12 de agosto de 2017

Los Altísimos, de Hugo Correa: Ciencia-Ficción chilena

Resumen: Hernán Varela, un simple operario chileno, se despierta en una clínica sin recordar porqué. Comienza para el un periplo cada vez más sorprendente, que parte de Santiago y lo llevará a través de una sociedad colectivista y deshumanizada donde responderá al nombre de "X", hasta vislumbrar los insondables conocimientos científicos de la poderosa raza de Los Altísimos


Publicada en 1959, Los Altísimos es obra de Hugo Correa, periodista y escritor chileno que se centró en la Ciencia-Ficción, adelantando en sus ideas y planteamientos a vacas sagradas del género como Arthur C. Clarke, Larry Niven o Stanislaw Lem.

Es una historia de Ciencia-Ficción dura y de Anticipación, con componentes de aventuras e intriga, con una profunda reflexión filosófica sobre la humanidad, de inspiración platónica, y lo que se podría interpretar como una evidente crítica hacia las sociedades comunistas y su maquinismo. 

Destaca la originalidad de su idea central, su planteamiento de complejidad creciente, su carácter pionero y su estilo expresivo y que alterna narración en pasado y presente. 



Los Altísimos e se publica en 1959, tras revisar y ampliar una primera versión de 1951. Esto convierte a Hugo Correo en un pionero (es coétaneo, por ejemplo, del mismísimo Isaac Asimov) y nos mostrará una notoria capacidad para la Anticipación y para concebir historias y escenarios a gran escala.

Y es que la mejor forma de definir la estructura de Los Altísimos es decir que está escrita en capas. Es como una muñeca matroska, como una cebolla, pero en la que comenzamos por la capa más baja, para ir descubriendo, a medida que la trama avanza, que las implicaciones de la misma son cada vez mayores, y que partiendo de una escala local, los acontecimientos concluyen a escala intergaláctica, universal, con un alcance cada vez más amplio, complejo y ambicioso. 

Todo comienza cuando Hernán Varela, operario en una empresa llamada Acomsa, tras ser ascendido a un cargo directivo por mediación de un misterioso empresario brasileño llamado Fernando Mendes, se despierta en una clínica sin saber como llegó a ella. Se le informa que está en la Clínica Polaca de Santiago de Chile. Tras confundirle continuamente sobre los motivos y el tiempo que lleva allí, se le dice que está en Polonia, para finalmente revelarle que en realidad está bajo tierra, en unas colosales instalaciones secretas. A partir de ahí las dimensiones de la nueva realidad de Hernán, ahora llamado «X.» no cesarán de aumentar, ampliarse y sorprendernos. «X.» sólo sabrá que Fernando Mendes era, en verdad, el anterior «X.», y que él debe, en lo sucesivo, ocupar su lugar para encubrir la incompetencia de los encargados de encontrar a «X.» y llevarlo de vuelta al lugar en el cual se encuentra él ahora. 


Así, cuando la novela comienza, la Ciencia-Ficción tarda en llegar, y durante un tiempo parece una novela de intriga y espionaje, interpretable como una crítica al oscurantismo y la deshumanización de los regímenes comunistas, con el habitual argumento kafkiano del hombre que es secuestrado y se mantiene aislado e incomunicado para ir revelándole poco a poco la información de los motivos de su retención. Esta impresión es precipitada, y es necesario dejar que la novela transcurra para ir desvelando las citadas «capas» y ver como crece en ambición y en alcance. Es aconsejable darle tiempo porque todo va encajando y, una vez la Ciencia-Ficción irrumpe, es a lo grande. 

Decir que la descripción del mundo subterráneo en el que transcurre la acción es magistral, y Hugo Correa crea todo un planeta dentro de otro, jugando con la hipótesis de una tierra hueca que alberga otra en su interior (de ahí la citada filosofía platónica, pues se juega con la idea de que no conocemos realmente el mundo en que vivimos, y que tal vez, sin saberlo, estemos dentro de otro mundo y no en la superficie como pensamos). Pero dijimos que Los Altísimos es una obra de Ciencia-Ficción dura y esta idea, que haría las delicias de los partidarios de la Tierra hueca, pronto cede paso a otra mucho más interesante y atractiva.

En este mundo, en el que Hernán - «X.» deberá vivir, a su pesar, es una perfecta transposición de las sociedades comunistas, donde prima el colectivo sobre el individuo, y todas las necesidades materiales están sobradamente cubiertas, pero se han sacrificado los sentimientos, las relaciones amorosas, familiares y de amistad, creando una forma de vida despersonalizada, desapasionada, deshumanizada y al servicio de la productividad. El maquinismo es evidente, y la dependencia de las máquinas y de la tecnología es total. La persona no importa, hasta el punto que han desaparecido los nombres, y los personajes se llaman simplemente «A.», «D». o «L.». El sexo ha perdido su carácter afectivo y es un mero acto físico sin significación. Las personas no necesitan trabajar (sólo hay una serie de Técnicos, con tareas especializadas asignadas) y no existe el dinero ni el ánimo de lucro, pero tampoco hay motivaciones ni incentivos para vivir. 


Según los acontecimientos avanzan, iremos conociendo más y más detalles de este particular mundo, llamado Cronn, y de sus habitantes, que responden al nombre de Cronnios y que están supeditados al gobierno y designios de las máquinas, y no son dueños en absoluto de su destino, pues obedecen a la soberanía de Los Altísimos, quienes dan nombre a la obra y de los que tampoco hablaré para no destripar lo más jugoso del libro. 

En el aspecto formal, está narrado en primera persona, alternando el tiempo pasado y el presente, y en sus reseñas de GoodReads se observa que esto produce rechazo en muchos lectores, que lo consideran confuso y árido (pese a que luego le otorgan puntuaciones muy altas). Se puede afirmar que es un estilo efectivo y para nada pesado. Muchas veces emplea frases cortas, separadas por puntos, con pocas conjunciones copulativas y muchas descripciones. Tiene un tono lírico, casi poético en ocasiones, poco habitual en la Ciencia-Ficción dura, y para mi gusto la forma de narrar le hace ganar enteros.
«A la distancia, otra ciudad corre en pos de Ernn. Las ciudades, dentro de los anillos, giran como en un carrusel que da la vuelta al mundo.»

Estas descripciones son necesarias, y son precisamente lo que permite que nos hagamos una idea tan clara, tan vívida, del mundo que presenta Correa, de su composición en anillos, de sus ciudades unidas por trenes magnéticos, de sus multitudes avanzando en masa por enormes avenidas, de sus diferentes niveles...
«Mar adentro. Vuelo horizontal. Rodeado de lánguidas olas, aparece uno de los cráteres. Surge del océano como un caño trunco, con sus paredes externas verticales. Nuestra esfera emboca en él, y nos sumimos en la noche. Sólo los ágiles puntos de los magnetones perforan las tinieblas. Bajamos varios kilómetros. La esfera cambia de rumbo. Avanza en sentido horizontal y al hacer una curva, penetra en un túnel colosal, con un techo combado. Simétricos arcos luminosos lo dividen. Arcos que se achican a lo lejos y que irradian una luz azulina. Una multitud de vehículos de diversos tamaños —algunos enormes— se suceden por el piso de la caverna, que debe ser un gigantesco aeródromo.»
El mundo de Cronn no tiene nada que envidiar, en magnitud y complejidad, al Mundo Anillo de Larry Niven (posterior en el tiempo), ni su sociedad de masas alienadas y dividida en castas inamovibles a Un mundo feliz de Aldous Huxley. Es gracias a sus descripciones, que tampoco son tan extensas, que nos lo podemos imaginar de una forma tan nítida, como si lo estuviésemos viendo. Abunda también en diálogos, y es a través de ellos que obtenemos las revelaciones sobre Cronn y los cronnios, casi siempre por boca de «D.», el particular Cicerón de Hernán - «X.» y encargado de introducirlo en su nuevo mundo y sus nuevas obligaciones como Técnico, a las que no puede sustraerse:


