16 de agosto de 2017

Gusanos de la Tierra - Robert E. Howard

Resumen: Caledonia, o Alba, la actual Escocia, era una tierra brumosa, fría y salvaje, habitada por los pictos, un pueblo bárbaro y primitivo, que ni el todopoderoso Imperio Romano logró conquistar. Esta es la historia de Bran Mak Morn, el último gran rey picto, descendiente de un linaje milenario, que unificó a su pueblo y lo convirtió en un ejército invencible, que mantuvo a la tierra de Alba fuera del dominio de Roma, y replegó a las legiones del César más allá del muro de Adriano. 

Gusanos de la Tierra


Publicado originalmente en 1932 Gusanos de la Tierra (Worms of the Earth) es obra de Robert Ervin Howard, el malogrado rey de la literatura pulp y uno de los padres de la literatura fantástica moderna, que publicó casi toda su obra en la revista Weird Tales. Fue miembro del Círculo de Lovecraft, y de su pluma nacieron Conan el Bárbaro, Solomon Kane, Kull el Conquistador o Red Sonya. 


Pertenece a la Fantasía, combinando ingredientes de la Fantasía heroica con otros del subgénero de Espada y Brujería. Tiene un trasfondo bélico, y se puede incluir en los Mitos de Chtulhu lovecraftianos, por contener elementos de dicha mitología. Esto hace que algunos de sus relatos deriven hacia el Terror. Por su edición original en revistas de quiosco, y por sus intenciones lúdicas, se enmarca dentro de la literatura pulp

Bran Mak Morn vio la luz, como el resto de las creaciones de Howard, en las páginas de la revista Weird Tales. El volumen que hoy vemos, publicado en España por la editorial Martínez Roca en 1987, recopila casi todo el material que el autor tejano dedicó al personaje: cinco relatos, un poema y un fragmento. Lo principal, que son los relatos, los contiene íntegros. Existen otras antologías de otras editoriales, publicadas en otros países, y veremos las portadas de algunas.

Robert E. Howard

El volumen se abre con un prefacio del propio Howard, donde explica sus intenciones a la hora de crear el personaje, y que se resumen en la fascinación del autor por la barbarie, que consideraba la organización social perfecta, frente a la civilización, que estimaba decadente. En este prefacio, el autor expresa su identificación con los pueblos bárbaros, en particular con los pictos, que encarnaban su ideal tanto físico como moral. Recordemos que el tejano, por una parte, desarrolló un físico portentoso mediante el ejercicio (hoy le llamaríamos vigoréxico), y por otra era profundamente misántropo y nunca encontró su lugar en una sociedad que le resultaba ajena y extraña.  

El autor reconoce también, y esto debe tenerse en cuenta a la hora de juzgar este compendio, que su documentación sobre los pictos y la historia británica no era todo lo amplia y contrastada que debiera, entre otras cosas por las dificultades para acceder a ella en un pequeño pueblo de Texas de principios del siglo XX. Robert E. Howard era un entusiasta de la historia escocesa, y desde niño leía cuanto libro sobre el tema cayera en sus manos, aunque sus conocimientos sobre la materia fuesen fragmentarios y estuviesen lejos de la erudición. 

Por tanto, Gusanos de la Tierra y el resto de relatos de Bran Mak Morn no deben ser tomados como un intento de hacer novela histórica, sino que entran de cabeza en el terreno de la fantasía, y de hecho Howard los entronca directamente con su universo personal, remontando las raíces de los pictos a los mundos perdidos de la era Hiboria, y aún más atrás, a los legendarios continentes de la era Thuria: Atlantis, Lemuria y Valusia.

Gusanos de la Tierra

Bran Mak Morn es el rey de los pictos, el último descendiente de una milenaria estirpe que se remonta a Brule, el asesino de la lanza, amigo devoto, compañero de batallas y leal hombre de confianza del legendario Kull el Conquistador, Rey de Valusia. Por ello, Bran conserva el aspecto físico y las cualidades originarias de su raza, y no ha caído en la degeneración que ha reducido a los pictos a embrutecidos hombres de baja estatura y cuerpos hipertrofiados, de miembros cortos y músculos nudosos; de piel oscura, aspecto simiesco y carácter astuto e huidizo. Robert E. Howard ofrece su descripción varias veces: 

«Bran Mak Morn no ha cambiado con los años; sigue exactamente como cuando surgió, ya adulto, en mi mente: un hombre de mediana estatura, parecido a una pantera, con inescrutables ojos negros, cabello negro y piel morena.»
«Vi a un hombre moreno y de negro cabello, cuya cabeza apenas me llegaría al hombro, pero que parecía tan ágil y fuerte como un leopardo. Iba parcamente ataviado con vestiduras sencillas que le ceñían el cuerpo, y su única arma era una espada larga y recta. No se parecía en aspecto y rasgos a los Pictos más que yo pero, con todo, había en él cierto aparente parentesco con ellos.»
«Era de talla mediana, pero había algo en él que trascendía la simple masa física..., cierta vitalidad feroz e innata, sólo comparable a la de un lobo o una pantera, y que resultaba evidente en cada línea de su cuerpo flexible y compacto, en su áspera cabellera lisa y sus labios delgados, en el aspecto aquilino de su cabeza sobre el cuello fibroso, los hombros anchos y cuadrados, el pecho amplio, las caderas esbeltas, los pies estrechos. Construido con la salvaje economía de una pantera, era una imagen de potencialidades dinámicas, contenidas con un férreo autocontrol.»

«Bran» (o Brân) es la palabra gaélica para «Cuervo», y el cuervo es el animal asociado al dios gigante celta Bran. Bran el bendito (Bendigeidfran o Brân Fendigaidd en galés) es un héroe legendario de la mitología celta gaélica, siendo un nombre que se repite en los folclores galés e irlandés. Con él, Howard quería homenajear al caudillo celta galo Brennus, conquistador de Roma en el siglo IV antes de Cristo; y con el apellido Mak Morn tributa al héroe irlandés Gol Mac Morn

Bran Mak Morn

Vamos a hablar un poco de las historias que incluye este compendio:


La raza perdida: El primer relato, en justicia, no está protagonizado por Bran Mak Morn, aunque sí sirve a Howard para presentar el escenario y la ambientación en la que transcurrirán sus aventuras. Está narrado en tercera persona y protagonizado por un britano llamado Cororuc. En su caminar por el bosque, Cororuc halla a un lobo herido y acorralado por una pantera. Licencias zoológicas aparte, Cororuc espanta al felino y el lobo desaparece. Tras ello, se cruza con tres famosos bandidos de la zona. Mata a dos de ellos, pero el tercero escapa y alerta al resto de su banda. El britano huye de allí, pero en un desfiladero se golpea la cabeza y cae inconsciente. Al despertar, descubre que está atado de pies y manos, y es transportado a una cueva donde habitan los pictos, a los que creía extintos. Allí se encuentra su monarca, un anciano que, sin motivo aparente, le cuenta la historia de su pueblo y las razones por las cuales han llegado a su actual decadencia. Posteriormente, lo condena a morir en la hoguera para pagar en su persona todo el mal que su pueblo, el celta, ha causado a la raza picta. Pero el lobo que salvó al comienzo del relato hace su aparición, revelando que en realidad es un hombre, e intercede por el britano, perdonándole la vida.

La raza perdida no es el relato mejor planteado ni resuelto del volumen, pues carece de sentido que los pictos, un pueblo que sobrevive gracias a su reserva, lleven a Cororuc a su cueva, y que su soberano le cuente su historia, pero posee elementos interesantes. Por una parte, las detalladas descripciones que Howard dedica a personajes y escenarios; por otra, el reflejo del mestizaje de diversas razas propio de la época (Cororuc es celta britano, pero sus rasgos muestran ascendencia belga), el retrato del sentido del honor simple y recto de los pictos, el elemento fantástico del monarca, de edad incalculable y poseedor de una pócima con la que puede rejuvenecer una y otra vez, y la narración por éste de la historia de su pueblo, que dentro de las licencias del autor, tiene una cierta base real: el desplazamiento de los pictos por un pueblo de celtas gaélicos procedentes de Irlanda, llamados Escotos, que dieron su actual nombre a lo que hoy día es Escocia. 

Bran Mak Morn


Hombres de las sombras: Se inicia con un poema que, en su traducción al castellano, tiene nueve estrofas de cuatro versos de arte mayor y rima consonante ABAB, y cuenta, de manera épica, la historia del pueblo picto, la última raza de la Edad de Piedra, su auge y su desaparición.

