ficción literaria es justo eso, gilipolleces masturbatorias emocionales y angustiosas sin demasiado sentido».

Así que nos hemos propuesto publicar historias que no importan a nadie y que no tengan demasiado sentido. Y que traten sobre el té. Y sobre mamá. Y le hemos hecho un logo a la colección que es la barba de Patrick Rothfuss:




"Yo, Gregorio" es un relato que imprimió una noche, sin que nadie se lo ordenase, la impresora de la Biblioteca Nodal de la ciudad de Lugo. Cuenta la historia de Gregorio, un hombre del que nadie guarda recuerdo, y encarna en su figura todo lo que supuso para la sociedad española el golpe de Estado del 36 y el subsiguiente régimen franquista: la represión de las personas homosexuales, librepensadores e intelectuales, los terrores del exilio interior, la necesidad de adherirse al movimiento nacional para salvaguardar la propia vida y la de los seres queridos, y la renuncia a la propia ideología, a los propios círculos sociales e incluso a la propia sexualidad para garantizar la simple subsistencia diaria y evitar la estigmatización y la condena públicas.

Vanesa Santiago es bibliotecaria y escritora. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera literaria en galego. Es autora de la novela de fantasía "Ninguén Lembra" (Urco Editora, 2013), ha publicado varios relatos en la colección Contos Estraños y recientemente ha sido galardonada con el I Premio Illa Nova de la Editorial Galaxia por su novela "A vida Sinxela de Marcelo Firmamento", que será publicada en breve.


"Yo, Gregorio" puede descargarse en Lektu de forma gratuita, en la modalidad de pago social.



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24 de mayo de 2017

Inicia Literaria, comenzando un nuevo proyecto

Escribo esta entrada con la ilusión y con el entusiasmo que proporcionan emprender un proyecto nuevo, que acaba de arrancar el 22 de mayo, del que formo parte y que hoy os presento: Inicia Literaria.


Inicia Literaria somos un colectivo informal de personas con un interés común por la literatura en todas sus formas: tanto la lectura como la creación, la crítica y el estudio literarios.

Por ello, hemos decidido unirnos para crear un sello común en el que publicar todos aquellos textos que escribimos y hemos ido reuniendo a lo largo del tiempo, tanto relatos como novelas, como crítica y estudios sobre literatura. De esta forma creamos también sinergias de trabajo, compartimos ideas y tareas e intercambiamos conocimientos.

Inicia Literaria nace como proyecto no lucrativo, y todas nuestras publicaciones estarán disponibles en la plataforma Lektu en la modalidad de «Pago Social»: Descarga gratuita a cambio de un tuit o una entrada en Facebook contando que se ha descargado el libro.

El colectivo está abierto a colaboraciones, y quien quiera publicar sus escritos a través de Inicia Literaria puede hacerlo, de acuerdo a unas cuantas condiciones sencillas que hemos establecido.

Por ahora, hemos dividido nuestro catálogo en cuatro colecciones:


Leyendas del Colt 


Novelas de bolsillo del Oeste. El espacio para la literatura de quiosco, el pulp y las novelas de a duro. Novelettes breves para divertirse sin complejos, porque en Inicia Literaria apreciamos la literatura popular, escrita para ser leída.

Lady Mallowan


Historias de misterio, crimen y suspense, novela negra, detectivesca y policíaca, siempre en homenaje explícito a La Más Grande: Agatha Christie. Con el título de la colección recuperamos el nombre con el que no pudo firmar sus obras, pese a ser Dama del Imperio Británico.

Té en la Ventana


Aquí van esas historias emocionales de narrativa general que no importan a nadie sobre hombres que toman el té mientras ven llover a través de la ventana y piensan en su madre. La colección está inspirada por las palabras de Patrick Rothfuss sobre la absurda diatriba entre la literatura Fantástica y la ficción literaria en general.

Yaseyó


El espacio para la crítica y el estudio literarios, siempre teniendo en cuenta que todos nosotros procedemos de la lectura de a pie, no del ámbito académico, por lo que todo será a nivel amateur. Pero ¿quién puede resistirse a sacar a pasear de vez en cuando al tertuliano que todos llevamos dentro?


Nuestro primer libro:


En el momento de escribir esto, acabamos de publicar nuestro primer título, al que en breve seguirán otros dos. Es "Acaba con ellos, Cassidy", de Kenneth James, que ya está disponible en Lektu


Como Kenneth es una persona bastante reservada, que ni usa las redes sociales ni tiene presencia en Internet, os hablaré un poco sobre "Acaba con ellos, Cassidy":

Es una novela breve, una novelette de unas diez mil palabras, que se lee a velocidad de vértigo. Su planteamiento es muy sencillo y no tiene demasiadas sutilezas argumentales. Ambientada en el Salvaje Oeste, presenta a Ned Cassidy, el que será protagonista de las sucesivas novelas del autor.

Ned Cassidy es un pistolero al que una banda de forajidos deja al borde de la muerte en una emboscada, para robarle el rebaño de ganado que custodia. A partir de ahí, los buscará implacablemente en busca de venganza.

El estilo de Kenneth James se engloba en el subgénero conocido como Weird West, o western con elementos sobrenaturales, algo que influirá en el personaje de Cassidy, «medio diablo, medio irlandés», y que se extenderá a su universo en sus nuevas aventuras.


En breve iremos ampliando el catálogo de publicaciones, rescatando también del olvido relatos no premiados en concursos y olvidados en cajones y CD-ROMs perdidos.


Puedes encontrarnos: 


En nuestra página web IniciaLiteraria.com

En nuestros perfiles de Facebook, Twitter e Instagram.

En nuestra tienda en Lektu

Y en nuestro correo electrónico info@inicialiteraria.com


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