«¿Qué había sido de aquel Hernán Varela que, a los veintiséis años de edad, se aprestaba a conquistar el mundo? Helo aquí, contemplando un atardecer polaco, preparándose para representar el papel de otro. Sí, señor: Hernán Varela, X. ahora por obra y gracia de X., en la actualidad Hernán Varela por ingenuidad e inexperiencia de Hernán Varela, será un intrépido vigía. ¡Un centinela de la ciencia!»
Pero no debemos quedarnos en los aspectos técnicos-científicos de la obra, porque tiene una profundidad filosófica muy notable, con la formulación platónica, la recuperación del mito de la caverna (que más tarde nos traerían una vez más obras como Matrix, Nivel 13 o Dark City), en la que Hernán - «X.» debe ir descubriendo la realidad poco a poco, ganando conciencia y entendimiento de forma progresiva (pero no hay «revelaciones», desvaríos misticistas o metafísicos). No conviene descuidar tampoco la reflexión del autor sobre las sociedades totalitarias y las consecuencias de supeditar la felicidad al crecimiento económico, a la tecnocracia y al maquinismo. La tecnología, para Hugo Correa, no tiene el carácter redentor, de panacea, que vemos en algunos otros autores. 

Esta preocupación por las implicaciones sociales y la repercusión en el ser humano del uso indiscriminado de la tecnología, y el aspecto «mental» o «interior» de la historia, propios de la rama blanda de la Ciencia-Ficción, en combinación con sus abundantes ingredientes de la vertiente dura, hacen que este Los Altísimos sea, y más considerando la época en que fue publicada, una obra redonda y todo un ejercicio de Anticipación. 


Datos de interés: 

La primera versión, de 1951, fue revisada y editada en 1959. La segunda edición es de 1973, y se convirtió en una pieza de culto, difícil de encontrar, hasta su reedición en 2010.

Hugo correa no gozó del reconocimiento masivo en su país de origen. Pero el aval de, ni más ni menos, Ray Bradbury, que se deshizo en elogios hacia Los Altísimos le abrió las puertas del mercado internacional y, además de ver sus obras traducidas y leídas en muchos países, le permitió publicar en revistas como la Fantasy and Science Fiction o la española Nueva Dimensión (que, ahora desaparecida, llegó a ser reconocida en su día como mejor revista europea de Ciencia-Ficción), que le dedicó un número completo.

[Entrevista en Guioteca]

[Obituario en Emol]

[Documentos sobre el autor y otras obras suyas en Memoria Chilena]


Escúchalo en El Sótano:




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10 de agosto de 2017

La carretera, de Cormac McCarthy: demoledora visión de un mundo sin esperanza

Resumen: Es la odisea de un hombre y su hijo en un mundo totalmente devastado por algún cataclismo no especificado, que lo ha reducido a un yermo estéril cubierto de cenizas y ha supuesto el fin de la civilización humana, cuyos escasos supervivientes han caído en la barbarie y el canibalismo, malviviendo en una búsqueda continua de alimentos, abrigo y combustible. Padre e hijo se desplazan hacia el sur siguiendo el curso de una carretera, huyendo del frío, y teniendo una serie de interacciones con sus semejantes, de diferente catadura moral e intenciones, mostrándose así la naturaleza humana y la transformación que sufre cuando está sujeta a condiciones extremas de resocialización y a un panorama sin futuro ni salida visibles.

La carretera

Publicada en 2006, La Carretera (The Road) es obra de Cormac McCarthy, quien ganó el el premio Pulitzer de narrativa en el 2007 con esta novela. 

Se puede considerar un drama, incluso una tragedia clásica, por la situación que relata y por mover a la reflexión sobre la condición y el destino humanos, y también una novela de Ciencia-Ficción blanda, por su enfoque distópico y su carácter anticipativo. 

Cormac McCarthy

La temática post-apocalíptica no es nueva en el cine y la literatura, pero su proliferación descontrolada (los años 80, con el tirón del mercado doméstico del VHS, fueron ricos en clones cutres de Mad Max) provocó una pérdida de perspectiva, y terminó siendo un simple escenario, una excusa para servir historias de mutantes y luchas entre bandas armadas de estética punk. 

Partiendo de esto, se agradece el hecho diferencial de La carretera, pues su objetivo es bien distinto: Cormac McCarthy propone un ejercicio de reflexión. 

Comencemos por el escenario: un territorio que en el pasado fueron los Estados Unidos de América, en un futuro inmediato, tras un cataclismo de origen indefinido y del que apenas se habla, en forma de tormentas de fuego que han terminado con la civilización y con todas las formas de vida tanto animales como vegetales. Sólo restan árboles muertos que se desploman sin avisar, los ríos ya no son potables y una gruesa capa de cenizas cubre toda la tierra y el cielo, provocando un descenso drástico de las temperaturas. Del ser humano y sus construcciones sólo quedan cadáveres carbonizados, ruinas, escombros y desechos. Los escasos supervivientes vagan en torno a las carreteras buscando alimentos y objetos aprovechables (herramientas, ropa, armas...), unos organizados en clanes que practican el canibalismo, y otros solitarios evitando todo contacto con sus semejantes. 

La carretera

En este panorama conocemos a nuestros protagonistas: un hombre y un niño, padre e hijo, que recorren la carretera portando sus pertenencias en un carrito de supermercado, sucios, hambrientos y vestidos con ropa mugrienta y cubiertos con plásticos (que incluso refuerzan sus destrozados zapatos), duermen donde pueden y con suerte comen lo que encuentran. Es decir, los seres humanos viven como los actuales sin techo y visten como tales. Su historia comienza in media res, mientras se despiertan una mañana y comienzan su rutina, y posteriormente iremos conociendo datos sobre su historia y sobre cómo tanto ellos como el mundo en general han llegado a su situación.

«Al cabo de dos días llegaron a una región donde las tormentas de fuego habían dejado a su paso kilómetros y kilómetros de tierra quemada. En la calzada una costra de ceniza de varios centímetros de espesor y difícil avanzar con el carro. Debajo el asfalto se había abombado con el calor y vuelto a posarse otra vez. Se apoyó en el asa y miró la larga recta que se perdía en la distancia. Los árboles delgados. Los ríos un cieno gris. La tierra como un espantapájaros renegrido.»

Si bien nunca sabremos qué provoco el apocalipsis ni el origen del mismo (humano o natural), eso no es lo relevante para McCarthy. Lo importante son sus consecuencias. Sabremos que el niño nace poco después del cataclismo y tiene unos ocho años (en el libro tiene un camión amarillo de juguete, en la película porta siempre un elefantito de peluche y en un momento de la misma juega con unas figuras de acción). Esto es, la humanidad sólo ha necesitado ocho años para caer en la más absoluta barbarie y para perder cualquier barniz de civilización y sociedad que tuviese. Se nos dice que existieron "unas comunas" pero que han desaparecido. Es decir que algunos individuos intentaron mantener una precaria estructura social, de agrupación gregaria, pero fracasaron, triunfando en su lugar el individualismo y apenas unos cuantos de lo que podemos llamar «clanes guerreros», sujetos que cazan colectivamente (a sus congéneres). 

La carretera
Portada expresionista

Y así llegamos a la reflexión que hace y que nos propone Cormac McCarthy: las diferentes reacciones y maneras de comportarse en una situación extrema, límite, por parte de distintos sujetos en función de su personalidad y su socialización, así como las decisiones que pueden llegar a tomar según su escala de valores y la persistencia o no de éstos. Así, sabremos que la esposa del protagonista, más fatalista que él e incapaz de soportar la idea de ver sufrir y morir a sus seres queridos, opta por abandonarlos y afrontar una muerte segura (escena especialmente conmovedora en la película). La misma decisión que veremos a lo largo del texto, en el que los protagonistas se encuentran con los restos de suicidios colectivos cometidos por diversas familias. Otros sujetos intentan únicamente sobrevivir, evitando a los demás, desconfiando de todos y cayendo en algunos casos en la paranoia. Algunos optan por ejercer la fuerza y no dudan en recurrir al asesinato y al canibalismo. Y el caso más cruel de esos últimos nos lo encontraremos en una casa en la cual un grupo de personas mantienen a congéneres encerrados como ganado y van amputándoles miembros para comérselos. 