Este relato está narrado en primera persona por un mercenario normando del ejército romano, y comienza in media res, durante un combate que mantiene su expedición contra un grupo de asaltantes pictos que le han tendido una emboscada. El normando es uno de los treinta hombres que sobreviven del total de quinientos que formaban la partida expedicionaria, y que ilustra la variada procedencia de los soldados de Roma: romanos, latinos, britanos, germanos y hasta un hibernio (irlandés). El mercenario narra su desesperada lucha contra las interminables hordas de pictos, pueblo con el que nunca se había encontrado, y describe su físico peculiar y su ferocidad y arrojo en el combate. Uno a uno van cayendo sus camaradas, hasta que el nórdico, desechando el armamento romano (espada corta y escudo rectangular), se hace con una espada vikinga y entra en berserk, el estado de hombre-oso, la euforia irracional en el que lucha contra los pictos sin pensar en la muerte e indiferente a las heridas que recibe. Tras un combate encarnizado, relatado con maestría por Howard, que logra un texto muy visual y vívido, el protagonista llega hasta Bran Mak Morn, que respeta su vida en aprecio de su valor guerrero.

Es entonces cuando el relato gira hacia el subgénero de Espada y Brujería, con la aparición de un hechicero picto, con el que Bran Mak Morn mantendrá un duelo mental, de voluntades, en el que se disputan tanto el derecho del normando a conservar su vida o servir de sacrificio ritual, como el mando sobre la cultura picta. Finalizado el duelo, el brujo relata la historia del mundo desde la historiografía de Robert E. Howard, e ilustra al normando, con Bran como testigo, sobre la extensión y conformación del mundo y el origen de sus pueblos. El texto, que pasa a tener un tono onírico y un cierto punto místico, incluye otros cuatro poemas, o cánticos, sin rima, y finaliza de forma un tanto abrupta.

Bran Mak Morn
Bran Mak Morn, por Chris Walton

Reyes de la noche: Es un relato extenso, divido en tres partes, que se abren con sendos fragmentos de poemas, un primero titulado «La canción de Bran», uno de E.A. Poe y otro de G.K. Chesterton. Narra una batalla campal entre una legión romana y un ejército conformado por Bran Mak Morn con sus pictos; Cormac de Connacht, caudillo de los gaélicos de la isla de Erín (Irlanda), un grupo de carros britanos y un contingente de trescientos mercenarios normandos (descritos con todas las licencias habituales, cascos astados incluidos) que, tras la muerte de su rey, se niegan a combatir a menos que se les proporcione un rey al que seguir, amenazando con pasarse al otro bando en caso contrario. 

En esta historia, Bran Mak Morn se refiere a sí mismo, por primera vez, como descendiente del linaje de Brule, el asesino de la lanza, y porta una corona de hierro con una gema roja engastada. Además, está acompañado por Gonar, un brujo sempiterno, al que se le atribuye la inmortalidad. Todo ello permite a Robert E. Howard vincular el mundo de Bran Mak Morn con el de su era Thuria: 

«—¡Bien, la gema! —gritó Bran con impaciencia—. Es más vieja que este mundo. Era vieja cuando la Atlántida y Lemuria se hundieron en el mar. Le fue entregada a Brule, el de la Lanza Asesina, el primero de mi linaje, por Kull el atlante, rey de Valusia, en los días en que el mundo era joven. Pero ¿nos será eso de provecho ahora?»

Pues mediante la gema le es posible invocar nada menos que al mismísimo Rey Kull de Valusia, el bárbaro atlante que rigió la nación más poderosa de la antigüedad. Kull se erige como rey ante los normandos, asegurando su adscripción al bando de los bárbaros y decantando la balanza a favor de éstos. 

Todo el texto es un relato de la batalla, cruenta y de gran intensidad, en la que Howard derrocha emociones y épica. Los normandos, por su número (trescientos) y su papel, cerrando un paso entre montañas, recuerdan al momento a los espartanos de Leónidas y su legendaria hazaña del Paso de las Termópilas. El autor ofrece una batalla de gran colorido, por los diferentes pueblos y modos de combatir que la componen, y logra una descripción vibrante, enérgica y briosa, transmitiéndonos imágenes de hombres desesperados, luchando cegados por la sangre en medio de una carnicería de muerte, acero entrechocando, gritos, desorden, una vorágine de hombres y caballos matando y muriendo y, en resumen, esa extraña paradoja por la cual la violencia puede ser una forma de arte, y de que podamos disfrutar de algo tan execrable como es la guerra, sin sentirnos culpables, sabiendo que es solo ficción:

«Después, todo el ímpetu de la carga gaélica barrió a la caballería romana, destrozándola, convirtiéndola en despojos, desbaratándola. Sobre sus rojos restos los aullantes demonios de Cormac golpearon a la pesada infantería romana, y toda la línea tembló bajo el impacto. Espadas y hachas subieron y bajaron centelleando, y la fuerza de su acometida les hizo adentrarse en las filas compactas. Allí, detenidos, lucharon y forcejearon. Las jabalinas herían, las espadas subían relampagueando, abatiendo a caballo y jinete. Grandemente superados en numero, acosados de cada costado, los gaélicos habrían perecido entre sus enemigos, pero en ese instante los carros retumbantes se abatieron desde el otro lado sobre las filas romanas. Golpearon casi simultáneamente en una larga hilera, y en el momento del impacto los conductores desviaron a sus caballos de lado y corrieron paralelamente a las filas, segando a los hombres como si fueran trigo. Murieron centenares bajo aquellas cuchillas curvadas, y saltando de los carros, gritando corno gatos monteses enloquecidos por la sangre, los guerreros britanos se arrojaron sobre las lanzas de los legionarios, dando tajos locamente con sus espadas manejadas a dos manos. Agazapados, los pictos lanzaron sus flechas a bocajarro y luego saltaron para unirse al degüello. Enloquecidos por la visión de la victoria, aquellos pueblos salvajes eran como tigres heridos que no sienten las heridas, y morían de pie con su último aliento convenido en un rugido de furia.»



Una canción de la raza: Es un poema de doce estrofas de cuatro versos, de métrica libre y no rimados, al menos en la traducción al castellano, de tono tan épico como crepuscular, pues trata, una vez más, de la antigua gloria y el noble pasado de la raza picta, de la desaparición de su antiguo mundo y la pérdida del esplendor de las ahora desaparecidas naciones. 


Gusanos de la Tierra: El relato que da título al compendio es una historia de terror bastante extensa, dividida en seis partes, y perteneciente a los Mitos de Chtulhu, que se vincula con la obra del genio de Providence y otros miembros del «Círculo de Lovecraft», del que Robert E. Howard formaba parte.

«¡Negros dioses de R'lyeh, hasta a vosotros os invocaría para la ruina y destrucción de esos carniceros! Juro por los Innombrables que los hombres morirán aullando por eso, y que Roma chillara como una mujer que en la oscuridad pisa una víbora!»

La trama se inicia en Eboracum, la actual York, en la que se halla Bran Mak Morn, haciéndose pasar por un embajador de Pictdom (el reino picto) llamado Partha Mac Othna. Allí asiste a la crucifixión de un picto, acusado de agredir e insultar a un mercader. El reo, ya en la cruz, es asesinado por un legionario, al que escupe cuando le ofrece una copa de vino. Esto indigna a Bran e inflama su odio hacia Titus Sulla, el mandatario romano, que personaliza todos los vicios que Howard achacaba a la civilización. Tras enviar a su asistente en busca del caudillo gaélico Cormac de Connacht, con el mensaje de hostigar y atacar la frontera del Muro, Bran mata al legionario asesino y cabalga rumbo a los pantanos, donde contacta con la mujer-bestia Arla, una bruja que le guía hasta el Túmulo de Dagón, donde se encuentra la Piedra Negra, venerada por los Gusanos de la Tierra, descendientes involucionados del antiguo Pueblo Serpiente (que ya combatió milenios antes Kull de Valusia). Bran Mak Morn roba la piedra, y a cambio de devolvérsela, pide a los Gusanos de la Tierra que le traigan a Titus Sulla, que se esconde en la Torre de Trajano.