Para reforzar la crudeza, la frigidez y la impersonalidad de la situación, para eliminar cualquier resto del mundo anterior, ya desaparecido, McCarthy no identifica a sus personajes. Los protagonistas son «el hombre» y «el chico», y así serán también los escasos personajes secundarios (el viejo o el ladrón, por ejemplo). De este modo, los supervivientes pierden toda su condición humana hasta el último elemento que la caracteriza y que los individualiza: su nombre. Tampoco se emplea referencia alguna a los equivalentes actuales de los lugares por los que transcurre la trama, ni se citan personalidades históricas o marcas comerciales (una única excepción: Coca-Cola). Ni tan sólo sabremos qué carretera es la que recorren. El mundo que conocimos ya no existe.

«Las cosas cayendo en el olvido y con ellas sus nombres. Los colores. Los nombres de los pájaros. Alimentos. Por último los nombres de cosas que uno creía verdaderas. Más frágiles de lo que él habría pensado. ¿Cuánto de ese mundo había desaparecido ya? El sagrado idioma desprovisto de sus referentes y por tanto de su realidad. Rebajado como algo que intenta preservar el calor. A tiempo para desaparecer para siempre en un abrir y cerrar de ojos.»

La carretera película
Padre e hijo en la adaptación fílmica

Se puede detectar un tema central en la propuesta de Cormac McCarthy. ¿Es el hombre bueno por naturaleza, como afirmaba Rousseau, o es un lobo para el hombre como escribió Plauto y popularizó Hobbes? En la figura del chico veremos la bondad innata, la inocencia, el candor, el altruismo y el deseo de ayudar a los demás. Una de sus mayores preocupaciones es «portar el fuego», tener la seguridad de que su padre y él son «los buenos», que existen otros «buenos» y que ellos, jamás y estén en la situación que estén, llegarían a comerse a otras personas como hacen «los malos». El hombre, su padre, por el contrario, se mueve entre su bonhomía original y la dureza que le ha inculcado la necesidad de supervivencia, cometiendo actos a los que jamás llegaría en otra situación menos desesperada, como matar a un hombre o amenazar a otro con su pistola y robarle sus ropas. El maniqueísmo infantil contra el mundo de zonas grises y claroscuros del adulto maleado por la sociedad (en este caso, ausencia de ella) y el entorno. El niño será la voz de la conciencia de su padre y varios de los momentos más tensos de la novela vendrán del conflicto que surge entre ellos ante las duras decisiones que el hombre debe tomar para la supervivencia de ambos, aunque implique el sacrificio de terceros. En resumen, ni Rousseau ni Hobbes, sino el perspectivismo de Leibniz y de su deudo Ortega y Gasset: «Yo soy yo y mi circunstancia»


La carretera
Portada de la edición de bolsillo con los clásicos
reclamos: galardonada y adaptada al cine

Pero si algo transmite La carretera, si hay un sentimiento que prepondera sobre los demás, es la desesperanza, la vacuidad, la futilidad del esfuerzo de padre e hijo por avanzar hacia el sur y mantenerse con vida. Pueden tener un golpe de suerte y encontrar un búnker con montones de comida enlatada. Pero subsisten en una tierra baldía, en un yermo muerto y estéril que ya no puede generar vida. No se puede cultivar ni recolectar nada, no hay ganado, pesca ni caza (si exceptuamos la de sus semejantes). Agotadas y caducadas todas las conservas que pueda haber en el mundo, terminado el carroñeo que mantiene a los humanos con vida ¿qué esperanza queda? Una vez alcanzada la costa, ¿qué puede ésta ofrecer? Y sin embargo McCarthy abre, entre este nihilismo fatalista, una pequeña puerta a la esperanza con un final abierto que desagradará a muchos, pero es todo lo que una historia tan dura puede albergar, y que a mi juicio destierra la posibilidad de una maldad innata del ser humano. Algo que será mucho más evidente en el celuloide, donde la escena final tiene una mayor extensión. 

«Todas las provisiones de comida se habían agotado ya y el asesinato reinaba en la región. El mundo al poco tiempo poblado mayormente por hombres que se comían a tus hijos ante tus propios ojos y las ciudades en poder de bandas de atezados saqueadores qué abrían túneles en las ruinas y salían reptando de los escombros blancos de dientes y ojos con bolsas de malla repletas de latas chamuscadas y anónimas como compradores salidos de los economatos del infierno. El blando talco negro barría las calles cual tinta de calamar desparramándose por un lecho marino y el frío se pegaba al suelo y oscurecía temprano y los carroñeros al pasar con sus antorchas por los escarpados desfiladeros dejaban en la ceniza hoyos como de seda que se cerraban silenciosamente a su paso como ojos. En las carreteras los peregrinos se derrumbaban y caían y morían y la tierra yerma y amortajada iba rodando hasta el otro lado del sol y regresaba sin dejar huella y tan inadvertida como la trayectoria de cualquier mundo hermano sin nombre en las inmemoriales tinieblas de más allá.»

La carretera película
El formato Cinemascope está aprovechado al máximo

En el aspecto formal, en lo literario, el estilo de McCarthy es el habitual en su obra: sobrio, directo, parco en descripciones y oraciones subordinadas, y con una prosodia muy rápida, caracterizada por la ausencia de comas en beneficio de la conjunción «y», que emplea para obtener ese tono «procedimental» que enumera todas las acciones de los personajes, dando sensación de movimiento, de acción. Los adjetivos son sencillos, utilitarios, y todo esto se traduce en una lectura muy veloz, a ritmo de best-seller, que permite terminarse la novela en tres o cuatro horas. 

Posee, eso sí, frases memorables y párrafos que merecen una relectura y que tienen intención de dejar huella en el lector. De hecho, muchas de las críticas que recibe (ver ficha en Goodreads para ejemplos) se debe a esto, acusándolo de émulo de Herman Melville con sus escapadas pseudofilósicas o de William Faulker y su tema recurrente de la caída de América. Como sea, es rica en muchas sentencias hermosas, y no suenan huecas ni vacías como las de muchos autores new age.

«Todo ello como en un antiguo ungimiento. Que así sea. Evoca las formas. Cuando no tengas nada más inventa ceremonias e infúndeles vida.»

Los diálogos son breves y concisos, con frases muy cortas y suelen finalizar con la respuesta «Vale» por parte del niño. Sólo en el encuentro con el viejo los parlamentos se extienden un poco más. Teniendo en cuenta que la mayor parte de los diálogos son entre padre e hijo, la comunicación es la de dos personas que ya se lo han contado absolutamente todo y que conviven veinticuatro horas al día, por lo que se reducen a preguntas por parte del pequeño y respuestas lacónicas por parte del padre. 

«¿Por qué son estatales? 
Porque antes pertenecían a los estados. A lo que antes llamaban estados.
¿Es que ya no existen estados?
No.
¿Qué pasó?
No lo sé exactamente. Es una buena pregunta.
Pero las carreteras siguen ahí.
Sí. Por ahora.
¿Hasta cuándo? 
No lo sé. Quizá bastante tiempo. No hay nada para arrancarlas de modo que por ahora no habrá problema.
Pero no pasarán coches ni camiones.
No.
Vale.»

Como es propio de su estilo, McCarthy no emplea guiones de apertura en sus diálogos, aunque son tan escuetos que no se necesitan para seguir el hilo.

La carretera Charlize Theron
Charlize Theron como esposa del protagonista en la versión cinematográfica

En resumen, Cormac McCarthy prioriza el contenido sobre las formas, de manera que éstas sean un vehículo para la idea que quiere transmitir. Lo cual no quiere decir que sea un autor desmañado ni pobre en recursos, más bien diría que es sobrio, espartano incluso, y entiendo que a muchos lectores no les guste por ello, aunque es un estilo que termina complaciendo así que te aclimatas a él, en concreto a sus descripciones prescindiendo de los verbos, que resultan hasta cómodas. 