Robert E. Howard crea un relato terrorífico en cuanto a las implicaciones de los Gusanos de la Tierra, un pueblo que vive en el subsuelo y oculta secretos inenarrables, y cuya costumbre de robar bebés humanos daría pie, según el autor, a las leyendas sobre la «gente pequeña», las criaturas feéricas tan propias del folclore de las naciones celtas. De hecho, un punto central de la aventura será el complejo de Stonehenge, que se reconoce fácilmente pese a que no se cite su nombre. Igualmente se hace referencia a la laguna de Dagón como un lugar posiblemente habitado por alguna criatura impía y, al bucear en ella, Bran Mak Morn parece sentir una presencia maléfica:

«Nadó más aprisa, sin atemorizarse pero lleno de cautela. Sus pies tocaron el fondo y salió caminando a la orilla. Mirando atrás vio las aguas remolinear y calmarse. Sacudió la cabeza, lanzando un juramento. Había descartado la vieja leyenda que hacía de la Laguna de Dagón la morada de un innombrable monstruo acuático, pero ahora tenía la sensación de que había escapado por los pelos. Los mitos desgastados por el tiempo de la vieja Tierra cobraban forma y vida ante sus ojos. Bran no podía imaginar qué forma primigenia acechaba bajo la superficie de aquella laguna traicionera, pero sintió que, después de todo, los hombres de los pantanos tenían razón al evitar el lugar.»

Como buena narración englobada en los Mitos de Chutlhu, oculta mucho más de lo que muestra, y el terror viene tanto de lo que expuesto en el relato como de aquello que queda sugerido, en concreto el agorero final, en el que Arla, la bruja, emplaza a Bran ante el retorno de los Gusanos de la Tierra.

«—¡Rey de Pictdom! —gritó—. ¡Rey de los idiotas! ¿Palideces ante tal nadería? ¡Quédate y deja que te enseñe los auténticos frutos de los pozos! Ja, ja, ja! ¡Corre, estúpido, corre! Pero estás manchado... ¡Les has invocado y ellos lo recordarán! ¡Y en su día volverán de nuevo a ti!»

Bran Mak Morn cómic
Otra espectacular viñeta de la versión
en cómic de "Gusanos de la Tierra"

Fragmento: Este texto breve, que solo muestra una escena, un simple boceto, narra el encuentro y el escarceo (pues no llega ni a combate) entre Bran Mak Morn y una bella, temperamental, aguerrida y altiva mujer pelirroja, cuyo nombre no se cita, pero que es imposible no identificar al momento con Red Sonya.


El hombre oscuro: Encabezado por un poema de Chesterton, el relato que cierra la recopilación transcurre en una época muy posterior a los otros, no especificada pero que parece la Alta Edad Media, y es citada como «esta época de clanes». Comienza en Erín, cuando un pescador recibe de Turlogh el Negro, un duro y correoso hombre dalcasiano, proscrito de su clan, la petición de que le preste su barca para ir las Hébridas y rescatar a Moira, hija de un jefe dalcasiano, raptada por Thorfel el hermoso, un pirata normando. 

Siguiendo el rastro de desolación y pillaje dejado por los normandos,  Turlogh llega a una isla en la que encuentra a quince piratas muertos entre los cadáveres de unos hombres que le resultan desconocidos, pero que responden a la descripción de un picto que tan bien conocemos ya. Un anciano picto aún rodea con sus brazos una estatua negra, que representa a un hombre semejante a los fallecidos, y el celta la toma por su dios, pensando que murieron protegiéndolo. Se lleva la estatua, y finalmente encuentra a los piratas normandos, que se emborrachan y atiborran en su refugio, rodeados de su botín. Los vigías hallan la estatua en la barca desprotegida, y la llevan a su orgía, a la que Thorfel ha arrastrado a la fuerza a un sacerdote cristiano para que le case allí mismo con Moira. 

Bran Mak Morn cómic
La adaptación al cómic es una pequeña joya

Consumido por la rabia, Thurlog arremete contra los vikingos, matando a varios en combate, y es ayudado después por pictos que irrumpen en el lugar. La batalla es un torbellino de acción:

«La tormenta del combate sacudía el espacioso salón. Se convirtió en un amasijo donde los hombres resbalaban en charcos de sangre y, resbalando, morían. Cabezas heladas en una mueca saltaban de hombros que se encogían. Lanzas aserradas arrancaban el corazón, latiendo aún, del pecho ensangrentado. Los sesos eran aplastados y se coagulaban en las hachas que giraban enloquecidas. Las dagas saltaban hacia arriba, abriendo vientres y derramando las entrañas en el suelo. El choque y el fragor del acero se alzaban ensordecedores. Ni se pedía ni se daba cuartel. Un nórdico herido había arrastrado en su caída a uno de los hombres morenos, y le estrangulaba tenazmente sin importarle la daga que su víctima hundía una y otra vez en su cuerpo.» 

Finalmente, el jefe picto revela la identidad de la estatua: Bran Mak Morn, muerto mucho tiempo atrás, y relata al gaélico el fin que corrió y lo que su fallecimiento supuso para el pueblo picto, además de expresar su deseo, convertido en leyenda, de que Bran Mak Morn volverá algún día para guiar y liderar de nuevo a su raza. 



En conclusión, el conjunto de relatos Gusanos de la Tierra es una forma excelente de acercarse al personaje de Robert E. Howard, tal vez no tan célebre como Conan el Bárbaro, pero igualmente interesante, con sus historias llenas de feroces batallas, su épica, su sentido del honor y su orgullo bárbaros, y ese sentimiento mortecino y lastimoso de presenciar cómo un mundo y una raza desaparecen. 


El cómic: 

El relato Gusanos de la Tierra fue adaptado al noveno arte por Roy Thomas (guión) y Barry Windsor-Smith (dibujo), en el año 1976, en los números 16 y 17 de la serie Savage Sword of Conan, de Marvel Comics, publicada en España por Cómics Fórum con el título de La Espada Salvaje de Conan. Esa colección estaba dedicada a adaptar las historias originales de Conan el Bárbaro, escritas por Robert E. Howard, y siempre hacía un hueco para otros personajes del autor. La edición original era en blanco y negro, pero más tarde se publicó una edición integral coloreada:

Gusanos de la Tierra cómic
Viñeta inicial de la adaptación al cómic de "Gusanos de la Tierra".

Tenéis más imágenes e información en estos enlaces: [1] [2] [3] [4]

OTROS LIBROS DE ROBERT E. HOWARD EN KINDLEGARTEN:




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12 de agosto de 2017

Los Altísimos, de Hugo Correa: Ciencia-Ficción chilena

Resumen: Hernán Varela, un simple operario chileno, se despierta en una clínica sin recordar porqué. Comienza para el un periplo cada vez más sorprendente, que parte de Santiago y lo llevará a través de una sociedad colectivista y deshumanizada donde responderá al nombre de "X", hasta vislumbrar los insondables conocimientos científicos de la poderosa raza de Los Altísimos


Publicada en 1959, Los Altísimos es obra de Hugo Correa, periodista y escritor chileno que se centró en la Ciencia-Ficción, adelantando en sus ideas y planteamientos a vacas sagradas del género como Arthur C. Clarke, Larry Niven o Stanislaw Lem.

Es una historia de Ciencia-Ficción dura y de Anticipación, con componentes de aventuras e intriga, con una profunda reflexión filosófica sobre la humanidad, de inspiración platónica, y lo que se podría interpretar como una evidente crítica hacia las sociedades comunistas y su maquinismo. 

Destaca la originalidad de su idea central, su planteamiento de complejidad creciente, su carácter pionero y su estilo expresivo y que alterna narración en pasado y presente. 



Los Altísimos e se publica en 1959, tras revisar y ampliar una primera versión de 1951. Esto convierte a Hugo Correo en un pionero (es coétaneo, por ejemplo, del mismísimo Isaac Asimov) y nos mostrará una notoria capacidad para la Anticipación y para concebir historias y escenarios a gran escala.

Y es que la mejor forma de definir la estructura de Los Altísimos es decir que está escrita en capas. Es como una muñeca matroska, como una cebolla, pero en la que comenzamos por la capa más baja, para ir descubriendo, a medida que la trama avanza, que las implicaciones de la misma son cada vez mayores, y que partiendo de una escala local, los acontecimientos concluyen a escala intergaláctica, universal, con un alcance cada vez más amplio, complejo y ambicioso. 