La película: 

En el 2009 se estrenó la adaptación cinematográfica [ficha IMDB], dirigida por John Hillcoat, con Viggo Mortensen como el hombreKodi Smit-McPhee (que contaba con doce años entonces) como el chicoCharlize Theron como la mujer, y las intervenciones del actor de larga trayectoria Robert Duvall (El Padrino, Apocalypse Now) como el viejo, de Guy Pearce como el veterano y de la televisiva Molly Parker como la mujer maternal. Dichas apariciones son breves por exigencias del guión, pero no por ello están descuidadas, al contrario, engrandecen el filme con su implicación.

La carretera película

Pese a ser de nacionalidad estadounidense, el director, el joven actor y el autor de la banda sonora (Nick Cave) son australianos. Puede considerarse un éxito de taquilla, de acuerdo a las cifras de recaudación.

La película resulta muy fiel al texto original, y en su duración de casi dos horas tiene tiempo de trasladar todo lo expuesto en la novela, sobre la que realiza cambios que no afectan demasiado a la trama. En la playa se omite toda la parte de la visita del hombre al barco español (sólo le vemos ir y regresar con su botín), y reemplaza alguna escenas por otras, pero manteniendo la idea principal. Por ejemplo, en vez del momento en el que padre e hijo observan escondidos cómo pasan por la carretera un grupo de cazadores de aspecto Mad Max (tatuajes, armados con tuberías y cadenas) con sus víctimas atadas entre sí y sujetas con dogales, nos ofrece otra de una cruenta cacería «en directo» que tiene una crudeza incluso mayor. 



Uno de los puntos fuertes del filme es la fotografía, que le proporciona ese tono gris, ceniciento, plomizo, de tonos apagados y colores sin viveza, que tan bien refleja la atmósfera post-apocalíptica de la novela y la hace creíble y palpable. El contraste con las escenas retrospectivas, con su luminosidad y sus colores brillantes y cálidos acentúa aún más el concepto, pese a ser un recurso algo "tramposo" y que conocemos especialmente de las obras de Tim Burton.

Detrás de este magnífico trabajo, nominado al premio Bafta en su categoría, se encuentra el veterano director de fotografía español Javier Aguirresarobe, responsable entre muchísimas otras de la oscarizada Hable con ella de Pedro Almodóvar, de la exitosa Los otros de Alejandro Amenábar o de las adaptaciones de la saga Crepúsculo

La carretera película

Tiene secuencias duras, desabridas, y pese a no ser excesivamente fuerte, puede no ser adecuada para la gente más impresionable. Momentos como el de la incursión en la citada casa en la que unas personas mantienen a otras como ganado, o en el que el hombre se encuentra las vísceras de otro ser humano y sus restos en una fogata pueden resultar impactantes, aunque se agradece que se hayan eliminado o suavizado otras también relacionadas con el canibalismo, que no citaré para no spoilear demasiado. 

La película refleja con mucho acierto el propósito inicial de Cormac McCarthy, y hace un par de aportaciones interesantes. Una es el momento en el que padre e hijo entran en una vivienda y caminan indiferentes sobre un montón de billetes y joyas, entre las que destaca un brazalete de aspecto lujoso, mientras buscan comida y mantas, haciéndonos entender que las cosas han pasado a tener el valor que realmente tienen, es decir el de su utilidad. Otra es la secuencia en la que ambos son atacados por sorpresa con un arco desde una ventana mientras atraviesan una población. Cuando el hombre interroga a una sus atacantes con un «¿Por qué nos seguíais?» ésta le responde «Vosotros nos seguíais a nosotros» reflejando la paranoia que los humanos han alcanzado, de la que hablaba más arriba.


Las interpretaciones son sobre todo físicas, dado lo lacónico de los diálogos, lo que beneficia a Viggo Mortensen, un actor «de pocas palabras». Tanto él como Kodi Smit-McPhee están en plano la mayor parte del metraje, y puede decirse que «llenan» la pantalla y se compenetran. Especial mención para el mentado joven actor, que aguanta la cámara sin miedo y supera un reto tan difícil como un papel protagonista con ese nivel de exigencia. 

Por último comentar que es de visionado cómodo, pese a su duración, aunque no tiene una acción desbordante no se hace lenta por el montaje (que no alarga los planos ni estira las secuencias innecesariamente) y el manejo del tempo por parte de Hillcoat. Aunque por supuesto siempre es cuestión de gustos personales, no esperéis adrenalina a raudales porque no la hay, pero podéis deleitaros con escenas como la siguiente, de fuerte carga dramática:




OTROS LIBROS DE CORMAC MCCARTHY EN KINDLEGARTEN:


- No es país para viejos


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9 de agosto de 2017

Mecanoscrito del segundo origen: el simbolismo postapocalíptico de Manuel de Pedrolo

Resumen: Un ataque extraterrestre ha exterminado a la especie humana. Dos jóvenes supervivientes, Alba y Dídac, deberán aprender a vivir entre las ruinas del mundo que conocían. Su odisea será un nuevo Génesis, convirtiéndose en unos modernos Adán y Eva y construyendo el segundo origen de la humanidad.



Publicada en 1974, Mecanoscrito del segundo origen (Mecanoscrit del segon origen) es obra de Manuel de Pedrolo, escritor que desarrolló toda su carrera en catalán. Practicó la narrativa, la poesía y el teatro. Anarquista desde la Guerra Civil (donde se afilió a la CNT-FAI), padeció la censura durante el régimen franquista, tanto por sus ideas políticas como por su catalanismo. Fue también traductor y corrector de textos. Su obra se ha traducido a más de veinte idiomas y una Fundación lleva su nombre.

La traducción al castellano es obra de Domingo Santos. Fue traducida al gallego por María Victoria Moreno

Mecanoscrito del segundo origen, escrita originalmente en catalán y traducida a siete idiomas, es uno de los libros más vendidos en lengua catalana desde su publicación, y posiblemente la novela de Ciencia-Ficción española más popular. Por lo menos, la más reeditada. No son pocos los que afirma que, de haber sido escrita en inglés, y haber nacido su autor en los Estados Unidos o Gran Bretaña, estaríamos ahora ante uno de esos grandes clásicos de la Ciencia-Ficción reconocidos como imprescindibles.



Es una novela de Ciencia-Ficción blanda de argumento distópico y de carácter dramático, con un fuerte simbolismo, que se inscribe en la tradición de las historias post-apocalípticas.


Tres son los factores a tener en cuenta para entender la singularidad de Mecanoscrito del segundo origen. El primero, estar escrita en catalán, una lengua que entonces no tenía carácter oficial. El segundo, ser obra de un autor silenciado y censurado de manera habitual por el régimen franquista (agonizante ya en 1974), y que pese a su prolijidad se vio acallado no pocas veces por razones tan peregrinas como «lenguaje indecoroso».

Y el tercero, ser una novela de Ciencia-Ficción que buscaba entidad literaria y peso específico, más allá de la Space Opera de puro entretenimiento y carácter popular de la Ciencia-Ficción española, representada principalmente por (muy meritorios) titanes del kiosko como Pascual Endíganos (George H. White), Fernando Cabedo, Clark Carrados (Luis García Lecha) o José Mallorquí (sí, el de El Coyote), con la misma intención de trascender que tuvo Tomás Salvador con su insigne La Nave

Si La Nave se ubicaba en el subgénero de nave generacional, Manuel de Pedrolo insertó su novela en la tradición de la Ciencia-Ficción post-apocalíptica, siguiendo a precedentes como La Tierra Permanece de George R. Stewart, El día de los trífidos de John Wyndham o El mundo sumergido de J. G. Ballard, con las que comparte sin duda elementos y líneas argumentales. 