Todo comienza cuando Hernán Varela, operario en una empresa llamada Acomsa, tras ser ascendido a un cargo directivo por mediación de un misterioso empresario brasileño llamado Fernando Mendes, se despierta en una clínica sin saber como llegó a ella. Se le informa que está en la Clínica Polaca de Santiago de Chile. Tras confundirle continuamente sobre los motivos y el tiempo que lleva allí, se le dice que está en Polonia, para finalmente revelarle que en realidad está bajo tierra, en unas colosales instalaciones secretas. A partir de ahí las dimensiones de la nueva realidad de Hernán, ahora llamado «X.» no cesarán de aumentar, ampliarse y sorprendernos. «X.» sólo sabrá que Fernando Mendes era, en verdad, el anterior «X.», y que él debe, en lo sucesivo, ocupar su lugar para encubrir la incompetencia de los encargados de encontrar a «X.» y llevarlo de vuelta al lugar en el cual se encuentra él ahora. 


Así, cuando la novela comienza, la Ciencia-Ficción tarda en llegar, y durante un tiempo parece una novela de intriga y espionaje, interpretable como una crítica al oscurantismo y la deshumanización de los regímenes comunistas, con el habitual argumento kafkiano del hombre que es secuestrado y se mantiene aislado e incomunicado para ir revelándole poco a poco la información de los motivos de su retención. Esta impresión es precipitada, y es necesario dejar que la novela transcurra para ir desvelando las citadas «capas» y ver como crece en ambición y en alcance. Es aconsejable darle tiempo porque todo va encajando y, una vez la Ciencia-Ficción irrumpe, es a lo grande. 

Decir que la descripción del mundo subterráneo en el que transcurre la acción es magistral, y Hugo Correa crea todo un planeta dentro de otro, jugando con la hipótesis de una tierra hueca que alberga otra en su interior (de ahí la citada filosofía platónica, pues se juega con la idea de que no conocemos realmente el mundo en que vivimos, y que tal vez, sin saberlo, estemos dentro de otro mundo y no en la superficie como pensamos). Pero dijimos que Los Altísimos es una obra de Ciencia-Ficción dura y esta idea, que haría las delicias de los partidarios de la Tierra hueca, pronto cede paso a otra mucho más interesante y atractiva.

En este mundo, en el que Hernán - «X.» deberá vivir, a su pesar, es una perfecta transposición de las sociedades comunistas, donde prima el colectivo sobre el individuo, y todas las necesidades materiales están sobradamente cubiertas, pero se han sacrificado los sentimientos, las relaciones amorosas, familiares y de amistad, creando una forma de vida despersonalizada, desapasionada, deshumanizada y al servicio de la productividad. El maquinismo es evidente, y la dependencia de las máquinas y de la tecnología es total. La persona no importa, hasta el punto que han desaparecido los nombres, y los personajes se llaman simplemente «A.», «D». o «L.». El sexo ha perdido su carácter afectivo y es un mero acto físico sin significación. Las personas no necesitan trabajar (sólo hay una serie de Técnicos, con tareas especializadas asignadas) y no existe el dinero ni el ánimo de lucro, pero tampoco hay motivaciones ni incentivos para vivir. 


Según los acontecimientos avanzan, iremos conociendo más y más detalles de este particular mundo, llamado Cronn, y de sus habitantes, que responden al nombre de Cronnios y que están supeditados al gobierno y designios de las máquinas, y no son dueños en absoluto de su destino, pues obedecen a la soberanía de Los Altísimos, quienes dan nombre a la obra y de los que tampoco hablaré para no destripar lo más jugoso del libro. 

En el aspecto formal, está narrado en primera persona, alternando el tiempo pasado y el presente, y en sus reseñas de GoodReads se observa que esto produce rechazo en muchos lectores, que lo consideran confuso y árido (pese a que luego le otorgan puntuaciones muy altas). Se puede afirmar que es un estilo efectivo y para nada pesado. Muchas veces emplea frases cortas, separadas por puntos, con pocas conjunciones copulativas y muchas descripciones. Tiene un tono lírico, casi poético en ocasiones, poco habitual en la Ciencia-Ficción dura, y para mi gusto la forma de narrar le hace ganar enteros.
«A la distancia, otra ciudad corre en pos de Ernn. Las ciudades, dentro de los anillos, giran como en un carrusel que da la vuelta al mundo.»

Estas descripciones son necesarias, y son precisamente lo que permite que nos hagamos una idea tan clara, tan vívida, del mundo que presenta Correa, de su composición en anillos, de sus ciudades unidas por trenes magnéticos, de sus multitudes avanzando en masa por enormes avenidas, de sus diferentes niveles...
«Mar adentro. Vuelo horizontal. Rodeado de lánguidas olas, aparece uno de los cráteres. Surge del océano como un caño trunco, con sus paredes externas verticales. Nuestra esfera emboca en él, y nos sumimos en la noche. Sólo los ágiles puntos de los magnetones perforan las tinieblas. Bajamos varios kilómetros. La esfera cambia de rumbo. Avanza en sentido horizontal y al hacer una curva, penetra en un túnel colosal, con un techo combado. Simétricos arcos luminosos lo dividen. Arcos que se achican a lo lejos y que irradian una luz azulina. Una multitud de vehículos de diversos tamaños —algunos enormes— se suceden por el piso de la caverna, que debe ser un gigantesco aeródromo.»
El mundo de Cronn no tiene nada que envidiar, en magnitud y complejidad, al Mundo Anillo de Larry Niven (posterior en el tiempo), ni su sociedad de masas alienadas y dividida en castas inamovibles a Un mundo feliz de Aldous Huxley. Es gracias a sus descripciones, que tampoco son tan extensas, que nos lo podemos imaginar de una forma tan nítida, como si lo estuviésemos viendo. Abunda también en diálogos, y es a través de ellos que obtenemos las revelaciones sobre Cronn y los cronnios, casi siempre por boca de «D.», el particular Cicerón de Hernán - «X.» y encargado de introducirlo en su nuevo mundo y sus nuevas obligaciones como Técnico, a las que no puede sustraerse:


«¿Qué había sido de aquel Hernán Varela que, a los veintiséis años de edad, se aprestaba a conquistar el mundo? Helo aquí, contemplando un atardecer polaco, preparándose para representar el papel de otro. Sí, señor: Hernán Varela, X. ahora por obra y gracia de X., en la actualidad Hernán Varela por ingenuidad e inexperiencia de Hernán Varela, será un intrépido vigía. ¡Un centinela de la ciencia!»
Pero no debemos quedarnos en los aspectos técnicos-científicos de la obra, porque tiene una profundidad filosófica muy notable, con la formulación platónica, la recuperación del mito de la caverna (que más tarde nos traerían una vez más obras como Matrix, Nivel 13 o Dark City), en la que Hernán - «X.» debe ir descubriendo la realidad poco a poco, ganando conciencia y entendimiento de forma progresiva (pero no hay «revelaciones», desvaríos misticistas o metafísicos). No conviene descuidar tampoco la reflexión del autor sobre las sociedades totalitarias y las consecuencias de supeditar la felicidad al crecimiento económico, a la tecnocracia y al maquinismo. La tecnología, para Hugo Correa, no tiene el carácter redentor, de panacea, que vemos en algunos otros autores. 

Esta preocupación por las implicaciones sociales y la repercusión en el ser humano del uso indiscriminado de la tecnología, y el aspecto «mental» o «interior» de la historia, propios de la rama blanda de la Ciencia-Ficción, en combinación con sus abundantes ingredientes de la vertiente dura, hacen que este Los Altísimos sea, y más considerando la época en que fue publicada, una obra redonda y todo un ejercicio de Anticipación. 


Datos de interés: 

La primera versión, de 1951, fue revisada y editada en 1959. La segunda edición es de 1973, y se convirtió en una pieza de culto, difícil de encontrar, hasta su reedición en 2010.

Hugo correa no gozó del reconocimiento masivo en su país de origen. Pero el aval de, ni más ni menos, Ray Bradbury, que se deshizo en elogios hacia Los Altísimos le abrió las puertas del mercado internacional y, además de ver sus obras traducidas y leídas en muchos países, le permitió publicar en revistas como la Fantasy and Science Fiction o la española Nueva Dimensión (que, ahora desaparecida, llegó a ser reconocida en su día como mejor revista europea de Ciencia-Ficción), que le dedicó un número completo.

[Entrevista en Guioteca]

[Obituario en Emol]

[Documentos sobre el autor y otras obras suyas en Memoria Chilena]


Escúchalo en El Sótano:




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10 de agosto de 2017

La carretera, de Cormac McCarthy: demoledora visión de un mundo sin esperanza

Resumen: Es la odisea de un hombre y su hijo en un mundo totalmente devastado por algún cataclismo no especificado, que lo ha reducido a un yermo estéril cubierto de cenizas y ha supuesto el fin de la civilización humana, cuyos escasos supervivientes han caído en la barbarie y el canibalismo, malviviendo en una búsqueda continua de alimentos, abrigo y combustible. Padre e hijo se desplazan hacia el sur siguiendo el curso de una carretera, huyendo del frío, y teniendo una serie de interacciones con sus semejantes, de diferente catadura moral e intenciones, mostrándose así la naturaleza humana y la transformación que sufre cuando está sujeta a condiciones extremas de resocialización y a un panorama sin futuro ni salida visibles.