Todo comienza un día en el que la Tierra, sin aviso previo ni motivo aparente (bueno, las razones se conocerán al final del libro), es atacada por unas naves extraterrestres, que en apenas unos segundos (y poco más de una página) exterminan a la práctica totalidad de la especie humana y del resto de mamíferos, empleando un arma basada en ondas de un poder incalculable (Pedrolo no se detiene en explicaciones técnicas ni en buscar el rigor científico, son cuestiones prescindibles aquí). En la pequeña (y ficticia) localidad catalana de Benaura se salvarán dos niños, Alba y Dídac, por hallarse bajo el agua durante el ataque. Dídac, que es mulato, por haber sido arrojado a una alberca por dos jóvenes, «porque es negro». Alba, por haberse sumergido para salvarlo de morir ahogado. 

Ambos, Alba de catorce años y Dídac de nueve, deberán sobreponerse al trauma de ver morir a sus seres queridos y asumir que son los únicos supervivientes, tras lo cual comenzarán una adaptación a su nueva realidad, buscando un lugar para vivir, alimentos, fuentes de luz y calor, abrigo, medios de locomoción y medicamentos, y formándose leyendo numerosos tratados de mecánica, agricultura, medicina... 

A medida que ganan seguridad en sí mismos amplían su radio de acción, primero por Cataluña, llegando a visitar las ruinas de Barcelona, y después por el Mediterráneo a bordo de un barco, alcanzando el sur de Italia. En su periplo encontrarán otros supervivientes y desarrollarán la conciencia de ser la última esperanza de nuestra especie y su obligación de repoblar la Tierra, teniendo un hijo llamado Mar.  


La sinopsis de la edición de Orbis dice: «En año 7138 de la nueva era se rescata en extrañas circunstancias un libro enigmático, escrito más de cuatro mil años atrás, que habla de una civilización devastada por unos objetos voladores extraterrestres. Se trata de los cuadernos del Mecanoescrito del segundo origen que explica la historia de dos jóvenes superviventes, Alba y Dídac». Y en efecto el libro, narrado en tercera persona por un narrador omnisciente, salvo dos líneas firmadas por Alba, es un texto hallado en 7138, siendo el último de los seis capítulos (llamados cuadernos) un extracto de un ensayo sobre el Mecanoscrito, en el que se especula sobre su validez o no como documento que demostraría si Alba es, en efecto, la madre de la nueva humanidad, o un simple mito fundacional. 

Los otros cinco cuadernos, intitulados, comienzan de igual modo. Del primero al cuarto «Alba, una muchacha de catorce/quince/dieciséis/diecisiete años, virgen y morena...». El quinto, «Alba, una mujer de dieciocho años, morena y embarazada...». Ese quinto cuaderno se cierra con la frase de Alba: «Y yo, Alba, una madre de dieciocho años...». De este modo, Pedrolo crea una simetría entre los cinco cuadernos, que comparten incipit y que cubren, como vemos, un período de cuatro años, en los que asistiremos a un proceso de crecimiento y maduración de los protagonistas, tan drástico que los niños que fueron al comenzar la historia serán completamente irreconocibles al concluirla. 


Este periplo vital de Alba y Dídac está cargado de simbolismo. En primer lugar tenemos el más evidente: el claro paralelismo con el libro del Génesis, siendo los dos jóvenes unos nuevos Adán y Eva con la responsabilidad de repoblar la Tierra. 

El simbolismo se extiende a la onomástica. Alba es el nacimiento del día, el amanecer, la aurora, la salida del Sol que proporciona luz, calor y vida. Alba es por tanto el Inicio, la que trae y garantiza la nueva vida, la madre del segundo origen de la humanidad. «Alba» es también un sinónimo poético de «blanca», es un nombre luminoso. Por su parte, Dídac es simplemente un nombre común en Cataluña, que procede del griego didachos y significa "educado, instruido". Si consideramos que Alba, más mayor y más madura que Dídac, es quien lleva la iniciativa y tiene ascendente sobre su compañero, podemos interpretar que Dídac es educado por Alba, lo cual entronca con las creencias de muchos cultos primitivos (como el acadio) en los que la mujer civilizaba al hombre a través del sexo, la familia y la convivencia, haciéndole abandonar el salvajismo.

Un tercer elemento simbólico sería la unión de Alba, de raza blanca, y Dídac, mulato, para tener una descendencia mestiza en la que la etnia ya no será algo a tener en cuenta, y cualquier discriminación o prejuicio derivados de ella desaparecerán. La agresión racista de la que Dídac es víctima al comienzo de la obra simboliza un mundo antiguo que ya no existe. Una postura valiente la de Manuel de Pedrolo, en una época en la que España no poseía la diversidad que tiene a día de hoy, y en la que encontrarse una persona de otra raza que no fuese la blanca era un acontecimiento.  

Habría otra simbología de sumo interés en «Mecanoscrito del segundo origen» por su aplicación, de manera consciente o involuntaria por parte de su autor, de la Teoría de la recapitulación y en particular de su aplicación en la psicología evolutiva, la Teoría de la Maduración de G. Stanley Hall. Es decir, el desarrollo evolutivo de Alba y Dídac recapitula el desarrollo de toda la especie humana, correspondiendo (como formula la teoría de Stanley Hall) cada estadio evolutivo con una era histórica.

Edición de la Biblioteca de Ciencia-Ficción de Orbis

Así, al comienzo los protagonistas se encuentran en la infancia, que corresponde con una época en la que son nómadas recolectores. No construyen viviendas, viven en refugios provisionales, comen lo que encuentran y sobreviven precariamente en una pequeña extensión de terreno. Más tarde, dominando ya los medios de transporte, amplían su espacio vital, y garantizan su sustento manejando armas, lo que les permite cazar. Aprenden los ciclos de la Naturaleza y comienzan a acumular excedentes de alimentos, ropa de abrigo... llega después el interés por la cultura y por reunir y conservar el arte y memoria escrita. Se topan con un miembro de la raza invasora y lo matan: su pueblo ha tenido una guerra contra otra cultura hostil y ha sobrevivido. Deciden plasmar todo en fotografías y filmaciones: ya son creadores de cultura. Es el momento de los grandes viajes, de la exploración del mundo: su travesía les lleva por la costa mediterránea hasta el sur de Italia. En su devenir se encuentran con otras personas (otras civilizaciones). Unas son hostiles, otras huidizas; con otras es imposible el entendimiento. Padecen enfermedades (Dídac contrae el sarampión) y accidentes (Alba se rompe una tibia) equivalentes individuales de las epidemias o catástrofes naturales para el colectivo. A la conclusión se sedentarizan, tienen un hijo, se establecen en una casa, crían animales, cultivan un huerto: son ya una sociedad avanzada, que aplica los conocimientos científicos de manera metódica, controla los recursos naturales y tiene garantizada su continuidad.

En la misma línea de análisis, percibimos lo que se conoce como darwinismo social: las personas supervivientes, en tanto individuos o representación de pueblos, tienen diversos grados de adaptación al nuevo escenario, y de esa adaptabilidad depende su perpetuación. Por supuesto las condiciones no son las mismas para todos, pues la evolución está sujeta a muchos factores, y la suerte es uno de ellos. Unos enloquecen, otros no soportan la situación y se suicidan. Algunos evitan a sus semejantes y malviven en soledad, otros fallecen víctimas de accidentes o enfermedades y otros han caído en el salvajismo. Son Alba y Dídac, beneficiados por factores exógenos (el haber sobrevivido juntos, por ejemplo) y endógenos (su resiliencia, su voluntad, su capacidad organizativa), los más aptos y por tanto aquellos que se perpetuarán y reproducirán. 

Carátula de la adaptación televisiva de 1984

Para algunos, existe aún otro nivel de simbolismo: escrita en 1974, con la dictadura franquista agonizando (como el propio dictador, que moriría al año siguiente), el «segundo origen» haría referencia a la nueva sociedad que iba a nacer tras el fin del régimen dictatorial. Alba y Dídac representarían a los Adán y Eva de una nueva España y una nueva Cataluña, y la novela de Manuel de Pedrolo transmitiría la esperanza y las ilusiones de su autor en una sociedad nueva, libre y democrática, que se levantaría sobre las cenizas de la anterior.