La carretera

Publicada en 2006, La Carretera (The Road) es obra de Cormac McCarthy, quien ganó el el premio Pulitzer de narrativa en el 2007 con esta novela. 

Se puede considerar un drama, incluso una tragedia clásica, por la situación que relata y por mover a la reflexión sobre la condición y el destino humanos, y también una novela de Ciencia-Ficción blanda, por su enfoque distópico y su carácter anticipativo. 

Cormac McCarthy

La temática post-apocalíptica no es nueva en el cine y la literatura, pero su proliferación descontrolada (los años 80, con el tirón del mercado doméstico del VHS, fueron ricos en clones cutres de Mad Max) provocó una pérdida de perspectiva, y terminó siendo un simple escenario, una excusa para servir historias de mutantes y luchas entre bandas armadas de estética punk. 

Partiendo de esto, se agradece el hecho diferencial de La carretera, pues su objetivo es bien distinto: Cormac McCarthy propone un ejercicio de reflexión. 

Comencemos por el escenario: un territorio que en el pasado fueron los Estados Unidos de América, en un futuro inmediato, tras un cataclismo de origen indefinido y del que apenas se habla, en forma de tormentas de fuego que han terminado con la civilización y con todas las formas de vida tanto animales como vegetales. Sólo restan árboles muertos que se desploman sin avisar, los ríos ya no son potables y una gruesa capa de cenizas cubre toda la tierra y el cielo, provocando un descenso drástico de las temperaturas. Del ser humano y sus construcciones sólo quedan cadáveres carbonizados, ruinas, escombros y desechos. Los escasos supervivientes vagan en torno a las carreteras buscando alimentos y objetos aprovechables (herramientas, ropa, armas...), unos organizados en clanes que practican el canibalismo, y otros solitarios evitando todo contacto con sus semejantes. 

La carretera

En este panorama conocemos a nuestros protagonistas: un hombre y un niño, padre e hijo, que recorren la carretera portando sus pertenencias en un carrito de supermercado, sucios, hambrientos y vestidos con ropa mugrienta y cubiertos con plásticos (que incluso refuerzan sus destrozados zapatos), duermen donde pueden y con suerte comen lo que encuentran. Es decir, los seres humanos viven como los actuales sin techo y visten como tales. Su historia comienza in media res, mientras se despiertan una mañana y comienzan su rutina, y posteriormente iremos conociendo datos sobre su historia y sobre cómo tanto ellos como el mundo en general han llegado a su situación.

«Al cabo de dos días llegaron a una región donde las tormentas de fuego habían dejado a su paso kilómetros y kilómetros de tierra quemada. En la calzada una costra de ceniza de varios centímetros de espesor y difícil avanzar con el carro. Debajo el asfalto se había abombado con el calor y vuelto a posarse otra vez. Se apoyó en el asa y miró la larga recta que se perdía en la distancia. Los árboles delgados. Los ríos un cieno gris. La tierra como un espantapájaros renegrido.»

Si bien nunca sabremos qué provoco el apocalipsis ni el origen del mismo (humano o natural), eso no es lo relevante para McCarthy. Lo importante son sus consecuencias. Sabremos que el niño nace poco después del cataclismo y tiene unos ocho años (en el libro tiene un camión amarillo de juguete, en la película porta siempre un elefantito de peluche y en un momento de la misma juega con unas figuras de acción). Esto es, la humanidad sólo ha necesitado ocho años para caer en la más absoluta barbarie y para perder cualquier barniz de civilización y sociedad que tuviese. Se nos dice que existieron "unas comunas" pero que han desaparecido. Es decir que algunos individuos intentaron mantener una precaria estructura social, de agrupación gregaria, pero fracasaron, triunfando en su lugar el individualismo y apenas unos cuantos de lo que podemos llamar «clanes guerreros», sujetos que cazan colectivamente (a sus congéneres). 

La carretera
Portada expresionista

Y así llegamos a la reflexión que hace y que nos propone Cormac McCarthy: las diferentes reacciones y maneras de comportarse en una situación extrema, límite, por parte de distintos sujetos en función de su personalidad y su socialización, así como las decisiones que pueden llegar a tomar según su escala de valores y la persistencia o no de éstos. Así, sabremos que la esposa del protagonista, más fatalista que él e incapaz de soportar la idea de ver sufrir y morir a sus seres queridos, opta por abandonarlos y afrontar una muerte segura (escena especialmente conmovedora en la película). La misma decisión que veremos a lo largo del texto, en el que los protagonistas se encuentran con los restos de suicidios colectivos cometidos por diversas familias. Otros sujetos intentan únicamente sobrevivir, evitando a los demás, desconfiando de todos y cayendo en algunos casos en la paranoia. Algunos optan por ejercer la fuerza y no dudan en recurrir al asesinato y al canibalismo. Y el caso más cruel de esos últimos nos lo encontraremos en una casa en la cual un grupo de personas mantienen a congéneres encerrados como ganado y van amputándoles miembros para comérselos. 

Para reforzar la crudeza, la frigidez y la impersonalidad de la situación, para eliminar cualquier resto del mundo anterior, ya desaparecido, McCarthy no identifica a sus personajes. Los protagonistas son «el hombre» y «el chico», y así serán también los escasos personajes secundarios (el viejo o el ladrón, por ejemplo). De este modo, los supervivientes pierden toda su condición humana hasta el último elemento que la caracteriza y que los individualiza: su nombre. Tampoco se emplea referencia alguna a los equivalentes actuales de los lugares por los que transcurre la trama, ni se citan personalidades históricas o marcas comerciales (una única excepción: Coca-Cola). Ni tan sólo sabremos qué carretera es la que recorren. El mundo que conocimos ya no existe.

«Las cosas cayendo en el olvido y con ellas sus nombres. Los colores. Los nombres de los pájaros. Alimentos. Por último los nombres de cosas que uno creía verdaderas. Más frágiles de lo que él habría pensado. ¿Cuánto de ese mundo había desaparecido ya? El sagrado idioma desprovisto de sus referentes y por tanto de su realidad. Rebajado como algo que intenta preservar el calor. A tiempo para desaparecer para siempre en un abrir y cerrar de ojos.»

La carretera película
Padre e hijo en la adaptación fílmica

Se puede detectar un tema central en la propuesta de Cormac McCarthy. ¿Es el hombre bueno por naturaleza, como afirmaba Rousseau, o es un lobo para el hombre como escribió Plauto y popularizó Hobbes? En la figura del chico veremos la bondad innata, la inocencia, el candor, el altruismo y el deseo de ayudar a los demás. Una de sus mayores preocupaciones es «portar el fuego», tener la seguridad de que su padre y él son «los buenos», que existen otros «buenos» y que ellos, jamás y estén en la situación que estén, llegarían a comerse a otras personas como hacen «los malos». El hombre, su padre, por el contrario, se mueve entre su bonhomía original y la dureza que le ha inculcado la necesidad de supervivencia, cometiendo actos a los que jamás llegaría en otra situación menos desesperada, como matar a un hombre o amenazar a otro con su pistola y robarle sus ropas. El maniqueísmo infantil contra el mundo de zonas grises y claroscuros del adulto maleado por la sociedad (en este caso, ausencia de ella) y el entorno. El niño será la voz de la conciencia de su padre y varios de los momentos más tensos de la novela vendrán del conflicto que surge entre ellos ante las duras decisiones que el hombre debe tomar para la supervivencia de ambos, aunque implique el sacrificio de terceros. En resumen, ni Rousseau ni Hobbes, sino el perspectivismo de Leibniz y de su deudo Ortega y Gasset: «Yo soy yo y mi circunstancia»


La carretera
Portada de la edición de bolsillo con los clásicos
reclamos: galardonada y adaptada al cine

Pero si algo transmite La carretera, si hay un sentimiento que prepondera sobre los demás, es la desesperanza, la vacuidad, la futilidad del esfuerzo de padre e hijo por avanzar hacia el sur y mantenerse con vida. Pueden tener un golpe de suerte y encontrar un búnker con montones de comida enlatada. Pero subsisten en una tierra baldía, en un yermo muerto y estéril que ya no puede generar vida. No se puede cultivar ni recolectar nada, no hay ganado, pesca ni caza (si exceptuamos la de sus semejantes). Agotadas y caducadas todas las conservas que pueda haber en el mundo, terminado el carroñeo que mantiene a los humanos con vida ¿qué esperanza queda? Una vez alcanzada la costa, ¿qué puede ésta ofrecer? Y sin embargo McCarthy abre, entre este nihilismo fatalista, una pequeña puerta a la esperanza con un final abierto que desagradará a muchos, pero es todo lo que una historia tan dura puede albergar, y que a mi juicio destierra la posibilidad de una maldad innata del ser humano. Algo que será mucho más evidente en el celuloide, donde la escena final tiene una mayor extensión. 

«Todas las provisiones de comida se habían agotado ya y el asesinato reinaba en la región. El mundo al poco tiempo poblado mayormente por hombres que se comían a tus hijos ante tus propios ojos y las ciudades en poder de bandas de atezados saqueadores qué abrían túneles en las ruinas y salían reptando de los escombros blancos de dientes y ojos con bolsas de malla repletas de latas chamuscadas y anónimas como compradores salidos de los economatos del infierno. El blando talco negro barría las calles cual tinta de calamar desparramándose por un lecho marino y el frío se pegaba al suelo y oscurecía temprano y los carroñeros al pasar con sus antorchas por los escarpados desfiladeros dejaban en la ceniza hoyos como de seda que se cerraban silenciosamente a su paso como ojos. En las carreteras los peregrinos se derrumbaban y caían y morían y la tierra yerma y amortajada iba rodando hasta el otro lado del sol y regresaba sin dejar huella y tan inadvertida como la trayectoria de cualquier mundo hermano sin nombre en las inmemoriales tinieblas de más allá.»

La carretera película
El formato Cinemascope está aprovechado al máximo

En el aspecto formal, en lo literario, el estilo de McCarthy es el habitual en su obra: sobrio, directo, parco en descripciones y oraciones subordinadas, y con una prosodia muy rápida, caracterizada por la ausencia de comas en beneficio de la conjunción «y», que emplea para obtener ese tono «procedimental» que enumera todas las acciones de los personajes, dando sensación de movimiento, de acción. Los adjetivos son sencillos, utilitarios, y todo esto se traduce en una lectura muy veloz, a ritmo de best-seller, que permite terminarse la novela en tres o cuatro horas. 

Posee, eso sí, frases memorables y párrafos que merecen una relectura y que tienen intención de dejar huella en el lector. De hecho, muchas de las críticas que recibe (ver ficha en Goodreads para ejemplos) se debe a esto, acusándolo de émulo de Herman Melville con sus escapadas pseudofilósicas o de William Faulker y su tema recurrente de la caída de América. Como sea, es rica en muchas sentencias hermosas, y no suenan huecas ni vacías como las de muchos autores new age.

«Todo ello como en un antiguo ungimiento. Que así sea. Evoca las formas. Cuando no tengas nada más inventa ceremonias e infúndeles vida.»

Los diálogos son breves y concisos, con frases muy cortas y suelen finalizar con la respuesta «Vale» por parte del niño. Sólo en el encuentro con el viejo los parlamentos se extienden un poco más. Teniendo en cuenta que la mayor parte de los diálogos son entre padre e hijo, la comunicación es la de dos personas que ya se lo han contado absolutamente todo y que conviven veinticuatro horas al día, por lo que se reducen a preguntas por parte del pequeño y respuestas lacónicas por parte del padre. 

«¿Por qué son estatales? 
Porque antes pertenecían a los estados. A lo que antes llamaban estados.
¿Es que ya no existen estados?
No.
¿Qué pasó?
No lo sé exactamente. Es una buena pregunta.
Pero las carreteras siguen ahí.
Sí. Por ahora.
¿Hasta cuándo? 
No lo sé. Quizá bastante tiempo. No hay nada para arrancarlas de modo que por ahora no habrá problema.
Pero no pasarán coches ni camiones.
No.
Vale.»

Como es propio de su estilo, McCarthy no emplea guiones de apertura en sus diálogos, aunque son tan escuetos que no se necesitan para seguir el hilo.

La carretera Charlize Theron
Charlize Theron como esposa del protagonista en la versión cinematográfica

En resumen, Cormac McCarthy prioriza el contenido sobre las formas, de manera que éstas sean un vehículo para la idea que quiere transmitir. Lo cual no quiere decir que sea un autor desmañado ni pobre en recursos, más bien diría que es sobrio, espartano incluso, y entiendo que a muchos lectores no les guste por ello, aunque es un estilo que termina complaciendo así que te aclimatas a él, en concreto a sus descripciones prescindiendo de los verbos, que resultan hasta cómodas. 


La película: 

En el 2009 se estrenó la adaptación cinematográfica [ficha IMDB], dirigida por John Hillcoat, con Viggo Mortensen como el hombreKodi Smit-McPhee (que contaba con doce años entonces) como el chicoCharlize Theron como la mujer, y las intervenciones del actor de larga trayectoria Robert Duvall (El Padrino, Apocalypse Now) como el viejo, de Guy Pearce como el veterano y de la televisiva Molly Parker como la mujer maternal. Dichas apariciones son breves por exigencias del guión, pero no por ello están descuidadas, al contrario, engrandecen el filme con su implicación.

La carretera película

Pese a ser de nacionalidad estadounidense, el director, el joven actor y el autor de la banda sonora (Nick Cave) son australianos. Puede considerarse un éxito de taquilla, de acuerdo a las cifras de recaudación.

La película resulta muy fiel al texto original, y en su duración de casi dos horas tiene tiempo de trasladar todo lo expuesto en la novela, sobre la que realiza cambios que no afectan demasiado a la trama. En la playa se omite toda la parte de la visita del hombre al barco español (sólo le vemos ir y regresar con su botín), y reemplaza alguna escenas por otras, pero manteniendo la idea principal. Por ejemplo, en vez del momento en el que padre e hijo observan escondidos cómo pasan por la carretera un grupo de cazadores de aspecto Mad Max (tatuajes, armados con tuberías y cadenas) con sus víctimas atadas entre sí y sujetas con dogales, nos ofrece otra de una cruenta cacería «en directo» que tiene una crudeza incluso mayor. 



Uno de los puntos fuertes del filme es la fotografía, que le proporciona ese tono gris, ceniciento, plomizo, de tonos apagados y colores sin viveza, que tan bien refleja la atmósfera post-apocalíptica de la novela y la hace creíble y palpable. El contraste con las escenas retrospectivas, con su luminosidad y sus colores brillantes y cálidos acentúa aún más el concepto, pese a ser un recurso algo "tramposo" y que conocemos especialmente de las obras de Tim Burton.

Detrás de este magnífico trabajo, nominado al premio Bafta en su categoría, se encuentra el veterano director de fotografía español Javier Aguirresarobe, responsable entre muchísimas otras de la oscarizada Hable con ella de Pedro Almodóvar, de la exitosa Los otros de Alejandro Amenábar o de las adaptaciones de la saga Crepúsculo

La carretera película

Tiene secuencias duras, desabridas, y pese a no ser excesivamente fuerte, puede no ser adecuada para la gente más impresionable. Momentos como el de la incursión en la citada casa en la que unas personas mantienen a otras como ganado, o en el que el hombre se encuentra las vísceras de otro ser humano y sus restos en una fogata pueden resultar impactantes, aunque se agradece que se hayan eliminado o suavizado otras también relacionadas con el canibalismo, que no citaré para no spoilear demasiado. 

La película refleja con mucho acierto el propósito inicial de Cormac McCarthy, y hace un par de aportaciones interesantes. Una es el momento en el que padre e hijo entran en una vivienda y caminan indiferentes sobre un montón de billetes y joyas, entre las que destaca un brazalete de aspecto lujoso, mientras buscan comida y mantas, haciéndonos entender que las cosas han pasado a tener el valor que realmente tienen, es decir el de su utilidad. Otra es la secuencia en la que ambos son atacados por sorpresa con un arco desde una ventana mientras atraviesan una población. Cuando el hombre interroga a una sus atacantes con un «¿Por qué nos seguíais?» ésta le responde «Vosotros nos seguíais a nosotros» reflejando la paranoia que los humanos han alcanzado, de la que hablaba más arriba.