La narración de Pedrolo está totalmente focalizada en los dos actores, que permanecen en plano a lo largo de todo el texto, que mantiene una única unidad de acción, sin hilos secundarios. La interacción entre los personajes es constante, siendo una novela rica en diálogos, compuestos de muchas frases breves, normalmente de unas pocas palabras.

El estilo narrativo resulta muy visual, muy expositivo. Manuel de Pedrolo emplea descripciones concisas, que no cortan la narración, y no se permite momentos de lirismo, manteniendo a lo largo de todo el texto un estilo funcional, cercano al naturalismo pero sin su excesiva minuciosidad. Por ello la extensión del libro es moderada, y en conjunto resulta una novela perfecta para el público juvenil, y de hecho se emplea con asiduidad como lectura escolar en centros educativos de toda España. 




Página de la adaptación al cómic de 1985 [fuente]

La trama no tiene una gran carga de acción, salvo escenas puntuales como el combate con el extraterrestre, o la lucha defensa propia contra un grupo de tres hombres enloquecidos. Pese a ello, el autor logra que el ritmo del relato no decaiga y ofrezca momentos de tensión. Destaca más el tono dramático, y sin llegar al grado de crudeza de otras distopías post-apocalípticas como la muy posterior La Carretera de Cormac McCarthy,  sí consigue inquietar y provocar preocupación por el destino de los protagonistas, transmitiendo la sensación de que el mayor peligro para ellos no procede de la Naturaleza, sino de sus semejantes. 

Con toda la aspereza y con todo el dramatismo que atesora la distopía de Manuel de Pedrolo, Mecanoscrito del segundo origen no deja de ser una historia optimista, en la que la sensatez, prudencia, racionalidad, previsión y madurez de Alba por un lado, y el entusiasmo, la buena disposición y las habilidades mecánicas de Dídac por otro, así como la férrea voluntad de supervivencia de ambos, serán claves para que los protagonistas superen las muchas adversidades y logren finalmente, como refleja el último cuaderno, el renacer de nuestra especie, el «segundo origen» que da título a la obra. 


La serie de TV: 

En 1984, la Televisión Autonómica de Cataluña, la TV3, estrenó una miniserie de siete capítulos que adaptaba la novela de Manuel de Pedrolo. Rodada en catalán, fue la primera producción propia de la cadena [Ficha Filmaffinity]. Tuvo un presupuesto muy limitado, apenas doce millones de pesetas (poco más de setenta y dos mil euros). Existe un enlace a vídeo en la web de la TV3. Puede visionarse por fragmentos en Youtube o registrándose en esta web.




El cómic: 

En 1985, la editorial independiente L'Atzar publicó una adaptación al noveno arte, hoy tristemente descatalogada, de mano del veterano dibujante Isidre Monés, que pone a disposición varias páginas en su blog


Se editó en dos volúmenes de veinticuatro páginas y tapa dura. Tuvo una tirada pequeña que nunca se reeditó, y hoy son difíciles de encontrar, pagándose caro. En palabras de Monés, la editorial desapareció y con Pedrolo fallecido nadie sabe dónde se encuentran los originales ni a quién pertenecen los derechos de la adaptación [Entrevista a Isidre Monés].


La película: 

Con un presupuesto de seis millones de dólares y tras cinco años de proyecto, se estrenó en 2015 Segundo Origen (Secon origen), comenzada por el fallecido Bigas Luna y concluida por Carles Porta

Rodada en catalán, es una coproducción con Reino Unido y estrenó simultáneamente en catalán y doblada al castellano. Se estrenó en el Festival de Sitges, y recibió críticas bastante negativas en general.



La adaptación introduce bastantes modificaciones en la historia, como un tercer personaje interpretado por Sergi López, que Alba sea la profesora de inglés de Dídac, o que el final omita todo lo referido al año 7138 y al historiador que lee los cuadernos del mecanoscrito.

Los comentarios negativos se refirieron por igual al reparto (Alba está interpretada por la británica Rachel Hurd-Wood, que tuvo que ser doblada por no hablar catalán) y sus flojas interpretaciones, como a la debilidad del guión, que resulta en una cinta algo aburrida, como al publirreportaje encubierto sobre la ciudad de Barcelona, con frases inmotivadas como «siento que tenemos que ir a Barcelona» o la visita al Camp Nou (con compases del himno del F.C. Barcelona como música incidental). 


El fallecimiento de Bigas Luna antes de finalizar el proyecto (se le homenajea en la cinta, con una escena algo forzada pero emotiva, en la que el personaje interpretado por Sergi López proyecta para Alba y Dídac escenas de películas del director, usando la vela de su barco como pantalla) lastró el resultado final, y Segundo Origen, esperada y deseada tanto por aficionados a la Ciencia-Ficción como por admiradores de la obra de Manuel de Pedrolo, terminó siendo un fracaso y pasando desapercibida para el público. 

Escúchalo en El Sótano:




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6 de agosto de 2017

Momo, de Michael Ende: fantasía contra la prisa

Resumen: Momo es una niña especial, con un gran talento muy particular: sabe escuchar, como nadie más sabe. Por eso, todos la quieren, y a nadie le importa que viva en un anfiteatro en ruinas y vista ropas viejas, raídas y demasiado grandes para ella. La felicidad que Momo insufla en todos los que la rodean se verá amenazada cuando los Hombres Grises roben su tiempo a las personas. Momo, ayudada por el Maestro Hora y su tortuga Casiopea, se enfrentará a los ladrones de tiempo, en una lucha en la que está en juego todo el mundo de los hombres. 

Momo

Publicada en 1973, Momo, o la extraña historia de los ladrones del tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres (Momo oder Die seltsame Geschichte von den Zeit-Dieben und von dem Kind, das den Menschen die gestohlene Zeit zurückbrachte), es obra de Michael Andreas Helmut Ende. Escritor alemán, fue uno de los mayores exponentes de la literatura infantil y juvenil del Siglo XX. También escribió obras para adultos, teatro, crítica cinematográfica y, en sus inicios, guiones para cabaret. Quiso ser actor, pero tuvo que suspender sus estudios durante la Segunda Guerra mundial para incorporarse en el ejército alemán, del que desertó para formar parte de la resistencia antinazi. Residió la mayor parte de su vida adulta en Roma, donde escribió esta novela. 

En una obra de Fantasía, pura y total. Está destinada al público juvenil, pero su doble nivel de lectura la hace apta para cualquier edad. Es asimismo una severa crítica hacia el capitalismo, el consumismo y la sociedad occidental moderna, lo que dificultó enormemente su publicación.

Michael Ende dedicó siete años a elaborar Momo, y el resultado fue una de las novelas de fantasía juvenil más influyente, leída, traducida y reeditada de la Historia. Su mensaje a favor de la vida sencilla y tradicional, y en contra del consumismo capitalista, sigue hoy día tan vigente como en el día en que fue escrita. 

La novela, que en la edición de Alfaguara de 1987 incluye ilustraciones del propio autor, está dividida en tres partes, con un total de veintiún capítulos, titulados con una frase compuesta de dos elementos contrapuestos, como Una ciudad grande y una niña pequeñaUn viejo callado y un joven parlanchín, Demasiada comida y muy pocas respuestas o Miseria y abundancia

Ende calificó Momo como una novela-cuento de hadas, y en verdad lo es, por varias razones. Una es su narración, de marcado carácter oral, que recuerda a la empleada habitualmente en los cuentos tradicionales; esa manera de relatar en la que en el narrador tiene presencia y se recrea en el propio acto de narrar y en su omnisciencia, usando no solo el pasado simple, sino también el pretérito imperfecto («Momo no sabía qué hacer», «La gente de los alrededores se reía de las invenciones de Gigi») y el pluscuamperfecto («La gran hora había pasado»), resultando en una oralidad muy acusada, en la que el narrador tiene la autoridad total sobre la historia que está contando, y de la que conoce hasta el más mínimo detalle. 

Las otras son tanto la historia en sí misma como la atmósfera en la que Ende la enmarca, ambas dentro de las más pura forma de Fantasía. Un argumento fantasioso que transcurre en un escenario cotidiano, corriente, contagiándolo y volviéndolo igualmente fantástico. 

Momo

La historia de Momo se desarrolla en una gran ciudad, anónima, de un país cuyo nombre no se cita, pero que por los antropónimos (Nicola, Girolamo, Nino, Paolo...) y por otros datos se sobreentiende que es Italia. El grueso de los acontecimientos transcurre en un pequeño barrio de la periferia, en el que los vecinos llevan una vida sencilla y apacible, y en el que existen las ruinas de un antiguo anfiteatro. Ruinas en las que un buen día, sin más, aparece Momo, cuya descripción es ya universal e inconfundible:

«El aspecto externo de Momo ciertamente era un tanto desusado y acaso podía asustar algo a la gente que da mucha importancia al aseo y al orden. Era pequeña y bastante flaca, de modo que ni con la mejor voluntad se podía decir si tenía ocho años sólo o ya tenía doce. Tenía el pelo muy ensortijado, negro, como la pez, y con todo el aspecto de no haberse enfrentado jamás a un peine o unas tijeras. Tenía unos ojos muy grandes, muy hermosos y también negros como la pez y unos pies del mismo color, pues casi siempre iba descalza. Sólo en invierno llevaba zapatos de vez en cuando, pero solían ser diferentes, descabalados, y además le quedaban demasiado grandes. Eso era porque Momo no poseía nada más que lo que encontraba por ahí o lo que le regalaban. Su falda estaba hecha de muchos remiendos de diferentes colores y le llegaba hasta los tobillos. Encima llevaba un chaquetón de hombre, viejo, demasiado grande, cuyas mangas se arremangaba alrededor de la muñeca. Momo no quería cortarlas porque recordaba, previsoramente, que todavía tenía que crecer. Y quién sabe si alguna vez volvería a encontrar un chaquetón tan grande, tan práctico y con tantos bolsillos.»
Además de su aspecto, Momo es única por su talento excepcional para escuchar los problemas y las preocupaciones de sus amigos y vecinos, de tal manera que tras hablar con ella éstos parecen desaparecer como por arte de magia. Junto a ella los niños se divierten más y mejor, los adultos enfrentados se reconcilian y la gente es feliz con sus vidas simples, sin importarles sus estrecheces económicas.

Momo

Porque Momo es un canto a la vida tradicional, a la existencia plácida y lenta de los pueblos y los barrios de siempre, en los que la gente vivía sin prisa, trabajando con amor a su tarea y disfrutando de su tiempo de ocio con su familia y amigos. Donde los ancianos se sentaban en una taberna a charlar tomando el humilde vaso de vino que podían permitirse, y los niños se divertían durante horas inventando miles de juegos con una simple caja de cartón o un trapo viejo.  

Así, Ende presenta a los secundarios que pueblan el barrio: Nicola, el albañil; Nino, el tabernero, y su esposa Liliana; el señor Fusi, el barbero; un montón de niños como Paolo, María y su hermano Dedé, Massimo o Blanco, y los dos personajes más cercanos a Momo: Beppo Barrendero y Gigi Cicerone

Beppo es un anciano callado, de ademanes lentos, que trabaja como barrendero. Habita en una infravivienda de latas y cartones, y muchos lo toman por loco; y Gigi es su antítesis: un joven lenguaraz y alocado, que inventa historias sin parar y desempeña tareas variopintas para vivir, como cicerone en el viejo anfiteatro (contando a los turistas las mentiras más disparatadas), paseador de perros, cartero de amor o guardián nocturno en un desguace. 

La ruptura con este mundo acogedor, sosegado y feliz, es la irrupción en escena de los grandes villanos de esta historia: los Hombres Grises. Con traje, zapatos, bombín y maletín grises, fumando sin cesar cigarros puros y desplazándose en grandes autos lujosos, su presencia provoca un frío insoportable. Nadie puede verlos si ellos no quieren, y una vez vistos, nadie puede recordarlos. 

Momo

Los hombres grises representan la antítesis de la sociedad tradicional, pues encarnan todo lo pernicioso y detestable de nuestra sociedad capitalista y consumista. Forman parte de la Caja de Ahorros de Tiempo, un trasunto de cualquier entidad bancaria, convenciendo a las personas de la conveniencia de ahorrar tiempo, centrándose en el trabajo y en la productividad, y abandonando otras ocupaciones improductivas, como las actividades de ocio, los momentos de reflexión, o el tiempo dedicado a la familia, los amigos, la pareja, los animales y cualquier pasión o afición que se tenga. La escena (titulada, con acierto por parte de Ende, La cuenta está equivocada pero cuadra) en la que el primer hombre gris aparece y se entrevista con el señor Fusi, es muy significativa, y asistimos impotentes a cómo el barbero renuncia a todo lo que da sentido a su vida (cuidar a su madre anciana, atender a su periquito, llevar cada día una flor a una amiga discapacitada, cantar en una coral, reunirse con sus amigos en la taberna, incluso sentarse quince minutos cada noche en la ventana a pensar en la jornada) para ahorrar tiempo, lo cual agria su carácter y lo obsesiona con el trabajo, que comienza a realizar sin pasión, sin disfrutar la tarea, de manera mecánica y despachando a los clientes sin darles conversación, para atenderlos más rápido, mientras controla cada movimiento de su aprendiz y oficiales.

He ahí la gran paradoja del ahorro de tiempo, que se constituye, en el relato de Ende, en una gran mentira. Cuanto más tiempo se ahorra, más rápido parece desaparecer el mismo. Es precisamente ahorrando que el tiempo de las personas se desvanece, sin que éstas disfruten su vida. ¿Por qué? Muy sencillo: los hombres grises son ladrones de tiempo. Roban el tiempo de las personas, alimentándose de él.

Momo

Por tanto, el motor de la trama es el enfrentamiento de los hombres grises con Momo, la única capaz de hacerles frente. Para ello, contará con la ayuda del Maestro Segundo Minucio Hora, el encargado de proporcionar el tiempo a los hombres, y de su tortuga Casiopea, que puede ver media hora en el futuro y comunicarse haciendo aparecer palabras en su concha. El Maestro Hora vive en la Calle de Jamás, en la Casa de Ninguna Parte, el lugar lleno de relojes de todo tipo en el que se crea el tiempo de cada persona, representando por unas hermosas flores horarias, que nacen en un estanque de aguas negras y lisas sobre las que oscila perpetuamente un péndulo de Foucault. 

En esta contienda, los daños colaterales serán los amigos de Momo, que caen de diversas maneras en poder de los hombres grises, y a través de los cuales Michael Ende criticará con ferocidad al sistema educativo (las escuelas son llamadas «almacenes de niños»), por anular la imaginación y creatividad de los niños, y en la que incluso los juegos son una asignatura; así como al consumismo (en particular el orientado a los niños, a los que se crea la necesidad de sofisticados y caros juguetes, que requieren a su vez más y más complementos, pero que «no sirven para jugar»); al mercado laboral (los niños pasan el día solos, pues sus padres no pueden atenderlos) y en general a toda la sociedad occidental moderna, que aparece retratada como deshumanizada, sin espacio para las relaciones personales, y marcada por las prisas, el malhumor, la aspereza, y la obsesión con el ahorro de tiempo, en la que el trabajo ya no supone una realización para el trabajador, sino una tarea ingrata en la que lo importante no es la calidad del resultado ni del proceso, sino hacer la mayor cantidad de producción en el menor tiempo posible.