Las interpretaciones son sobre todo físicas, dado lo lacónico de los diálogos, lo que beneficia a Viggo Mortensen, un actor «de pocas palabras». Tanto él como Kodi Smit-McPhee están en plano la mayor parte del metraje, y puede decirse que «llenan» la pantalla y se compenetran. Especial mención para el mentado joven actor, que aguanta la cámara sin miedo y supera un reto tan difícil como un papel protagonista con ese nivel de exigencia. 

Por último comentar que es de visionado cómodo, pese a su duración, aunque no tiene una acción desbordante no se hace lenta por el montaje (que no alarga los planos ni estira las secuencias innecesariamente) y el manejo del tempo por parte de Hillcoat. Aunque por supuesto siempre es cuestión de gustos personales, no esperéis adrenalina a raudales porque no la hay, pero podéis deleitaros con escenas como la siguiente, de fuerte carga dramática:




OTROS LIBROS DE CORMAC MCCARTHY EN KINDLEGARTEN:


- No es país para viejos


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9 de agosto de 2017

Mecanoscrito del segundo origen: el simbolismo postapocalíptico de Manuel de Pedrolo

Resumen: Un ataque extraterrestre ha exterminado a la especie humana. Dos jóvenes supervivientes, Alba y Dídac, deberán aprender a vivir entre las ruinas del mundo que conocían. Su odisea será un nuevo Génesis, convirtiéndose en unos modernos Adán y Eva y construyendo el segundo origen de la humanidad.



Publicada en 1974, Mecanoscrito del segundo origen (Mecanoscrit del segon origen) es obra de Manuel de Pedrolo, escritor que desarrolló toda su carrera en catalán. Practicó la narrativa, la poesía y el teatro. Anarquista desde la Guerra Civil (donde se afilió a la CNT-FAI), padeció la censura durante el régimen franquista, tanto por sus ideas políticas como por su catalanismo. Fue también traductor y corrector de textos. Su obra se ha traducido a más de veinte idiomas y una Fundación lleva su nombre.

La traducción al castellano es obra de Domingo Santos. Fue traducida al gallego por María Victoria Moreno

Mecanoscrito del segundo origen, escrita originalmente en catalán y traducida a siete idiomas, es uno de los libros más vendidos en lengua catalana desde su publicación, y posiblemente la novela de Ciencia-Ficción española más popular. Por lo menos, la más reeditada. No son pocos los que afirma que, de haber sido escrita en inglés, y haber nacido su autor en los Estados Unidos o Gran Bretaña, estaríamos ahora ante uno de esos grandes clásicos de la Ciencia-Ficción reconocidos como imprescindibles.



Es una novela de Ciencia-Ficción blanda de argumento distópico y de carácter dramático, con un fuerte simbolismo, que se inscribe en la tradición de las historias post-apocalípticas.


Tres son los factores a tener en cuenta para entender la singularidad de Mecanoscrito del segundo origen. El primero, estar escrita en catalán, una lengua que entonces no tenía carácter oficial. El segundo, ser obra de un autor silenciado y censurado de manera habitual por el régimen franquista (agonizante ya en 1974), y que pese a su prolijidad se vio acallado no pocas veces por razones tan peregrinas como «lenguaje indecoroso».

Y el tercero, ser una novela de Ciencia-Ficción que buscaba entidad literaria y peso específico, más allá de la Space Opera de puro entretenimiento y carácter popular de la Ciencia-Ficción española, representada principalmente por (muy meritorios) titanes del kiosko como Pascual Endíganos (George H. White), Fernando Cabedo, Clark Carrados (Luis García Lecha) o José Mallorquí (sí, el de El Coyote), con la misma intención de trascender que tuvo Tomás Salvador con su insigne La Nave

Si La Nave se ubicaba en el subgénero de nave generacional, Manuel de Pedrolo insertó su novela en la tradición de la Ciencia-Ficción post-apocalíptica, siguiendo a precedentes como La Tierra Permanece de George R. Stewart, El día de los trífidos de John Wyndham o El mundo sumergido de J. G. Ballard, con las que comparte sin duda elementos y líneas argumentales. 


Todo comienza un día en el que la Tierra, sin aviso previo ni motivo aparente (bueno, las razones se conocerán al final del libro), es atacada por unas naves extraterrestres, que en apenas unos segundos (y poco más de una página) exterminan a la práctica totalidad de la especie humana y del resto de mamíferos, empleando un arma basada en ondas de un poder incalculable (Pedrolo no se detiene en explicaciones técnicas ni en buscar el rigor científico, son cuestiones prescindibles aquí). En la pequeña (y ficticia) localidad catalana de Benaura se salvarán dos niños, Alba y Dídac, por hallarse bajo el agua durante el ataque. Dídac, que es mulato, por haber sido arrojado a una alberca por dos jóvenes, «porque es negro». Alba, por haberse sumergido para salvarlo de morir ahogado. 

Ambos, Alba de catorce años y Dídac de nueve, deberán sobreponerse al trauma de ver morir a sus seres queridos y asumir que son los únicos supervivientes, tras lo cual comenzarán una adaptación a su nueva realidad, buscando un lugar para vivir, alimentos, fuentes de luz y calor, abrigo, medios de locomoción y medicamentos, y formándose leyendo numerosos tratados de mecánica, agricultura, medicina... 

A medida que ganan seguridad en sí mismos amplían su radio de acción, primero por Cataluña, llegando a visitar las ruinas de Barcelona, y después por el Mediterráneo a bordo de un barco, alcanzando el sur de Italia. En su periplo encontrarán otros supervivientes y desarrollarán la conciencia de ser la última esperanza de nuestra especie y su obligación de repoblar la Tierra, teniendo un hijo llamado Mar.  


La sinopsis de la edición de Orbis dice: «En año 7138 de la nueva era se rescata en extrañas circunstancias un libro enigmático, escrito más de cuatro mil años atrás, que habla de una civilización devastada por unos objetos voladores extraterrestres. Se trata de los cuadernos del Mecanoescrito del segundo origen que explica la historia de dos jóvenes superviventes, Alba y Dídac». Y en efecto el libro, narrado en tercera persona por un narrador omnisciente, salvo dos líneas firmadas por Alba, es un texto hallado en 7138, siendo el último de los seis capítulos (llamados cuadernos) un extracto de un ensayo sobre el Mecanoscrito, en el que se especula sobre su validez o no como documento que demostraría si Alba es, en efecto, la madre de la nueva humanidad, o un simple mito fundacional. 

Los otros cinco cuadernos, intitulados, comienzan de igual modo. Del primero al cuarto «Alba, una muchacha de catorce/quince/dieciséis/diecisiete años, virgen y morena...». El quinto, «Alba, una mujer de dieciocho años, morena y embarazada...». Ese quinto cuaderno se cierra con la frase de Alba: «Y yo, Alba, una madre de dieciocho años...». De este modo, Pedrolo crea una simetría entre los cinco cuadernos, que comparten incipit y que cubren, como vemos, un período de cuatro años, en los que asistiremos a un proceso de crecimiento y maduración de los protagonistas, tan drástico que los niños que fueron al comenzar la historia serán completamente irreconocibles al concluirla. 


Este periplo vital de Alba y Dídac está cargado de simbolismo. En primer lugar tenemos el más evidente: el claro paralelismo con el libro del Génesis, siendo los dos jóvenes unos nuevos Adán y Eva con la responsabilidad de repoblar la Tierra. 

El simbolismo se extiende a la onomástica. Alba es el nacimiento del día, el amanecer, la aurora, la salida del Sol que proporciona luz, calor y vida. Alba es por tanto el Inicio, la que trae y garantiza la nueva vida, la madre del segundo origen de la humanidad. «Alba» es también un sinónimo poético de «blanca», es un nombre luminoso. Por su parte, Dídac es simplemente un nombre común en Cataluña, que procede del griego didachos y significa "educado, instruido". Si consideramos que Alba, más mayor y más madura que Dídac, es quien lleva la iniciativa y tiene ascendente sobre su compañero, podemos interpretar que Dídac es educado por Alba, lo cual entronca con las creencias de muchos cultos primitivos (como el acadio) en los que la mujer civilizaba al hombre a través del sexo, la familia y la convivencia, haciéndole abandonar el salvajismo.

Un tercer elemento simbólico sería la unión de Alba, de raza blanca, y Dídac, mulato, para tener una descendencia mestiza en la que la etnia ya no será algo a tener en cuenta, y cualquier discriminación o prejuicio derivados de ella desaparecerán. La agresión racista de la que Dídac es víctima al comienzo de la obra simboliza un mundo antiguo que ya no existe. Una postura valiente la de Manuel de Pedrolo, en una época en la que España no poseía la diversidad que tiene a día de hoy, y en la que encontrarse una persona de otra raza que no fuese la blanca era un acontecimiento.  