Un claro ejemplo lo vemos en Nicola, el albañil. De ser un hombre que amaba su trabajo, y lo realizaba con empeño y con la satisfacción de la tarea bien hecha, pasa a trabajar en los barrios nuevos, en grandes construcciones en las que se levanta un piso diario sin importar la durabilidad («demasiada arena en el mortero»), y al que la frustración de su orgullo profesional empuja a la depresión y el alcoholismo. 

Momo

La crítica de Ende se extiende al modo que la sociedad actual trata a la diferencia, de manera que las personas que intentan oponerse a la visión dominante son tratadas como problemáticas y potencialmente peligrosas. Beppo, al contar la verdad sobre los hombres grises a las instituciones (la policía, en este caso), es considerado como enfermo mental e ingresado en un hospital psiquiátrico. Igualmente, los orfanatos se citan como lugares lúgubres y hostiles, «con rejas en las ventanas», donde los niños no reciben afecto, sino que son tratados como números e incluso maltratados. 

Todo esto narrado con maestría por Ende, que dota a sus personajes de gran profundidad psicológica, huyendo de estereotipos y creando claroscuros en unos personajes muy humanos: la vanidad de Gigi, la rudeza de Nicola, la debilidad de Nino... rendijas como las que todos tenemos, y por las que los hombres grises pueden colar su insidia. 

Por todo ello, Momo posee un doble nivel de lectura, como ya comentamos, que la convierte en mucho más que una simple novela de fantasía juvenil. Logra que, como lectores, reflexionemos sobre nosotros y sobre nuestro entorno, sobre la sociedad que hemos creado y sobre los defectos que todos sin excepción hemos adquirido. Y, lo más importante, sobre las cosas que de verdad nos realizan y nos hacen felices. Cosas que a menudo nos perdemos por «no tener tiempo», que con frecuencia no valoramos hasta que es demasiado tarde y que, casualmente, casi siempre son gratis. 


Momo


Las películas: La semilla de una versión fílmica de Momo estuvo ahí desde el principio, pues la idea nació para ser una película, aunque Michael Ende terminó convirtiéndola en un libro. 

«La ZDF me había pedido que adaptara un libro infantil para la televisión. Pero yo preferí escribir una historia propia. De modo que me senté y escribí una historia para el cine de una hora de duración sobre Momo y los Hombres Grises, que roban el tiempo a las personas. La película nunca se rodó, pero la historia se me quedó metida en la cabeza. Al cabo de un tiempo mi mujer me la recordó y así surgió el libro en mi casa de Italia».

Momo película 1985

Las primera adaptación al cine data de 1985, y fue una coproducción italo-alemana (por entonces, aún República Federal Alemana) dirigida por Johannes Schaaf y rodada en alemán en los célebres estudios Cinecittá, de Roma. La debutante Radost Bokel encarnó a Momo, mientras que el veterano director John Huston interpretó al Maestro Hora. Estuvieron acompañados por Bruno Stori como Gigi, Leopoldo Trieste como Beppo, Armin Müller-Stah como jefe de los hombres grises, Mario Adorf como Nicola, y el propio Michael Ende, que se autointerpreta (en el Epílogo del libro, el autor explica que la historia le fue contada en un tren por un desconocido al que nunca más volvió a ver. En la película se reproduce tal escena, pudiéndose inferir que el hombre del tren es, pues, el propio Ende).

Radost Bokel como Momo
Radost Bokel debutó en el cine como Momo. 

El filme intenta ser respetuoso y fiel al original, y el guión no introduce modificaciones sustanciales sobre el texto de Ende (hay detalles, como que Gigi es mayor que en el libro, y que canta en vez de contar historias). La factura es la propia de la época, con decorados de cartón piedra, como el anfiteatro y efectos especiales tradicionales (Casiopea es, según el plano, una tortuga real, un muñeco o un animatronic). Con el tiempo ha ido ganando un gusto añejo, y su atmósfera y ambientación han influido en películas fantásticas y de Ciencia-Ficción posteriores. 

El formato cinematográfico permite al realizador contrastar los escenarios acogedores y la iluminación cálida de los barrios con la asepsia y la frigidez de la comisaría y la institución mental, de luz dura y ángulos agrestes. En particular, la escena del juicio de los hombres grises, rodada con luz azul, con un edificio brutalista de fondo, es impactante por la frialdad y el desasosiego que transmite:

Momo 1985

Por su parte, las escenas que transcurren en la avenida principal son un homenaje al expresionismo alemán, con sus decorados pintados sobre fondo plano y su estética art-decó, casi dieselpunk:

Momo 1985

La banda sonora chirría bastante para nuestras preferencias actuales, pues se apoya mucho en los sintetizadores y percusiones electrónicas que tan de moda estaban en aquella época, y que da a algunas escenas cierto aire de videoclip. 

Como curiosidad, los autos lujosos de los hombres grises son Mercedes-Benz. 


Momo película 2001

En el 2001, otra coproducción italo-alemana readaptó la novela, está vez en una cita de animación dirigida por Enzo D'Aló y titulada Momo alla conquista del tempo, rebautizada en España como Momo, una aventura a contrarreloj

Si bien es fiel a la historia original en líneas generales, tiene un planteamiento bastante más sencillo, perdiéndose gran parte de la crítica social de Ende. Está muy enfocada al público infantil, y desaparece el doble nivel de lenguaje, quedándose en una entretenida cinta de aventuras y fantasía, pero despojada de la reflexión del autor sobre la sociedad moderna. 

A nivel técnico es más que correcta, con una buena animación tradicional y un adecuado ritmo narrativo, pero en lo argumental los personajes resultan planos y estereotipados, sin los matices que Ende les dio en su texto, y que sí intenta respetar la cinta de 1985. 


El movimiento Slow: Precisamente fue en Italia donde nació, en 1896, el Movimiento Slow, comenzando por la Slow Food, cuyo detonante fue la apertura de un McDonald's en la emblemática Piazza di Spagna de Roma. Vendrían después la Slow Fashion, el Slow Work, el Slow Schooling y hasta el Slow Sex, y más tarde las CittaSlow

Cuestiones mercantiles aparte (Movimiento Slow, SlowFood y Cittaslow son marcas registradas, para poder utilizar sus logos y certificaciones se deben cumplir una serie de requerimientos, y siempre hay interesados que lo usan como lavado de imagen o con fines fraudulentos), el movimiento Slow, en conjunto, propugna el retorno a un modo de vida más tradicional, más tranquilo, más sostenible (uno de los principios del SlowFood es consumir productos locales y de temporada), más respetuoso con el Medio Ambiente, y más centrado en las personas, el bienestar y la actividad humana frente a la corporativa, reivindicando además la diversidad y las diferencias que hacen único a cada lugar, frente a la uniformización impuesta por el capitalismo. 

Movimiento Slow

El Movimiento Slow no ha parado de crecer desde su nacimiento, sin prisa (faltaría más) pero sin pausa, y hoy día está extendido por gran parte del planeta. En España existen en este momento seis CittaSlows

Digamos que el principio filosófico principal es «desaprender» todo lo que conocemos, y reconducir nuestros hábitos vitales para evitar el estrés y recuperar el placer de vivir sin estar pendiente de horarios, dedicando tiempo a nosotros mismos, a nuestras aficiones y a las tareas cotidianas, como la alimentación (cocinar y comer con calma), el aseo, el descanso, el transporte... la Cittaslow extendería estos valores al conjunto de la población, apoyando el pequeño comercio tradicional frente a los centros comerciales, restringiendo la circulación rodada en beneficio de los peatones, creando zonas verdes, endureciendo la normativa de ruidos... 

En resumen, un objetivo muy similar al perseguido por Michael Ende en Momo, que a mi juicio debería ser uno de los libros de cabecera de los adeptos a esta filosofía vital. Casiopea es un símbolo (parece que a Ende le gustaban las tortugas, ahí está también la Vetusta Morla de La Historia Interminable) de la lentitud sabia, firme, tenaz y constante, que se escapa sin esfuerzo de sus apresurados perseguidores. Es decir, «vísteme despacio, que tengo prisa». 

Ende


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