Habría otra simbología de sumo interés en «Mecanoscrito del segundo origen» por su aplicación, de manera consciente o involuntaria por parte de su autor, de la Teoría de la recapitulación y en particular de su aplicación en la psicología evolutiva, la Teoría de la Maduración de G. Stanley Hall. Es decir, el desarrollo evolutivo de Alba y Dídac recapitula el desarrollo de toda la especie humana, correspondiendo (como formula la teoría de Stanley Hall) cada estadio evolutivo con una era histórica.

Edición de la Biblioteca de Ciencia-Ficción de Orbis

Así, al comienzo los protagonistas se encuentran en la infancia, que corresponde con una época en la que son nómadas recolectores. No construyen viviendas, viven en refugios provisionales, comen lo que encuentran y sobreviven precariamente en una pequeña extensión de terreno. Más tarde, dominando ya los medios de transporte, amplían su espacio vital, y garantizan su sustento manejando armas, lo que les permite cazar. Aprenden los ciclos de la Naturaleza y comienzan a acumular excedentes de alimentos, ropa de abrigo... llega después el interés por la cultura y por reunir y conservar el arte y memoria escrita. Se topan con un miembro de la raza invasora y lo matan: su pueblo ha tenido una guerra contra otra cultura hostil y ha sobrevivido. Deciden plasmar todo en fotografías y filmaciones: ya son creadores de cultura. Es el momento de los grandes viajes, de la exploración del mundo: su travesía les lleva por la costa mediterránea hasta el sur de Italia. En su devenir se encuentran con otras personas (otras civilizaciones). Unas son hostiles, otras huidizas; con otras es imposible el entendimiento. Padecen enfermedades (Dídac contrae el sarampión) y accidentes (Alba se rompe una tibia) equivalentes individuales de las epidemias o catástrofes naturales para el colectivo. A la conclusión se sedentarizan, tienen un hijo, se establecen en una casa, crían animales, cultivan un huerto: son ya una sociedad avanzada, que aplica los conocimientos científicos de manera metódica, controla los recursos naturales y tiene garantizada su continuidad.

En la misma línea de análisis, percibimos lo que se conoce como darwinismo social: las personas supervivientes, en tanto individuos o representación de pueblos, tienen diversos grados de adaptación al nuevo escenario, y de esa adaptabilidad depende su perpetuación. Por supuesto las condiciones no son las mismas para todos, pues la evolución está sujeta a muchos factores, y la suerte es uno de ellos. Unos enloquecen, otros no soportan la situación y se suicidan. Algunos evitan a sus semejantes y malviven en soledad, otros fallecen víctimas de accidentes o enfermedades y otros han caído en el salvajismo. Son Alba y Dídac, beneficiados por factores exógenos (el haber sobrevivido juntos, por ejemplo) y endógenos (su resiliencia, su voluntad, su capacidad organizativa), los más aptos y por tanto aquellos que se perpetuarán y reproducirán. 

Carátula de la adaptación televisiva de 1984

Para algunos, existe aún otro nivel de simbolismo: escrita en 1974, con la dictadura franquista agonizando (como el propio dictador, que moriría al año siguiente), el «segundo origen» haría referencia a la nueva sociedad que iba a nacer tras el fin del régimen dictatorial. Alba y Dídac representarían a los Adán y Eva de una nueva España y una nueva Cataluña, y la novela de Manuel de Pedrolo transmitiría la esperanza y las ilusiones de su autor en una sociedad nueva, libre y democrática, que se levantaría sobre las cenizas de la anterior.

La narración de Pedrolo está totalmente focalizada en los dos actores, que permanecen en plano a lo largo de todo el texto, que mantiene una única unidad de acción, sin hilos secundarios. La interacción entre los personajes es constante, siendo una novela rica en diálogos, compuestos de muchas frases breves, normalmente de unas pocas palabras.

El estilo narrativo resulta muy visual, muy expositivo. Manuel de Pedrolo emplea descripciones concisas, que no cortan la narración, y no se permite momentos de lirismo, manteniendo a lo largo de todo el texto un estilo funcional, cercano al naturalismo pero sin su excesiva minuciosidad. Por ello la extensión del libro es moderada, y en conjunto resulta una novela perfecta para el público juvenil, y de hecho se emplea con asiduidad como lectura escolar en centros educativos de toda España. 




Página de la adaptación al cómic de 1985 [fuente]

La trama no tiene una gran carga de acción, salvo escenas puntuales como el combate con el extraterrestre, o la lucha defensa propia contra un grupo de tres hombres enloquecidos. Pese a ello, el autor logra que el ritmo del relato no decaiga y ofrezca momentos de tensión. Destaca más el tono dramático, y sin llegar al grado de crudeza de otras distopías post-apocalípticas como la muy posterior La Carretera de Cormac McCarthy,  sí consigue inquietar y provocar preocupación por el destino de los protagonistas, transmitiendo la sensación de que el mayor peligro para ellos no procede de la Naturaleza, sino de sus semejantes. 

Con toda la aspereza y con todo el dramatismo que atesora la distopía de Manuel de Pedrolo, Mecanoscrito del segundo origen no deja de ser una historia optimista, en la que la sensatez, prudencia, racionalidad, previsión y madurez de Alba por un lado, y el entusiasmo, la buena disposición y las habilidades mecánicas de Dídac por otro, así como la férrea voluntad de supervivencia de ambos, serán claves para que los protagonistas superen las muchas adversidades y logren finalmente, como refleja el último cuaderno, el renacer de nuestra especie, el «segundo origen» que da título a la obra. 


La serie de TV: 

En 1984, la Televisión Autonómica de Cataluña, la TV3, estrenó una miniserie de siete capítulos que adaptaba la novela de Manuel de Pedrolo. Rodada en catalán, fue la primera producción propia de la cadena [Ficha Filmaffinity]. Tuvo un presupuesto muy limitado, apenas doce millones de pesetas (poco más de setenta y dos mil euros). Existe un enlace a vídeo en la web de la TV3. Puede visionarse por fragmentos en Youtube o registrándose en esta web.




El cómic: 

En 1985, la editorial independiente L'Atzar publicó una adaptación al noveno arte, hoy tristemente descatalogada, de mano del veterano dibujante Isidre Monés, que pone a disposición varias páginas en su blog


Se editó en dos volúmenes de veinticuatro páginas y tapa dura. Tuvo una tirada pequeña que nunca se reeditó, y hoy son difíciles de encontrar, pagándose caro. En palabras de Monés, la editorial desapareció y con Pedrolo fallecido nadie sabe dónde se encuentran los originales ni a quién pertenecen los derechos de la adaptación [Entrevista a Isidre Monés].


La película: 

Con un presupuesto de seis millones de dólares y tras cinco años de proyecto, se estrenó en 2015 Segundo Origen (Secon origen), comenzada por el fallecido Bigas Luna y concluida por Carles Porta

Rodada en catalán, es una coproducción con Reino Unido y estrenó simultáneamente en catalán y doblada al castellano. Se estrenó en el Festival de Sitges, y recibió críticas bastante negativas en general.



La adaptación introduce bastantes modificaciones en la historia, como un tercer personaje interpretado por Sergi López, que Alba sea la profesora de inglés de Dídac, o que el final omita todo lo referido al año 7138 y al historiador que lee los cuadernos del mecanoscrito.

Los comentarios negativos se refirieron por igual al reparto (Alba está interpretada por la británica Rachel Hurd-Wood, que tuvo que ser doblada por no hablar catalán) y sus flojas interpretaciones, como a la debilidad del guión, que resulta en una cinta algo aburrida, como al publirreportaje encubierto sobre la ciudad de Barcelona, con frases inmotivadas como «siento que tenemos que ir a Barcelona» o la visita al Camp Nou (con compases del himno del F.C. Barcelona como música incidental). 


El fallecimiento de Bigas Luna antes de finalizar el proyecto (se le homenajea en la cinta, con una escena algo forzada pero emotiva, en la que el personaje interpretado por Sergi López proyecta para Alba y Dídac escenas de películas del director, usando la vela de su barco como pantalla) lastró el resultado final, y Segundo Origen, esperada y deseada tanto por aficionados a la Ciencia-Ficción como por admiradores de la obra de Manuel de Pedrolo, terminó siendo un fracaso y pasando desapercibida para el público. 

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